Chamacuero, Gto.
(También llamado Comonfort, Gto.)
Fiestas y celebraciones
Fiestas, parte uno



Seis de Enero

La Fiesta del Barrio de La Candelaria

Fiesta de María Auxiliadora, en Empalme Escobedo


El Carnaval

Semana Santa
EL SEIS DE ENERO
Los Magos llegaron del Oriente para adorar al Niño Dios, portaban presentes de Oro, Incienso y Mirra para ofrecerle en su triple condición de Dios, Rey y Hombre. Esta acción, dicha de manera tan simple, está cargada de simbolismos profundos y  se conoce en el mundo Cristiano como la Epifanía, en realidad la palabra es utilizada para referirse a una "Revelación", en este caso la revelación de Jesús ante el mundo y, aunque la Epifanía que más se recuerda es la adoración de los Reyes Magos, hay otros dos momentos en la vida de Jesús que son considerados como tal.  Como estas cuestiones profundas están muy lejos de las intenciones de estos comentarios y, sobre todo, muy lejos de la capacidad de este cronista, nos referiremos a la celebración popular del Día de Reyes. Por algún fenómeno especial que no debemos dilucidar a profundidad, dado el gran número de infantes que seguramente leen estos comentarios,  la mañana del 6 de Enero los niños encuentran, bajo sus camas, junto al nacimiento o en algún lugar especial, hermosos presentes que les tenían ilusionados desde semanas atrás, los cuales fueron solicitados a los Reyes Magos con la antelación correspondiente. Con la misma sabiduría con que aquellos personajes acudieron regocijados a adorar al Niño Dios, encuentran la forma precisa de complacer, en parte, las ilusiones de los pequeños. Y como los papás no reciben presentes, el día anterior arman unas terribles romerías con música, puestos, golosinas y antojitos, baste para constatarlo la animada fiesta que, pese al frío de la noche, se vivió en el jardín principal en estos días. Para los niños esta fiesta está ligada a las ilusiones propias de la infancia; es conmovedor que algunos pequeños escriban una carta y encuentren ingeniosas formas de hacerlas llegar a los destinatarios, por ejemplo, atarlas en un globo de helio, echarlas al buzón o dejarlas en algún lugar especial de la casa; igualmente bello es que su inocencia los mueva a  dejar alguna sencilla ofrenda de frutas, agua o galletas para los Reyes o  para sus animales: un caballo, un camello y un elefante según las creencias más difundidas.
Un elemento importante de este día este día es la Rosca de Reyes, una tradición antiquísima con raíces en los rituales paganos del Imperio romano,  llegada a México desde el Siglo XVI. La rosca está adornada con azúcar y frutas secas, en el interior de la masa del pan hay uno o varios muñequitos, antiguamente de cerámica y hoy de plástico. La mejor forma de acompañarla es con un espumoso chocolate. Cada comensal parte su porción de rosca y si en ella aparece el muñequito,  tendrá el placer de ofrecer tamales a los presentes para el  dos de febrero, día de la Candelaria. Cada elementos de la rosca de Reyes, desde su forma y los adornos tienen un simbolismo que varía de región en región, solamente diremos que el muñequito representa al Niño Dios al momento de ser escondido por la persecución de infantes que terminó en la matanza de los Santos Inocentes. Cabe destacar que en nuestra localidad  varias personas preparan, a nivel doméstico, deliciosas Roscas de Reyes muy superiores a las que pueden conseguirse en los grandes almacenes y generalmente a un mejor precio.   Sobre esta fecha y todo lo que la rodea, la mayoría de nosotros guardamos anécdotas gozosas y, a veces, algunas que son todo lo contrario. Ojalá que si usted está en una edad en la que no espera mayores presentes de Los Reyes Magos sí haya podido constatar la alegría de sus hijos, nietos o infantes conocidos y con ello obtener un regocijo necesariamente mayor.

























Como viene a cuento (y lo es) les invito a leer una colaboración de nuestro más asiduo lector (que necesariamente soy yo)  Hacer click


