Chamacuero, Gto.
(También llamado Comonfort, Gto.)
 

Espacios en Chamacuero
La Fábrica en el Cerro
El Retablo del Templo de Nuestra Señora de Los Remedios
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El primer cuerpo presenta cuatro columnas de estas características, por si se dudara de su creación hacia finales del periodo salomónico, baste observar lo ornamentado de las estrías, tan recargadas de motivos vegetales como el primer tercio.  En el segundo cuerpo sólo están presentes las dos columnas que delimitan la calle central.

La predela se corresponde con la altura de los basamentos de las columnas del primer cuerpo y es interrumpida por éstos. El conjunto en ambos cuerpos presenta una cenefa perimetral de profusa ornamentación, más notoria en el cuerpo superior al carecer de las columnas laterales.

En la segunda parte de este artículo hablaremos de la iconografía del retablo.

(1)   González Galván, Manuel, Trazo, proporción y símbolo en el Arte Virreinal, Antología personal, UNAM, Instituto de Investigaciones Estéticas, Gobierno de Michoacán, México, 2006, Pág. 121

(2)  González Galván, Manuel, óp. cit. Pág. 124

La Capilla vieja de Orduña

Capilla  antigua en el Barrio de San Agustín
El Retablo del Templo de Nuestra  Señora de Los Remedios
La devoción de los chamacuerenses hacia Nuestra Señora de Los Remedios no sólo es muy añeja, es la más importante, la que mayores manifestaciones de adoración concita.  La leyenda nos dice que la imagen llegó a Nuestro País con los conquistadores españoles, concretamente Juan Rodríguez de Villafuerte trajo consigo una imagen de pequeño tamaño, misma que puso a salvo, luego de la derrota conocida como "La noche triste", escondiéndola en un Maguey.   Treinta años después la imagen fue encontrada por un indígena de nombre Juan Ce Cuautli quien la llevó a su casa. Cuando los españoles se enteraron de que la imagen perdida había aparecido se avocaron a la construcción de un templo que, hacia 1574 ya conformaba el actual santuario de Los Remedios en Naucalpan, Estado de México. Esta histori presenta muchas variantes a partir de las fuentes que la narran e, incluso, de la devoción particular de quienes la relatan, pero es fundamental para comprender la iconografía del retablo que nos ocupa.
En nuestro caso, el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios se localiza en el centro de la ciudad de Comonfort, en las faldas del Cerro de "Los Remedios", tan se encuentra en las faldas del cerro que de la puerta del atrio a la puerta del Santuario hay nueve metros de diferencia.  Es probable que en el mismo lugar existiera un santuario prehispánico, pero sin lugar a dudas la construcción del templo ronda los inicios del siglo XVII.   El templo actual, con su planta de cruz latina, es producto de la esmerada modificación que, en los años setenta, promovió el sacerdote Francisco Nambo. El templo original llegaba hasta el punto donde comienza el actual crucero. Por lo tanto, en ese punto se encontraba el ábside y con éste el Retablo Barroco correspondiente.  Pese a la dimensión del templo, la imagen de la virgen de los remedios atesora la devoción de los chamacuerenses desde hace muchas generaciones, al grado tal que su fiesta es la más importante del municipio, muy por encima de la propia fiesta de San Francisco en el Templo Parroquial.  La ampliación del inmueble, por lo tanto, fue más que justificada.  Como es de suponerse, para ampliar el Santuario y colocar el retablo unos metros más hacia atrás, éste debió desensamblarse y ensamblarse en su posición actual, pese al cuidado que, con toda seguridad se puso en la labor, cabe la posibilidad de que alguna modificación haya sufrido, pero como el aspecto actual no revela ninguna alteración en su composición, nos atrevemos a creer que éste, tal cual, es el diseño primigenio.



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Es prácticamente seguro que este retablo sea anterior a todos los retablos del templo parroquial de San Francisco, así lo sugieren su distribución reticular y sus columnas salomónicas. Con este argumento, podemos ubicar la creación de este retablo alrededor de 1740. El retablo se desplanta sobre un zócalo de madera que, en algunas secciones se ha policromado imitando el aspecto de la cantera y el mármol.  Sobre el zócalo hay una predela y, a partir de ahí, dos cuerpos divididos en tres calles.




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El primer cuerpo se divide del segundo por un entablamento bien definido, éste, sin embargo, se interrumpe en la calle central, en la cual no presenta el arquitrabe y el friso, sólo la cornisa que se desarrolla con dos curvaturas para enfatizar el relicario de la calle central.  El segundo cuerpo es rematado por el entablamento sólo en la calle central, consecuencia probable de haber debido adaptarse a la geometría de la techumbre.  Los apoyos de todo el conjunto pueden catalogarse como tritóstilos y como salomónicos; lo primero por el tercio inferior resuelto con un diseño denso de elementos vegetales, lo segundo por el fuste helicoidal que abarca los dos tercios restantes. Se considera que el barroco tritóstilo tuvo su auge en los años finales del siglo XVII y los primeros del siglo XVIII (1),  cuando fue siendo substituido por el barroco salomónico, pudiera creerse que columnas tritóstilas-salomónicas serían el punto medio de la evolución de una corriente a la otra, en realidad es al final de la etapa salomónica, cuando la evolución regresa un tanto sobre sus pasos y diseña la no tan inusual columna tritóstilo-salomónica(2).  Esto tiene congruencia con la fecha probable de construcción de este retablo.


