Chamacuero, Gto.
(También llamado Comonfort, Gto.)
 

Espacios en Chamacuero
La Fábrica en el Cerro
El Retablo del Templo de Nuestra Señora de Los Remedios
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El primer cuerpo presenta cuatro columnas de estas características, por si se dudara de su creación hacia finales del periodo salomónico, baste observar lo ornamentado de las estrías, tan recargadas de motivos vegetales como el primer tercio.  En el segundo cuerpo sólo están presentes las dos columnas que delimitan la calle central.

La predela se corresponde con la altura de los basamentos de las columnas del primer cuerpo y es interrumpida por éstos. El conjunto en ambos cuerpos presenta una cenefa perimetral de profusa ornamentación, más notoria en el cuerpo superior al carecer de las columnas laterales.

En la segunda parte de este artículo hablaremos de la iconografía del retablo.

(1)   González Galván, Manuel, Trazo, proporción y símbolo en el Arte Virreinal, Antología personal, UNAM, Instituto de Investigaciones Estéticas, Gobierno de Michoacán, México, 2006, Pág. 121

(2)  González Galván, Manuel, óp. cit. Pág. 124

La Capilla vieja de Orduña

Capilla  antigua en el Barrio de San Agustín
El Retablo del Templo de Nuestra  Señora de Los Remedios
La devoción de los chamacuerenses hacia Nuestra Señora de Los Remedios no sólo es muy añeja, es la más importante, la que mayores manifestaciones de adoración concita.  La leyenda nos dice que la imagen llegó a Nuestro País con los conquistadores españoles, concretamente Juan Rodríguez de Villafuerte trajo consigo una imagen de pequeño tamaño, misma que puso a salvo, luego de la derrota conocida como "La noche triste", escondiéndola en un Maguey.   Treinta años después la imagen fue encontrada por un indígena de nombre Juan Ce Cuautli quien la llevó a su casa. Cuando los españoles se enteraron de que la imagen perdida había aparecido se avocaron a la construcción de un templo que, hacia 1574 ya conformaba el actual santuario de Los Remedios en Naucalpan, Estado de México. Esta histori presenta muchas variantes a partir de las fuentes que la narran e, incluso, de la devoción particular de quienes la relatan, pero es fundamental para comprender la iconografía del retablo que nos ocupa.
En nuestro caso, el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios se localiza en el centro de la ciudad de Comonfort, en las faldas del Cerro de "Los Remedios", tan se encuentra en las faldas del cerro que de la puerta del atrio a la puerta del Santuario hay nueve metros de diferencia.  Es probable que en el mismo lugar existiera un santuario prehispánico, pero sin lugar a dudas la construcción del templo ronda los inicios del siglo XVII.   El templo actual, con su planta de cruz latina, es producto de la esmerada modificación que, en los años setenta, promovió el sacerdote Francisco Nambo. El templo original llegaba hasta el punto donde comienza el actual crucero. Por lo tanto, en ese punto se encontraba el ábside y con éste el Retablo Barroco correspondiente.  Pese a la dimensión del templo, la imagen de la virgen de los remedios atesora la devoción de los chamacuerenses desde hace muchas generaciones, al grado tal que su fiesta es la más importante del municipio, muy por encima de la propia fiesta de San Francisco en el Templo Parroquial.  La ampliación del inmueble, por lo tanto, fue más que justificada.  Como es de suponerse, para ampliar el Santuario y colocar el retablo unos metros más hacia atrás, éste debió desensamblarse y ensamblarse en su posición actual, pese al cuidado que, con toda seguridad se puso en la labor, cabe la posibilidad de que alguna modificación haya sufrido, pero como el aspecto actual no revela ninguna alteración en su composición, nos atrevemos a creer que éste, tal cual, es el diseño primigenio.



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Es prácticamente seguro que este retablo sea anterior a todos los retablos del templo parroquial de San Francisco, así lo sugieren su distribución reticular y sus columnas salomónicas. Con este argumento, podemos ubicar la creación de este retablo alrededor de 1740. El retablo se desplanta sobre un zócalo de madera que, en algunas secciones se ha policromado imitando el aspecto de la cantera y el mármol.  Sobre el zócalo hay una predela y, a partir de ahí, dos cuerpos divididos en tres calles.




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El primer cuerpo se divide del segundo por un entablamento bien definido, éste, sin embargo, se interrumpe en la calle central, en la cual no presenta el arquitrabe y el friso, sólo la cornisa que se desarrolla con dos curvaturas para enfatizar el relicario de la calle central.  El segundo cuerpo es rematado por el entablamento sólo en la calle central, consecuencia probable de haber debido adaptarse a la geometría de la techumbre.  Los apoyos de todo el conjunto pueden catalogarse como tritóstilos y como salomónicos; lo primero por el tercio inferior resuelto con un diseño denso de elementos vegetales, lo segundo por el fuste helicoidal que abarca los dos tercios restantes. Se considera que el barroco tritóstilo tuvo su auge en los años finales del siglo XVII y los primeros del siglo XVIII (1),  cuando fue siendo substituido por el barroco salomónico, pudiera creerse que columnas tritóstilas-salomónicas serían el punto medio de la evolución de una corriente a la otra, en realidad es al final de la etapa salomónica, cuando la evolución regresa un tanto sobre sus pasos y diseña la no tan inusual columna tritóstilo-salomónica(2).  Esto tiene congruencia con la fecha probable de construcción de este retablo.


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En la comunidad de Orduña de Abajo se localiza una bella capila que, pese a su evidente abandono, luce bien conservada. Los vecinos me relataron que se dan a la tarea de tenerla limpia y controlan la vegetación (ya ve usted como son tremendas las higuerillas) El techo se ha venido abajo, aparentemente era de vigas y terrado (sistema menos resistente que el embovedado). Sin embargo, el resto de los elementos, fuera del manoseo del tiempo al cabo de 200 años, lucen un estado de conservación destacadamente bueno.

Agraciadamente el señor Eladio González nos había compartido algunos datos de esta edificación, mismos que, pese a ya estar publicados, reproducimos a cuestión, no sin reiterarle nuestro agradecimiento a don Eladio por sus aportes.



Nos dice don Eladio:

Al norte del Municipio de Comonfort se encuentra situada una comunidad llamada, Orduña de Abajo. En ella se localizan los restos, de lo  que fue una ermita dedicada al Santo Cristo Crucificado o del Sr. del Santo Sepulcro.
Según el documento consultado, este sitio fue parte de la hacienda de Orduña, en cuanto a la idea de la edificación de la ermita, ésta tomó forma el 22 de enero de 1799, cuando los fiscales Don Carlos Antonio de Torres y Don José María Arellano validaron el documento de la donación de un terreno, que hizo para ese fin el indio tributario Patricio Ortega, después de comprobar que el terreno no pertenecía a la comunidad. En el mismo documento Ortega aclaró que donó el terreno para que en él se construyera la capilla dedicada  a la Sagrada imagen del Santo Cristo Crucificado, debido a que no tenía descendientes a quién heredar la propiedad.
El terreno tenía las siguientes medidas: de frente, medía 14 varas, lo que sería hoy a 11.76 m. de fondo, tenía 39 varas, lo que sería hoy 32.76 m. Terminado el trámite, los mismos fiscales mandaron enviaron el expediente al obispo de Valladolid, para que le concediera a Ortega la licencia para la construcción de la ermita. Pero como esta acción no fue suficiente, los naturales de la comunidad tuvieron que suplicarle a su protector, Don José Miguel de la Araunza les elaborara un escrito para solicitar la licencia para la edificación de la capilla.



Las dimensiones referidas por don Eladio guardan proporción con las actuales dimensiones del predio. La capilla, propiamente dicha, es muy pequeña, muy a la usanza de aquellos tiempos en que las celebraciones se realizaban al exterior, en ese sentido el diseño del lugar es muy acertado. Miden unos 4 x 14 mts de espacio interior.  Llama mi atención que, contra lo que pudiera suponerse, la puerta principal no mira hacia la calle, sino hacia el interior del terreno, se accede al predio, sí por la calle, pero es un pasillo Lateral nos lleva hacia la portada de la capilla. La portada es en extermo sencilla: un marco de cantera rosa con tableros, resulto con un arco de medio punto y rematado por una moldura.

La fachada la complementa la torre, está estructurada en tres cuerpos, los dos inferiores de planta rectandular con arcos de medio punto en cada cara, el tercero, más que planta octagonal, tiene las esquinas ochavadas y en éstas, además de los arcos de medio punto en las otras caras, presenta unas esbeltas troneras. Cada cuerpo se divide del siguiente por una cornisa de cantera, misma que está presente, también en el arranque del priemr cuerpo. La torre se remata por una ingeniosa estructura de piedra de forma piramidal ; sobre todo el conjunto sobrevive una hermosa veleta de hierro.

Todos los muros exteriores de la capilla y los elementos de la torre están aplanados y encalados, esto puede estar contribuyendo, de manera significativa, a su preservación. Ampliando las fotos que tengo, puedo distinguir alguos restos de pintura en color rojo óxido en la torre, bajo el actual encalado.

El conjunto se complementa con una sacristía del lado del evangelio  (lado izquierdo de los fieles). Si a usted, como a mí, amable lector, se le dificulta recordar cuál es el lado de la epístola y cuál el del evangelio, le doy un recurso mnemotécnico: LA epístola es femenino, EL evangelio es masculino. Ahora recuerde cuando era niño, de qué lado se sentaban LAS mujeres en el templo y de qué lado LOS varones. Así mismo se corresponde el lado de LA epístola y el de El evangelio.  Perdón, me perdí. La sacristía también a perdido su techumbre y tiene, en este momento, sólo sus muros desnudos de adobe.




El interior de la capilla es muy interesante, en parte por los restos de pintura decorativa que se aprecian en todos los muros. También por el piso de barro, en el área del presbiterio, que se conserva. Sin embago, el elemento más destacado es el retablo, tiene un altar de cantera con ornamentos vegetales; un nicho que, en sentido estricto, pero aventurado podemos llamar "trilobulado" el cuál es flanqueado por dos pilastras de capiteles jónicos, a los que continúa un mínimo pero correcto entablamento.

La comunidad de Orduña de Abajo tiene un templo hermoso, bastante grande y con un atrio enorme.  Es dificil que esta capilla pueda ser rehabilitada, como no sea para su completa preservación.  Por lo pronto sigue siendo un punto singular de nuestra geografía, que ofrece su belleza cotidianamente y su tenacidad frente al acoso persistente de los años.




