Chamacuero, Gto.
(También llamado Comonfort, Gto.)
En esta sección colocamos los artículos que están basados en documentos originales, mismos que suelo transcribir, que no paleografiar que es asunto de gente más enterada sobre el tema. Hay algunos documentos que seguiremos ubicando en la sección de HISTORIA, manejando para la presente sección aquellos documentos que nos revelan la cotidianidad y la generalidad de nuestro pasado, no un hecho específico y de mayor trascendencia.
 

Continuando con la transcripción de algunos documentos muy antiguos sobre nuestro pueblo, mismos que un amable colaborador nos proporcionó,  nos dimos a la tarea de buscar alguno de los más antiguos, la mayoría son de la primera mitad del siglo XVIII, que ya es bastante antigüedad, pero encontré uno de 1694, que además es similar, de algún modo, a los dos anteriores documentos que compartimos en este espacio. En este caso concreto se describe la "imposición" de una Capellanía. El diccionario nos dice llanamente: Capellanía: fundación en la que ciertos bienes quedan sujetos al cumplimiento de misas y otras cargas pías. Lo cito porque lo primero que, por lo menos a mí, me venía a la mente al escuchar la palabra era un Capellán que desarrolla funciones eclesiásticas, pero no tenía idea de que se involucraba un bien y se adquirían obligaciones a perpetuidad.  Creo que este documento es sumamente ilustrativo de este concepto.
Imposición de Capellanía de 1694
En esta primera parte, de manera singular se inicia el documento con una fórmula más propia de edictos que de documentos particulares, dicho sea de paso ese es el origen de la célebre colección editorial "sepan cuantos…" de Porrúa. Pues bien, los tres primeros señores, que no parecen ser parientes son herederos de don Juan Alonso de Ojeda. El señor Ojeda era propietario de un solar en la calle Real (confieso que no ubico cuál sea esa calle hoy en día) y dispuso que dicho solar se vendiera a censo, para que con los réditos se le dijera una misa cada año. Las precisiones para la misa son ilustrativas de muchos usos de aquellos años en nuestro pueblo. Como aclaración la "infraoctava" es el periodo de los seis primeros días de un octavario. Efectivamente, yo tampoco me imagino que tenía de malo que le dijeran su misa en el día siete u ocho del octavario.
En la segunda parte del documento, el Convento de San Francisco vende el solar recibido a Rodrigo García, aplicando la "Real Pragmática de a veinte mil el millar" esto viene siendo el cinco por ciento anual de réditos. Desde el punto de vista del comprador, en este caso Rodrigo García, se hace de una casa y debe pagar el cinco por ciento del valor pactado cada año, es decir siete y medio pesos. Podemos pensar que equivalía a una renta, pues cada pago no abonaba nada al capital en deuda.  Un tomín equivalía a un real que también equivalía a la octava parte de un peso. Por consiguiente medio peso equivale a cuatro tomines. También se establece que de los réditos seis pesos los debe enterar el comprador directamente al Convento y el resto, doce reales, peso y medio, usarlos para la compra de cuatro velas que deben haber sido o muy grandes o muy importantes como para designar que el sobrante de la misa se dedicara a la Cofradía de las ánimas. En el resto de esta parte del documento se otorgan una enorme cantidad de garantías a don Rodrigo que hasta ganas dan de comprar una finca con tan gentiles vendedores.
En esta tercera parte don Rodrigo García acepta el compromiso adquirido y las formas de pago con que ha de proceder, el resto son fórmulas legales que, quizá con un lenguaje más contemporáneo, siguen siendo parte de los contratos de hoy en día.  Resumiendo el mecanismo de imposición de una Capellanía: una persona lega un bien a una institución eclesiástica, dicha institución lo "vende" a censo redimible y con los réditos efectúa las misas u otras acciones similares que el donador original haya indicado.  Con eso quedaba establecida la Capellanía. Pero ¿Qué sucede si, por ejemplo don Rodrigo, al cabo de unos años entera los ciento cincuenta pesos de principal? En ese caso la Institución entrega el dinero "a censo" a quien lo solicite, mismo que garantizará su pago con un bien de su propiedad, ahora será el dinero prestado el que generará los réditos, no el bien entregado. Por supuesto no tengo idea si, dado que la Capellanía se impuso a Perpetuidad, hoy día se sigan cantando las misas anuales por don Juan Alonso de Ojeda en la infraoctava  de Nuestra Señora de la Concepción. Tampoco me animo a preguntar.
 

