Chamacuero, Gto.
(También llamado Comonfort, Gto.)
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SITIOS Y DETALLES
Aquí están algunos edificios o detalles de éstos. También hay objetos y elementos que de tan comunes podrían haber sido fotografiados en cualquier parte pero, créanme, todos provienen del territorio chamacuerense.
 
DANZANTES Y OTROS
Les llamo Danzantes y otros porque en esta sección la mayor parte de las fotografías son de danzantes, pero hay también de personas que desfilan por alguna festividad cívica o quienes participan en alguna procesión. Lo que todos los participantes tienen en común es que están ataviados con alguna indumentaria en particular, sin embargo las imágenes, lejos de destacar la indumentaria, se concentran en los rostros y las expresiones.  Como es de imaginarse. ninguno de quienes aquí figuran me autorizó a retratarles y —menos aún— a figurar en esta página; si esto les desagrada no tienen más que hacérmelo saber para retirar la imágen. Por el momento el modo de contacto es el correo electrónico davidmanuelcarracedo@prodigy.net.mx.  Por el contrario, si les hubiese gustado su foto, con muchísimo gusto les envío el archivo electrónico en la resolución original, para que se manden imprimir una fotografía de gran formato, o les obsequio una imagen ya impresa, para tal efecto el modo de contacto es el mismo.




























Paisajes


Fotografías
PAISAJES

Estas fotografías no están aquí por que yo considere que son una obra de arte cada una de ellas, ni siquiera porque las considere buenas fotografías, las incluyo porque siento que transmiten muchas cosas, desde la evidente información documental que proporcionan, hasta lo que puedan despertar en cada espectador. Aunque prácticamente todas las imágenes son de mi autoría, toda colaboración será bienvenida. En las secciones previas hablamos de muchos temas y en la mayoría de ellos hay un buen número de imágenes. En esta sección, las imágenes no ilustran un tema específico, están aquí por sí mismas. Este apartado, que he llamado paisajes, contiene imágenes de espacios abiertos, en muchos lugares de nuestro municipio.



























GENTE

Creo que a ninguna de las personas que aquí figuran les pedí que posaran para una foto, la mayoría no supo que eran fotografiados y espero que no les moleste estar en esta página. Pero si así fuera no tienen más que hacérmelo saber para retirar sus imágenes. Si bien todos los presentes son personas honorables —y a algunos les aprecio y admiro en particular—, aquí sólo mostramos sus fotografías; en otras secciones de esta misma página hablamos o hablaremos de su trabajo o de su vida.





































Gente


Sitios y detalles


Danzantes y otros

Cuando se estudia la historia de la Conquista de México (1519-1521) es casi un lugar común el tema de la mortandad que las enfermedades infecciosas, en ese momento desconocidas en América, provocaron. La más mencionada, entre éstas, es la Viruela, quizá por su alta mortandad o porque el propio emperador Cuitláhuac falleció, junto con miles de mexicas, de este mal.  La viruela fue una enfermedad infecciosa sumamente grave que hoy en día,  tras históricas y prolongadas campañas de vacunación, se considera erradicada en el mundo entero.  Esta enfermedad acompañó a la humanidad desde sus más remotos orígenes.

Se atribuye la primera vacuna, no sólo contra la viruela sino contra cualquier enfermedad infecciosa, al inglés Edward Jenner quien, tras varios audaces experimentos, logró demostrar que quienes eran inoculados con el pus de las pústulas de vaca eran inmunes a la viruela; Jenner plasmó sus experiencias en un libro publicado en 1798.  Si la vacuna contra la viruela era un incipiente descubrimiento en 1798 me sorprendió encontrar varios oficios, fechados en 1830, relativos a la aplicación de una vacuna contra la viruela no en la ciudad de México sino en Chamacuero.  No sucedió que la técnica de Jenner se popularizara a nivel mundial con excesiva rapidez ni, mucho menos, que no haya tenido los opositores que no faltan nunca y que dan crédito a cualquier noticia falsa y se ciegan ante la evidencia más clara. Perdón, me exalté un poco. 

Tardó unos años para que la "vacunación" fuese una técnica no sólo aceptada sin recomendada y procurada por la propia población. Sin embargo,  apenas cinco años después el monarca español en turno, Carlos IV,  estaba tan convencido de las bondades de la vacuna  que decidió enviar una expedición humanitaria para aplicarla por todo el imperio. Dicha expedición fue encabezada por el médico Francisco Balmis quien, evidentemente, había sabido convencer al monarca de la utilidad de esta medida sanitaria. Dicho sea de paso, Balmis nacido en Alicante, España, previamente había ejercido la medicina en México y realizado interesantes investigaciones médicas en nuestro país.

La misión fue de un beneficio invaluable y, como estaba previsto, se extendió, no sin dificultades y  a lo largo de varios años,  a todos los territorios del imperio español, incluyendo las Filipinas.  Como dato de referencia, suele decirse que cuando Napoleón Bonaparte ordenó vacunar a toda su tropa, se dio la mayor muestra de aceptación de la vacuna de Jenner; la expedición de Balmis ocurrió tres años antes.

Aunque la enfermedad tardara dos siglos en erradicarse, luego de la invención de la vacuna, acciones como la expedición de Balmis contribuyeron en gran medida al control de la enfermedad y, con toda seguridad, evitó el padecimiento en todos los vacunados y muchos de quienes les rodeaban.  En varias ocasiones se manifestaron, en nuestro país,  brotes epidémicos de Viruela durante el siglo XIX. Muy probablemente, el primer escrito que a continuación transcribimos hace referencia a uno de esos brotes. Es, por lo que se intuye, un exhorto para la vacunación, nótese que hace mención de la aplicación a infantes y que, por la naturalidad con que se habla de este procedimiento, no era una novedad, como lo habrá sido cuando la incursión del doctor Balmis.

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Vacunación en Chamacuero
en 1830

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Conversaciones, Con don  José
González San Vicente
Vacunación en Chamacuero en 1830

 
Oficios de compraventa de una casa en 1741
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Algunas fotografías antiguas y otras que más bien lo parecen
El siguiente documento es una recomendación que, para mayor comprensión debo comentar que el método de Jenner, utilizado desde la expedición de Balmis, consistía en extraer el pus de una persona previamente vacunada e inyectarlo en el brazo de un nuevo individuo. Al margen del volumen de pus producido por cada vacunado, éste no era útil más allá de unos cuantos días. Por eso, además de procurar que la población se vacunara, era necesario que, cuando les apareciera el pus, éste se recobrara para continuar con la vacunación, a este procedimiento se le denominaba transmisión brazo a brazo.  Lo cual no quiere decir que los brazos entraran en contacto, sino que el agente a inocular se mantenía vivo al irlo pasando de un paciente a otro.  Cabe destacar que las reacciones a la aplicación de la vacuna, si bien podían ser molestas, no eran comparables a padecer la temible enfermedad.
Como podemos inferir la vacunación no detuvo la enfermedad ni las defunciones. Menos aún si una parte muy significativa de la población era renuente a la medida de prevención. Téngase por seguro, sin embargo, que la vacuna, por pocos que hubieren sido vacunados,  contribuyó a que los efectos de este brote fueran menos graves.

