Chamacuero, Gto.
(También llamado Comonfort, Gto.)
Historia
Semblanza de don José María Luis Mora
El funesto paso de Ignacio Comonfort


Empalme Escobedo en el centenario de la Revolución
Historia de un busto de mármol
Listado de presidentes municipales desde 1932

SEMBLANZA DE JOSÉ MARÍA LUIS MORA (1794-1850)

Tomado de   http://www.agrupacionhumanistademocrata.org/index.html

Uno de los constructores del México actual es el Dr. José María Luis Mora, quien con su práctica y labor intelectual coadyuvó al nacimiento y desarrollo de la República Federal, soberana, laica y democrática de que hoy gozamos. José María Luis Mora fue el precursor de la Reforma liberal, la desamortización de los bienes del clero y la Constitución de 1857, puestas en práctica por el grupo liberal en la segunda mitad del siglo pasado.
Tras la independencia de México, el joven país enfrentó muchos y graves problemas de inestabilidad propios de una nación que transitaba de la vida colonial a una independiente. Pero, al mismo tiempo, existía la esperanza de hacer de México una República soberana, representativa y democrática basada en su independencia y libertad. En este contexto histórico nació, creció y se desarrollo José María quien abrazó con vehemencia la bandera del liberalismo y, por tanto, del constitucionalismo.
Así pues, las circunstancias históricas de su tiempo, modelaron la personalidad y el destino de José María Luis Mora, quien tuvo sus primeras impresiones de la revolución de independencia, acaudillada por Miguel Hidalgo, cuando era un joven de 16 años.
José María Luis Mora nació en 1794 en Chamacuero -hoy Comonfort-, Guanajuato, en el seno de una familia de criollos prósperos. A la edad de 12 años fue enviado a la capital para iniciar sus estudios en la más destacada de las antiguas escuelas de los jesuitas: el Colegio de San Ildefonso.
Mora fue un alumno brillante. A la edad de 25 años (1819), obtuvo el grado de licenciado en teología sagrada. Poco después comenzó a enseñar en San Ildefonso, tomó las órdenes sagradas y desempeñó el cargo de diácono en el arzobispado de México.
Aunque al principio permaneció apartado de las turbulencias de los años revolucionarios, en 1821 se apoderó de él la euforia constitucionalista, causa que abrazó vehementemente. Al restablecerse la Constitución de Cádiz de 1812, comenzó a actuar en política y, a los 30 años de edad, Mora se convirtió en dirigente de un grupo de delegados que redactó la primera constitución para el estado más poblado e importante de la época, el estado de México.
Al año siguiente, Mora cantaba las glorias de la Independencia como editor del Semanario Político Literario, iniciando así su carrera de periodista político liberal. Los primeros artículos de Mora contienen una teoría de la política secular y liberal que, en dos de sus características principales, no sufrieron cambios durante una década. La primera de estas características fue su admiración por la Constitución española de 1812, la otra, su identificación con el liberalismo constitucional francés, en particular con el pensamiento de Benjamín Constant, uno de los principales teóricos del liberalismo doctrinario francés.
En opinión de Mora, la Independencia mexicana estaba justificada porque las Cortes españolas no habían tratado a México de acuerdo con las disposiciones liberales de la Constitución de 1812. El problema estribaba, según él, en "el empeño de sus autores a fin de disminuir la representación americana e impedir el influjo que los nativos de estos países podían y debían tener en el gobierno instalado en la península". El rompimiento con España se llevó a efecto en medio del optimismo constitucional que corrió por México al restaurarse el documento de 1812. En México, bajo el amparo de una prensa libre, aparecieron docenas de panfletos que expresaban un "determinismo constitucional", cuyo tema era que, con una constitución benigna, los problemas de México desaparecerían.
A medida que fue transcurriendo la década, a Mora le preocuparon cada vez más las dificultades de la transición de México desde ser colonia hasta ser república independiente. El problema fundamental del liberalismo político mexicano, durante la primera década de la Independencia, fue la formación de un sistema constitucional. En 1824 México se dio una forma federal de organización por contraposición de los sistemas centralistas dominantes en España y Francia.
Los gobiernos estatales del sistema federal nacieron naturalmente de la institución de la diputación provincial, establecida en la Constitución española de 1812. Constitucionalmente, la diputación provincial era un cuerpo administrativo elegido en el lugar, y decisivamente controlado por dos funcionarios nombrados por el centro. Las diputaciones apenas se habían organizado cuando Fernando VII abolió la Constitución el 4 de mayo de 1814 y restableció la administración colonial tradicional. Las diputaciones provinciales volvieron a instaurarse con la Constitución de 1820, y constituyeron los antecedentes constitucionales de los estados de una república federal.
En marzo de 1822 Mora prestó juramento como miembro de la diputación provincial de México. Junto con José María Fagoaga y su grupo, Mora criticó manifiestamente a Iturbide; fue detenido, pero logró evadir el encarcelamiento efectivo. Fagoaga y sus seguidores estaban a favor de las disposiciones liberales y anticlericales de la Constitución de 1812. Aunque Mora no era un ferviente federalista, se lamentó del ascendiente del "egoísmo provincial" que no agradecía los esfuerzos realizados por los representantes nacionales para "limpiar y desmontar el terreno de tantas hierbas venenosas que habían germinado y crecido a la sombra del despotismo".
Y es que las diputaciones se habían excedido en sus facultades, decía, y "rompen el vínculo que las une con las demás provincias". Mora abogaba por la unión en contra del provincialismo desintegrador, por lo cual es comprensible que se le haya calificado de "centralista". Sin embargo, el punto de vista de Mora era semejante al de Fray Servando Teresa de Mier, el respetado diputado nacional de Monterrey, vigoroso antagonista tanto de Iturbide como de las fuerzas centrífugas del provincialismo.



































EL FUNESTO PASO DE IGNACIO COMONFORT

David Manuel Carracedo


Ignacio Gregorio Comonfort de los Ríos nació en Amozoc, Puebla en 1812, a los veinte años se alistó con Santa Ana para combatir la dictadura de Anastasio Bustamante. En 1854 secundó el Plan de Ayutla y, cuando don Juan Álvarez asumió la presidencia fue nombrado ministro de Guerra, a la renuncia de Álvarez, Comonfort quedó como presidente interino, cargo que desempeño de diciembre de 1855 a noviembre de 1857. El primero de enero de 1857 es electo presidente. Aunque era un hombre de extracción liberal, pretendió gobernar conciliando los intereses de su partido con los conservadores, ello lo llevó al extremo de adherirse al plan de Tacubaya promovido por Félix Zuloaga, donde se desconocía la constitución de 1857, este hecho trascendió como un autogolpe de Estado y una auténtica traición a los liberales. Comonfort abandonó el país en 1858, regresó años más tarde y fue rehabilitado por Juárez para enfrentar la intervención francesa, nombrándolo ministro de Guerra en octubre de 1863.
En trayecto de San Luis Potosí a la Ciudad de México, Ignacio Comonfort pasó por Chamacuero el día 13 de noviembre de 1863, fue atendido por el Jefe Político Ignacio Bernal quien le advirtió que en las cercanías del poblado de San Juan de la Vega eran frecuentes los asaltos de una gavilla de bandoleros de la zona. Comonfort no hizo caso a la recomendación, pero el jefe político de Chamacuero envió con él dos acompañantes. En las cercanías del Molino de Soria, la comitiva fue atacada y, aunque los asaltantes no los superaban en número, al tomarlos por sorpresa pudieron acabar con la escolta sin dificultad; Comonfort, con el ánimo conciliador que le caracterizó, quiso dialogar con los asaltantes y fue muerto, de una lanzada en el pecho, por el jefe de la gavilla. La misma suerte corrieron los chamacuerenses que lo acompañaban. Los asaltantes tomaron todo lo que consideraron de valor y huyeron. Al saberse la noticia, el jefe político fue a recoger los cadáveres, el cuerpo del Ministro de Guerra fue velado en Chamacuero esa noche y enviado a la ciudad de México por solicitud de su  madre.


















EMPALME ESCOBEDO, EN EL CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN

Eladio González
Joanna Rostañska



HISTORIA DE UN BUSTO DE MÁRMOL CONTADA POR ÉL MISMO

David Manuel Carracedo

Aunque oficialmente no he cumplido un siglo nací hace mas de cien años en el enorme taller de un maestro escultor; sus manos diestras golpearon durante muchas horas un áspero, pero hermoso bloque de mármol blanco con vetas grisáceas, propio de las canteras italianas donde permanecí durante milenios hasta que vi la luz en la ciudad de México. Claro, pude haber sido una moldura, una dovela, o un capitel corintio y haber terminado en cualquier lugar del mundo, pero me tocó la distinción de honrar la memoria del padre Hidalgo. En el taller donde nací había una enorme dotación de figuras en todos los tamaños imaginables: ángeles para sepulcros, torsos, diosas griegas y algunos equinos. Por boca de las otras esculturas, dado que nunca me he mirado en un espejo, supe que mi aspecto sería el de un anciano benévolo que fue pieza clave para la historia de esta nación y que doscientos años después inspira respeto y admiración para la mayoría de habitantes de nuestro país. Digo nuestro país porque a final de cuentas yo nací aquí, aunque con materia traída de muy lejos. Cuando me declararon oficialmente concluido fui colocado en una caja de madera muy sólida y empacado en un mar de virutas de pino para amortiguar cualquier caída. Así, a lomo de mula llegué a Comonfort o Chamacuero, como todavía le llamaban muchos de sus habitantes. Llegué en Julio de 1910, sin saber aún, el lugar de privilegio que me estaba deparado. 
Es propio de todos los seres humanos el deseo de dejar constancia de alguna fecha significativa; el primer Centenario del inicio de nuestra Independencia dejó numerosos edificios, monumentos y objetos que sobreviven hasta hoy en día. Los chamacuerenses de aquel entonces decidieron construir un monumento, quizá por el orgullo de sentir que una fecha tan importante no pasó desapercibida incluso para un pueblo tan pequeño. En la plaza cívica se colocó un basamento rectangular que soportaba una columna central de dos cuerpos, en cada esquina del basamento había un jarrón muy ornamentado y en el punto culminante un busto de mármol de don Miguel Hidalgo, es decir yo. En el primer cuerpo de la columna una placa de mármol con letras primorosamente grabadas daba fe de los responsables del monumento y el motivo del mismo, además de un par de banderas entrecruzadas, una rama de encina y otra de laurel; textualmente decía:

LOS EMPLEADOS SUPERIORES
Y OPERARIOS DE SORIA
PERPETUAN EN ESTE
MONUMENTO EL
PRIMER CENTENARIO
DE LA
INDEPENDENCIA
DE
MÉXICO











Nombre

José de la Luz Mota    
Ezequiel Nieto         
Tiburcio Guevara       
José Ortega             
Jesús Franco Estrada    
Salvador Dávila        
Carlos Espinoza Vázquez 
Félix Almanza Leal      
José Morales            
Francisco Pérez Pérez   
Jesús Leal Franco       
José Hernández García   
Arturo Monreal Tinajero 
José Hernández Camacho       
José Hernández García        
Francisco Rubio Vázquez      
Adalberto Téllez Márquez     
Consuelo Estrada León        
Antonio Bucio Ortiz            
José Sánchez Delgado           
José Sánchez Mancera           
Constantino Olalde Moreno 
Francisco J.Ramírez Martínez
Agustín Zárate Ramos             
Isidro Flores Laguna             
Leopoldo Rubio Salinas           
Pedro Laguna Pérez               
Isidro Flores Laguna        
Cirilo Vázquez Hernández    
Francisco J.Ramírez Martínez
Hugo Salcedo Munguía         
Sergio Prado Tapia          
Alberto Méndez Pérez         
Isidro Flores Laguna        
Roberto Páramo Ríos       
Isidro Flores Laguna        
Moises Arnulfo López Portillo Rodríguez
Bricio Balderas Álvarez       
José Carlos Nieto Juárez
Francisco J.Ramírez Martínez
Susana Michel Araiza
Pablo López Portillo Rodríguez
Alberto Méndez Pérez

Desde

1 de enero de1932
Mayo de 1933
1 de enero de  1934
1 de enero de1936
1936
1 de enero de 1938
1 de enero de 1940
1 de enero de 1942
1 de enero de 1944
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Al igual que Mier, Mora se opuso claramente a la tendencia de la autonomía provincial extrema tal como Miguel Ramos Arizpe, Lorenzo de Zavala, Valentín Gómez Farías, todos los cuales figuraban en la mayoría del congreso nacional de 1824. Sin embargo, Mora en su calidad de miembro de la diputación provincial y más tarde de legislador estatal, fue por necesidad defensor de las prerrogativas de los estados. Se sentía orgulloso de los esfuerzos realizados por las diputaciones provinciales y en 1826 declaraba que "obraron positivamente en muchos asuntos e hicieron la federación
El 3 de marzo de 1824, el Congreso Constituyente del estado de México inició sus sesiones en el Palacio de la Inquisición de la ciudad de México. Además de sus trabajos consagrados a la redacción de una constitución y al establecimiento de un sistema fiscal y hacendario, de la redacción de una ley electoral, del establecimiento de los fundamentos de un sistema judicial completo con regulaciones pormenorizadas en materia de proceso jurídico y criminal, así como de una ley sobre los municipios, el congreso fue blanco de una gran cantidad de peticiones locales y solicitudes insignificantes. En medio de la confusión que trajo consigo la Independencia, el Congreso hacía las veces de virrey, audiencia e intendente a juicio de los ciudadanos y las comunidades.
En los debates Mora desempeñó un papel fundamental y se alzó como jefe intelectual pues, en la mayoría de los casos, sus opiniones se impusieron. Era presidente de los dos comités fundamentales: de legislación y constitución.
Fueron tres las esferas de interés especial para este Congreso: la organización del gobierno municipal, el establecimiento del sistema judicial, particularmente la introducción del juicio mediante jurado, y la composición de una ley electoral.
En mayo de 1830 Mora comenzó a escribir un ensayo sobre México, que tenía como modelo el "Ensayo político sobre el reino de la Nueva España" (1811) de Alexander von Humboldt. En él comentó en forma pormenorizada la Constitución de 1824. Aunque conservaba una fe en el sistema constitucional, había hecho su aparición un nuevo espíritu de análisis realista. En él iban a la cabeza de la lista dos nuevas preocupaciones: la reforma del artículo 3°, que daba lugar a la intolerancia y aseguraba la protección oficial de la Iglesia Católica Romana y, la supresión del artículo 154 que perpetuaba los privilegios jurídicos del clero y de los militares.
Monumento al sitio en que falleció Ingnacio Comonfort. Debe ser de buena manufactura; a pesar del tiempo, el vandalismo y el abando, continúa en pie.