De entre la enorme cantidad de documentos compilados por el profesor Plácido Santana, y cuyas copias me compartieron sus familiares,  además delreclamo de don Blas de la Cuesta de quién ya hablamos, llamó también mi atención un grupo de imagenes que reproducen un fragmento del libro que sobre el tema se conserva en los Archivos del Templo Parroquial. En este libro se reproducían, para guardar constancia de los mismas algunos documentos relativos a la cofradía de Jesús el Nazareno, particularmente la elección de sus mayordomos y las cuentas renidas por éstos. Las copias que he podido analizar comprenden  veitidós imágenes de dicho libro, aparentemente son consecutivas y lo que continuación comentamos y transcribimos son las cuatro primeras.
Los dos primeros fragmentos son estos; de hecho están en una misma hoja.


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Cuentas de la Cofradía  de Jesús Nazareno en el siglo XVII

De lo anterior, nos enteramos que, aparentemente,  en 1679 don Martín de Lira, fundó y fue electo mayordomo de la Cofradía del Santo Jesús Nazareno. Sería fantástico si esta cofradía es la misma o antecedente de alguna de las que se encargan de las fiestas que aún se celebran. Por el título nos podemos apresurar a compaginarla con las fiestas de Corpus y el Sagrado Corazón, sin embargo las fechas de las elecciones (alrededor del mes de agosto) no confirma ni desmiente tal suposición. El hecho de que lo gastado supere lo recibido en veintidós pesos con cinco reales y que don Martín de Lira decida no cobrarlos nos dan idea de su generosidad y de que, seguramente, su posición económica era un tanto deahogada. El hecho de que sea reelecto en varias ocasiones nos da idea de su gran desempeño como mayordomo. El siguiente fragmento, que incluso da inicio en la misma página que los anteriores, es sumamente interesante:

.

Ya que aparece gente famosa en este libro, es competente aclara que Fray Joseph de Torquemada, no tiene nada que ver con el célebre inquisidor Fray Juan de Torquemada, al menos hasta donde pudimos corroborarlo. Estos dos escritos, como el resto del documento en cuestión, van dejando registro de las elecciones de cargos en la Cofradía y a la vez de los gastos. Se confirma que la citada Cofradía fue creada en  1678 y que para esa fecha, 1684 ya tenía, don Martín de Lira, seis años de trabajo fructífero, el cuál no se cansan de reconocer y agradecer. Aparentemente, en ese momento había algún problema con la forma en que se registraban las cuentas, pero sin poner jamás en entredicho el trabajo de don Martín, deciden trasladar ciertas cuentas a otro libro, dejando constancia en este documento en que, para ese momento, lo recibido y gastado era una cantidad superior a los 10,000 pesos, acumulados en seis años, lo cual no deja de parcereme sorprendente, dado que en el año de 1679 dichas cantidades eran del orden de los 200 pesos y, en los años subsecuentes, el ingreso y gasto anual, rondó entre 200 y 300 pesos. Siendo así y al margen de que mi interpretación sea errónea, es de total justicia que se encomiara la forma en que creció la cofradía, en sus acciones y en sus bienes. El documento que he parcialmente transcrito, alcanza hasta el año de 1704, a reserva de transcribir, que no paleografiar que es asunto de enterados más enterados que yo, el resto del documento, comento a ustedes que en 1704 ya no presidía la cofradía don Martín de Lira, pero si ésta prosiguió después de muchos años, su labor puede considerarse doblemente fructífera.

El documento deja constancia de la visita de un alto personaje, en este caso el obispo de la diócesis y nada menos que Francisco Aguiar y Seijas, quien no sólo fue, posteriormente arzobispo de México sino un personaje destacado en el ejercicio de su  ministerio, siendo de aquellos que recorrió la extensión del su jurisdicción. También se le recuerda por su postura moralista que, de manera anecdótica, pero por lo mismo muy conocida, le hizo ver con malos ojos la actividad literaria de Sor Juana Inés de la Cruz. No sé si se tenía constancia de la visita a Chamacuero de tan singualr personaje, para mí ha sido sorprendente encontrarlo en los archivos de nuestra Parroquia. Reafirman su concepto de hombre moralista sus órdenes, que no recomendaciones, al mayordomo de la cofradía "...para  que no gaste cosa Superflua ni Corran toros, Cañas, sortijas, ni gaste en Convites ni bebidas..."  Más singular, pero totalmente lógico, me parece la mención de la  "Cofradía de Jesús Nazareno de los indios naturales que está fundada en la Parroquial de ella".  Este tratamiento nos indica que en 1679 (y muchas décadas después) la población de Chamacuero era mayoritariamente de origen indígena, muy en concordanca con lo ya dicho en este espacio, que Chamacuero fue asimilado por los españoles como un pueblo de indios y que, por lo mismo, era preexistente a la llegada de los europeos. También nos corrige la fecha de la creación de la cofradía en 1678. Las siguiente partes nos dicen:

 

