Chamacuero, Gto.
(También llamado Comonfort, Gto.)
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SITIOS Y DETALLES
Aquí están algunos edificios o detalles de éstos. También hay objetos y elementos que de tan comunes podrían haber sido fotografiados en cualquier parte pero, créanme, todos provienen del territorio chamacuerense.
 
DANZANTES Y OTROS
Les llamo Danzantes y otros porque en esta sección la mayor parte de las fotografías son de danzantes, pero hay también de personas que desfilan por alguna festividad cívica o quienes participan en alguna procesión. Lo que todos los participantes tienen en común es que están ataviados con alguna indumentaria en particular, sin embargo las imágenes, lejos de destacar la indumentaria, se concentran en los rostros y las expresiones.  Como es de imaginarse. ninguno de quienes aquí figuran me autorizó a retratarles y —menos aún— a figurar en esta página; si esto les desagrada no tienen más que hacérmelo saber para retirar la imágen. Por el momento el modo de contacto es el correo electrónico chamacueromexico@gmail.com.  Por el contrario, si les hubiese gustado su foto, con muchísimo gusto les envío el archivo electrónico en la resolución original, para que se manden imprimir una fotografía de gran formato, o les obsequio una imagen ya impresa, para tal efecto el modo de contacto es el mismo.




























Paisajes


Fotografías
PAISAJES

Estas fotografías no están aquí por que yo considere que son una obra de arte cada una de ellas, ni siquiera porque las considere buenas fotografías, las incluyo porque siento que transmiten muchas cosas, desde la evidente información documental que proporcionan, hasta lo que puedan despertar en cada espectador. Aunque prácticamente todas las imágenes son de mi autoría, toda colaboración será bienvenida. En las secciones previas hablamos de muchos temas y en la mayoría de ellos hay un buen número de imágenes. En esta sección, las imágenes no ilustran un tema específico, están aquí por sí mismas. Este apartado, que he llamado paisajes, contiene imágenes de espacios abiertos, en muchos lugares de nuestro municipio.



























GENTE

Creo que a ninguna de las personas que aquí figuran les pedí que posaran para una foto, la mayoría no supo que eran fotografiados y espero que no les moleste estar en esta página. Pero si así fuera no tienen más que hacérmelo saber para retirar sus imágenes. Si bien todos los presentes son personas honorables —y a algunos les aprecio y admiro en particular—, aquí sólo mostramos sus fotografías; en otras secciones de esta misma página hablamos o hablaremos de su trabajo o de su vida.





































Gente


Sitios y detalles


Danzantes y otros

De entre la buena cantidad de documentos que integran el Archivo Histórico Municipal, un grupo de éstos, fechados en enero de 1838, nos hablan de un proceso electoral para relevar autoridades municipales.  Conviene aclarar que este tipo de elecciones no utilizaban un sistema de sufragio universal directo, sino un sistema de al menos una elección primaria y una secundaria.

Como es evidente, los documentos que se conservan son, en su mayoría los documentos que se recibían en la administración municipal, no he tenido la suerte de ver alguno que fuera remitido por nuestras autoridades (en sentido estricto, no tendría por qué permanecer en nuestro archivo un documento remitido desde aquí,  pero en ocasiones se guardaba copia de los documentos enviados).  Esta circunstancia obliga a que imaginemos las respuestas que nuestras autoridades proporcionaban pero, de cualquier manera, sólo contamos con la mitad de las "conversaciones".

El primer documento de esta serie nos da una idea muy clara de lo sucedido en este proceso, el Sr. Pérez Gayón, desde la ciudad de Celaya, envía copia de un documento emitido por el Gobernador del estado:

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(Tenemos un montón)



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Elecciones en Chamacuero
en 1838
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El Señor Cura Francisco
Nambo Calderón
Elecciones en Chamacuero en 1838
 
