Chamacuero, Gto.
(También llamado Comonfort, Gto.)
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SITIOS Y DETALLES
Aquí están algunos edificios o detalles de éstos. También hay objetos y elementos que de tan comunes podrían haber sido fotografiados en cualquier parte pero, créanme, todos provienen del territorio chamacuerense.
 
DANZANTES Y OTROS
Les llamo Danzantes y otros porque en esta sección la mayor parte de las fotografías son de danzantes, pero hay también de personas que desfilan por alguna festividad cívica o quienes participan en alguna procesión. Lo que todos los participantes tienen en común es que están ataviados con alguna indumentaria en particular, sin embargo las imágenes, lejos de destacar la indumentaria, se concentran en los rostros y las expresiones.  Como es de imaginarse. ninguno de quienes aquí figuran me autorizó a retratarles y —menos aún— a figurar en esta página; si esto les desagrada no tienen más que hacérmelo saber para retirar la imágen. Por el momento el modo de contacto es el correo electrónico chamacueromexico@gmail.com.  Por el contrario, si les hubiese gustado su foto, con muchísimo gusto les envío el archivo electrónico en la resolución original, para que se manden imprimir una fotografía de gran formato, o les obsequio una imagen ya impresa, para tal efecto el modo de contacto es el mismo.




























Paisajes


Fotografías
PAISAJES

Estas fotografías no están aquí por que yo considere que son una obra de arte cada una de ellas, ni siquiera porque las considere buenas fotografías, las incluyo porque siento que transmiten muchas cosas, desde la evidente información documental que proporcionan, hasta lo que puedan despertar en cada espectador. Aunque prácticamente todas las imágenes son de mi autoría, toda colaboración será bienvenida. En las secciones previas hablamos de muchos temas y en la mayoría de ellos hay un buen número de imágenes. En esta sección, las imágenes no ilustran un tema específico, están aquí por sí mismas. Este apartado, que he llamado paisajes, contiene imágenes de espacios abiertos, en muchos lugares de nuestro municipio.



























GENTE

Creo que a ninguna de las personas que aquí figuran les pedí que posaran para una foto, la mayoría no supo que eran fotografiados y espero que no les moleste estar en esta página. Pero si así fuera no tienen más que hacérmelo saber para retirar sus imágenes. Si bien todos los presentes son personas honorables —y a algunos les aprecio y admiro en particular—, aquí sólo mostramos sus fotografías; en otras secciones de esta misma página hablamos o hablaremos de su trabajo o de su vida.





































Gente


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Danzantes y otros

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(Tenemos un montón)



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de la familia Taboada

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Procesión del día de Todos los Santos
El pasado 19 de septiembre de 2022 el historiador Francisco Rojas me invitó a dar una conferencia, sobre el paso del Ejército Insurgente por Chamacuero. Bueno, en realidad me invitó, con mucha anticipación, a dar una conferencia en esa fecha. Sí, porque imagínense ustedes, un servidor llegando de trabajar, ahí sentadillo en mi domicilio y Francisco me llama, con voz autoritaria: "Véngase inmediatamente a dar una conferencia" y yo ¿de qué? "Pues… ya que es 19 de septiembre, hable del paso del Ejército Insurgente". Pues a raíz de esa conferencia encontré algunos datos sobre la familia Taboada; y cuando digo encontré, me refiero a eso, no es que haya descubierto algo que nadie supiera, pero entre la información que compilo para este espacio electrónico no contaba con estos datos.

Como no puedo yo asumir que usted, amable lector, conoce la información sobre la familia Taboada que, en diferentes artículos de este espacio, hemos publicado, el comento de manera sucinta que:
Manuela Taboada nació en Chamacuero en 1786, casó con el insurgente Mariano Abasolo, tuvieron un único hijo en 1806 y, cuando Hidalgo pasó por Chamacuero, le entregó 40,000 pesos. Cuando Hidalgo y sus hombres fueron presos en Chihuahua intercedió por su marido, hasta conseguir que no fuera condenado a muerte. Se embarcó con él hacia el destierro, regresó a México cuando Abasolo murió y vivió en Dolores Hidalgo hasta su muerte.

Manuela tuvo un hermano: Pedro, que se unió al ejército insurgente, fue hecho prisionero en Acatita de Baján y, según algunos, fue fusilado simultáneamente con Ignacio Camargo, según lo que yo he podido investigar es más probable que se le haya dejado en Monclova y recuperado su libertad al cabo de un tiempo

La nueva información que yo, insisto yo, no conocía, es una carta que Manuela Taboada le dirigió a Calleja, pidiéndole un pase para su esposo Abasolo.  Al margen de las otras acepciones de la palabra pase, las más inocentes y las más retorcidas, lo que ella solicitaba era una especie de Salvoconducto para que Abasolo pudiese llegar ante Calleja y solicitar su indulgencia, de no contar con el Pase podía ser hecho prisionero por el Gobierno español y procesado sin que quedara en evidencia su voluntad de entregarse.  Aunque este documento fue compilado, y por tanto paleografiado en el libro del que lo tomé, lo transcribo para facilitar su lectura, con todo lo que de indebido tenga ese procedimiento(1).
 
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Aunque en muchos de los documentos que compartimos en este espacio encontramos características comunes, cada uno de ellos difieren un tanto de los demás y esas diferencias los hacen interesantes por sí mismos, al margen de la forma en que, en su conjununto nos hablan del Chamacuero del siglo XVIII o XVII.  Este documento nos habla de la imposición de una Capellanía, e n su primera parte nos dice:

Algo sobre la muerte
del Dr. Mora
Fundación de Capellanía
en 1702
Don Pedro Laguna Pérez
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Algo sobre la muerte del Dr. Mora
Información adicional de la Familia Taboada
Lo primero que llama mi atención es que le otorgante de esta Capellanía, llamado Andrés Pérez Bautista se considere a sí mismo mulato libre, lo que nos lleva a imaginar que alguien, por el hecho de ser mulato podía no ser un mulato libre, además de lo insultante de ser clasificado por su ascendencia étnica.

Indignaciones aparte, en esta parte comprendemos que Andrés Pérez Bautista herdó una huerta de frutales, que además tiene un ojo de agua, y sobre ella fue la voluntad de su padre imponer una Capellanía. Esto obliga al joven Andrés a enterar diez pesos cada año al Convento de San Francisco, lo cual obliga a dicho convento a decir una misa cantada con su responso cada día 8 de septiembre, por el descanso del alma de ambos padres, además el costo de la cera será cubierto por el convento. 

El joven Andrés se compromete y obliga a:
Tal vez haya notado, amable lector, sobre todo si es asiduo visitante de este espacio electrónico, que con una periodicidad de tres meses, se actualiza esta sección de artículos recientes.

Desde que iniciamos con esta página las actualizaciones han sido constantes, pero hace más de cinco años que se realizan trimestralmente, cuando alguna actividad o invitación coinciden con el período de publicación suelo disculparme explicando que estoy al final del trimestre. Claro son trimestres que yo mismo me inventé y que, sinceramente dudo que nadie más se haya percatado de ellos.

Aún así más de alguno de los lectores habrá notado que no ha habido nuevos artículos en un buen rato.  Efectivamente, me brinqué un trimestre, en parte por un viaje de varios días que debí realizar y en parte por haberme enfermado en el tiempo en que todo mundo se enfermó y creo que ni siquiera fue covid, pero me dejó bastante decaído y agotado (cosas de la tercera juventud). Para resarcir un poco este retraso en la actualización, en esta ocasión hay más artículos de los que suele haber en esta sección de nuevas publicaciones; si fuera una edición impresa se notaría "más chonchita" de lo usual.
Procesión del Jueves de
Corpus 2022
Fundación de Capellanía en 1702

Hay varias cosas que conviene hacer notar, la primera y muy evidente es que Manuela se dirige a Calleja antes de que los insurgentes sean hechos prisioneros el 21 de marzo de 1811, más de un mes antes, lo que pone en evidencia las buenas intenciones de ella y su marido.

De paso nos dice que radicaban en Dolores (todavía no de Hidalgo) y que pasaban una existencia muy tranquila.  Más importante que lo anterior es la versión de que Abasolo fue llevado, casi contra su voluntad con los insurgentes y que salvó a cuantos españoles pudo de las ejecuciones sumarias dictadas por Hidalgo.  Ambas cosas son ciertas pero lo primero cae en el ámbito de la interpretación íntima del propio Abasolo, es muy difícil saber en qué momentos sentía simpatía por la causas, en cuáles aversión y en cuáles deseaba no haber formado parte de este movimiento.