El Arq. José González de Santiago (El Chere) llamó mi atención acerca de una construcción enigmática que se localiza en la falda del Cerro de los remedios. Hacia el sur, digamos hacia la calle 20 de Nobiembre, la ladera del cerro tiene un cambio de pendiente, algo así como un escalón de unos quince metros de altura, muy vertical en algunos puntos. En los años setenta, esta zona estaba casi totalmente despoblada, y sea que uno pasara por la calle 20 de Noviembre, o incurionara a subir el Cerro por este rumbo, no podía pasar por alto unos muros gigantescos al borde del citado escalón. Más aún, si uno llegaba al borde del escalón, encontraba una especie de alberca de muros muy blancos cuyo uso entonces y hasta el día de hoy es casi un misterio.  Había en realidad dos albercas, pero una, según me cuentan, fue utilizada para colocar en ella un tanque de agua que da servicio a toda esa zona.  Los muros, imponentes en extremo forman una especie de U horadada en la pared del cerro, que en su base mide diez metros y en cada uno de los lados unos cinco, todo esto por una vertiginosa profundidad de seis metros. Bueno, es probable que nadie sintiera vértigo parándose al borde del muro de piedra y mirando hacia abajo. Pero siempre nos preguntamos para qué habrán fabricado semejante estructura. El muro largo tiene unas muescas verticales de arriba a abajo, a cada 1.5 mts. Como no tenemos idea de la utilidad que tenían, agregemos que se aprecian los restos de unas varillas corrugadas empotradas en la piedra del muro. La alberca existente mide unos dos metros de largo, quince de largo y dos y medio de profundidad.


A este lugar se le llama La Fábrica y se dice que en los años treinta se quiso establecer una calera, es decir una fábrica de cal que no funcionó o funcionó muy poco tiempo. Siendo abandonada por los propietarios y persistiendo, valga la ironía, por su buena fábrica.  Se dice que los obreros no quisieron aceptar las condiciones laborales y se fueron a la huelga. Ello provocó el cierre de la empresa. Yo especulo que para poner una calera en ese sitio, los promotores habrán imaginado que había piedra caliza en el cerro y terminaron por no encontrarla. El proceso de la cal, al menos el proceso artesanal, consiste, en pocas palabras, en triturar la piedra caliza, hornearla y luego hidratarla.  Si estas estructuras se diseñaron para una calera, puede elucubrarse que la "Alberca" funcionaría para hidratar la cal, y los muros de seis metros para ubicar alguna especie de horno. No me suena muy lógico porque luego de hornear la piedra, debían subirla a la alberca para la hidratación.  Como quiera que haya sido, y por el lugar en que se encuentran, estos muros han llamado nuestra atención desde que los conocimos, sin que el paso de los años demerite su enigmático aspecto.

Cabe señalar que a cada lado de estos muros, corren dos largos muros de contención, aunque por su relación con el resto del terreno, son de menor altura, van de unos dos a cinco metros en su parte más alta y miden, cada uno alrededor de veintiocho metros de largo.  

Agradezco al Pintor José Luis Perales  y a su mamá, la señora Yolando Perales, por guiarnos nuevamente (ya dije que iba de niño) hasta este sitio, así como por sus atenciones y cordialidad.

CAPILLA ANTIGUA EN EL BARRIO DE SAN AGUSTÍN

En realción a este inmueble, fue el Sr. Felipe Llanito Jiménez quien me lo dio a conocer, aquí sí no voy a decir que de niño lo visitaba. Hasta ese momento no tenía yo nociones de su existencia, aunque me habían relatado que mi antecesor, el profesor Plácido Santana Olalde, conocía bellísimas capillas a lo largo de todo el municipio.  Con seguridad esta es una de ellas, pues, además de su belleza intrínseca y su evidente antigüedad, la vegetación y la tranquilidad de su entorno le dan un aire muy especial.  Al respecto de este inmueble el Sr. Llanito nos comenta que todavía en los años setenta se realizaban ceremonias en su interior. Creo que las proporciones de esta capilla son parecidas a las de la capilla en Orduña que mencionamos en este mismo artículo.  Este inmueble es de piedra y cantera  y, al menos en el exterior, ha perdido su aplanado.   La portada ha desaparecido salvo por el costado izquierdo del marco, que nos permite intuir un arco de medio punto y una cornisa muy por encima del nivel de la puerta. Un poco al estilo de la portada del templo de San Antonio en el Centro de nuestro pueblo, quizás fue modelo para esta portada.  Conserva una esbelta torre de dos cuerpos, toda ella de cantera labrada, el cuerpo superior se remata con un cupulín.




El interior presenta casi la totalidad de la pintura decorativa, no siendo apreciables otros detalles por la proliferación de vegetación en el interior.  Al frente de esta construcción se aprecia lo que podemos y no llamar una capilla posa, dada su escasa altura, es más bien parecida a ciertos nichos ceremoniales (como el Calvarito en el atrio de Los Remedios). Este detalle es propio de capillas más antiguas. Inicialmente parece de finales del siglo XVIII, además de que la torre, dado su acabado parece ser un poco más reciente.  A un lado de la "capilla posa" subsisten algunos muros de adobe que podrían o no ser parte del conjunto.

Lamentablemente, pese a ser una capilla de piedra, tiene ya un daño en su portada que parece muy suceptible a dañarse más. Es nuestro deseo y el de muchos de los vecinos que, si no se puede restaurar en su totalidad si sea posible impedir que se siga deteriorando. Pero ese ya es tema de otros espacios.


Creo que desde el diseño inicial de esta página debiose considerar una sección para, al menos, enumerar los lugares, construcciones o sitios de nuestro municipio que tienen alguna singularidad, sea por su estado de preservación, su belleza, su importancia para los chamacuerense o por su historia.
Seguramente la larga descripción que publicamos sobre el Templo de San Francisco hubiera quedado mejor ubicada en esta sección que en el apartado de Historia (poco a poco reubicaremos esos artículos).  Quizás el caso del templo es atípico, pues se cuenta con bastante documentación para conocer su historia, no será el caso de muchos otros "Espacios", por lo que la participación de los amables lectores será invaluable, ya sea que nos proporcionen información adicional sobre algún lugar o edificio que hayamos mencionado, o nos sugieran hablar de algún otro que consideren singular.
Finalmente, cuando yo era un muy incipiente estudiante de Arquitectura, uno de los más entrañables profesores nos preguntó cuál era la materia prima del arquitecto, luego de que los alumnos sugirieran a ciegas : "La piedra, el tabique, el concreto, el plano, etc". El maestro aclaró, con el aire propio de una revelación profunda: "La materia prima del arquitecto es el espacio". Rememorando todo aquello decidí nombrar a esta sección "Espacios en Chamacuero".  Claro, también porque : "Edificos, construcciones, monumentos y lugares de Chamacuero" era más largo (y menos incluyente).
 
La Capilla Vieja de Orduña de Abajo
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La Fábrica en el Cerro
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Capilla antigua en el Barrio de San Agustín
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En la calle izquierda, a la altura del primer cuerpo se localiza la imagen conocida como "El sueño de San José", representando el pasaje donde un ángel le advierte, en un sueño, que no debe repudiar a su esposa por estar embarazada.



ICONOGRAFÍA DEL RETALBO DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS
En el encasamiento cental del segundo cuerpo figuran los padres de María: San Joaquín y la Sra. Santana, están hincados, uno junto al otro. Una guía vegetal une los corazones de ambos a los pies de la virgen, sobre cuya imagen figura el Espíritu Santo y un conjunto de dos ángeles y diez amorcillos, los primeros sostienen en sus manos ramos de lirios, palmas y laureles, todos elementos simbólicos de la pureza de María

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En el lado opuesto, aparece la misma imagen de la Virgen, pero ya ubicada en un retablo y siendo venerada por varias personas, al lado izquierdo parece figurar nuevamente Juan Ce Cuautli, por lo que puede pensarse que se representa el primer sitio de adoración de la imagen luego de su hallazgo, pudiendo ser la propia casa de Ce Cuautli, o una pequeña ermita que se construyó posteriormente.






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En el lado derecho de este mismo cuerpo, la pintura representa la imagen de la Virgen en su advocación de Nuestra Señora de Los Remedios, sobre un rompimiento de gloria, y por encima de un maguey ante el cual ora un indígena que contempla la imagen de la Virgen, esta escena simboliza el hallazgo de la imagen original, escondida durante la batalla de La noche triste y recuperada por el indio Juan Ce Cuautli.




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En el lado opuesto, en el primer cuerpo, se ilustra el pasaje conocido como "La Anunciación": El Arcángel Gabriel se aparece a la Virgen María, portando un ramo de azucenas, para comunicarle que será madre del hijo de Dios; el Espíritu Santo atestigua la escena. El libro de oraciones de la Virgen (elemento obligado en este pasaje) reposa sobre un atril, pero este parece dispuesto hacia el Arcángel, como si la Virgen hubiese cambiado su lugar y postura con la llegada del mensajero. Otro elemento que suele representarse es un florero, éste y el ramo de azucenas simbolizan la pureza e inocencia de la Virgen.
La calle central del primer cuerpo es ocupada por una estructura que resguarda la imagen tutelar del templo, esta estructura podría equipararse,  a su vez con un retablo de menores dimensiones organizado en dos cuerpos, el primero de ellos presenta cuatro pequeñas columnas salomónicas, las dos centrales sobresalen de las laterales, con ello conforman el espacio donde, en el segundo cuerpo se ubica un capelo  en forma de pequeño baldaquino de cuatro columnas salomónicas,  rematado por una cúpula con linternilla. Este elemento contiene la pequeña imagen de Nuestra Señora de los Remedios. La forma en que luce  sobrepuesto en el conjunto y la falta de armonía con las seis ilustraciones de amorcillos que la rodean, nos hace imaginar que es un añadido posterior, quizás antiguo, porque su manufactura no desmerece con los demás elementos, probablemente elaborado con la intención de proteger la pequeña escultura de la Virgen. Atreviéndome a conjeturar un poco, es factible que el primer cuerpo sostuviera una peana para la imagen, la cual no presentaba ningún capelo y sí era armoniosamente enmarcada por las ilustraciones de amorcillos del fondo.
La imagen de la virgen es muy pequeña, más pequeño aún, el niño Jesús que sostiene en su brazo izquierdo, en su mano derecha porta un cetro. EL cetro, las coronas de ambos y la aureola de la Virgen son de metal dorado. Sus vestimentas son confeccionadas en color blanco para la túnica y azul para el manto,  ambos con profusos bordados.

En el lado izquierdo de la predela se ubica una pintura que ilustra el pasaje de la huida a Egipto,: María, montada en un borrico sostiene a Jesús en sus brazos, José les sigue andando y dos ángeles parecen guiarlos en el camino.
En el lado opuesto la imagen correspondiente nos muestra la Adoración de los pastores: el Niño Jesús en su lecho es custodiado por María y José, ambos de rodillas ante Él, del lado derecho dos pastores también observan con devoción al niño, del lado izquierdo figuran tres ángeles con instrumentos musicales.
En la parte central de la predela está el sagrario del conjunto, sobre su puerta hay una pequeña imagen representando a una mujer con túnica café y manto oscuro, sobre su pecho está clavada una espada con empuñadura dorada. Pudiera ser una representación muy simplificada de Nuestra Señora de los Dolores.