Documento alusivo a la Cofradía del Señor San Antonio
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Fotografías de la Semana Santa en los años setenta
El oficio anterior es bastante claro en cuanto a los motivos que hacen inválidas las elecciones en tres municipios: Acámbaro, Apaseo y Chamacuero. No les llama inválidas, las declara insubsistentes, que viene a significar que no pueden ser tomadas en cuenta, aunque por un proceso semántico mucho más complejo.  Las irregularidades se refieren, principalmente, al hecho de que el número de compromisarios es muy inferior al que las leyes respectivas, en aquella fecha, indicaban. Concretamente, Chamacuero debió nombrar dieciocho compromisarios, en lugar de seis. Debo confesar que es la primera vez que escucho el término "compromisario" y, en consecuencia, que no sé lo que significa, aunque su sentido parezca evidente. El diccionario nos da dos acepciones: 

Dicho de una persona: Que recibe la delegación de otras para que concierte, resuelva o efectúe algo.

Representante de los electores primarios para votar en elecciones de segundo o ulterior grado.

Por la forma en que se determina que las autoridades vigentes hasta el 31 de diciembre deben seguir en funciones, podría uno pensar que se trata de la primera acepción, es decir que eran empleados administrativos en general, sin embargo el hecho de que los tres municipios enumerados eligieran menos permisionarios de los que, en concordancia con las leyes, les correspondía, nos habla de que no eran puestos habituales en la administración pública de dichos municipios.  Como dijimos al principio, las elecciones no partían de un esquema de sufragio universal y directo, sino de, al menos un par de elecciones, en la elección primaria los ciudadanos en general  seleccionaban a un grupo de representantes (los compromisarios)  los cuales votarían y serían votados para el cargo en cuestión.  Digamos que la población en general seleccionaba a una o dos docenas de ciudadanos, después estos se reunían y, votando en secreto, seleccionaban, de entre ellos mismos, a quienes obtendrían los cargos en cuestión. 

El motivo de rechazo de las elecciones en los tres municipios es que no se eligieron suficientes compromisarios y, en el caso particular de nuestro pueblo, en vez de que las autoridades se seleccionaran, en las elecciones secundarias, en un grupo de dieciocho ciudadanos, se eligieron en un grupo de seis.

Menos explícito, pero consecuencia del anterior documento es el siguiente:

Parece ser que las autoridades electorales, o en concreto los compromisarios elegidos  el día domingo 7 de enero de 1838, no realizaron bien su elección el jueves 11, pues incurrieron en las faltas que describe el oficio y en muchas más que el oficio insinúa pero no describe.  Por lo mismo, y por segunda ocasión, los funcionarios que para gusto suyo o no, ya se consideraban ajenos al cargo, debieron regresar a sus funciones a la espera de una nueva elección secundaria la cual, dada la respuesta del siguiente oficio debo imaginar que fueron realizadas de manera ejemplar y en total apego a las reglamentaciones vigentes.
Cuando consideré las secciones que podría contener este espacio electrónico, una de las que más indispensables me parecieron es la que denominé Personas y Personajes; creí  que sería de la más elemental  justicia hablar y, en la medida que también así fuera, dar a conocer la labor y la vida de muchos comonforenses, el único requisito que me pareció ineludible es que fueran nacidos en este municipio.  Muy pronto me percaté que tal requisito era fácilmente prescindible cuando las personas en cuestión habían vivido muchos más años en Chamacuero que en sus propios lugares de origen o cuando la trascendencia de su labor hace más que irrelevante el hecho de que no hubiesen nacido en Chamacuero.  Un caso muy específico de lo anterior es el del Sacerdote Francisco Nambo Calderón, que no nació en Chamacuero ni vivió la mayor parte de su vida en este municipio, pero cuya labor en beneficio de todos nosotros es de sobra conocida.
 