Pero lo que me sorprendió enormemente es el párrafo final, en el que Manuela ofrece dejar a su hijo como Rehén si obtiene el salvoconducto de Calleja. No me sorprende ni me escandaliza semejante oferta, creo que era una maniobra para enfatizar la seriedad de su ofrecimiento y, seguramente, sabía que si hacer tal ofrecimiento es escandaloso, aceptarlo lo sería aún más, así que contaba con que, difícilmente, Calleja solicitaría a un tierno infante para guardarlo como rehén. Pero lo que me sorprendió fue la mención del que su hijo tiene dos años. Ahí sí, hice un brusco alto en mi lectura para releer. 

Esto contradecía la investigación con que más entusiasmo me he procurado, pues buscaba yo al insigne Pedro Taboada (del que también hablaremos en este artículo) leyendo varios centenares de registros parroquiales, cuando me topé con José Antonio  Rafael Mariano Ignacio Longinos de Jesús  y justifico mi entusiasmo porque al menos cinco personas me había preguntado si sabía yo dónde, pero sobre todo cuándo había nacido este infante, se sabía de la existencia de Rafael Abasolo, como único hijo del matrimonio.  Y las teorías consideraban factible que hubiera nacido cuando los insurgentes se dirigían al norte y la esposa de Abasolo los seguía o acompañaba en tramos, o en los recorridos de Manuela Taboada intentando salvar a su esposo del patíbulo, más lejos aún: en la prisión en que Abasolo estuvo preso en España (Castillo de Santa Catalina de Cádiz).

Pero no, Rafael etc. Abasolo nació en Chamacuero el 14 de marzo de 1806.  Lo que me sorprendió fue que su madre ofreciera en rehén a un infante de dos años, cunado que Rafael tenía  cinco años menos cuatro días en ese momento.  Ello me llevó a dos hipótesis, la primera: que Manuela y Abasolo tuvieron otro hijo, mismo que tenía dos años en ese momento. Para corroborar esto se debiera encontrar la fe de bautismo cuya fecha fuera cercana a febrero de 1809, meses más, meses menos. Confieso que la busqué; confieso que no la encontré. La segunda hipótesis es que, al haber aportado una edad diferente a la edad real de su hijo, dejaba al margen de cualquier tipo de requisición o solicitud,  en el improbable caso que le solicitaran a su hijo, Manuela lo dejaba a salvo de cualquier persecución o maniobra legal al respecto.  Ya estirando mucho las suposiciones, quizás para ese improbable caso, tenía a la mano a algún expósito de esa edad para cumplir con el trámite. Lejos de escandalizarme todo esto me muestra a una mujer sagaz y previsora.

Otro documento, muy posterior es el siguiente, fechado el 30 de enero de 1812, lo conocí mediante un trabajo mecanogarfiado, atribuido a Antonio de P. Moreno: (2).

El mes de septiembre es el de 1811, es decir cuando ya habían sido fusilados todos los jefes insurgentes y cuando Abasolo esperaba para ser desterrado a España. Sin embargo nada más lejos que pensar que el país, excluyendo los territorios donde hacía camapaña José María Morelos, estaban pacificados, había un ir y venir de gente armada, de uno y otro bando, así como una serie de dreunteas venganzas y ejecuciones, también de uno y otro bando. 

El hecho de que Manuela Taboada haya intercedido para salvar a unos inocentes me parece totalmente congruente con la postura que manifestó en las cartas que le dirige a su esposo, desde San Luis Potosí, en febrero de 1811. Ella deploraba las matanzas y actos de exagerada violencia comentidos por los insurgentes.  Que haya salvado a alguien, o a tres o cuatro, aunque haya sido recurriendo a aportar una cantidad de dinero, es loable, sean del bando que fueren los agraciados.

Casi todos los autores que, en un formato o en otro, han hablado de Manuela Taboada, además de mostrarse sorprendidos por su tenacidad y el amor a su esposo, también concluyen que regresó a México y vivió tranquila y confortable en el pueblo de Dolores durante muchos años, al lado de su hijo Rafael y que el gobierno independiente le restituyó parte de sus bienes.

Ya con este impulso investigador supe de la existencia de un documento en el Archivo General de la Nación, fechado en 1823 en el que Manuela Taboada solicita la "Pensión que le corresponda". Probablemente en 1823, la restitución no se había llevado a cabo y, no es descartable, tal vez dicho documento contribuyó a la citada retribución de sus bienes.   Algo que traté de ubicar, sin éxito, fue el documento de defunción de Manuela, en el impulso de esta misma situación conocí el año y ya no fue complicado localizar dicho documento mismo que transcribo:



 
Procesión del Jueves de Corpus de 2022
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Todo este fragmento es nada más la reiteración de que lo acordado, acordado está y no habrá modo de modificarlo ni de faltar a lo dicho y tampoco de acudir a tribunales a tratar de anularlo.  Ls fórmulas y recursos que en esta parte se citan son, necesariamente, muy parecidas a las que aparecen en otros documentos que hemos compartido en este espacio.

Reiterada también es mi curiosidad de hasta qué fecha se cumplió con el acuerdo. Cuantos años habrá el joven Andrés aportado sus diez pesos para las misas cantadas por el descanso de sus padres. Aunque allá donde se encontraban y encuentran no importa, en absoluto, que fueran mulatos libres.

Creo que llevo varias actualizaciones de este espacio, es decir meses y meses, deseando que la pandemia ya no sea el punto preponderante de las celebraciones religiosas tradicionales de nuestro pueblo.  Como ahora sí parece que así será, compartir las imágenes de la procesión de jueves de corpus de este 2022, no solo tiene el propósito de ilustrar la procesión de este año, también tiene la esperanza de que sea la última que tenga alguna noción de restricción motivada por la pandemia.

En esta ocasión mis fotografías están combinadas con las de un asiduo y esmerado colaborador a quien no le interesa recibir el crédito por sus imágenes, así que van mezcladas, tratando de que prevalezca el orden cronológico de las mismas.
No sabría explicar bien porque, quizás porque la historia de la amorosa epopeya de Manuela Taboada la he llegado a escribir alguna vez y  platicado varias veces, pero me causa cierto sosiego conocer la fecha que pone punto final a su historia, y saber que sobrevivió casi treinta años a su esposo con la conciencia muy tranquila de haber hecho, por él y por su bienestar, todo lo que estuvo en sus manos realizar, al grado tal que, aún hoy, nos sorprende su amorosa dedicación. 

Debo confesar que en los momentos (y han sido muchos) en que he investigado a Manuela Taboada, no se me había ocurrido indagar en lo referente a su marido, Mariano Abasolo, quizás porque desde la perspectiva que conozco, ella es una mujer destacada, valiente, activa, perseverante y él un hombre apocado y tibio. Sin embargo, y bien lo sabemos, nada es en blanco y negro. Por lo mismo pasé un muy interesante rato leyendo la declaración que Mariano Abasolo rindió ya hecho prisionero, no sólo por conocer un poco más de este personaje, sino porque aportaba información que para mí era novedosa o corroboraba otra de la que no tenía más que referencias difusas.

Transcribo los siguientes párrafos y los comento:(3).

Además de aportar diez pesos cada año, el joven andrés asume el compromiso de no dejar deteriorar al huerta y de no venderla. Por su parte, el convento se compromente a cumplir con la obligación que adquiere. El convento, por su parte, aunque con muchas declaraciones e involucrando a varias personas, asume el compromiso de decir la misa cantada con su responso en el día ya señalado, pero por el descanso del alma del  Señor Julio Bautista Velázquez, a quien también cataloga como Mulato Libre, y a su esposa.  Y la pregunta necesaria, aunque inutil es :¿Sería su esposa también mulata libre?

La última parte del documento es esta:

 
Historieta acerca del Dr. José Ma. Luis Mora
Hace unos años, unos diez, por los tiempos en que yo todavía me sumaba a iniciativas ajenas (quien me lo manda ir con mi buena voluntad para que de muchas partes me invitaran nomás para chambear de a grapas)... perdón, decía yo que hace unos diez años, en alguna asociación de carácter municipal, alguien me sugirió hacer una  historieta sobre el doctor Mora. No sé si para tal sugerencia algo habrá tenido que ver el conocimiento de dos libros que, con ese formato, tengo publicados (mismos que se encuentran a su disposición en este mismo espacio electrónico).