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En la comunidad de Orduña de Abajo se localiza una bella capila que, pese a su evidente abandono, luce bien conservada. Los vecinos me relataron que se dan a la tarea de tenerla limpia y controlan la vegetación (ya ve usted como son tremendas las higuerillas) El techo se ha venido abajo, aparentemente era de vigas y terrado (sistema menos resistente que el embovedado). Sin embargo, el resto de los elementos, fuera del manoseo del tiempo al cabo de 200 años, lucen un estado de conservación destacadamente bueno.

Agraciadamente el señor Eladio González nos había compartido algunos datos de esta edificación, mismos que, pese a ya estar publicados, reproducimos a cuestión, no sin reiterarle nuestro agradecimiento a don Eladio por sus aportes.



Nos dice don Eladio:

Al norte del Municipio de Comonfort se encuentra situada una comunidad llamada, Orduña de Abajo. En ella se localizan los restos, de lo  que fue una ermita dedicada al Santo Cristo Crucificado o del Sr. del Santo Sepulcro.
Según el documento consultado, este sitio fue parte de la hacienda de Orduña, en cuanto a la idea de la edificación de la ermita, ésta tomó forma el 22 de enero de 1799, cuando los fiscales Don Carlos Antonio de Torres y Don José María Arellano validaron el documento de la donación de un terreno, que hizo para ese fin el indio tributario Patricio Ortega, después de comprobar que el terreno no pertenecía a la comunidad. En el mismo documento Ortega aclaró que donó el terreno para que en él se construyera la capilla dedicada  a la Sagrada imagen del Santo Cristo Crucificado, debido a que no tenía descendientes a quién heredar la propiedad.
El terreno tenía las siguientes medidas: de frente, medía 14 varas, lo que sería hoy a 11.76 m. de fondo, tenía 39 varas, lo que sería hoy 32.76 m. Terminado el trámite, los mismos fiscales mandaron enviaron el expediente al obispo de Valladolid, para que le concediera a Ortega la licencia para la construcción de la ermita. Pero como esta acción no fue suficiente, los naturales de la comunidad tuvieron que suplicarle a su protector, Don José Miguel de la Araunza les elaborara un escrito para solicitar la licencia para la edificación de la capilla.



Las dimensiones referidas por don Eladio guardan proporción con las actuales dimensiones del predio. La capilla, propiamente dicha, es muy pequeña, muy a la usanza de aquellos tiempos en que las celebraciones se realizaban al exterior, en ese sentido el diseño del lugar es muy acertado. Miden unos 4 x 14 mts de espacio interior.  Llama mi atención que, contra lo que pudiera suponerse, la puerta principal no mira hacia la calle, sino hacia el interior del terreno, se accede al predio, sí por la calle, pero es un pasillo Lateral nos lleva hacia la portada de la capilla. La portada es en extermo sencilla: un marco de cantera rosa con tableros, resulto con un arco de medio punto y rematado por una moldura.

La fachada la complementa la torre, está estructurada en tres cuerpos, los dos inferiores de planta rectandular con arcos de medio punto en cada cara, el tercero, más que planta octagonal, tiene las esquinas ochavadas y en éstas, además de los arcos de medio punto en las otras caras, presenta unas esbeltas troneras. Cada cuerpo se divide del siguiente por una cornisa de cantera, misma que está presente, también en el arranque del priemr cuerpo. La torre se remata por una ingeniosa estructura de piedra de forma piramidal ; sobre todo el conjunto sobrevive una hermosa veleta de hierro.

Todos los muros exteriores de la capilla y los elementos de la torre están aplanados y encalados, esto puede estar contribuyendo, de manera significativa, a su preservación. Ampliando las fotos que tengo, puedo distinguir alguos restos de pintura en color rojo óxido en la torre, bajo el actual encalado.

El conjunto se complementa con una sacristía del lado del evangelio  (lado izquierdo de los fieles). Si a usted, como a mí, amable lector, se le dificulta recordar cuál es el lado de la epístola y cuál el del evangelio, le doy un recurso mnemotécnico: LA epístola es femenino, EL evangelio es masculino. Ahora recuerde cuando era niño, de qué lado se sentaban LAS mujeres en el templo y de qué lado LOS varones. Así mismo se corresponde el lado de LA epístola y el de El evangelio.  Perdón, me perdí. La sacristía también a perdido su techumbre y tiene, en este momento, sólo sus muros desnudos de adobe.