La referencia a los tiempos actuales, no epidémicos sino pandémicos y el inicio, en este arranque de 2021, de la vacunación contra esta globalizada enfermedad, me motivaron a compartir estos documentos. Debo agregar que los detalles de la expedición humanitaria de 1803, me han parecido extremadamente interesantes y admirables, lamentablemente son poco conocidos, pese al enorme beneficio que trajeron en todos los países que pertenecían al imperio español en ese momento.
Como algunos amables lectores recuerdan, el andador 5 de Febrero no siempre fue un andador, la idea de cerrar esta calle a la circulación, idea que resultó bastante acertada, provino del atuntamiento de 1986.  Pero la imagen anterior, la de blanco y negro es de cuando la pavimentación de la plaza 5 de Febrero, realizada en los años sesenta, se colocó un pavimento de concreto en substitución del empedrado que existía entonces. Al fondo se ve un vibrocompactador, a los que coloquialmente les llamamos aplanadoras y que, seguramente dio las últimas pasadas previas al colado del concreto. La imagen inferior muestra que dicho concreto desapareció con el uso hasta quedar una capa de tierra negra.  Buen no, por supuesto que no fue así, la imagen a color es de cuando la remodelación de las calles de la plaza en 2007 y, dicho sea de paso, el pavimento que se coló en los años sesente resisitió aceptablemente el tráfico, cada vez más intenso,  hasta que fue substituido por el actual pavimento y eso, que si observamos la imagen a color, veremos que dicho pavimento de concreto no tenía mucho tepetate que digamos.
Nuevamente la anotación sobre la imagen nos revela con gran detalle el contenido de la fotografía. Se trata del H. Ayuntamiento del bienio 1929-1930. Aquí el fotógrafo (A. Hinojosa) hizo muy bien su trabajo al anotar la información correspondiente, ahora me toca a mí hacer el mío, pues, de momento, no sé decirle quien fue, al menos, el Presidente Municipal en es periodo. Sin embargo creo identificar al personaje de pie en el extremo derecho: es el Sr. Félix Almanza Leal, quien sería presidente catorce años después.
Desde hace unos años, el Arq. José González de Santiago, no sólo es un asiduo lector de este espacio, sino un gran colaborador que me comparte materiales, y me sugiere interesantísimos temas. En tal virtud no sé decirles si la idea de conversar con su señor padre fue de él o fue una sugerencia mía. Lo importante es que el señor José González nos dibujó una estampa del chamcauero que se preciaba de sus cosechas de frutales, algo casi inherente a la memoria colectivao  de nuestro pueblo. No sólo agradezco al Arq. José sino a sus hermanos por facilitar esta conversación y por su amabilidad durante todo el proceso.

Como siempre en estas transcripciones he suprimidolo más posible mis  preguntas y coloco entre corchetes [  ] éstas y mis aclaraciones.
 
Conversaciones, con don José González San Vicente
El aguacate que se cultivaba y cosechaba era de la variedad llamada "Criollo". Al día de hoy todavía existe esa variedad, pero muy diezmada. La variedad que se sigue cultivando, principalmente en el estado de Michoacán, es la llamada "Hass". Es una variedad con muy buen sabor y es bastante rentable.
La cosecha de el durazno era en la misma época. La Sociedad Cooperativa de Consumo lo compraba, yo también pero muy poco. Pero los que compraban la mayoría de la producción era          La Fortaleza (La planta empacadora de frutas y verduras más antigua del Bajío, ubicada en Salamanca Gto. Ellos rentaban una casa en el jardín principal que la usaban como bodega para comprar el durazno y de ahí enviarlo a Salamanca en sus propios camiones). El durazno también se acabo, también había mucha lima pero ya no.
En el tiempo de cosecha de duraznos, había una persona, allá por el campo Azteca, a un lado de la vía donde  tenía su huerta y vivía el Sr. Olalde.  Él tenía viveros, y compraba los huesos de durazno por ciento, para sembrarlos y cultivarlos. Después vendía la planta de durazno. Los chiquillos, y hasta mis hijos se ponían a juntar huesos en la calle;  en aquel tiempo no existía lo de: "Ponga la basura en su lugar",  la gente se comía su durazno y sin preocupación tiraba el hueso a la calle. Con lo que les pagaban por los huesos, los niños compraban  golosinas o lo que se les antojaba.

El señor Plaza mandaba el aguacate a Monterrey  y yo también lo mandaba, y no nada más a Monterrey, a varias plazas del norte de la República, Saltillo, por ejemplo.
En los mejores tiempos del aguacate existió la Sociedad Cooperativa de Consumo. Ahí en la esquina de Arista con Hidalgo, donde ahora es El Bodegón, estaba esta Sociedad, ahí hicieron una bodega y luego compraron otra acá en Guerrero y ya después se acabó todo eso. Imagino que los socios construyeron, ¿quién más? Yo no era socio, era como quien dice, a mí me decían que venía siendo la competencia, pero nunca me decían nada, no tenían problema conmigo por eso.  El aguacate no se producía todo el año, había sus temporadas, pero lo mero principal de la cosecha eran agosto, septiembre y antes en  julio.  Y vuelvo a repetirle, el aguacate se acabó, la cosecha, por la plaga, por el gusano. Al igual todo en la región, en San Juan de la Vega, Rinconcillo, todo se acabó.
A mí no me llamó la atención estudiar, yo fui comerciante y agricultor, no tenía un local como la Cooperativa, solo compraba y vendía. Pero la cooperativa nomás le mandaba a Monterrey, tenía nomás un conecte y mandaba. Y yo tenía clientes, pues se puede decir en todas partes de la República: Saltillo, Monterrey, Agujita, Matamoros, claro que eran clientes chicos. También a México; venía a comprarme aquí los de México, a unos les mandaba de a una, dos, tres, cuatro cajitas. Y había un cliente que me consumía varias cajas y otro que me compraba todo el que le mandaba.  Era un cliente de mucha confianza conmigo, le mandaba lo que hubiera, lo que yo podía mandarle, todos los días hablábamos por teléfono y me decía: "Échale más o ahora no mandes y así". Él estaba en Monterrey, tenía bodega en el Mercado de Abastos. Aparte, él tenía muchos otros clientes que  le compraban de varias cajas.  Mucho del aguacate lo compraba a otros productores de aquí. También llegué a mandar en camión. El tren no se entretenía, todos los días el exprés pasaba  a las dos de la tarde.  También a Torreón mandaba mucho aguacate, pero ese lo llevaba a Celaya para mandarlo por tren. Aquí pasaba el de Monterrey, Nuevo Laredo. Y el que pasaba por Celaya es el que llegaba a Torreón. El tren tenía muchas ciudades a donde pasaba, San Miguel, San Luis. Y no nada más el aguacate, don Ramón Plaza mandaba molcajete y aparte del molcajete, mandaba canastas y  artesanías de carrizo; tenía mucho el señor y trabajaba mucho, tenía camiones, yo también tenía un camión. Él comerciaba otros productos, tenía alfalfa, la mandaba a México por camiones, aunque la compraba a otros productores.

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Ya para el maíz no tenía yo tiempo, es algo que no cultivé.  Ahora ya no le conviene a la gente cultivar maíz y otras cosas, porque invierten mucho y no le sacan lo que metieron, pero todavía siguen.
Yo principalmente me he dedicado al campo, se pude decir que esa ha sido mi actividad, pero ya no es negocio. No sale.