Un censo no solamente es, como solemos creer, un listado de población o las estadísticas del mismo, también se les llama censo a diferentes cargas impositivas y a cierto tipo de contratos. Como se intuirá, este censo redimible de 1743 corresponde con el tercer caso, en el cual un bien inmueble quedaba como garantía de una renta anual, en este caso por un capital recibido. El documento de que procede esta información, y el cual transcribo en su totalidad, es el registro o la copia, de un expediente completo integrado por varios documentos, el primero de ellos es el siguiente:
Debo confesar que lo primero que llamó mi atención fue la esmerada descripción de la finca, sus espacios y sus sistemas constructivos.  Trato de imaginar la ubicación de dicha casa, quizás cometo el error de imaginar que el Calvario que se menciona es el mismo sitio que hoy denominamos de esa manera. De ser así la casa habrá estado en la actual calle Luis Cortazar, esquina con Iturbide del lado poniente de la calle.   Una vez recuperado de mi interés por la arquitectura civil del Chamacuero Novohispano, me di a la tarea de asimilar en qué consistía el censo en cuestión.  Dicho en pocas palabras El señor Hipólito solicita al convento trescientos pesos y se compromete a entregar quince pesos anualmente, dando como garantía la citada finca.  Esto, que parece un crédito hipotecario, es un mecanismo diferente, pues por principio de cuentas no hay un plazo para reintegrar "el principal" (los trescientos pesos) y el pago de réditos puede prolongarse indefinidamente. Tampoco hay un abono a capital, por lo que los trescientos pesos se mantienen constantes aunque se paguen réditos durante cincuenta años.   Este mecanismo era muy popular en los años de la colonia y generalmente tenía un buen propósito de parte del cesionario (quien recibía el dinero gravando alguna propiedad): la instauración de una Capellanía, como en este caso, o alguna otra obra pía.

Hasta aquí todo parece claro, bueno, luego de leer varias veces esta parte del documento así me lo pareció, pero resulta que los trescientos pesos obraban en poder de don Cristóbal Torrecillas, síndico actual del Convento de San Francisco, porque dicha cantidad había sido integrada al convento por José Clemente Rosendo, quien había tramitado un censo similar, pero para estas fechas ya lo había redimido (pagado, reintegrado). Este dinero, sin embargo, había sido legado al Convento por don Nicolás de Balderas en su testamento, con la intención de que, con los réditos provenientes del Principal, se le dijeran tres misas cantadas por el mes de febrero.  Los réditos siempre son de quince pesos por año, es decir el cinco por ciento anual, lo cual, al menos hoy día, no luce exagerado en modo alguno.

Dicho a la inversa queriendo ser claros:
Don Nicolás de Balderas lega al convento trescientos pesos para que con los réditos le digan tres misas cantadas cada año.
El convento los entrega, mediante un censo, a José Clemente Rosendo.
José Clemente Rosendo redime (paga) los trecientos pesos al Convento y quita el gravamen a su propiedad.
El Síndico del convento, don Cristóbal de Torrecillas, los entrega a don Hipólito Victoriano Merino, estableciendo un censo que grava la casa propiedad de don Hipólito.

Se entiende, o al menos yo lo concluyo, que con los réditos a que estaba obligándose don Hipólito, el Convento continuó diciendo tres misas cantadas cada año para don Nicolás.

Llama mi atención que, al final de la primera página que transcribo, pareciera que en vez de hablar el escribano habla el censatario (don Hipólito).  Un poco más adelante estipula (y está subrayado en el original) que tras tres años consecutivos de omitir el pago de los réditos, su finca cae en la pena del comiso, es decir que será rematada para cubrir el Principal (los trescientos pesos) y los caídos ( al menos cuarenta y cinco pesos de tres años impagos).  Las notas al margen indican que así sucedió pero hasta el año de 1780, es decir que don Hipólito pagó sus quince pesos durante treinta y siete años. Muy probablemente, pero esto es especulación mía, sus descendientes decidieron no seguir pagando los réditos del Censo.
En el medio de estas hojas, se incluye la Patente, que es la siguiente:

Una patente, en el sentido más arcaico del término, es un derecho que la autoridad otorga a un particular para un negocio.  De ahí que el citado Fray Antonio de Villalba, más que autorizar, ordena el Síndico del Convento de Chamacuero aportar los trescientos pesos para el Censo, sin dejar de recordarle la "observantia paupertatis" (pobreza) en la Constitución General de la Orden y su prohibición para obtener réditos. El Término Capellanía no debe hacernos imaginar que se creó una capilla con su clérigo en la finca de don Hipólito. Si bien muchas Capellanías funcionaban de esa manera, en este caso el concepto hace referencia al hacer producir un capital para, con los réditos generados, realizar las misas para el fundador de la Capellanía, en este caso, don Nicolás de Balderas.  Era muy común que en vez de que se legaran cantidades en efectivo, se legaran bienes inmuebles y éstos se rentaran para el mismo fin.  Después continúa la escritura y otros documentos "complementarios":
Como se ve en la escritura en sí, ésta se formalizó en el grado necesario y quedó muy clara la obligación de don Hipólito para el cumplimiento de sus réditos.
Los demás escritos complementarios son aclaraciones sobre el propio documento, excepción hecha del contrato de arrendamiento que se celebra en 1786. Si la finca fue reclamada por el Convento en 1780, significa que el proceso dilató un tiempo o que no se había decido poner a la renta dicho inmueble.  Debo decir, a riesgo de parecer suspicaz, que en el documento que explica el arrendamiento no se hace mención de don Nicolás de Balderas, ni de que la finca se adquirió a consecuencia del Censo formulado a partir de su legado; mucho menos se menciona que con el producto de la renta (que siguen siendo quince pesos anuales) se seguirán diciéndole las tres misas anuales por su alma y las de su intención
 