El interior de la capilla es muy interesante, en parte por los restos de pintura decorativa que se aprecian en todos los muros. También por el piso de barro, en el área del presbiterio, que se conserva. Sin embago, el elemento más destacado es el retablo, tiene un altar de cantera con ornamentos vegetales; un nicho que, en sentido estricto, pero aventurado podemos llamar "trilobulado" el cuál es flanqueado por dos pilastras de capiteles jónicos, a los que continúa un mínimo pero correcto entablamento.

La comunidad de Orduña de Abajo tiene un templo hermoso, bastante grande y con un atrio enorme.  Es dificil que esta capilla pueda ser rehabilitada, como no sea para su completa preservación.  Por lo pronto sigue siendo un punto singular de nuestra geografía, que ofrece su belleza cotidianamente y su tenacidad frente al acoso persistente de los años.




El Arq. José González de Santiago (El Chere) llamó mi atención acerca de una construcción enigmática que se localiza en la falda del Cerro de los remedios. Hacia el sur, digamos hacia la calle 20 de Nobiembre, la ladera del cerro tiene un cambio de pendiente, algo así como un escalón de unos quince metros de altura, muy vertical en algunos puntos. En los años setenta, esta zona estaba casi totalmente despoblada, y sea que uno pasara por la calle 20 de Noviembre, o incurionara a subir el Cerro por este rumbo, no podía pasar por alto unos muros gigantescos al borde del citado escalón. Más aún, si uno llegaba al borde del escalón, encontraba una especie de alberca de muros muy blancos cuyo uso entonces y hasta el día de hoy es casi un misterio.  Había en realidad dos albercas, pero una, según me cuentan, fue utilizada para colocar en ella un tanque de agua que da servicio a toda esa zona.  Los muros, imponentes en extremo forman una especie de U horadada en la pared del cerro, que en su base mide diez metros y en cada uno de los lados unos cinco, todo esto por una vertiginosa profundidad de seis metros. Bueno, es probable que nadie sintiera vértigo parándose al borde del muro de piedra y mirando hacia abajo. Pero siempre nos preguntamos para qué habrán fabricado semejante estructura. El muro largo tiene unas muescas verticales de arriba a abajo, a cada 1.5 mts. Como no tenemos idea de la utilidad que tenían, agregemos que se aprecian los restos de unas varillas corrugadas empotradas en la piedra del muro. La alberca existente mide unos dos metros de largo, quince de largo y dos y medio de profundidad.


A este lugar se le llama La Fábrica y se dice que en los años treinta se quiso establecer una calera, es decir una fábrica de cal que no funcionó o funcionó muy poco tiempo. Siendo abandonada por los propietarios y persistiendo, valga la ironía, por su buena fábrica.  Se dice que los obreros no quisieron aceptar las condiciones laborales y se fueron a la huelga. Ello provocó el cierre de la empresa. Yo especulo que para poner una calera en ese sitio, los promotores habrán imaginado que había piedra caliza en el cerro y terminaron por no encontrarla. El proceso de la cal, al menos el proceso artesanal, consiste, en pocas palabras, en triturar la piedra caliza, hornearla y luego hidratarla.  Si estas estructuras se diseñaron para una calera, puede elucubrarse que la "Alberca" funcionaría para hidratar la cal, y los muros de seis metros para ubicar alguna especie de horno. No me suena muy lógico porque luego de hornear la piedra, debían subirla a la alberca para la hidratación.  Como quiera que haya sido, y por el lugar en que se encuentran, estos muros han llamado nuestra atención desde que los conocimos, sin que el paso de los años demerite su enigmático aspecto.

Cabe señalar que a cada lado de estos muros, corren dos largos muros de contención, aunque por su relación con el resto del terreno, son de menor altura, van de unos dos a cinco metros en su parte más alta y miden, cada uno alrededor de veintiocho metros de largo.  

Agradezco al Pintor José Luis Perales  y a su mamá, la señora Yolando Perales, por guiarnos nuevamente (ya dije que iba de niño) hasta este sitio, así como por sus atenciones y cordialidad.

CAPILLA ANTIGUA EN EL BARRIO DE SAN AGUSTÍN

En realción a este inmueble, fue el Sr. Felipe Llanito Jiménez quien me lo dio a conocer, aquí sí no voy a decir que de niño lo visitaba. Hasta ese momento no tenía yo nociones de su existencia, aunque me habían relatado que mi antecesor, el profesor Plácido Santana Olalde, conocía bellísimas capillas a lo largo de todo el municipio.  Con seguridad esta es una de ellas, pues, además de su belleza intrínseca y su evidente antigüedad, la vegetación y la tranquilidad de su entorno le dan un aire muy especial.  Al respecto de este inmueble el Sr. Llanito nos comenta que todavía en los años setenta se realizaban ceremonias en su interior. Creo que las proporciones de esta capilla son parecidas a las de la capilla en Orduña que mencionamos en este mismo artículo.  Este inmueble es de piedra y cantera  y, al menos en el exterior, ha perdido su aplanado.   La portada ha desaparecido salvo por el costado izquierdo del marco, que nos permite intuir un arco de medio punto y una cornisa muy por encima del nivel de la puerta. Un poco al estilo de la portada del templo de San Antonio en el Centro de nuestro pueblo, quizás fue modelo para esta portada.  Conserva una esbelta torre de dos cuerpos, toda ella de cantera labrada, el cuerpo superior se remata con un cupulín.




