Chamacuero, Gto.
(También llamado Comonfort, Gto.)
Personas, personajes   (figuran en el órden en que se compilaron estos escritos)

Agustín Ayala García

El sábado 18 de julio de 2009 acudí a entrevistar al padre Agustín Ayala García. Transcribo la entrevista tal cual, suprimiendo en lo posible mis intervenciones, las cuales están encerradas entre  corchetes, lo mismo que  mis aclaraciones, debo indicar que la entrevista se inicia cuando le pregunto
¿Cómo está, padre? Y él, fiel a su costumbre contestó:

Federico Groenewold

El 23 de octubre de 2010 se entregó la presea Dr. Mora al Dr. Federico Groenewold y Alexandri. Aunque el Dr. Groenewold es muy conocido en nuestra población, tal vez no todos sepan de la gran cantidad de actividades que ha desarrollado durante sus setenta y dos años de vida. Muchas de ellas por sí solas constituyen suficiente mérito como para recibir esta presea, valorarlas todas en conjunto nos lleva a entenderlo como un Chamacuerense sumamente especial que ha destacado en numerosos campos del quehacer humano. Es ingeniero civil egresado de la UNAM con un doctorado en Acústica, que obtuvo tras dos años de estudios en el campus de Trondheim en la Universidad Técnica de Noruega. Al poco tiempo de regresar a México desarrolló proyectos de acústica para diferentes edificaciones y acabó por tornarse especialista en prevención y control de ruidos y vibraciones, en tal papel realizó actividades como asesor para diferentes instancias gubernamentales, tornándose en experto certificado por la Organización Internacional del Trabajo. Asesorando en temas de normatividad acústica a diferentes gobiernos el Dr. Groenewold recorrió durante muchos años casi toda América Latina. Más aún, la mayoría de las Normas Oficiales Mexicanas acerca de control de emisiones de ruidos fueron redactadas por él. Pero nuestro personaje no sólo es Ingeniero Civil con un doctorado en el extranjero, para nosotros como chamacuerenses representa mayor interés el enorme trabajo de investigación que ha efectuado acerca de nuestro municipio. Y aquí no sólo destaca la acuciosidad y profundidad de sus investigaciones sino la ineludible generosidad de compartirlas. Más que creer a mis palabras les recomiendo leer o consultar el libro "Chamacuero, Origen y Destino" del Dr. Groenewold, sin exagerar puedo afirmar que cualquier investigación acerca de nuestro municipio tendrá como punto de partida y obligada referencia esta obra. Pero su labor no queda ahí, existen una docena de escritos esperando ver la luz, ojalá que esto pueda suceder, si ya un hombre muy preparado tomó a su cargo estos trabajos, nos queda a los demás lo más sencillo, publicarlos. Debo agregar, para seguirnos sorprendiendo, que Federico Groenewold y Alexandri habla cuatro idiomas en un alto nivel y otros tres en un nivel destacado. Tiene licencia de locutor en Grado A, creó y produjo varios programas radiofónicos, entre ellos "El café de Federico" de XEITC. Además de lo anterior, tiene escritas varias composiciones para piano y libros de carácter técnico, así como varias docenas de artículos en diferentes revistas científicas. Durante la ceremonia en que se otorgó la presea, misma que fue entregada por el Profesor Cuauhtémoc Mora Loma en representación del Presidente Municipal, nos enteramos con gusto que el Dr. es también destacado en su labor docente y valorado por sus alumnos. Al margen de todo lo dicho hay una cualidad del Dr. Federico Groenewold que, paradójicamente, le ha traído más de un distanciamiento con algunas personas. Hago un paréntesis para explicarme, José Martí nos da una definición maravillosa de Libertad:
"Libertad es el derecho que tiene todo hombre a ser honrado y a pensar y a hablar sin hipocresía".  Debemos reconocer que Federico Groenewold habla siempre sin hipocresía, aunque ello vaya, como ya ha sucedido, en contra de sus propios intereses.
No tengo a la mano ninguna lámpara de Aladino, pero sí tengo tres deseos: el primero: que el Dr. Groenewold continúe muchos años investigando sobre nuestro municipio; el segundo: que su obra se conozca, ya sea en medios impresos o electrónicos; el tercero: que los chamacuerenses sepamos valorar su enorme capacidad y el privilegio que representa tenerlo tan a la mano, máxime con la generosidad con que siempre ha compartido sus conocimientos.
Plácido Santana Olalde

EL PROFESOR PLÁCIDO SANTANA OLALDE

    El profesor Santana fue un hombre apasionado por su municipio, profundamente interesado en la historia de su región y un gran promotor de la cultura. Como si esto fuera poco, también fue un destacado artista plástico y un excelente ebanista.
Nació el 4 de junio de 1947 en Comonfort, Gto., desde la edad de 10 años fue alumno de pintura del prof. Salvador Zúñiga. Buena parte de su labor docente la ejerció en el Instituto Tecnológico de Celaya. En 1978 inició, junto con otros jóvenes entusiastas, la celebración de las semanas culturales en homenaje al Dr. José Ma. Luis Mora, cuya trigésima cuarta  edición se llevó a cabo el pasado mes de octubre.

    Promovió la creación del museo "Casa doctor José María Luis Mora". La anécdota más colorida -no exenta de imprecisiones- cuenta que el profesor Plácido visitó al entonces Presidente municipal, Constantino Olalde y le dijo: "Tío (porque era su sobrino), me parece inaceptable que la casa donde nació don José María Luis Mora esté abandonada, deberíamos hacer un museo en ese lugar. El licenciado Constantino sabía que la casa era propiedad municipal, así que salió con su sobrino, cruzaron la calle y al topar, en la puerta de la finca abandonada, con chapas y candados de los que nadie tenía llaves, el licenciado sacó la pistola 45 que siempre cargaba y, de manera expedita, reventó a tiros los candados. Mientras le volvía a poner el seguro al arma le dijo a su sobrino: "Ahí está, haga su museo".
    Y lo hizo, personalmente fabricó las vitrinas y restauró puertas y ventanas (ya dijimos que era un excelente ebanista) el municipio y algunos patrocinadores -incluido él mismo- aportaron el material y de su ánimo emprendedor salió la mano de obra.
    La museografía inicial fue diseño del profesor Santana, aunque fue reestructurada por el INAH cuando este instituto se hizo cargo del museo.
     El profesor Plácido recibió los tres tomos de la primera edición original de la gran obra histórica del Dr. Mora: "México y sus revoluciones", que fueron donados al pueblo de Comonfort por el gobierno de Francia. Estos tres libros se exhiben en una vitrina que fabricó para tal efecto el profesor Santana. Consiguió, además, la participación de un especialista para clasificar, ordenar y registrar la gran cantidad de material arqueológico que pudo recopilar para el museo.
    No siempre las casas natales de los hombres ilustres se preservan y utilizan tan acertadamente, baste recordar qué hay actualmente en la casa natal del arquitecto Francisco Eduardo Tresguerras (por citar un ejemplo).
    No puedo imaginar un destino más digno y más apropiado para la casa donde nació el ilustre pensador chamacuerense. Incluso si pasamos por alto la importancia histórica de la finca, la casa por sí misma transmite un aire del pasado que impresiona gratamente a quien sabe percibirlo. El INAH tiene sólo siete museos en el estado de Guanajuato, uno de ellos es éste. Dada la conjunción de simbolismo, riqueza histórica y arquitectura de este espacio, es una fortuna tenerlo en nuestro municipio, pero no debemos pensar que es obra del azar o la casualidad.

    El interés del Profesor Santana por el pasado prehispánico de su ciudad fue siempre muy profundo. Cotidianamente realizaba trabajos de limpieza y retiro de maleza en las zonas arqueológicas del municipio, en cierta ocasión intentó preservar la zona arqueológica de la comunidad de Orduña de Arriba y algunos lugareños lo conminaron violentamente a salir del lugar. Como no aceptó darse por vencido, acudió personalmente a las oficinas del INAH en la ciudad de México y denunció la existencia de este sitio en el año de 1976. Pero en el mapa con que contaban los arqueólogos en ese momento, sólo aparecía un punto cercano denominado Morales (distante unos dos kilómetros y medio del lugar) y no hubo más remedio que registrarla con ese nombre. Las excavaciones que realizó la arqueóloga Beatriz Braniff en esta zona, han permitido a los estudiosos inferir una buena cantidad de hipótesis acerca del pasado prehispánico en toda la región de la cuenca del Lerma.
    La creación de la casa de la cultura también estuvo ligada a la labor del profesor Plácido Santana. Fue el primer director de la misma y no habiendo, en ese momento, otro recinto disponible, acomodó sus talleres y sus actividades en el auditorio Margarito Ledezma, donde laboró hasta que alguna autoridad premió su labor con el despido.

    Fue, además, el primer cronista oficial de la ciudad. El ayuntamiento presidido por el Ing. Francisco Ramírez reconoció su trabajo como investigador y defensor del patrimonio histórico de la localidad, designándolo cronista oficial del municipio. Por alguna razón que no vale la pena investigar, el nombramiento quedó asentado en la esquina superior izquierda de un acta de ayuntamiento. Con una escueta nota escrita a mano se dejó constancia de su designación. Este nombramiento fue ratificado -con mayor formalidad y con carácter de vitalicio- por el Dr. Alberto Méndez Pérez en 1998.

    Al profesor Plácido Santana Olalde se deben las primeras investigaciones sobre:

-El significado del nombre de Chamacuero
-La fundación del poblado hacia el 1400, por parte del cacique purépecha Tzi-Tzic-Pandá-Cuare.
-La guerra chichimeca en esta región.
-La vida de doña Manuela Taboada y su hermano Pedro.
-El origen chamacuerense del coronel Ignacio Camargo.
-El simbolismo y alegorías del escudo de Chamacuero.

    Hasta antes de estas investigaciones se consideraba al coronel Ignacio Camargo, (quien tuvo un papel destacado en la toma de la alhóndiga de granaditas) como nacido en la ciudad de Celaya, Gto. El profesor Plácido localizó la fe de bautismo del insurgente y ahora se le reconoce como nacido en Chamacuero.