LIGA 



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El Retablo del Templo de Nuestra Señora de Los Remedios  
Primera Parte

Este artículo forma parte del libro "Los Retablos Barrocos de Chamacuero" que es, en realidad, una edición corregida y aumentada del libro "Los Retablos Barrocos del Templo Parroquial de San Francisco" publicado en 2012 por la Presidencia Municipal.  En tanto se da la improbable edición en papel de este libro comparto, con los amables lectores de este espacio, el capítulo correspondiente al Retablo del Templo de Nuestra Señora de Los Remedios.  Es probalbe que su lectura no sea del todo clara para quienes no tengan un conocimiento previo del arte y la arquitectura virreinal en México. Esto se subsana (o eso pretendí) con la lectura del libro completo.  Si usted, amable lector, no cuenta con un ejemplar y no desea acudir a las bibliotecas públicas del municipio a consultar un ejemplar, le ofrecemos el libro en formato electrónico en la siguiente liga:




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Espacios en Chamacuero   El templo del Señor de la Misericordia



El título correcto de este artículo debería ser: "El templo del Señor de la Misericordia, y su hermoso camino de acceso". Pero no sólo es demasiado largo para un título, sino que además debería agregare: "Y las hermosas vistas que desde él se tienen".  Aclaro que este espacio, un tanto irregular no se refiere al Cerro de los remedios en su totalidad, sino a lo descrito en el título.  Para todos los chamacuerenses el Cerro de los Remedios es una presencia cotidiana, algunos le tenemos más cariño que los demás, y otros, como el señor Abel Laguna llegan a sentir una atracción casi mística que los lleva a realizar acciones extraordinarias.  Subir al cerro, de vez en cuando, era una actividad de relativa frecuencia para muchos de nosotros, en el camino encontraba uno los vestigios de una antigua "fábrica" y casi en la cima unas enormes letras que clamaban, con su blancura de cal: U.N.S.  En la mera punta estaba una pequeña cruz, pequeña realmente, de un metro y medio de altura, sobre un basamento piramidal también pequeño, pero era el indicativo de que un breve esfuerzo  nos había llevado al punto culminante. 
El señor Laguna nos platica que durante toda su vida se dedicó a la música y trabajó como Mariachi en la ciudad de México, pero cada que se iba y cada que volvía, llamaba poderosamente su atención el Cerro de Los Remedios. Un día, allá por el año 2000, se decidió a construir un templo en la cima de esta elevación y comenzó a pedir ayuda para dicho fin, con muy magros resultados en sus inicios, incluso llegaron a tildarlo de loco o, en el mejor de los casos, a no tomarlo en serio. Cuando pudo realizar alguna construcción la gente lo comenzó a tomar más en serio y a ayudarlo con mayor entusiasmo. Hoy en día la cima luce una esmerada construcción en varios niveles, acorde a la topografía del lugar. Si bien el espacio interior del templo, propiamente dicho, es pequeño, la terraza que le circunda tiene dimensiones muy interesantes, pese a estar en un terreno más que accidentado en cuanto a su inclinación. Al menos una vez al mes se dice misa en este templo. Su fiesta se celebra, como corresponde, el segundo domingo de Pascua, es decir el siguiente domingo después de la Semana Santa.
Más frecuentes aún son las visitas de muchos comonforenses, que periódicamente, por ejercitar su cuerpo y despejar su mente recorren los mil quinientos metros que median desde el Templo hasta la plazuela Obregón.  Como en esa distancia también se suben doscientos veintiséis metros, no es anormal llegar casi sin aliento, sobre todo si no se es asiduo visitante, como muchas personas que suben todos los días, aunque haga un frío extremo o alguna llovizna haga resbaladizas las piedras del camino.  Siempre ha habido veredas para llegar a la cima del cerro, pero a la par que la construcción del templo se fue realizando el enlajado del camino  y la reforestación del área contigua al templo, lo que ha creado un espacio verde que subsiste pese a las condiciones del suelo y el clima propio de esas alturas.
Aunque un servidor es afecto a considerar hermoso cada rincón de su municipio, no exagero si le digo que recorrer este camino  a muy temprana hora y contemplar el amanecer desde las alturas, es una experiencia singular y gratificante.  Además de agradecer al Sr. Abel Laguna por la información proporcionada, hay que agradecerle su iniciativa y su perseverancia, no obstante que, como él mismo dijo: "Esto es trabajo de todos los que ayudan, además, a Dios no se le dificulta conseguir otro loco para continuar esta obra". 

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El Retablo de las Ánimas del Purgatorio

El retablo de las ánimas se localiza en la nave principal del templo de San Francisco en el centro de Comonfort. Se ubica en el tercer entreje del lado sur, contado desde la entrada. Como ya hemos  mencionado, un retablo no necesariamente debe tener, columnas, entablamentos y molduras. Incluso, un cuadro es más cercano al origen etimológico de la palabra.
Este artículo también forma parte del libro "Los Retablos Barrocos de Chamacuero", que se encuentra  



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El Retablo de las Ánimas del Purgatorio

En un detalle asimétrico, aparecen, al lado izquierdo del espectador, las imágenes de medio cuerpo de San Juan Bautista y El Santo Rey David, emergiendo sobre un cúmulo. San Juan viste un Manto café que le deja el torso semidesnudo, porta en su mano derecha la cruz, atada a esta una filacteria con la expresión "Ecce Agnus Dei" (He aquí el cordero de Dios). El Rey David, viste un manto de armiño, porta una corona dorada y tañe, con ambas manos, un arpa.





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En el lado opuesto, la imagen en primer plano es la de San José de Nazaret, quien sostiene con ambas manos una larga vara florida; atributo exclusivo de sí, producto del momento en que, para ser designado como esposo de María, su báculo floreció. Tradicionalmente florece en azucenas, flor asociada a la pureza. Al lado izquierdo de San José está representado San Felipe Neri, con su hábito jesuita y su bonete. El lirio que sostiene pudiera hacernos pensar en San Francisco Javier, también jesuita, pero a este último se le representa más joven, portando una cruz pequeña y casi nunca con bonete. Un poco atrás de San Felipe Neri se reconoce a San Francisco de Paula, representado como un anciano de barba blanca, con el hábito propio de su orden-La Orden de Los Mínimos-, capucha ceñida y báculo. A la derecha de San José está San Agustín de Hipona, quien, contrario a su iconografía tradicional, no porta ornamentos de obispo, viste el hábito de su orden y capa blanca, en la mano derecha sostiene un corazón llameante.
Atrás hay un grupo de personajes masculinos que no son identificables. Un poco más abajo y a un lado de esta legión de santos varones, se representa a San Pedro, de pie sobre un cúmulo, ataviado como Papa y con Tiara de tres coronas, a su izquierda hay una puerta y con su mano derecha está introduciendo una llave en la cerradura de ésta, en su mano izquierda sostiene otra llave. Cercanas a él, tres ánimas ascienden hacia la gloria.

A la izquierda de San Nicolás está San Miguel Arcángel, Lleva vestiduras militares, coraza azul constelada de estrellas, túnica verde, manto rojo y en lleva una diadema dorada con una cruz al frente, en su diestra porta una larga palma. Se considera que San Miguel Arcángel pesa las almas cuando éstas van a juicio.
A la izquierda de San Miguel y al centro de esta franja y de todo el cuadro apreciamos a la Virgen María con el niño Jesús en su brazo izquierdo. La virgen lleva túnica roja y manto azul, el Niño túnica rosa. Ambos portan coronas doradas con forro púrpura. Ambos también, sostienen por la cruz un rosario en sus manos, el rosario pende en dirección a las ánimas. La virgen luce un nimbo de estrellas.

A su lado izquierdo está representado el arcángel Gabriel, viste túnica café y manto rojo, porta una rama de lirio florecida en su mano izquierda, su vestimenta, exceptuando el peto, es casi idéntica a la del arcángel San Miguel, pero en diferentes colores, las alas de ambos son blancas en su totalidad salvo una pequeña coloración en la parte superior, roja para San Miguel y azul para San Gabriel.
A la izquierda del arcángel Gabriel está San Francisco, portando el hábito de su orden y luciendo claramente, en manos y pies, los estigmas de la Pasión. Con su mano izquierda sostiene el asta de un estandarte rojo. En su mano derecha sostiene el cordón de su hábito y el extremo de éste pende hacia las ánimas.
En el extremo derecho de esta franja, con respecto al espectador, está representado San Antonio de Padua, ataviado con el hábito franciscano. Con su brazo izquierdo sostiene al Niño Jesús, el cual tiene, en su mano izquierda una rama de azucena. La mano derecha de San Antonio sujeta el cordón de su hábito, y lo tiende hacia el ánima que, quizá por este motivo, está consiguiendo emerger del purgatorio.

La tercera franja es la más cercana al espectador y, además, la que más impresiona. En esta última franja están representadas veintiún ánimas (si incluimos el ánima que está emergiendo junto a San Antonio de Padua). Todas ellas están desnudas, algunas en actitud de evidente dolor y tormento, otras implorando auxilio hacia las alturas.  Están representadas de medio cuerpo, como si en un lago de llamas se encontraran. La excepción son dos almas, una en cada extremo que, además de mostrar todo su cuerpo, parecen estar encadenados a las rocas del purgatorio.
Llama la atención que, a pesar de estar desnudas, las ánimas portan coronas (como reyes) o solideos, bonetes, mitras y hasta una tiara de tres coronas propia de los papas de ciertas épocas. 

El simbolismo parece evidente, los nombramientos u honores recibidos en la vida no eximen a los pecadores de pagar sus culpas. 

AQUÍ 



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Para quienes crecimos en Comonfort y, por consecuencia, asisitimos con regularidad a este templo, la imagen plasmada en este retablo nos acompaña desde siempre, asimilada en nuestos recuerdos y, en algunos casos en nuestros temores o pesadillas, al margen de que esa hubiera sido, o no, la intención al representar ese tema en una imagen de dimensiones monumentales.
  
El retablo se desplanta sobre un zócalo de cantera, que tiene integrado el altar correspondiente. Dicho zócalo se estructura con cuatro pilastras, el altar presenta dos ménsulas laterales para soportar la cornisa que lo remata.
El cuadro es un poco más ancho que el zócalo y ocupa casi todo el espacio entre las pilastras que delimitan este tramo del muro. Del mismo modo se encuentra inscrito bajo el arco de cantera que va de pilastra a pilastra.
Sabemos que en 1766 este retablo ya existía. Es difícil imaginar que antes de este cuadro hubiera existido otro retablo en este espacio.   Su composición y el dinamismo de sus figuras, nos hacen considerarlo barroco, el hecho de que estuviera concluido ya en 1766, no deja lugar a dudas.



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La composición puede organizarse en tres franjas horizontales: al centro de la franja superior, se representa a la Santísima Trinidad. El Padre está a la derecha del espectador, para que el Hijo esté a su diestra. Al centro en la parte superior, no sólo del conjunto sino de todo el cuadro está el Espíritu Santo.  La figura del Padre representa un hombre de cabello y barba blancos, que viste una túnica en color café muy claro y un manto blanco, sostiene, en su mano derecha un cetro; cercanos a su mano izquierda aparecen tres amorcillos entre cúmulos. El Hijo parece vestir solamente un manto rojo y sostiene en su mano derecha la cruz; en sus manos, pies y costado son visibles los estigmas de la pasión.  Ambos, el Padre y el Hijo, tienen sus pies sobre varios amorcillos, tres el Padre y cinco el Hijo, alrededor de ambos, pero por debajo de ellos figuran diez ángeles, un poco más grandes que los amorcillos, con bandas que cubren parte de sus cuerpos, de un color diferente para cada ángel. Algunos portan coronas de flores, coronas de olivo o palmas. Ni el Padre, ni el Hijo tienen aureola ni están coronados. La mano izquierda del Hijo, toca una esfera colocada en el medio de ambos que es cruzada por dos bandas, y coronada por una cruz, esta imagen es conocida como globus cruciger y simboliza el dominio de cristo sobre el mundo. La palabra mundo y el hecho de que la esfera sea azul, puede hacernos creer que se refiere al planeta tierra, pero en realidad simboliza el universo entero.
El Espíritu Santo está colocado sobre el globus cruciger, coronando el conjunto de la Santísima Trinidad. Está representado, como es habitual, por una paloma blanca cuyo cuerpo, inusualmente, pero sin menoscabo del realismo necesario, es una esfera casi perfecta.