El interior presenta casi la totalidad de la pintura decorativa, no siendo apreciables otros detalles por la proliferación de vegetación en el interior.  Al frente de esta construcción se aprecia lo que podemos y no llamar una capilla posa, dada su escasa altura, es más bien parecida a ciertos nichos ceremoniales (como el Calvarito en el atrio de Los Remedios). Este detalle es propio de capillas más antiguas. Inicialmente parece de finales del siglo XVIII, además de que la torre, dado su acabado parece ser un poco más reciente.  A un lado de la "capilla posa" subsisten algunos muros de adobe que podrían o no ser parte del conjunto.

Lamentablemente, pese a ser una capilla de piedra, tiene ya un daño en su portada que parece muy suceptible a dañarse más. Es nuestro deseo y el de muchos de los vecinos que, si no se puede restaurar en su totalidad si sea posible impedir que se siga deteriorando. Pero ese ya es tema de otros espacios.


Creo que desde el diseño inicial de esta página debiose considerar una sección para, al menos, enumerar los lugares, construcciones o sitios de nuestro municipio que tienen alguna singularidad, sea por su estado de preservación, su belleza, su importancia para los chamacuerense o por su historia.
Seguramente la larga descripción que publicamos sobre el Templo de San Francisco hubiera quedado mejor ubicada en esta sección que en el apartado de Historia (poco a poco reubicaremos esos artículos).  Quizás el caso del templo es atípico, pues se cuenta con bastante documentación para conocer su historia, no será el caso de muchos otros "Espacios", por lo que la participación de los amables lectores será invaluable, ya sea que nos proporcionen información adicional sobre algún lugar o edificio que hayamos mencionado, o nos sugieran hablar de algún otro que consideren singular.
Finalmente, cuando yo era un muy incipiente estudiante de Arquitectura, uno de los más entrañables profesores nos preguntó cuál era la materia prima del arquitecto, luego de que los alumnos sugirieran a ciegas : "La piedra, el tabique, el concreto, el plano, etc". El maestro aclaró, con el aire propio de una revelación profunda: "La materia prima del arquitecto es el espacio". Rememorando todo aquello decidí nombrar a esta sección "Espacios en Chamacuero".  Claro, también porque : "Edificos, construcciones, monumentos y lugares de Chamacuero" era más largo (y menos incluyente).
 
La Capilla Vieja de Orduña de Abajo
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La Fábrica en el Cerro
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Capilla antigua en el Barrio de San Agustín
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En la calle izquierda, a la altura del primer cuerpo se localiza la imagen conocida como "El sueño de San José", representando el pasaje donde un ángel le advierte, en un sueño, que no debe repudiar a su esposa por estar embarazada.



 
La Remuda de la Fiesta del Barrio de San Agustín
ICONOGRAFÍA DEL RETALBO DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS
En el encasamiento cental del segundo cuerpo figuran los padres de María: San Joaquín y la Sra. Santana, están hincados, uno junto al otro. Una guía vegetal une los corazones de ambos a los pies de la virgen, sobre cuya imagen figura el Espíritu Santo y un conjunto de dos ángeles y diez amorcillos, los primeros sostienen en sus manos ramos de lirios, palmas y laureles, todos elementos simbólicos de la pureza de María

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En el lado opuesto, aparece la misma imagen de la Virgen, pero ya ubicada en un retablo y siendo venerada por varias personas, al lado izquierdo parece figurar nuevamente Juan Ce Cuautli, por lo que puede pensarse que se representa el primer sitio de adoración de la imagen luego de su hallazgo, pudiendo ser la propia casa de Ce Cuautli, o una pequeña ermita que se construyó posteriormente.






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En el lado derecho de este mismo cuerpo, la pintura representa la imagen de la Virgen en su advocación de Nuestra Señora de Los Remedios, sobre un rompimiento de gloria, y por encima de un maguey ante el cual ora un indígena que contempla la imagen de la Virgen, esta escena simboliza el hallazgo de la imagen original, escondida durante la batalla de La noche triste y recuperada por el indio Juan Ce Cuautli.