LOS BARRIOS DE CHAMACUERO

Federico Groenewold

Cuando se habla de un barrio se tiene la idea moderna que lo equipara con una colonia o un fraccionamiento. No puede discutirse este concepto porque tiene un profundo significado social, ya que implica la relación de las familias ubicadas en ese sitio. Sin embargo cuando nos referimos al origen mismo del concepto el significado es totalmente distinto, particularmente cuando hablamos de los barrios en nuestro Pueblo de Indios.
Desde hace ya algunos años, más de los que desearía, he sido abominado por cierto sector de la sociedad chamacuerense por sostener que nuestro asentamiento, dentro de lo que llamamos Municipio, es un pueblo de indios y no una villa de españoles, como pudieran ser Celaya o San Miguel. Consideran que es peyorativo el hecho de señalarlo como un lugar de habitación propio de los naturales y que les fue arrebatado por la conquista hispana. En Chamacuero hemos perdido casi todo, nuestra identidad, nuestro nombre, nuestra integración social y lo seguimos haciendo porque dejamos que las costumbres modernas extrañas  sacrifiquen las tradicionales. Este es un precio que necesariamente tenemos que pagar, pero eso también no implica que desconozcamos nuestros orígenes, raíces y cultura.
Un barrio es una entidad poblada por personas que tienen los mismos ideales, bienes patrimoniales, carencias y necesidades, limitada en su territorio generalmente por barreras ideológicas o étnicas, y que comparte con sus habitantes las mismas reglas administrativas, políticas y religiosas.
Quizás el nombre barrio le quita el verdadero sentido social del grupo humano que lo conforma. La palabra barrio es, curiosamente, de origen árabe barri y fue introducida a nuestro lenguaje por los españoles con el significado de "exterior", pero en su connotación original significa "salvaje" (1)   . El mismo diccionario nos dice que barrio es "cada una de las partes en las que se dividen los pueblos grandes o sus distritos". En este último sentido es correcta la utilización de la palabra para significar colonia o fraccionamiento. Pero regresando al sentido original, barrio era designado como algo fuera de lo que le es propio a la ciudad y que era habitado por salvajes. Entendamos esta acepción de la palabra en toda su profundidad. Los españoles utilizaron ese vocablo con la intención de señalar los sitios territoriales que no les pertenecían - recordemos que la Bula Ex Cætera de 1493 otorgaba en posesión todo lo que era descubierto en el Nuevo Mundo  a la Corte Española y que era cedido por gracia del rey a un ciudadano español distinguido - entonces los barrios eran extensiones territoriales que no les pertenecían a los españoles, sino a los naturales del lugar.
A la llegada de los españoles a este territorio, por el año de 1543(2)  - no puede ser antes, como aseguran algunos autores para justificar la presencia de misioneros en la zona - hallan un poblado, una verdadera ciudad, dice la Relación de Acámbaro(3)  formada por un numeroso grupo de naturales en casas distribuidas a lo largo de la margen izquierda del Río Laja, con huertos y lugares de cultivo propios. Los anales señalan que eran muchos más de mil habitantes los que vivían en este lugar. Los habitantes eran "mansos", para utilizar el vocablo de los relatores, es decir no eran belicosos y prefirieron abandonar sus casas antes que pelear con los invasores. Al abandonar el sitio, éste quedó a merced de los conquistadores quienes no dudaron en solicitar al Rey la merced de estancias. Las mercedes incluían no sólo el territorio de cultivo sino a los individuos naturales que ellos contenían. Es de considerarse que de esta manera los nuevos terratenientes se hicieron de los primeros peones y trabajadores a los que deberían cristianizar, antes de pensar en esclavizarlos, en virtud de la Bula antes mencionada. Para los inicios del siglo XVII ya había en territorio chamacuerense veinte estancias de más o menos gran extensión.
No cabe duda que el asentamiento principal debería haber sido muy grande porque mereció el respeto de los españoles, quienes lo bautizaron como "pueblo de indios" y no lo destruyeron. Todas las estancias se establecieron alrededor del asentamiento principal y lo que sí se hizo fue un nuevo reparto de tierras (4) , para todos los naturales que no habían huido, que regresaron por sí o por la fuerza, o bien se quedaron en sus casas. El reparto se hizo a partir del atrio del templo principal, que apenas se encontraba en construcción, hasta el recién formado presidio de San Agustín hacia el Sur por la margen izquierda del Río de la Laja.
Lo importante que deseo subrayar en este ensayo es el tremendo proceso de aculturación sufrido por los habitantes naturales. Sin ser éste el medio para discutir el problema de la lengua, que en su parte medular era un dialecto hña hñu, el español trató por todos los medios de sustituirlo por el castellano. De una manera similar se produjo un choque con el concepto religioso, ya que según el europeo de aquel tiempo, los naturales eran seres "sin alma" semejantes a los animales a los que había que redimir por medio de la fe de Cristo a fin de que a su muerte pudieran ir al Cielo. No fueron éstos los dos únicos objetos de controversia en el proceso de aculturación, aunque sí los principales. Hay que señalar también que el etnocentrismo español no podía entender muchas de las costumbres de sus encomendados como era su forma de comer, su comida, sus lechos, sus muebles y muchos detalles más. Su espíritu era uno y sólo uno: cambiar al natural al estilo español en su totalidad.
A los indígenas de este territorio debo insistir se les trató con  suavidad, como reacción de su propia forma de ser, pero con mano firme, es decir quedaban sujetos al amo para cultivar la tierra y sus animales, pero eran libres para vivir en sus propias casas y tener su propio terreno de cultivo para sus insumos domésticos. De esta manera se fueron formando barrios, primeramente en torno de la gran ciudad y luego en cada una de las estancias.

































 
Los Barrios de Chamacuero
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Su objeción al artículo 154 constituye el meollo de su nueva manera de considerar la Constitución. Este artículo simbolizaba para Mora el abismo que mediaba entre la realidad social mexicana y un orden jurídico liberal y republicano.

Lo que había cambiado en 1830 eran las ideas en torno a la manera en que se podía alcanzar el progreso liberal. Era la sociedad, ejemplificada por estos vestigios del pasado, lo que ahora debía reformarse. El término "institucional" poseía ahora un nuevo significado social para Mora, como no lo había tenido en la década de 1820. Reconoció que, de la multitud de cuerpos privilegiados que habían existido en el México colonial, los únicos que aún conservaban privilegios políticos eran la Iglesia y el Ejército. Estos cuerpos ejercían una suerte de tiranía sobre los miembros de la sociedad, que inhibía la independencia personal y el desarrollo de una comunidad de ciudadanos que disfrutaban de derechos y obligaciones iguales. En la década de 1830, Mora había llegado a la conclusión de que la mayoría de los males del país tenían su origen en los órdenes privilegiados que debían ser suprimidos.
La nueva orientación de Mora venía acompañada de una diferente interpretación del proceso político desde la Independencia. El anticlericalismo constituía la base de este programa de reformas: la desamortización de los bienes de la Iglesia; la desmembración de los monasterios y la difusión de la educación pública laica. A mediados de la década de 1820, el progreso estuvo representado por los gobiernos de los estados, y la reacción por el clero y los militares, siendo el gobierno central un poder neutral moderador. En la nueva concepción que se había formado Mora acerca de la historia reciente, el régimen de Bustamante representaba el ascendiente del clero y de los militares y el sometimiento de los estados.
Los hombres del progreso llegaron por fin al poder en abril de 1833, "la primera vez que en la República se trató seriamente de arrancar de raíz el origen de los males. . . y de sentar las bases de la prosperidad pública de un modo sólido y duradero". Los principios del régimen de Gómez Farías eran "las tendencias generales e irresistibles del mundo civilizado". Gómez Farías encabezó un gobierno revolucionario, consagrado a reformar la sociedad de corporaciones a favor de la libertad individual.
El blanco principal del programa de reforma de 1833 fue la Iglesia, que era la institución más poderosa de la sociedad. La Iglesia se negaba a reconocer que el nuevo gobierno civil tuviese la fuerza o que mereciese el respeto de los monarcas españoles. El problema principal a que se enfrentaban los liberales era el de recuperar la soberanía del Estado y su principal antagonista era la Iglesia. Mora recalcó que su ataque contra "los abusos y la superstición" y "la ambición y la codicia de los ministros del altar" no constituía un ataque contra la religión. En su opinión, los anhelos reformistas estaban siempre acosados por el hecho de que se le podía hacer creer fácilmente al pueblo que las creencias religiosas y las pretensiones clericales eran una y la misma cosa.
Respecto al ejército, Mora consideraba que "La parte más considerable de los desórdenes políticos y de la desorganización social de la República Mexicana, depende de la milicia considerada como clase privilegiada". El soldado privilegiado se portaba insolentemente con la justicia civil, cometía toda suerte de delitos civiles con impunidad, las levas bárbaras de los soldados causaban gran terror en el campo.
La inevitable "reacción de los fueros" en contra del régimen de Gómez Farías se produjo en mayo y junio de 1834, y la encabezó el propio presidente Santa Anna quien expulsa de su gabinete a los reformadores. La labor de "limpieza" política fue rápida y efectiva. Mora cerró El Indicador el 15 de mayo de 1834, quejándose de que Santa Anna se había echado para atrás en el programa reformista. Renunció a la Junta de Instrucción Pública el 11 de junio, tres días antes de que el Ayuntamiento de la ciudad de México aclamase como héroe a Santa Anna. México aclamase como héroe a Santa Anna.
Como consecuencia de la situación política nacional, a fines de noviembre de 1834 Mora decide partir hacia Europa, en donde permanecerá hasta su muerte. La salida de Mora y Gómez Farías cerró un capítulo en la crónica de la política liberal.
José María Luis Mora vivió el resto de sus años en el exilio. Mantuvo contacto con México a través de una amplia correspondencia. Es en París en donde publica los tres primeros tomos de su obra "México y sus revoluciones" (1836) y sus "Obras sueltas" (1837). En 1846, el gobierno recientemente establecido de Valentín Gómez Farías, lo nombra embajador de México en Inglaterra desde donde su valiente pluma y su espíritu liberal, escriben en contra de la invasión de Estados Unidos a nuestro país. En medio de los desconcertantes acontecimientos de 1947-1949, los gobiernos liberales volvieron su mirada hacia el hombre que había sido el jefe intelectual del anterior movimiento de reforma. Así, desde el exilio, Mora brindaba consejos sobre cuestiones políticas a los ministros de Relaciones de aquella época: Mariano Otero y Luis de la Rosa. Mora falleció en París, el Día de la Bastilla, en 1850. Sus restos mortales fueron trasladados a México en 1963 en donde se depositaron en la Rotonda de los Hombres Ilustres, en el Panteón Civil de Dolores.


Llamamos a este texto el funesto paso de Ignacio Comonfort por una doble razón, su paso por Chamacuero fue, evidentemente, funesto para él, pero fue funesto para nuestro pueblo pues, hasta la fecha lleva su nombre a manera de homenaje, cuando el general Comonfort no tuvo más relación con este pueblo que haber encontrado la muerte en su territorio.
En1874, el todavía jefe político, Ignacio Bernal promovió que San Francisco Chamacuero fuese llamado Chamacuero de Comonfort, en honor al general asesinado once años antes en las inmediaciones del municipio. En 1934, en con motivo de un laicismo mal entendido, el gobierno estatal reforma el nombre de algunos municipios y Chamacuero de Comonfort acaba por llamarse simplemente Comonfort.
No es nuestra intención, en modo alguno, denostar la memoria de Ignacio Comonfort, ni siquiera la de juzgar su papel histórico como militar o político. Nuestro gran cuestionamiento y mayúscula inconformidad radica en el hecho de que nuestro municipio y nuestra población deban llevar el nombre de un personaje por demás gris, tibio, de méritos y aciertos que compiten por igual con sus defectos y errores. No imagino qué llevó a Ignacio Bernal a semejante propuesta, quizá fue una maniobra política para congraciarse con alguien o para llamar la atención sobre su persona. Si analizamos otros sucesos semejantes, notaremos que Tlaxcalantongo no se llama Venustiano Carranza; Chinameca no se llama Emiliano Zapata; ni Tepeji Melchor Ocampo; Huixquilucan Santos Degollado, Cuajimalpa Leandro Valle, etc, etc. Siendo imparciales, San Cristóbal Ecatepec sí se llama San Cristobal Ecatepec de Morelos y Cuilapan se llama Cuilapan de Guerrero, pero entre el generalísimo Morelos y don Vicente Guerrero hay un abismo con relación a Ignacio Comonfort. Además, dichos poblados no substituyeron su nombre por el del prócer, lo complementaron. Nuestro desencanto sería mucho menor si nuestro municipio se siguiera llamando Chamacuero de Comonfort, pues para todos nosotros sería Chamacuero y el general poblano figuraría, si acaso, en los documentos oficiales. Pero mucho más allá de estos supuestos, preferimos que este lugar lleve el nombre con el que los purépechas lo refundaron en el siglo XIV y con el que se le conoció durante seiscientos cincuenta años. También preferimos que se le rinda homenaje al Dr. José María Luis Mora, nacido en esta población y, en honor a la verdad, con méritos muy superiores a los de Ignacio Comonfort. Sí, Chamacuero de José María Luis Mora, ese debe ser el nombre de nuestro municipio.