El Señor Cura Francisco Nambo Calderón
Primeramente, realizó la ampliación del  Templo de Nuestra Señora de los Remedios, este templo no tenía originalmente planta de cruz latina, sino de una sola nave; no tenía  transepto, crucero,  ábside ni cúpula.  Bueno ábside si debió tener, pero para ser menos técnico y más claro, le diré que el templo llegaba hasta donde lo indico en la imagen siguiente.  Y así como lo indico el retablo barroco se localizaba en el ábside. 
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Cuando se interviene una edificación tan antigua (se estima que el templo data de 1730) es muy fácil dañar lo existente y, sobre todo, construir algo notoriamente ajeno a la construcción original. Estas modificaciones suelen evidenciar un cambio de materiales, de diseños y de la concepción misma del espacio arquitectónico.  Tampoco crea usted, amable lector, que imitar el estilo, el diseño  y las técnicas constructivas del pasado es algo fácil.  Ni los materiales, ni la mano de obra pueden ser las de aquellos años.  Así que quien dirige una modificación de esta naturaleza tiene que encontrar el equilibrio entre lo que se ha de construir nuevo, el apego a las técnicas constructivas tradicionales y el respeto a la edificación existente.  Más aún, algunos criterios de restauración o remodelación sugieren que no se debe tratar de imitar lo anterior, mucho menos el deterioro natural de estos elementos. Es decir, si una columna de cantera presenta un desgaste en su superficie, las nuevas columnas no deben tratar de "avejentarse" para que luzcan similares. 

Sin embargo,  la ampliación del templo de Los Remedios es fascinantemente acertada, porque si uno no llega con el conocimiento previo de que este templo fue ampliado, la armonía entre ambas edificaciones (la original y la nueva) le harán creer que este es el diseño original del templo.  Cuando uno ya  sabe de antemano de esta intervención, busca las diferencias entre una etapa y otra y  las encuentra, pero no nota ninguna falta de armonía entre ambos.  Tan es así que el retablo barroco de mediados del siglo XVIII se integra armoniosamente en el ábside actual del templo. Sí, si uno lo analiza detenidamente sí puede creer que algo no quedó bien ensamblado. Sin embargo, haber retirado el conjunto para volverlo a ensamblar en su nueva ubicación, no sólo es una labor complicada y, en este caso, muy bien llevada a cabo, sino que el solo hecho de decidirse a conservar este elemento ya habla de un conocimiento muy amplio y una gran sensibilidad arquitectónica. Baste recordar los muchos retablos barrocos que fueron destruidos, en ocasiones con argumentos tan insostenibles como decir que el barroco era demasiado impuro ¿?

Un ejemplo de lo que mencionaba arriba es el siguiente: Las bóvedas originales son de piedra y están recubiertas con algún tipo de aplanado.  Las bóvedas en el área nueva tienen una cara aparente de loseta de barro.  Aun así el contraste es armonioso, lo mismo sucede con los rosetones en los arcos nuevos.

Esta modificación fue realizada entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Aunque así me lo han comentado muchas personas e, incluso, recuerdo el asombro con que mi madre describía este trabajo al conocerlo, me di a la tarea de buscar alguna evidencia. Encontré una fotografía del templo donde no existe la cúpula, ni el transepto.  Para ser congruente la muestro con una imagen actual más o menos del mismo punto de vista. Este dato de paso nos permite ubicar esta fascinante fotografía en  una época anterior a 1968, aunque bastaba observar la indumentaria de los presentes para saber que la imagen es muy antigua.

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La tradición en conmemoración de la Semana Santa, que más se conoce en Chamacuero es la del Viacrucis de  Carros Alegóricos, trece de las catorce estaciones de la Pasión de Jesucristo son representadas, cada una en la plataforma de un vehículo automotor, la estación número catorce se coloca, de forma fija en lo alto del sitio que llamamos "El Calvario". Un día antes, aunque sea menos conocida (pero mucho más antigua) otra tradición es la de arregla el atrio del Templo de San Francisco, en alusión al huerto de Los Olivos. De ambas tradiciones ya hemos hablado en este espacio, pero hoy, dado que van dos años consecutivos que, estas y las demás, celebraciones son casi simbólicas a consecuencias de la emergencia sanitaria, consideré interesante compartir una serie de imágenes sobre ambas tradiciones, que datan de los inicios de los carros alegóricos.  Estas fotografías  fueron compiladas por el profesor Plácido Santana Olalde; ignoro si él personalmente tomó dichas imágenes.  

Gracias a la buena costumbre, de algunos laboratorios, de colocar la fecha en el margen de las impresiones, podemos saber que las imágenes más antiguas de esta colección son del año 1969, otras más del 71 y del 73; medio siglo en términos generales.  Tan interesante como el diseño de los Carros, el arreglo del Claustro  y de los vestuarios (que no han cambiado mucho) es la participación de algunos chamacuerenses, mismos que los amables lectores quizás reconozcan. También es interesante el aspecto, en aquellos años, de algunas calles de nuestro pueblo.