De cualquier manera la sugerencia era bastante buena, a la vez que implicaba un trabajo arduo.   Afortunadamente, y con ello no quiero decir que me desentienda de tal labor,  ya se cuenta (en realidad desde hace más de treinta años) con un trabajo, con formato de historieta, sobre la vida de don José María Luis Mora.
Y no es precisamente una historieta pero se le parece, el INEHRM Instituto de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, publicó una serie llamada Biografía par Niños, una de las cuales dedica sus treinta y dos páginas al Dr. Mora.
 
Como el propio INHERM comparte este trabajo en formato electrónico, no creo vulnerar la voluntad de los editores al compartirlo también en esta página.

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Don Pedro Laguna Pérez

Hace más de diez años le solicité una entrevista a don Pedro Laguna, amablemente me recibió en su domicilio, platicamos un buen rato y me facilitó algunas fotos de cuando su período como presidente municipal.
Luego de la grabación aguardé un poco para hacer la transcripción correspondiente y cada vez que intenté localizarla para incluirla en este espacio me fue imposible dar con ella. Aunque he debido reubicar mis archivos y los discos duros que los contienen un par de veces en estos años, ninguna foto, documento de texto o grabación se había perdido… salvo la entrevista a don Pedro.
Con mucha pena me acerqué nuevamente a pedirle una entrevista, su respuesta fue igual de amable que hace diez años y, por lo que puedo recordar, la información y los comentarios fueron muy similares.
Transcribo nuestra conversación llevada a cabo el día 27 de agosto de 2022. Omito mis preguntas y coloco entre corchetes [ ] mis eventuales acotaciones.


Yo nací aquí en Comonfort, soy del barrio de La Candelaria, ahí nací yo en 1928; acabo de cumplir 94 años. Mi señora también está grande, tiene 91 años.

Mi papá tenía una huerta, fue campesino, fue labriego, trabajaba él, cuando estaba joven, cuanto podía, como podía. Yo me acuerdo que él ganaba cincuenta centavos de diario, cuando trabajaba sencillamente.
Mi papá fue una persona que no aprendió a leer, pues en ese tiempo estaba muy escasa la educación, se casó a los diecisiete años; mi mamá tenía diecisiete años y yo nací al año siguiente…  crecí yo con ellos, pero cuando tenía ocho años mi tío Lorenzo, que trabajó de conserje en la primera escuela (la Manuela Taboada que se inauguró en 1937), les decía a mis papás: "¿Cuándo lo mandan?, ¿cuándo?". Hasta que dijo: "Yo te voy a llevar ".  Y él me llevó. Él me matriculó y ahí empecé yo a estudiar.

Yo me sentí como que no tenía mucha memoria, me sentí como distraído porque no aprendí bonito. Pasaron los años, pasé a tercero, cuarto, quinto. Pero  en quinto me fui a Michoacán; había una catequista, de cuando hice mi primera comunión; le caía yo bien y le dijo a mi mamá y a mi papá: "Oigan, aceptan que a Pedro lo mandemos con el Padre que se acaba de ir de Comonfort?" (Se fue a Irimbo, Mich.). " Tiene un hermano de la misma edad y el Padre me dijo que podía enseñarles algo". Y así pasó en ese año 1942, el padre nos enseñó a su hermano y a mí, nos enseñó español y nos enseñaba algo de aritmética, una cosa rudimentaria. Y me la pasé un año con aquel señor, después ya vine y cumplí mi sexto año aquí con la maestra Felicitas García, era maestra y directora. Así terminé mi primaria.

No anduve en el campo, o muy poco, mi papá tenía una huerta de limas, muchas, como unas veinte o treinta matas de lima, que eran muy comunes aquí en Comonfort, pero ya no hay limas, ya se acabaron. 

Terminé la primaria, en esos años estaba un señor en la calle de Arista, era un señor joven, cuñado de la dueña de la casa de ahí. Él vivió en Morelia y venía a visitar a su hermana, por eso puso allí su tallercito; hacía pantalones. Pero como estaba todavía joven se acompañó de los hijos de Eugenio Espinoza, al que le decían: "El Caramelo", este señor también se enseñó a hacer pantalones y se dedicó mucho tiempo a ello. El señor que enseñó a Eugenio siguió haciendo pantalones en su taller y un muchacho, compañero de escuela mío, nos dijimos los dos: "Vamos a decirle que nos enseñé a hacer pantalones", era 1945 y fuimos, me enseñé a hacer pantalones me hice yo mi primer pantalón de cintura.

Llegó el mes de octubre de 1945 (en ese año terminó la Segunda Guerra Mundial). Yo y otro muchacho, que murió hace poco, de aquí de Comonfort, y otros tres que ya no recuerdo quienes eran, decidimos ir a León, que nos íbamos a ir al Seminario. Conseguimos el apoyo de un sacerdote que acababa de irse de Comonfort y estaba en San Miguel Octopan; hasta allá fuimos a pedirle una carta de recomendación. Al día siguiente nos llevó un muchacho que ya estaba en tercero o cuarto en León, él nos inscribió en el seminario.

El muchacho que estaba aquí aguantó un año y medio; yo me quedé todavía más; hice el primero, el segundo, hice el tercero. Por cierto que no habíamos calificado para entrar al seminario, nos pusieron a estudia español, mucho español, un año, parte del 45 y parte del 46, después de ese tiempo pasamos a ser alumnos del colegio del seminario. Yo aguanté todo el 46, 47, 48 y en el 49 tuve una… no sé cómo me sentí… me salí y me fui a México a trabajar.

Como ya sabía hacer pantalones, yo seguí en una sastrería en México y me enseñé y casi aprendí a hacer todo lo referente al traje. En el año 51, estuve fuera, pero en octubre de ese año me regresé otra vez, como si estuviera yo jugando y fui al Seminario, aguanté todo el año escolar y me volví a separar en la víspera de exámenes. Ya no me sentí apto para presentar exámenes. Le dije al rector: "Yo me quiero separar, ya no me siento bien", me preguntó por qué, "Pues ya no tengo fijeza, nomás estoy pensando en no sé qué cosas y ahorita que es la víspera de exámenes, no tengo capacidad para presentar exámenes. me quiero separar". Entonces me dijo: "Mira yo soy el rector. En mi agenda estás tú, en las estadísticas; de ahí yo sé que nunca te han reprobado. No serás una lumbrera, pero no te han reprobado, puedes pasar los exámenes". Yo le contesté: "Sí señor, pero ya hice mucho la lucha, el intento de seguir adelante y ya no puedo". Me dijo: "Bueno. Pues… que te vaya bien". Me salí y me fui a México a seguir la sastrería duré el 52, 53, parte del 54, 55, 56; venía yo a Comonfort y me regresaba a México a trabajar.

En el 55 me metí a trabajar en los autobuses; aquí tenía yo un amigo que tenía autobús, me dijo: "Yo te veo que andas aquí y vienes y vas, ¿por qué no te vas a trabajar con Ángel? (Ángel Soria), le dije: "Sí, tengo ganas de entrar en los camiones". Me fui a trabajar con él, duré tres años, pero como en el 57 me casé, le dije al dueño del camión: "Oye, yo ya no voy a ir, porque mira: son quince días de andar arriba del camión trabajando y dos o tres días va uno a su casa, y no me agrada, mejor me voy a quedar".

Entonces en el 58, a finales, me llama el señor cura que estaba en ese tiempo, me dijo: "Oye Pedro, tu estuviste en León, ¿puedes ayudarme aquí en el colegio Héroes de Chapultepec?". Le contesté: "Pues… si usted gusta, no puedo más que lo que aprendí allá en León". "Si, ya sé que estudiaste cuatro años nada más. De todos modos, aquí vas a estar con el director que es Pepe Ortega" (el Pichirilo). Y ahí seguí con él todo el año del 59, pero en ese año entró el Seguro Social aquí en la región y como Pepe Ortega era abusadillo, no abusadillo, era muy inteligente, inmediatamente consiguió trabajo en la fábrica de Soria; lo pusieron a apuntar, a llevar la estadística de los pensionados que iban a salir de Soria.