Empalme González (Empalme Escobedo) base y camino de la revolución.

Durante las diferentes etapas de la revolución, el pueblo de Empalme González fue un camino y una base en donde se establecieron temporalmente los diferentes grupos en pugna. Esto sucedió debido a que dicho pueblo era un centro ferrocarrilero de gran importancia, donde se realizaban los transbordos de mercancías y de personas con otros ferrocarriles como fue el Central. Además porque también esta era una ruta directa hacia la frontera con los Estados Unidos.
Por ese motivo, el presidente Don Francisco Ignacio Madero comisionó, al general Cándido Navarro para que custodiara esta línea ferrocarrilera. La primera acción que llevó acabo el general Navarro fue el 20 de mayo de 1911, cuando tomó por asalto el tren número dos que venía de Laredo, en San Miguel de Allende. Después de haberlo hecho, le notificó al maquinista y al conductor que tenían que detener el tren y esperar hasta que concluyera la captura de los soldados de las fuerzas federales que viajaban en el mismo. Terminada la misión, el tren continuó su marcha hasta la Estación de González, donde el general Navarro descendió con todos los hombres capturados. Otra de las acciones que efectuó el general Navarro fue la del día 22 de mayo del mismo año, pero ahora en la Estación de San Felipe cuando siendo las 2:55 p.m. le ordenó al jefe de la estación de esa región que suspendiera todo el tráfico de trenes de ambos lados: del Distrito de San Luis Potosí hasta la Estación de Empalme González.
En tanto, no recibiera las órdenes correspondientes del Presidente Madero, no debería de permitir que corrieran los trenes porque habían colocado minas en las vías y puentes. Y en caso de que lo hicieran, la misma empresa sería la responsable de la destrucción de los puentes y de las vías. Pues también dejó una escolta provista con la suficiente dinamita, además con más minas iguales a las que ya previamente habían sido colocadas por sus hombres. Debido a esta situación, la empresa ferrocarrilera ordenó la creación de dos nuevos trenes extras para suplir a los bloqueados y dispuso, en principio, que el tren número 2 que salía de San Luis Potosí a las 9:20 a.m. con rumbo a la ciudad de México, siguiera temporalmente una nueva ruta, muy distinta a la suya. Pues ahora, en lugar de pasar por Empalme González, tomaría la vía que iba con dirección a Aguascalientes. Y en el caso del tren número 1 que sale de México este seguirá la misma ruta, para llegar a San Luis Potosí. Esta nueva situación causo que el tren número 1 viniera, hasta con siete horas de retraso.
Fue hasta el día 25 de mayo de 1911 cuando el general Navarro recibió a las 4:15 p.m. un telegrama y unas cartas del presidente Madero, en las cuales le comunicaba que ya se podía reanudar nuevamente el tráfico de los trenes en sus dos sentidos. Se les garantizó que ya no serían molestados y que podían contar con las vías libres de minas, pues ya habían sido retiradas en su totalidad. Debido a ese acontecimiento, el mismo día se normalizó el servicio de trenes. Por este motivo se regresó el tren extra que había salido de San Luis Potosí con rumbo a la ciudad de México, por la vía de Aguas calientes.
El mismo día que se levantó la prohibición el tren número uno salió de González con rumbo a San Luis Potosí a las 2:40 p.m., como lo hacía habitualmente. Ese mismo día, el general Cándido Navarro abordó ese tren con rumbo a San Luis Potosí, junto con su tropa que se componía de 2 oficiales y 16 hombres. 1
En 1911, éste era el horario y el itinerario de los trenes del Ferrocarril Nacional de México que iban a Empalme González (Escobedo). El tren que iba a Laredo, salía de la estación Colonia a las 7:30 p.m. y llegaba a la misma estación Colonia a las 6:00 a.m. Su recorrido iniciaba en México, continuaba en Querétaro, llegaba hasta González: y continuaba su recorrido hacia norte.
El tren que iba a Querétaro y González salía de la estación Colonia a las 07:45 AM. y llegaba a la misma a las 06:30 AM.
Otros destinos fueron: México, Acámbaro, Morelia vía Uruapan y vía González: Éste salía de la estación Colonia a las 2:00 PM. y llegaba a la misma estación Colonia a las 7:45 PM. México, Toluca, Acámbaro, (en donde se conectaba con el que iba a Empalme González): salía de la Estación Colonia a las 7:45 PM. y llegaba a la misma estación Colonia a las 7: 05 PM. del día siguiente. 2 A la muerte de Francisco I. Madero, en el país se desato un conflicto de ingobernabilidad. Lo que causo que por órdenes del general Victoriano Huerta la plaza de San Luis Potosí, fuera ocupada por las fuerzas federales al mando del general Don José Refugio Velasco. El que después, fue relevado por los generales Joaquín Mass y el Luis Medina Barrón, el día 5 de junio de 1914. Pero debido a las grandes avanzadas y a los sonados triunfos de los revolucionarios en el norte, los generales Mass y Barrón decidieron no enfrentarse a los rebeldes, encabezados por los generales Jesús Carranza y Pablo González. Por ese motivo, durante los días 18 y 19 de junio de 1914 las fuerzas federales se resguardaron en San Luis Potosí y por órdenes que les fueron giradas desde la Ciudad de México por la Secretaria de Guerra, abandonaron esta plaza. Debido a esto, el general Barrón quien estaba al mando supremo de estas fuerzas, dio la orden para que se formaran varios trenes militares especiales para abandonar esta ciudad.
Debido a ello se formaron tres trenes: uno especial para conducir a los enfermos y heridos otros para transportar los víveres y otro para transportar las tropas, asignándoles a estas últimas la misión de destruir las vías y los puentes después de haberlos cruzado, para así cubrir su retirada. Debido a esta situación la plaza de San Luis Potosí fue abandonada por las fuerzas federales el 19 de julio de 1914. 3 La primera escala que hicieron estos 6,000 hombres, entre tropa y oficiales, después de abandonar San Luis. Fue la estación terminal de Empalme González a la cual llegaron el día 20 de julio de 1914. A su llegada ninguno de los que ahí viajaban se imaginaron, el accidente que le sucedería a uno de los trenes de este convoy militar. Porque precisamente al entrar al pueblo de González, uno de los trenes en que venían se descarriló por estar la vía abierta. Al momento del accidente se formó una gran confusión y pánico. No fue sino momentos después, que ya con más calma que revisaron el tren para cuantificar los daños sufridos.
Una de las mayores pérdidas fue el descarrilamiento de 27 carros, los cuales quedaron totalmente destrozados. Debido al accidente y para el rescatar a los heridos y sacar a los muertos de entre la madera, y los hierros retorcidos, así como para curar a los heridos e incinerar a los muertos, se organizaron varias brigadas de salvamento para después continuar la marcha. En este accidente perdieron la vida: los mayores Sevilla, Quintana, Barrios y Cortés el coronel Ovalle, un sub. Teniente y 10 soldados de la tropa, además de dos bueyes. Ya habiendo terminado la tarea de sacar a los muertos y atender a los heridos, se dispusieron a quemar los carros accidentados y justo en el momento en que lo iban hacer, se escucharon los gritos de una mujer pidiendo auxilio. Se trataba de una soldadera que se salvó de morir aplastada durante el descarrilamiento y ahora pedía ayuda para no morir quemada. Ya después de haberla sacado de los escombros, esta dijo que al no encontrar lugar en ninguno de los carros, decidió viajar desde San Luis Potosí en uno de los truks de los carros hasta González. Inmediatamente después del accidente se telegrafió a Querétaro para solicitar ayuda la que llegó, al cabo de cierto tiempo. Ésta se componía de varios trenes vacíos. 4 Después de organizarse nuevamente, tan sólo una parte de éste ejército permaneció en Empalme González porque la mayoría llegó a México a la estación Colonia el 21 de julio a las 7:15 p.m. de la noche. Uno de los oficiales, que llegó esa noche fue el general Víctor Preciado junto, su estado mayor. De igual manera, con estas tropas llegaron varias familias procedentes de San Luis Potosí. 5
En cuanto a las fuerzas revolucionarias, el "Ejército del Noroeste" salió de San Luis Potosí el mes de julio y tomó el camino real con rumbo a Rinconcillo, en donde se dividió en dos columnas. Éste fue el motivo, por el cual se alargó su llegada a González. La primera mitad de este ejército estuvo formada por "la División del Centro" que comandaba el general Jesús Carranza y "la División del Noroeste" que comandaba el general Francisco Murguía. Estas dos divisiones partieron juntas con dirección a Empalme González, después de tomar Dolores Hidalgo y San Miguel de Allende. En cuanto la segunda mitad de este ejército,  esta estuvo al mando del general Pablo González, que se fue con rumbo a Santa Rosa, en una dirección un poco más al sur, con rumbo a Querétaro. Fue hasta el 30 de julio de 1914, que los revolucionarios llegaron a Empalme González. El factor que influyó decisivamente en esta tardanza fue la destrucción total de la vía, hecha por los federales que aún ocupaban la Estación de González. Fueron los generales Jesús Carranza y Francisco Murguía quiénes entraron a Empalme de González al frente de 6,000 hombres. El general Carranza decidió tomar González por ser este pueblo una importante terminal ferrocarrilera que estaba conectada a la línea troncal de Acámbaro y Celaya. Y los federales que hasta antes de ese momento ocupaban González, al enterarse de que los revolucionarios ya merodeaban esta importante región. Decidieron abandonar González, y a su salida el teniente coronel Arredondo, mandó a sus fuerzas que en cuanto iniciaran su marcha hacia Querétaro, fuesen destrozando y arrasando toda la vía a su paso, principalmente la que iba a San Juan de la Vega, porque esta estaba unida a un ramal que iba con dirección a Celaya. Toda esta maniobra, con el objeto de retrasar aún más la llegada del ejercito revolucionario a Querétaro y a la capital de la República. Al ocupar las fuerzas revolucionarias en Empalme González, se organizaron grupos para reparar la vía y continuar con su avance a Querétaro y al parecer lograron su objetivo, pues se les vio como a las 4:00 de la tarde del mismo día 30, en la Estación de Maríscala. 6 En la última de las etapas revolucionarias  (si es que le puede llamar así) cuando se suscitó el rompimiento entre Villa y Carranza, Empalme González también fue un escenario en donde se desarrolló una parte de estos acontecimientos. Esto fue debido a la conexión que tenía con Celaya por medio de un ramal, además porque también formaba parte del sistema ferroviario que partía de la frontera norte hacia la Ciudad de México. El conflicto que había iniciado durante la lucha revolucionaría, al término de la misma se agudizó a principios del mes octubre de 1914, cuando Villa en su calidad de jefe de la División del norte desconoció a Carranza, como jefe del ejército Constitucionalista.
Este suceso dio, como resultado, una serie de desacuerdos entre los diferentes grupos armados, lo que concluyó en un nuevo enfrentamiento entre las diferentes fuerzas revolucionarias al tratar de imponer cada uno su propia ideología. En ese mismo año en "Empalme González" estuvo ubicada una plaza militar que se encontraba al mando del general Carrera Torres, él cual tenía a su mando 5000 hombres, a los que, al suscitarse las hostilidades, se les ordenó que resguardaban el paso de los trenes hacia Celaya y hacia el norte. Así mismo fue en Empalme González donde el general Álvaro Obregón, cuando llegó procedente de San Luis Potosí el día 25 del mes de julio de 1915 y pernoctó toda la noche, para después partir a las 8 de la mañana del día siguiente con rumbo a Celaya, con la finalidad de combatir al general Villista Rodolfo Fierro. 7 En referencia al mismo tema, los habitantes de Empalme Escobedo dijeron que en este sitio acontecieron más sucesos históricos como los anteriores, pero, desgraciadamente no quedaron registrados en ningún documento o publicación que hasta la fecha se conozca. Quizás aparezcan en el transcurso del tiempo. Con este relato dimos cuenta la importancia estratégica que tuvo Empalme Gonzáles, hoy (Empalme Escobedo) en las diferentes etapas de este conflicto armado, en esta parte del Estado de Guanajuato.
1.    A. G. N. Archivo, S.C.O.P. Daños Causados por la Revolución Clasif.10 / 2601-1- Págs. 239- 244- 248-255-264-265- 266.
2.    A. G. N. Biblioteca, Periódico Nueva Era. 3 de Abril de 1911. Pág.4.
3.    A. G. N. Biblioteca, El Imparcial, 19 de Julio de 1914. Núm. 7400. Pág. 1.
4.    A. G. N. Biblioteca, El Imparcial, 21 de Julio de 1914. Núm. 7402. Pág. 4.
5.    A. G. N. Biblioteca, El Imparcial, 23 de julio de 1914. Núm. 7404. Pág. 8.
6.    A. G. N. Biblioteca, El imparcial, 30 de Julio de 1914. Núm. 7410. Pág. 1-8. Moreno
7.    M. Manuel Guanajuato, Cien Años de Historia. Edit. Gob. del Estado de Guanajuato. Octubre de 1989. Págs.188-202- 204- 225.














En la esquina inferior izquierda: 1810; en la derecha: 1910.
Cuando fui colocado en la cima de la columna sentí que el destino no pudo depararme un mejor lugar, a partir de entonces yo sería la pieza clave para la veneración de los comonforenses hacia sus héroes y también de un motivo de orgullo por la forma en que perpetuaríamos el Centenario de la Independencia.
El propio dieciséis de septiembre de 1910 tuvo lugar la develación. La solemnidad que se palpaba en el ambiente, el sentimiento de júbilo y la veneración que embargaban a los chamacuerenses aún permanece en mi memoria. 