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A cada lado de esta franja superior, se ve una galería de Santos colocados en postura sedente, sobre nubes; del lado izquierdo del espectador están los hombres y del lado derecho las mujeres. En la primera fila, del lado de las mujeres figura la Señora Santa Ana, madre de la Virgen María. A su izquierda, o un poco atrás de la formación se ve a Santa Catalina de Alejandría, quien luce una corona, sostiene con su mano derecha la rueda que simboliza su martirio y con la izquierda una palma, atributo que suele acompañar a los santos mártires. Un poco atrás de ambas figuras, está Santa Gertrudis La Magna, viste hábito negro y sostiene un corazón en su mano izquierda. Entre ambas una santa con corona de flores, atributo de Santa Cecilia. Más atrás aparece un grupo de personajes femeninos en quienes no hay una característica que permita identificarles, salvo el hecho de que todas ellas portan palmas lo que nos permite inferir que son mártires. Bajo esta legión de Santas se aprecia un ánima en actitud de ir ascendiendo a la gloria.    



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Dos ángeles más, complementan el conjunto de la primera franja de este cuadro, se ubican simétricamente, en la parte inferior de esta franja, el del lado derecho del espectador porta una túnica café y un manto azul, pero su torso está desnudo, en su mano derecha sostiene un escrito y en la izquierda una palma. El ángel del lado derecho lleva una túnica azul y un manto rojo, sostiene un cordón blanco con ambas manos, con los extremos de éste pendiendo hacia abajo.

La segunda franja tiene una composición más simple. Presenta siete personajes de frente al espectador, además de dos ánimas ascendiendo a la gloria en el lado izquierdo, portando túnica blanca y corona de flores, junto con un ánima desnuda, con medio cuerpo fuera del purgatorio en el lado derecho.
El personaje en el extremo izquierdo del espectador es San Nicolás Tolentino, viste el hábito negro de los agustinos, constelado de estrellas y con el cinturón de cuero, propio de la orden.  En su mano derecha porta una rama de lirio y en la izquierda un plato con una perdiz viva, ambos son de sus atributos más característicos. Cercano a su pecho o su cabeza debería tener una estrella de mayor dimensión quelas del hábito, quizá la representación se complicó con la cercanía de la perdiz en el plato.  A san Nicolás Tolentino se le considera protector de las ánimas del purgatorio. A la izquierda de San Nicolás está representado Santo Domingo de Guzmán, lleva el hábito negro y blanco de la orden que fundó (los Predicadores, más comúnmente llamados Dominicos), esté va ceñido por un Rosario. En su mano derecha lleva un báculo rematado en cruz. En su frente brilla una estrella pequeña. La amplia tonsura, característica de sus representaciones, no es visible por el ángulo de su rostro en la pintura.


A.-San Juan Bautista              B.-El Santo Rey David              C.- Jesucristo      D.- Globus Cruciger                E.- Dios Padre      F.- Legión de Santos       G.-San Agustín de Hipona         H.- San José de Nazareth     I.- San Francisco de Paula       J.- San Felipe Neri      K.-  Sra. Santa Ana      L.- Santa Gertrudis la Magna      M.- Santa Catalina de Alejandría      N.- Legión de Santas      O.- San Pedro     P.- Puerta de la Gloria   Q.- San Nicolás Tolentino   R.- Santo Domingo de Guzmán     S.- San Miguel Arcángel       T.- Santa María y el Niño Jesús  U.- San Gabriel  Arcángel    V.- San Francisco de Asís   X.- San Antonio de Padua             Ángeles            Ánimas ascendiendo a la Gloria           Ánimas en el purgatorio.      1.- Ánima saliendo del purgatorio        2.- Ánima con escapulario     3, 4 y 10.- Ánimas con bonete    5, 11 y 12.- Ánimas encadenadas    6.- Ánima con mitra    7.- Ánima con tiara papal    8.-Ánima con corona      9.-  Ánima con solideo.
El Retablo de las Ánimas del Purgatorio
 
 
El arquitecto Felipe Montes me invitó a dar una charla sobre la arquitectura del Templo de San Francisco la cual, evidentemente, se realizó en el propio Templo.  Nunca he creído que el disfrute del conocimiento de la historia de la Arquitectura deba ser privativo de los especialistas o de quienes estudiaron formalmente tales temas. Pero, dado que yo los estudié formalmente no puedo asegurar que sea sencillo. La charla de aquel día, recogida y adaptada en este texto, es un intento, lo mismo que mi libro sobre los Retablos Barrocos de este mismo edificio, de poner al alcance de los no especialistas, el conocimiento suficiente para el disfrute de un arte tan significativo.
Si hablamos de la historia de la Arquitectura mexicana, debemos hacer un obligado parteaguas entre tres milenios de maravillosa arquitectura prehispánica, singular y maravillosa, y la forma europea de construir que le sucedió.  En el caso que nos ocupa hablaremos de la arquitectura que llegó a nuestro país con el arribo de los españoles. Dicha arquitectura remonta sus antecedentes no sólo al viejo continente sino además muchos siglos atrás a la Grecia Clásica y ésta, a su vez, mucho más atrás. Pero empecemos aquí: Entre los siglos V y II a.c. los griegos, haciendo en piedra lo que empezaron haciendo en madera, crearon un vocabulario formal de tres órdenes que sigue siendo reproducido hasta la actualidad. Los griegos construían sus templos con el orden Dórico, Jónico o Corintio. Los elementos ornamentales de la arquitectura griega se agrupan en basamento, columna, entablamento y cubierta. La forma más fácil de identificar un orden arquitectónico es analizando el capitel de la columna. El capitel Dórico es muy sencillo, el Jónico se identifica por la volutas, se dice que cuernos de carnero estilizados y el Dórico por las hojas de acanto y unas volutas más pequeñas también llamadas caulículos.



¿Qué sucedía en México?



En ese momento, en la costa del Golfo,  los olmecas ya habían construido sus cabezas colosales y sus altares de piedra; las culturas de occidente habían alcanzado su mayor desarrollo  y en Chupícuaro sus habitantes desarrollaban la preciosa cerámica por la que los conocemos hoy en día.

¿Qué sucedía en Chamacuero?

En la  hoy zona arqueológica de Morales (referencia continua de todo libro que hable sobre el Guanajuato prehispánico) sus habitantes desarrollaban las cerámicas que los arqueólogos llamarían Morales Rojo sobre Bayo y Morales Gris Bruñido. Si esto no nos dice nada, debemos abundar en que el grado de desarrollo alcanzado en nuestro municipio por esta cultura en ese momento era sobresaliente.



Este vocabulario formal creado por los griegos, que no los sistemas constructivos en su totalidad ni la concepción del espacio, fue copiado por los romanos y adaptado a sus necesidades, con la salvedad de que los romanos construían, ya, edificios de varios niveles, siendo probable utilizar un orden diferente en cada nivel, como en el coliseo de roma, también los romanos inventaron al arco para resolver y cubrir espacios cada vez más grandes, con la utilización de bóvedas y cúpulas.
En términos generales los edificios romanos son mucho más grandes que los griegos, pero si al ver una fachada nos asalta la duda, hay dos cosas privativas de la arquitectura romana comparada con la griega: Las construcciones de más de un nivel y los arcos.   Si bien históricamente el imperio romano se prolonga durante muchos siglos, su decadencia es notoria en el siglo V d.c., sin embargo pasarían muchos siglos para que se hiciera patente otro estilo arquitectónico.


¿Qué sucedía en México?


Las culturas del horizonte clásico estaban en el punto más alto de su desarrollo; Teotihuacán, Montealbán, Palenque, Yohualichan eran ciudades florecientes con un gran número de habitantes y un desarrollo artístico y cultural como no se volvió a registrar en Mesoamérica.

¿Qué sucedía en Chamacuero?

La tradición cultural "El Bajío" se encontraba en pleno desarrollo, sus pobladores construían centros ceremoniales con "patios hundidos" por toda la cuenca de los ríos Lerma, Turbio y Tige, alrededor de 164 sitios arqueológicos dan fe, hoy día, de tan espectacular florecimiento cultural, al menos dos de esos sitios están en Chamacuero:  Morales, en su etapa clásica y el Cerro de los Remedios. Hay otros sitios no registrados, aunque de menores dimensiones.



Aquí se inicia una alternancia entre estilos ornamentados y sobrios, pues si bien los romanos copiaron y adaptaron el vocabulario formal griego el siguiente estilo, el Románico acusó una sobriedad extrema, y una solidez  a veces más visual que estructural, aunque poco, el estilo Románico sí tiene elementos de los órdenes griegos en sus fachadas o interiores. Sin embargo la extrema desnudez de sus muros y su carencia de ventanas nos transmiten hacia afuera y hacia adentro una sensación de oscurantismo, quizá las condiciones de vida en Europa, las invasiones de los pueblos bárbaros motivaron la creación de edificaciones de protección. La arquitectura románica se ubica principalmente en los siglos IX,X y XI, pero muchos de esos edificios fueron modificados o adaptados por el  o los estilos subsecuentes.


¿Qué sucedía en México?


Las culturas clásicas entraban en una etapa decadente de despoblamiento, causas aún indeterminadas provocaron el declive de Teotihuacán, el mundo maya, Montealbán. Quizás epidemias, sequías, hambrunas, guerras o todo junto. Sin embargo en algunas regiones se desarrollaron culturas de cierta importancia, como en Tajín o Cacaxtla en un periodo que se conoce como Epiclásico.


¿Qué sucedía en Chamacuero?

La tradición cultural "El Bajío" había colapsado hacía 200 años, sus áreas estaban despobladas o en franco despoblamiento.



Como una reacción a esta sobriedad el estilo Gótico irrumpió, muchas veces sobre construcciones iniciadas en el siglo IX, X y XI, con una ornamentación propia cada vez más recargada, construyendo naves cada vez más altas, de apariencia ligera y plenas de ventanales y rosetones donde se colocaban hermosos vitrales. Tuvo un vocabulario formal propio y en sus etapas tardías es sumamente ornamentado. La catedral gótica, propia de la edad media, promueve la espiritualidad, un edificio tan alto obliga a volver la vista a las alturas.  El Gótico continuó hasta el siglo XV, aunque no con el mismo desarrollo en todos los países.


¿Qué sucedía en México?