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En el lado opuesto, en el primer cuerpo, se ilustra el pasaje conocido como "La Anunciación": El Arcángel Gabriel se aparece a la Virgen María, portando un ramo de azucenas, para comunicarle que será madre del hijo de Dios; el Espíritu Santo atestigua la escena. El libro de oraciones de la Virgen (elemento obligado en este pasaje) reposa sobre un atril, pero este parece dispuesto hacia el Arcángel, como si la Virgen hubiese cambiado su lugar y postura con la llegada del mensajero. Otro elemento que suele representarse es un florero, éste y el ramo de azucenas simbolizan la pureza e inocencia de la Virgen.
La calle central del primer cuerpo es ocupada por una estructura que resguarda la imagen tutelar del templo, esta estructura podría equipararse,  a su vez con un retablo de menores dimensiones organizado en dos cuerpos, el primero de ellos presenta cuatro pequeñas columnas salomónicas, las dos centrales sobresalen de las laterales, con ello conforman el espacio donde, en el segundo cuerpo se ubica un capelo  en forma de pequeño baldaquino de cuatro columnas salomónicas,  rematado por una cúpula con linternilla. Este elemento contiene la pequeña imagen de Nuestra Señora de los Remedios. La forma en que luce  sobrepuesto en el conjunto y la falta de armonía con las seis ilustraciones de amorcillos que la rodean, nos hace imaginar que es un añadido posterior, quizás antiguo, porque su manufactura no desmerece con los demás elementos, probablemente elaborado con la intención de proteger la pequeña escultura de la Virgen. Atreviéndome a conjeturar un poco, es factible que el primer cuerpo sostuviera una peana para la imagen, la cual no presentaba ningún capelo y sí era armoniosamente enmarcada por las ilustraciones de amorcillos del fondo.
La imagen de la virgen es muy pequeña, más pequeño aún, el niño Jesús que sostiene en su brazo izquierdo, en su mano derecha porta un cetro. EL cetro, las coronas de ambos y la aureola de la Virgen son de metal dorado. Sus vestimentas son confeccionadas en color blanco para la túnica y azul para el manto,  ambos con profusos bordados.

En el lado izquierdo de la predela se ubica una pintura que ilustra el pasaje de la huida a Egipto,: María, montada en un borrico sostiene a Jesús en sus brazos, José les sigue andando y dos ángeles parecen guiarlos en el camino.
En el lado opuesto la imagen correspondiente nos muestra la Adoración de los pastores: el Niño Jesús en su lecho es custodiado por María y José, ambos de rodillas ante Él, del lado derecho dos pastores también observan con devoción al niño, del lado izquierdo figuran tres ángeles con instrumentos musicales.
En la parte central de la predela está el sagrario del conjunto, sobre su puerta hay una pequeña imagen representando a una mujer con túnica café y manto oscuro, sobre su pecho está clavada una espada con empuñadura dorada. Pudiera ser una representación muy simplificada de Nuestra Señora de los Dolores.

LIGA 



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El Retablo del Templo de Nuestra Señora de Los Remedios  
Primera Parte

Este artículo forma parte del libro "Los Retablos Barrocos de Chamacuero" que es, en realidad, una edición corregida y aumentada del libro "Los Retablos Barrocos del Templo Parroquial de San Francisco" publicado en 2012 por la Presidencia Municipal.  En tanto se da la improbable edición en papel de este libro comparto, con los amables lectores de este espacio, el capítulo correspondiente al Retablo del Templo de Nuestra Señora de Los Remedios.  Es probalbe que su lectura no sea del todo clara para quienes no tengan un conocimiento previo del arte y la arquitectura virreinal en México. Esto se subsana (o eso pretendí) con la lectura del libro completo.  Si usted, amable lector, no cuenta con un ejemplar y no desea acudir a las bibliotecas públicas del municipio a consultar un ejemplar, le ofrecemos el libro en formato electrónico en la siguiente liga:




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Espacios en Chamacuero   El templo del Señor de la Misericordia