Aunque la fiesta de  la Candelaria es, como muchas de nuestras festividades, una celebración con raíces más allá de la era cristiana,  en la actualidad conmemora la visita de la virgen María al templo, cuarenta días después del nacimiento del Niño Jesús, para cumplir con el ritual de purificación después del parto y de presentación del Infante. La purificación está simbolizada con el fuego, de ahí el nombre de Candelaria y el simbolismo de las velas para esta celebración.
Del mismo modo en que, con su visita, María finalizó los rituales del nacimiento de Jesús, también las festividades navideñas vienen a terminar el dos de febrero con la fiesta de La Candelaria, por ello la tradición de llevar a bendecir al templo a la figura de Niño Dios que se colocó en el Pesebre el día de Navidad, y deben llevarlo aquellos que lo arrullaron, pues se crea una forma de compadrazgo entre éstos y los propietarios de la figura; de este modo, los padrinos del Niño Dios no sólo son responsables de presentarlo en el templo, también deben proveerle la vestimenta e incluso, hay quien asegura que este compromiso debe observarse durante tres años consecutivos.
También en esta fecha, aquellos que tuvieron la suerte, la fortuna y el honor de encontrar una figurita en su porción de  rosca de reyes, deben invitar los tamales y el atole a los comensales de la rosca en que resultaron agraciados. Y lo menciono así porque habrá quien comió rosca con su familia, sus amigos, en su trabajo, escuela,  etc. Sí, ya sé que no todos toman con entusiasmo pagar su compromiso por la figurita de la rosca, pero es algo lo suficientemente simbólico para pasar por alto el desembolso. Deben invitarse   tamales y no otro platillo, nada de hamburguesas o tacos al pastor; tamales,  pues es una reminiscencia de tiempos prehispánicos en que se consumían durante diferentes rituales relacionados con los ciclos agrícolas.
Todas estas formas de celebración están extendidas a nivel nacional e internacional, en muchas ciudades esta fiesta es la más importante de todo el año.  En nuestro municipio la fiesta de la Candelaria tiene mayor relevancia en el barrio del mismo nombre, ubicado al sur de la cabecera municipal, donde hay un templo muy antiguo dedicado a la Virgen María en esta advocación.  A este lugar acuden peregrinaciones, principalmente de campesinos que llevan a bendecir las semillas para el próximo ciclo agrícola y con ello propiciar la prosperidad de los sembradíos. En el templo se realizan misas y por la noche, en el exterior se celebra la fiesta con música y juegos pirotécnicos entre los que destaca la quema del Castillo. Sobre las particularidades de la fiesta en nuestro municipio, hablaremos más adelante. Y, como dijimos antes, esta celebración cierra el ciclo de las festividades navideñas y, de alguna manera, de todo el año,  no hay que olvidar que el antiguo calendario romano terminaba en febrero. Pero, una vez cerrado el ciclo no queda más opción que volverlo a comenzar.



Por extraño que parezca, la celebración lúdica, libertina y desenfrenada del carnaval está ligada al ritual cristiano de la cuaresma. De hecho una probable etimología de la palabra carnaval dice que viene de Carne-vale, la carne que se va en alusión a la inminente cuaresma, el martes de carnaval es el martes anterior al miércoles de ceniza con el que da inicio la cuaresma que termina en el viernes santo. De alguna manera se ve a la cuaresma como la última oportunidad para el desenfreno de todo lo desenfrenable, justo antes de entrar en el período de abstinencias de la cuaresma. En Comonfort el desenfreno no es altamente notable y, además de algunos desfiles con creativos disfraces, por la noche del lunes y martes, en algunas plazas los muchachos y los niños se persiguen para romperse sobre la cabeza cascarones de huevos previamente pintados y rellenados con confeti , harina o en algunos casos diamantina, pintura vegetal, oro musivo o mistión de platano.


Semana Santa
En realidad la semana Santa no es una fiesta, en principio es todo lo contrario, una celebración luctuosa, no obstante que millones de mexicanos, muchos de ellos de los más fervientes católicos, tomen estos días con inusitada alegría y recorran todos los espacios turísticos de la república. La celebración de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo da inicio desde el domingo de ramos, cuando se conmemora la entrada de Jesús en Jerusalén, aunque en realidad podemos ubicar el inicio en el viernes de dolores.

Viernes de Dolores

El viernes de Dolores es el viernes anterior al Viernes Santo. Muchas personas colocan un altar en sus casas, preferentemente en la banqueta o en algún espacio con acceso desde la calle, el altar está adornado con papel picado, flores, frutas y la imagen de La Dolorosa. La gente visita los diferentes altares y en muchos de ellos suele obsequiárseles un vaso de agua fresca que simboliza las lágrimas de la Virgen María presagiando el dolor por la aprensión y muerte de su hijo Jesús. Aunque no existe un parámetro para medir el arraigo de esta tradición, no deja uno de regocijarse por el gran número de altares diseminados por todas las calles.

































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La procesión de las cruces
El martes de la Semana Santa se realiza una procesión en la que muchas personas participan portando sus crucifijos o sus cruces, todas ellas adornadas con listones morados, símbolo de luto. Algunos crucifijos son pequeños, otros medianos y varios de ellos deben ser llevados en un vehículo para poder trasladarlos, el cual también va adornado con cintas de color morado y algunos con niños en indumentaria de ángeles. Algunas de las cruces tienen varias generaciones con una misma familia, otras provienen de algún templo o capilla.