Si usted, amable lector, es asiduo, o al menos frecuente, visitante de este espacio electrónico, se preguntará por qué en nuestra anterior acutalización detallábamos un censo redimible y ahora otro, esto obedece, no tanto a una inexplicable pasión mía por los censos redimibles, sino a que considero que las diferencias que hay entre uno y otro documento nos darán una perspectiva más completa de lo que eran estas operaciones inmoniliarias. Además, son tantos los documentos que un amable colaborador y amigo me ha hecho llegar que considero imperdonable no irlos compartiendo. Quizás, incluso, terminemos por crear una sección específica para estos documentos.
No debiera llamar nuestra atención el hecho de que se llame Indio a don Salvador de la Cruz, ni que se le mencione como bastante ladino en la lengua castellana, hasta bien entrado el siglo XIX, y mucho más en los albores del siglo XVIII, la población de Chamacuero era mayoritariamente indígena. De por qué recurrió a un interprete podemos pensar que para estar seguuro de lo que negociaría. Si recuerdan ustedes el Censo Redimible anteriormente publicado notarán que el censatario recibió trescientos pesos garanitzándolos con una finca. Don Salvador recibe treinta y seis pesos nada más, pueda ser que la desproporción esté en función de lo solicitado o de las características de ambos inmuebles, la finca que se describe en el presente censo parece mucho más pequeña o con menores construcciones. Ya sí queremos extender mucho nuestras suposiciones, podemos atribuirlo al hecho de que uno era Indio y el otro español.   Como dato curioso, que debí corroboar un par de veces, al principio de este fragmento se habla de treinta y seis pesos y hacia el final de treinta y siete. ¿?

No sé si no estoy captando bien la totalidad del documento o de algún fragmento, pero si al censatario anterior le correspondió pagar quince pesos de réditos por trescientos de principal, no he podido encontrar la proporción por la cual treinta y seis pesos de principal generan quince de réditos, no obstante que se habla de cinco por ciento más veinte mil al millar.  La segunda parte prácticamente establece la renuncia de don Salvador a todos sus derechos y a todas las posibilidades de argumentar o intentar entablar un proceso legal a su favor sobre este asunto.  Como es evidente, a la vuelta de tres años habrá pagado (si es que los pagó) el triple del dinero recibido por concepto de réditos. Otra vez, no sé si pese a conocer el idioma y servirse de un interprete, puede intuirse algún tipo de dolo en la negociación. Aquí, sin embargo, conviene retomar lo mencionado muy al principio del documento, dice: "Falleció don Salvador de la Cruz" y después detalla la obligación adquirida, no siendo posible conjeturar qué tan anterior a 1719 era esta obligación. La última parte es una especie de constancia de la transcripción y copia del documento original, pero realizada en 1721.  No se si en la gran cantidad de documentos similares que mencioné, encuentre algo relativo a esta finco o a este censo, de ser así lo publicaremos en este espacio.

Cuentas de la Cofradía  de Jesús Nazareno en el siglo XVII

Censo Redimible de 1743
1829
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Censo Redimible de un indígena de 1719
 

Me entero de una nueva disposición de nuestras autoridades, a la letra dice:

No habiendo sido bastantes los repetidos Bandos que se han publicado para evi
tar las crias de puercos en las calles y plaza, cerrando los oídos a la razon y los
ojos ála indesencia e inmundicia; abusando de la concideracion, equidad y jus
ticia con que este M Yltre. Atuntamiento expende sus ordenes, repitien
dolas por no verse en la nesecidad de hacer que se cumplan por la autoridad que
obtiene: en acta de oy há decretado que por medio de ese aviso, se haga saver
que el dia que se tenga á bien se mandarán cojer por varios individuos y se
enagenarán fuera del Pueblo, de cuyo producto se pagarán los que se ocupen,
y el sobrante entrará a los Fondos: lo que se participa para que no dén
lugar á que se verifique este Decreto dado en la Sala Capitular en
Chamacuero á 12 de Oct re  de 1821.






