Un día que ya se había acabado el ciclo escolar pasé yo por la calle Aldama, porque yo vivía allá en la Placita, lo vi, me preguntó: ¿Quieres trabajar en el seguro?" Se me abrieron los ojos. "¿Dónde?, ¿cuándo?, ¿cómo?". Me dijo: "Cálmate, yo te aviso, yo te tomo en primer lugar. A mí ya me metieron, me gusta aquí y yo ya no me salgo". Está bien. Ya todo el año siguiente, el año 60, me iba yo a México iba y venía.  Yo venía con mi señora, veía a Pepe y le preguntaba cómo iba la cosa, me decía: "Ya alquilaron la casa, ahí va". Por fin el mes de agosto me dice: "Si quieres irte vete, te vienes unos quince días antes del fin de mes". Yo dije: "No, ya no me voy, porque tú traes cuatro o cinco muchachos que quieren entrar al seguro y, ahorita, ¿dónde los traes?". "Los traigo limpiando los pisos de la casa", me contestó. Le dije entonces: "Yo pienso esto: si me vas a pasar igual, junto con los muchachos, ¿qué van a decir?, que yo no los ayudé en nada". Me dio la razón  y me quedé, me junté con los muchachos y me puse a ayudarles también y se llegó el 30 de agosto de 1960  y ese día no me tocó, porque el director que estaba generalizando era de Celaya; él iba a organizar Comonfort, San Miguel, Salvatierra, Escobedo, Cortazar, Soria, Apaseo. Primero ya habían inaugurado Celaya y ya de ahí fueron a Apaseo y fueron a Cortazar, a mí no me tocó porque el señor de Celaya traía su gente, entonces pusieron gente de él. Pero me dijo Ortega: "Mañana domingo va a trabajar el señor ese que pusieron de Cortazar.  El lunes nos vemos aquí a las nueve". Nos fuimos los dos de aquí a Escobedo, porque él ya traía un cochecito del Seguro, y me dijo: "Ya va a salir aquel señor, termina su turno y se va a Cortazar a descansar".  Y así fue, le dijo a Pepe: "Bueno, ya me voy, señor". "Sí ya vete, mañana a ver qué", le dijo Pepe y ya que se había ido me dijo a mí: "Te voy a acomodar primero, a ver qué pasa, con toda seguridad, a como dé lugar yo voy a hablar con los inmediatos". Al día siguiente de ese lunes nos fuimos a Escobedo y no llegó este señor, dieron las nueve, las diez, las once, las doce y me dijo Pepe: "Ya está seguro que vas a entrar tú, es seguro porque aquel no vino. Ahorita ya lo voy a reportar". Lo reportó y me dijo: "Quédate tú ya". Casi al final de ese día llegó aquel señor y Pepe le dijo: "Pues, ¿qué pasó contigo? Yo ya hice mi reporte ¿Por qué no viniste?" Y el otor explicó "Es que me dio mucho gusto porque entré en el Seguro Social, por eso me puse bien trole en Cortazar y no pude venir, me sentía muy mal, ¿y ahora qué?" "Pues vete a León, vete a ver al señor de Celaya" le dijo Pepe. Ya no supimos nada de él y ya me quedé yo.

Me eché veintisiete años.  Primero en Escobedo, porque nos dijeron: "No van a trabajar en el Seguro todavía, van a trabajar en la Unión Médica". Hasta los tres años, el 16 de septiembre del 63, vinieron jefes del Seguro Social de México y nos dijeron: "Ahora sí ya van a trabajar ustedes en el Seguro Social y además les traemos un retroactivo". Y pues el retroactivo sí nos dio gusto, fue una carta que habíamos perseguido.

Duré tres años en Empalme Escobedo ya después seguí aquí, me tocó el cochecito que traía Pepe, llevaba yo a Pepe a Escobedo, a Soria, me dejaron trabajando en Escobedo y yo iba con la ambulancia a Soria, la llenaba yo de enfermos o niños y los llevaba a Escobedo porque en Escobedo estaba la clínica, me eché tres años en esa forma. 

Aquí en Comonfort la clínica estaba en la esquina del Jardín, donde está deportes Prado, esa casa era de doña Isaura Franco. Ahí se hizo la primera clínica para el Seguro Social en Comonfort, ahí duramos como tres o cuatro años, después nos pasaron a la casa grande, que está ahora en ruinas, en la esquina de Juárez e Hidalgo, luego todavía me tocó en la otra que está allá enfrente del mercado, del lado del templo, donde está el restaurante ahora. En esos años, entre otras cosas que hacía, yo manejaba la ambulancia, me tocaba trasladar enfermos, lo más común eran las señoras que se iban a aliviar y sí, sí me tocó que iba yo y de rato nomás me decían: "Pues ya mejor regrésese don Pedro, ya nació mi criatura".

Sí fue difícil ese proceso, a mí me preguntaban los compañeros: "Oiga, don Pedro, ¿si quiere usted seguir con nosotros?, porque no tenemos otra persona, ¿y no tiene miedo?" "No", les decía, "por qué miedo, ya empezamos, ya estuve con ustedes, ya vieron como fue el asunto pues ahora vamos a seguirle".

El comité, Marcelo y otras personas, me pusieron una tesorera, gente de ellos la tesorera se llamaba Guadalupe… Rayón de segundo apellido y aceptamos que estuvieran otras dos personas que ya habían trabajado: doña Margarita y otra persona. Y seguimos trabajando, no sabía yo mucho, pero a veces venía Marcelo.

A los ocho días, desde Guanajuato, me llegó Enrique Hagen, un señor que era joven, pero traía barba larga, supimos que ese señor venía como a controlarnos, que no iba a dejar que yo me mandara en lo que yo quería, que las cosas fueran calmadonas, calmadonas. De rato nos hicimos amigos y todo, el señor este me tomó estimación y yo le tomé estimación también. Y demostró ser más amigo de acá que del gobierno, pero él ya sabía cómo era, lo había mandado el Gobernador. Todavía, ese mismo año, trajeron al Gobernador, pusieron una lona, aquí le hicimos, se le hizo una comida; a mí no se me ocurrió pedirle nada, ni Marcelo ni nadie me dijo: "Vamos a pedirle que nos dé más". Porque no nos mandaron presupuesto, el gobernador no nos dio presupuesto, se supone que sí tenemos derecho. La tesorera, que es una contadora muy eficiente (todavía trabaja en eso), me decía: "Vamos a Guanajuato, nos van a dar algo de dinero".

Íbamos a Guanajuato, nos presentábamos ante el tesorero [se ríe] nos tenía ahí sentados, una hora, dos horas, por fin nos decía: pues ya vinieron los de todos los municipios, ya se acabaron los centavos. A veces no nos daban nada, a veces ya nos daban algo. Nos separábamos de ahí a las seis, siete de la noche. 
Nos llevaba un muchacho, se llama Juan Sierra, le decíamos "El Cocadas", yo lo apreciaba porque era mecánico, nada más que la mayor parte de los compañeros decían que no era mecánico completo, que nomás conocía poquito, pero a mí nunca me dejó tirado porque se descompusiera el coche. Teníamos un coche viejo, nunca pensé que compráramos un coche nuevo. Si lo hubiera dicho quizás la tesorera lo hubiera aceptado. Pero ella tampoco lo sugirió, yo tampoco dije nada. Yo tenía un coche Ford, estaba mejor que el de la presidencia, en ese nos tuvimos que ir y venir a Guanajuato, pero cuando nos parábamos para irnos, ya fuera del tesorero o del secretario de gobierno, nos retirábamos de ahí del palacio, llegábamos al centro y ya no encontrábamos ni tacos ni nada, ya todo estaba cerrado, ya nos veníamos y llegábamos a la una dos de la mañana. 

Yo les digo que todo presidente que llega, que se sienta en la presidencia, llega con un antojo, mi antojo, el mío, fue el Andador 5 de Febrero, ese fue mi antojo, dije yo: "La callecita no tiene tanto tráfico y queda bien un andador" y ya ve, ahora lo ocupan hasta para que entre dinero, ya ve cuantas personas que vienen de Oaxaca y de tanto lado a vender a hacer sus exposiciones.  Últimamente he notado que está una nevería ahí y algunos atrevidos han metido dos tres coches adentro pero también es feo llamarles la atención cuando no se está ocupando. Cuando está ocupado pues los mismos puesteros le acomodan.