Domingo de Ramos

El domingo anterior a la Semana Santa se conmemora la entrada de Jesús en Jerusalén, cuando fue recibido por la población con ramas y palmas como se acostumbraba hacer con los reyes. En nuestra localidad se realiza una peregrinación por las calles del pueblo, donde un grupo de personas portan palmas, en realidad bellos adornos hechos con palmas diestramente entretejidas, acompañado a un joven caracterizado de Jesús que, como debe ser, va montado en un borrico. Las calles por donde pasa la procesión son adornadas con grandes hojas de palma. La gente acuda a misa con sus ramos  y estos son bendecidas al término de la misma, la costumbre es colocarlas en la parte posterior de las puertas de los hogares. Llama la atención la gran cantidad de adornos hechos con fibras naturales, ya sean, efectivamente, palmas u otras especies, siendo esta artesanía característica de nuestra región no debe sorprendernos su abundancia y bella manufactura.

















Jueves Santo

El jueves Santo se hace una representación de la aprehensión de Jesús en el huerto de los Olivos, para ello, el patio del claustro del templo de San Francisco es ambientado como un huerto, con una gran profusión de plantas y árboles frutales. En una sección aguarda una imagen en tamaño natural de Jesús, la cual, en la parte culminante del ritual será maniatada, vendada de los ojos y, con una soga al cuello, llevada en procesión por las calles del centro, la imagen es llevada en andas por los fieles, escoltados por varios centuriones, tras ellos un hombre representa a Judas Iscariote, sonriente y agitando un saco de monedas tintineantes, no imaginando aún el terrible remordimiento que le aguarda.

Viernes Santo

El viernes santo es el día más importante de la Semana Santa, es el día de la pasión y muerte de Jesús. En varios lugares del municipio tienen lugar diferentes representaciones de la pasión, en la cabecera municipal se montan carros alegóricos con cada una de las estaciones del viacrucis, catorce en total, como ya sabemos. Sobre la plataforma de un camión se dispone la escenografía correspondiente, algunos objetos para ambientar la escena y los personajes necesarios, encarnados por gente de la localidad. Cada carro es responsabilidad de un "Carguero Mayor" y están asignados desde hace muchos años, algunos desde 1968 cuando se realizaron por primera vez. A
veces se trasmiten de padres a hijos o a familiares, llegado el caso que, por alguna circunstancia especial -y ha llegado a suceder-, algún cargo queda vacante, el consejo parroquial busca o asigna el cargo a los interesados. Aunque hay algunos carros asignados a particulares, como el caso de la Señorita Antonia Paloblanco o el profesor Isidro Flores, la mayoría de ellos  están asignados a asociaciones o grupos religiosos.
El "Carguero Mayor" en cada caso es el responsable de la organización de su carro, de conseguir o sufragar el gasto del el vehículo, de proporcionar, cuidar y preservar el vestuario, de designar o conseguir a los voluntarios que encarnaran a cada personaje, de brindar un almuerzo ligero a los participantes, de pagar o conseguir los elementos del adorno y de acomodarlo en la plataforma del camión (muchos de los personajes de cada estación participan activamente en arreglar el carro). El carguero también paga el sonido que acompaña a su carro y consigue quien lea lo relativo a su estación durante el recorrido.
Los personajes participan por el gusto de integrarse a la tradición o por el pago de una manda por un favor recibido o solicitado, pero para la mayoría de ellos es una expresión de carácter religioso, tan es así que sus asociaciones les dan pláticas para que comprendan el simbolismo que esta procesión y su participación en ella encierran.
Ha llegado a suceder que el "Carguero Mayor" pida ayuda para encontrar un personaje pero eso es raro, máxime que muchos de los personajes tienen años participando.
Los vehículos recorren las calles de la ciudad seguidos de multitud de fieles, un mar de sombrillas acompaña cada vehículo. Cabe hacer notar que en la estación número XII "Jesús es clavado en la cruz" se recurre a una imagen de madera para representar al Cristo, ya que es muy arduo y peligroso representarlo con una persona.
Hasta hace tres años el trayecto partía de la plazuela de Galeana, seguía por Rayón, Juárez, Abasolo, Pípila, Ocampo, Guerrero, Magisterio, Juárez, Abasolo y Cortazar, donde concluía en un singular cerrito totalmente urbanizado, de unos diez metros de altura y al cual, quizá por esta misma razón llamamos "El Calvario". En El Calvario termina el recorrido de los carros. A raíz de la remodelación de las calles del centro, es imposible el paso de los vehículos grandes y el recorrido ha sido recortado a menos de la mitad de su trayecto original. Si bien podría pensarse en utilizar vehículos más pequeños, ello desluciría mucho el aspecto de los mismos y su razón de ser.