Ya después me dedicaba a comprar sorgo, maíz, de todo, aquí en estos cuartos lo tenía almacenado en ocasiones.
En ese proceso de comprar y vender algunos domingos iba con mis hijos, desde tempranito, antes de que amaneciera, a la entrada del camino que va a Jalpilla, poco más adelante de el panteón, donde se encuentra lo que fue un puente de piedra; ahí estacionábamos la camioneta, llevábamos una báscula y esperábamos a la gente que venía caminando de los ranchos con rumbo a Jalpilla (El Potrero, El Picacho, las Gallinas etc.) para comprarles maíz o frijol. Esta gente venía a Comonfort a misa pero principalmente a llevar mandado, que compraban con el producto de la venta de su cosecha. Además traían a vender gallinas, huevos, guajolotes, chivos, borregos o lo que producían. Siempre traían burros cargando sus productos, si el precio que les dábamos les convenía nos vendían sus productos; si no, en el pueblo siempre encontraban alguien que se los comprara. También mucha gente traía sus burros  cargados de leña para venderla, ya cuando terminaban de comprar su mandado se regresaban a su rancho. Pasando la vía, dando vuelta hacia la izquierda en esa calle, se ubicaba el lugar donde dejaban sus burros amarrados mientras iban al centro a hacer sus compras.

Sí supe que en la cooperativa a veces hacía bailes, pero yo no iba, no me gustaba. Además yo era contrincante de ellos.  Sí, no había otro salón más que ese, un tiempo estuvo la Tierra Fuller, esa tierra Fuller era el caolín que extraían de las minas de Neutla, cargaban furgones de caolín y mandaban para fabricar muchas cosas, ahí en la estación del ferrocarril lo amontonaban, pero ya se acabó eso también.

A mí me gustaba ir a cazar, me iba lejos a Tamaulipas allá había venados, jabalíes; sí me llegué a traer un venado, todos los animales son complicados de cazar, según puede ser más conveniente en la noche o en el día. Yo usaba el rifle calibre 30 06, la escopeta, pero ahora ya no.  Aquí en los alrededores llegué a cazar liebres, conejos, hacia Jalpilla o por ahí.  Buena parte de esa carne se guisa y se come, a veces se sala.  Yo dejé de ir cuando ya no pude, cuando ya se me dificultaba. Me llegué a llevar a mis hijos a la cacería, pero a algunos no les gustaba.
Sí jugué futbol con los que ahora son veteranos del equipo. Nos gustaba mucho el fut, estuve jugando con este equipo del Aztecas unos juegos. En esos tiempos mi papá, en paz descanse, no era muy aficionado al futbol, yo estuve jugando con el Aztecas, pero él no me dejaba jugar. Me le escapaba. Así salíamos a San Miguel, Soria, Comonfort. Llegó a  tal grado de que, como no me daba permiso, vino el Sr. José Cruz con otra persona a pedir permiso a mi papá y entonces ya me dejó para salir con ellos.

[¿No habrá usted jugado con mi papá?]

No, nada más me di cuenta de que su papá era jugador, que era defensa; porque su papá, no agraviándolo, era, un poco gordito, tantito. Tenía que jugar en defensa, no corría mucho. Pero sí lo conocí, lo vi jugar y poco después yo jugué.  Si él jugó en el 36, yo he de haber jugado en el cuarenta o por ahí, yo soy del 28.  Sí yo lo conocí y lo vi jugar muchas veces.

En esos años aquí nada más se podía estudiar hasta la primaria, no había secundaria ni nada. Anduvieron buscando, puerta por puerta, para que se fueran a estudiar y fue cuando uno de mis hermanos se dedicó a seguir en la escuela, Eduardo, [El teacher].  A él le gustaba todo eso de la talabartería y aprendió solo, yo creo.

Sí recuerdo la plaza de toros que había en Comonfort, en la calle Juárez, casi no iba a las corridas, pero sí recuerdo la plaza, jaripeos también había. No, yo no montaba a caballo, (ni toreaba).

También recuerdo ese río con aguas cristalinas, el río traía el agua de manantiales de San Miguel. De cuando llovía mucho también hubo inundaciones.

Ahorita, ya no puedo trabajar, ya nada más descanso y más con lo que me acaba de pasar, llegó un momento en que mis hijos me dijeron ya pa qué trabajas, ya tampoco veo casi.

Claro que tengo en la memoria ese Comonfort de antes, pero ya se me olvida todo.  Antes había menos gente ahora hay más gente y más todo.


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La imagen anterior forma parte de una serie que documenta la visita del, entonces gobernador del Estado, Lic. José Aguilar y Maya, hablamos de los años cincuenta y muy probablemente de 1950, dado que en ese año se cumplió el centenario del fallecimiento del doctor José Ma. Luis Mora. En este punto la comitiva pasa por la calle Cortazar y, siendo honestos, la única referencia que me permite ubicar la imagen es la torre del templo de San Antonio, el resto de las construcciones de este tramo de la calle es poco reconocible.  Como es evidente no existía aún la calle Magisterio. A ambos lados de la comitiva, en primer plano, los niños de alguna escuela (y lo supongo por el uniforme) aplauden, en tanto que  un poco más atrás, integrantes de algún cuerpo policial presentan armas.
Las guapas muchachas de la imagen superior, así como el caballero que las acompaña, están apropiadamente ataviados para conmemorar un 16 de septiembre; por este motivo posan orgullosos en la  Plaza Cívica Dr. Mora, esto último lo sabemos por el copón que figura en el lado derecho, uno de los cuatro que componían el original monumento al Padre Hidalgo, en el centro de la plaza. Mucho más reveladora es la imagen siguiente, donde las mismas personas parecen dirigirse a la plaza montando a caballo.  La calle Pípila se reconoce por el ábside del templo de San Francisco luciendo su bella fachada de piedra (hoy día innecesariamente oculta). También como detalle singular la ventana de la casa de color oscuro a la izquiera de la imagen se conserva tal cual hasta el presente. Sin embargo, es el auto el que nos permite ubicar ambas imágenes en los años cincuenta.
Las dos imágenes anteriores tienen también la involuntaria belleza que les danlos tonos rojizos, pertenecen a la Capilla del Ecce Homo en Melgarito.  Testimonian el aspecto anterior de la fachada, previo a la restauración que se realizó en la misma. También nos muestran un atrio de tierra, no por ello menos bello, y la Cruz en el Calvarito, ya frágil pero todavía presente.
Esta última fotografía de las que considero "no tan antiguas", es del templo de San Agustín, y debemos datarla posterior a 1972, porque ya está presente la pirámide que conmemoraba la pretendida fundación de Chamacuero en 1572, por lo mismo también la imagen es anterior al año 2009 en que este elemento fue retirado.  El resto de los elementos que aquí aparecen, en realidad tienen muy poca diferencia con el aspecto actual del templo el cual, dicho se de paso, se ve, hoy día, muy bien conservado, tanto en su interior como en su atrio. Pero, le puedo indicar un detalle que sí es diferente actualmente: la campana del segundo cuerpo de la torre es mucho mayor y, por supuesto, no podemos creer que haya crecido con los años.
[¿Cómo está don José?]

Ando algo malo, me acaban de quitar un absceso, del lado de adentro que me lastimaba, como yo traigo dentadura y me estaba molestando fui a ver el dentista; ya cuando fui me dijo que me tenía que quitar ese absceso. Me lo quitó hace como tres o cuatro días para ponerme otra dentadura, nada menos ayer dijo que me la podía poner, me la puse y me duele.  Así ando ahorita. De vez en cuando no puedo hablar bien por eso. A ver, me dijeron que quería verme. ¿De qué se trata?

Mi papá también era de aquí de Comonfort, yo también nací aquí lo mismo que mi hermano Eduardo [El teacher], sí, él era maestro en la secundaria.
Yo tuve nueve hermanos, todos de aquí de Comonfort, aunque no todos se dedicaban a las huertas.