Desde el 16 de septiembre de 1910 hasta mediados de los años setenta presidí la plaza cívica de Comonfort, sesenta y tantos años, suficientes para integrarme a la memoria colectiva de este pueblo. Suficientes para ver nacer y morir a cientos de sus habitantes, para conocer de sus alegrías y sus inevitables tragedias. Salvo porque algún despistado decidió ponerle "colorcito" a mi mármol todo lo consideraba perfecto, la eternidad parecía esperarnos en este lugar de honor. Pero el progreso y el deseo de cambio traen modificaciones que acaban por ser radicales: ni la plaza, ni el mercado adjunto parecían ya apropiados para el Chamacuero de ese entonces. Así que el monumento en su totalidad fue desmontado y a la larga desapareció casi por completo. Aunque temí terminar en el camión del escombro o archivado para siempre entre los trebejos municipales no sucedió así. Tanto un servidor como la placa, quizá, dicho sin falsa modestia, por nuestra excelente manufactura, fuimos preservados de la destrucción, aunque pasó un buen tiempo para que fuésemos reubicados. Otro factor nos puso al margen del papel protagónico que ejercimos durante tanto tiempo: de alguna forma los chamacuerenses comprendieron la importancia que, para la historia de nuestro país, tuvo su coterráneo más ilustre: el doctor José María Luis Mora. Ello decidió que la plaza que presidí durante más de sesenta años fuera dedicada a su memoria, llamándola con su nombre y colocándole una hermosa estatua de bronce de cuerpo entero. Curiosamente, en el año sesenta y nueve se colocó un monumento de cantera en el jardín principal, en el lugar que ocupaba una de las fuentes; este monumento -un basamento rectangular muy alto- estaba coronado por un busto de bronce de José María Luis Mora y fue erigido con motivo de los ciento setenta y cinco años de su natalicio. Hacia el año setenta y seis, luego de un periodo de deslucido resguardo en la oscuridad, la placa conmemorativa y yo fuimos colocados en ese pedestal del jardín y el busto de bronce se llevó a la casa, ahora museo, del doctor Mora. Es decir que si a mí (que encarno a Hidalgo) me quitaron de la plaza para poner a Mora, a manera de una pequeña restitución me llevaron al jardín y ahora yo tomé el lugar de don José María Luis. Aunque el jardín principal no tiene la solemnidad de la plaza cívica es un lugar muy concurrido y agradable. Una vez que me hubieron quitado el colorcito que, en honor a la verdad, me hacía parecer como una inoperante mojiganga de piedra, nos aclimatamos rápidamente al lugar, a la vista de árboles tan añejos como nosotros mismos. Pero, mucho tiempo después, hacia el año dos mil, se proyectó remodelar el jardín principal. Además de cambiar los acabados, que databan de los años cincuenta, la modificación más radical fue desaparecer el basamento que nos legó el doctor Mora para substituirlo por una fuente. A un servidor y mi inseparable placa nos dedicaron otro período de enclaustramiento. En cada uno de tales encierros creíamos no volver a la luz pública. Tres años después volvimos al jardín principal, a la calle peatonal del costado poniente. Para nuestro desconsuelo el basamento que nos recibió tenía un diseño muy pobre, además de estar mal ubicado, tan mal ubicado que para mirarme cualquier interesado tenía que contorsionarse, pues quedé prácticamente frente a la copa de los árboles y su ingente población de pájaros. De cualquier manera, preferí estar a la luz pública y a la veneración (aquí no tan profunda) de mis conciudadanos. Sin embargo, en este lugar supe, de boca del cronista de Dolores Hidalgo (llamado Alberto Gloria y que en gloria esté) que mi aspecto es muy parecido a don Miguel Hidalgo, es decir que soy uno de los retratos más fieles que se tienen del padre de la Patria.







Como el monumento era de muy poca aceptación -al grado de que algún chistoso lo llamaba "Monumento al mal gusto"- bastó la remodelación de la calle peatonal para desaparecer nuestro tercer pedestal; dicha remodelación se dio antes de tres años, así que otra vez, la placa y un servidor, pasamos al encierro mientras se debatía buscando un buen lugar para reubicarnos. Con motivo del Bicentenario del Inicio de nuestra Independencia y el centenario de mi nacimiento se hicieron muchos proyectos. Claro, ya sé que no se festeja el nacimiento de un busto de mármol, pero no deja de ser significativo el hecho de que los sobrevivientes del monumento que festejaba el primer Centenario estén por cumplir, a su vez, otros cien años. Se habló de ubicarme en el camino a Neutla, en el Andador 5 de Febrero, en la salida A San Miguel, incluso, para nuestro regocijo, alguien, partiendo de fotografías, dibujó el plano del monumento con las dimensiones originales, para reconstruirlo tal cual y, no sólo eso, para ubicarnos nuevamente en la plaza Dr. Mora; en una esquina discreta, sin afectar la armonía de la plaza misma. Lamentablemente algunos pocos ciudadanos no comprendieron la trascendencia que conlleva restituir el basamento original, casi en su ubicación primigenia, en la irrepetible coyuntura del Bicentenario. No nos fue posible volver a la plaza, ni rehacer el basamento con el proyecto original. Ahora, en este agosto del año 2010, a pocos días de cumplir oficialmente 100 años, la placa conmemorativa y el busto de mármol de don Miguel Hidalgo (o sea yo, el fidelísimo retrato del Padre de la Patria) estamos en la nueva Presidencia Municipal, sobre un pedestal de cantera que rememora y sugiere aquel que tuvimos a principios del siglo XX; estamos en un jardín hermoso, cerca del astabandera, con el aire del campo corriendo por nuestra piel de mármol ya pulida por un siglo de existencia. Desde este digno y confortable lugar miramos las lejanas serranías de Chamacuero y acompañamos la diaria labor de los empleados municipales y sus visitantes. Esperamos afianzarnos nuevamente en la conciencia colectiva de nuestros coterráneos, máxime si desde este nuevo pedestal podemos creernos a salvo de nuevas mudanzas, para aguardar, si no la eternidad, al menos la llegada del Tricentenario.









Los barrios así formados no eran simples cúmulos de casas y habitantes sino eran el resultado de una fuerte reacción interna del dominado en contra del dominador. Aunque exteriormente accedían a los deseos del patrón y del sacerdote encargado de la catequesis, internamente seguían practicando sus costumbres ancestrales. Para ello el barrio debería ser administrado sólo y nada más por los habitantes del conglomerado habitacional, no era permitida la presencia de los españoles dentro de ellos, amén que los españoles tampoco deseaban ingresar a los barrios. Para ello elegían al más viejo, o al más sabio del grupo como el encargado de esta administración al que denominaban "mayordomo" - que en español significa el más grande de la casa. Los acuerdos se tomaban por la decisión de la mayoría consensada del grupo, es decir se trataba de convencer a todos de la bondad de la decisión antes de tomarla. Cada barrio tenía sus brujos o médicos para curar las enfermedades del grupo, los que practicaban sus ritos envueltos en una atmósfera cristiana, para no enfrentar a los sacerdotes. Así en cada barrio se construía una capilla que contenía, además de las imágenes religiosas cristianas, elementos de la tradición ritual propia en un nicho que llamaban "calvarito". Es importante recalcar que el proceso de asimilación de la lengua española estuvo lleno de vocablos y actitudes propias de su lengua nativa y que hasta la fecha conservamos, como el hablar siempre en diminutivo como una señal de cortesía. Así al nicho junto a la capilla que generalmente era de piedra labrada y contenía en su cúspide una cruz se le llamaba calvar-ito para significar el respeto por la pasión de Cristo. Todo calvarito tenía un hueco en su parte inferior donde eran colocadas velas, generalmente de sebo, y se quemaban hierbas y resinas olorosas. Durante las ceremonias se cantaban canciones propias del ritual y en algunas ocasiones se bailaba alrededor del mismo. Los sacerdotes encargados de la catequesis dejaban hacer a los conversos porque consideraban estos ritos como un mal menor ya que si los impedían u obstaculizaban podía revertirse el proceso de conversión que era lo que ellos buscaban.
Cuando el campesino tenía que desplazarse largo tramo de su casa a su lugar de trabajo por no ser empleado de planta en una estancia, se erigían capillas con su correspondiente calvarito a lo largo de su trayecto, teniéndose entendido que cada capilla correspondía necesariamente a un barrio.
Había pues dos tipos de barrios, los internos de las estancias y los externos que se extendían de manera ocasional en los trayectos de los naturales. Los ocasionales formaban un conglomerado urbano en torno al pueblo de indios y en muchas ocasiones se convertían en un barrio mayor, como ocurrió con los de San Agustín y Los Remedios.
Los barrios competían entre sí durante las festividades propias de la imagen patrona de su capilla para ver cuál era el que mejor adornaba y celebraba su fiesta. Cada fiesta estaba saturada de cantos, danzas y mucho licor, generalmente pulque, que abundaba en la región y tanto patrones como sacerdotes permitían estas celebraciones como una forma de controlar a sus encomendados. No es de asombrarse que la mayoría de las capillas veneraran a la Santa Cruz, no sólo por su significado cristiano sino por su reminiscencia pagana. También fue importante la veneración a la Virgen María en sus diversas advocaciones, principalmente a la Virgen de la Candelaria y a la Virgen de los Remedios.
Con el tiempo las celebraciones fueron contaminándose y se empezaron a relajar en su contenido íntimo. La principal contaminación fue su transculturación en donde se adquirían costumbres de otros sitios que al transcurrir los años eventualmente se modificaron y se ajustaron a los deseos y sentimientos propios de la comunidad.
Una de las principales variaciones de las fiestas de los barrios fue la de la celebración religiosa hecha por miembros del barrio a los que se denominaron cofrades, por influencia de los sacerdotes. Cofrade significa un hermano que comparte. Lo que compartían los cofrades era la veneración a la imagen principal del barrio y los gastos por su veneración. Las celebraciones tuvieron un carácter meramente religioso y eran presididas y animadas por sacerdotes nombrados expresamente por el obispado. Las celebraciones religiosas hicieron a un lado las celebraciones paganas propias de la comunidad por lo que las fiestas de la capilla se convirtieron desde ese momento en dos, que fueron muy difíciles de disociar: la religiosa y la pagana, que se supuso era en "honor" del Santo Patrono y que íntimamente es muy difícil de considerar independiente de la cristiana.
Una de las contaminaciones más arraigadas en los barrios fue la pirotecnia, introducida de China por los españoles. Las fiestas tenían que ser ruidosas no sólo por la música y las danzas sino por los cohetes y las luces de colores. Se supone que mientras más cohetes se quemen en la fiesta más se agrada al Santo Patrono. Dos variantes de la pirotecnia que pueden considerarse como innovaciones muy mexicanas son los "castillos" que son estructuras hechas de madera y carrizo a las que se atan cohetes de toda naturaleza y color. Otra variante de los castillos son los "toritos" que son pequeñas estructuras con cohetes y luces a las que se les colocaba un par de cuernos a imitación de un toro el cual debería embestir a la multitud. La estructura se montaba en un individuo el cual al embestir a la multitud reunida producía miedo como si fuera un toro; la gente se apartaba y se escondía, pero algunos trataban de torearlo. Estas terminaron finalmente por prohibirse durante el siglo pasado por ser altamente peligrosas para quien las portaba y para los espectadores.
En conclusión, hay que señalar que en los barrios, creados por la tradición en los pueblos, como en Chamacuero, hay un día al año en el que se celebra de una manera especial a un Santo Patrono que puede ser, en general, la Santa Cruz o la Virgen María y en ocasiones algún santo en especial. Antes de la fiesta los cofrades se preparan para su celebración tanto espiritual como materialmente formando un fondo monetario. Durante la fiesta los cofrades realizan una serie de actos religiosos y litúrgicos como peregrinaciones y rezos, mientras el pueblo celebra con lujo de esplendor la fiesta con cánticos, danzas y pirotecnia. La fiesta puede durar uno o dos días y a veces hasta una o dos semanas. En este caso la segunda semana es la preparación a la llamada "remuda" que es en sí una fiesta más pequeña, pero en la cual se reparten las llamadas "mandas" que son entregas de alimentos - generalmente pan - colocadas en estructuras verticales llamadas "parandes" - vocablo purhépetcha que habla del origen de la tradición.  Cuando la fiesta es muy grande atrae a otras personas ajenas al barrio y se pueden hallar juegos mecánicos donde niños y jóvenes se distraen sanamente y puestos de mercancías donde las familias pueden realizar compras más baratas para su hogar.
No todas las fiestas de barrio son sanas. Muchas veces el alcohol, ahora ya no sólo del pulque - que por cierto ya es muy escaso - sino de toda clase de bebidas embriagantes y en ocasiones la proliferación del uso de drogas, produce una alteración en la conducta de la gente haciéndola agresiva e incitándola a la violencia. La presencia de armas de todo calibre y todo tamaño causa enfrentamientos tanto entre sí como con las autoridades y genera algunos heridos y muertos en estas celebraciones, además de la consiguiente aprehensión de rijosos. También es de observarse la no muy sana costumbre de la apuesta y mini-casinos o palenques se convierten en verdaderas arenas de juego donde se pierden y se ganan grandes fortunas. Las peleas de gallos - en ocasiones de perros -  y las corridas de toros son ejemplo de estas desviaciones.