Nunca tendré suficientes palabras de agradecimiento para el Sr. Enrique Santana, así como para quienes, más recientemente, me compartieron mucho del acervo documental del profesor Plácido Santana y que, en la medida de lo posible, he venido compartiendo en este espacio casi desde sus inicios.

Francisco Nambo nació en Pátzcuaro,  Michoacán el 17 de septiembre de 1912,  fue hijo del Sr. J. Jesús Nambo  y la Señora Ma. de Jesús Calderón. Fue bautizado por su tío, Rafael Nambo, que en ese momento era Abad de la Basílica Colegiata de aquella ciudad. El nombre completo que recibió en la pila Bautismal fue José María Francisco Tomás Macedonio del Corazón de Jesús. Y, al margen de que sea un poco largo, me parece un nombre casi premonitorio de su vocación sacerdotal.

Ingresó al seminario en Morelia Mich., en 1924.  El 26 de mayo de 1934 recibió el diaconado. Se ordenó Sacerdote en 1935. Fungió como Vicario en diferentes lugares hasta 1952 en que fue nombrado Párroco de Huandacareo, Mich. Luego lo fue de Tlalpujahua , Mich. Finalmente, el 12 de marzo de 1965, fue nombrado Párroco de Nuestro Pueblo. Es  decir que para cuando llegó a Chamacuero tenía 53 años. Estuvo más de veinte años ejerciendo su labor eclesiástica en la Parroquia de San Francisco, hasta su fallecimiento el 2 de julio de 1985.
Fechado el 7 de enero de 1838, trata de insubsistentes a los funcionarios que creían estar ejerciendo los cargos correspondientes.  Por lo tanto el señor Pérez Gayón, pide que le manden un oficio, nuevamente, pero realizado por los funcionarios del periodo anterior, los cuales se ven obligados a continuar en sus puestos. 

No sé por qué la insistencia del señor Pérez Gayón, si fecha su oficio justamente el día en que, según el documento previo, se estarían realizando en Chamacuero, nuevamente las elecciones primarias. Las cuales se llevaron a cabo, esta vez, eligiendo el número correcto de compromisarios, sin embargo las elecciones secundarias, no fueron del agrado del señor Pérez Gayón por lo que dice en el siguiente oficio:
Este documento pertenece a la misma serie de documentos que hemos venido publicando en este espacio, sin embargo, a diferencia de los anteriores, ni el censo impuesto, ni los inmuebles involucrados tienen relación con Chamacuero.  Más adelante comentaremos el motivo por el que decidimos incluirlo en esta sección.  No sin antes anticiparle que se trata de un documento complementario a una compraventa.
En anteriores ocasiones hemos publicado el establecimiento de alguna capellanía, o la imposición de un censo redimible, como mencionamos en aquellas ocasiones, un censo es una carga que se impone a un bien inmueble y obliga al propietario a pagar un cierto rédito anualmente, por tiempo indefinido hasta que el Monto principal, generalmente conocido como el "Principal" no sea devuelto al beneficiario del censo. 
Quizás con un ejemplo muy sencillo esto sea menos enredado: hagamos de cuenta que el Señor López desea realizar un negocio, pero no cuenta con el capital suficiente.  Si tiene una propiedad, un terreno, una finca, puede pedirle a un tercero un capital, digamos cien pesos, dando como garantía (a censo) dicha propiedad que, para ser congruentes deberá valer dos o tres veces el importe del Principal.  El Señor López se obliga con esto a pagar réditos (usualmente por un cinco por ciento anual que, a la luz del presente, está bastante bien) año, con año, hasta que no devuelva (redima) los cien pesos. 
Este es el documento en cuestión:
Es decir que don Pedro Rodríguez de León, no quiso seguir pagando réditos por su nueva finca y prontamente redimió el censo que sobre esta estaba impuesto.  Por lo tanto, la Cofradía de San Antonio ya no recibió sus seis pesos de réditos, pero recibió sus ciento veinte de Principal.
Como yo ya lo leí varias veces se lo comento para su mayor entendimiento:  No el señor López, sino el señor Pedro Rodríguez de León (de León es su apellido, no su lugar de origen) compró el día anterior un predio en la ciudad de Celaya al señor José Joaquín Martínez Conejo, dicho predio estaba ubicado en la calle de las canicas de la ciudad de Celaya. Seguramente la calle sigue existiendo pero con otro nombre.