Mi papá tenía huertas de Aguacate; a mí me gustaba cosechar, andar en la huerta. Yo empecé comprando aguacate de a poquito y lo mandaba por tren, en ese tiempo. Y no nada más era yo, el mero principal era don Aron Plaza y su hermano Guadalupe Plaza. Duré mucho tiempo trabajando eso. No diría que trabajé en eso desde niño, pero luego me casé y con más razón tuve que trabajar en ello. Me casé y alquilé una casa por aquí.

Hubo un tiempo en que había muchísimo aguacate, se terminó porque se vino una plaga: el gusano barrenador. El fruto se echaba a perder. Sí se podía hacer algo, se tenía que fumigar, pero no todos fumigábamos; nada más uno que otro de los propietarios.
 
El Alba, un vídeo en dos versiones
Revisando mis archivos fotográficos, dado que no debe uno salir a la calle como si nada, encontré una serie de videos que documentan, parcialmente, el Recorrido de La Música del Alba del año 2018. En esta misma página puede encontrarse un artículo sobre el tema, basta buscar en el apartado "Fiestas". Cuando revisé los videos en cuestión consideré que, pese a sus deficiencias ténicas (entre otras que se mueve mucho la cámara), podían editarse en uno solo y complementar los sitios visitados, de los que carecía de vídeo, con algunas fotografías. El resultado me gustó mucho, pero, considerando que la duración total puede ser mucha para algunos lectores, hice una segunda versión donde recorto algunos vídeos hasta reducir todo a la mitad de su duración. Ojalá a los amables lectores les guste realizar este recorrido, mucho más si nunca se han sumado a tan grtificante travesía.

Como lo dice el documento precedente, el encargado de enviar a los infantes para la recolección del pus parece no haberlo hecho en el momento propicio.  Por el siguiente documento nos percatamos que sí hubo niños vacunados, pero el comentario de quien lo envía pone en evidencia que la importancia prestada por la población a la prevención es poca. No me extraña el hecho de que pocos hayan acudido a vacunarse, no tengo información de qué tanto aprecio se tenía por estos métodos de prevención, pero se me hace difícil creer que el pensamiento científico hubiera permeado tanto en una población rural de principios del siglo XIX. Por lo mismo me sorprende positivamente el hecho de que algún número indeterminado de infantes chamacuerenses hayan recibido la vacuna y contribuido a la erradicación de esta enfermedad.
Meses después de los oficios precedentes, se recibió el comunicado siguiente:
Entre los archivos relativos a asuntos particulares de nuestro pueblo y que, en este espacio electrónico hemos publicado en la sección que denominamos: Documentos, encontré, por primera vez, un archivo que no trata asuntos relativos Capellanías o Censos, sino cuestiones más terrenales y el término no lo utilizo por tratarse de un terreno al que, dicho sea de paso, se le llama solar a lo largo del documento.

Este archivo se compone de dos escritos, el primero de ellos va indicando, en el margen izquierdo el asunto que cada fracción trata, siendo así los dos primeros nos dan una idea general del asunto planteado en Chamacuero en 1741.
Como para poner en orden todo (a mi juicio de manera muy eficiente) en las siguientes fracciones se nombra formalmente a la señora Gertrudis de Pedraza, como tutora del menor Fernando Hernández. Llama mi atención que siempre que se menciona a esta señora se dice que es viuda de don Antonio de Ocampo, como si ello le diera más relevancia a su persona. También, más adelante, se nombraron los apreciadores que eran personas muy apreciadas en Chamacuero (esto último es disparate mío, aunque seguramente eran apreciados).La parte denominada Avalúo de Solar y casilla es bastante interesante, por principio de cuentas nos permite suponer, salvo futuras interpretaciones,  que la calle de Los Borregos es la actual calle Benito Juárez, y que el solar y casilla en cuestión estaban en la esquina oriente que forma dicha calle con la actual calle Abasolo.  Una vara castellana equivale a 83 cm, por lo que el solar medía 13.5 m de frente hacia la calle Juárez y 33 hacia la calle de Abasolo.

Esta última dimensión coincide un poco con todo el ancho de la cuadra. Aunque bien pueda ser que los paramentos de 1741 no sean los mismos de hoy en día.  Cuan pequeño habrá sido Chamacuero en esa época que contraesquina del templo y convento de San Francisco había un predio enorme casi sin fincar aunque con cinco granados y un pozo con suficiente agua. Dicho predio, que en mi visión idílica de nuestro pueblo era un predio hermoso, costaba cien pesos en números más que redondos, según el criterio de los avaluadores.

Pese a lo complejo del asunto, se capta claramente porque, desde mi punto de vista, está bien explicado:  don Miguel Enríquez quiere construir una casa en un terreno que no es de su propiedad. Terreno en el que sólo existe una casilla. Para ello está dispuesto a pagar la renta que actualmente genera dicho terreno con su casilla.  Sin embargo, el terreno es propiedad de un infante huérfano y constituye la herencia que le dejaron sus padres. Por tal motivo la tutora de este infante dice estar de acuerdo en el trato.  En tal acuerdo don Miguel Enríquez podrá construir la casa a su gusto y utilizarla a su conveniencia. Sin embargo, cuando el propietario del solar sea mayor ambos involucrados tienen dos opciones, o don Miguel le compra el terreno o el propietario le compra la casa.   Para más claridad y justicia se establece que se nombraran unos avaluadores (hoy diríamos valuadores) por ambas partes, para determinar el costo del terreno con todo y casilla.
La siguiente fracción es denominada autto, (hoy diríamos auto) y por supuesto no hace referencia a ningún tipo de vehículo. En términos muy generales (que son los que mi conocimiento de la materia me permite entender) un auto, jurídicamente, es una resolución judicial donde un juzgado se pronuncia sobre peticiones de las partes. Es decir las partes presentan una petición y el tribunal da por valida dicha petición o la complementa. Como dije es lo que alcanzo a entender.

En el auto el señor Iperaza le da la validez legal a la propuesta de don Miguel Enríquez, en tal virtud ya no es una solicitud sino una obligación de ambas partes.
El último fragmento nos habla de las obligaciones de don Miguel Enríquez, además de reiterar las características del predio se habla de que en la salita existente, un inquilino tiene un tendajoncito, con tablas y tejamanil debido a la humedad de la casilla. Y yo me adelanto a justificar, claro que había humedad en la casilla, tenía un pozo sin ademar con suficiente agua. No sé si debo aclarar, el tejamanil es una madera sumamente delgada que se colocaba entre las vigas de los techos antiguos.

El caso es que sin evaluar y basándose en lo evidente, el inquilino pagaba un peso al mes por ocupar la casilla, esta renta es la obligación que adquirió don Miguel Enríquez  para disponer del solar y construir una casa a su entero gusto.  Llama mi atención el hecho de que, al final del documento, la autoridad autoriza que se tomen tres varas y media para perfeccionar la calle que va a Jalpilla. El acuerdo medular de todo este asunto radica en que, cuando el menor Fernando adquiera la mayoría de edad, decidirá en común acuerdo con el señor Enríquez si le compra la casa o le vende el terreno, este último ya está "avaluado" en cien pesos, la casa se valuará cuando sea necesario llegar a un acuerdo y, sobre todo, cuando esté construida.