    Su calidad como artista plástico fue evidente. Como muestra de su dominio de la técnica incluimos estas imágenes de cuadros al óleo que realizó, partiendo de diseños originales del maestro Jesús Helguera  
Entrevista al Padre Felipe Hernández Franco.
El 18 de noviembre de 2011, el H Ayuntamiento y el Seminario de Cultura Mexicana, corresponsalía Comonfort, entregaron la presea Dr. José María Luis Mora al C. Felipe Hernández Franco. Con ese motivo acudimos a entrevistarlo en su domicilio: Transcribo lo que amablemente nos platicó de su vida y su trabajo, omito mis preguntas para más facilidad de lectura sin dejar de aclarar que si la charla pareciera tener cambios repentinos de temática es culpa de dichas preguntas y no de la amena y congruente charla de nuestro entrevistado:


Mi mamá se llamaba Jovita Franco y mi papá Guillermo Hernández. Mi mamá era modista; mi papá también hacía pantalones, hacía ropa de hombre; aunque se dedicó a muchas cosas, fue albañil, panadero y al final sastre. Vivíamos por la calle de Hidalgo, junto a lo que ahora es el Salón de Fiestas Dr. Mora.
Yo nací aquí en Comonfort el 16 de mayo de 1941, ya estoy viejito, tengo 70 años. Estudié la primaria aquí en el pueblo, en la escuela del señor cura. Luego me fui con los Paulinos, ahí estudié la secundaria, la preparatoria y la filosofía. Todo ello en la ciudad de México: Avenida Tasqueña, por donde está el metro Tasqueña, Culhuacán. Después me mandaron a Roma para estudiar la teología. Duré seis años estudiando en Roma, allá en los años sesenta, como estaba encerrado no me percaté mucho de cómo era la vida en la ciudad, pero sí la conocí, todos los domingos íbamos a visitar algún lugar, desde que llegamos nos llevaron a conocer las Basílicas. Vivíamos cerca de San Pablo Extramuros, nos íbamos a pie, luego San Pedro: la basílica principal. Fuimos también a Santa María la Mayor, es una iglesia muy bonita, tiene el techo todo cubierto de oro, y es enorme, pero los españoles llevaron mucho oro de aquí para allá. Fuimos también a San Juan de Letrán. El Santo Papa, a parte de muchos títulos que tiene, es obispo de esta Iglesia, de hecho ésta es la catedral de Roma, incluso para ordenarse hay que hacer los exámenes ahí en las oficinas de San Juan de Letrán. La primera vez, para el diaconado, me tocó hacer examen con un holandés, de algún modo me preocupó. Le pregunté "Oiga, Padre, usted qué piensa del celibato". En ese entonces se salían muchos sacerdotes del ministerio, por eso se hablaba mucho del celibato. En Holanda siempre han sido muy liberales. Pero no, se soltó hablando muy bien del celibato. Sí, sí, padre, le dije, yo estoy de acuerdo. Después, para la ordenación, vi el modo de que el examen me tocara con este sacerdote, creo que era más tolerante. Porque a muchos los reprobaban.
En esos años, a pesar de todo, no era común estar cerca del Papa. Todos los domingos da el ángelus en su balcón, va mucha gente a verlo. Nosotros íbamos con frecuencia a ver al papa, en parte porque ahí veíamos mexicanos, los reconocíamos por sus banderas. Pero la ordenación sí fue con el Santo Padre. Éramos un gentío, doscientos setenta más los familiares. La ceremonia fue en la plaza. No había modo que me acompañaran mis papás, imagínese ir hasta allá. Le escribí a un hermano, que se iba a casar, que se fuera de luna de miel hasta Roma, pero no me contestó, debió parecerle muy caro; tenía que pagar el avión hasta allá, el hospedaje, el consumo…, a cada uno nos dieron varios lugares en la ceremonia para nuestros familiares, lo que yo hice fue darle los míos a una familia francesa que conocí allá, ellos me acompañaron como si fueran mis papás, el señor, la señora y una hija. Les conseguí alojamiento con unas religiosas, generalmente las religiosas tienen muchos hoteles. Al otro día fue mi cantamisa, ellos estuvieron como si fueran mis papás. Ellos se trasladaron en tren desde París; los fui a esperar en la estación de Roma. Con ellos me entendía en francés. Todos los idiomas los aprendí por necesidad; el italiano al estar en Roma, el francés porque en las vacaciones me iba a Francia, en tren. Allá conocí a esta familia, se apellidaban Tomás, bueno, se pronuncia Tomá. Así aprendí el francés aunque también tomé clases. En París fui a clases al Instituto Católico, es un instituto abierto a todos, antes había ido a la Alianza Francesa que es también para extranjeros. En el instituto católico me encontré, y me dio mucha pena, al padre Pedro Esquivel, que era un sobrino del padre que estuvo aquí de párroco, sus tías eran muy amigas de mi mamá. Me lo encontré en la puerta, Ah Pedro, qué gusto. "No sé quién serás", me contestó, sentí muy feo. Pero así me lo había hecho un padre de aquí: José don Juan. Estábamos en el Colegio Mexicano, era un doce de diciembre y oí su voz; ese es José, pensé, y que me paro rápido. José, ¿cómo estás? "No sé quién serás". Oye pero mi papá es tu padrino de confirmación, "¿Y ya se murió?" me preguntó con indiferencia, sentí muy feo, pensé para mis adentros: "váyase a la porra". Se hacían como el hombre del circo; es un chiste, a un pueblo llegó un circo y anunciaban un número especial para el último día. Ese día estaba el circo lleno: "Querido público de Comonfort, ahora presentaremos el número especial que les prometimos, con ustedes Mister Robert, el hombre que se hará animal" Y entró un muchacho con su tanguita echando maromas y mandando besos a las muchachas y a las señoras. Y seguía dando vueltas y maromas y beso y beso a las muchas, hasta que un señor del rancho gritó "óra mister Rober te estás haciendo Buey". ¡Bravo! ¡Bravo! La ovación. Esa era la transformación. Yo era estudiante, pero en ese tiempo José Don juan también era estudiante, ya nunca lo busqué, ¿para qué?
Después de mi ordenación me mandaron acá a México y fui superior de la comunidad donde había estudiado la secundaria y la preparatoria, después pedí ir al África, a Zaire. Ahí estuve dos años como misionero. Una experiencia muy bonita, en los años setenta Zaire era ya un país independiente, estaba en ese tiempo de presidente Mobutu. Yo estaba en la capital, Kinshasa, en una colonia muy bonita, se llamaba Dimete, ahí la gente que ha estudiada habla francés, ya ve que los belgas colonizaron esa región. La gente que no había estudiado, que era la mayoría, habla Lingala, una lengua africana. Ahí el problema eran las lenguas, porque la comunidad en la que estaba era de padres italianos, había que hablar Italiano, con alguna gente francés y con la mayoría en Lingala. Fui a clase de Lingala, había una maestra que nos daba clase, éramos puros misioneros los que estábamos aprendiendo, pero con aparatos de sonido y todo. Sí es difícil, porque no se parece a nada de lo que uno habla, el plural va anterior, por ejemplo: para decir "¿Cómo está usted? se dice: "O salim alam" y para decir "¿Cómo están ustedes? ": "Ba salim alam", Es decir "O y Ba", pero la terminación es la misma. Allá yo estaba con los paulinos, tenían una imprenta muy grande, era la imprenta en lengua francesa más importante de África, hacían los libros de texto, el gobierno les daba mucho papel y pagaban muy bien, aunque no se hacía como negocio. Llegaba allá el papel de Canadá directamente. Yo he estado toda mi vida ligado a la edición de libros, después con los paulinos fui director de la empresa, Ediciones Paulinas. En Zaire vivían en una colonia "bonita", una colonia de "riquillos", pero en ese tiempo la vida era difícil en Zaire, aunque Zaire es un país muy rico, tiene recursos, muchos árboles, muchos animales para los circos, para los zoológicos y mucho diamante, diamante industrial. Pero todo era para el gobierno, para la gente nada, el presidente en ese tiempo se quedaba con todo. Llegaron unos japonesitos y le dijeron: "Señor, ¿nos vende esa montaña?, "Llévensela ". Y el presidente dijo "Nos hicimos mensos a los japoneses". Pero hasta oro sacaron de esa montaña.
En la capital se puede decir que la gente estaba bien económicamente, comían bien, yo poco a poco fui a comer con la gente para ver qué comían; comían muchas verduras, pescados y changuitos; sí, comen changos, cocodrilos… Un día fui a comer con una familia de los empleados de la imprenta, llegó la señora con su platito de comida, le dije: ¿No tienen Chile aquí? "¿A poco quiere chile?" me preguntó. Sí, cómo no. Salió y regresó con una tacita. Cuando salimos había un montón de chiquillos, de negritos y me preguntaban: "Oye, ¿tú eres el blanco que come chile?" Ellos sí comían, pero hay mucho portugués e italiano y no comen chile. Estuve dos años y a los dos años me regresaron, yo no pedí regresar, pero pertenecía a la los paulinos, desde Roma ellos determinan para donde se va uno. Me habló el superior general y me llamaron a Roma, ahí estuve un tiempo esperando a que me dijeran que es lo que tenía que hacer luego ya me mandaron para México y aproveché para pasar por España. Ya había estado antes, una vez porque mis parientes, los Franco, vienen de España y los Olalde también, ya ve que aquí hay muchos Olalde. Le dije a un compañero de la comunidad: Fíjate que tengo que ir a Oñate pero ya vi el mapa, está por allá arriba. Me dijo: "No te preocupes, mañana tenemos que ir con el padre tal a Oñate". Nos fuimos tempranito con el padre que tenía que ir allá, fuimos a la iglesia que era lo mejor, estaban hablando pero en vascuence, no entendí nada y dieron la misa en vascuence también. Cuando acabó la misa pasamos a la sacristía y le dijo mi compañero al padre: "Fíjese que mi compañero viene de México a conocer a los Olalde" Había una ventana enorme en ese lugar y me señalando un sitio me dijo: "Aquel caserío que se ve allá se llama Olalde, mañana tengo que ir ahí". Pero yo ya me quería regresar, no hice caso de ir, me dije ya llegué a Oñate y ya me voy. Tenía el encargo de ir porque mi mamá me escribió que don Moy Olalde le había dicho que ojalá antes de venirme fuera a Oñate, de donde habían salido los Olalde. Don Moy era mi tío; su papá y mi abuelita eran hermanos. Lo que hice fue comprar muchas tarjetas postales, le traje un bonche de tarjetas para que me creyera que había ido a Oñate.