El título correcto de este artículo debería ser: "El templo del Señor de la Misericordia, y su hermoso camino de acceso". Pero no sólo es demasiado largo para un título, sino que además debería agregare: "Y las hermosas vistas que desde él se tienen".  Aclaro que este espacio, un tanto irregular no se refiere al Cerro de los remedios en su totalidad, sino a lo descrito en el título.  Para todos los chamacuerenses el Cerro de los Remedios es una presencia cotidiana, algunos le tenemos más cariño que los demás, y otros, como el señor Abel Laguna llegan a sentir una atracción casi mística que los lleva a realizar acciones extraordinarias.  Subir al cerro, de vez en cuando, era una actividad de relativa frecuencia para muchos de nosotros, en el camino encontraba uno los vestigios de una antigua "fábrica" y casi en la cima unas enormes letras que clamaban, con su blancura de cal: U.N.S.  En la mera punta estaba una pequeña cruz, pequeña realmente, de un metro y medio de altura, sobre un basamento piramidal también pequeño, pero era el indicativo de que un breve esfuerzo  nos había llevado al punto culminante. 
El señor Laguna nos platica que durante toda su vida se dedicó a la música y trabajó como Mariachi en la ciudad de México, pero cada que se iba y cada que volvía, llamaba poderosamente su atención el Cerro de Los Remedios. Un día, allá por el año 2000, se decidió a construir un templo en la cima de esta elevación y comenzó a pedir ayuda para dicho fin, con muy magros resultados en sus inicios, incluso llegaron a tildarlo de loco o, en el mejor de los casos, a no tomarlo en serio. Cuando pudo realizar alguna construcción la gente lo comenzó a tomar más en serio y a ayudarlo con mayor entusiasmo. Hoy en día la cima luce una esmerada construcción en varios niveles, acorde a la topografía del lugar. Si bien el espacio interior del templo, propiamente dicho, es pequeño, la terraza que le circunda tiene dimensiones muy interesantes, pese a estar en un terreno más que accidentado en cuanto a su inclinación. Al menos una vez al mes se dice misa en este templo. Su fiesta se celebra, como corresponde, el segundo domingo de Pascua, es decir el siguiente domingo después de la Semana Santa.
Más frecuentes aún son las visitas de muchos comonforenses, que periódicamente, por ejercitar su cuerpo y despejar su mente recorren los mil quinientos metros que median desde el Templo hasta la plazuela Obregón.  Como en esa distancia también se suben doscientos veintiséis metros, no es anormal llegar casi sin aliento, sobre todo si no se es asiduo visitante, como muchas personas que suben todos los días, aunque haga un frío extremo o alguna llovizna haga resbaladizas las piedras del camino.  Siempre ha habido veredas para llegar a la cima del cerro, pero a la par que la construcción del templo se fue realizando el enlajado del camino  y la reforestación del área contigua al templo, lo que ha creado un espacio verde que subsiste pese a las condiciones del suelo y el clima propio de esas alturas.
Aunque un servidor es afecto a considerar hermoso cada rincón de su municipio, no exagero si le digo que recorrer este camino  a muy temprana hora y contemplar el amanecer desde las alturas, es una experiencia singular y gratificante.  Además de agradecer al Sr. Abel Laguna por la información proporcionada, hay que agradecerle su iniciativa y su perseverancia, no obstante que, como él mismo dijo: "Esto es trabajo de todos los que ayudan, además, a Dios no se le dificulta conseguir otro loco para continuar esta obra". 

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El Retablo de las Ánimas del Purgatorio

El retablo de las ánimas se localiza en la nave principal del templo de San Francisco en el centro de Comonfort. Se ubica en el tercer entreje del lado sur, contado desde la entrada. Como ya hemos  mencionado, un retablo no necesariamente debe tener, columnas, entablamentos y molduras. Incluso, un cuadro es más cercano al origen etimológico de la palabra.
Este artículo también forma parte del libro "Los Retablos Barrocos de Chamacuero", que se encuentra  



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El Retablo de las Ánimas del Purgatorio

En un detalle asimétrico, aparecen, al lado izquierdo del espectador, las imágenes de medio cuerpo de San Juan Bautista y El Santo Rey David, emergiendo sobre un cúmulo. San Juan viste un Manto café que le deja el torso semidesnudo, porta en su mano derecha la cruz, atada a esta una filacteria con la expresión "Ecce Agnus Dei" (He aquí el cordero de Dios). El Rey David, viste un manto de armiño, porta una corona dorada y tañe, con ambas manos, un arpa.





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En el lado opuesto, la imagen en primer plano es la de San José de Nazaret, quien sostiene con ambas manos una larga vara florida; atributo exclusivo de sí, producto del momento en que, para ser designado como esposo de María, su báculo floreció. Tradicionalmente florece en azucenas, flor asociada a la pureza. Al lado izquierdo de San José está representado San Felipe Neri, con su hábito jesuita y su bonete. El lirio que sostiene pudiera hacernos pensar en San Francisco Javier, también jesuita, pero a este último se le representa más joven, portando una cruz pequeña y casi nunca con bonete. Un poco atrás de San Felipe Neri se reconoce a San Francisco de Paula, representado como un anciano de barba blanca, con el hábito propio de su orden-La Orden de Los Mínimos-, capucha ceñida y báculo. A la derecha de San José está San Agustín de Hipona, quien, contrario a su iconografía tradicional, no porta ornamentos de obispo, viste el hábito de su orden y capa blanca, en la mano derecha sostiene un corazón llameante.
Atrás hay un grupo de personajes masculinos que no son identificables. Un poco más abajo y a un lado de esta legión de santos varones, se representa a San Pedro, de pie sobre un cúmulo, ataviado como Papa y con Tiara de tres coronas, a su izquierda hay una puerta y con su mano derecha está introduciendo una llave en la cerradura de ésta, en su mano izquierda sostiene otra llave. Cercanas a él, tres ánimas ascienden hacia la gloria.