Yo conocí a Plácido que fue Cronista antes que usted y Plácido en un tiempo se venía aquí a mi sala, yo siempre he tenido un radio, un aparato, él traía sus casetes con música de bailables, venía otro compañero del tecnológico y se ponían ahí a ensayar a dos tres cuatro muchachos y sí sacaron, empezaron a formar algo de lo que tienen ahora en la casa de la cultura. Y también era cuate, era amigo mío Plácido, porque vivía a dos casas para allá. Él no estaba muy conforme con lo que yo andaba, pero nunca me dijo nada, siempre seguimos ahí, cada y cuando: "¿Qué pasó?" le decía "Ahí está libre la sala, como siempre". 
 
No he llegado a platicar con Isidro, tampoco nunca he tenido un problema o un mal modo, nada. Pero, por ejemplo, paso yo por donde él vive y está su esposa, su esposa es sobrina mía.  Él un día salió y vio que venía yo bastoneando y que venía un carro, se cruzó la calle y me ayudó en lo que pasó el carro, me dijo: "Yo le voy a ayudar" "Muy bien, muchas gracias" le dije.  Pero yo a veces he estado ahí platicando con la señora, ya no recordamos nada ni platicamos nada de lo pasado, nada más asuntos de los parientes.

Y tampoco, nunca me arrepentí de haber sido candidato y presidente. Más bien me arrepentí de que no hice todo lo que debía de hacer, estoy seguro de que pude haber hecho más cosas, pero no, también, ya estando ahí se ve que no todo es tan fácil. 
Historieta acerca del
Dr.José Ma. Luis Mora
Procesión del día de
Todos los Santos
Los Pollos en la Remuda
del  Barrio de San Agustín
Como se puede intuir este documento fue reconstruido a partir del original, ignoro el motivo, pero demos fe al señor Barrones de que su transcripción fue fidedigna.  Esta acta de defunción no contradice la información que ya conocíamos y enfatiza un poco la actividad de Mora en sus últimos días al llamarlo agente diplomático de México.

Entre las causales de su muerte se habla del tiempo que permaneció en Londres, lo cual resulto perjudicial para la tisis que había contraído años antes.

La tisis, o tuberculosis, era incurable en esos tiempos. Los enfermos podían sobrevivir varios años, pero los síntomas de la enfermedad los acompañaban, con episodios de intensidad variable, por siempre.  Esta enfermedad se asocia con condiciones de pobreza, que generalmente implican situaciones insalubres. En algunos momentos de su estancia en Europa, el Doctor Mora pasó por grandes estrecheces, pero se sabe que fueron provocadas por un vicio maligno que tenía, de esto da cuenta  José Manuel Villalpando en un libro muy singular llamado Postales de Paris , donde narra la estancia de muchos mexicanos en aquella ciudad. Muy interesante, no lo recomiendo porque no estoy en algún programa de Radio sobre literatura, pero vale la pena leerlo. Transcribo las dos páginas dedicadas al Dr. Mora (1).

Como usted, amable lector, es un observador acucioso, ya habrá notado que la casa a la que hace referencia Villalpando, es la misma que consta en su certificado de defunción (el certificado de Mora, no de Villalpando), y también se habrá hecho notorio que el vicio maligno de nuestro personaje era leer libros y devorarlos de inmediato. Lo llamo vicio maligno porque lo padezco también, para mi fortuna existen ya los libros digitales que, de una forma u otra son más accesibles.  Me imagino la casa del Dr. Mora, atiborrada de libros por todos los rincones. Más aún, me imagino la cultura que habrá acumulado hacia sus últimos años. Desde acá y por más Google Earth que utilizo no logro identificar el domicilio de Calle Fontaine S' George No. 24, puede que dicha construcción haya desaparecido. 

Más singular es la mención a Juana Nava y el trato, quizás despectivo, motivado por las circunstancias, que Villalpando asegura que le profesaba, en público, el Dr. Mora. Más adelante hablaremos de Juana Nava.

Una fuente más directa, no quiero decir que más confiable, pero sí ajena a interpretaciones, es la enorme colección de documentos personales de José María Luis Mora que se resguardan en la Universidad de Texas en Austin y que más que resguardarse están al alcance del público por vía digital. En esta dirección http://lanic.utexas.edu/project/mora/ encuentra usted muchos documentos originales del Dr. Mora, pero dije originales, lo cual implica que hay que dedicarle un ratito a entenderlos porque la letra manuscrita no suele ser tan legible como uno quisiera. Los especialistas desarrollan una enorme habilidad para leer estos documentos. Un servidor, no obstante no contar con esa habilidad, comparto, ya transcritos, los siguientes documentos relativos al fallecimiento del Dr. Mora, el primero es una carta de Valentín Gómez Farías, o el borrador de dicha carta:
A este documento le falta la esquinita inferior derecha, es donde intercalé mis anotaciones de  [recorte]. Aquí notamos que el doctor Mora fue sepultado en forma que no se detalla, exhumado y sepultado con las disposiciones que él había dejado. Esta nueva inhumación suponemos que fue unas semanas o meses después.  Sin embargo entre los documentos que detallan su segunda exhumación, se menciona que yacía en Montmatre en la fosa 114-C desde el 24 de febrero de 1860, diez años después. Siendo así Mora fue inhumado cuatro veces, tres en París y la última en La Rotonda de las Personas Ilustres, aunque algún chamacuerense quería traérselo de regreso a su tierra, cuando la euforia del bicentenario.

Un dato que a mí me desconcierta es la mención a sus hermanas, es decir al menos dos, porque  un servidor, en mis recorridos por el archivo parroquial encontré a dos hermanos y una hermana. Lógicamente, el que yo encontrara a tres hermanos de Mora no garantiza que fueran los únicos.

Finalmente, es notorio, y creo que sincero, el aprecio que Valentín Gómez Farías tenía por el Dr. Mora.

Es cierto que, aunque la voluntad de nuestro personaje quedó asentada en al menos cuatro documentos, éstos no se formalizaron de la manera necesaria  pero, ¿cuáles eran las disposiciones? Antes le comparto estos dos documentos.
En el primero vemos una nota referente a su casa de Tacubaya y una más sobre el destino del poco dinero que existiera en sus casas (casas rentadas) de Paris y Londres, la nota final aclara que tal dinero no se encontró.

El segundo documento sugiere una maniobra comercial para dejar libre de gravamen la casa de Tacubaya, algo raro pues en el documento anterior se habla de su venta.

También se hace énfasis en entregarle a Juana Nava una serie de objetos que, sin duda, tendrían algún valor, además de pagarle su pasaje a México (y en primera clase).

Pero un poco más concreto es el siguiente documento:

Aquí, como vemos, ya habla de su viuda y, aunque sus herederos son sus hijos, le reserva la cuarta parte de sus bienes e indica que disfrutará de esa renta durante el tiempo de su "viudedad", palabra que significa viudez pero con un sentido más hacia aspectos legales, esto quiere decir que si deja de ser viuda, obviamente si se vuelve a casar, deja de disfrutar de dichas rentas. Su viuda es, por supuesto Juana Nava a quien, al menos en este documento, no está ocultando en modo alguno ni la relación que tuvieron.  Al final del texto de Villalpando se dice que Juana Nava regresó a México al agotar los recursos heredados del Dr. Mora, un caudal en efectivo y la venta de la biblioteca.  Por lo que se lee en los escritos precedentes parece ser que no había tal caudal aunque sí algunos objetos de cierto valor.

Más adelante, en el documento anterior, me vuelve a contrariar el nombre de sus hermanos: Gregorio José y Ventura de la Cruz, ninguno de ellos es Manuel Guadalupe Luis, María Ygnacia Josefa Sebastiana de Aparicio ni José Luis Mariano de los Ángeles, que son los que tuve la fortuna de localizar en los archivos y, más que otras consideraciones, me queda la tarea de buscar nuevamente, quizás en un rango mayor de años en los archivos correspondientes.

El último documento es una carta de la Sra. Juana Nava dirigida al señor Couto:
No se crea que la señora se humillaba exageradamente, esas eran las fórmulas y tratamientos en aquel entonces.  Y quizás sí, ella no reconocía la relación que sostuvo con el Dr. Mora y dice haberlo querido como a un padre. También son cosas de la época.

Al final del texto de Villalpando se dice que Juana Nava regresó a México al agotar los recursos heredados del Dr. Mora, un caudal en efectivo y la venta de la biblioteca.  Por lo que se lee en los escritos precedentes parece ser que no había tal caudal aunque sí algunos objetos de cierto valor. Si así sucedió creo que va totalmente acorde a la voluntad de Mora.