De estar en el África me vine a México y de ahí a Toluca; ya no pertenecía a los paulinos. Le hablé al señor obispo de Toluca, se llamaba Alfredo Torres, le dije: Oiga ya me cansé de estar aquí con los Paulinos. "Pues vente a Toluca. " Oiga, pero Toluca no tiene necesidad de Sacerdotes. "Cómo no", me contestó "Acabo de ir a una comunidad ahorita y hacen falta muchos sacerdotes". Bueno, me voy con ustedes entonces, por lo pronto me dijo que llegara al seminario y ahí cerca está la parroquia que iba a hacer. Me dijo el rector, que actualmente es el obispo de San Cristóbal de las casas, se llama Felipe también: Tocayo, vente a ver tu parroquia." Yo vi que se rieron entre ellos y pensé: éstos me indican algo. No, pues estaba un polvaderón ahí, todas las paredes eran de mezcleras, bien triste, bien triste. No había iglesia, no había planos, no había material y no había dinero. Pos 'ora la hago, pensé, para que se les quite. Y ahí hice una iglesia, gracias a Dios. Bueno ya estaba empezada, había columnas ya. Por eso fui con el arquitecto que estaba haciendo el plano, a pedirle los planos para seguirle; me esperé media hora y me dijo: "Fíjese que no los terminé, véngase a la tarde". Fui a la tarde y me dijo "Fíjese que tampoco los terminé". Váyase a la porra, pensé. Llegando a la construcción estaba el maestro de las obras,  "Padre, no ha venido el arquitecto". Pues ni va a venir ya, de ahora en adelante usted va a hace la obra. "¿Pero cómo le hago?".¿Qué no ha hecho casas? Pues haga una casota grande y ya. Y seguimos la obra. Quedó bonita, va de bajadita, o sea que el celebrante se ve hasta abajo. O sea cuando uno entra a la iglesia ve hasta el fondo al sacerdote. Una vez fue Álvaro, uno que es de aquí, fue a Toluca con una familia a atender un asunto y lo llevaron a conocer la ciudad; fueron a la iglesia de san Felipe y la estuvieron viendo y le dicen: "Esa la hizo uno de Comonfort," Y le sorprendió y le dio gusto, creo que ya antes le había platicado de esa iglesia. Pero quedó bastante bonita. Y luego las bancas son de tablones, encontré un muchacho que me las hizo, muy modernas y muy macizas. Pero me dio mucho trabajo, no había planos, ni dinero, nada. Había un comité de construcción que pasaba casa por casa pedir dinero. Les dije: Ya se acabó el comité, me van a dar a mí el dinero. Llegó una señora con dos mil pesos de aquel tiempo, era mucho dinero, llegó otra señora con cien, con doscientos, poco a poco fui juntando. Otro problema que también tuve fue la imagen, porque no existía, yo mandé hacer una imagen de San Felipe de Jesús. Yo me acordaba de este San Felipe que está aquí, que está con sus lanzas. Entonces les platiqué a los padres que iba a mandar a hacer una imagen y uno de ellos que entendía de arte me recomendó un arquitecto que estaba ahí en Toluca. Fui con él y le dije: oye, una imagen de San Felipe de Jesús ¿en cuánto? ya me dijo tanto, como a los seis meses fui a verlo. ¿Cómo va mi imagen? Me la mostró, ya tenía la cara, estaba trabajando en el cuerpo. Y tenía una cara muy bonita. Oiga, ¿cómo se inspiró?, ¿de dónde sacó esta cara? Ya me explicó que los Navarros de ese tiempo tenían esta cara. San Felipe de Jesús era hijo de Navarros. Los papás eran Navarros pero se vinieron a México a vivir, el nació ya en la ciudad de México. Es una imagen en tamaño natural y lo representa orando. El día que se colocó la imagen había un gentío, pero antes yo llevé al señor Vélez. Estaba muy emocionado el viejito, porque su ilusión, cuando era obispo, había sido tener una parroquia de San Felipe de Jesús. Duré poco en ese lugar, como dos años, pero en dos años se terminó la iglesia, aunque, como dijimos, ya estaba empezada. Así a medias se daba misa en ese lugar, pero eran unos polvaderones… porque alrededor de la iglesia hay milpas, entonces está la tierra suelta y cuando hace polvo entra un polvaderón . De ahí me fui a dos pueblos del estado de México uno se llama Acahualco y otro en donde me enfermé de la presión; me desperté y me daba vueltas el techo. Entonces me acordé de un padre en el seminario que le subía la presión y se bañaba y ya con eso se componía. Yo me metí a la ducha, salí, me vestí y empezó otra vez a dar vueltas el techo. Fui a celebrar la misa pero la dije muy rápido. Estaba la casa pegada a la iglesia. Había dos muchachas que me ayudaban ahí, una era cocinera y la otra secretaria y comían conmigo; les dije: miren muchachas desayunen rápido y vayan por el doctor o la doctora que encuentren (era un pueblo chiquito, como del tamaño de Neutla) y lo que encuentren me lo traen para ver qué pasa. Me fui a mi cuarto y otra vez comenzó a dar vuelta el techo, entonces lo que hice fue acostarme en el suelo, había alfombra, nomás jalé una cobija y me tapé. Cuando volví estaba ahí la doctora: "Padre, está muy malo de su presión, tengo que internarlo, ya hasta traje la ambulancia". Pos si no hay otra ni modo. Un señor de la comunidad me ayudó a vestir, me subieron a la ambulancia y ya no supe de mí. Estuve en terapia intensiva dos meses y medio en dos hospitales distintos, uno del estado de México, otro de la ciudad de México.
Pero yo perdido, nomás me acuerdo que en ese tiempo entró un doctor a mi cuarto y se sentó ahí en la cama y me dijo: "Padre, vengo a decirle como va a quedar usted, mire usted va a quedar como un bebé, no va a servir para nada", Pero ¿y la Santa Misa? le pregunté, "No, olvídese de la misa" me contestó y que le manoteo en el buró, yo creo que me vio enojado porque se fue luego luego. Ya no supe cuánto tiempo estuve, fueron a verme mi mamá y mi sobrino. Dicen que nada más estaba con mi trusa y puras sondas, lo que hice fue venirme para acá, para mi pueblo. Me recuperé poco a poco, bastante pero todavía me falta, todavía me ataranto. Esto fue hace unos quince años. Sigo teniendo problemas de la presión, sigo tomando medicina todos los días, me tomo como diez pastillas diario. Ya tengo aquí desde el 96 o antes, todavía vivía mi mamá, de hecho ella murió en esta habitación donde estamos. Yo me quedaba en mi casa, en la calle de Hidalgo, allá me quedaba todos los días. Entonces bajé aquí y me dijo mi sobrina: "apúrate que mi tía está terminado". Sentí muy feo escucharla, sentí el corazón que me latía, me bajé y ya estaba aquí doña Jesusita Murillo, estaba rezándole la oración de la buena muerte. No sé cómo estaría que le quité el libro y me puse yo a rezar, cuando mi mamá oyó mi voz abrió los ojos y se sonrió, cuando terminé la oración ya había fallecido. Qué triste, verdad.
Por mucho tiempo fui director de Ediciones Paulinas, todo lo que editan es material religioso: vidas de santos, oraciones, Biblias... Hicieron una biblia que se tradujo solo aquí en México. La biblia la pueden traducir varias personas, pero hay una biblia en español traducida por ellos, vino el padre Magaña Méndez a la comunidad, él la tradujo, era un viejito bien simpático, ya tenía el pelo blanco. Un día fuimos al centro en la Ciudad de México en el metro, y unos muchachos por allá lo aventaban y que se enoja y les dice: "Jóvenes, el metro no es para viejitos es para jóvenes"; era muy ocurrente ese padre. Él tradujo del hebreo y del arameo y también -es su modo de traducir- lee las traducciones inglesa, francesa, italiana…. Se ha vendido muy bien esa Biblia del padre Magaña, es traducción directa del hebrero. De hecho fue la primera traducción directa al español. Ya había, por supuesto, biblias en español. Hay una biblia en español latinoamericana, que es una biblia en un lenguaje más similar al nuestro, y la hicieron en España, es lo más raro. La empresa está en Avenida Taxqueña 1792, todavía me acuerdo. Yo estaba en la casa provincial que está en Lomas Estrella, ahí estuve mucho tiempo. Ahí se editaron mis veintitrés libros, era un poco más fácil editar ahí, porque yo era el director. El que más éxito ha tenido es el de San Judas Tadeo, la vida de San judas Tadeo y ese librito que les leí ayer de Un Minuto Para Ti, tiene diferentes cosas, cada lectura toma un minuto más o menos. Mis libros se consiguen en la ciudad de Celaya en la Librería Paulina que está en Morelos y en la Librería ecuménica que está en la calle Góngora. Todos mis libros son de tipo religioso, también escribí una vida del padre Yermo y Parres, que es un sacerdote del Estado de México, que se va después a Veracruz, la orden de religiosas que él fundó se llama Siervas de los Pobres, cuando lo iban a canonizar ellas me pidieron que escribiera ese libro y se los escribí, ya fue canonizado como San José María de Yermo y Parres, estaban muy contentos, una de estas religiosas fue a verme cuando me enfermé en el estado de México.
Sí leo, de todo pero me gusta leer mucho novelas, ahorita estoy leyendo las de García Márquez. También me gusta leer El Quijote. De México varios autores, como Rulfo, Fuentes. Poesía no me gusta mucho leer. Aunque del padre Agustín me gustó mucho su libro de los Cristos. Las regalías de mis libros las entregué a los Paulinos, aunque si me dan algo no me enojo. Pero sí, para regalar algunos de mis libros he tenido que comprarlos. En las ediciones paulinas se acostumbraba otorgar el diez por ciento de la edición al autor, otros pedían diez ejemplares, veinte, cien. Por ejemplo el padre Magaña no quería nada, ni dinero ni ejemplares.
Decía que ya era mucho que le hicieran sus libros.
Hace rato que no escribo, lo tengo nomás en la cabeza, me llama mucho la atención pero no he tenido tiempo, y, sobre todo, no he tenido ganas. Mi sobrina siempre me dice: "Ponte a escribir". Pero ya compré una máquina de esas eléctricas.
A mí me gustaría escribir un libro sobre Margarito Ledesma, el poeta de Comonfort, yo le platiqué al profesor Indalecio que había venido una familia a buscar la casa de Margarito Ledesma, habían ido al auditorio que está a un lado del templo de San Antonio, no nació ahí. Yo me pregunto cómo al poeta que más conocimiento ha dado de Chamacuero no lo conocen. Por eso como que tengo en mente hacer algo sobre Margarito Ledesma. También me gustaría escribir una novela de época donde se conocieran Mora y Manuela Taboada, porque eran vecinos y contemporáneos. Ambos temas me llaman mucho la atención.
En la actualidad sigo ejerciendo el ministerio, dando misa pero pocas veces a la semana me toca decir alguna misa.
No había recibido nunca un reconocimiento, es la primera vez y me da mucho gusto haberla recibido. Había yo escuchado hablar de la presea pero nunca pensé que me la fueran a dar a mí.