Y varias firmas al calce, no sé si algún lector porcicultor se imaginó que esta disposición era un poco más actual que 1821 y tomó medidas para impedir que sus crías de porcino fueran cojidas y enagenadas . Pero más allá de tan válida preocupación este documento nos remite al Chamacuero de principios del siglo XIX. Y sabemos, tras su lectura, que en el Chamacuero del siglo XIX había abundancia de crías de puerco en plazas y calles. Quizá algunos chamacuerenses  encontraban muy práctico tener sus animales al exterior de la vivienda,  y dejar que los gruñidos y las inmundicias se quedaran afuera.  No hay modo de saber si había diez porcinos al exterior, cien o mil. Pero para publicar un aviso donde se determina capturar y vender todos los animales de la vía pública esto debe haber sido una molestia generalizada. Y qué ayuntamiento puede permitir que un particular  llene la vía pública de inmundicias y contamine el ambiente mientras hace el gran negocio con sus pollos  (¿dije pollos? debió traicionarme el presente) con sus puercos. 





















Sin embargo no podemos saber qué sucedió con esta orden, la imaginación nos pueden pintar la escena donde varios  esforzados trabajadores se lanzan sin previo aviso a capturar a cuanto chancho encontraron plácidamente tumbado en las calles  y plazas de Chamacuero,  tal vez colocándolos en una carreta adaptada al efecto o tal vez conduciendo una gruñente piara por todo el pueblo. Quizá hasta los siguieron algunos molestos propietarios, tratando de evitar la posterior venta de sus animales; cuando acudieron a las autoridades estas les habrán mostrado el aviso que aquí reproducimos. Pero, muy a nuestro pesar,por el momento no sabemos si algunos marranos fueron cojidos y enagenados  para molestia de sus propietarios y satisfacción de sus vecinos. Lo que no puede negarse es que, por el solo hecho de tomar una medida en beneficio de la población, aquellas autoridades se habrán ganado el respeto de los chamacuerenses de 1821 y éstos -los chamacuerenses- habrán tenido grata memoria de:
Manuel Díaz de la Madrid
Ygnacio Merino
Francisco Madrid
Diego Antonio Reyes
Joseph Buena Ventura Téllez
Pedro Sánchez
José Joaquín González
y el secretario 
José María Centeno
quien aparte de firmar con mayor  pompa y tamaños también colocó tres puntos en forma de triángulo al final de todo el documento.  En este detalle no nos detenemos porque es para escribir muchas páginas y desatar muchas polémicas.





















Nueva disposición de las autoridades
 
No de todas las construcciones relevantes de nuestro municipio se tiene información detallada, particularmente sobre su antigüedad y las circunstancias de su creación. El actual templo dedicado a San Antonio de Padua, en el centro de Comonfort, cuenta además con la singularidad de haber cambiado su advocación hará unos se sesenta años, por lo que sabemos que anteriormente el templo estaba dedicado a "El Señor en su Santo Entierro". Pero ¿Qué tan anteriormente? Existe un documento, que estoy en proceso de "transcribir" donde en el testamento de una persona, se intuye el punto de partida de esta construcción.  En tanto puedo terminar dicha transcripción, mi antecesor, el profesor Plácido Santana, dejó la Transcripción de un documento, donde se otorga la autorización para el culto en dicho espacio.  Gracias a este documento, sabemos que el culto puede ubicarse a partir de 1823, al menos oficialmente, al margen del momento preciso en que se celebrara la primera misa.   En estas fechas viene un tanto a cuento esta edificación, dado que, durante la Semana Santa, se observa el ritual que involucra a la Comunidad e Orduña de Abajo, la imagen del Señor en su Santo Entierro y un generosos reparto de alimentos, de que ya hemos hablado en este espacio.   Transcribo el documento compilado por el Profesor Santana y uno más, también compilado por él, pero cuya transcripción me correspondió realizar, en este segundo documento se puede corroborar que la licencia para la Celebración Eucarística en este templo, se continuó tramitando durante varias décadas.
Seguramente es un poco tarde para dar esta noticia, quizás emocioné a algunos taurófilos de aquella población, mismos que se habrán preguntado en qué coso pudiera llevarse a cabo una corrida de toros en Neutla.
Paseando por nuestros archivos históricos encontré una "Licencia" concedida por la "Prefectura de Celaya", a Pedro Nolasco y Socios, para efectuar una corrida de toros en las carnestolendas.  Alguien pudiera pensar que la corrida en cuestión se realizó precisamente ahí, en las carnestolendas. Lamentablemente, Carnestolendas no es un lugar, sino un sinónimo de Carnaval, lo que nos lleva a suponer que  la corrida promovida por Pedro Nolasco y Socios se llevó a cabo entre el 24 de febrero (sábado) y el 27 de febrero (martes) de 1838. Bien pudo ser el domingo. Me llama la atención que una licencia para un evento local debiera obtenerse en la ciudad de Celaya. También es de notarse que, además de otorgar la licencia, recomiendan a las autoridades de Chamacuero "disponer lo conveniente, para que la tranquilidad y el buen orden no padezcan alteración alguna".  Sin mencionarlo, este documento nos hace saber que las corridas de toros solían  alterar el orden público.   Además de enterarnos que en Neutla se realizaban corridas de toros desde principios del siglo XIX. Queda para la imaginación el improvisado coso en que éstas tendrían verificativo, los trajes, el renombre de los toreros, las suertes y las ganaderías de aquella época.