Las culturas postclásicas daban inicio a su desarrollo, el Valle de México, Tula, las etapas posclásicas del área maya y el apogeo de la cultura mixteca. Estas culturas, en la mayoría de los casos, florecieron casi por sí mismas, no como una evolución directa de los pueblos clásicos.

¿Qué sucedía en Chamacuero?

El poblamiento de la región y su despoblamiento se daban en oleadas derivadas de la abundancia o carencia de recursos agrícolas, en ese ir y venir los purépechas fundaron un pueblo de frontera al que llamaron Chamacuero y en éste convivieron pacíficamente pobladores de origen pame, otomí, huamares, cuachichiles y otros, sin que su grado de desarrollo fuera comparable con el de las tradiciones del Clásico.



Pero otros factores hicieron volver la mirada al hombre mismo, una renacimiento en la concepción, no sólo del arte sino del pensamiento en su conjunto. Surge una etapa llamada Renacimiento, con muchas singularidades y motivaciones más bien por sucesos históricos, pero, se retoma el uso de los estilos griegos y romanos. Haciendo construcciones mucho más sobrias que las del Gótico. No quiere decir que el hombre renegara de su fe, simplemente que dio tanto énfasis a la valoración del ser humano como la de la divinidad. Como dato ilustrativo diremos que es difícil encontrar información sobre artistas y arquitectos del periodo Gótico, pero hay una abundancia de los mismos en el Renacimiento: Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Rafael Sanzio, Bruneleschi, San Gallo, Bramante, Boticelli, y un muy largo etcétera. La arquitectura renacentista adaptó el vocabulario formal clásico a sus propios diseños y necesidades de espacio, no fue una copia de la arquitectura de griegos y romanos.


¿Qué sucedía en México?


Las culturas Mexica, Mixteca, Purepecha y otras del periodo Posclásico estaban en su esplendor pero fueron extinguidas de tajo con la conquista española. En el siglo XVI se inició un largo proceso de colonización y evangelización por todo el territorio, en el cual los grandes artífices fueron los misioneros quienes, además de sus funciones religiosas construyeron una infinidad de conventos en donde no utilizaron el estilo arquitectónico que bogaba en Europa en ese momento. No siendo arquitectos recurrieron a sus recuerdos de edificaciones Góticas y Románicas y las adaptaron a sus necesidades generando un estilo propio e interesante al que conocemos como "Arquitectura mexicana del siglo XVI" de altos, robustos y desnudos muros, con bóvedas góticas y un uso discreto de elementos ornamentales de varios estilos. Ejemplos de este estilo los encontramos en los conventos y exconventos de Yuriria, Tzin Tzun Tzan, Huejotzingo, Cuilapan, etc, etc,

¿Qué sucedía en Chamacuero?

Antes de la llegada de los españoles convivían en el territorio grupos nómadas y seminomadas de diferentes grupos étnicos, que poblaban y despoblaban la región en función de la prosperidad agrícola, sin llegar nunca a realizar asentamientos de importancia. Desde mediados del siglo XVI la corona española otorgó Mercedes de Tierras a varios españoles, mismos que hicieron uso de la mano de obra indígena, regulando el poblamiento de Chamacuero y su necesaria evangelización. Hacia finales del siglo XVI se inició la construcción del templo y convento de San Francisco, no descartándose que haya sido desplantado sobre un edificio preexistente de menores dimensiones, el mismo se consagró en 1626.



Pero como suele  suceder, el renacimiento fue cediendo su lugar a edificaciones que retomaban el vocabulario formal clásico pero que lo retorcían, quebrantaban las normas y lo reinventaban, eso fue el Barroco, explosivo, innovador, cada vez más recargado, poblando interiores y exteriores y alejándose cada vez más del vocabulario formal clásico al inventar sus propios elementos ornamentales. Si bien existen en Europa grandiosos ejemplos de arquitectura barroca en todas sus etapas, es en el Nuevo Mundo donde este estilo alcanza su desarrollo más barroco, valga la intencional redundancia.  Y, amable lector, cuando le hablen de estilo Churrigueresco para referirse al templo de la Valenciana, o a los retablos de Chamacuero, mire con desprecio a su interlocutor. Porque la familia Churriguera, con toda su genialidad y trabajo, ni piso el Nuevo Mundo ni consta que influyera en los arquitectos que llegaron a estas regiones. Los primeros edificios de esta etapa pueden, de pronto, parecer renacentistas; los últimos son fácilmente identificables como barrocos.


¿Qué sucedía en México?


A veces sobre edificos preexistentes, a veces sobre nuevos edificios, el estilo Barroco comenzó a desarrollarse y a evolucionar, poblando las portadas y los retablos con sus elementos cada vez más rebuscados, cada vez más lejanos del uso de los órdenes clásicos y la sobriedad que les caracterizaba. Una fomra de estudiar este periodo, sobre todo en México, lo clasifica en función de sus apoyos, yendo desde el barroco "purista" hasta el elocuentemente llamado "ultrabarroco". El solo nombre nos habla del grado de evolución de este estilo.

¿Qué sucedía en Chamacuero?

Aunque como ya dijimos el templo de San Francisco, se consagró en 1626, no por ese motivo vamos a llamarlo renacentista, ni mucho menos barroco. La sobriedad de su planta nos permitiría ubicarlo en la arquitectura del Siglo XVI, pero como muchos edificios, a lo largo de sus historia fue sufriendo modificaciones: el esplendor del Barroco le enriqueció con la construcción de cuatro retablos dorados (al menos cuatro subsisten hasta hoy en día). Además de que en el templo de los remedios se construyó otro retablo barroco. 



En el momento justo en que los arquitectos barrocos no hallaban qué inventar, fueron descubiertas las ruinas de Pompeya y Herculano, entonces explotó la moda, no ya de tomar los órdenes clásicos y adaptarlos a las necesidades de su época, sino de prácticamente copiar edificios griegos y romanos. Y cuando se cansaron del Neoclásico inventaron el Neogótico y el Neorománico y acabaron en un eclecticismo, a veces, lamentable.


¿Qué sucedía en México?


El Neoclásico llegó con la fuerza con que recorría el mundo y, cuando creó edificaciones nuevas totalmente concebidas con el nuevo estilo, produjo obras encomiables; cuando hizo a los constructores y promotores renegar del riquísimo barroco que recién terminaban, destuyó valiosas obras de arte para remplazarlas por elementos que, por lo general tenían menos valor artístico que el objeto substituido.

¿Qué sucedía en Chamacuero?

Uno de los mayores exponentes de este estilo estaba demasiado cerca de Chamcuero y su influencia provocó la destrucción de muchos retablos barrocos de madera tallada y dorada, para substituirlos por retablos de piedra.  El templo de San Francisco no fue la excepción, el altar mayor tiene un ábside, un retablo neoclásico y un ciprés producto de estas modificaciones.  Estos elementos, si bien colocados muro con muro junto a retablos barrocos —como en un muestrario de estilos arquitectónicos— están bastante bien logrados, no así los otros cuatro retablos de piedra de la nave principal que usan tan libremente los elementos clásicos que acaban por ser "neobarrocos puristas" (esto es una exageración de mi parte, tal estilo no existe).



Al neoclásico e historicismo siguió un breve destello refrescante en el art nouveau. Después esto dio paso a la arquitectura moderna.
Ya no me detengo a examinar estos estilos porque, afortunadamente no tocaron el Templo de San Francisco.


Aquí, amable lector, hago una pausa para justificarme por mis cronologías, ya que serán necesariamente imprecisas, pero mi intención era hacer esa bonita síntesis histórica y arquitectónica que espero le haya permitido ubicar nuestro templo parroquial en la evolución de la arquitectura occidental.









Volviendo a nuestro templo, ahora sí a su descripción es menester decir que En 1592, el franciscano Alonso de Guerra promovió e  inició la construcción del templo. Es de imaginarse que existía otra construcción que pudo ser demolida o incorporada al nuevo edificio, éste fue consagrado en 1626(*). En aquellos años el atrio del templo era mucho más grande y abarcaba prácticamente toda la plaza Dr. Mora, fungiendo también como camposanto.
El templo, propiamente dicho, excluyendo su claustro y las áreas anexas,  tiene planta de cruz latina (es decir que visto desde arriba tiene forma de cruz). La nave principal mide 60 m de largo por 8.5 de ancho, el transepto (la nave que forma los brazos de la cruz) tiene 25 m de largo y 10 m de ancho.





La altura, desde el techo de las naves hasta el piso es de 14.5 m, la altura en la parte más alta de la cúpula es de 22 m. La altura de la torre es de 32 m desde su punto más alto hasta el nivel de la plaza.

Hasta aquí la primera parte de esta Descripción, en los siguientes artículos analizaremos la probable configuración del templo original y los elementos que se le han ido añadiendo (o suprimiendo).

(*) Groenewold, Federico y López-Eguia, Leonardo, Chamacuero, Origen y Destino, Presidencia Municipal de Comonfort, México, 2008.



 
Mencionamos que nuestro templo tiene planta en forma de Cruz Latina, es decir que lo conforman dos naves, la principal forma el cuerpo de la cruz y la que discurre perpendicular a ésta -y llamamos Trancepto- forma los brazos de la cruz.


Esta nave principal puede considerarse dividida en 7 tramos, mediante elementos verticales (llamados pilastras) que van en sus muros. El sexto tramo corresponde al crucero que es el tramo donde se intersectan ambas naves, el septimo tramo corresponde al presbiterio. Por la parte externa, las pilastras sobresalen configurando lo que llamamos contrafuertes .  Si le ayuda a comprender la función estructural de estas pilastras-contrafuertes, le diré que son como los castillos de concreto que actualmente se utilizan para reforzar un muro de tabique.  Por el lado norte del templo no solo están presentes los contrafuertes sino también dos arbotantes.  Ilustro los contrafuertes del lado Sur con dos imágenes, creo que en la fotografía antigua son más notorios, en ambos casos, los contrafuertes están indicados con una flecha roja. Los arbotantes del lado norte son muy fáciles de identificar por sus formas curvas. Siendo tan singulares, casi no se aprecian desde ninguna parte del templo, o las calles vecinas.
. A pesar de la poca documentación con que se cuenta, puedo atreverme a decirles que el templo consagrado en 1626 era bastante diferente del actual.
Para darnos una idea debemos suprimir, en orden cronológico inverso:

El aplanado exterior de los muros,
La torre,
El piso de mármol,
Los retablos laterales de piedra,
El retablo principal,
Los retablos barrocos,
La cúpula y el coro (además de otros  detalles).

De manera adicional, es muy probable que el techo del templo original estuviera cuatro metros por debajo del actual y que, en lugar de bóvedas de piedra tuviera una techumbre de madera y teja.  Si usted, amable lector, puede imaginarse un templo así, notará que el templo actual se parece, nada más se parece al original.