DON MARGARITO LEDESMA

Dado que en este municipio se celebra cada año el Encuentro Nacional de Letras Populares Margarito Ledesma me pongo a reflexionar en la figura del insigne humorista involuntario de trascendencia internacional. No exagero cuando hablo de trascendencia internacional, deben saber ustedes que es común la llegada de distinguidos visitantes que preguntan por la casa natal de Margarito Ledesma, esperando encontrar en ella un museo que preserve su memoria o en su defecto preguntan por su sepulcro con la plausible intención de llevarle una ofrenda. Si nos atenemos a las cronologías conocidas bien puede ser que Margarito Ledesma fuera sepultado en el panteón viejo, con lo cual la osamenta del ilustre poeta chamacuerense puede estar descansando bajo los cimientos de la escuela primaria Francisco Eduardo Tresguerras.
En  más de alguna reunión estatal de cronistas, los señores cronistas de otros municipios me han preguntado si es verdad que Margarito Ledesma es de Comonfort, a lo cual respondo categóricamente que sí. Quizá nuestro pueblo todavía se llamara Chamacuero en el momento preciso del natalicio de Margarito, pero nadie puede negar que Margarito Ledesma es originario de aquí. Obran a manera de prueba varias decenas de composiciones poéticas que a su pueblo natal le dedicó.  Lamentablemente nadie se conforma con mi aseveración categórica y todos inquieren que si fue un hombre de carne y hueso, que si era un seudónimo, que sin don Leobino Zavala y demás historias que me obligan a entrar en pormenores y a robarle ese aire de misterio que envuelve a la figura del humorista involuntario.  Para los que no sean duchos en el tema y estas líneas les estén resultando confusas me remito a donde debí comenzar.  Existe un libro, publicado por primera vez en 1920, que bajo el escueto título de "Poesías" y el revelador subtitulo de "Humorista involuntario" compila la obra poética de nuestro personaje. En la presentación del libro el Lic. Leobino Zavala aclara que estas composiciones le fueron remitidas por Margarito Ledesma, oriundo de Chamacuero, durante muchos años y que las guardó sin interesarse en ellas; mucho tiempo después encontró jocosa la ingenuidad de los versos, la pasión desmedida del autor por su Chamacuero y la ingente cantidad de notas aclaratorias que acompañaban buena parte de las composiciones y que más que aclarar algo contribuían a la comicidad involuntaria, incluso más que los mismos versos. Hacia 1952 se publicó una segunda edición que incluía nuevos  poemas y en la cual Leobino Zavala daba un poco más de señas de don Margarito, dejando asentado que nunca lo conoció pero que desea fervientemente localizarlo dada la enorme cantidad de falsos herederos del poeta que reclaman las regalías por el éxito de su libro.  Si nos atenemos ciegamente a lo dicho por el Lic. Zavala en la presentación que cito, no queda duda de que Margarito Ledesma fue un hombre de carne y hueso que escribió sus poemas para gloria de su pueblo y para jocosidad de los miles de lectores que le han conocido en todo el mundo y a lo largo  de  noventa años.  Sin embargo, y no quisiera romper el encanto, es un secreto a voces que todo el material del libro es de la autoría del Lic. Zavala, al grado tal que para muchos, Margarito Ledesma no es sino un seudónimo de Leobino Zavala. A esta afirmación hago dos comentarios pertinentes, el primero que no hay ningún documento que lo compruebe, es decir en ningún documento, al menos ninguno que conozcamos, Leobino Zavala se reconoce a sí mismo como autor del texto y siempre que fue cuestionado al respecto eludió la respuesta.  Siendo que él no figuro nunca como Margarito Ledesma ni se presentó como tal, me parece inexacto llamar a Margarito Ledesma seudónimo de Leobino Zavala. Margarito es, evidentemente, un personaje literario, ese sí, de innegable origen chamacuerense como dije al principio. Espero no decepcionar a los múltiples paisanos que se consideran cercanos a descubrir los restos mortales del ilustre poeta o su fe de bautismo. Pero si, por un amor a nuestro pueblo como el que plasma en sus poemas nuestro personaje, hay que desestimar la verdad sabida de la paternidad del Lic. Zavala y analizar las posibilidades de que Margarito Ledesma haya sido un ser humano de carne y hueso, debemos remitirnos a la fuente primaria de este asunto: el libro "Poesías". Lamentablemente, salvo la insistencia de Leobino Zavala por asumirse solamente como el impresor de los trabajos de Margarito, nada hay en los más de cien poemas que nos permitan inferir la autenticidad del Chamacuerense; muy por el contrario, un análisis de las composiciones nos revela, luego de varias lecturas, la mano de alguien con bastante conocimiento literario; tanto  la métrica como  las formas estróficas utilizadas nos llevan a dudar que una persona con la ignorancia que Margarito Ledesma necesariamente debía tener, hubiera escrito con esa perfección. De este tema hablaremos adelante con mucho más detalle. Por otra parte, el poeta cita a muchísimos personajes, ninguno de los cuales puede asociarse con alguna persona real, esto, por supuesto es cuestionable dados los casi cien años que median entre la época en que Margarito escribía sus poemas y los tiempos que corren. Por otra parte, no hay ninguna mención a festividades o características muy propias de nuestra población que cualquier chamacuerense conoce aún hoy en día: la fiesta de la Virgen de los Remedios o las festividades del Corpus no alcanzan a figurar en las poesías de Margarito Ledesma (aunque sí figuran el Río de la Laja y las huertas de limas).  Todo lo anterior nos lleva a concluir lo que ya sabíamos y que todo, o casi todo mundo sabe: Que Margarito Ledesma no es un ser humano de carne y hueso sino un personaje literario creado por el Lic. Leobino Zavala quien, dicho sea de paso, demostró tener una creatividad desbordada y un enorme ingenio. Sin embargo, para cualquier Comonforense que considere motivo de orgullo ser coterráneo de el ilustre humorista involuntario, esta aseveración no debiera molestarle porque poetas de carne y hueso hay muchos, en un rango amplísimo de estilos y calidades, pero personajes como Margarito Ledesma, hay muy pocos, más  al considerar que el humorismo es casi inexistente en la literatura mexicana.  Pero ahí está ese ranchero ingenuo, apasionado por su pueblo, enamorado, sensible y con inquietudes literarias que desembocaron en unos poemas que en un principio mueven a risa y después van revelándonos el fascinante microuniverso de un lugar llamado Chamacuero y al que nadie nos impide traslapar con nuestro pueblo y entenderlo como un mismo lugar.  Más aún, los chamacuerenses tenemos un privilegio exclusivo en relación a Margarito Ledesma.  Quien se acerca a la poesía de este personaje desde cualquier otra parte queda fascinado con las ingenuas y simpáticas composiciones del humorista involuntario. Pero nosotros, los chamacuerenses, nos acercamos a sus poemas buscando reconocer a nuestro pueblo en sus palabras, en sus historias, en sus sentimientos y hasta en sus desventuras y la natural simpatía que ha despertado en todos sus lectores. No hace falta analizar demasiado para percatarnos que mucha de la magia que estos poemas tienen los aporta el pueblo del que el poeta se siente tan orgulloso, basta imaginar ese microuniverso de Margarito situado en una gran ciudad para que pierda mucho de su encanto y de su gracia.  Por eso, cuando me preguntan si Margarito Ledesma es de Chamacuero no dudo en asegurar que sí; no solo lo declara en sus poemas, en realidad no podría ser de otra manera.

Hago un breve análisis de la poesía de Margarito Ledesma, no porque yo sea un enterado en la materia ni porque mis conocidos lo hayan solicitado con insistencia, sino porque me parece un argumento contundente para tranquilizar a quienes todavía tienen la idea de que Margarito Ledesma fue un ser humano de carne y hueso y se preocupan porque no se han localizado los vestigios materiales de su existencia. La línea básica de este análisis radica en evidenciar que las composiciones del libro "Poesías" de Margarito Ledesma  fueron hechas por alguien con mucho conocimiento de la creación literaria. 
El libro contiene -al menos en la decimonovena edición de 1999- cien poemas, que compilan  un total de novecientas veintidós estrofas, dándonos un aproximado de cuatro mil versos (por si alguien no lo supiera, cada línea, cada renglón de una estrofa se le llama verso, rime o no).
Lo primero que se nota al leer estas composiciones es que la métrica de los versos es por lo general perfecta, con el mismo número de sílabas en cada estrofa y con las sílabas tónicas en el lugar correcto. Cuatrocientas setenta y cuatro de estas estrofas son en versos octosílabos; trescientas cuarenta y dos en endecasílabos y el resto en otras medidas. Con cierto conocimiento de causa puedo decir que el más notorio error de quienes se lanzan a componer guiados nada más por su entusiasmo es no saber medir un verso, escriben estrofas a las que les sobra o les falta una sílaba incluso cuando han sido aleccionados para medir correctamente cada uno de sus versos. Quiero decir que una persona con muy poco conocimiento del tema y sabrosamente iletrada como don Margarito no puede escribir tantos versos con ese nivel de perfección. Aunque debo aclarar que un pequeño porcentaje de toda su obra sí presenta deficiencias que, imagino, fueron intencionales para hacerlas más acordes  al estilo propio de nuestro autor.
Ahora bien, puede creerse  que el hipotético Ledesma era un poeta nato y que sus composiciones salían bien medidas sin que se diera cuenta. Esto es creíble; sabemos de la existencia de muchos improvisadores en toda América latina que crean octosílabos bien medidos sin que tengan necesidad de contar sus sílabas ni aplicar sinalefas y otras reglas. Es algo natural, pero es creíble sólo para versos de ese tamaño. Los endecasílabos entrañan una dificultad adicional que hacen muy complicado escribirlos sin conocimiento del tema y sólo de manera intuitiva. 
Aún así, vamos a suponer que es posible, que a Margarito Ledesma la inspiración le dictaba versos con el mismo número de sílabas, a veces de seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce o catorce; que de manera intuitiva sabía cómo una sílaba se suprime al encontrarse dos vocales, cómo afecta que un verso termine en palabra aguda o esdrújula y que sabía poner las sílabas tónicas en el lugar correcto. Pasemos a analizar sus formas estróficas. 
La mayoría de sus estrofas son de cuatro versos: cuartetos (267), serventesios (108), redondillas (303) o cuartetas (142). Aquí también puede aducirse que lo más elemental estrofa que podemos imaginar sin conocimiento previo es una composición de cuatro versos, cualquier orden en el que rimemos nos dará una de las estrofas enumeradas o versos pareados. Pero ¿cómo podrían un poeta improvisado, sin conocimiento de las normas de la poesía, escribir cosas más complejas como silvas, octavas reales, octavas agudas, sextillas paralelas, ovillejos y otras formas estróficas que aún a los que tienen práctica con estos menesteres pueden resultarles complejas?  Pongo dos ejemplos:
HIMNO LOCAL
(fragmento)
Ciudadanos: Al grito de alarmas,
que a ninguno le falte valor,
y que todos agarren sus armas
al sonar la campana mayor.

Ciña, ¡oh pueblo!, tu frente bendita
con coronas de mirtos y rosas,
y que todas las gentes valiosas
se recuerden del gran Comonfort.
Mas  si alguno se atreve arbitrioso
a meterse en tus centros poblados,
que toditos se vengan armados
para echar para afuera al traidor.

Por si al caso llegara a ofrecerse,
nadien debe negar su presencia.
Que  se junten en la Presidencia
y trayendo sus armas los más.
Pues la seña será la campana
o cualquier otra cosa sonora,
y que todos, a lora de lora,
no se vayan a hacer para atrás.

Este tipo de estrofa se conoce como octava aguda u octava italiana y es, por supuesto, la misma forma estrófica utilizada en nuestro Himno Nacional; antes de dar una larga y poco comprensible explicación de lo que es una octava aguda, es mejor seguir la sugerencia de don Margarito Ledesma de que en tanto el director de la banda de Neutla no le componga la melodía correspondiente se pude cantar con la letra del Himno Nacional. Inténtelo y verá que hasta el coro corresponde en su forma estrófica.  Nuevamente, puede pensarse que alguien poco instruido, haciendo la observación del acomodo de las rimas en el Himno Nacional y corroborando a cada paso su "cantabilidad", podría hacer esta composición sin saber lo que es una octava aguda. Es cierto, pero un compositor improvisado no habría descubierto que el cuarto y octavo verso deben terminar en palabra aguda; las diez estrofas del himno nacional cumplen esta condición lo mismo que las cuatro del himno local.
ORILLEJOS
(fragmento)
¿Quién me llama la atención?
          -El Estación.
¿Quién hay que mis pesares calme?
          -El Empalme.
¿Y quién sofoca mis males?
          -De González.
Por eso mi pobre corazón
tiene unas ganas fatales
de pasiarse por el Estación
del Empalme de González.


Por supuesto que el nombre correcto de estas estrofas es ovillejos y para darnos una idea de su complejidad enumero:
1.    Debe tener diez versos
2.    Los primeros seis riman en pares
3.    Cada par se compone de un verso de ocho sílabas y uno de cuatro.
4.    Los otros cuatro son octosílabos
5.    En los dos últimos versos deben usarse las palabras utilizadas en los versos de cuatro sílabas y en el mismo orden.
Me parece muy difícil que alguien, por pura intuición, arme tres ovillejos con todas estas características, perfectamente estructurados y elocuentes.
Creo que todo lo dicho podrá ayudar, más que nada, para percatarnos del talento y la creatividad de don Leobino Zavala, que, siendo un hombre de letras  y un gran conocedor de las formas de composición poética, supo acomodar sus poemas con tanta inteligencia que nos hizo creer que realmente existió un Margarito Ledesma, el cual, en ese caso sería el poeta nato más talentoso de que se tenga noticia.  Ojalá que estas líneas sirvan, al menos,  como un modesto homenaje al creador de tan regocijantes composiciones, al entrañable personaje que las encarna y a la bendita tierra que lo vio nacer.