 
De entre los folios del archivo histórico municipal, llamó mi atención un documento catalogado como circular. Al margen de que lo sea en sentido estricto, su lectura nos revela algunas singularidades, mismas que comento después de la transcripción de dicho documento.
Lo que más me pareció singular en este texto es la forma en que cuatro personas deben involucrarse para llevar un mensaje a su destinatario, El gobernador dice que el Comandante dice que el Juez Fiscal dice, finalmente que dos personas son acusado de robarle cinco burros a José N y su hijo Higinio. Ya tiene su tiente de comicidad que se hable del hijo Higinio de alguien, pero además, parece más importante localizar a los que sufrieron el despojo que a los presuntos culpables.  Al final el oficio va cerrando las referencias que abrió al principio. Ignoro si los requeridos asistieron y si se siguió el proceso correspondiente contra los acusados. Bien podían argumentar los citados que no tenían como acudir a Celaya, porque precisamente les robaron, no uno ni dos, sino cinco burros. Por otra parte no deja de ser interesante que, a pesar de estar ya en 1855, es decir a dos años de la Guerra de Reforma, los oficios se firmaran con el lema "Dios y Libertad".
 
Corrida de toros en Neutla
 
Esta última sección detalla los pormenores formales y legales de las escrituras, así como de sus transcripciones. Los fragmentos tachados así lo están en el original, me pareció apropiado transcribirlos, curiosamente aparecen hacia el final del expediente, conjeturo que cuando el escribano ya estaba un poco cansado de escribir.

Se menciona que este es el segundo censo impuesto a la hacienda de Morales, aparentemente el primero data de 1717, esperamos poder compartirlo en la próxima actualización de este espacio electrónico.

Los comentarios a las trascripciones de estos documentos siempre debo iniciarlos diciendo que forman parte de un enorme acervo, cuyas copias me fueron proporcionadas, amable y generosamente, por los familiares del señor Enrique Santana y formaban parte del acervo documental compilado por mi antecesor, el Profesor Plácido Santana.

Los temas de estos documentos son muy variados, pero hay una constante en muchos de ellos: son testimonios acerca de operaciones que no me atrevo a llamar mercantiles, pero que implicaban compromisos económicos por parte de sus protagonistas. 

El documento siguiente relata la Fundación de Obra Pía, por parte del propietario de la Hacienda de Morales.  El concepto Obra Pía tiene un significado muy amplio, una acción generosa y caritativa de parte de cualquier persona es una Obra Pía, una institución que realice estas acciones también es llamada Obra Pía. En el contexto del virreinato, una Capellanía también era una Obra Pía, la fundación de un convento o el mantenimiento de un hospital también lo eran, máxime si provenían de un particular no obligado a ello.

Como muchos de los documentos de esta sección, a lo que tuvimos acceso fue más bien a un expediente, mismo que integraba las copias a mano de los documentos relacionados con la operación correspondiente. La primera parte es la siguiente:


En esta primera parte, además de la larga descripción de los títulos y referencias de fray Felipe Velasco, se indica que don Antonio Morales dejó asentado en su testamento el deseo de que se funde una Capellanía de cien pesos de principal sobre una hacienda de su propiedad llamad Lo de Morales. Además detalla las misas que, por dicha Capellanía le sean rezadas.

Aquí conviene precisar algunos conceptos, aunque lo hemos hecho al comentar otros documentos:  Una capellanía es, originalmente,  el procedimiento mediante el cual un particular donaba un bien o una cantidad en efectivo y, con el producto de las rentas, se mantenía a un clérigo (e incluso a un aspirante a serlo) y éste, como contraprestación rezaba las misas que se hubiesen especificado en el procedimiento de Imposición de Capellanía. Las capellanías impuestas por personas de muchos recursos y que, efectivamente permitían el mantenimiento de un sacerdote eran por cantidades superiores a los mil pesos, que con la tasa de réditos del cinco por ciento, generaban cincuenta pesos de renta anuales.  Con los cien pesos que determinó don Antonio Morales no era posible tal manutención, por lo que este tipo de Capellanías vienen siendo un donativo para el convento a cambio de cierto número de misas por año.