El incremento de altura que mencionamos debió suceder antes de 1750, pues se sabe que alrededor de esos años fueron construidos los retablos barrocos y estos se desarrollan desde el piso hasta la altura actual del templo, conformándose además contra la forma del muro en que se apoyan. Quiero decir que si el incremento de altura hubiese sido posterior al 1750 los retablos barrocos  no serían tan altos, pues se habrían adecuado a la altura  del templo en ese momento.
Puede pensarse que nunca hubo una techumbre más baja, además de los autores que lo mencionan (*), apoyan esta teoría las siguientes consideraciones:

1.- Sobre cada pilastra existe una cornisa, en realidad un entablamento (friso, arquitrabe y cornisa), a la altura en que se conjetura que arrancaba la techumbre original. Este elemento es común en muchos templos de la región, pero en este caso los materiales de que están hechos se ven diferentes incluso, la cantera de las pilastras tienen un cierto color  y los arcos que de ellas surgen tienen otro.  Debo aclararle, amable lector que las pilastras más cercanas a la puerta han sido recubiertas con algún aplanado y pintadas imitando cantera, si bien la imitación es efectiva a cierta distancia, se hace evidente al mirarlas más de cerca, sin embargo las pilastras bajo la cúpula no tienen ese recubrimiento y se observa en ellas, además del color diferente que mencioné un desgaste mucho mayor que el de los arcos, apoyando la idea de que son anteriores a éstos.


2.-Al nivel de las pilastras hay  varios arcos de medio punto, integrados en los muros correspondiente, (marcados sobre la fotografía con la línea roja) coinciden con los arcos que van conformando la actual techumbre, pero el hecho de que su punto más alto coincida con la altura de las pilastras nos lleva a imaginar que se ajustaron a la altura máxima del templo en el momento de su construcción.  Aunque bien puede creerse que son un elemento ornamental, parecen más un elemento estructural en el nivel inicial del templo.



3.-En algunas fotografías que pude tomar antes que se aplanaran los muros exteriores, se percibe un cambio de textura y color en la mampostería, coincidente con el nivel que creemos original contra el definitivo. Por supuesto no es una diferencia clara ni elocuente, ni siquiera es una línea a un mismo nivel, pero si los muros se hubiesen construido en un mismo momento hasta su altura total creo que la diferencia que mencionamos no se apreciaría. El probable nivel del templo original, se identifica en la cara externa con el lado inferior de las ventanas. En las fotografías lo ilustramos con una línea roja.



Dado que todas las ventanas están por encima de este nivel, es probable que hayan existido ventanas más abajo, que fueron tapiadas con la modificación.

Si esta fue la primera modificación, hay que hacer notar que fue bastante elaborada e implicó un desembolso económico importante, debieron construirse ocho bóvedas de arista, seis para la nave principal y dos para el transepto.  Probablemente también la cúpula fuera construida en ese entonces. Lo sobrio de su estilo me permite suponerlo.  Una bóveda de arista nace de la intersección de dos bóvedas de cañón. Una bóveda de cañón es la mitad superior de un cilindro, la cual evidentemente tiene un arco en cada extremo. Imaginemos que tenemos un arco en cada lado de un espacio cuadrado y que comenzamos a extender un semicilindro en cada dirección, el resultado (si mi explicación no lo confundió más) es una bóveda de arista, la arista es el punto donde ambas bóvedas se van encontrando.   Todas las bóvedas del templo tienen elaborados adornos pintados que corren a lo largo de las aristas y los arcos de los extremos. Esta decoración es muy posterior, ya que es propia de finales del siglo XIX.

   Para que no se dude de que la techumbre del templo tiene esta forma, incluso por el exterior, tuve la osadía de subir a fotografiarla, osadía para mi vértigo y mis antecedentes, pero veala aquí, debajo de mis ilustraciones de la bóveda de arista:

Como mencioné arriba, la cúpula debe ser contemporánea a las bóvedas, si fuera muy posterior se hubiera construido en el auge barroco y tendría adornos al menos en las ventanas o en el interior. Si fuera del periodo neoclásico sería más alto su tambor y seguramente no sería esférica además de contar con sus columnas clásicas enmarcando la parte exterior de las ventanas.  Pero antes de seguir especulando en lo que no es la cúpula de este templo, le comento que dicha cúpula tiene un diámetro interior de 8. 5 mts y es una semiesfera, por lo mismo su altura debe corresponder con 4.25 mts. El elemento cilíndrico (a veces poligonal) que hace más altas las cúpulas se denomina tambor. En este caso el tambor tiene tres metros de altura y está dividido en ocho tramos por pilastras de sección cilíndrica. Éstas son coronadas por una sencilla cornisa. En cada una de estas secciones hay una ventana de dimensiones y materiales idénticos a las ventanas de la nave. Todo el conjunto es rematado con una linternilla de sección octagonal que tiene, como es obligatorio para llamarse linternilla,  una alargada ventana en cada uno de sus lados, sobre este elemento va otra semiesfera más pequeña y sobre esta una cruz de hierro.  Tanto la cúpula pequeña como la grande están recubiertas con azulejos en dos colores, estos azulejos son muy recientes. Durante muchos años tuvo otros azulejos y por una fotografía antigua puedo decirle que a principios del siglo XX la cúpula no tenía  un recubrimiento tan atractivo.
Como usted, amable lector, habrá notado, cuando se coloca una techumbre redonda sobre un espacio cuadrado, sobran unos triángulos en cada esquina. Estos triángulos se resuelven mediante unos elementos que podemos llamar triángulos esféricos, dado que cada uno de sus lados está en contacto con un arco y el lado superior con el tambor de la cúpula.  Es decir un triángulo que en vez de lados  rectos tiene lados curvos.  Tradicionalmente en estos espacios se coloca una imagen de los cuatro evangelistas.  Quizá no hay otro conjunto de figuras religiosas que sean cuatro. Claro que podrían ponerse a los tres Reyes Magos y "santaclós", pero es mejor ceñirnos a la tradición.

Retomando el hilo de nuestra reconstrucción, en algún momento, entre 1626 y 1750, fueron colocada la cúpula,  las bóvedas de cañón  y elevada la altura del templo.  La siguiente y muy interesante modificación es la construcción de los retablos barrocos, pero de ellos y los demás hablaremos en el siguiente artículo que sobre este tema publicaremos en unas semanas.

Descripción del Templo de San Francisco (primera parte)


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Descripción del Templo de San Francisco (segunda parte)


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Descripción del Templo de San Francisco (tercera parte)


Mencionamos que después de la construcción de las bóvedas y cúpula, la siguiente modificación fue la construcción de los retablos barrocos, lo cual es un error que ahora rectifico: Antes que los retablos barrocos debió construirse la portada del templo, además de su sobriedad, el hecho de que no cuente con elementos barrocos nos habla de su anterioridad. Aventurándome un poco,  la portada debe datar de finales del siglo XVII.











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Antes de seguir hablando de los retablos barrocos como si todos los conocieran, permítame, amable lector, comentar que existen cuatro retablos barrocos en el transepto (los brazos de la cruz) de nuestro templo.  El más antiguo es el dedicado a la Virgen María y está en el lado del evangelio (lado derecho del sacerdote oficiando), el segundo en orden cronológico está en el lado contrario, lado de la epístola y está dedicado a San José. Del mismo lado está el tercer retablo es el dedicado a Los Apóstoles, frente a sí se ubica el más reciente de los cuatro, el dedicado a Los Santos Protectores de la Infancia y la Juventud, también conocido como Retablo de San Nicolás de Mira.

En el orden que los enumeré los ilustro, hay mucho que se ha dicho y mucho que decir sobre estos retablos,  además de la sucinta descripción que haremos, es importante decir que hay muy pocos templos donde se conserven no uno, sino cuatro retablos de esta magnificencia. Para quienes crecimos viéndolos llegan a ser tan cotidianos que perdemos idea de su importancia.
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El retablo de los apóstoles debió terminarse hacia 1783, aunque su estilo es una evolución directa de los retablos que le precedieron, el cambio es bastante radical, se ubica en el ultrabarroco, una forma anástila (sin columnas) del barroco. Tiene dos cuerpos y tres calles, el elemento principal en cada calle son pilastras nicho de forma un tanto rectilínea.  En dichas pilastras nicho se ubican esculturas polícromas de los Apóstoles. En las peanas de las calles centrales hay dos imágenes de la Virgen María que, como mencionamos pueden ser ajenas a la iconografía del retablo.  Elementos adicionales en este retablo son los cúmulos (formas de nubes), la integración de la ventana, racimos de flores en plata y una desafortunada puerta que alteró el diseño original del conjunto. En las peanas correspondientes están representados

A.-Santiago Apóstol
B.- San Andrés
C.- San Pedro
E.- San Pablo



La portada del templo, es decir los elementos que contienen la puerta principal del edificio, está compuesta de tres cuerpos y una sola calle.
El primer cuerpo contiene la puerta, la cual está enmarcada por un arco de medio punto, apoyado en sendas jambas rectangulares, esto (el arco en las puertas) es muy característico en las portadas del siglo XVI, pero no es privativo de éstas. La puerta es flanqueada por pilastras pareadas de sección rectangular, con su basamento. El conjunto lleva su correspondiente entablamento, con un arquitrabe que disminuye su sección en el intercolumnio (espacio entre cada una de las columnas que forman un par) pero la conserva sobre el arco; un friso con grabado en retícula, sobre el cual hay cinco escudos o símbolos contenidos en una circunferencia. Los dos extremos representan las cinco llagas de Cristo, los dos interiores las cinco cruces, el central es el monograma de Jesús, con las letras IHS, una cruz sobre el centro de la H y tres clavos en la parte inferior. El Dr. Groenewold considera que el círculo en relieve es un corazón estilizado.

El segundo cuerpo lo compone la ventana coral (es decir del coro). Tiene un basamento que se corresponde con las pilastras centrales del cuerpo inferior. Sobre este están las basas de las jambas  teniendo éstas (las jambas) el mismo diseño estriado del dintel, en el centro de éste una cartela adorna la clave. La ventana tiene una cornisa sobre la que se desplanta el tercer cuerpo.

El tercer cuerpo es un nicho con una escultura del patrono de la Parroquia, San Francisco de Asís. El Nicho tiene una venera (forma de concha) en cuyos laterales hay pilastras rectangulares adornadas con dos cartelas cada una, una cornisa remata las pilastras y se prolonga por el interior del nicho, la peana que soporta la imagen tiene adornos con motivos curvos en relieve. El nicho está contenido en un marco cuyas jambas y dintel presentan adornos en relieve, similares a los de la peana, compuestos en cinco tableros. Este tercer cuerpo está rematado por una cornisa y sobre esta se ubica el escudo del vaticano.

Hay seis elementos, dos en cada uno de los cuerpos, que podemos calificar como remates o florones, el Dr. Groenewold considera que son remates con forma de llaga estilizada y, en lo personal, creo acertada su interpretación. Dos de estos elementos están sobre las pilastras extremas del primer cuerpo, dos en los extremos de la basa del segundo cuerpo y dos en la cornisa de este mismo cuerpo.











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Toda la portada está construida con cantera de la región, En este momento solamente presentan aplanado y pintura  los intercolumnios del primer cuerpo y las enjutas ("triángulos" sobre el arco). Este aplanado es consecuencia de una muy reciente restauración, hasta hace unos meses estos elementos mostraban el color de la cantera con que están elaborados. Sin embargo su acabado y tratamiento, mismos que podemos observar en esta fotografía del Domingo de Ramos de 2009.
Por otra parte, la fotografía de  principios del siglo XX que se conserva, permite inferir que algunos elementos que hoy lucen de cantera, estuvieron aplanados en ese momento, todo el primer cuerpo, del entablamento hacia abajo parece tener ese acabado, también la imagen de San Francisco parece estar policromada, lo mismo que algunos de los adornos del marco del nicho.
Un elemento sensiblemente diferente es el escudo del vaticano, se trata de otra pieza, aunque ubicada en la misma posición. Tal vez los elementos que lucían aplanados fueron objetos de una limpieza o de substitución. Sin embargo el diseño, en términos generales es el mismo.