Por la noche, tan pronto oscurece, una solemne procesión recorre las calles en sentido inverso al recorrido de los carros alegóricos. Es encabezada por un grupo de niñas ataviadas de ángeles, las más grandes de ellas portan antorchas encendidas, les sigue un grupo de muchachas que con el lúgubre ritmo de una cadena sobre un madero y tambores ponen el único sonido propio de este recorrido, el cual por lo demás se realiza en absoluto silencio, las mujeres de los tambores llevan atuendos negros y la cabeza cubierta con una mantilla que también impide distinguir su rostro, marchan descalzas. Vestidas del mismo modo les siguen un grupo de mujeres que marchan de una en una portando cada uno de los elementos de la pasión: la corona de espinas, los clavos, el martillo, la escalera, etc. Tras ellas vienen los penitentes, con un hábito negro y blanco, descalzos, el rostro cubierto por una capucha puntiaguda, portando enormes cruces cuya base van arrastrando sobre el pavimento y con cadenas en los pies. Algunas personas consideran controvertida esta parte del ritual dado que la penitencia no tiene por qué ser un castigo físico, quienes realizan este sacrificio tienen sus propias motivaciones para participar de esta manera. Algunos de los penitentes son prácticamente niños, esto a juzgar por su estatura y su complexión, pero también cargan su cruz y aunque es más pequeña, el esfuerzo debe ser igual o mayor que el de los penitentes adultos. Dijimos que la procesión se realizaba en silencio, no tendría mérito de parte de los participantes, también el público guarda un notorio y respetuoso silencio, se percibe fácilmente el ruido de las cadenas que arrastran los penitentes. A continuación varias decenas de caballeros portan la imagen del Santo Entierro, un elaborado féretro de cristal con molduras con la imagen, en tamaño natural del Cristo descendido de la cruz. La imagen en su conjunto es tan pesada que los porteadores se van alternando, todos ellos portan guantes de algodón para que el sudor de las manos no vaya deteriorando el féretro. A esta imagen le sigue la Dolorosa, ataviada de luto y llevada en andas por varias mujeres vestidas de negro. Toda la procesión termina en el templo donde se depositan las imágenes y se reza un rosario. A partir de ese momento los fieles se retiran y esperan, cada cual en la medida de su fe, el milagro de la resurrección para el domingo siguiente.


Carrera de burros en Empalme Escobedo

 


En los retablos barrocos del templo parroquial de San Francisco, aquí en Cahamacuero, hay dos pinturas que hacen referencia a los orígenes de la fiesta de la Candelaria, cuando debí investigar sobre el tema encontré que ambas nos refieren a la ley mosaica (de Moisés, es decir la ley del antiguo pueblo de Israel) en donde se dice que Toda mujer que dé a Luz un niño permanecerá cuarenta días purificándose de su sangre y si da a luz una niña serán ochenta; al término de este periodo acudirá al templo con un cordero y una tórtola, pero si no puede adquirir el primero puede llevar dos tórtolas. Los animales se entregan al sacerdote y éste realiza los rituales por los que la mujer queda purificada. Nótese que no se menciona al hijo o  a la hija. Sin embargo, la ley también dice que Todo primogénito será dedicado a Dios, ello obligaba a un ritual en el cual el primogénito era ofrecido y recuperado, por este motivo esta celebración es conocida como "La presentación de Jesús en el templo". Pero será la tradición, el gusto y sobre todo la devoción particular de cada quién lo que determine qué significa fiesta para cada creyente. Finalmente fueron rituales celebrados casi simultáneamente aunque por mandatos de la ley mosaica diferentes.

En las iconografías de la virgen de la Candelaria, la Virgen sostiene al Niño en una mano y en la otra una vela encendida, pueden figurar, también, las dos tórtolas, o un recipiente que las contiene. Siendo mucho menos frecuente que aparezcan las tórtolas, su presencia se explica más fácilmente que las velas que nunca, o casi nunca  faltan.  Si faltaran, la fiesta, y más aún la advocación de María no hubiera recibido el nombre de  "La Candelaria". Quizá, contra lo que acabo de decir, existen demasiadas explicaciones al por qué de las velas o del fuego. En dos pinturas de los retablos de Chamacuero que mencioné anteriormente hacían referencia al origen de esta fiesta,  la "Purificación de Santa Ana" y la "Presentación de Jesús en el templo", un ayudante en segundo plano sostiene un cirio, el cual es símbolo de la purificación por la que se acude al templo, además, una de las tórtolas ofrecidas era consumida por el fuego.  Por otra parte, cuando Jesús es presentado en el templo, el anciano Simeón, le califica como "Luz que alumbrará a los gentiles". También se dice que durante esta celebración se bendicen las velas que habrán de utilizarse en los hogares de los creyentes durante todo el año. Finalmente también se considera que una procesión de antorchas y candelas substituyó, por mandato papal en el siglo V, la celebración pagana de "Las lupernales" celebradas en el mes de febrero.