(1) Diccionario de la Real Academia Española, Vigésima Tercera Edición. 2009
(2) Archivo General de la Nación. Ramo Tierras. Tomo 24. Exp 5. ff 7 - 35
(3) Relación de Acámbaro 1580 en Relaciones Geográficas de la Diócesis de Michoacán 1,61 ss
(4) El Colegio de Michoacán 1602 Doc 4-447


 
Atentado al Presidente Emilio Portes Gil


Atentado al Presidente Emilio Portes Gil
Un atentado presidencial siempre es noticia, aun cuando éste haya sido fallido. Para los chamacuerenses este atentado tiene la singularidad de haber sucedido en el territorio de nuestro municipio. Este dato es muy poco conocido, tuvo que ser un hombre de edad avanzada quien me platicara el suceso y me llevara hasta el propio lugar de los hechos.  Nuevamente, y por tercera ocasión, agradezco al señor Andrés  Sepúlveda García el ponerme al tanto de este acontecimiento.
Antes de relatar el suceso conviene recordar que en los años veinte el tren era el más  importante medio de comunicación en el país. El presidente de la República, para desplazarse por el terrirorio nacional, utilizaba un tren exclusivo para su uso oficial. Desde 1927 se utilizaba el "Tren Presidencial Olivo", uno de los más lujosos del mundo, según se cuenta(1).   Algunos vagones, convenientemente restaurados, se conservan en el Museo Tecnológico  de la CFE.  De su lujo dan fe las siguientes fotografías que tomé de la página de la presidencia de la república.


Pero sobre el suceso en sí,  el mejor testigo y relator de los hechos es el propio Emilio Portes Gil quien nos cuenta:


Tal y como se me había anunciado en Tampico, cuando Valente Quintana me entregó la carta de la llamada Liga Defensora de la Libertad Religiosa, el tren presidencial en que viajaba en compañía de mi esposa y de mi pequeña hija Rosalba, entonces de dos años de edad, la mañana del 10 de febrero de 1929 fue dinamitado al llegar al puente ubicado en el kilómetro 327, entre las estaciones de Comonfort y RinconcilIo, en el Estado de Guanajuato.

Serían aproximadamente las seis y media de la mañana del citado día cuando, en los precisos momentos en que terminaba de vestirme, se sintió un fortísimo choque en el tren. Inmediatamente salí, para darme cuenta de lo que ocurría, reuniéndose conmigo los señores generales Joaquín Amaro, secretario de Guerra y Marina; Anselmo Macías V., jefe de las Guardias Presidenciales; Ing. Marte R. Gómez, secretario de Comunicaciones y Obras Públicas; Enrique C. Osornio, jefe del Servicio Médico Militar; Ing. Mariano Cabrera, director general de los Ferrocarriles Nacionales; Valente Quintana, jefe de las Comisiones de Seguridad; Adolfo Roldán, secretario particular, y otras personas, civiles y militares, que me acompañaban en mi recorrido.

Momentos después del accidente se me presentó el presidente municipal de Celaya, licenciado Ernesto Gallardo, actualmente subdirector administrativo del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, y otros funcionarios de la ciudad para ponerse a mis órdenes.
Todos pudimos darnos cuenta de que la dinamita que estalló había sido colocada bajo el puente, en cuyo lugar se encontraban aún varios cartuchos que no habían hecho explosión.
Cerca del sitio de la voladura había huellas que demostraban que los autores habían pasado la noche -o quizá días- en espera del tren. El saldo de aquel atentado dinamitero fue la muerte del garrotero Agustín Cárdenas; la destrucción de dos carros pullman y la voladura de la locomotora y el tanque que saltaron sobre el puente (2).

Antes de seguir la narración de Portes Gil, le muestro un mapa donde marcamos la ubicación del puente,  éste dista  6 kilómetros de la estación de Ferrocarril de Comonfort y cruza un pequeño arroyo, de muy ocasional cause.  Don Andrés Sepúlveda lo llama "Puente San Pedro" y puso más empeño que un servidor para llegar hasta él, no obstante sus años y sus dificultades para desplazarse. Finalmente llegamos, luego de transitar los caminos paralelos a la vía de norte a sur, habiéndolo intentado de sur a norte.

¿Qué tanto este puente será el mismo de aquél entonces? La mampostería de los muros que sostienen la estructura de concreto se ve sumamente añeja,  bien pudiera ser la original. La narración de los hechos no dice que el puente haya sido destruido.  El resto de los elementos seguramente sí son posteriores a la fecha del suceso.
Quizá, amable lector, se pregunte el  por qué de este atentado. El presidente Portes Gil había sido amenazado de muerte si no procedía a indultar a José de León Toral, asesino material del presidente electo Álvaro Obregón. La ejecución de León Toral sucedió el 9 de febrero. Es decir que un día después los autores del atentado cumplieron su amenaza.  Al respecto, nuevamente Emilio Portes Gil nos dice:


De las investigaciones que, para descubrir a los autores intelectuales del atentado, practicó el detective Valente Quintana, llegó a la conclusión de que la carta recibida en la Inspección General de Policía había sido escrita por una distinguida dama de la ciudad de México, miembro de la Liga Defensora de la Libertad Religiosa. Esta misma señora confesó a Quintana su participación y, arrepentida, se resolvió a denunciar a la policía aquel hecho.

En cuanto a los autores materiales, lo fueron un muchacho de 17 años, de nombre Fernando Islas, aprehendido en la casa de la señora Concepción del Moral, en la ciudad de Celaya, y Eulalio Anaya, que logró fugarse. La señora Del Moral manifestó que había sido llamada a México por señoras de la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, quienes le entregaron trescientos pesos para que a su vez se los diera a un muchacho de nombre Fernando Islas a quien no conocía, éste negó terminantemente ser el autor del delito y para evitar que las autoridades inferiores cometieran con él una violencia, opté por mandarlo a las Islas Marías, recomendándole al Gral. Múgica, director de dicho penal que se le enseñara algún oficio.

Antes de entregar el poder a mi sucesor, el Gral. Múgica llevó a mi presencia a Islas y al interrogarlo para que confesara su delito, se negó terminantemente, y al decirme que pensaba radicarse en León para dedicarse al oficio de zapatero, le regalé mil pesos, poniéndolo en libertad. Durante años no volví a saber de este individuo hasta que Agustín Arroyo Ch. me informó que vivía en León en donde era propietario de un importante taller de calzado. En cuanto a la señora Concepción del Moral, cómplice de los dinamiteros, fue puesta en libertad inmediatamente después de haberse cometido el atentado (3).

Esta es la única imagen que localicé al respecto de este acontecimiento, el pie de foto original es sumamente elocuente. Aclaro que dicha imagen la tomé del sitio www.travel-leon.net .

Es por demás extraño que, habiendo explotado unos cartuchos, otros permaneciesen intactos, siendo tan suceptibles a detonar ¿por qué no explotaron? Sólo pueden hacerse conjeturas, pero  en lo personal, amable lector, tengo dos razones para alegrarme de que el atentado haya fallado en su objetivo principal (lamento, por supuesto, el deceso del inocente garrotero Agustín Cárdenas):

Por una parte me impresiona la magnanimidad que el Presidente expresa en el último párrafo transcrito, ya sea que fuera auténtica o por motivos de imagen pública.

Por otra parte, no quiero imaginar que el Presidente de la República hubiera muerto en territorio Chamacuerense, si por un expresidente sumamente gris, muerto en el extremo sur de Chamacuero,  le cambiaron el nombre al pueblo y al municipio, con más razón por un presidente en funciones. ¿Cómo hubiera quedado el nombre de nuestro pueblo?  ¿Chamacuero de Comonfort de Portes Gil? ¿San Francisco de Chamacuero Portes Gil?  O Comonfort De Portes. Esta última opción haría que los fuereños pensaran que todos somos bien asiduos al futbol o a la maratón. Para bien de casi todos, la mitad de la dinamita no hizo explosión y aquí, siendo un poco irónico, diré que: aunque la Liga Defensora de la Libertad Religiosa quería que el tren completo volara, no quiso Dios que así sucediera.



(1)  http://www.presidencia.gob.mx/elfuturodemexico/sabes-que-es-el-tren-olivo/
(2) Portes Gil, Emilio, Autobiografía de la Revolución Mexicana: Un tratado de interpretación histórica, con un ensayo crítico sobre la vida del autor, Instituto Mexicano de Cultura, México, 1964, Pág. 638
(3)  Ibídem

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Efemérides de Chamacuero


Las siguientes efemérides son, necesariamente, incompletas. Es complicado determinar qué es trascendente o no para una población, cualquier sugerencia será bienvenida al correo davidmanuelcarracedo@prodigy.net.mx.  Publicamos dos listas, la primera acomodada en orden cronológico total y la otra acomodada por día y mes.  Algunos acontecimientos de la primera lista figuran con la fecha 1 de enero, esto es una convención para sucesos de los que, en lugar de la fecha exacta, contamos sólo con el año.

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Corrida de Toros en Nuetla



Seguramente es un poco tarde para dar esta noticia, quizás emocioné a algunos taurófilos de aquella población, mismos que se habrán preguntado en qué coso pudiera llevarse a cabo una corrida de toros en Neutla.
Paseando por nuestros archivos históricos encontré una "Licencia" concedida por la "Prefectura de Celaya", a Pedro Nolasco y Socios, para efectuar una corrida de toros en las carnestolendas.  Alguien pudiera pensar que la corrida en cuestión se realizó precisamente ahí, en las carnestolendas. Lamentablemente, Carnestolendas no es un lugar, sino un sinónimo de Carnaval, lo que nos lleva a suponer que  la corrida promovida por Pedro Nolasco y Socios se llevó a cabo entre el 24 de febrero (sábado) y el 27 de febrero (martes) de 1838. Bien pudo ser el domingo. Me llama la atención que una licencia para un evento local debiera obtenerse en la ciudad de Celaya. También es de notarse que, además de otorgar la licencia, recomiendan a las autoridades de Chamacuero "disponer lo conveniente, para que la tranquilidad y el buen orden no padezcan alteración alguna".  Sin mencionarlo, este documento nos hace saber que las corridas de toros solían  alterar el orden público.   Además de enterarnos que en Neutla se realizaban corridas de toros desde principios del siglo XIX. Queda para la imaginación el improvisado coso en que éstas tendrían verificativo, los trajes, el renombre de los toreros, las suertes y las ganaderías de aquella época.


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El Gobernador Melchor Ortega Camarena


En este espacio electrónico hemos  hablado del Dr. Mora, de Ignacio Camargo  y de la familia Roxas Taboada, todos ellos nativos de nuestro pueblo,  pero habíamos omitido la mención de un chamacuerense destacado aunque mucho más reciente que los ya citados, me refiero a don Melchor Ortega Camarena quien, entre otros logros, llegó a ser gobernador  de Guanajuato.  Al redactar estas líneas descubrimos que hay muy poca información sobre el tema y prácticamente  ninguna fotografía, aun así esperamos que lo recabado subsane esta omisión.

Melchor Ortega Camarena nació en Chamacuero de Comonfort el 15 de enero de 1896.(1) No nos fue posible localizar su fe de bautismo, por lo que recurrimos al registro civil, lo cual es bueno porque su acta de nacimiento nos ofrece más información. Transcribo dicha acta.










































Aunque no es mi intención detenerme a analizar este documento, hay dos cosas que me llaman la atención, lo primero que al mencionar a los padres se hace la puntualización de que no son indígenas; jamás hubiera imaginado que  ochenta y seis años después de la abolición de la esclavitud se continuara llevando un registro étnico de los habitantes.  Otro detalle es que se llama a este pueblo "Villa de Chamacuero" esto resulta significativo por un hecho que veremos más  adelante.
El Joven Ortega trabajó como telegrafista en Empalme de González siendo un adolecente, para 1914 ingresó en el ejército constitucionalista donde por su habilidad política ascendió para servir directamente al general Álvaro Obregón. Desde su ingreso participó en diferentes enfrentamientos armados.(2) Por su cercanía con Obregón fue designado presidente municipal de Uruapan, Mich. en 1920.(3)  Fue electo diputado federal por Guanajuato a la XXXII legislatura (1926-1928) y XXXIII legislatura (1928-1930).(4) Los asuntos que en aquel entonces se atendían en la cámara de diputados tenían mucha relación con la reelección de Álvaro Obregón y tras el asesinato de éste con la omnipresencia de Plutarco Elías Calles.  Hacia este último también tuvo una filiación manifiesta, como podemos analizar en este fragmento de su discurso en la Cámara de Diputados el 3 de octubre de 1927:

Melchor Ortega fue presidente del Congreso en la sesión del 5 de febrero de 1930 cuando Pascual Ortiz Rubio tomo protesta como presidente de la República.  Así que el hombre que aparece a la derecha del presidente es él. Así como el que está incorporándose en la siguiente imagen.
Atrás  de Pascual Ortiz Rubio, en tercera fila vemos a Melchor Ortega. Para quien no lo sepa, Ortiz Rubio es el hombre de Lentes y traje a rayas en primer plano. A su lado está  Calles y a la derecha de  Calles  Luis L. León, también desterrado con el Jefe Máximo.

En las imágenes anteriores Ortega fuiguras junto a  Plutarco Elías Calles.  El de Sombrero  Blanco es Luis N. Morones.  Estas imágenes son tomadas al arribar, desterrados, a los Estados Unidos.

(1) Archivo del Registro Civil de Comonfort, Gto. Libro Nacimientos Vol 19 año 1896 foja 18
(2) Groenewold, Federico y Lopez-Eguía, Leonardo,Chamacuero, Origen y Destino, Presidencia Municipal de Comonfort, México, 2008,p.311
(3) Meoria de presidentes del Comité Ejecutivo Nacional del PNR, página electrónica del Partido Revolucionario Institucional, pri.org.mx
(4) Diario de los Debates de la Cámara de Diputados del Congreso de los Estados Unidos Mexicanos Año I.- Período Ordinario XXXII Legislatura tomo I.- Número 2 y Año I.- Período Ordinario XXXIII Legislatura tomo I.- Número 9.
(5) Groenewold, Federico y Lopez-Eguía, Leonardo Óp. cit. Pág. 312.
(6) Garrido, Luis Javier, El Partido de la Revolución Institucionalizada,  El Periodo de Melchor Ortega y la Sucesión Presidencial, ed. Siglo XXI Editores, undécima edición, México , 2005, Pág. 145.
(7) Rionda,Luis Miguel Cien años de historia de los Partidos Políticos en Guanajuato, 1910-2010.Guanajuato: Instituto Electoral del Estado de Guanajuato. Pág 64
(8)  Ibídem Pág 66.
(9)  Groenewold, Federico y Lopez-Eguía, Leonardo Óp. cit. Pág. 313, 314.