La fotografía antigua del templo puede consultarse

En el colorido esquema de abajo se detallan los elmentos que mencionamos en la descripción de la portada, por supuesto no es una propuesta de colores para redecorar el templo.









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El retablo de La Purísima Concepción de María estaba terminado en 1766, presenta tres cuerpos y tres calles y se ubica plenamente dentro del barroco estípite al contar con diez de estos elementos en su disposición. Sus entablamentos abarcan las tres calles en el primero y segundo cuerpo, en el tercero solamente la calle central. Cuenta con una cenefa perimetral y una peana al centro del primer cuerpo con una escultura polícroma de la Vírgen del Perpetuo Socorro. Todas las esculturas, al ser fácilmente reubicables, pueden estar fuera del programa iconográfico de cada uno de los retablos. Las ocho pinturas que contiene narran escenas de la vida de la Virgen María:
A.-Desposorio de María y José
B.- Coronación de la Virgen María
C.- La Anunciación
D.- Purificación de Santa Ana
E.- La Asunción de María
F.- Entrega de María al templo
G.-Desposorios de Santa Ana y San Joaquín
H.-Escultura de la Virgen del Perpetuo Socorro
I.- Nacimiento de María

El retablo de San José es similar en la estructura con el anterior, debió terminarse hacia 1770 pues en 1766, estaba presente pero sin dorar, sus diez estípites son más alargados y estilizados; En sus entablamentos presenta Guardamalletas y Pinjantes. En la peana del cuerpo central hay una escultura polícroma de San José con el Niño Jesús y debajo, en la predela, un Relicario que no conserva sus puertas. Las pinturas que tiene muestran escenas de la vida de San José:

A.- El sueño de San José
B.- La adoración de los pastores
C.- La huida a Egipto
D.- Presentación de Jesús en el Templo
E.- La muerte de San José
F.- La circuncisión de Jesús
G.- Jesús entre los Doctores
H.- Escultura polícroma de San José y el niño Jesús
I.- La Sagrada Familia







El retablo de Los Santos Protectores de la Infancia y la Juventud se terminó en 1789, es ultrabarroco entre lo ultrabarroco, con dos cuerpos y tres calles estructuradas en base a "pilastras medallón" de formas absolutamente curvas. Su temática reafirma la versión de que don Antonio Roxas Taboada mandó construirlo para agradecer el nacimiento de su hija Manuela. Además de integrar la ventana del muro, contiene frutas propias de nuestro pueblo y veintiséis espejos que tienen un doble significado: representan la luz, asociada a la divinidad y permiten al espectador reflejar su imagen en el retablo, para sentirse integrado al mismo.  La temática de las pinturas es:

A.- Santo Tomás de Aquino
B.- San Nicolás Tolentino
C.- San Nicolás de Mira
D.- Santa Ana y la Virgen María
E.- San Joaquín y el niño Jesús
F.- Jesús Salvatori Mundi
G.- María Reina del Mundo
H.- San José y el niño Jesús
I.- Virgen del Apocalipsis
J.- San Cristóbal






No es una exageración repetir lo que dice el Ing. José Luis Revilla:"Estos cuatro retablos, junto con el retablo en el Templo de Los Remedios, hacen a Chamacuero una joya del Barroco mexicano." Ya los antiguos chamacuerenses nos legaron estas maravillas, a los actuales nos compete, al menos, conoocerlos y valorarlos.


Hacia finales del siglo XIX se llevó a cabo la siguiente modificación en el templo: La construcción del actual Altar Mayor, en su lugar existía, hasta donde sabemos y partiendo de la descripción de 1766, un "retablo viejo" probablemente del sigo XVI, lo cual lo haría, hoy en día, un retablo sumamente valioso. Pero tanto esta retablo, como muchos retablos barrocos fueron substituidos por retablos neoclásicos. Este estilo, que fue una evidente y en cierto sentido necesaria ruptura con el barroco, tuvo uno de sus mejores artistas en el arquitecto Francisco Eduardo Tresguerras, tan cercano geográficamanete a nuestro pueblo que su influencia fue incontenible en toda la región. Al grado tal que, como los promotores de nueblos retablos o portadas, no tenían espacios para ubicar el nuevo estilo, no dudaron en destruir elementos barrocos de gran valor artístico para dar cabida al bogante Neoclásico. Al margen del trabajo, notable y destacado, del propio Tresguerras, muchos de sus seguidores no lograron una calidad semejante y, por lo mismo, muchos retablos neoclásicos no superaron los elementos barrocos que suplantaron. Este juicio es, necesariamente agudizado por la idea de que un elemento hubo de destruir al anterior, de no haberse dado esta circunstancia, la comparación no sería siquiera necesaria.

El retablo del Altar Mayor está compuesto por un ábside con seis columnas y un cipres, todo el conjunto es marcadamente neoclásico, pero su descripción detallada la vermos en el siguiente tramo de este artículo.



AQUÍ






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Antes de pasar a la descripción del altar mayor debo remediar una omisión involuntaria: el quinto retablo barroco del templo de San Francisco. Helo aquí










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Sé que no es de mucha ayuda, amable lector, que le diga que un Ciprés es un Baldaquino ¿? En términos llanos un baldaquino es una cubierta interior que cubre, aísla o da realce al altar u otro elemento preponderante, además es exento, es decir que no está apoyado ni en contacto con los muros circundantes. El término ciprés es de uso casi exclusivo en México. Aventurándome un poco puedo concluir que un baldaquino, aunque estuviera construido de piedra se asemeja más al palio de tela y madera que le dio origen. En tanto que el ciprés es visualmente más pesado y tiene tanta ornamentación que gana protagonismo por sí mismo, dejando en segundo término los elementos a los que debiera dar realce. Llamémoslo ciprés.  El ciprés del templo de San Francisco está, como ya lo dijimos sobre el mismo basamento general que también soporta el ábside, está estructurado en dos cuerpos, el primero de ellos se desplanta sobre un segundo basamento, de sección octogonal. Tiene ocho columnas corintias, y un entablamento que se va desarrollando en  planos cóncavos y convexos. En la cornisa central se desplanta un frontón curvo y trunco. Al interior del espacio delimitado por las columnas, hay un muro circular, con tres arcos de medio punto y cuatro pilastras de capitel corintio. Al interior se aloja un Cristo, al que se conoce como "El Señor del Ciprés".  El segundo cuerpo se desplanta sobre un muro de planta circular, sobre este seis columnas de orden compuesto, rematadas con un entablamento circular que sirve de base a una cúpula coronada por una cruz.  En este segundo cuerpo se aloja la figura de San Francisco de Asís, patrono del templo y de la población. 
El trabajo en general y el tono de la cantera, hacen suponer la contemporaneidad del ábside, el ciprés, el altar en sí, el ambón y la sede. Si bien las proporciones de las columnas del ciprés, son necesariamente menores a las del ábside.  Pero hay dos elementos en el ciprés, con un color notoriamente diferente al conjunto. Los plintos o basamentos a los lados del ciprés, donde actualmente se ubican la escultura de San José y el Niño Jesús, y la Vírgen María. Esto nos indica que fueron añadidos posteriormente, pero en una imagen de principios del siglo XX ya aparecen, aunque soportando las imágenes de San Pedro y San Pablo que están en el retablo de Los Apóstoles. También, puede intuirse, por la coloración de la piedra, que existía un sagrario al centro del basamento del ciprés. En el último segmento de este artículo veremos los 4 retablos neoclásicos laterales y el campanario.

El cuadro de las ánimas del purgatorio es, en realidad, un retablo, se desplanta sobre un altar de cantera y está inscrito en uno de los arcos del muro sur. Su composición y el dinamismo de sus figuras nos hacen considerarlo barroco, el hecho de que estuviera concluido ya en 1766 no deja lugar a dudas.  No se tiene un dato fidedigno sobre la autoría de este retablo, algunos entusiastas chamacuerenses están aportando sus ideas  y sus recursos para desentrañar este misterio. Sea quien sea o quienes hayan creado esta imagen, su calidad es evidente.

Podemos dividir su composición en tres franjas horizontales: al centro de la franja superior se representa La Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), un poco más abajo, del lado derecho del cuadro está una legión de santos, entre los que se identifica a San José y San Ignacio de Loyola. Al mismo nivel, del lado opuesto una legión de Santas. En derredor de todas estas figuras hay, al dos docenas de Ángeles y Amorcillos. 

En la franja central, al centro está la Virgen María con el Niño Jesús, flanqueados por San Miguel Arcángel y San Gabriel. Más hacia los extremos  figuran San Nicolás Tolentino, Santo Domingo de Guzmán  y San Antonio de Padua.

La franja inferior es la que más cautiva a los espectadores, muestra veintiún ánimas en el purgatorio, hombres y mujeres, representados desnudos entre llamaradas. Cabe destacar el simbolismo de que, aunque están desnudas, algunas figuras llevan en sus cabezas mitras, bonetes o solideos, indicando su pertenencia al clero e indicando, por supuesto, que ello no les exime de cumplir las penas que sus pecados les hicieran merecer.

El ábside presenta seis columnas jónicas con su correspondiente pedestal, agrupadas tres en un cuarto de círculo en un lado y tres en la misma disposición en el lado contrario.

Sobre éstas un entablamento con un friso que alterna espigas de trigo y vides (símbolos de la Eucaristía) y sobre éste una cornisa muy ancha y saliente. La altura de la cornisa se hizo coincidir con las cornisas de la nave. Todo el conjunto es rematado por una bóveda falsa que tiene la parte central en un plano recto. 

En cada intercolumnio hay una peana para soportar una escultura, pero solamente las peanas centrales tienen una figura, la del lado del evangelio a San Felipe de Jesús y la del lado de la epístola a San Pedro de Alcántara.
El altar mayor es de estilo neoclásico, fue construido a finales del siglo XIX, siempre cabe la pregunta ¿Cómo es que teniendo cuatro ejemplos excelsos de retablos barrocos, los encargados deciden hacer un altar neoclásico?  Para fortuna de todos nosotros la conjunción de ambos elementos no es tan desafortunada como pudiera creerse.  Se dice que este es el único templo en la región que cuenta con un ábside. En sentido estricto el ábside es el espacio en la cabecera de un templo que contiene el presbiterio, en consecuencia todos los templos lo tienen, pero suele entenderse ábside como un espacio curvo, generalmente con techo abovedado y esa es la impresión que causa el muro posterior del altar mayor.

  Aquí también hay una imprecisión: el altar es la mesa desde la que se oficia la misa,  todo lo que esté detrás viene siendo el retablo, pero suele llamársele altar mayor a todo el conjunto.  Detrás del altar, propiamente dicho, están dos elementos, vamos a llamarlos ábside y ciprés.