Yo siempre aclaro que estos temas salen mucho de la intención de esta página y del alcance de este cronista, pero siempre me han parecido interesantes.  El pasado dos de febrero quise constatar cuán vigente es la tradición de presentar al Niño Dios en el templo, varias imágenes hermosamente ataviadas y, la mayoría de ellas en su respectivo moisés, iban y venían del templo parroquial.
Sin embargo, hube de constatar que, por evidentes razones, la mayor afluencia se daba en el barrio y templo de La Candelaria. Niños Dios pequeñitos, grandes, en moisés, en trono, en un canasto, solos, acompañados de otros Niños, en carreolas, en brazos de sus amorosos propietarios acudieron a ser presentados en el templo, "aprovechando" la fiesta que con castillo, música y danzantes, se da por aquellos rumbos  y de la cual, como ya hemos dicho, hablaremos más adelante.
Como todo acto humano que se repite esta representación ha ido evolucionando. Es más acertado decir ha ido perfeccionándose en todos  sentidos.  Sin embargo don Federico todavía recuerda que, aunque hoy en día tenga que dedicarle muchas horas de trabajo,  en sus inicios sus esfuerzos eran mucho mayores. Como dato anecdótico, más de una vez anduvo el solo acarreando objetos desde el lugar del Teatro El Nigromante  hasta su casa (unas diez cuadras), ya pasada la medianoche. Pero nunca se desanimó y nunca, desde hace cuarenta y dos años, ha dejado de llevar a cabo la representación.

Cuando le preguntamos cuál era su mayor y más recurrente dificultad, nos comentó que la única es el desembolso económico. Todo lo demás se remedia con trabajo y energía y de ambos  nunca ha carecido. Hoy en día sus hijos y nietos le brindan una ayuda sumamente valiosa. Del mismo modo el uso inteligente de los recursos y donaciones que colecta le ha permitido confeccionar un vestuario excelso y el equipo suficiente para que la puesta en escena se escuche y luzca acorde al gran esfuerzo de todos los involucrados.
Lo anterior no lo digo por  el aprecio hacia  el trabajo que encabeza don Federico y la entusiasta participación de sus actores y técnicos. Si usted ha presenciado esta representación coincidirá conmigo en que es sumamente bien lograda.  Si nunca ha asistido puede esperar el próximo Jueves Santo por la noche. En el teatro al aire libre "El Nigromante" se escenificará la primera parte del drama, ésta tiene una duración aproximada de dos horas.  El viernes al medio día, en el mismo lugar, continúa la representación con una duración similar de dos horas. En ambos días el espacio disponible es copado por el público asistente.

Entrevista a don Federico  Aquí
Además del compendio de anécdotas que se han colectado a lo largo de estos cuarenta y dos años el consenso general de los organizadores es que un actor no debe hacer un papel muchos años consecutivos porque va perdiendo el brío en su actuación.  Sin embargo el señor Beto ha sido el narrador desde el primer año, él ayudó a pasar en limpio y a poner puntos y comas al actual libreto, mismo que aún sufre muy pequeñas modificaciones.  Cada vez que se realiza la presentación don Federico acude caracterizado, a pesar de no tener a su cargo ningún papel. Esto lo hace porque, como se sabe de memoria los parlamentos de todos los personajes, puede, en caso de cualquier emergencia substituir a cualquier actor, menos, nos aclaró, a Jesús de Nazareth.

Cuando termina la  puesta en escena del viernes,  los actores parten hacia un cerro cercano, convenientemente ubicado a 1,700 metros, lo que permite ir desarrollando las estaciones del viacrucis en todo este recorrido.  Si durante las presentaciones en el  teatro El Nigromante, el audio es de una alta calidad, éste no disminuye a lo largo del recorrido y hasta en el punto del cerro donde se ubican las cruces las palabra de Dimas, Gestas o Jesús son perfectamente audibles para los asistentes, mismos que colman todas las calles del recorrido y prácticamente todo el cerro. La crucifixión es la parte culminante de toda esta puesta en escena, la pericia y la maestría de los involucrados hace que el complicado procedimiento técnico de clavar a tres actores en una cruz e izarlos en alto sea realizado de manera expedita y convincente. Don Federico nos platicó que un detalle que añadieron los interpretes del papel de Judas es que, en el momento crítico de su arrepentimiento, su desesperación le hace caer por una pendiente muy pronunciada de al menos veinte metros de largo, este detalle, aunque intrascendente en el desarrollo de la historia,  llama mucho la atención del público asistente.