A la izquierda de San Nicolás está San Miguel Arcángel, Lleva vestiduras militares, coraza azul constelada de estrellas, túnica verde, manto rojo y en lleva una diadema dorada con una cruz al frente, en su diestra porta una larga palma. Se considera que San Miguel Arcángel pesa las almas cuando éstas van a juicio.
A la izquierda de San Miguel y al centro de esta franja y de todo el cuadro apreciamos a la Virgen María con el niño Jesús en su brazo izquierdo. La virgen lleva túnica roja y manto azul, el Niño túnica rosa. Ambos portan coronas doradas con forro púrpura. Ambos también, sostienen por la cruz un rosario en sus manos, el rosario pende en dirección a las ánimas. La virgen luce un nimbo de estrellas.

A su lado izquierdo está representado el arcángel Gabriel, viste túnica café y manto rojo, porta una rama de lirio florecida en su mano izquierda, su vestimenta, exceptuando el peto, es casi idéntica a la del arcángel San Miguel, pero en diferentes colores, las alas de ambos son blancas en su totalidad salvo una pequeña coloración en la parte superior, roja para San Miguel y azul para San Gabriel.
A la izquierda del arcángel Gabriel está San Francisco, portando el hábito de su orden y luciendo claramente, en manos y pies, los estigmas de la Pasión. Con su mano izquierda sostiene el asta de un estandarte rojo. En su mano derecha sostiene el cordón de su hábito y el extremo de éste pende hacia las ánimas.
En el extremo derecho de esta franja, con respecto al espectador, está representado San Antonio de Padua, ataviado con el hábito franciscano. Con su brazo izquierdo sostiene al Niño Jesús, el cual tiene, en su mano izquierda una rama de azucena. La mano derecha de San Antonio sujeta el cordón de su hábito, y lo tiende hacia el ánima que, quizá por este motivo, está consiguiendo emerger del purgatorio.

La tercera franja es la más cercana al espectador y, además, la que más impresiona. En esta última franja están representadas veintiún ánimas (si incluimos el ánima que está emergiendo junto a San Antonio de Padua). Todas ellas están desnudas, algunas en actitud de evidente dolor y tormento, otras implorando auxilio hacia las alturas.  Están representadas de medio cuerpo, como si en un lago de llamas se encontraran. La excepción son dos almas, una en cada extremo que, además de mostrar todo su cuerpo, parecen estar encadenados a las rocas del purgatorio.
Llama la atención que, a pesar de estar desnudas, las ánimas portan coronas (como reyes) o solideos, bonetes, mitras y hasta una tiara de tres coronas propia de los papas de ciertas épocas. 

El simbolismo parece evidente, los nombramientos u honores recibidos en la vida no eximen a los pecadores de pagar sus culpas. 

AQUÍ 



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Para quienes crecimos en Comonfort y, por consecuencia, asisitimos con regularidad a este templo, la imagen plasmada en este retablo nos acompaña desde siempre, asimilada en nuestos recuerdos y, en algunos casos en nuestros temores o pesadillas, al margen de que esa hubiera sido, o no, la intención al representar ese tema en una imagen de dimensiones monumentales.
  
El retablo se desplanta sobre un zócalo de cantera, que tiene integrado el altar correspondiente. Dicho zócalo se estructura con cuatro pilastras, el altar presenta dos ménsulas laterales para soportar la cornisa que lo remata.
El cuadro es un poco más ancho que el zócalo y ocupa casi todo el espacio entre las pilastras que delimitan este tramo del muro. Del mismo modo se encuentra inscrito bajo el arco de cantera que va de pilastra a pilastra.
Sabemos que en 1766 este retablo ya existía. Es difícil imaginar que antes de este cuadro hubiera existido otro retablo en este espacio.   Su composición y el dinamismo de sus figuras, nos hacen considerarlo barroco, el hecho de que estuviera concluido ya en 1766, no deja lugar a dudas.