Al margen:  Registro número 35 treinta y cinco 3ª. Clase $0.50
Ortega Melchor:  En la villa de Comonfort el miércoles 29 veintinueve de Enero de 1896 mil ochocientos noventa y seis a las 8 ocho de la mañana ante mí el Juez del Estado Civil, Juan de Mata Gurrola compareció el Ciudadano Encarnación Ortega, de este origen y vecindad, no indígena, de 28 veintiocho años, casado ante la ley, empleado: y presentó un niño vivo que nació en el Jardín Escobedo, casa número 2 dos el Miércoles 15 quince del presente a las 5 cinco de la tarde y le puso por nombre Melchor Ortega: hijo legítimo suyo y de su esposa la señora Amelia Camarena, no indígena de 25 veinticinco años: siendo el niño presentado nieto por línea paterna de Secundino Ortega y Zeferina Rodríguez, finados y por la materna de José María Camarena, vecino de Pachuca, viudo, y Profeso de primeras letras y de Francisca Perez finada. Son testigos de este acto los Ciudadanos Joaquín Márquez, viudo y Manuel del mismo apellido, casado, vecino de este lugar, empleados, mayores de edad y sin parentesco con el niño nacido. Leída esta acta por el suscrito Juez al comparente y testigos fueron conformes y firmaron para constancia: Doy fe: Juan de M. Gurrola: Joaquin Márquez: J.E. Ortega: Manuel Márquez: Rubricados: Es copia Juan de M Gurrola.

El C. Ortega Melchor: Honorable Asamblea:
En estos momentos de responsabilidad histórica cumple a nuestro deber venir a exponer ante esta Representación Nacional, cuál es el papel que asumimos los ciudadanos diputados ante el conflicto que tenemos enfrente. Las prédicas de los ciudadanos antirreeleccionistas, de los candidatos a la Presidencia de la República que en diversas ocasiones dijeran que no pretendían ensangrentar el suelo de nuestra patria, han venido a dar al traste con su actitud presente; y nosotros, los que ayer, empeñados en una lucha cívica, estábamos franca y decididamente dentro de este terreno luchando democráticamente, si necesario es debemos hacer un paréntesis a esa lucha para que todos, como un solo hombre, lo mismo agrarista que laborista y obregonista, respaldemos decididos al Gobierno de la República. (Aplausos.), al Gobierno revolucionario que preside nuestro digno mandatario, el ciudadano general Plutarco Elías Calles. (Aplausos.) Y debemos, compañeros, en estos momentos de prueba, ponernos a la altura de nuestro deber. Yo dije desde esta misma tribuna alguna vez que en el momento decisivo nosotros, los diputados, sabremos abandonar nuestras curules, no para ir a ensangrentar el suelo de nuestra patria bajo nuestra iniciativa, pero sí para ir a defender, a los terrenos a que nos llamen, los sagrados principios de la revolución, y ha llegado el momento, compañeros. Yo tengo la íntima convicción, la seguridad completa de que el movimiento iniciado por una traición de malos militares.- muy pocos, por cierto, en honor del glorioso Ejercito de nuestra patria-, no tendrá eco en el corazón de nuestro pueblo; yo estoy seguro de que no tocará la fibra del elemento revolucionario si no es para volverse contra sus fines, contra su torcida ambición. Pero la reacción, que está en acecho de la menor oportunidad; el Clero; que puede empujar como aventó hace pocos meses a algunos fanáticos a la rebelión, podría aprovecharse de esta nueva oportunidad; y es entonces, compañeros cuando todos nosotros debemos de ir a ponernos al frente de nuestros agraristas, de irnos a poner al frente de los elementos obreros, que unos y otros respaldan amplia y decididamente al Gobierno de nuestra patria. Y no como políticos, sino como elementos representativos, pese a los antirreeleccionistas, debemos de ir a defender los sagrados intereses que el pueblo ha confiado a nuestras manos.

O este otro fragmento del 7 de diciembre de 1928

Compañeros: cada día es más justificable la actitud de la Cámara pasada, cuando reformamos la Constitución, para dar oportunidad a que viniera a la política con toda claridad, sin que tuviera lugar a interpretaciones, el ciudadano general Alvaro Obregón; Alvaro Obregón, cuya fuerza incontrastable, cuya popularidad inmensa atraía hacia él a toda la Revolución. Digo que cada día que pasa debe dársenos más la razón, porque estamos viendo el espectáculo de que un año antes de las futuras elecciones presidenciales, estamos dando ya desgraciadamente el elemento de la Revolución; todavía falta mucho tiempo, apenas empieza la lucha electoral, y ya ayer en este lugar, en este recinto, estuvo a punto de originarse una tragedia.

En 1932 se postuló como candidato a la gubernatura de Guanajuato, siendo electo y tomando posesión de su cargo el 26 de septiembre del mismo año.(5) No obstante ser gobernador debió fungir como Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del entonces Partido Nacional Revolucionario PNR, por lo que fu substituido en su cargo del 5 de mayo al 6 de junio de 1933, su labor consistió en presidir el partido durante  la elección del candidato presidencial. Regresó a terminar su periodo como gobernador entregando el poder el 26 de septiembre de 1935.(6)   Es difícil valorar la función de Melchor Ortega en el gobierno de Guanajuato, la mayoría de los análisis históricos dan énfasis al conflicto que generaban los "callistas" y sus opositores en el ambiente político de ese momento, lo mismo que las pugnas entre los "verdes" y los "rojos", diferencias más que ideológicas, fundadas en compromisos  y lealtades estratégicos dentro del mismo partido, pero tan acérrimas que según nos dice el investigador Luis Miguel Rionda:

"La rivalidad entre "rojos" y "verdes" llegó a tanto, que  -según testimonió el desaparecido historiador guanajuatense Alfredo Pérez Bolde- al triunfar cada fracción se procedía a pintar del color respectivo las bancas de los parques y las puertas de los edificios públicos". (7)

El siguiente fragmento lo cito porque da una idea de las actividades del entonces gobernador Ortega, no es una descripción exhaustiva ni un resumen detallado.

"La crisis económica de los EUA ocasionó la deportación masiva de mexicanos de ese país. Se fundaron comités pro-repatriados en todos los municipios con un comité central en la cpital estatal, lo que lograron colectar casi seis mil pesos para ayudar a los recién llegados. El antiguo campo de concentración militar de Sarabia y la hacienda "Agustín González" de San Miguel se acondicionaron para recibir a los repatriados.  Se modificó la constitución estatal para establecer el principio de no reelección en los cargos de elección popular.  A la educación le fue asignado un presupuesto de 757 mil peos, que equivalió a más de la tercera parte del monto total de egresos del gobierno estatal. En cuanto a la educación superior, por primera vez desde hacía muchos años se les pagó el periodo vacacional a los académicos. El Colegio del Estado, que contaba con 511 alumnos, inició la transmisió por radio de de las conferencias de profesores de la institución. A partir del 1° de marzo de 1933 el gobierno estatal comenzó a emitir los certificados de inafectabilidad agraria, para dar garantía a la pequeña propiedad" .(8)   
Dije que había muy pocas imágenes de Melchor Ortega, el archivo histórico del PNR nos ofrece esta imagen la cual, al ser un retrato producido por un artista debe tomarse con las debidas reservas de ley. 
Para los Chamacuerenses no resultó intrascendente que un gobernador fuera su coterráneo, durante la administración de Melchor Ortega se fundó la primera escuela pública y laica en 1934.  También se construyó el puente sobre el río Laja del que mucho se ha hablado en este mismo espacio. Durante su gestión la Villa de Chamacuero recibió el título de Ciudad.(9)

Destacado y comprometido partidario de Plutarco Elías Calles, fue desterrado junto con éste el 9 de abril de 1936. También acompañaron a Calles: Luis N. Morones y Luis L. León. Diez años después  regresó a México  y radicó en el estado de Guerrero, dedicado a la explotación maderera hasta su trágica desaparición en el poblado de Papanoa el 7 de febrero de 1971.


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Época Memorable (Epidemia de 1833)

La humanidad ha sufrido el azote de las epidemias a lo largo de toda su historia, la peste fue tristemente célebre en la Europa medieval y aún hoy la humanidad no está a salvo de viejas enfermedades de rápida transmisión o, peor aún, de nuevos padecimientos igualmente contagiosos. En nuestro país se recuerdan como las más devastadoras las epidemias de viruela durante la conquista, la influenza española a principios del siglo XX y la epidemia de cólera de 1833.  A esta última hace referencia el título de este artículo, buscando información sobre otro tema en los archivos parroquiales, llamó mi atención una  nota titulada con grandes caracteres "Época memorable"  Esta nota, misma que reproduzco dice:



Epoca memorable
Hoy 19 de Julio del presente año de 1833 fue invadido éste Pueblo por la terrible Epidemia del Cholera Morbus sacrificando las victimas que en seguida se verán; y entonces fue cuando la piedad religiosa del Sr. Cura Párroco, manifestó su desinterés por lo respectivo a dros. De entierros.


En la página siguiente figura insertada en el libro una circular remitida por el gobierno del estado de Guanajuato y que también transcribo:


Por comunicaciones que ha recibido este Gobierno ha llegado a su conocimiento que el Cholera-morbus ha invadido la República, apareciendo por primera vez en el Canton de Tampico de Tamaulipas, y aún hay quien asegure que se ha dejado ya sentir en la Villa de Tula de aquel mismo Estado.

    Una noticia de esta naturaleza ha llamado la atención del mismo Gobierno, quien encargado de cuidar la salud pública del Estado ha tomado sin perdida de tiempo todas las providencias que ha creido convenientes, si no para evitar en lo absoluto el acceso del mal, si al menos para que sus estragos se disminuyan todo lo posible. Entre las medidas que sin duda son más necesarias, un es en mi concepto la de que a los sepulcros se les de la máxima profundidad que se pueda, para quitar de esta manera ese principio de corrupción que influiría muy poderosamente en los progresos de la epidemia; y estando íntimamente persuadido de que los sentimientos de Ud. En obsequio de la humanidad en nada pueden ceder a los que mencionan a este Gobierno, dirijo a U. la presente comunicación ecsitando esos mismos sentimientos, y suplicando a U. se sirva tomar sus mas activas providencias al objeto a que dejo enunciado, quedando con  la confianza de que contribuirá  U. a mis deseos, no solo con la ejecución de esta medida, sino  con todas aquellas otras que le dicte su celo y estime conducentes al importante fin de favorecer la salud pública, en que por todos aspectos debemos tomas con particular y muy decidido interés.

    Esta ocasión me proporciona la de reiterar á U. todo mi aprecio y consideraciones.
    -Dios y Libertad. Guanajuato.
   Junio 26 de 1833.

        Manuel Baranda
        Vicente Partida

Sor. Cura Juez
Ecco. de Cahamacuero.


La última anotación, en la parte inferior izquierda del documento, parece indicar a quién se dirigió la circular; la abreviatura Ecco.  no significa Excelentísimo sino Eclesiástico. Manuel Baranda, como sabemos, fue gobernador de Guanajuato y un destacado político liberal. Pero eso no es todo, dijimos en artículos anteriores que las fuentes documentales nos proporcionan información incluso ajena a los fines por los que tales fuentes fueron escritas, en este caso, hojeando unos días antes del 19 de Julio de 1833, las defunciones en Chamacuero, al menos las que se registraban en este libro ocurrían una cada dos o tres días, es decir que podían pasar dos o tres días sin que nadie falleciera.  Queriendo ser matemáticamente precisos podemos aclarar que en el segundo trimestre de 1833, es decir durante abril, mayo y junio de ese año, hubo 41 decesos en Chamacuero, es decir, en promedio 1 cada 2.28 días.

Que una epidemia se declare debe ser devastador para los pobladores de una ciudad, cuando una enfermedad que ya se esperaba se declara la alarma debe ser mucho mayor.  Aunque no fue esta una epidemia a nivel nacional, si estuvo presente en muchas ciudades de la república, las crónicas que describen el suceso en dichas ciudades, plasman siempre una imagen lúgubre de calles abandonadas,  casas donde sólo se escucha el lamento de los enfermos y los panteones rebosantes de cadáveres.  No sé qué tanto estas descripciones sean aplicables en nuestro pueblo, lo que es evidentes es que cualquier lugar en donde la mortandad se dispare varias veces el desaliento y la preocupación deben abrumar a los habitantes. 

Durante la Época memorable que, de acuerdo con la nota citada, da inicio el 19 de julio las defunciones se multiplican al grado de que hay días que se da sepultura a treinta personas, otros días veinte, quince, siendo el peor día el 30 de julio cuando fueron sepultadas treinta y cinco personas. Me imagino el pasmo y la depresión que produciría ver fluir cuerpos y cuerpos hacia el cementerio, casi uno detrás de otro, como presagiando el propio destino de quienes atestiguaron tan dolorosas escenas.

La siguiente tabla nos da una idea del comportamiento de esta epidemia durante el tercer trimestre de 1833.









































Como puede observarse el periodo crítico va del 20 de julio al 8 de agosto, notándose una disminución  continua de la mortandad hasta el día 12 de agosto, si bien el número de defunciones diarias continuó siendo anormalmente alto, la sola noticia de que estuvieran disminuyendo las muertes debió traer una luz de esperanza para los chamacuerenses de entonces.  Hacia mediados de septiembre la mortandad estaba en los niveles previos a la epidemia, tan es así que al término del tercer trimestre, en el mismo libro se registra una escueta nota que dice:

Hasta aquí sesó en su totalidad la epidemia de Colera Morbus.