Aunque el lugar ha sido acondicionado, no pierde su valor como un escenario natural casi perfecto y si, como este año, en el momento mismo de la muerte de Jesús se desata una pequeña lluvia y unos relámpagos adornan el firmamento, el efecto es conmovedor. No le garantizo que estos fenómenos naturales se vuelvan a sincronizar tan impactantemente, pero sí le garantizo que el esfuerzo sostenido de don Federico Pérez Ayala y su equipo le impresionará y le conmoverá como ha sucedido en Empalme Escobedo desde hace más de cuatro décadas.
El título de este artículo es demasiado ambicioso, en realidad sólo nos referiremos a la representación de la Pasión y Muerte de Cristo que desde hace más de cuarenta años se realiza en esta población.  Sin embargo no es poca cosa esta actividad dada la cantidad de personas involucradas en ella y el gran número que acuden a presenciarla. Todo comenzó cuando don Federico Pérez Ayala  (véase una entrevista a don Federico en esta misma página) acudió a un "Cursillo de cristiandad" en los años setenta, luego de asistir le encomendaron que todo lo que había aprendido y asimilado no se quedara nada más en sí mismo. Así que se dio a la tarea de escribir un Drama sobre la Pasión de Cristo para representarla en la Semana Santa. Don Federico reconoce haberse basado en el libro "El mártir del Gólgota del  escritor español Enrique Pérez Escrich. Sin embargo, no es fácil adaptar una novela de 400 páginas a un drama, aunque este tenga una duración de más de cuatro horas, no obstante, la pieza que resultó  es admirable.
 
Cuando describí los rituales de Semana Santa en la cabecera municipal cometí un omisión grave, peor porque ni siquiera fu intencional sino producto de mi ignorancia.   Muchos más años antes de que los carros alegóricos circularan por la ciudad, una figura de Jesús, por demás antigua, era llevada en procesión, escenificando, en la medida de lo posible, las catorce estaciones de la pasión. Este ritual sigue llevándose a cabo, de manera paralela y conjunta con la procesión de los carros. El Cristo en cuestión permanece, durante el resto del año en la capilla del Santísimo en el templo parroquial, aunque su vestimenta puede ser cambiada en cualquier momento; el Domingo de Ramos se lleva a la sacristía, ahí se le cambian los ropajes, se le descubre la cabeza y se le coloca otra peluca, se limpian sus manos y su rostro con un líquido exprofeso. Cambiar el ropaje de la figura es un ceremonial realizado con el mayor respeto y solemnidad. Incluso la presencia de quien pueda participar o atestiguar este evento tiene cierta restricción. La figura tiene el mismo grado de detalle en las manos y rostro que en el resto del cuerpo incluso, conmueve la veracidad de las heridas y la fineza de las costillas que se delinean en su torso.
El miércoles siguiente, alrededor del mediodía se inicia el arreglo del claustro parroquial, para ambientarlo como el huerto delos olivos, esto incluye el acarreo de auténticos olivos que son cuidados durante el resto del año en un recipiente apropiado para su traslado, también hay gran cantidad de otras especies vegetales, algunas en macetas y otras más efímeras que fueron cortadas para este fin, yerbas de olor y unos troncos que necesitan el concurso de ocho personas para desplazarlos. Todo este arreglo continúa hasta las siete de la noche y se continúa el jueves por la mañana. 
El mismo miércoles la figura del cristo es llevado de la sacristía al claustro, donde es sujeta a una base cuadrada.
La figura del Cristo, ya con su ropaje blanco es colocada al centro del claustro hacia las seis de la tarde, la gente visita el claustro y ofrece una limosna para recibir "reliquias", que pueden ser sencillos listones o estambres.