Como parte de la compraventa, el comprador tiene que expedir un documento donde reconoce el censo que está impuesto en la propiedad que compró y dicho censo es propiedad de la Cofradía de San Antonio de Padua en Chamacuero.  Seguramente en las negociaciones para la compraventa el comprador debió tener en cuenta dicho gravamen.  Más aún, que existía un adeudo de réditos por cuarenta y ocho pesos.  Casi la segunda mitad del documento son formalismos para hacer patente que no hay opción, para don Pedro, de evadir la responsabilidad adquirida.   

Como ya se habrá imaginado, amable lector, el motivo para publicar este documento es la mención a la Cofradía de San Antonio de Padua, en épocas tan anteriores como el año de 1762. Además, claramente se menciona que se le venera en la Parroquia de San Francisco de Asís, no en su propio templo. Aunque la expresión Parroquia bien pudo referirse a la extensión de todo el Curato no sólo el ámbito del Templo Parroquial.

Como ya se ha mencionado, en otros artículos de este mismo espacio, el actual Templo de San Antonio de Padua no tenía esa vocación inicialmente. Algunos documentos que ya publicamos mencionan que el templo se construyó hacia 1830 en la intención de consagrarse al Santo Entierro y como tal permaneció hasta casi cien años después en que fue dedicado a San Antonio de Padua.

Otro documento, que solo conozco de oídas, afirma que en el Templo Parroquial existía, hacia 1760 un retablo dedicado a dicho Santo y no era ninguno de los cuatro retablos barrocos.  Como parece evidente la cofradía en cuestión data de, al menos, 1762 y veneraba a San Antonio de Padua en el Templo Parroquial de Chamacuero. Y además, ahora podemos afirmarlo, durante un tiempo recibió una rentita de seis pesos anuales. Más aún,  un documento complementario de el arriba ilustrado nos dice lo siguiente:

 
Semana Santa 2021
Hace un año publicamos un par de artículos acerca de la singular forma en que ciertas celebraciones tradicionales, relacionadas con la Semana Santa, debieron celebrarse. Nunc creí que un año después la contingencia sanitaria continuaría obligandonos a limitar los riturales y las celebraciones, lo cual, por supuesto no implica, para los creyentes, que lo que estas conmemoraciones le representan siga presente e, incluso, que se incremente.

Creo que el cartel informativo es más que elocuente, sin dejar de mencionar su bello diseño gráfico, nos indica las actividades a realizar y abajo, como una lamentable enumeración, todos los rituales que debieron cancelarse por segunda ocasión. En medio de lo mucho que, como muchos, lamento estas cancelaciones, no dejo de congratularme de la actitud, en extremo responsable, de quienes esto determinaron.  Al final del cartel se especifica que todas las celebraciones que sí se programaron se realizarían en el Templo y con un 30% de aforo.  

Ya con esa advertencia preferí recurrir a uno de los más asiduos colaboradores de este espacio electrónico, quien además me honra con su amistad, para solicitarle algunas imágenes de lo realizado en el templo.

Estas son las imágenes que me compartió, y que compartimos en este espacio junto con el constante agradecimiento para el autor, estas fotografías, además de lo que documentan, transmiten las encontradas sensaciones que esta emergencia sanitaria nos produce.

La mayoría de las imágenes están colocadas en orden cronológico a excepción de las dos  últimas, que preferí colocar al final no sólo por la belleza plástica de la imagen sino por el enorme simbolismo que encierran.
En el patio hay una jacaranda
y sabemos que ya es primavera
cuando se llena de flores.
A los niños más pequeños
les gusta recogerlas,
llenan sus bolsillos de florecitas moradas
como si fueran monedas de un gran valor,
cuando sus mamás las encuentran
seguramente sonríen
y adquieren un poco más de paciencia.