En tres meses murieron 530 personas en Chamacuero, un incremento de la mortandad del 1260%. En términos generales, las regiones afectadas vieron mermada su población en un 10%, es decir que la epidemia se cobraba una décima parte de las vidas de  los habitantes en esos lugares. Creo que en nuestro pueblo el porcentaje fue mayor, no creo que Chamacuero haya tenido 5,000 habitantes en 1833, así que el impacto de la epidemia pudo ser de hasta un 25%.

En estos días el cólera sigue presente en el mundo y han existido epidemias hace muy pocos años, afortunadamente hay medicamentos para curarla y las medidas para evitar la muerte por deshidratación suelen ser muy efectivas, del mismo modo se sabe que las medidas de higiene son fundamentales para evitar el contagio  y las condiciones higiénicas de nuestros días son, necesariamente, mejores que las de 1833. Aun así no deja de ser irónico que el contagio se produzca por el consumo de agua o vegetales contaminados. Del mismo modo las heces de los contagiados son la principal forma de transmisión entre seres humanos. Si las personas de hace casi doscientos años lo hubieran sabido, con unas pocas medidas precautorias hubieran disminuido el contagio y con ello la mortandad.  Y lo menciono porque casi cien años después una epidemia más vertiginosa y letal azotó el mundo entero y contra tal mal (la influenza española) eran menos las medidas precautorias que pudieran haberse tomado y eran, también,  menos eficicaces.

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Sobre la fundación de Chamacuero


Bibliografía sobre el municipio de Comonfort

Chamacuero en la época prehispánica


Don Francisco Velasco



Información y documentos sobre el Chamacuero virreinal


El paso del ejército insurgente


José Ignacio Camargo e Iriarte


Semblanza de José María Luis Mora
El funesto paso de Ignacio Comonfort
Empalme escobedo en el centenario de la Revolución

Historia de un busto de mármol

Listado de presidentes municipales desde 1932

Problemas entre Hidalgo y Allende
Los Barrios de Chamacuero

Llegada de los conquistadores al Valle de Chamacuero
Nueva disposición de nuestras autoridaes
El insurgente Pedro Taboada Camargo

Los familiares de los insurgentes de Chamacuero

Época Memorable (Epidemia de 1833)

Proceso electoral en el Chamacuero Independiente

El Gobernador Melchor Ortega Camarena
Oficios de la Alcaldía del Chamacuero Independiente

Oficio de Anastacio Bustamante
Atentado al Presidente Emilio Portes Gil
Efemérides de Chamacuero
Corrida de Toros en Neutla
Oficio dirigido a Agustín de Iturbide
Descripción del Templo de San Francisco (primera parte)


Descripción del templo de San Francisco (segunda parte)
 
De entre los folios del archivo histórico municipal, llamó mi atención un documento catalogado como circular. Al margen de que lo sea en sentido estricto, su lectura nos revela algunas singularidades, mismas que comento después de la transcripción de dicho documento.
Lo que más me pareció singular en este texto es la forma en que cuatro personas deben involucrarse para llevar un mensaje a su destinatario, El gobernador dice que el Comandante dice que el Juez Fiscal dice, finalmente que dos personas son acusado de robarle cinco burros a José N y su hijo Higinio. Ya tiene su tiente de comicidad que se hable del hijo Higinio de alguien, pero además, parece más importante localizar a los que sufrieron el despojo que a los presuntos culpables.  Al final el oficio va cerrando las referencias que abrió al principio. Ignoro si los requeridos asistieron y si se siguió el proceso correspondiente contra los acusados. Bien podían argumentar los citados que no tenían como acudir a Celaya, porque precisamente les robaron, no uno ni dos, sino cinco burros. Por otra parte no deja de ser interesante que, a pesar de estar ya en 1855, es decir a dos años de la Guerra de Reforma, los oficios se firmaran con el lema "Dios y Libertad".
Circular de 1855


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Descripción del Templo de San Francisco (tercera parte)


Descripción del templo de San Francisco (cuarta parte)
Circular de 1855
 
Aunque este artículo se titula  "El Dr. Mora a  través de sus escritos", hablaremos  de su vida, en el remoto supuesto de que algún chamacuerense no conozca su biografía.
El Dr. José Ma. Luis Mora, nace en Chamacuero, Gto., no sabemos cuándo con exactitud, porque su fe de bautismo sólo dice que recibió dicho sacramento el 12 de octubre de 1794, pero no agrega, como era  costumbre anexar en la descripción, "de dos días de nacido", "nacido el día 8" o "nacido el día anterior". Más aún, como el sacerdote que lo bautizó es hermano de su padre, no es de extrañar que el bautizo se haya pospuesto algunos días o semanas al nacimiento del niño, en lo que el hermano sacerdote podía acudir a Chamacuero, el hecho de que el 12 de octubre de 1794 haya sido domingo apuntala un poco esta idea.

Mora estudia en su pueblo natal las primeras letras, después parte a la ciudad de México, al prestigioso colegio de San Ildefonso donde para 1812 es bachiller  y para 1820, a los veintiséis años, es doctor en teología además de ser, desde años antes, profesor en esta misma institución.

Con la llegada de la independencia y su consolidación Mora inicia su labor como periodista en el "Semanario Político y Literario" y "El observador de la república";  se le descubre como un liberal profundo, comprometido en combatir, o al menos denunciar, los vicios del pasado que impedirían la creación de una mejor nación.
Fue parte de las diputaciones provinciales  del estado de México en 1822. En 1824 fu electo diputado del congreso del Estado de México. En este periodo fue fundamental su participación en la redacción de la constitución de dicho estado.   En 1832 fue diputado por Guanajuato en  el congreso nacional. Durante su gobierno, Valentín Gómez Farías, asesorado por Mora, promueve las primeras reformas liberales del país. Entre ellas una muy importante: la reforma educativa, que sienta las bases de la educación laica en México.  Cuando, en esa época convulsa, fue depuesto Gómez Farías, Mora prefirió exiliarse voluntariamente en Europa, concretamente en Paris.
En 1847 fue nombrado ministro plenipotenciario de México ante la Gran Bretaña, así que se trasladó a Londres, donde luego de tres años y con su salud muy mermada regresó a Paris, prácticamente a morir el 14 de julio de 1850.

Entrando en materia de sus publicaciones, ya hemos dicho que Mora fue periodista en el "Semanario Político y Literario" y "El observador de la República", también escribió en 1833 en "El indicador de la Federación mexicana". En 1831 publicó el "Catecismo Político de la Federación Mexicana". Su obra más conocida es "México y sus Revoluciones" publicada en Paris por la librería de Rosa en 1836. En 1838 se publica "Obras sueltas", donde compila muchos de sus artículos que aparecieron en diferentes diarios, años atrás.

¿Qué es México y sus Revoluciones".  En principio es un libro sobre historia de México o, como lo dice el propio autor, un libro sobre el pasado y el presente de México. La concepción original del proyecto, en ocho tomos más un atlas, nos da idea del grado de detalle que el trabajo tiene. Y si bien  el tema, ya en 1836, daba para ese volumen de información, es mucho para un solo autor.  Quizá por eso (pero no se sabe por qué) sólo se publicaron tres de los ocho volúmenes y no en orden consecutivo. Estos fueron el volumen uno, tres y cuatro.
Una de las motivaciones que Mora tuvo para escribir esta obra fue dar a conocer a México en el extranjero con  veracidad y certeza; considera el material existente como escrito con miles de prejuicios, mala fe, parcialidad e ignorancia. Sólo encomia el "Ensayo Político sobre la Nueva España" del Barón de Humboldt.

Muy al principio de su obra, al presentarla, nos dice: "Pretender o exigir imparcialidad de un escritor contemporáneo es la mayor extravagancia… …La historia contemporánea no es ni puede ser otra cosa  que la relación de las impresiones que sobre el escritor han hecho las cosas y las personas y cuando esta  relación es fiel, logrará la reputación de sincero, nunca de imparcial"
Como un hombre culto y ante la falta de normativas, Mora sienta su criterio ortográfico el cuál, además de todo, parece el más correcto.

El primer capítulo del primer tomo se inicia con la descripción geográfica del México de 1836, muy minuciosa y en la cual, tristemente, menciona Texas como una fracción de Coahuila, habla del Puerto de San Francisco y los ríos Nueces, Nazca y Colorado.  Nos habla del clima: el altiplano (o sea aquí) es sano en comparación con las costas insalubres.  El vómito negro (fiebre amarilla) es el gran flagelo de las Costas, especialmente en el Golfo.  Se ha notado que con la llegada del norte (es decir ese viento intenso que azota Veracruz en algunas temporadas), el vómito disminuye o desaparece.  Hacia 1880 se supo que el vómito negro es transmitido por el mismo mosquito que transmite el dengue. (Con ese viento no vuelan los mosquitos).

En esa época la viruela existía aún, pero Mora ya comenta que gracias a la vacuna del Dr. Jenner ha mermado mucho la gravedad del daño. Como sabemos esta enfermedad fue erradicada totalmente en los años cincuenta del siglo XX.
La agricultura del país sorprende por su variedad de plantas tanto nativas como europeas, el trigo se cultiva desde 1530 con un rendimiento mayor al de Europa.
En ocasiones, cuando se estudia la época colonial en México, llega a creerse, que al margen de la cuestión política, la economía era mucho mejor que en el periodo independiente.  Una constante en los escritos de Mora son las ventajas que en menos de quince años se producen a favor de la nueva nación. Un ejemplo de ello son los cultivos de Olivo y Vid que estaban prohibidos por la metrópoli y se cultivaron con gran éxito. Sin embargo, los lugares mejores para la agricultura son las tierras bajas, Mora propone la creación de puertos cercanos al área de cultivo para hacerlos productos de exportación.
De los bosques menciona que son abundantísimos, están sobreexplotados pero ni con eso peligran como un gran recurso natural.
En todo el país abundan los cuadrúpedos, todos de origen ultramarino, dado el pésimo estado de los caminos, su uso era indispensable.
Las plantas medicinales eran abundantísimas, pero mora les da crédito a investigadores europeos, ignorando la medicina tradicional indígena. Nacido en un pueblo de indios no era, en modo alguno, un indigenista. 
Los ríos navegables dan todos al golfo pero son muy pocos, los puertos marítimos mejores dan al pacífico donde tienen menos uso. El puerto de Veracruz tuvo su importancia en la colonia pero es un pésimo fondeadero, con la independencia comenzaron a utilizarse puertos mejores.
Los minerales en este país, han sido y son abundantísimos, al grado que forjaron una nueva era de prosperidad para toda Europa. En 1810 muchas minas fueron inundadas y se perdió tiempo y dinero en querer rehabilitarlas. Hubiera sido mejor empezar de cero en otros puntos.
"Es un error muy común de las naciones poco ilustradas querer producir todo y no recibir nada del extranjero esto ha sido pernicioso para México"
"El interés individual estimulado por la concurrencia libre de todas trabas, y no la protección, es lo que debe determinar la industria de un país.
Hay un gran vacío de impuestos y contrabando, por las altas tasas. Bajar impuestos es una fuente de riquezas.
El principal producto es la plata, también la grana para los tintes, el añil, el azúcar  y la carne salada. Pero los costos de transporte los hacen poco competitivos.
En trescientos años los españoles no construyeron un solo camino, siquiera de Veracruz a México. Nos hace una gran descripción de los caminos, sus usos y mantenimiento.

Cuando habla de la población la menciona integrada por indios, blancos y negros, habla de los indios sin caer en una defensa apasionada y sin decir nada donde se adivine falsedad o prejuicio, nos dice que al cesar la introducción de negros su presencia, salvo en las costas, ha desaparecido y desaparecerán del todo antes de medio siglo.
"Muchas veces se ha agitado la cuestión de la superioridad de unas razas sobre otras entre las que componen la especie humana; pero como jamás se ha definido con exactitud qué es lo que debe constituir esta superioridad, ni qué es lo que por ella se entiende, al entrar en la disputa, esta se ha hecho vaga, odiosa e interminable"
Ilustra con vehemencia "el descontento de los postergados criollos". Define, a su manera y en su contexto, el carácter del mexicano.
Habla de una auténtica revolución de la educación  y un enorme interés del pueblo mexicano por ilustrarse, al dejar de restringirse la lectura de cualquier texto, los libros prohibidos y todos los demás se han multiplicado (aunque no son baratos). Celebra que las reformas de Gómez Farías terminaran con el monopolio de la educación de parte del clero.
Entrando a hablar de los grupos sociales privilegiados, menciona que entere los empleados de gobierno hay un exceso de puestos públicos que además están llenos de corruptos, esta corrupción es producto de causas muy antiguas y se necesitan muchos años para que desaparezca.
Lo mismo aplica para otro grupo privilegiado: el ejército, un gasto excesivo e inútil, producto de las muchas revoluciones, más el excesivo pago de pensiones. Mora detalla los inicios de la marina mexicana (un desastre) interesante porque detalla los tipos de barcos pretendidos y adquiridos.
Al describir al clero hace una diferencia entre clero regular y clero secular. Al clero regular lo describe como decadente, por el gran poder que llegó a tener, pero fueron perdiendo importancia. Critica al alto clero que cobra diezmo (sobre el total de la producción) y lo reparte entre obispos y capitulares dejando a curas y párrocos con un trabajo excesivo, sin descanso dominical, del cual no perciben mayor paga que los que cobrasen por bautismos, casamientos y entierros. El pueblo se siente doblemente agraviado, paga su  diezmo pero debe pagar por los sacramentos. 
Había muy mala distribución de clérigos, demasiados en las ciudades, pocos en las campañas.  Critica además los fueros de los eclesiásticos.