Ahora bien, si la Sra. Juana Nava vino a México en 1852, en algún momento regresó a Francia pues en la lápida del cementerio de Montmartre, de donde fue exhumado el cuerpo de José María Luis Mora el 17 de julio de 1863, se lee, además del nombre del Dr. Mora, el de Juana Nava, fallecida el 7 de noviembre de 1893 a la edad de 95 años. Más aún, en la misma fosa están también, Luis Joseph Mora Hoy que falleció en 1860  a la edad de 15 años y Elie Albert Mora que falleció en 1895 a la edad de 45 años. Creo que ambos fueron hijos de José María Luis Mora. Y creo, pero es mera suposición, que si la Sra. Juana Nava vino a México sería a tratar esa herencia de la casa de Tacubaya pues allá estaba un hijo suyo en 1860 y allá vivió otro de ellos hasta 1895. Por esta información al menos sabemos que la señora debió nacer en 1798 y era apenas dos años menor que su esposo, aunque suene impreciso llamarlo así, además, le sobrevivió 43 años.

Toda esta información que puede parecer intrascendente, comparada con la profundidad de las ideas y la importancia de sus escritos, nos permite tener una visión más cercana a la parte humana del doctor Mora, para deshacer un poco el mito que necesariamente nos aleja de las personas notables y que, muy probablemente jamás estuvo en sus intenciones. Ello, por supuesto no nos exime del deber, como chamacuerenses y como mexicanos, de adentrarnos en su pensamiento y en sus lecturas.

Aquí don Mariano me evita le esfuerzo de buscar a su inexistente hijo de dos años, pues declara tener un hijo de cinco años con su esposa Manuela (el que ya conocíamos).  En este párrafo también corrobora que su madre, su esposa y su hijo, le acompañaron en parte de su periplo con los insurgentes.  Evidentemente en cada párrafo cuando se refieren a "el exponente", están hablando de Mariano Abasolo. Páginas adelante nos dice:
Pudiera parecer extraño que si Abasolo quería separarse del movimiento no lo hiciera más que dando aviso de ello, sino que solicitara tres o cuatro mil pesos que eran un dineral, según las referencias que últimamente encuentro útil, con ello se podrían comprar diez o doce casas en el centro de Chamacuero. No es tan disparatada la propuesta si se toma en consideración el caudal que, a su paso por Chamacuero la familia política de Abasolo aportó al movimiento.
En este fragmento encontramos una mención a Pedro Taboada, y no sólo eso, fue enviado con su primo Ignacio Camargo a pedir ayuda a Hidalgo, que estaba en Guadalajara, esta mención se suma a las tres que hemos localizado y reseñamos en artículos previos de este espacio.
Vuelve a mencionarse a Pedro Taboada y, contrario a Camargo que tuvo muy activa participación en la batalla del Puente de Calderón, Abasolo asegura haber estado presente por obligación.
Dice, entonces Abasolo que se mantenía por su cuenta. También nos habla de don Blas de la Cuesta que fue tomado preso por Hidalgo aquí en Chamacuero, no sólo le despojaron de los bienes que encontraron, lo llevaron preso y fue después muerto en La Alhóndiga cuando el populacho, ante la llegada de Calleja, ejecutó a los españoles que ahí retenían los insurgentes. Esto, de algún modo ya lo conocíamos, Abasolo lo confirma como testigo de primera línea.

Se dice que Abasolo entregó a los insurgentes 40,000 pesos de la testamentaría de su suegro, aquí él habla de 56,000 además de riquezas en especie y nos hace saber que no fue un donativo generoso sino que fue obligado por sus "compañeros" a entregar estas riquezas.  En 1806 ya había fallecido don Antonio Roxas Taboada, uno necesariamente se pregunta si, de haber estado presente, ¿lo habrían llevado prisionero para sufrir el injusto destino de don Blas de la Cuesta?

Recalca sobre el párrafo anterior, aunque este fragmento es de varias páginas adelante. Casi al final también nos dice:
Aunque el párrafo se presta a confusión, parece ser que Abasolo afirma, ponderando el buen concepto hacia los europeos, que don Blas de la Cuesta manejaba el "caudal mortuorio" es decir la herencia de don Antonio Roxas Taboada, afirma, además  que lo hacía con eficacia y legalidad.

Líneas arriba hice mención a las pocas referencias que se tienen de Pedro Taboada, luego de esta lectura hay más referencias y, sobre todo, de que participó en el movimiento insurgente. Alguna vez afirmé que buscar la fe de bautismo de este personaje me permitió encontrar la de Rafael Abasolo, evitándome la búsqueda por un amplísimo espectro de momentos y lugares. Lo irónico es que dicha búsqueda no me permitió localizar la fe del propio Pedro, lo que me hizo suponer que podía haber sido bautizado, o nacido,  en otro pueblo y las posibles poblaciones eran, al menos cuatro o cinco.

Pero ahora alguien más contemporáneo me impidió una búsqueda tan extensa, fue el mismo historiador Francisco Rojas que, luego de la conferencia a la que, reitero, me invitó con mucha anticipación, me dio a conocer la fe de bautismo de Pedro Taboada que se encontraba, como la carta robada de Edgar Alan Poe, en el lugar donde debía encontrarse, en la foja 32 del libro de bautizos de españoles más llevado y traído de todo el archivo parroquial. La transcribo de puro gusto de contar con ella.

Quiero comentar que lo primero que noté, y me regocijó, es que don Federico Groenewold tenía toda la razón cuando supuso, viendo la periodicidad de los hijos conocidos del matrimonio Taboada,  que el año de nacimiento de Pedro era 1788.

Lo segundo, al margen dice que se sacó copia en 1840, ¿A quién si no al propio Pedro Taboada, podía interesarle obtener copia de su fe de bautismo? Esto nos dice que sobrevivió a su participación en la guerra de independencia y que a la edad de cincuenta y dos años necesitó una copia de su fe de bautismo.

No sé, en lo relativo a estos temas,  con qué velocidad algunos datos van siendo localizados y nueva información se incorpora, la invitación que recibí, para dar una conferencia me llevó a revisar la información disponible, encontrándome con todo lo que aquí compilo y mucho más que, quizá sea motivo de otros artículos. Lo cierto es que la próxima vez que el historiador Francisco Rojas me conmine de urgencia, "y sin haberme sacudido el polvo del camino", a dar una conferencia, asistiré gustoso, seguro de que más información habremos de "redescubrir".



(1) Documentos Históricos Mexicanos, Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, México, 1910, Tomo V, pág. 306,307.
(2) Gaceta de México, 30 de enero de 1812, pág. 6.
(3) González Lezama Raúl, Voces Insurgentes, Declaraciones de los Caudillos de la Independencia, Secretaría de Cultura, INHERM, México 2019, pág. 205-248.

En esa última ubicación, enfrente del mercado, fue donde me llamaron, vinieron aquí a la casa los señores que tenían en sus manos el Movimiento Sinarquista aquí en Comonfort. Yo no acudía ni acá, ni allá, ni nada, yo no sabía nada de ellos. Adiós, adiós, adiós y eso era todo. Pero vinieron tres o cuatro señores y me pidieron que les ayudara y que me querían como candidato. Les dije: "No, en primer lugar, yo estoy trabajando, además a mí no me gusta la política, no, no. Estuvimos neceando, platicando, que sí, que no, y dijeron: "Bueno, pues ahí vendremos en unos quince días".

No, pues no se aguantaron esos quince días, a los ocho días regresaron como con diez o quince gentes, otra vez y otra vez les dije "No, no, porque yo sigo trabajando en el Seguro Social y no soy político, a mí no me gusta. Sé muy poco de esas cosas, de administración y yodo eso no sé nada". Pues volvieron otra vez a los ocho días, volvieron, me insisten y le digo a mi señora: "Estos señores están necios, me insisten y dicen que soy el único que quieren que sea candidato".

Entonces le dije a mi señora: "¿Cómo ves?, les voy a decir que sí". "Tú verás" me dijo, "al cabo que ¿tú crees que vamos a ganar?, nombre va a ser un entretenimiento y pérdida de tiempo". Pues ya volvieron, traían a un señor de Celaya que se llama Marcelo Gaxiola. Él llegó como a ayudarles a ellos, tenía muchos deseos de sobresalir en ese aspecto. Vino, me reconoció y me dijo: "Sí, don Pedro, vamos a seguir adelante".