Cuando leí este acuerdo pensé que el señor Enríquez estaba arriesgándose al fincar en terreno ajeno. Pero también al pagar la renta de un terreno cuyo valor, al cabo de ocho años habría pagado en rentas.  No voy a decirle como acostumbro, amable lector, que no sé qué pasó con este asunto, quién se quedó con la casa, o que pasó con el menor Fernando, no lo haré porque el siguiente documento nos lo revela en su totalidad. 
Como puede verse, el documento se redacta en la ciudad de Querétaro, veinticuatro años después en 1765, ante otra autoridad comparecen los protagonistas; don Miguel Enríquez y el ahora joven Fernando Hernández. Se narra nuevamente toda la historia y los acuerdos, pero ante la disyuntiva y la duda de quién se quedaría con el predio y la nueva casa, como estaba acordado, pagando a la otra parte su propiedad, resultó que ambos decidieron vender la casa a un tercero, llamado Diego Noriega el cuál desembolsó el valor convenido ahora de doscientos ochenta y un pesos con tres y medio reales. Siendo cien pesos para el joven Hernández y el resto para el señor Enríquez.

No hay modo de imaginar las condiciones en que este último decidió deshacerse de esta propiedad, pero si durante veinticuatro años pagó doce pesos de renta, le habría convenido más comprarle en cien pesos el solar a la tutora del propietario que pagar renta para al final recibir ciento ochenta y un pesos y quedarse sin su casa. Bueno, quizás ya le habían fastidiado los cinco granados y el pozo sin ademar.

Es de notarse todo el palabrerío legal con que finaliza este escrito, pareciera que el escribano quería demostrar todo su conocimiento legal, porque se ufana en detallar la enajenación del bien y cerrar la puerta a todos los posibles vericuetos legales; creo que ese era un machote utilizado en estos casos. Aun así, desde una perspectiva contemporánea son seis veces las que a los vendedores se les hace saber que ya no les pertenece la propiedad.
La imagen anterior, evidente y claramentes, nos muesta la directiva dela 3a. Asamblea que, como todos sabemos tuvo verificativo en La Palma el 24 de octubre de 1939. Ya nada más nos falta saber de qué era esa Asamblea, quiénes integraban la directiva  y de paso si los señores de atrás también eran de la directiva o eran el resto de la asamblea.  Pese a la forma en que ironizo sobre mi falta de información, para mí es invaluable que alguien se tomara, hace tantos años, la molestia de anotar la información que consideró relevante en la imagen, información que, por supuesto,  en el contexto en el que utilizaron la fotografía era la necesaria. Me atrevo a suponer que era algún tema agrario, dado que se realizó en La Palma. Más si consideramos la importantísima Reforma Agraria que se inició, por esos años en el sexenio del Gral. Lázaro Cárdenas. Bien haya por los que figuran en la foto si estaban laborando para repartir las tierras a quienes las trabajaban.
La anterior y las siguientes son las fotografías que no son tan antiguas como la involuntaria "solarización" las hace parecer, aun así son interesantes y tienen sus años.  La imagen anterior es de la plaza Dr. Mora, tomada desde el pretil del templo de San Francisco. EL trazado del pavimento nos indica que es posterior a 1982, cuando fue remodelada la plaza; la presencia de todos los Laureles tricentenarios (la mitad de ellos ya no están) nos habla de que la fecha es anterior al año 2000.   Se dice que el primer laurel se secó porque una señora que tenía su puesto de fritangas ahí cerca vería el aceite en sus raíces (no sé si esto sea suficiente). También se dice que el segundo árbol fue intencionalmente deteriorado para darle vista al "Balcón presidencial", elemento que, además de anacrónico e irregular ha sido totalmente inutil, ningún presidente, hasta donde sé, se ha subido a dar el grito en dicho elemento. Pero, aunque así fuera, no se tala un árbol de trescientos años por unos minutos de lucimiento.   Como si se hubieran indignado, y no les faltaba razón, poco a poco otros cuatro laureles y dos jacarandas terminaron por secarse, hasta el tronco seco de una de ellas, tallado artísticamente, se vino abajo.  Bueno, ya me lamenté un rato pero, en qué poco tiempo pueden cambiar tantas cosas.
RECORRIDO DEL ALBA (Versión completa 36 minutos)

Grabado durante el recorrido de El Alba el 23 de noviembre de 2018

Música tradicional de Tambureros y música de banda de viento.



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LA NACIONAL, TLAPALERÍA
A lo largo de los años que llevo desempeñando esta actividad como cronista, muchas personas con las que he platicado rememoran la tienda de mi Padre y hacen siempre referencia a que ahí compraban de todo, no sin poner un énfasis nostálgico hacia aquellos años y una expresión de respeto hacia "don Pepe", lo cual agradezco.

No sé si efectivamente se vendía de todo, pero de que el abanico de mercancías era extenso, era muy extenso, en los comentarios que cito arriba y en lo que abajo describo, es necesario considerar el contexto en que esta tienda funcionaba, las características del Chamacuero de los años setenta, cuando las comunicaciones era mucho más lentas que ahora y los productos tardaban mucho más en distribuirse, así como las necesidades de la clientela y el hecho, quizás propio del tamaño de la población, de que la gente solía realizar sus reparaciones domésticas por sí misma. 

Hablo de los setenta porque a ese momento corresponde mi visión infantil de aquella tienda y lo que hoy deseo compartir en este espacio, pero permítame aclararle que don José Carracedo Muñoz, mi Padre, adquirió esa tienda en 1940, se la compró al Sr. Francisco Macías, bisabuelo del Sr. José Luis Revilla.  Para cuando le vendió la tienda a mi Padre ya tenía cincuenta años con ella pues  LA NACIONAL se fundó en 1890.

En los años setenta, que cito, en la fachada lucía un letrero así, con mayúsculas, que abajo declaraba el rubro del negocio: TLAPALERÍA.  Tlapalería es una palabra hermosa con raíces prehispánicas, tlapalli, significa color, es decir que, en principio hablamos de una tienda de pinturas, el diccionario de la RAE, se solidariza con mis memorias y nos dice :Tlapalería:  Tienda de pintura, donde también se venden materiales eléctricos y herramientas.

Para no desmentir tan bella palabra empiezo diciendo que se vendían pinturas, pintura vinílica de marcas que hoy ya no existen, como la célebre pintura Tláloc, o pinturas de agua que venían en bolsa y a veces se desparramaban. También pintura esmalte en marcas como Canada, mismas que solían diluirse con aguarrás, no con thiner. Como la tecnología ha evolucionado aquellas pinturas no tendrían competencia con las actuales, pero nadie las ha puesto a competir. 
Siguiendo con los colores, se vendía pintura vegetal que era utilizada para darle color a la nieve, ese verde esmeralda de la nieve de limón y otros colores que, a querer o no estimulan el apetito, se consiguen con la sabia aplicación de pinturas vegetales comestibles.  Y enfatizo la sabia aplicación, porque mi Padre recordaba haberse equivocado de color y vendido un azul en lugar de verde para la señora Chabelita, ella lo usó para colorear un agua de limón que le costó mucho trabajo vender y se fastidió de responder la pregunta:  "¿De qué es?" 

Hubo dos motivos para confundirse, las porciones que se vendían no venían en sobrecitos de celofán bien identificados, mi Padre las empacaba en papeles de estraza que él mismo recortaba y sabía doblar con maestría hasta hacer un sobrecito donde no se fugara ese polvo que también engañaba por su aspecto.  Varias veces lo vi con un centenar de papelitos acomodados en perfecta formación y con un único doblez, sobre estos, con un cucharón industrial de lámina que le habrá fabricado el señor Yale, colocaba una porción de este polvo. Luego los empacaba y los acomodaba en cajones. Sólo su memoria y su organización le permitían saber qué color estaba en cada cajón.