En relación al pueblo mexicano nos dice:
"El carácter y las virtudes de los mexicanos no debe buscarse en las clases privilegiadas, sino en las masas de los ciudadanos, a pesar de sus defectos abundan los hombres de mérito. Las virtudes, la literatura, los talentos y la laboriosidad de hallan en la masa del pueblo".
Y retorna a hablar del pueblo y el gran cambio sucedido en los últimos años: con la independencia el conocimiento se extendió en México, la afición a la lectura ha dado benéficos resultados.
Mora pondera y enfatiza las virtudes de la educación en la mujer mexicana, las damas de la colonia vivían en el atraso, no hay que creer que en la época de Mora la educación de la mujer era la misma que la del hombre, pero mejoró con la independencia. Lamentablemente, por el machismo que implica, habla de que ahora las mujeres aprenden a cocinar mejores platillos y a elaborar mejores prendas de vestir. Sin embargo dice: "Mientras mayor es la educación de la mujer, sucumbe menos a los requerimientos de los varones".

Luego de muchas conjeturas y análisis, con los pocos datos que posee Mora estima la población de México en 8.4 millones de habitantes.
Cuando termina de dar un panorama geográfico, demográfico y social del México de entonces da inicio la parte histórica. Hace una detallada y minuciosa descripción del México colonial, detallando su composición política y varias instituciones administrativas, esta información es básica para entender la formación de la nación mexicana y algunas de sus características más interesantes.
Después Mora nos da un detallado análisis de cómo está integrada la nación políticamente y como está organizada para su administración, también hace un muy largo análisis de lo que a su juicio debería cambiarse.  Es curioso que, entre muchas otras cosas sugiera una duración de 3 años como periodo para los diputados y seis para los senadores. En algún punto de la historia se valoró su propuesta.
Nos detalla también los primeros años de relaciones internacionales del México independiente y la administración de hacienda. Hace un análisis de la propiedad de la tierra y otro, muy interesante  del estado de la moral pública.

Muy interesante porque puede ser ilustrativo de su postura, sabia y respetuosa, desde mi punto de vista, de la separación de la iglesia y otras instituciones.  Mora dice, con otras palabras y más precisión: "Los pecados y los delitos son de diferente naturaleza, aunque muchas acciones humanas sean ambas cosas.  Un pueblo ignorante que confunde ambas cosas no distingue el ámbito de una y otra y la fuerza de la ley acaba dependiendo de que el clero la apruebe y promueva su obediencia. Ya sean en el ámbito de la confesión o del sermón".

EL segundo tomo de México y sus revoluciones (el número tres de la obra original) nos narra la historia de la conquista de México, la versión que da no es "la visión de los vencidos" pero tampoco la de los vencedores, es ameno, bien informado y da cuenta de muchos detalles e historias complementarias que otros especialistas no mencionan. Muy pocos recurrirían a José Ma. Luis Mora para estudiar la conquista de México, pero vale mucho la pena hacerlo.  La segunda parte del tomo nos cuenta la historia de las conspiraciones ocurridas en México, desde la conquista hasta 1808. Así nos habla de la conspiración de Martín cortes, después en 1624 una asonada promovida por el clero, no con un ánimo independentista sino para obtener más control y poder.
Después nos relata una serie de conspiraciones ya en pleno siglo XIX, en donde más que los sucesos conspiratorios en sí, resulta importante porque nos da una idea del México previo al estallido independentista.

En el tercer tomo (el cuarto de la numeración original) comprende la etapa de la independencia, desde el inicio del movimiento hasta la muerte de José María Morelos.  Siempre me ha parecido que, como historiador, el Dr. Mora está en un encomiable término medio entre el conservadurimso feroz de Lucas Alamán y la complacencia abierta de Carlos María de Bustamente. Creo que valorar la historia a través de la visión de Mora nos aleja tanto de la sobrevaloración como del desprecio hacia nuestros próceres. Imagino, aunque sea irrelevante mi suposición, que el tomo cinco  de su obra narraban las siguientes etapas de la Independencia de México hasta su consumación.

Hay una especie de vacío, al menos no suele tratarse, de la vida de Mora desde su exilio hasta que es nombrado ministro plenipotenciario "cerca de su majestad Británica", es decir ante el imperio británico. 
Siendo aún gente cercana a Valentín Gómez Farías, fue de gran tino aprovechar sus servicios, los cuales Mora ejerció con toda su dedicación y capacidad.  Se conserva su correspondencia de esos tiempos, es especialmente interesante la que dirige al vizconde Palmerston. En las primeras cartas se advierte que no lo atienden de inmediato. En alguna carta menciona haber conocido a la reina Victoria y la describe como pequeña de talla y que hablaba un poco de francés.  En general su misión como ministro Plenipotenciario fue solicitar por todos los medios la ayuda de la Gran Bretaña como mediadora, arbitro o garante de los tratados.  Mora no tenía confianza alguna en los Estados Unidos y temía que México fuera absorbido por este país,  desde el inicio de la guerra ya imagina que el territorio mexicano será cercenado.  Pide ayuda a su amigo Alejandro de Humboldt para que Prusia también funja como garante. De los franceses, ya entonces declarados partidarios de establecer un sistema  monárquico en México,  no espera nada.

Pide a Santa Ana, le sugiere, hacer lo que Juárez hizo años después, abandonar, si así se requería, la ciudad de México, pero no desistir nunca de traer consigo el gobierno que se le había conferido. En ello reside la legalidad y más en circunstancias como la guerra de 1847-48
Llega al extremo de ofrecer a Inglaterra parte del territorio mexicano para formar un dique a las ambiciones expansionistas de Estados Unidos. 
Cuando los tratados de paz se han redactado insiste a Inglaterra que funja como garante porque siempre espera que los Estados Unidos los desconozcan o quieran más territorio.
Intentó contactar a Rusia sin resultado alguno.

Ojalá que esta pretendida síntesis del trabajo de José María Luis Mora, pueda motivarnos a leer su obra impresa, no siendo una labor en extremo sencilla, tampoco es tan complicada, dado que es un escritor ameno y concreto. Sin dejar de aportar sus puntos de vista no se extravía en reflexiones prolongadas. Leer su trabajo es conocer mucho de José María Luis Mora, siendo el hombre más ilustre de Chamacuero, conocerlo le da más sentido al orgullo que su coterraneidad nos ha generado desde hace muchos años.

Obras consultadas:

ROBLES SOLARES, LAURA et.al SENOSIAIN BRISEÑO, Lillian, SUAREZ DE LA TORRE, Laura.
Obras Completas: Jose Maria Luis Mora (Obra Histórica I, México y sus Revoluciones 1)
Primera Edición
México DF: Instituto Mora: Conaculta, 1986
297  p. Vol 4

ROBLES SOLARES, LAURA et.al SENOSIAIN BRISEÑO, Lillian, SUAREZ DE LA TORRE, Laura.
Obras Completas: Jose Maria Luis Mora (Obra Histórica II, México y sus Revoluciones 2)
Primera Edición
México DF: Instituto Mora: Conaculta, 1986
311  p. Vol 5

ROBLES SOLARES, LAURA et.al SENOSIAIN BRISEÑO, Lillian, SUAREZ DE LA TORRE, Laura.
Obras Completas: Jose Maria Luis Mora (Obra Histórica III, México y sus Revoluciones 3)
Primera Edición
México DF: Instituto Mora: Conaculta, 1986
365  p. Vol 6

ROBLES SOLARES, Laura y SUAREZ DE LA TORRE, Laura
Entre la Lejanía y La Incertidumbre.
Primera Edición
México DF: Publicaciones del Instituto de Investigaciones, Septiembre 2001



El Dr. Mora a través de sus escritos

 
Oficios de la Alcaldía en el Chamacuero Independiente


A las actas electorales que comentamos el mes pasado, las acompañan otros documentos de singular formato en el archivo histórico municipal. Les llamo de singular formato porque el texto se coloca solamente en la mitad derecha de la hoja, sin que exista una línea divisoria  o un doblez para delimitar cada zona. Los tres documentos tienen relación con el proceso electoral ya comentado, pero el que llama mi atención es en el que Antonio Roxas Taboada agradece su nombramiento.  Cabe aclarar que este Antonio Roxas Taboada no es el padre de manuela Taboada sino uno de sus hermanos.  Y como dos de ellos llevaban el nombre Antonio, no sabremos si se trata de José María Antonio George o de José Antonio de Jesús Epifanio. Las transcribo al final interpretando las numerosas abreviaturas.










































Como puede observarse, en la mitad derecha del anverso viene el texto, en la esquina superior izquierda el "remitente", si el texto no cabe en en anverso se coloca en la mitad derecha del reverso. En la esquina inferior izquierda va el "destinatario".

En el archivo histórico municipal muchos documentos presentan este formato, si investigo el porqué y la denominación correcta de sus partes lo agregaré en este espacio.


Muy  Ylustre Ayuntamiento Constitucional de Chamacuero

Quedo impuesto por el oficio de fecha de 17 octubre que rige, haber hecho en es ylustre  cuerpo la elección de oficiales de la Milicia Nacional Local de ese pueblo y espero me remitan los Despachos  de los expresados oficiales e igualmente listas nominales por duplicado, para dar cuentas con ellos, y sean liados por el comandante General de la Provincia como lo previene el reglamento de la materia

Dios guarde  a vosotros muchos años. Celaya diciembre 31 de  1821.

Juan José Gayon

Comandancia Militar de Celaya






Muy  Ylustre Ayuntamiento Constitucional de Chamacuero

En contestación al Oficio de Fecha 17 del que rije digo que en virtud de haber reclamado ya al comandante  general de Queretaro el Armamento y municiones que de ese  pueblo , que en calidad de Deposito se llevo el teniente coronel D. Manuel Osorio Soto, y haver repuesto su señoria lo que tengo dado a vosotros,  aviso me parece seria de buena condición, lo isiesen ustedes en derechura al serenísimo señor Generalisimo cuya solicitud podrá ir por mi conducto apoyándola como debe ser

Dios guarde a Vosotros muchos años Celaya Diciembre 31 de 1821

Juan José Gayon

Comandancia Militar de Celaya







al ayuntamiento  Constitucional del Pueblo de Chamacuero.

Acompaño a este dos ejemplares de la Gaceta Ymperial extraordinaria de México del martes  27 de noviembre próximo pasado en la que se ha impreso la Combocatoria  para que con total arreglo a lo que presise se dispongan las Elecciones de que trata y Vosotros la dibulgue en ese Vecindario a efecto de que todos se instruyan en tan importantes disposiciones  a cuya ejecución han de cooperar.

Dios guarde a vosotros  muchos años Guanajuato 5 de diciembre de 1821

Ricardo Perez Martinez







Señor síndico  e Ylustre Cabildo de Chamacuero.

En contestación al oficio de Vostoros  fecha 17 del corriente en que me instruye de le elección que hizo de mi la Compañia de milicias de este pueblo  para servir en la clase de Teniente, digo que sin embargo de conocer mi ineficiencia para  desempeñar este empleo, lo acepto, tanto para no degenar del carácter dócil y obediente de los americanos, como para manifestar de algun modo a la nación mi patriotismo, al sistema mi adhesión, y a mis conciudadanos el fraternal afecto que en siendo eminente les profeso.
Es que mi gratitud a los milicianos mis compatriotas por la elección que han hecho de mi sin ningún merito: y será eterno el reconocimiento  a Vosotros  por la aprobación y honra con que han querido distinguirme.

Dios Guarde a Vosotros  muchos años. Chamacuero 19 de diciembre de 1821

Antonio Roxas Taboada

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Oficio de Anastacio Bustamante



El general Anastasio Bustamante no es un personaje estrechamente ligado a Guanajuato. Sin embargo, dos etapas de su vida convulsa pueden asociarse con nuestro estado: fue él quien, sumado al Plan de Iguala con Iturbide, tomó las ciudades de Celaya y Gauanajuato para la causa insurgente. Como detalle anecdótico, fue él quien mandó sepultar los cráneos de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez que para ese entonces aún pendían de las jaulas de la Alhóndiga. La otra etapa es su residencia en San Miguel de Allende en el ocaso de su vida y su muerte en esta misma ciudad.  Esto lo menciono porque en el archivo histórico municipal encontré un documento que a la letra dice:

Al Ylustre Ayuntamiento de Chamacuero


Conviniendo a la tranquilidad y seguridad pública que el Teniente D. Pedro Olvera y al Alférez D. Guadalupe Mora en unión de 8 ó 10 patriotas de su confianza persigan a los ladrones que infesta esas inmediaciones, se hace indispensable el que V.S. facilite algún arbitrio para proporcionar la subsistencia de esta partida pues así lo exige la pública utilidad y conveniencia, y lo espero del Patriotismo de V.S.

Dios guarde a V.S. muchos años. Leon 13 de Abril de 1821

Anstacio Bustamente O.

(La abreviatura V.S. puede interpretarse como Vuestra Señoría)

Cuando leí por primera vez este oficio, llegué a la firma y leí:  Ansto. Bustam. y luego una escalera en donde podrían interpretarse muchas letras, como me parecía improbable que se tratara de la firma de Bustamente, busqué algunas imágenes de dicha firma; la propia declaración de Independencia de nuestro país ostenta una firma similar a la que menciono y que, para mayor referencia reproduzco al final de estas líneas. No me despierta mayor aprecio este personaje, me parece, sin embargo, una singularidad encontrar un documento que remitió a nuestro ayuntamiento, aunque fuera para exigirle ayuda, acudiendo a su Patriotismo.


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Analizando el Archivo Histórico municipal llamó mi atención un oficio dirigido a Agustín de Iturbide por el ayuntamiento de Chamacuero, en mayo de 1821. Además de su valor histórico y documental, me pareció un tanto desarticulado o disperso en su argumentación, quizá esto sea producto de las circunstancias confusas que se vivieron cercanas a la consumación de la independencia, creo que las autoridades de Chamacuero querían, con este oficio, dejar sentada  una postura que les favoreciera cuando la independencia finalmente se consumara.  

Oficio del Ayuntamiento de Chamacuero dirigido a Agustín de Iturbide 
Oficio dirigido a Agustín de Iturbide



Sobre el poblamiento español de Chamacuero
Merced de Tierras a doña Leonor de Alvarado

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El dr. José Ma. Luis Mora a través de sus escritos