El ábside, debiera mostrarnos su forma semicircular por la parte externa del templo. Sabemos que no es así, ello nos hace suponer que este elemento, es posterior, aunque su ornamentación neoclásica ya lo anticipa.  Adicional a esta diferencia entre el aspecto interior y el exterior, un detalle ilustrativo son las aristas de la bóveda del techo, se hace evidente que la bóveda cubre un espacio mayor, pues sus extremos se intersectan mucho antes de la intersección de los muros.  La forma del ábside no es precisamente semicircular, digamos que tiene un tramo recto al centro y dos cuartos de círculo. Esto se ilustra mejor en los tres dibujos aledaños.  Para describir este elemento pedimos que desmontaran el ciprés un rato para tomar esta fotografía.
Descripción del Templo de San Francisco ( cuarta parte)


 
Descripción del Templo de San Francisco ( quinta parte)



Luego del altar mayor, a finales del siglo XIX fueron construidos los retablos neoclásicos de la nave principal. Y si el altar mayor lo mencionamos como armonioso y bien integrado con los retablos barrocos prexistentes, los retablos neoclásicos podríamos considerarlos prescindibles. Con ello queremos decir que son un elemento bien realizado pero que no aporta demasiado valor a todo lo que ya existía cuando fueron construidos. Los cuatro son iguales en cuanto a su diseño general y muy diferentes en sus detalles y ornamentación. Por el espacio en el que están inscritos son idénticos en sus dimensiones.Todos los retablos son de cantera labrada y tienen una talla muy elaborada y fina en sus detalles. En años recientes se les agregó el dorado sobre la cantera, enfatizando los elementos ornamentales.  Del lado del Evangelio se encuentran los retablos dedicados, en este momento a, a San Vicente de Paul -el más cercano al crucero- y a Cristo Rey. Del lado de la epístola, el más cercano al crucero es el dedicado al Sagrado Corazón de Jesús y el siguiente el dedicado a la Virgen de Guadalupe.

A pesar de ser diferentes, los cuatro retablos neoclásicos comparten características comunes:  Están inscritos en los arcos de los muros de la nave principal. Tienen un solo cuerpo con tres calles, base y remate. Forman un elemento continuo con el altar correspondiente, tanto en diseño como en material de fabricación. El altar se desplanta sobre un basamento de cantera donde se ubican dos o cuatro ménsulas además de otros adornos. A continuación llevan un elemento que sirve de base a las columnas, en dos de los retablos hay plintos bien definidos para éstas y en los otros dos, elementos de franjas horizontales más cercanos a un estilóbato. Las cuatro columnas que conforman las tres calles ya mencionadas son de orden corintio en todos los retablos, aunque dos de éstos tienen, en sus extremos,  pilastras en lugar de columnas. En los cuatro conjuntos la calle central tiene mayores dimensiones que las laterales, formando un nicho en cada una de ellos. Los entablamentos tienen proporciones semejantes, con un arquitrabe sobrio de 3 bandas, más frisos y cornisas muy ornamentados, en tres de los retablos hay frontones como remate. A excepción del retablo del Sagrado Corazón de Jesús, la calle central sobresale del plano de las calles laterales:tanto las columnas como el entablamento correspondiente están desplantados más adelante del resto del conjunto.






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El retablo de Cristo Rey presenta cuatro columnas corintias de idénticas dimensiones, desplantadas sobre un estilóbato de dos bandas,  el nicho central tiene jambas muy ornamentadas, lo mismo que el arco y las correspondientes enjutas. En las calles laterales hay peanas sobre ménsulas. El conjunto lleva un frontón trunco que se desplanta sobre la calle central y sobresale como ésta.  Todo el retablo es rematado por un elemento posterior al frontón que casi toca el arco del muro. En este elemento destacan dos grandes y ornamentadas ménsulas, alineadas con los ejes de las columnas centrales. Las tres calles presentan peanas, en el central está colocada la imagen de Cristo rey con hábito blanco, capa roja, estola y corona. La mano derecha está elevada en actitud de bendecir.  Las peanas laterales están soportadas por ménsulas, en la del lado derecho está Santa Teresa del Niño Jesús, en el lado opuesto San Estanislao Kostka.


El retablo  de San Vicente de Paul presenta plintos para el desplante de sus columnas y pilastras, entre estos hay elementos cilíndricos rematados con la misma moldura que los plintos y el apoyo del nicho central. El nicho central es un poco más bajo que en el retablo anterior, aunque sus elementos son tan ornamentados como los de éste. Sobre el nicho hay un medallón con otros elementos orgánicos. Los apoyos de los extremos son pilastras  de sección rectangular. Coincidiendo con la calle central el conjunto es rematado por un frontón.
En el nicho está ubicada una imagen de San Vicente de Paul quien porta hábito negro y capa del mismo color, le acompañan dos niños menesterosos, a uno de ellos lo sostiene en su brazo derecho y al otro le toca en el hombro con su mano izquierda.  A la derecha está una imagen de Santa Margarita María de Alacoque y en el lado izquierdo una imagen de la Virgen del Carmen.





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El retablo del Sagrado Corazón de Jesús es el más complejo y menos "neoclásico" de los cuatro, desplanta sus columnas sobre un estilóbato de cinco bandas, presenta cuatro columnas idénticas respaldadas por sendas pilastras, también corintias. Estas columnas son singulares por varias características, su fuste está dividido en dos partes iguales con un cintillo al centro. En la parte inferior del fuste, sobre la basa tiene grandes hojas de acanto, la mitad inferior del fuste tiene un bajorelieve de ramas y flores, la mitad superior es estriada. En la parte superior presenta una especie de cortinajes ceñidos por un cordón anudado de cuyos extremos penden sendas borlas. En la calle central, más que un nicho hay una especie de medio baldaquino con dos columnas casi de idéntico diseño a las columnas principales pero de menor dimensión, la mitad inferior de estas columnas secundarias muestra un diseño de sillería, en tanto que la mitad superior unas escamas. El baldaquino presenta al frente un arco trilobulado y ostenta una cubierta cónica muy ornamentada. En las calles laterales hay nichos con marcos ornamentados y una peana soportada por una ménsula. Este retablo tiene sus cuatro columnas en el mismo plano, sin embargo el entablamento va recto sobre las columnas y en los intercolumnios corre en desarrollo curvo e el plano posterior. A diferencia de los otros tres retablos no tienen un frontón como remate sino un elemento complejo donde figuran dos copones sobre las columnas de lso extremos y las bases para éstos sobre las columnas centrales. El resto del elemento presenta un medallón central, roleos, guirnaldas, hojas y otros elementos vegetales.  Este retablo es el más ecléctico y elaborado de los cuatro, ello puede considerarse una virtud, pensando en lo complejo del diseño y quizá en la innovación, o un defecto si se hicieron estos retablos por rechazo a la exagerada ornamentación del barroco.  Al margen de ambas consideraciones la talla en cantera es de muy buena factura, y refleja con sumo detalle todos los elementos ornamentales presentes.
En el espacio central está la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, con túnica blanca y manto rojo, a la derecha el Sagrado Corazón de Jesús Niño y a la izquierda San Iganacio de Loyola.

El retablo de la Virgen de Guadalupe es, en contraposición de su colateral, el más sobrio de los cuatro. Las columnas se desplantan sobre un estilóbato de una banda y plintos para cada una de las columnas. En los extremos, en vez de columnas hay pilastras de sección rectangular. Las columnas centrales sobresalen un poco del plano de las pilastras, quizá por su propia condición de exentas. En el centro, más que un nicho hay un espacio para el cuadro de la Virgen de Guadalupe, las jambas son dos columnas pequeñas, y tiene un arco con cornisas, en el tímpano del arco hay adornos de rosas y al centro una corona labrada para la imagen de la Virgen. En las calles laterales hay peanas muy sobrias sobre ménsulas. El entablamento es casi recto, salvo por la parte que sobresale sobre columnas y pilastras, el conjunto lo remata un frontón que sobresale en los fragmentos sobre las columnas centrales.
En la calle central, obedeciendo a la naturaleza de los milagros que generaron su culto en nuestro país, está un cuadro de la Virgen de Guadalupe, en la peana derecha está una imagen de San Luis Gonzaga y en la izquierda la de San Francisco Javier. Debe ser coincidencia que todos los santos en el lado de la epístola son santos Jesuitas.

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El último elemento destacado en adicionarse al templo es la torre, una fotografía de 1910 nos muestra la espadaña que originalmente se encontraba en el actual lugar de la torre.   El doctor Groenewold nos cuenta que la torre fue construida en los años  cincuenta, por iniciativa del entonces párroco José María Reyna, en un afán de privilegiar el sonido de las campanas.
Si observamos estas imágenes podemos notar como la espadaña original fue aprovechada para el desplante de la torre, las proporciones son las mismas.   Es de llamar la atención que siendo un elemento tan reciente, es el elemento con el que más fácilmente se identifica este templo en su aspecto exterior.  Si usted, amable lector, es observador seguramente habrá notado que la piedra de la torre tiene un tono grisáceo, en tanto que la portada está realizada con una cantera café. Este cambio obedece a una razón muy simple, y quizá desengañe a muchas generaciones de chamacuerenses, la torre no es de piedra, es de tabique aplanado, con una textura y un recubrimiento de pintura que quizá por la intemperización que ya tienen o quizá por su acertada factura le dan una apariencia de piedra.  La torre tiene cuatro cuerpos cada uno de menores dimensiones que  los inferiores, los tres primeros son de planta rectangular y el cuarto octagonal. Los tres primeros se estructuran mediante ocho columnas de sección rectangular con basa y capitel muy simplificados. Cada cuerpo es rematado por un sencillo entablamento donde resalta la cornisa correspondiente. El espacio entre cada columna es resuelto mediante un arco de medio punto lo que provoca ocho arcos en cada cuerpo.  Las cuatro columnas de los extremos están rematadas con un copón al nivel del cuatro cuerpo.

El cuarto cuerpo presenta ocho columnas de sección rectangular, los espacios entre columnas llevan una abertura circular, siendo las cuatro que coinciden con los cuerpos inferiores ocupadas por sendos relojes. Cada columna es rematada por un copón. El conjunto es rematado por una cúpula de sección octogonal con nervaduras, desplantada sobre un pequeño tambor y rematada por una linternilla octogonal  cuyo cupulín tiene también nervaduras. En la parte superior hay una cruz metálica con luz de neón.  Es en el segundo cuerpo donde se encuentra ubicadas las campanas, entre cuerpo y cuerpo no hay un entrepiso, a excepción de algunos elementos metálicos que  junto con escaleras del mismo material  sirven para acceder a las campanas o a cualquier parte de la torre. Cuando acudí a tomar las presentes fotografías me sorprendió encontrar, en la escalera que sube a la torre,  un letrero conmemorativo  que reza: "Se terminó el 4 de febrero de 1932, S. Cura P. Esquivel". Si la torre es de los años cincuenta y la espadaña ya estaba en 1910 ¿qué se terminó en 1932?. Sólo puedo imaginar que fue la escalera de acceso lo que se terminó.
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Descripción del templo de San FRancisco de Asís