Hoy, llegaron unos hombres oscuros:
al entrar a la escuela
notamos que no tenían cara.
De cualquier modo son culpables.
Cuando se fueron no quedó nada de la Jacaranda.
Allí se construirá un salón de clases
y otros niños aprenderán muchas cosas,
pero nosotros ya no sabremos
con exactitud
cuándo habrá de empezar la primavera.

(Gerardo Sánchez)
Por cualquiera de ambos métodos, entre los laureles tricentenarios de la Plaza Doctor Mora, enraizaron, germinaron y florecieron dos Jacarandas hace unos treinta años y, como en el poema de Gerardo Sánchez, anunciaban a los chamacuerenses el inicio de la primavera.



Sus flores azul violeta llenaron sus frondas y se volvieron alfombra durante muchas primaveras. Puedo asegurar que todos dábamos por hecho que esa sencilla alegría, sería un valor añadido de nuestra plaza por tiempo indefinido. Estas jacarandas eran tan cercanas que sus ramajes se confundían y parecían armonizar una con otra, aunque la que estaba unos metros más hacia el oriente era un poco más grande y su tronco más voluminoso, quizás cuestiones de asoleamiento o dirección de las lluvias fueron determinando esta diferencia, es difícil saberlo

.

Mucho más difícil sería saber qué relación afectiva tenían una por la otra, pero si llevaban más de treinta años conviviendo día tras día y primavera tras primavera, es evidente que algo más allá de lo comprensible las relacionaba.  Como entiendo que esto parece demasiado fantasioso debo relatar que una tarde gris, una tormenta, que parecía traer consigo todos los vientos de la región, sacudió el centro de  Chamacuero, con tal obsesión que uno de los Laureles tricentenarios se vino abajo y en su caída se llevó consigo la Jacaranda más grande. No resultó útil que medio pueblo lamentara profundamente este suceso, nada podía hacerse por ambos árboles o, a fin de cuentas, nada se hizo; días después el zumbido insensible de una sierra de cadena terminó por reducir los restos de ambas especies.  En los cajetes vacíos sembraron dos nuevos Laureles, como para sentarse a esperar trescientos años. 

Como  si  de una leyenda se tratara, la llegada de las Jacarandas a nuestro país gira en torno a una anécdota, que por verosímil, bien pudiera ser cierta.  En los albores del siglo XX, o en el ocaso del XIX, algún gobernante pretendió plantar cerezos en las grandes avenidas de la Ciudad de México. La proverbial belleza de la floración de estos árboles era, y sigue siendo, razón suficiente para intentar aclimatarlos en nuestro país.



Un jardinero japonés, radicado en estas latitudes, desestimó la posibilidad de que los cerezos prendieran y, menos aún, florecieran en nuestro clima. De modo que sugirió sembrar jacarandas que, a su manera, también tienen una época hermosa de floración intensa, al grado de que su fronda se torna azul violeta por algunas semanas.



Esta anécdota, tan colorida como una jacaranda en primavera, puede hacernos creer que esta especie es nativa del Japón, pero lo único japonés es el vasto conocimiento del jardinero hacia la flora del mundo entero. Sin preocuparse mucho por hacer fidedigna la leyenda, las Jacarandas llegaron desde Brasil y fueron extendiéndose, no sólo por la Ciudad de México, sino por todo lugar que les fuera propicio, hasta asentarse hacia todos los rumbos, ya fuera de la mano de los jardineros o, de manera natural, desperdigando sus semillas en su ciclo reproductivo.

Hasta este punto, algo en pro de lo dicho arriba sólo viene en esta reflexión: Si a medio pueblo nos dolió la caída de ambos árboles, imaginemos cuánto debió afectarle a la Jacaranda que siguió en pie. Pero lo enigmático,  lo que me permite asegurar que ambos árboles se tenían, por lo menos,  una gran estima, es el hecho de que al año siguiente,  sin causa aparente, la Jacaranda sobreviviente se secó.   Cuando debía de estar llena de sus flores azul violeta sus ramas estaban  mustias. En vano esperamos un milagro de la primavera, deseando que reverdeciera aunque no hubiera floreado. Pero no hubo tal, hacia la estación lluviosa sabíamos que estaba muerta, que nos había expresado cuán difícil era encontrarle sentido a la existencia sin su compañera.