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La composición puede organizarse en tres franjas horizontales: al centro de la franja superior, se representa a la Santísima Trinidad. El Padre está a la derecha del espectador, para que el Hijo esté a su diestra. Al centro en la parte superior, no sólo del conjunto sino de todo el cuadro está el Espíritu Santo.  La figura del Padre representa un hombre de cabello y barba blancos, que viste una túnica en color café muy claro y un manto blanco, sostiene, en su mano derecha un cetro; cercanos a su mano izquierda aparecen tres amorcillos entre cúmulos. El Hijo parece vestir solamente un manto rojo y sostiene en su mano derecha la cruz; en sus manos, pies y costado son visibles los estigmas de la pasión.  Ambos, el Padre y el Hijo, tienen sus pies sobre varios amorcillos, tres el Padre y cinco el Hijo, alrededor de ambos, pero por debajo de ellos figuran diez ángeles, un poco más grandes que los amorcillos, con bandas que cubren parte de sus cuerpos, de un color diferente para cada ángel. Algunos portan coronas de flores, coronas de olivo o palmas. Ni el Padre, ni el Hijo tienen aureola ni están coronados. La mano izquierda del Hijo, toca una esfera colocada en el medio de ambos que es cruzada por dos bandas, y coronada por una cruz, esta imagen es conocida como globus cruciger y simboliza el dominio de cristo sobre el mundo. La palabra mundo y el hecho de que la esfera sea azul, puede hacernos creer que se refiere al planeta tierra, pero en realidad simboliza el universo entero.
El Espíritu Santo está colocado sobre el globus cruciger, coronando el conjunto de la Santísima Trinidad. Está representado, como es habitual, por una paloma blanca cuyo cuerpo, inusualmente, pero sin menoscabo del realismo necesario, es una esfera casi perfecta.



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A cada lado de esta franja superior, se ve una galería de Santos colocados en postura sedente, sobre nubes; del lado izquierdo del espectador están los hombres y del lado derecho las mujeres. En la primera fila, del lado de las mujeres figura la Señora Santa Ana, madre de la Virgen María. A su izquierda, o un poco atrás de la formación se ve a Santa Catalina de Alejandría, quien luce una corona, sostiene con su mano derecha la rueda que simboliza su martirio y con la izquierda una palma, atributo que suele acompañar a los santos mártires. Un poco atrás de ambas figuras, está Santa Gertrudis La Magna, viste hábito negro y sostiene un corazón en su mano izquierda. Entre ambas una santa con corona de flores, atributo de Santa Cecilia. Más atrás aparece un grupo de personajes femeninos en quienes no hay una característica que permita identificarles, salvo el hecho de que todas ellas portan palmas lo que nos permite inferir que son mártires. Bajo esta legión de Santas se aprecia un ánima en actitud de ir ascendiendo a la gloria.    



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Dos ángeles más, complementan el conjunto de la primera franja de este cuadro, se ubican simétricamente, en la parte inferior de esta franja, el del lado derecho del espectador porta una túnica café y un manto azul, pero su torso está desnudo, en su mano derecha sostiene un escrito y en la izquierda una palma. El ángel del lado derecho lleva una túnica azul y un manto rojo, sostiene un cordón blanco con ambas manos, con los extremos de éste pendiendo hacia abajo.

La segunda franja tiene una composición más simple. Presenta siete personajes de frente al espectador, además de dos ánimas ascendiendo a la gloria en el lado izquierdo, portando túnica blanca y corona de flores, junto con un ánima desnuda, con medio cuerpo fuera del purgatorio en el lado derecho.
El personaje en el extremo izquierdo del espectador es San Nicolás Tolentino, viste el hábito negro de los agustinos, constelado de estrellas y con el cinturón de cuero, propio de la orden.  En su mano derecha porta una rama de lirio y en la izquierda un plato con una perdiz viva, ambos son de sus atributos más característicos. Cercano a su pecho o su cabeza debería tener una estrella de mayor dimensión quelas del hábito, quizá la representación se complicó con la cercanía de la perdiz en el plato.  A san Nicolás Tolentino se le considera protector de las ánimas del purgatorio. A la izquierda de San Nicolás está representado Santo Domingo de Guzmán, lleva el hábito negro y blanco de la orden que fundó (los Predicadores, más comúnmente llamados Dominicos), esté va ceñido por un Rosario. En su mano derecha lleva un báculo rematado en cruz. En su frente brilla una estrella pequeña. La amplia tonsura, característica de sus representaciones, no es visible por el ángulo de su rostro en la pintura.


A.-San Juan Bautista              B.-El Santo Rey David              C.- Jesucristo      D.- Globus Cruciger                E.- Dios Padre      F.- Legión de Santos       G.-San Agustín de Hipona         H.- San José de Nazareth     I.- San Francisco de Paula       J.- San Felipe Neri      K.-  Sra. Santa Ana      L.- Santa Gertrudis la Magna      M.- Santa Catalina de Alejandría      N.- Legión de Santas      O.- San Pedro     P.- Puerta de la Gloria   Q.- San Nicolás Tolentino   R.- Santo Domingo de Guzmán     S.- San Miguel Arcángel       T.- Santa María y el Niño Jesús  U.- San Gabriel  Arcángel    V.- San Francisco de Asís   X.- San Antonio de Padua             Ángeles            Ánimas ascendiendo a la Gloria           Ánimas en el purgatorio.      1.- Ánima saliendo del purgatorio        2.- Ánima con escapulario     3, 4 y 10.- Ánimas con bonete    5, 11 y 12.- Ánimas encadenadas    6.- Ánima con mitra    7.- Ánima con tiara papal    8.-Ánima con corona      9.-  Ánima con solideo.
El Retablo de las Ánimas del Purgatorio