Era una preocupación común, en esta época, la permanencia en el Purgatorio de las almas de los difuntos, se estableció, además que una de las acciones que más favorecían a dichas almas eran las misas dichas en intención a ellas.  De aquí que quienes tenían modo de solventarlo recurrieran a los mecanismos que garantizaban que, no estando ellos presentes sus misas se les dijeran cuando más lo necesitaban.

La Capellanía, en términos prácticos, era una opción excelente para este objetivo, ya que la renta producto del capital otorgado a la Capellanía, producía réditos indefinidamente.  Sin embargo, salvo excepciones, las Capellanías no se fundaban con la donación de una cantidad en efectivo sino que recurrían a la imposición de un censo, como se detalla a continuación:

Esta parte del documento es el reconocimiento, por parte de los herederos del fundador de la Capellanía, de la obligación que tienen al respecto, misma que detallan en el apartado siguiente.  Hay una singularidad en todo este expediente, el fundador de esta capellanía, llamado en la primera parte "Antonio Morales", a partir de aquí será llamado "Antonio de Vargas Robles". Supongo que en  la primera parte el escribano confundió el apellido con el nombre de la hacienda.


Esta parte del documento es el reconocimiento, por parte de los herederos del fundador de la Capellanía, de la obligación que tienen al respecto, misma que detallan en el apartado siguiente.  Hay una singularidad en todo este expediente, el fundador de esta capellanía, llamado en la primera parte "Antonio Morales", a partir de aquí será llamado "Antonio de Vargas Robles". Supongo que en  la primera parte el escribano confundió el apellido con el nombre de la hacienda.

En esta parte se reconoce nuevamente la obligación que los herederos tienen para con el Convento, se describe la hacienda y al término de la descripción se menciona que existe un censo previo sobre esta hacienda, por la forma en que está redactado el párrafo, en primera instancia parece que los herederos renuncian a la hacienda o renuncian al censo previo, no es ni una ni otra situación renuncian, de manera contundente, a la cantidad de cien pesos del valor total de la hacienda, es decir que por este censo, cien pesos pasan a ser propiedad del convento, por lo que se obligan a pagar los réditos correspondientes, aunque se aclara que si "redimen el principal", es decir,si enteran los cien pesos al convento, no solo anulan ese gravamen sino que quedan eximidos de pagar los cinco pesos de renta anuales.

Se aclara que al recibir el principal, el síndico del Convento impondrá esa cantidad en otra finca, con ello se asegurarán los réditos y , con ello también, el recurso para que se sigan diciendo las dos misas por año.

Dos fechas que aparecen en este expediente, el testamento en cuestión data de 1743, la imposición de la Capellanía de 1749.


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Fundación de Obra Pía 1749
Documentos sobre el Templo del Santo Entierro
Circular de 1855
Imposición de Capellanía de 1694
 
Censo Redimible de 1743
1829
 
Censo Redimible de un indígena de 1719
 
Nueva disposición de las autoridades
Corrida de toros en Neutla
 
Fundación de Obra Pía 1749
 
Documentos sobre el Templo del Santo Entierro
Circular de 1855
 

Entre los documentos que integran el archivo histórico municipal (al menos los que lo integraron inicialmente en 2008) hay una serie de circulares que, si bien no son documentos únicos generados en nuestro municipio, si nos dan una idea de la forma en que nuestro poblado era considerado en situaciones de nivel estatal o nacional.   Tal es el caso de un conjunto de documentos fechados hacia finales de 1830.  El primero de ellos es una circular; estas circulares, al menos las que la Jefatura de Celaya enviaba a Chamacuero, eran escritas en hojas un poco más pequeñas que el actual tamaño carta, divididas verticalmente, escritas en ambas caras, pero conservando la singularidad de que el texto se escribía siempre del lado derecho y los datos del destinatario y remitente del lado izquierdo:

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Documentos sobre la búsqueda de cuatro prófugos 1830
En este documento  se nota, primeramente, que, luego de una serie de reenvíos, llegó a la Alcaldía de Chamacuero:.  El fiscal, Miguel Azcárate, envía un oficio al Comandante General de las armas de México, el cual lo copia y envía al Gobernador de Guanajuato, mismo que copia y envía a la Jefatura de Celaya y ésta última redacta el oficio que obra en el archivo municipal.  El documento inicial hace referencia a cuatro individuos que han sido declarados en rebeldía y, por el delito de "infidencia", condenados a muerte. Infidencia literalmente significa: Violación de la confianza y la fe debida a alguien.  Esta Infidencia los cataloga como colaboradores de Loreto Cataño. Para su fortuna, los cuatro condenados fueron juzgados en ausencia, por lo que el objetivo de este documento es promover su captura, antes claro, dando a conocer la sentencia que pesa sobre los citados y, más adelante, dando a conocer la "media filiación" de estos.  Debo confesar que me sorprendió que el término "media filiación" fuera usado desde hace tanto tiempo.