Felipe Hernández Franco

"Margarito Ledesma"

Este texto y el de don Pedro Ramos los tomé, con autorización del autor, del libro "El telar secreto" de Eliazar Velázquez Benavides, publicado por Ediciones La Rana y en el cual compila conversaciones con un buen número de personajes de todo el estado. Hombres y mujeres  de larga vida, incansable actividad y profunda sabiduría. Debo confesar que la lectura de éste y los demás libros de Eliazar Velázquez me han  dejado en la conciencia la sensación de haber vislumbrado un tesoro en estrecho contacto con la parte más profunda y rica del ser humano.  Recomiendo ampliamente su lectura, consciente del riesgo de que quienes lo lean descubran una prosa bella, unas crónicas fascinantes y lo comparen con la parquedad de  estilo de "otros" cronistas.

Los sabores de la piedra
Don Calixto Granados Estrella
(Comonfort, Gto., 1929)

Soy nacido en San Jerónimo pero mis papaces me llevaron a Apaseo el Grande, de allá era mi mamá. Me trajeron de regreso a Comonfort casi a los nueve años, pero ya no llegamos al rancho porque un señor que se llamaba Lupe les propuso comprar pollos para vender y nos prestó un rinconcito donde él comerciaba. Poquito duramos ahi. No pasó mucho tiempo que nos vinimos a este rumbo de La Rinconada. Mi papá trasportaba los pollos en una jaula de dos metros que acomodaba en el lomo del burro. Ahi mismo llevaba su maleta y hasta tortillas porque a veces llegaba tarde a San Miguel y como no encontraba comida, él mismo calentaba sus gordas.

Mientras mi papá iba a sus ventas, desde el día lunes hasta el fin de semana, yo andaba jugando cerca de la vía del tren a las canicas, al balero, al trompo; lo enredábamos con una cuerda y lo aventábamos. Desde esa edad conocí el oficio de hacer molcajetes, porque aquí al lado vivía un señor que los trabajaba. Antes las casas se dividían con cerca de piedra, y me sentaba junto a un garambullito a mirarlo trabaje y trabaje. No tardé mucho en grabarme sus movimientos. Al verme interesado, mi papá mandó hacer con un herrero dos picaderas, así se llaman las herramientas que usamos. De ese modo fue como empecé a golpear las piedras. Me gustó, por eso digo que cada quien tiene un destino.

Lo primero que hice fueron tejolotes, esos que se usan pa moler el picante. Como quien dice tenía la horma al estar mirando desde la sombrita cómo trabajaba el señor. Fui aprendiendo a puro golpe y golpe, pero pronto entendí que no es suficiente con saber el oficio, porque también hay que saber dónde encontrar el material. No se trata nomás de decir voy a escarbar ahi. Hay rocas que no sirven ni para fincar y para dar con las vetas hay que escarbar como las tuzas. Las que usamos para este trabajo no les metemos barreno porque las hace borrones, ni dinamita porque las hace pedazos. Usamos barras con una boquita, se le va dando vuelta sin parar, con la pala se desentierra. Señores mayores que me iban guiando hasta marcaban el ruedo de la piedra con una hoja de yerba verde, decían: “Ora, ahi le escarbas”. Me enseñé desde entonces, pero la mayoría que hemos trabajado así ya no están, antes Dios me ha prestado vida a mí.

En ese tiempo se usaban mucho los molcajetes y el metate. Ora no hay quién muela, ni metates hacen porque no se venden. Cuando comencé se daban dos molcajetes por 25 centavos. Ya que agarré el trabajo de veras como profesional, en media hora hacía uno, y junto con mis otros dos hermanos hacíamos cantidad. Por ahi como en 1945 nos hacíamos una docena o mínimo ocho diarios. Poco salía de aquí, en 1947 fue la primera vez, mi hermano el más grande se había ido al norte y yo me fui a la capital. De ahí pasé al estado de Veracruz ocho meses, pero me regresé porque mi papá se puso enfermo.

Entonces se decía: “Ese es molcajetero, metatero”, ora ya le han puesto que artesano, pero es lo mismo, nosotros trabajamos para la vida. Los hombres eran los que más compraban porque la mujer todavía molía en su casa. Mucho tiempo yo mesmo llevé con mi papá a Salamanca, a Valle de Santiago. Poníamos puesto en la calle, a veces cerca de los mercados. También íbamos a Celaya en nochebuena. Vendíamos bien. Este oficio se acostumbra en el barrio desde antes que yo comenzara, de aquí embarcaban piezas hasta la frontera.

Un molcajete usándolo diario dura mínimo doce años. Para saber cuál es de buen material, los señores antiguos que fueron mi guía me enseñaron a conocer a la pura vista cuál es el bueno, cuál es de lo mejor. Lo que la gente busca es que sea bien servicial, no que vamos a hacer el picante y cuando ya le vaciamos encontramos tierra abajo. Hay quienes antes de usarlos les ponen arena, maíz, ajo, pero eso de curarlos es un decir.

A mi edad ya poco puedo trabajar, nomás me queda el orgullo y los golpes. Una vez unos canijos marranitos de repente llegaron a donde estaba trabajando, me aventaron y en lugar de pegarle a la piedra le di a mi pie y se me hizo un agujero.

Temprano comenzábamos. Nos íbamos por aquí cerca a escarbar. Ya luego llegando la hora de almorzar volvíamos a la casa y vámonos de vuelta hasta la tarde. Si eran metates, son 40 centímetros de largo; dicen unos que ahi como quera, pero no, hay que darle la forma hasta abajo porque si tiene las patas chaparras no se ve bien. Para ganarse la clientela se tiene que hacer lo mejor que se pueda. Llegué a hacer molcajetes de 12 pulgadas o más chicos. Cuando estaba trabajando no pensaba en nada. Mucha gente luego se sienta y está pensando que en la muerte o en los familiares, pos ellos sabe dónde andan y uno acá sufriendo; yo digo que mejor pos ahi les echen su bendición y uno ocuparse de lo que está haciendo.

El metate de mi mamá no supe ni quién lo hizo pero ella molía diario. Desde un día antes ponía su nixtamal y a las cuatro o cinco de la mañana lo sacaba, lo limpiaba y a moler. También sé hacer las manos del metate, naturalmente bien formadas, de modo que asienten para que la mujer no se moleste. Y es que cuando el metate está un poco combita, si la hacemos parejita nomás va a sentar en las puntas, por eso se va buscando que embone bien, de modo que las señoras estén cómodas muele y muele.

La soledad

No sé por qué designio pero a mí no me tocó casarme. Lo que ganaba era para mis hermanos y para mi papá. Anduve aquí y allá buscando, llegué a hablarle a una mujer, tuve amores, pero no entiendo cómo nunca me pude arrancar de la soledad. Antes, para platicar con la muchacha, ella estaba dentro en su casa y uno en la calle, por fuera. Tuve una novia que de plano sí me conmovió. Vivía por San Agustín, en la calle Arista. La conocía porque junto con otros amigos en la noche bajábamos decentemente a ver qué encontrábamos. Pero precisamente ahí está el detalle, que no es igual querer a que lo quieran a uno, y ella me mandó por otro lado. Nunca le regalé un metate porque eso hubiera sido un castigo. Anduvimos casi como medio año. Todavía vive; se casó con un mesmo amigo.

Hubo otra que quise. Se llamaba Margarita. Ésa se fue a México. Aunque aquí me ganaba mis centavitos la fui a seguir hasta allá pero nunca la encontré. No llevaba la dirección, ni tampoco me la dieron, y pos me aventé pensando hallarla así nada más, ni siquiera conocía cómo andar en la ciudad pero tenía esperanza. Era de Jalpilla. Me dijo que la iban a mandar a México, ora después me he preguntado quién sabe sería cierto, luego ya uno no halla qué pensar, pero la cuestión es que agarré el tren, mi hermano más chico allá estaba, y le dije a mi papá que si hallaba trabajo me quedaba un poquito más. Lo cierto es que yo iba buscando a Margarita y desde que llegué salía por ahi a ver si la encontraba. Duré casi dos años, caminaba mucho buscándola en calles y plazas pero nunca di con ella y poco a poco fui perdiendo la esperanza.

Aunque nunca soñé vestirme de novio y casarme, no me ha gustado la soledad, pero qué hace uno, pior orita que ya pasó la vida. Me dicen algunos: “¿Por qué no te casas?”. No, pues si no pude casarme cuando estaba joven ora ya pa qué, nomás para dar apuraciones a la gente. De plano no tuve suerte con las mujeres.

Dios me dio el destino de ser molcajetero y de ser un hombre solo. Si no hubiera estado el señor del garambullo al que yo veía cómo le daba forma a la piedra, de todas formas hubiera seguido ese camino porque en esto crecí. Por eso les digo a mis sobrinos que cuando encuentren un trabajo que les guste lo hagan bien, se entreguen a él.

Ya no hay muchos que se dediquen a esto, pero no creo que desaparezcan los molcajetes porque todavía hay material en el cerro y no es lo mismo una salsa en licuadora que una salsa que tenga el sabor que da la piedra. Me tocó conocer los tiempos cuando todo era barato, con dos centavos comprábamos manteca y carnitas, ahora tenemos las pacas de billetes y seguimos lamentándonos. Mi papá se llamó Lupe Granados; era buena gente; nunca en toda la vida me puso una mano encima. Mi mamá se llamó Juana Estrella y también era muy buena. Pero entonces toda la gente se quería de verdad; había respeto. Me tocó cuidarlos hasta que murieron.

No le tengo miedo a la muerte; no he conocido el miedo. ¿Por qué he de tenerle temor? Yo sé que viene. La traigo aquí en la bolsa. Sé que la muerte siempre anda con uno porque no semos eternos.
Como la vida, los castillos son una pasadita
Don Pedro Ramos
(Comonfort, Gto., 1930)
(También tomado de "El telar secreto" de Eliazar Velázquez)

Nací en San Miguel de Allende pero a los dos años quedé huérfano de mamá y mi papá también murió pronto. A los ocho me trajeron a Comonfort con una tía. Aunque no tuve mucha distracción, la mejor vida es la niñez. No supe jugar canicas, trompo, yoyo, nada de eso; desde chiquito todo fue trabajar. El poco tiempo que me tocó vivir con mi papá anduve batallando y sufriendo porque le gustaba echarse su traguito. A veces pienso que si hubiera tenido el abrigo de mi mamá sería otra persona.

Cuando llegué a Comonfort a lo pronto le ayudé a mi tía como pilmamo. También me enseñé a hacer pan y huaraches, o me iba a trabajar al corte de lima, aguacate, cacahuate, jícama, por seis o doce centavos diarios. No tuve escuela; supe leer y escribir hasta que di mi servicio militar.

Cuando vine a este mundo ya mi bisabuelito y mi papá eran cueteros. Y como también hacían judas, les ayudaba en lo que podía. Los íbamos a vender el Sábado de Gloria. Ya andando en la cuetería vi muchas quemazones, pero Dios me ha cuidado. Esta cosa de los castillos es según las posibilidades de cada comunidad, luego hay veces que no alcanza, y dicen: “Tráiganos aunque sea un castillito chiquito”. Se los hacemos procurando que lleve sus siete u ocho prendidas, torito, ruedas voladoras, cuetoncitos. Les tratamos de arreglar su fiestecita para que se vea algo bonita. Si en dado caso dicen que tienen para algo más carito, les hacemos uno mucho muy diferente. Hay castillos que nosotros nombramos en torre, esos son de pura armazón hasta arriba y hay otros en cinco piezas que hacemos en un morillo. El de torre, que es el más caro, lleva pura figura, puro invento, sea un león, un venado y que no falte la imagen que están venerando. Las formo en carrizo, hago los lienzos, los dibujo. Ya después se hace con lo que se va a vestir y se les arreglan las luces. Hacemos roja, verde, amarilla, blanca, como cinco o seis colores que van matizando la figura.