Ya que dije papel de estraza, permítame comentar que el plástico para las envolturas era casi inexistente (y qué bueno). Todo se envolvía en papel, ya fuera en envoltorios o en cucuruchos donde se podía poner casi todo. Claro, tenía su chiste no entregarle al cliente un amasijo de papel y mercancías.  Acaso con ayuda del pegol, que era una cinta adhesiva de papel, a la que había que humedecer, pero funcionaba perfectamente sobre papel. Incluso, algún tiempo tenían demanda las cajas de popotes y no eran de plástico, sino de papel encerado, sin embargo se usaban para los adornos que, durante algunas fiestas, se ponen de un lado al otro de la calle. Alguien con ingenio incluyó popotes en los adornos.

Junto a la pintura vegetal se vendían anilinas que se destinan a otros usos y que, por supuesto, no son comestibles.  También los tintes para ropa se vendían con regularidad. Y las pinturas "escolares" Vinci y Politec (que siguen usándose), que no son lo mismo aunque se parezcan.

Y como mercancía muy especializada la grasa, crema, brillo y tinta para los boleros, así como las brochas y cepillos. Todos de la marca El Oso, que además era oso polar. Y junto con todo esto, suelas y tapas, entiéndase tacones.

Artículos muy de tlapalería y con un alto concentrado de nostalgia, dado que su uso se ha vuelto muy especializado, eran: blanco de España, cera de Campeche, oro musivo, Congo rojo, chapopote o mixtión de plátano; no es invento mío, una clienta preguntó despistadamente: "¿Tiene Emoción de plátano?"


En estos tiempos, cuando requerimos un vidrio para la ventana, en el mejor de los casos acudimos a una tienda especializada (hay una media docena en Chamacuero) y hasta podemos contratar también la instalación. En los años setenta, si se les rompía el vidrio de alguna ventana, los chamacuerenses acudían con don Pepe y le pedían un vidrio, sencillo o semidoble según el tamaño de la ventana y, con la guía de un enorme papel milimétrico, un cortador de diamante y una regla que tenía un canto de goma, mi Padre cortaba los cristales de las medidas solicitadas.

El vidrio sencillo era de 2 mm y el semidoble de 3mm; eran lo usual, sobre todo el primero, en todas las ventanas y puertas con cristales. Hoy esto es casi impensable, el de uso generalizado es el cristal de 6mm. Claro, también había el vidrio chino, en alusión a la textura, tenía la superficie chinita que obstruía la visión. Una vez con sus vidrios los clientes solían instalarlos, ellos mismos,  en sus casas utilizando Mastique, el cual se vendía a granel.
Las hojas de vidrio, en uno y otro grosor, llegaban embaladas en madera y cartones, evidentemente un paquete de 20 hojas pesaba un demonial y eso que eran hojas de 80 centímetros x 2.00 metros.  Como es de suponer, recortar vidrios de muy diferentes medidas provocaba, pese a la planificación del corte, una enorme cantidad de sobrantes que difícilmente se venderían, con esos sobrantes mi padre fabricaba unas cajas de cristal de 10 x 20 centímetros de los que hablaremos después, pero llegó a tener tal habilidad para el corte que fabricó, partiendo de ciertos modelos, algunos edificios muy sencillos, vidrios de 6 x 12 milímetros, por decir algo, para hacer la almena de una torre o de 4 x 5 centímetros una pared. Esto no se pegaba con Kola Loka ni con UHU que aún no existían, sino con algún pegamento similar, tan bueno que aún se conservan estos modelos.

Claro que había algunas dificultades: recuerdo a alguna muchacha despistada que rompió un vidrio en la secundaria y procedió a medirlo y a solicitarlo; cuando mi Padre le entregó su vidrio de 24 x 18 centímetros lo miró asombrada por todas partes, le parecía muy pequeño y estaba segura de las medidas que registró. Luego de varios ires y venires se aclaró que la muchacha había medido en pulgadas  (es que en secundaria todavía no le enseñan a uno todos los sistemas métricos del mundo, además, quién les manda ponerlos juntos en las reglas).  Debo confesar que, cuando mi padre nos contó de ese "Malentendido", hasta  a mí, a mis ocho años, me pareció que había que ser muy despistado para no captar la diferencia entre una unidad y otra y ponerse a tomar medidas con lo primero que se nos ocurriera. 

Aparte de los vidrios para las ventanas, también se vendían vasos, jarras, tazas y unos recipientes enormes llamados vitroleros, idóneos y socorridos para la venta de aguas frescas de muchos sabores.

Y ya que mencioné que el mastique se vendía a granel, muchas otras cosas también, Flit (insecticida), aguarrás, thiner, creolina, Resistol blanco, Resistol amarillo.  Pero no crea que se entregaban, como dije antes en cucuruchos de papel.  Es broma, ya sé que usted, amable lector, no imaginó tal cosa.  La clientela llegaba con sus botellas de cristal, a veces de refresco o a veces de tequila, todavía con su tapa, entonces de unos botes de lámina, que también habrá hecho algún Yale, se extraía el líquido y se medía con unos cilindros graduados y con asa, de a litro, medio, un cuarto, cien mililitros. Mismos que habrá fabricado el mismo señor Yale, junto con los sifones del mismo material que se usaban para sacar algunos de dichos líquidos de tambos de doscientos litros, no los resistoles, claro, que venían en botes de lámina y, en realidad, se vendían por peso.

Una muy singular mercancía era la química para los cueteros. En algún momento se vendía pólvora. Por esas épocas recuerdo haber acudido con mi Padre a la zona militar de Irapuato, se entrevistó con un General que miró con simpatía a los chiquillos güerejos que llevaba don Pepe, luego supe que se trataba de aplicar las regulaciones nuevas para el manejo de la pólvora: Para acopiar más de cinco kilogramos se debía contar con un polvorín a kilómetro y medio de la zona poblada.

Como mi padre no se imaginaba echando una carrera al polvorín cuando alguno de sus clientes le solicitara doscientos gramos de esta sustancia, suspendió esa venta. Quizás otra persona hubiera seguido con la venta en clandestinidad, pero él no.

Sin embargo continuó vendiendo cloratos, nitratos, aluminios y una buena cantidad de sustancias que son inocuas en aislamiento, ya después los señores cueteros las mezclan sabiamente en sus talleres. Llegaban bultos de cincuenta kilos o barriles de cartón de 50 litros conteniendo todo aquello y mi padre las empacaba en bolsas de papel de un kilogramo.
El área de la papelería no era menospreciable, de hecho había pocos negocios que fueran papelerías especializadas, así que una gran dotación de libretas de muchas o pocas hojas, forma francesa, italiana, profesional, con cuadrículas, rayas y dobles rayas se expendían con regularidad. Incluso el cuaderno polito que era feón y tenía su cubierta rojiza, con la ilustración de un estudiante que parecía cargar un enorme candado en una mano (era un portalibros). Lápices, borradores, bicolores, plumas normales, plumas de las elegantes para regalar, así como tinta china y la plumilla y el manguillo. Las tres cosas combinadas permitían una escritura ya en desuso aún entonces.

Los papeles en formato pequeño eran otro mundo, hojas de máquina, papel revolución, papel calca, papel carbón, papel marginado y martillado o ambas cosas, esténciles para mimeógrafo que ahora serán de museo.
Los papeles en formatos más grandes tenían a la cartulina, irremplazable para los trabajos escolares igual que su primo deslucido el cartoncillo. Para forrar los libros el papel manila era insuperable, el papel de estraza para usos más refinados, así como el papel encerado y el metálico que venía en rollos.  No olvidarse del papel crepé y el papel de china, de muchísimas aplicaciones.

Antes de la creación de la Conaliteg, es decir de los libros de texto oficiales y gratuitos, se utilizaban unos hermosos libros de María Enriqueta Camarillo, se vendían, necesariamente muy bien. Bueno me salí de época, estos libros se vendían en los años cincuenta.