Alguien decidió que,  en vez de seccionarla pragmáticamente, su tronco podría ser artísticamente tallado. Así que un diestro artesano estuvo varios días sobre un andamio, desplegando su destreza con gubias y formones. Algo relativo a Margarito Ledesma y a sus poemas se desplegó por el tronco y las ramas mayores por un breve tiempo. Breve porque la idea parece no haberle agradado al tronco de la Jacaranda  y un día cualquiera se vino abajo, sin importarle Margarito Ledesma ni la inscripción de cantera que narraba pomposamente la historia de su tronco muerto.
Hoy dos jóvenes Laureles ocupan el lugar de las Jacarandas, curiosamente, ahora el que está más al poniente es un poco más frondoso. Con toda seguridad es deseo de muchos chamacuerenses que estos nuevos árboles sigan enraizando, crezcan, den sombra y suplan de algún modo a sus ancestros tricentenarios pero,  por el momento, no sabemos discernir, con certeza, cuándo habrá de empezar la primavera.
Semana Santa 2021
Documento alusivo a la
Cofradía del Señor San Antonio

Fotografías de La Semana
Santa en los años setenta
Historia de dos Jacarandas
El cambio de actitud del remitente es más que evidente, qué bueno que todo aquello que consideraron irregular se subsanara, no es que los chamacuerenses de 1838 no fueran personas capaces, pero es muy dificil, y más en aquellos tiempos, con tan parcas comunicaciones, entender en su totalidad los procesos elecorales que, además de todo, se iban modificando casi en cada periodo electoral. Finalmente la elección se realizó en apego "a todas las solemnidades".
La modificación consistió en agregar a los dos tramos de nave central original otros dos y un transepto, es decir un tramo transversal de nave a cada lado. Por supuesto esto ameritaba una cúpula central.   En las imágenes siguientes ilustro la configuración anterior y la actual:
Claro que mucho más fascinante me parece la siguiente imagen, con los diestros trabajadores de la construcción que posan en las alturas, como no queriendo,  para la foto, pero sobre todo, con el padre Nambo parado sobre la Clave del primer arco de las nuevas naves, con todo el simbolismo que ello encierra, confiado en el éxito de la ampliación, incipiente en esos momentos. (Sí, me emocionó encontrar esta imagen y me da mucho gusto poder compartirla en este artículo).
Como si la ampliación del Templo de Los Remedios no fuera suficiente para merecer nuestro respeto y admiración, el padre Nambo también intervino el atrio del templo parroquial en San Francisco de Asís.
La arquería del claustro data del siglo XVII y, nuevamente, quien no lo sepa de antemano no percibirá que el segundo nivel no es contemporáneo del primero; se llevan unos trescientos años. 

También, como en Los Remedios, la armonía entre ambos es absoluta. Ya sobre aviso, el observador puede percatarse que el deterioro de la cantera es distinto y, más evidente aún, que las bóvedas superiores tienen un acabado de baldosa de barro aparente.
Suele decirse que el padre Nambo copió detalladamente el diseño de la arquería del primer nivel en el segundo, esto es cierto a medias, porque hay pequeñas diferencias en un nivel y en otro. Lo anterior no es en modo alguno un error, baste con observar los patios de los claustros, de la región o del país, para comprobar  que el diseño del segundo nivel no suele ser idéntico al del primero.

En algún  otro momento y otra sección de esta página, seguramente hablaremos profusamente de ambas edificaciones, en este artículo, dedicado al Padre Nambo, no es apropiado abundar tanto.   Pero le comparto un detalle:  la prueba de que el primer nivel estuvo al descubierto durante varios siglos es la cantidad de  gárgolas que hay en este.  No estoy diciendo que un patio porticado o un claustro nunca tengan  gárgolas en el primer nivel, pero, cuando las hay suelen ser menos y más pequeñas que las del segundo nivel. 
Lo mismo sucede en la siguiente imágen (mucho más reciente), tampoco se aprecian dichos pináculos, ni el pretil de la arquería.