El modo de hacer los castillos no ha diferenciado nada, los materiales son los mismos, nada más que los de antes eran mejores. Sólo que entonces para trasladarnos a las fiestas caminábamos mucho; echábamos en burros lo que podíamos. Los mismos de la comunidad venían a cargar y vámonos. Para hacer un castillo durábamos tres o cuatro días porque allá íbamos a preparar todo, como no podíamos llevar cosas armadas por la cuestión del camino, ahí mismo lo formábamos. Ya llevábamos todo hecho nada más de amarrar. Los del contrato nos daban de comer, hasta eso que no hacíamos gasto.

Cuando la gente está a la espera del castillo se siente emoción por los aplausos que luego a veces le dan a uno, pero también se siente tristeza porque hacemos muchas cosas artísticamente y todo se pierde, vamos a suponer, una imagen en tantito se va. También pasa así con las rueditas voladoras, las que suben mero arriba, luego las echamos abajo. El cuetón, la bomba, es cosa artística que se pierde.
Un cambio notable es que en aquel tiempo ante una lluvia no tenía ninguna escapatoria el castillo; todo lo que se llevaba, tanto la luz como la mecha, con una lloviznita se echaba a perder. No teníamos más remedio que prender lo que alcanzara. Y ahora ya no, se encera la luz, se le pone plástico a la mecha, y después de eso se le da una pasada en cera a todas las rueditas. Actualmente con una lluvia o un granizo que caiga lo que alcanza a durar son de dos a tres horas, hasta con un aguacerazo todavía a las dos horas se alcanza a quemar y funciona exactamente; ésa es la novedad que se le ha hecho. En cuestión de materiales que nos traen del extranjero, nosotros ocupamos clorato de potasio, clorato de varita para la luz verde, clorato de estransiana para la luz roja, puros nitratos.

Como yo miraba en esos trabajos tanto a mis abuelos como a mi papá, quiere decir que nací en la pólvora, en la cuetería. Por eso comprendo y sé de lo primero hasta lo último, qué cosa es peligrosa y qué no, porque luego nos toca la de malas. Lo único delicado que tenemos es el explosivo del cuetón, porque a la hora de estar haciendo la revoltura bien puede fallecer uno al instante. Por eso ahora el que está haciendo la mecha está en un lado, también el que hace las conexiones de la luz de cuetes, el que hace los polos, el que hace el golpeante para que dé vuelta la rueda, y así por lo regular está todo repartido, porque si a uno le toca la de malas, cuando menos ya no les toca a todos.
También ora ya tenemos pararrayos en el taller, afuera hay un fierro que está conectado para que dejé la electricidad y al meterse adentro se necesita traer toda la ropa en algodón.

Los compromisos
Es muy cierto que los castillos son un poco como la vida, nomás una pasadita. Y en esta cosa, así se tenga un difuntito si no hay quién vaya a cumplir el compromiso uno tiene que ir, porque no hay modo que sea para mañana, se tiene que quemar el mero día de la imagen porque pasando esa fecha se acabó la fiesta, entonces tiene uno que ir a cumplir a como dé lugar aunque esté su papá o su mamá tendido. Es un compromiso que tiene usted con ellos, y aparte que ya se les ha dado la palabra hacen falta esos centavos. En aquel tiempo se hacía mucho la fiesta del Sagrado Corazón, le tocaba un día al panadero, al carnicero, al campesino, al sastre; todos se reunían para pagar los gastos. Cuando comencé a hacer castillos valían 18 pesos y ya era un dineral, ahora el más chiquito anda entre ocho y diez mil, de ahí para arriba. Ya depende cómo se haga el trato uno le calcula, se le dice a la gente: “Mire, se le va a traer el castillo, más tres o cuatro toritos, bombas, cuete de trueno…”

Yo soy de los cueteros más antiguos, y he ido viendo cómo este trabajo se ha vuelto muy requisitado, todavía cuando fui a quemar a Camargo, Tamaulipas, llevábamos los castillos en tren hasta Monterrey, ahí se transbordaba a donde nos estaban esperando para llevarse en carros armazones y pólvoras. También fui a quemar a México, hasta Tres Marías, ya para llegar a Cuernavaca, y nunca
pasó nada, no había peligro, por eso pienso que ahora los materiales son más delicados o quién sabe si ya no vengan limpios como en aquel tiempo.

Lo que ocupamos de gente para armarlo son de seis a siete personas, cada quien se dedica a una cosa y ya sabe lo que tiene que hacer. Tanto los que trabajan en el taller como los que están en el castillo tienen que ser expertos. El maestro ya sabe a quién confiarle una cosa y a quién otra. Si tenemos dos o tres compromisos el mismo día, ya sabemos qué nos corresponde. Porque a la hora de trabajar en una comunidad no se va quemar luego luego, sino que el deber es preguntar:
—¿Cómo vamos a quemar esta pólvora, señor?
—Bueno, yo quisiera que me echaran unos cuetones a la hora que están llamando la misa, o que de las ocho en adelante me empezaras a quemar unos cuatro cada media hora para que la fiesta vaya adelante.

Todo eso que vamos quemando antes se llama obra suelta, ya después que se acaba, quemamos un torito para que la gente se empiece a animar, con esos hay que tener mucho cuidado porque una quemada de la pólvora es muy peligrosa.
Con esta cuestión de la cuetería no he podido dejar el cigarro, cuando voy a hacer alguna revoltura, a preparar o calar una luz lo necesito y también para prender el castillo uso la brasa.

Si en una fiesta todo sale bien, lo que queda es alegría, pero regresa triste si oye decir: “Qué malo es ese cuetero”. Cuando quedamos mal no halla uno ni dónde meter la cara. Me ha pasado, lo he sufrido en carne propia. Por eso se requiere ser experto, para que algún amarre no vaya a fallar a la hora que se va a pasar al otro, y es que si se le olvidó poner alguna cosa ya no prendió. Para que la chispa pase de un lado a otro lleva un pedazo de cañuela de chavelina, un pedacito de mecha, como es enredada y oculta la gente se da cuenta que está prendida por el humito que avienta pero uno que sabe dónde quedó aquello, piensa: “¡Híjole!, ¡no sale, ya valió!”. Es por eso que ahora hay que prevenirse con un carrizo de los más grandotes, y si se apaga pronto hay que decirles: “¡Préndele de esa rueda para arriba!”, sólo así se libra el paso, pero de todos modos ya fue un defecto porque el castillo perfecto con una prendida tiene. Ahora se usa mucho que le prenden una esquina, luego la otra, ya se acostumbró la gente a ver eso, y aún así se corta a medio camino. Para que chiflen se prepara un polvo que le nombramos silbato; se lo ponemos en la ruedita. El que está silbando es un cuetito más chiquito que se le pone, y el que da vuelta es otro.

El paso de los años
La mujer que me encontré ésa fue la única y hasta hoy día le he guardado respeto; hace pocos años que falleció. Su hermano era panadero y ahi la conocí. Como yo no tenía ni mamá ni papá, le dije a un tío que me hiciera favor de pedirme la novia, pero contestó: “¡No tengo tiempo!”. Anduve buscando de favor quién me la pidiera. Desde el primer día tuve con ella buen pensamiento. Tuvimos 15 hijos.

Ahora que ya salgo menos a las fiestas y que veo en mis manos las huellas del paso de los años, me siento aquí entre los carrizos y la pólvora a recordar cuando siendo chamaquito anduve con don Chanito, que fue como mi segundo padre. Una ocasión fuimos a San Marcos de Begonia. Nada más íbamos los dos porque eran castillitos para presentarlo en la imagen y listo, pero ese día le dieron mucho de tomar y todavía tenía armazones tiradas. Ya había puesto las ruedas pero estaba el morillo todo tirado. Al ver aquello les decía: “Ya no le den a don Chanito alcohol”. He de ver tenido unos nueve o diez años. Como no hacían caso me puse a llorar, pos yo no sabía pasarle la mecha de una rueda a otra de modo que se apague y vuelva a prender de vuelta. Ya se estaba haciendo oscuro, y ahi vamos con el castillo cargado, pero como todas las gentes iban bien tomadas nomás se oía los golpes contra los garambullos y las ramas de los mezquites. Yo seguía apurado porque sentía que íbamos a quedar mal. Un muchacho con el que había hecho amistad también empezó a llorar: “Bueno, ¿y tú por qué te pones así?”. “Pues porque te veo llorar a ti”, me contestó. A mí se me salían las lágrimas de apuración y a él porque me estaba viendo. Como pudimos llegamos, nos pusimos a amarrar y los mismos de la comunidad lo pararon y quemaron. Conforme ardía por un lado ardía por otro. Ya luego le dijeron a don Chanito: “Oiga, pos estuvo mejor que ningún año, ora sí prendió por dondequiera”.

He soñado que estamos en alguna comunidad y que vamos caminando hasta la parte donde vamos a quemar el castillo. Sueño que lo preparamos, que lo armamos, veo cómo va la música, las danzas, veo que soy un niño jugando entre el humo, entre las luces. Cuando la corona empieza a girar para encaminarse al cielo busco a mi papá entre el gentío de la fiesta… y luego nomás de pronto como que me siento grande.





Don Calixto Granados

Don Pedro Ramos


Estoy a toda madre. Estoy muy bien, me cuido mucho, sigo activo, bueno, estoy jubilado por la Universidad de Guanajuato, yo les digo: "Yo trabajo para la iglesia pero me mantiene el gobierno".
Y qué  bueno, porque yo estoy muy bien del azúcar, de todo, pero se gastan casi  doce mil pesos al mes de medicamentos y todo me lo da el  gobierno, la iglesia no da nada, nada. Pero yo sigo trabajando normal, precisamente ahorita voy a ir a Celaya para traer el misal del mes entrante, a traer vino para el templo; yo me encargo de todo.
Nada más que se nos estaba cayendo el templo, ya le hicimos todo, pero tiene una rajadota, el coro se estaba cayendo, ya lo apuntalaron; se está cayendo la torre, pero ahorita  no han venido. Luego vinieron de CONACULTA y me dijeron que lo pintara y dorara el altar. Me dijeron "Con dos millones, padre, pero con uno que tenga ya podemos comenzar".
Pues no. Yo a veces les digo en la misa, de relajo, si a alguien le sobran dos millones, que nos de para arreglar el templo.

[Leí su poemario, La Paloma Vacía]

Ah, es una tragedia eso.

Me lo cambiaron todo, una parte con que termina, está a la mitad. Mira, estaban numerados del uno al diez, tenía uno que fungía como prólogo y luego del uno al diez, y no se quien lo puso en galeras que me lo cambió todo.

Los versos son heptasílabos, yo quiero aclimatar el verso heptasílabo, porque el español tiene octosílabo  pero es heptasílabo  y hasta los versos me los pusieron mal. Yo les dije: No, yo no presento eso,  por eso me tardé en presentarlo, tuvieron que componer; pero de todos modos quedo alterado…

Ese poemario tiene un tiempo, de una etapa en que yo estaba en una crisis espantosa y tomé a Jonás para desahogarme, ahí destruyo todo, todo, me voy destruyendo todo, hasta el dogma, digo el dogma envejecido o algo así, por ahí anda un verso

..Un dogma apolillado
que el terror abortara.
estaba construyendo
de mi nada los dioses.