Incluso blocks de notas, de recibos, de pagarés.  Una persona, y esta era una anécdota muy socorrida por mi Padre, preguntó por talonarios, al preguntársele si de recibos, de notas o de qué, se señaló el pie, Talonarios para los zapatos. Tacones pues. Como sea van en los talones.


También se vendían mochilas en muchos tamaños, mochilas que aunque se podían colgar a los hombros, parecían más bien un maletín muy ancho.

Existían también los "Portalibros", de piel y de plástico pero nunca conocí a nadie con la habilidad de utilizar cómodamente ese par de correas con asa, para cargar sus útiles (sólo el niño del cuaderno polito y un servidor para tomar la foto).

También había una buena cantidad de mapas e incluso biografías, pero no monografías que llegan a ser muy ambiguas en su temática.  Mi Padre contaba de un chamaco que llegó pidiendo una Radiografía de Morelos, así que amablemente lo remitió a La Aurora, donde el señor Juan Antonio Morelos podría comercializar alguna de sus placas.

Cabe destacar que muchos de los  trámites, pagos, solicitudes, facturaciones, se realizaban a través del sistema postal. Por carta se solicitaba un material o se enviaba el giro bancario o postal correspondiente, etc.  Además, mucha de la mercancía llegaba por ferrocarril.  Sin embargo un gran porcentaje de los artículos eran surtidos por agentes viajeros que pasaban periódicamente y levantaban sus pedidos.

Un día pasó un agente del FCE, que no es Federal Comisión of Electricity, sino Fondo de Cultura Económica y esos libros, tan significativos, poblaron un tiempo alguna de las vitrinas de la tienda. No le puedo asegurar que la población de Chamacuero demandaba con avidez estos materiales, pero todo acababa por venderse.

Alguna vez mi padre comentó, bromeando, que para poder vender esos libros tenía que haberlos leído previamente. Sin ninguna motivación comercial, mi Padre, lo mismo que mi Madre, leían cotidianamente.  Dan prueba de ello los muchos metros de anaqueles repletos de libros que había en la casa familiar, ninguno de ellos, por cierto, de los que estaban a la venta en la tienda.

Recuerdo mucho uno de aquellos libros, el original diseño de la cubierta alternaba el título del libro y el nombre del autor una media docena de veces.  Así que algunos clientes leían, incluso en voz alta:

Pedro Páramo
Juan Rulfo
Pedro Páramo
Juan Rulfo
Pedro Páramo
Juan Rulfo

Y quizás no llegaban a saber si Juan Rulfo escribió Pedro Paramo o si Pedro Páramo escribió Juan Rulfo.  Yo mismo nuca supe quién era quién.  Es broma, es broma, lo he leído varias veces.


Para no desmentir la definición de la RAE, también se vendían herramientas, recuerdo desarmadores, pinzas, pericas, limas, flexómetros (con pulgadas y milímetros).  Los tornillos con sus tuercas y rondanas eran un mundo aparte, desde los muy pequeñitos hasta los tronillos para Arado, especiales en sí. Del mismo modo los clavos en muchos tamaños, con cabeza y sin ella. Todos se acomodaban en cajones que mi Padre fabricó exprofeso, lo mismo que muchos de los estantes. Nunca lo presumió pero tanto estos anaqueles como varias mesas, sillas, roperos y bancos salían de sus manos con un sentido más práctico que esmeradamente artístico.
El alambre galvanizado en muchos calibres, la tela de gallinero y la tela mosquitera también figuraban en los inventarios. No se diga la lámina galvanizada que ameritaba de unas enormes tijeras para seccionarse de sus rollos.

Por supuesto que usted, amable lector, se estará preguntando por las Grapas para banda, ya ve que todos las usamos alguna vez. Bueno, hablando en serio, se vendían mucho, imagino, y nada más es conjetura mía, que son para las bandas de molinos y sistemas de extracción de agua, para mayor información de cómo se usaban puede remitirse a las minuciosas instrucciones que acompañaban cada caja.

En aquél entonces tampoco había tiendas especializadas en bicicletas y las bicicletas era mucho más utilizada que hoy en día, estaban sustituyendo a los caballos, si bien todavía recuerdo a muchos clientes atar sus animales en un poste que exprofeso estaba colocado en la banqueta.  Por lo mismo, no por los caballos sino por las bicicletas, se vendían manubrios, cámaras, dinamos, salpicaderas, balines, llantas, cadenas, parches e incluso cinta para forrar bicicletas.

Creo que nadie hace tal cosa hoy en día, pero como una bicicleta era una buena inversión, el propietario solía forrar las partes que no iban cromadas con una cinta plástica de dos centímetros de ancho, misma que había en colores serios o brillantes. Al final del tramo se sellaba por un proceso de termofusión inducida.  Se le ponía un cerillo, pues. Porque cómo se iba a ver una bici toda tallada o despintada. Además en ella solía viajar toda la familia mientras no fueran más de dos chamacos acompañando madre y padre.

No eran para las bicicletas, pero también había inyectores para los balones. Y también se vendían balones: de fut, de basket, de voley. También triciclos se vendían, sobre todo hacia el seis de enero. En muchos tamaños, recuerdo a un cliente que se llevó un triciclo para su niño, el siete de enero regresó a comprar otro, para su niña, argumentando sonriente: Ni modo, donde manda capitán…

Aunque había bicicletas y triciclos muy para mi edad, nunca se me ocurrió que podía montarme en ellos, estaba prohibido desde siempre. Más aún, dado que no era raro que en alguna parte de los aparadores, le pidieran permiso de poner el cartel de algún evento, desde palenque, corrida de toros (en otra ciudad), circo  o alguna tardeada o kermes, alguien le solicitó permiso de exhibir una motocicleta que se rifaría, evidentemente con el doble objetivo de atraer a la compra de boletos para el sorteo y para demostrar la seriedad de los organizadores. El vehículo debe haber estado ahí un par de semanas o más. Nunca, ni con la tienda cerrada y mucho menos abierta, nos permitió, a mi hermano y a mí, subirnos al aparato que, desde nuestra perspectiva infantil era fascinante y enorme.



Y siguiendo con la definición de tlapalería, otro rubro era el material eléctrico: cable, poliducto, cajas, chalupas, cordón pot, porque como que se privilegiaba la instalación visible.

Alguna vez el Señor Sebastián Balderas, quien siempre saludaba con esmerada amabilidad y tono afectuoso preguntó, y no sé si era un tanto en broma:

-¿Tiene encendedores don Pepe?  -Mi Papá le mostró unos de gasolina, muy bonitos que tenía.
-No- dijo don Sebastián-, para la luz. 
-Esos son apagadores.
-Bueno -contestó- cuando está prendida, pero cuando está apagada son encendedores.  
Y se llevó dos.

Cinta de aislar de tela y de plástico.  Hace unos días fui a la ferretería del señor Prado y le pregunté por cinta de aislar de tela. Me dijo: "No, esa ya no la vendemos, ya no la piden, esa la vendía tu papá". Luego de nostalgiarme un tanto le pregunté si vendían laminillas para sujetar el cable a la pared.  La respuesta fue muy similar: "Ya no se usan, ahora se venden estas grapas de plástico". Salí de ahí con una cinta de aislar de plástico y la sensación de ser de hábitos más antiguos de lo que suelo creer.

En aquel tiempo se vendían focos incandescentes, de 15, 25, 45, 60, 75 y 100 watts, había que probarlos para venderlos. Así que en un aparatito que el fabricante suministraba se hacía encender cada foco vendido (para que luego no viniera el cliente a decir que le salió malito su foco).