Me atrevo a afirmar que la intervención en San Francisco es posterior a la de Los Remedios, por un pequeño detalle, en esta segunda imagen se aprecia ya, a lo lejos, la cúpula del Templo de Los Remedios. Le pongo el detalle para más claridad.
Por los  testimonios que he podido compilar sé que el Padre Nambo era un hombre de proceder austero, muy ajeno a cualquier tipo de lujos. Afectuoso en su trato con la gente, pero estricto y recto en su proceder y en su apego a las normas. También me contaron que le gustaba salir a caminar, por las mañanas, hacia diferentes rumbos del municipio.  Un detalle poco conocido es que también sentía cierta fascinación por la mecánica y llegó a realizar reparaciones en algunos vehículos de su propiedad o de su familia.

No sé cómo es que permaneció veinte años (y más si hubiese vivido más tiempo), en una misma parroquia, pero que bueno que así haya sucedido. Su prolongada permanencia le permitió realizar dos muy afortunadas intervenciones en los templos de su parroquia:


No podría yo ubicar cronológicamente algunas de las imágenes anteriores, ni las siguientes. Pero son de los años que permaneció como Párroco en nuestro Pueblo.
Igual que en cuanto al Templo de los Remedios, me fue complicado localizar una imagen clara del claustro inconcluso, pero en la imagen de abajo  (bastante antigua), deberían de verse los pináculos de las columnas de la arquería y no se aprecian.
Adicionalmente a lo arriba mencionado, el Padre Nambo, con la colaboración del  Profesor Plácido Santana, reacondicionó los libros del archivo de la Notaría Parroquial. Durante este proceso el Prof. Santana Localizó la fe de Bautismo de Ignacio Camargo, Manuela Taboada y Pedro Taboada.

También me han comentado que el espacio destinado a las criptas en el Templo de San Francisco, fue una especie de hallazgo, que realizó  casi involuntariamente.

Y también, de manera involuntaria, otorgó su nombre al hermoso Barrio de La Rinconada. Se cuenta que un día de la Procesión de las Cruces, luego del recorrido la mayoría de los participantes ya habían retirado sus Cruces del templo, pero los señores del Barrio en cuestión estaban distraídos en alguna otra actividad, entonces el Padre Nambo tomó el alta voz y dijo: "Por favor los señores de allá, de la rinconada de Los Remedios, pasen por su Cruz". A partir de ahí se le conoció al barrio como La Rinconada. Y mire usted, amable lector, hasta sin proponérselo era creativo el Padre Nambo.

Probablemente sean muchas más sus obras meritorias, si los amables lectores me llegan a compartir algún dato adicional o algún otro aspecto de su labor, con mucho gusto complementaré el presente artículo. Sin embargo, tanto por su labor eclesiástica como por su labor "arquitectónica" su nombre seguirá siendo, en este pueblo, motivo de veneración y respeto.

Hace unos veinte  años venía en camión regresando a Comonfort y escuché a unas señoras que comentaban:  "Quién sabe cuándo el señor nos mande otro arquitecto". Su interlocutora hizo una expresión que denotaba poca confianza en un plazo breve, pero comenzaron a hablar del templo de Los Remedios y del Claustro, ponderando la belleza de ambas obras. Entonces supe de quién estaban hablando. No sé exactamente cómo el Padre Nambo realizó su formación autodidacta de esta disciplina,  mucho menos aún, cuándo el Señor nos vuelva a mandar otro arquitecto, pero me congratulo, como muchos chamacuerenses, que el día que nos mandó uno, haya sido alguien con la calidad humana, la sapiencia y el talento del Padre  Francisco Nambo Calderón.

Agradezco grandemente a quienes me proporcionaron información para la elaboración de este artículo, en particular al señor Rodolfo Ortiz y al Padre Manuel López Nambo quien, además, me proporcionó un díptico con el cual se conmemoró el primer aniversario del fallecimiento del Padre Nambo.  Me parece tan interesante la información que dicho Díptico proporciona que lo comparto tal cual, no sin aclarar que la frase al pie de la fotografía es de San Pablo, según me informó el Padre Manuel.


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