Tomé a Jonás porque Jonás era un profeta y ahora sabemos que es un personaje literario, le dice Dios: "Ve a Nínive" y Jonás dice: "No, yo no voy. Voy y les predico y luego se burlan de mí, pues se convierten y les pasa algo. ",Ve  -dice Dios- Ve" "No, no voy " y se va a embarcar, luego el barco se anda hundiendo. Y tratan de averiguar  por qué, a ver quién es el causante y les sale Jonás, luego lo avientan al agua  y se lo traga una ballena, un cetáceo.

Era rebelde ya, por eso lo tomé, estaba por un momento muy difícil, por eso deshago todo:

En su seno mostrenco
habito como efímero
iluso de la mente

Pero fíjate que ahí hay una parte donde dice "sin mujer y sin rito" pues qué, a qué viene eso, lo cambiaron. Dice: "Sin mujer y sin rito" pero es "Sin mujer y sin hijo /sin sol y sombra amada". Es  decir estoy en una soledad absoluta. Como el otro que dice:

desnudo como el agua
como la luz desnudo

Es decir que mi vida es transparente, eso quiere decir, no que esté encuerado, sino que cualquiera ve, así como se ve el agua, así es mi vida, no tengo nada que ocultar

Me miro en las vidriosas
miradas de la muerte
sedicioso disgusto
me salta en las palabras
Conspiran en mi pecho
los ruidos de la noche
y de mis sucias llagas
brota una luz terrosa
que destruye los mitos


Tengo cinco premios nacionales de poesía, gané  en Aguascalientes, Hermosillo, Mazatlán, en un pueblo de Jalisco con un Jardín Grandísimo, no recuerdo como se llama.

Escribo desde niño, yo creo que uno nace, ya nace uno con una tendencia. Yo me acuerdo que en la casa recibíamos una revista, que eran como dos hojas y tenía una selección literaria y a mí me gustaba leerla, eran versos que leía  y como yo no sabía de métrica ni nada, estaba re chiquillo, los media con un popote y luego hacía mis versos del tamaño del  popote.

Después ya me dediqué a estudiar literatura y hasta tengo un libro gruesote que se llama "Una Teoría Literaria según las Cuatro Causas Aristotélicas", es también filosofía. Y tengo uno sobre el método científico, se llama "El Método Científico" y, cuando estudiaba yo en Guadalajara para sacar mi licenciatura, se los llevé y que me hablan,  me dijeron :"Te van a dar tu título por el libro". Lo aceptaron como una tesis.


Siempre he estado ligado a la filosofía, nosotros allá  en  Estados Unidos     estudiamos cuatro años de filosofía, y cuatro años de humanidades. Yo estudié los cuatro aquí en México y ya los demás en estados Unidos: cuatro de filosofía y cuatro de teología. Son doce en total. En México nada más tres años. Estábamos por ahí en la selva. El primer año fue en San Francisco, un pueblillo que estaba cerca de El Oro, Estado de México. Son lugares preciosos llenos de pinabetes y de pinos. Después otro año estudiamos  en Santa María y otro año, el último, en Tlalpujahua; Andábamos huyendo, todavía por la persecución religiosa, por eso arreglaron los Obispos que se nos recibiera en un lugar al norte de Nuevo México, lindando con Colorado. Ahí estudié ocho años, del 40 al 48.
Cuando llegué yo aquí tenía dos años de ordenado y en esos dos años me habían preparado para que diera clase en el seminario pero  a mí no me gustaba. En el seminario de Morelia, no se si ahora todavía,  eran muy estrictos. Por ejemplo, en la mañana lo primero que veías era el padre que se andaba paseando mientras tú te levantabas; te vigilaba. En la noche  lo último que veías era el padre que andaba vigilando.  Luego de cenar se formaba uno si quería ir al baño y ya le daban su momento para ir de de uno por uno al baño. No podía uno  ir a sus cuartos, tenía que pedir permiso. Eran muy estrictos. Yo llego de Estados Unidos  que teníamos mucha libertad. Allí era a conciencia de cada uno. Y sin embargo, el jueves  podíamos salir desde las cinco de la mañana, si queríamos, a pasear. Íbamos mucho al Hermits Peak,  se dice que había un ermitaño en aquellos tiempos. Íbamos mucho a Las Vegas, nos llamaba mucho la atención ver los negros. Yo todavía llegué en la época en que los negros estaban segregados absolutamente.  Fuimos a verlos y estaba la  sala de espera de los blancos y la sala de espera de los negros; un negro no podía pasar para acá. En los templos había las bancas traseras para los negros y en los camiones en la parte de atrás estaban los asientos para los negros. Contaban de una negra a la que le dijo un gringo: "Déjeme la silla". "No, no," Y no se la dejó, pues fue a la policía y se la  llevaron a la cárcel. A mí me tocó ver eso; me pasé la Segunda Guerra Mundial allá, estudiando. Y estábamos rete felices porque del ejército nos regalaron unas chamarrotas gruesotas y unos pantalones; andábamos como gendarmes pero bien abrigados. Y nos admiraba que había un lugar, un campo y en  tres o cuatro días levantaron una ciudad con casas de campaña, estaba todo un ejército  ahí, ahí los preparaban. Nos parecía muy curioso cómo son los gringos: había un departamento y ese era el templo. Pero era para todos los ritos: entraban los protestantes de una secta, los de otra,  entraban los católicos y así; el mismo templo pero para distintos cultos. y de recién ordenado yo, me mandaron a  Santa Fe, que es la capital de nuevo México; Allí iba y yo celebraba en catedral y hacía mis primeras predicaciones. Estuve yendo porque me ordenaron y duré como tres meses nada más. Pidieron que me viniera, porque mi pueblo, donde yo nací que es La Piedad, iba a  cumplir 400 años y me llevaron a que yo cantara la misa de la festividad. Uf, fue un relajo bárbaro. Allá somos muy devotos del Señor de La Piedad. Se llama de La Piedad  porque era un tronco, un pedazo de una rama de árbol que figuraba como un Cristo y cuentan que llegaron unos fulanos y dijeron que eran escultores y dejaron el cristo ese. Luego se querían llevar el cristo para varias partes y no se dejaba, que pesaba mucho, pero para La Piedad sí luego, luego se movió. Allá lo queremos mucho. Yo tengo la dicha de que pusieron una placa en la base y yo estoy ahí; bueno, yo y todos los otros padres que se han ordenado también les ponen su nombre; yo estoy a los pies del señor de La Piedad.  Tiene un templo maravilloso, hermoso; nada más que el padre que lo hizo destruyó el templo original y nunca le agradecieron nada, a mí se me gusta cómo está; Es hermosísimo: una cúpula que tiene las mismas dimensiones que la de Roma de San Pedro; tremenda, pero como ya después advirtieron, que ya no dejaron  que tumbara más, entonces se ve la torrecita de este tamaño y la cupulota inmensa. A mí sí me gusta.

Yo tengo publicados como ocho libros; uno lo publicó el gobierno y la Universidad es un libro grueso. Tengo libros por todos lados porque pusieron piso en mi cuarto, acá tengo más libros, aunque la biblioteca está en la planta alta. Toda la casa está llena de libros, he leído prácticamente todos excepto  las enciclopedias, esas no las he leído pero sí todo lo demás.
Ahora sacan  libros  muy raros; hace unos días fuimos a comer a Irapuato a un lugar que también hay aquí en Celaya, donde también venden libros; compré un libro que se llama: "El evangelio del diablo".  Todos esos libros así, y hay muchos, tratan de echarle a la Iglesia, de criticarla sin fundamento ni nada; por ejemplo ese tiene ciertos personajes ficticios y tiene otros históricos y a todos los pone del asco, empieza por un monje que se vuelve como loco y  hace una matanza y eso lo ve un chiquillo y se impresiona, crece un poquito y hace también una matanza. Hay muchos libros así como ese famoso libro de la Magdalena, es una porquería. Al señor obispo le regale yo el texto del libro ese, se lo regalé en inglés,  me dijo: "Pero yo no sé inglés"; se lo conseguí en español,  pero habla unas cosas horribles de veras. Después en Life leí un artículo donde ponen lo que es lo que la verdad: Está Cristo en Betania y le va lavar los pies una fulana, pero ahí no dice que sea prostituta y después una  vez se los lava la hermana de Lázaro que tampoco era prostituta. Luego en Lucas hay un momento en que dice el evangelista que Cristo está en Nahí, donde ve a una madre que va llorando su hijo y se lo resucita; después habla de unas mujeres que acompañaban a Cristo entre ellas la Magdalena, son como unas ocho que los acompañaban y como eran de dinero pues le ayudaban con sus limosnas. Luego después habla de que un fulano le ruega a Cristo que vaya a  su casa a comer, un fariseo; Cristo como que no quiere  pero al fin cede y va y allí llega una mujer y el fulano que lo invitó dice: "Si éste supiera qué clase de mujer lo está tocando…", pero no dice que fuera María Magdalena, no lo dice. Era una fulana que era prostituta pero no dice que fuera Magdalena. Ya te digo en Life la defienden y dicen la clase de mujer que era, era una mujer quizá… no sabemos, quizá rica… quizá viuda…  eso sí de un carácter muy fuerte porque siempre anda de lideresa.
Los otros trabajos de poesía tienen este corte duro, angustioso. El primero que me publicaron, yo les mandaba versos a mis amigos y ellos lo reunieron y me hicieron un libro se llama Fulgor Errante; es el primero. Un día que me van llegando con un montón de libros.
El segundo  se llama Nevado Fuego, sobre la Navidad. Es contradictorio nevado-fuego, pero es bonito. Después tengo otro, el mejor de todos, no tiene ni una falta porque me lo recogió un maestro de la Universidad, él me  corrigió galeras y no tiene ni una falta se llama Bajel de llantos,  el que lo corrigió es maestro de la Universidad,  fue maestro allá en Acapulco, era el director en una preparatoria, ahora ya se retiró pidió permiso y sigue en Acapulco.

Tengo uno de puros sonetos a Cristo, el remolino de Dios, donde tiene como epígrafe: "Y en cuanto más pequé se me fue más adentro la raíz de la fe" el epígrafe es de mí mismo. Me gusta ponerles epígrafes. Tengo los poemas que me publicaron en Estados Unidos cuando era todavía seminarista y también le puse un epígrafe que dice: "Aprendiz de lejanías, el poeta y nada más".
Y tengo otro: En el remolino de Dios hay unos poemas que me gustan mucho que se llaman "Del reverso de Dios" porque Dios me estaba acabando y se reía.
Es poco lo que se me ha publicado, lo publicado son  tres papelitos. Todo esto [me muestra unas 1000 hojas] está inédito. Por ejemplo "Agua de pie", todo esto, Este se lo hice a Alfonso Díaz Garza es un soneto en el árbol,  me tardo varios días para ordenar todo. Tengo una cosa que se llama "Los Dioses Vacíos", creo que es de lo mejor que tengo porque está muy bien estructurado, estoy muy influenciado por la poesía española del Siglo de Oro, hice yo un poema que… a ver si no me corren de la Iglesia; porque empecé a hacer algo sobre Caín, un diálogo entre Caín y Abel y resulta que, yo no sé cómo, de pronto tenía todo un poema muy grande en cuatro partes. Primero las tentaciones¨, hay un coro de ángeles, le dicen a Caín que no piense tanto, que se someta. Los ángeles le dicen: "Nosotros somos pisoteados pero  no nos preguntamos nada; tú no te preguntes, tú sométete y ya". Entonces le habla también el demonio; es un personaje que se tiene que oír sólo la voz, es como para teatro. Luego viene los presentimientos, un diálogo entre Eva y Adán. Le dice Adán: "Engendré este desastre" y Eva dice unas cosotas: "Más hombre te quería" le dice a Adán y también "Lobos engendran lobos" le dice, "por eso los hijos que tenemos se odian, son lobos". Y luego viene otra parte donde todo le va diciendo a los dos muchachos que nada vale en la vida. Fíjate que tomo primero la religión, son como las rocas del sacrificio, pero  que no le satisface. Luego viene la filosofía y el arte y la técnica. Todos hablan, son personajes ficticios que van hablando y al fin habla la muerte; eso es lo único que les queda después de todo. Dice "nada le satisface, yo solamente quedó al último". Entonces el último es la noche final, va con Caín y van hablando y van diciendo cada cosa… pero la cuestión es que el que odia es Abel,  quiere matar a su hermano. Caín es el bueno, Abel es el malo pero aquél se le adelanta y le da un fregadazo. Al último dice Abel: "Madre tapa mi herida, me estoy quedando ciego" y entonces Caín se va, nada más vuelve y dice: Mi crimen fue una trampa. Al último Eva dice: "Y yo, mujer de llantos,  somos dioses vacíos, que no nos satisface nada, nada…"


Por sugerencia de una amable lectora, incluímos los siguientes datos biográficos de Agustín Ayala, tomados del libro "Testimonio", editado en 2002 por la Universidad de Guanajuato.