Así pasó, se llegaron los días en que tenía yo que hacer campaña; pedí permiso en el Seguro Social, me lo concedieron, sin sueldo. Dije yo: "A ver qué pasa". Empezamos a salir en Comonfort, a las calles, a pedir, me acompañaban diez o veinte personas, las señoras estaban como emocionadas, no sé. Anduvimos por ahí, fuimos a los ranchos y a las comunidades.

[¿Cómo lo recibían? ¿Cómo lo trataba la gente?] La gente me trataba muy bien, nunca tuve un rechazo de la gente, nunca de veras, que me dijeran: "Tú no, no sé por qué estás aquí metido", algo así ya ve que hasta les dicen groserías. No, me recibían bien en todas las casas, a veces tocábamos y las señoras nos decían: "Pues yo no sé de eso, ahora que venga mi esposo le voy a decir…". Hasta que llegó el último día de eso y pues ya todo lo que se trataba de administración y propaganda, ellos se encargaban de todo. Marcelo le sabía mucho de eso, le gustaba mucho.

Y pues llega el día de la elección, aquellos señores del tricolor estaban también con muchas ganas, pero acá les demostramos mucha mayoría de gente, cuando hacían alguna asamblea en la plaza, pues no se llenaba, pero sí había mucha gente y la gente empezaba a vociferar en contra de él [El otro candidato], en contra del partido, todas esas cosas. El maestro que vive aquí en frente, el maestro Cirilo, estaba muy bien físicamente entonces, él también le puso muchas ganas al partido tricolor. Pasó el día de votaciones, amaneció el día que debía de saberse y ellos decían que habían ganado y Marcelo estaba tupiéndole mucho, pero legalmente, nada de que ya ganamos o ganamos por esto y lo otro. No. Y así andábamos: con que sí, con que no; el gobierno no nos daba el derecho para nosotros, se lo dieron a Doro, se lo dieron y la gente no quedó conforme.
Doro puso su presidencia en la calle de Ocampo, ahí al empezar la calle y nosotros dijimos: "Pues nos vamos a esperar". Pero la gente no se esperó. Ellos no se imaginaron que el día primero de enero del año 86, Marcelo les dijo a al agente: "Váyanse a tomar la presidencia ahorita a las seis de la tarde, siete de la noche. Tomen la presidencia". Así lo hizo la gente. Fueron montón de gente, tomaron la calle también y no dejaron salir a la policía y ya Marcelo les dijo: "Dejen salir a la policía y a todos los que quieran, ya tomamos nosotros la puerta y ahora nadie entra".

Ese día pues la gente estuvo muy contenta. El presidente saliente, don Agustín Zárate, fue al día siguiente, que era domingo fue, lo dejaron que avanzara por la calle y cuando llegó a la puerta le dijeron: "¿A dónde va don Agustín?" "Pues voy a entrar, que dejé algunas cosas…"  "No, don Agustín usted ya terminó y usted no puede entrar".  Y se retiró el señor también y ya la gente se quedó ahí. Mientras estuvo Doro allá, fue presidente, pero la gente acá hacía fiesta todos los días, arrimaron metates, arrimaron ollas, arrimaron bicicletas, cobijas, toda clase de petates, estaban felices, duraron ahí casi el mes. Había un señor que tenía un corral de vacas de leche, allá por Villagrán, un lugar nuevo, se había venido de México por los terremotos, pues traían un bote todos los días, un bote como con quince litros de leche para la gente. Las señoras que encabezaban, eran dos tres, que les gustaba también el borlote, hacían atole y tortillas y de todo. Y había también muchas personas que sin tener nada que ver, llegaban a almorzar, llegaban a comer, llegaban y estaban felices.

Se completó un mes y, no me acuerdo en qué fecha [fue el 8 de febrero de 1986], qué llegan; como a las dos de la madrugada llegó la furia gris, desparramó a la gente, los maltrató, maltrató mucho a la gente, muchos perdieron sus cobijas, sus bicicletas, sus pertenencias, ya no les dejaron agarrar nada. Había muchas señoras, había muchas señoras, se replegaron hacia la Iglesia y muchas personas se metieron a la casa del sacerdote de ese entonces, José Reyes; la casa que está al lado derecho del templo y la policía andaba con algo de coraje y se metieron, al padre no lo conocían y sí le dieron un aventón y lo hicieron a un lado. Creyeron que era cualquier persona y a la gente sí le dio miedo, le dio miedo ver que la policía se metió a la casa del Padre.

En todo ese mes yo fui una vez a la presidencia, pero ya cuando se puso la cosa fea, Marcelo me dijo: "Si tienes algún pariente en el DF, vete para allá un tiempo, para que no veas, para que no oigas, para que no te vean", y así lo hice; me fui, duré como seis u ocho días con un pariente y después me vine, con la idea de permanecer en mi casa. Pero ya después se calmó otra vez, después se encontraron otra vez con la policía y venían decididos a golpearlos, otra vez, pero muchos muchachos de la secundaria y de la preparatoria se dieron cuenta y se dejaron venir, llegaba más policía gris y caminaban por la calle de Ocampo y los  muchachos de la secundaria y preparatoria se dejaban venir también por la calle de Ocampo y los provocaron y los fueron jalando y jalando y llegaron a la escuela manuela Taboada. En ese tiempo andaban quitando los durmientes, andaban poniendo durmientes de cemento por los de madera, y había muchos clavos, pilas de clavos, tuercas de los rieles, entonces los muchachos agarraron esos clavos, tuercas, piedras y les aventaron a la policía y la policía no aventó con otra arma, nada más con lo que traen para defenderse.  Y los hicieron retroceder, los detuvieron un poco, no tuvieron miedo, se replegaron y aquellos muchachos quedaron contentos, eso fue unos cinco días después.

También, por su parte, Marcelo consiguió que hubiera unas pláticas con la gente del tricolor, ahí donde está la oficina de tránsito ahí estaba la biblioteca y ahí convinieron en algo. Me acuerdo que nos amanecimos hasta las seis o siete de la mañana, porque estaban personas de los tricolores, dos o tres de Marcelo, habían venido dos que habían sido diputados locales, también un señor de Celaya que en ese entonces era diputado local. Toda la noche estuvieron platicando y discutiendo. Y quedaron convencidos de que iba a haber otra campaña. Quedaron que iban a hacer más campaña, quedaron conformes pero ya le habían dicho a Doro que renunciara.

Además pusieron en la presidencia, por mientras, a un señor de Ranchito de Soria: Leopoldo Rubio. Y se llegó la nueva campaña y otra vez salimos a recorrer el municipio, pero ya la gente estaba más conforme porque al menos iba a haber otra elección. Se llevó la campaña, se hicieron las votaciones y al día siguiente no le sabían decir a la gente quién ganó. No nos podían decir que ya habíamos ganado, ni tampoco que Paco Ramírez había ganado. N no se sabía quién. Entonces quedaron que ya habíamos ganado nosotros.  Y la gente me preguntaba: "¿Pues con cuántos votos ganaste?" y yo les decía: "Miren, yo no sé nada de votos, yo supe que Marcelo recibió del Gobernador que el pueblo quería que yo fuera el presidente". Y eso fue todo pues el señor Isidro se conformó y Paco Ramírez también.

Cuando terminé mi trienio me regresé al Seguro Social, ya había estado yo en pláticas con el sindicato, me dijeron: "Cuando te retires de ahí de la presidencia repórtate al Seguro, a ver qué dicen".  Me reporté, trabajé en el Seguro dos meses y me dijeron "Ya el próximo 30 de marzo del 89, te separas, ya está todo arreglado". Me dijeron que ya y me vine, y al mes me empezaron a llegar  mis centavos, me llegó un poco de retroactivo y ya de esa forma seguí yo y todavía aquí estoy.

El Seguro, pienso yo, si fuera de una persona particular ya pensaría en que yo  estoy viviendo de más o que ya estoy ganando dinero de más. Pero como es cosa de gobernación no les molesta, aunque sí me piden que me reporte cada mes, pero últimamente me dijeron que ya no me reporte, me dijeron: "Ya sabemos que ahí estás".  Y ya tengo treinta y cinco años pensionado, más que lo que trabaje y pues ya me siento tranquilo. Yo le doy gracias a Dios que en primer lugar me ha dado larga vida, ya tengo noventa y cuatro años cumplidos y de esos noventa y cuatro años ya me siento un poco avanzado, pero todavía salgo; me fui a México tres días y hace unos quince días me fui a Celaya. Yo solo, en camión. Tomé un urbano y llegué al centro a buscar algo de un tocadiscos y me regresé.