Partiendo de lo que expresa este documento podremos creer que estos cuatro individuos, y su jefe Cataño, tenían aterrorizada a la población del país y era una demanda popular su captura. Sin embargo, conviene recordar que  si bien la guerra de independencia fue un periodo de agitación popular que, con altibajos en su intensidad, significó once años de guerra, la paz que llegó con la consumación de nuestra Independencia fue sumamente efímera; con la maniobra que culminó en la proclamación de Iturbide como emperador se inauguraron  más de tres décadas de conflictos, durante  las cuáles ningún presidente terminaba el periodo para el que había sido designado.  En 1830 gobernaba, gracias a un golpe de estado, Anastasio Bustamante, quien desde sus primeros días ejerció una represión generalizada que le ganó el apodo de "Brutamante". Como es de suponerse, no era raro que existieran grupos rebeldes y, menos aún, que fueran especialmente mal vistos por el gobierno en turno. Esto no significa que Loreto Cataño, fuese, y menos en ese momento, un pulcro paladín de la justicia. De hecho hubo bastantes acciones, de mayor trascendencia, realizadas contra el gobierno de Bustamante por otras personalidades.  Como quiera que haya sido Loreto Cataño fue un insurgente y estuvo siempre del lado del partido liberal.  En octubre de ese año este personaje fue condenado a muerte por el Consejo de Guerra Ordinario, él si se encontraba en prisión pues se había entregado voluntariamente a condición de que no se le castigase, se cree que el gobierno de Bustamante no pensaba cumplir la sentencia contra Cataño, pero éste murió repentinamente en prisión. Es decir  que para cuando el documento que estamos analizando fue emitido el "faccioso" Cataño ya había muerto. 

Desde mi punto de vista, el encono con que se intenta apresar a los cuatro sujetos y el hecho de haberlos juzgado en ausencia, es un reflejo del clima de represión promovido por Bustamante pues había cientos de opositores realizando todo tipo de acciones contra su gobierno, al grado tal que para agosto de 1832 ya había sido depuesto. El siguiente es el segundo documento de esta serie.

Este  documento es, justamente el oficio en donde, desde el expediente legal correspondiente, se transcribe la Media Filiación de dos de los prófugos.   Hoy en día, y quizás desde entonces, la  Media Filiación no es solamente una descripción del individuo en cuestión, sino el conjunto de todos los datos que puedan ayudar identificarlo, por ello pueden incluirse los datos de los padres, lugar de residencia, oficio, etc.  Pese a lo formal que es todo esto creo que aún en el México de 1830 buscar a un individuo "de cuerpo regular, delgado, blanco y barbi cerrado" era entrar en sospechas sobre decenas de miles de individuos. Tampoco ayuda que se le crea vecino de la ciudad de México.  En el caso de Manuel Luyano hay más datos, pero su descripción física lo asemeja con miles de mexicanos, de hoy y de entonces. Debo decir que cuando leí que se le describe como de color rosado, lo primero que vino a mi mente fue un cerdito que aparece en algunos dibujos animados. El siguiente es el tercer documento de esta serie:
El tercer documento no se relaciona directamente con los anteriores,  pero nos permite conocer la situación que reinaba en casi todo el territorio nacional, la cual llevó al Gobernador el Estado, en ese momento el Señor Carlos Montes de Oca, a crear una fuerza armada específica con la intención de "recorrer la línea del Estado en persecución de los perversos hasta conseguir su total exterminio". Al margen de qué tan cercano del presidente Bustamante haya estado el Gobernador de Guanajuato, parece innegable que los movimientos armados sí lesionaban la seguridad y tranquilidad de las poblaciones. También puede intuirse que en ese momento no existía una fuerza armada, ni nacional ni estatal que pudiera desarrollar esa función.

Hay dos detalles que llaman mi atención, el primero es que se pide a los dueños y administradores de haciendas que aporten hombres para una fuerza armada y en algún momento me parece que se trata a dichos hombre como mercancía, se pide a los dueños que aporten caballos  para dichos hombres, pero no hay ningún comentario hacia la disposición o el interés de los enviados para integrarse a un ejército o desenvolverse en el uso de las armas.  

El segundo detalle nos da una idea del tamaño de nuestro pueblo, se le pide solamente aportar cinco hombres y me atrevo a pensar que fue el mínimo que se impuso a los poblados más pequeños del estado.

Finalmente, por el momento no tengo información sobre el fin que tuvieron los prófugos ni de si finalmente fueron capturados, algo me lleva a imaginar que continuaron libres y Andrés Reyes siguió paseándose por las calles de México con sus cotonas de cuero y Manuel Luyano continuó presumiendo su color  rosado en su natal Jacuarillo.

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