Focos también pequeños, para lámpara y para bicicleta y se les decía de una o de dos pilas, entiéndase de 1.5 o 3 Volts.  Y ya que hablo de pilas,  baterías, en tamaño D, C,  y AA.  La triple A era de ciencia ficción, lo mismo que las baterías alcalinas con casco de cobre que no era de cobre, es decir que se generalizaron muchos años después.  Incluso las batería tamaño D se utilizaban mucho más que ahora y los proveedores habituales eran Eveready, Rayo-Vac, Águila Negra.  Incluso había unas baterías enormes, como un tabique pequeño, a las que se les adaptaba una lamparilla y funcionaban como luminarias de escritorio, muy útiles cuando "se iba la luz". Ya que hablo de falta de luz, también se vendían quinqués, quinqués completos, o las partes como refacción, depósitos, capelo y hasta una pantalla metálica que también tenían. No se diga la mecha de algodón que utilizaban.  No es que ya no se vaya la luz, pero ahora la gente saca su teléfono e ilumina los espacios.

Recuerdo algunos herrajes como los ganchos para perchero, por supuesto las bisagras, los pasadores, las chapas, candados, grandes o pequeños, armellas.

También el material de plomería, tubos galvanizados, llaves nariz, codos, tes, tapones, reducciones, coples, niples, conectores.  Y aunque de media pulgada y tres cuartos, nada más, las conexiones hacían un buen inventario.

Alguna vez alguien, hablando de esta fama de variopintas existencias mercantiles, dijo desde su ignorancia: "El error en esa tienda fue no haber vendido materiales de construcción". Y si ya de entrada la opinión del que nunca ha tenido tienda es para desecharse, por más tono arrogante que utilice, me imaginé la casa de todos ustedes llena hasta el tope de bultos de cemento, calhidra y yeso y a mi señor Padre acarreando del diario dos o tres toneladas en sacos de 50 y 25 kgs.  No, si platicando y suponiendo se pueden decir tantas estupideces…

Porque se habrá percatado que esta tienda fue siempre de un solo dependiente y propietario, nunca hubo empleado adicional alguno y eso seguramente habría permitido ensanchar el negocio considerablemente, pero mi Padre supo sabiamente manejar su tienda hasta donde sus ingresos y su tranquilidad hacían un envidiable equilibrio.

Pero así como llegó el agente que surtió libros del FCE, un día llegó un agente viajero, representante del señor Apolo López de Lara y de su empresa LodeLa que, como quizás intuya, fabricaba, con gran calidad, modelos de plástico a escala, partiendo de su asociación con la empresa Revell que facilitaba los moldes. El caso es que, para sorpresa de mi hermano y mía, un día llegaron cuatro enormes cajas de las que fueron saliendo tanques, aviones,  autos y monstruos en llamativas cajas que supieron acomodarse minuciosamente entre los estantes de la trastienda. Ya antes conocíamos estos modelos, pero tenerlos en tales cantidades ahí mismo era otra cosa. Durante varios años estuvieron vendiéndose, junto con los que llegó en envíos posteriores y, quizás como los libros del FCE, la oferta generó la demanda y también, a la larga todos los modelos se vendieron. (Los modelos de la siguiente imagen son de la época, pero fueron adquiridos posteriormente por el que esto escribe).
Para una luz menos mortecina también se vendían tanques de gas y la lámpara que se conectaba al tanque, así como los capuchones que este aparato consumía para darnos una luz que competía con el foco incandescente. 

El quinqué funcionaba con petróleo diáfano, lo mismo que las estufas que también se vendían en la tienda, de uno o dos quemadores.

Y ya que hablo de aparatos domésticos, en una ocasión una señora llegó a preguntar muy relajadamente:

-¿Qué cuestan los pararrayos?
-¿Pararrayos? No, eso no vendemos.
-Pararrayos de esos - y señaló unas hermosas bacinicas de peltre en el último entrepaño.

Siendo así, debo reconocer que en La Nacional también se vendían Pararrayos.  


Años después volvió el mismo agente, pero ya con un solo producto el cuál, insistió, estaba por convertirse en una bomba publicitaria que provocaría una demanda desmedida de tal producto, se llamaba "Cococósmico" y era nada más un casquito de plástico con un rehilete volantín.

De motu proprio embarcaron seis enormes cajas repletas de tal producto,  cuando mi Padre les avisó, unos meses después, que se las iba a devolver, las recibieron gustosos argumentando que no tenían cómo cubrir la demanda de "Cococósmicos" en algún lugar de la República. Es decir que, a querer o no, siempre se vendieron mejor los modelos de Plástico a escala.
No sé si era el mismo proveedor, pero por esa época también se vendían juegos de mesa: damas chinas, ajedrez, dominó, turista. Y en versiones muy rústicas, unas cartulinas impresas con la Oca, el coyote, la lotería  y Serpientes y escaleras.
Y ya que hablé de plástico, para el diez de mayo era tradicional vender, envueltos llamativamente como regalos, vasos, saleros, jarras, paneras, charolas, tazas.  El trabajo de recortar una base de cartón para cada artículo, envolverla en papel de china, colocar los objetos, envolverlos con papel celofán y colocarles un moño nos llevaba, a toda la familia, varias semanas previas; pero durante muchos años el noventa por ciento o más, de lo que se ponía a la venta, se vendía.

También se vendían las cajas de cristal que mi Padre fabricaba y que mi Madre adornaba primorosamente y las llenaba de dulces y chocolates; creo que costaban diez pesos y no sabe cuánto daría por una de aquellas cajas, síntesis de la destreza y energía de mis progenitores. Podemos decir que desde el día ocho había una aglomeración de clientela que se intensificaba el día nueve  y duraba hasta el mediodía del día diez.

Hoy puede parecer impensable que tantos niños adquirieran un regalo tan humilde para obsequiar a sus madres en su día, pero en aquel Chamacuero de los años setenta así era. Alguna vez escuché a alguien comentarles a sus hijos, ahí en la tienda, que mi Padre había hecho una labor muy útil al proporcionarles un regalo accesible a muchos niños durante décadas. Ni él ni su familia lo habíamos percibido así, no le movía una intención altruista al vender aquellos artículos, pero la venta tampoco representaba una ganancia desbordada, incluso, el precio de venta no consideraba el material y el esfuerzo de la envoltura: los platos vasos, etc, se vendían al mismo precio que si no hubieran estado arreglados como un regalo.  Pero si estarnos durante semanas arreglando sencillos artículos de plástico les permitió a muchos niños cumplir el deseo de celebrar a sus madres, pese a las estrecheces económicas, eso es una satisfacción grande de la que, como lo menciono, no nos habíamos percatado.
Estas remembranzas son apenas un esbozo de todo lo que don Pepe llegó a vender en La Nacional, de lo que se vendía décadas atrás tengo menos nociones, pero sé que si usted, amable lector visitó aquella tienda con frecuencia, esta enumeración también le habrá despertado la nostalgia por el Chamacuero de hace cincuenta años y todo aquello que nos dibuja una etapa seguramente entrañable y que, a querer o no, sobrevive sólo en nuestras remembranzas.
LA NACIONAL, TLAPALERÍA
Oficios de compraventa de una casa en 1741
Algunas fotografías antiguas y otras que más bien lo parecen
El Alba, un vídeo en dos versiones
RECORRIDO DEL ALBA (Versión abreviada 17 minutos)

Grabado durante el recorrido de El Alba el 23 de noviembre de 2018

Música tradicional de Tambureros y música de banda de viento.