Hasta la fecha hay señores que eran jóvenes en ese tiempo y todavía me hablan: "¿Qué no se acuerda cuando estábamos ahí en el borlote?, nosotros fuimos, nos da mucho gusto de que todavía lo vemos aquí". Yo salgo con mucha confianza porque mucha de la gente que fue de ese tiempo se acuerda, que sus hermanos o sus papás participaron y me preguntan: "¿Qué pasó con el gallito?" Púes ya desde que entró el sr Carlos Salinas le dio reconocimiento a las Iglesias, les explico. Yo trabajé un mes en el periodo de él.  Y ni me di cuenta de él y menos él de mí.

Pero sí todavía la gente me dice: "Yo anduve ahí con usted".  Hicimos el puente de la calle Juárez que cruza el arroyo, y la gente me decía: "No, don Pedro, déjelo así, nomás las camionetas de Paco Ramírez son las que pasan para allá". Yo, les decía: "Ya dijimos que vamos a hacer ese puente".

Hicimos el otro allá cerca de la presidencia nueva en la calle que entra para San Agustín, en el callejón de los Florencio.

El primer deseo, el primer gusto mío fue la banqueta que está en la paralela al mercadito que está enfrente de la gasolinera, esa banqueta se me ocurrió luego, luego mandarla hacer, porque no había central, era una oficina que está ahí donde está la ferretera y los camiones llegaban ahí, ahí bajaba la gente y me acuerdo que a mí también me tocó resbalarme, cuando llovía había lodo, estaba feo.  Eso fue lo primero que les dije a mis albañiles, traíamos albañiles que también eran galleros. Hicimos la banqueta, la tesorera dio para el cemento. 

De ahí se me ocurrió decirle a la tesorera: "Vamos a empedrar la calle que va al panteón", porque yo me acuerdo que los cuatro que iban cargando el féretro iban sacándole vueltas a los charcos.  Llegamos hasta la puerta del Panteón, ahí la calle estaba muy baja y la rellenamos mucho de tepetate. 

Pero a los tres años Doro mandó quitar ese empedrado y puso concreto, qué bueno, le puso un enlajado de cemento al panteón hasta adentro, lo segundo también se me ocurrió ponerle adoquín a la calle que hoy llega hasta la preparatoria Dr. Mora, no tenía nada, tenía lodo, le pusimos adoquín y para esto, ahora la última vez que estuvo Beto Méndez le puso concreto y quitó el adoquín, lo malo es que todo el adoquín se lo llevó para su rancho.
(1) Villalpando José Manuel, Postales de París, Penguin Random House Grupo Editorial México, México,2021.
José Ma. Luis Mora
Biografías para niños
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"Los Pollos" en la Remuda de San Agustín (ensayo fotográfico)
Es de lo más contradictorio hablar de una tradición nueva, ni siquiera es una cuestión oximorónica, es decir un juego de palabras hecho intencionalmente con términos antagónicos. Pero en este caso el término pudiera aplicarse.

El pasado 30 de octubre de 2022 se llevó a cabo la procesión del día de Todos los Santos, sabemos todos que el día de Todos los Santos es el primero de noviembre, pero de por qué se realizó antes… hablaremos después.

Esta procesión consistió estuvo integrada por niños que iban ataviados con la indumentaria y los atributos iconográficos propios de algún Santo, o de el Santo de su devoción como suele decirse, ninguno en específico porque se trata, esta celebración de honrar a Todos los Santos, todos: los que figuran en el canon correspondiente y tienen su fiesta en un día específico y los difuntos que, anónimos o no, se han santificado totalmente. No es de extrañar que esta celebración se realice un día antes que la de Los Fieles Difuntos en donde se conmemora a quienes han fallecido y aún no se han santificado totalmente. Como es bastante difícil saber en qué estatus están las personas que conocimos y ya han fallecido, conviene recordarlos en uno y otro día.

Una procesión del día de Todos los Santos no se había realizado anteriormente, aunque sí se ha hecho un evento como centro de la catequesis en la Parroquia de San Francisco. En esta ocasión la procesión se realizó dos días antes, en la intención de que los niños, y con ellos los adultos, pudieran percatarse de que hay celebraciones más profundas, mucho más ligadas a las creencias y tradiciones que nos pertenecen que aquellas festividades que nos llegan de rebote y de las que, más allá de ser un bonito desenfreno o un alegre jolgorio, ni siquiera entendemos bien su significado y, cuando lo entendemos, evidentemente que no nos significa nada.   Y si hablamos de distorsiones y tradiciones impostadas, tenemos también que pensar por qué, siendo tan nuestra la celebración del día de Los Fieles Difuntos, parecemos empecinados en hacerla coincidir con la visión que nos troqueló el cine extranjero.  Dicho en otras palabras, ¿De dónde sacamos la idea de que los desfiles del día de muertos son una tradición?  ¿Qué no nos bastaba con todo aquello que sabemos es tradicional para honrar a nuestros difuntos? 

Alguien cercano a los organizadores me comentó que parte de lo que arriba menciono influyó para anticipar la celebración dos días.  La misma persona me comentó que la participación (y se ve en las imágenes) fue muy concurrida, pues se integraron los Centros de Catequesis Infantiles de las Comunidades. Los cantos y alabanzas animaron más a los papás y a los niños a darle realce.
Ya como un dato anecdótico al día siguiente premiaron al niño con la mejor representación que, en este caso, fue una niña que se atavió como Santa Teresita del niño Jesús.

En medio de tantos absurdos y tanta ignorancia troquelada desde el exterior, una procesión en el día de Todos los Santos es algo sumamente refrescante, ojalá que esta celebración siga llevándose a cabo, es la prueba de que una tradición no necesariamente tiene que llegarnos de los abuelos, pero sí tiene que tener absoluta congruencia con quienes somos y responder al sentido de la celebración que las genera. 


Se habrá percatado usted, amable lector, de la manera pomposa (ensayo fotográfico) de decir que este artículo nomás trae fotos, no hablo de la remuda, porque ya hablé en otra ocasión y puede leerse dicho artículo en este espacio, baste con llegar a la sección de fiestas y localizarlo.
Pero en esta ocasión le muestro las fotografías que tomé el pasado 11 de septiembre de 2022, en "Los Pollos". Acudí por invitación del señor Valentín Morales y, de hecho también asistí, a las seis de la mañana a Las Mañanitas en el templo de San Agustín, pero de ello posteriormente hablaré o compartiré las imágenes.
Finalmente, agradezco al señor Valentín Morales su amabilidad y al señor Jesús Músico su hospitalidad, también agradezco a una familia que, según entendí venían de la comunidad de Morales y que, cuando me vieron cargando mi cámara y buscando un punto para parapetarme del galope de los caballos, antes de que yo lo solicitara me ofrecieron su camioneta para tomar fotografías desde ahí. Un alto porcentaje de lo bien logradas que puedan estar estas imágenes se debe a su amable ofrecimiento.

Sí, estoy tomando una obra de Jaime Sabines para el título de este artículo, pero es que es mucha poesía para desaprovecharla.

El 14 de julio es un día festivo en toda Francia y más lo es en la ciudad de Paris, ya era festivo en 1850 pero, de manera irónica, en medio del ambiente celebratorio falleció, en esa precisa fecha, el doctor José María Luis Mora. Siempre me ha parecido irónica la contradicción entre la festividad reinante y el duelo de su familia, pero, por alguna razón circunstancial, encontré, entre los documentos que compiló mi antecesor, el profesor Plácido Santana, el acta de defunción del Dr. Mora, si es que a este documento lo podemos interpretar o traducir de esa manera, así como una serie de documentos que describen, aproximadamente, cómo llegó este documento a Comonfort. Ello me llevó a compilar estos documentos y estos comentarios en torno a sus últimos días y sus asuntos testamentarios. Mi motivación radica en conocer un poco de la parte humana de este enorme ideólogo, máxime que de su estancia en Europa se conoce poco de estos detalles. Le comparto primero uno de los documentos de la solicitud del acta de deceso y a continuación el documento a que me refiero y su traducción.