Alrededor de las nueve de la noche llega una treintena de centuriones romanos bien caracterizados, acompañados por Judas. Mientras los soldados rodean el patio, éste se acerca a Jesús y le besa en la mejilla, después proceden a maniatarlo, vendarle los ojos y ponerle una soga en el cuello. En ese momento salen con la estatua en andas y hacen un pequeño recorrido por las calles del centro. Al cabo de unos veinticinco minutos regresan al templo parroquial. En ese breve lapso el huerto de los Olivos es rápidamente desarmado.  Sólo queda en el claustro una rústica jaula de madera donde el señor es colocado. Cuando se ha retirado la gente, la imagen es trasladada a la sacristía, donde se le pone la vestimenta que llevará el viernes.
El viernes por la mañana la figura es colocada en un singular carro de madera y cuatro ruedas.   Este carro es el resultado de añadirle ruedas a una plataforma que anteriormente era cargada por unos catorce fieles de un lado y catorce del otro. Todavía están presentes las argollas por entre las cuales se pasaban dos enormes maderos para levantar la plataforma. Por motivos prácticos se le agregaron las ruedas y la consiguiente estructura complementaria hace unos treinta y cinco años. El carro mide unos dos por cuatro metros y queda a un metro y medio del suelo. Su rústica estructura de madera se cubre con paños de color morado (color de penitencia y duelo) y muchas plantas que aportan un cierto verde a su superficie. A  pesar de que ya no es lo mismo cargar en andas la plataforma, se requiere el concurso de una docena de señores para impulsar el carro a lo largo de todo su recorrido: Al frente de todos, un caballero  mueve la palanca que permite guiar el vehículo y lo jala, los otros once lo empujan de los lados y de la parte posterior.  A su redor van un buen número de centuriones romanos sujetando una cuerda que permite mantener cierta distancia entre el público y entre los fieles que se suman al recorrido, esto data de los tiempos en que la plataforma se cargaba en andas, cuando era muy incómodo y peligroso el tener que esquivar gente al avanzar. Además, hasta hace poco la cuerda trazaba un rectángulo en torno al carro, ahora son dos tramos largos paralelos.

La figura del cristo va sujeta al carro, para que no se mueva ni corra el riesgo de caerse.  A lo largo del recorrido, mismo que ya mencionamos, están colocados los  trece carros alegóricos de cada una de las estaciones del viacrucis. Claro que las estaciones son catorce pero la decimocuarta no la representa un carro sino un montaje fijo en la parte alta del calvario. La procesión da inicio en la plazuela de Galeana, cuando la figura de Cristo llega junto al carro de la primera estación, a la vez que los sacerdotes que acompañan el recorrido hacen un rezo y una reflexión, se efectúa, cuando es posible la acción que la estación describe.  En la segunda estación: "Jesús es cargado con la cruz", se le coloca a la figura de Jesús una cruz, con tan buen ingenio y aditamentos que  ésta se sostiene, no obstante que ambas manos sean colocadas pendiendo de la cruz, aunque dan la apariencia de estarla sosteniendo.  En cada una de las caídas se hace uso de un ingenioso mecanismo que permite que la superficie sobre la que descansa la figura se incline y regrese a sus lugar, se inclina unos cuantos grados, pero la acción se corresponde con lo descrito en la tercera, séptima y novena estaciones . Para la estación cuarta: "Jesús encuentra a su madre", una hermosa figura de la virgen en su advocación de la dolorosa, que es cargada en andas por un grupo bien organizado de señoritas, se coloca, por unos momentos frente a la plataforma del cristo, después toma su lugar detrás de ésta y continúa así durante todo el recorrido.
En la quinta estación un joven, caracterizado como el Cirineo, toma su lugar tras la figura de Jesús y le ayuda a cargar la cruz.  Para subir hasta la plataforma, se vale de una escalera que otro caballero carga por todo el recorrido, este "cargo" lo tomó la misma persona desde hace muchos años. Aquí empieza a ser un poco más pesado el carro.  Cuando "La Verónica enjuga el rostro del Señor", en la siguiente estación, una muchacha caracterizada como la Verónica enjuga el rostro de la escultura y, tras colocarse de rodillas en el frente de la plataforma, muestra un pañuelo con el rostro de Jesús.  En la novena estación, las mujeres piadosas suben al vehículo y se hincan también junto al señor. Los esforzados caballeros que mueven el conjunto continúan su labor y hacen funcionar el mecanismo para la tercera caída. Para las siguientes estaciones no se realiza una acción específica para la figura. Sólo se continúa el recorrido escuchando los rezos y la reflexión sobre cada una de las estaciones.

Cabe destacar que todos los participantes son vecinos o conocidos del encargado y todos se suman al ritual con gusto, al influjo de sus motivaciones particulares,  por supuesto nadie recibe pago alguno por su participación, por el contrario la mayoría participa de los gastos, hasta el agua fresca que se reparte en el recorrido es solventada por los participantes. Tampoco es problema si algún personaje programado no pudiera asistir ese día, habrá sobrinos, primos, hijos o nietos de alguien para suplirlo. Cuando este recorrido termina, alrededor de las tres de la tarde, descienden todos los personajes y la figura del Cristo es llevada de regreso al templo parroquial. En el claustro se ha dispuesto un lecho mortuorio, profusa pero discretamente adornado, donde es tendida la figura, se le coloca una sábana mortuoria, una venda en los ojos, muchas flores y los correspondientes cuatro cirios. Los visitantes acuden y cuando los últimos se retiran es desarmado el lecho y la figura colocada en la sacristía, el sábado el tradicional carrito es guardado en el diezmo, a la figura del cristo se le cambia su vestimenta y es llevado a la capilla, a la espera de continuar la tradición durante muchos, muchos, años más.

Agradezco al Sr. Javier García la información proporcionada para la elaboración de este artículo, así como las facilidades para tomar las fotografías correspondientes el día de la procesión.  

Semana Santa en Empalme Escobedo
El más angtiguo carro alegórico en Semana Santa
Fiesta de San Isidro Labrador, Empalme Escobedo


El Viacrucis del Barrio de Los Remedios
Jueves Santo en Orduña de Abajo
Fiesta de La Santa Cruz de Montecillo


En este espacio electrónico hemos tenido el gusto de escribir y documentar muchas de las tradiciones de nuestro municipio, la mayoría de ellas con varias décadas, y en ocasiones siglos, de llevarse a cabo. Lo que no es tradicional o histórico no suele ser materia de esta página.  Sin embargo, eventualmente algunos sucesos tienen ya su cariz histórico y, en tal virtud, los incluimos aquí. El domingo de Ramos de este 2020, se llevó a cabo de manera  distinta a los usos tradicionales.  Quizás lo más sencillo hubiera sido cancelar esta celebración, de la misma forma en que se cancelaron los demás rituales correspondientes a la Semana Santa, acatando las medidas de prevención ante la emergencia sanitaria.

Como siempre hemos dicho, es delicado tratar estos temas con ligereza, solamente cada persona que participa o asiste a estos rituales, sabe el significado que para sí mismo tienen y este significado puede ser meramente religioso o puede estar más cercano al aprecio a las tradiciones o ambas cosas.  Pero me atrevo a conjeturar que si en algunos momentos de esta situación es fácil sentir depresión o desesperanza, para algunas personas, verse privados de sus celebraciones debe ser aún más mortificante, aunque no tengan duda sobre la absoluta conveniencia de acatar las indicaciones de aislamiento e inmovilidad.

Pero alguna de las personas responsables tuvo la idea de sugerir a los feligreses de la Parroquia que adornaran sus casas con palmas, u otro tipo de ramos verdes, como suele hacerse en las calles por donde pasa la procesión tradicional de este día.

En lo poco que, acatando también las medidas de aislamiento y reducción de la movilidad, pude percibir, muchas personas así lo hicieron.

 
Más tarde, como se había programado, un grupo de clérigos colocaron la Custodia, con el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, en la parte posterior de una camioneta e hicieron un recorrido por las calles del poblado,  a la velocidad necesaria para que la gente, saliendo a la puerta de sus casas,  pudieran contemplar este trayecto, recibiera la bendición y atestiguara que sus ramos y palmas también eran  bendecidos; pero sin que sintieran la posibilidad de acercarse.

El trayecto comprendió la calle 20 de noviembre, Colonia Guadalupe, Cantarranas, Los Remedios, La Rinconada, Colonia Panorama, Colonia Solidaridad, Camacho, Río Laja, calles Álvaro Obregón, Juan Aldama, Ocampo, Pípila, Luis Cortazar, Galeana y Magisterio.  También el sacerdote encargado del Santuario de Guadalupe realizó un recorrido similar, casi al unísono, pero con un trayecto diferente.  En el primer grupo, un vehículo con bocinas y música acorde a la celebración precedía al vehículo con el Santísimo.
Esto, así dicho, puede parecer muy simple: una forma creativa de ofrecer a los feligreses una alternativa para esta celebración.  Sin embargo, como dijimos arriba, no podemos hablar de lo que esto significó para quienes recibieron esta bendición, sea que la hayan aguardado o se la hayan encontrado en la calle, pero las manifestaciones emotivas y espontáneas fueron muchas: personas que se sintieron reconfortadas, personas que se arrodillaron al paso del vehículo y, no pocas, que se conmovieron hasta las lágrimas.  Porque si para algunas persona  privarse de las celebraciones que le significan tanto es más arduo en estos momentos, también recibir la bendición de sus ramos, en estas circunstancias, debió ser especialmente gratificante.
Pero lo que arriba digo es sólo una conjetura de mi parte, no le corresponde a nadie y mucho menos a mí, asegurar lo que cada quien habrá sentido en esas circunstancias. 

Agradezco al siempre generoso (y modesto) amigo  que nos compartió las imágenes que aquí presentamos así como su testimonio e información sobre este domingo de Ramos.

Finalmente, ojalá en poco tiempo podamos dejar atrás este ambiente de incertidumbre y nos reincorporemos a la normalidad que nunca creímos valorar tanto; ojalá también que, pese a su belleza, este sea el único Domingo de Ramos que deba tener este formato.
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