Referencias Biográficas de Agustín Ayala

Hijo de los señores Agustín Ayala y Angelina García, Agustín Ayala García nació en La Piedad de Cavadas, Mich., el 6 de agosto de 1921.
Cursó sus estudios primarios en La Piedad, Mich.; Humanidades (Latín), en el Seminario de Morelia, Mich., de 1938 a 1940, entonces albergado en pueblos de la sierra de Tlalpujahua, como San Francisco de los Reyes, Santa María de los Ángeles y Tlacotepec; Filosofía y Teología en el Montezuma College, Nuevo México, Estado Unidos de Norteamérica, de 1941 a 1948. Posteriormente, de 1991 a 1993 estudió la licenciatura en Filosofía en la Universidad del Valle de Atemajac, en Guadalajara, Jal.
Además del español, domina el latín y el griego. Traduce del latín y francés.
Los lugares donde ha desempeñado labores académicas son: Instituto Nacional "Las Casas", de San Miguel de Allende, Gto., de 1963 a 1974; Prepartoria "José María Luis Mora", de Comonfort, Gto., de 1971 a 1974; El Colegio de Michoacán, de Zamora, Mich., como investigador de medio tiempo, de 1990 a 1992; Escuela Preparatoria de Celaya, de la Universidad de Guanajuato, de 1974 hasta su jubilación.

Entre los libros que ha publicado se encuentran El Santo Cristo de Rinconcillo de los Remedios (leyenda y poesía), 1961; Fulgor errante, poesía, 1962; Nevado fuego, poesía, 1963; Como un clavo de luz, poesía, plaqueta editada por la Presidencia de la República, 1964; Bajel de llantos, poesía, 1968; Del remolino de Dios, poesía, 1998.
Sus poemas han aparecido en las siguientes publicaciones, entre otras: Antología de poetas montezumenses, 1958; Antología mexicana de poesía religiosa, 1960; Anuario de la poesía mexicana, Instituto Nacional de Bellas Artes, 1962; Jardín michoacano de poetas, 1970; Siete poetas montezumenses, 1993; Figuras piedadenses, 1999.
También ha escrito obras sobre otras materias: Método de la investigación científica, libro de texto; Lógica matemática, libro de texto; Análisis morfosintáctico de la palabra, libro de texto; Análisis morfosintáctico de la oración.

Ha recibido varios reconocimientos por su obra poética, entre ellos:
Espiga de oro, primer premio, en Hermosillo, Son., el 11 de febrero de 1956.
La alondra en los trigales, primer premio, en Mazatlán, Sin., el 2 de febrero de 1961.
Mare nostrum; primer premio (rosa de oro), en Aguascalientes, Ags., el 22 de abril de 1961.
Los sonetos de Job, primer premio (rosa de oro), en Ciudad Guzmán, Jal., el 19 de octubre de 1961.
Cristo de mezquite, primer premio (rosa de oro), en Sahuayo, Mich., diciembre de 1962
Los sonetos de Odiseo, primer premio (medalla de oro), en Aguascalientes, Ags., el 24 de abril de 1963.
Del Cristo éste, primer premio (rosa de oro), en Sahuayo, Mich., el 10 de diciembre de 1989.

Diversas instituciones de educación le han otorgado diploma y constancias, incluyendo el Instituto de Investigaciones en Psicología y Pedagogía, de la Universidad de Guanajuato, el 23 de enero de 1978, en octubre de 1981, y el 30 de noviembre de 1987; y la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, el 30 de marzo de 1979.

Desde hace varios radica en el Barrio de San Agustín, de la ciudad de Comonfort, Gto.




Cerca de las cinco de la tarde del miércoles 29 de diciembre de 2010, las  campanas del templo de San Francisco emitieron un tañido tristísimo, presagiando un deceso lamentable. Así fue: Agustín Ayala García, mejor y ampliamente conocido como el Padre Agustín dejó de existir. El nonagenario sacerdote, profesor y poeta terminó su fecunda labor en esta realidad, sin dunda alguna para transitar por otra más acorde a su vastísima cultura y a su profunda sensibilidad humana. Qué ironía no tener palabras más armoniosas que las suyas para decirle:

Los ángeles vestidos de rubíes
añafiles tocando de luz pura,
golpeando atabales de luceros,
vinieron a tu muerte

Tú, -encallado en la nieve
con los ojos abiertos a otro mundo,
con el ruiseñor de tu lengua dormido en una rama de frío,
con tu corazón entretenido
en tanta soledad-
no los pudiste ver.

El Padre Agustín ejerció su ministerio sacerdotal en nuestro pueblo desde 1948, lo cual significa que tenía sesenta y dos años en SU barrio de San Agustín. No se me ocurre nadie más conocido a lo largo de los años en nuestro pueblo. Tampoco se me ocurre nadie con una personalidad tan fuerte como la suya; bajo ninguna circunstancia podía pasar desapercibido, hasta su fisonomía y  su voz eran singulares, mucho más lo era su modo de expresarse y los elaborados pensamientos que manejaba con aparente facilidad. Para  varias generaciones fue un referente como sacerdote carismático y para muchas personas como un entrañable amigo. Siendo un hombre longevo conoció a muchos comonforenses y los vio morir también.  "Yo he visto morir a mucha gente", me dijo en una ocasión, "Es horrible,  el enfermo está hablando con esfuerzo, luego desfallece y muere…"

Pero ellos vinieron.
Casi no lo creía.
Estaba dolorido mirándote
cual detenido río,
como león parado en la carrera,
como flor deshojada
sobre la helada piedra del silencio.

Fue un gran maestro y como tal lo conocieron  muchísimas generaciones de estudiantes de toda la región.  A la luz de los años puedo asegurar que pocos profesores pueden acercarse al dominio que tenía de sus materias y a la vastísima cultura que, como destellos involuntarios, iluminaban sus cátedras.  Lo digo con pleno conocimiento, fui su alumno en preparatoria y recuerdo la manera sorprendente en que nos conducía por un laberinto de premisas o silogismos, entre los que, sin abandonar el tema, también nos hablaba de historia, literatura, arqueología, medicina, física o lo que fuera menester.
Y parecía que jugaba, como si todos los conocimientos que impartía siguieran por sí solos un orden preciso y él fuera solo el conductor de las ideas que debían enraizar en nuestra mente. Quizá el acento lúdico de su clase lo daba  la desproporción entre el pequeño conocimiento que debía compartirnos y el tremendo acervo, en constante crecimiento, que le habitaba.  El día que pude conocer su biblioteca, sobre el asombro con que yo contemplaba los miles de volúmenes ahí reunidos, varios de ellos en latín o griego, dijo, sin un asomo de presunción: "Y los he leído todos".

Rodearon, callados, tu ataúd.
Una herida imperceptible se les abría en el pecho.
Contemplaron tu rostro largamente.
El rostro que la brisa te pulía
y al que hoy la muerte puso una lívida sombra.

Tú no podías verlos,
estabas demasiado entretenido
pero ellos vinieron a tu muerte.

Y por si fuera poco era poeta y un poeta enorme, no es necesario argumentar que ganó siete premios a nivel nacional, basta con leerlo para comprender que su trabajo literario tiene una calidad indiscutible, pero además nos brinda la oportunidad de  asomarnos (un poco y no es tarea fácil) a sus sentimientos, a sus afectos, sus fobias y a las tremendas pasiones que, como todo ser humano, gozaba y sufría.

      Yo le gritaba a Dios, pero no quiso.
Dejó que me quemara. Y me deshizo.
Quizá fue por su amor. Y era preciso.
Sólo sé que así fue. Y en mí se hizo.
      Yo no quería. No. Yo no quería.
Contra el fuego luché de noche y día.
Me abrazaban las llamas en orgía.
Y Dios que me miraba se reía.
      Ahora así pasó. Así fue el modo.
Ni siquiera al nivel llego del lodo.
Nadie me espera ya en ningún recodo.
Dios me volvió la espalda y eso es todo.
      De la nada no soy ya ni ceniza.
E insiste Dios con su burlona risa.

    Como su obra está distribuida en varios volúmenes podríamos seguir hablando  y elogiando su trabajo durante mucho tiempo,  pero hoy regreso a su voz para decirle:

Cerraste tras de ti la última puerta.
Puerta que da al silencio y a la sombra.
Y es mi afilada voz, cuando te nombra,
Llama que en tanta muerte está despierta.
¿Vas por qué cauce como agua incierta?
¿Qué viste o qué no viste que te asombra?
¿Pisaste de qué olvido helada sombra?
¿A qué pavor abriste la compuerta?
Yo miré únicamente que los ojos
Cerraste, que tu cuerpo quedo inerte
Y que te hiciste un campo de despojos.
Y ahora dolorido te pregunto,
¿Qué hallaste al otro lado de tu muerte?
¿Sueño, ceniza, nada o todo junto?

    Junto a la tremenda pérdida que significa para nuestro municipio la muerte de uno de sus más singulares y valiosos habitantes, me atormenta el sentimiento de que su excelente poesía no sólo es muy poco conocida por los comonforenses sino la certidumbre lamentable de que su obra irá, sin él,  cayendo poco a poco en un inmerecido silencio. Y no sé, no se me ocurre qué hacer, qué decir, con quién hablar para que esto no suceda, para que no sean un vaticinio estas palabras, también suyas:


…Sobre duros claveles
de niebla, trashumando,
se acabará mi sangre.
Y una mancha de olvido
quedará donde estuve.

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA


Nació en el año 1934, estudió primaria, secundaria y preparatoria en el Colegio Alemán Alezander von Humboldt de la ciudad de México.

Estudió Ingeniería Civil en la Universidad Nacional Autónoma de México, recibiéndose en el año de 1962 con el tema de tésis: Estudio de los problemas que se presentan en la cimentación del varadero transversal del puerto de Coatzacoalcos, México.

Estudió el doctorado en acústica en la Norges Tekniske Høgskole (Universidad Técnica de Noruega) Institutt for Akustikk en la ciudad de
Trondheim, Noruega
Título de la tesis del grado: Lydreduksjon i Gjenomløpende Himlinger (Reducción sonora en plafones corridos).

Realizó estudios diversos en Música, Educación, Dirección de Empresas y Ciencias Ambientales.

Tiene licencia de locutor, Categoría A, certificado por la Secretaría de Educación Pública.

Además del español maneja fluídamente el noruego y el inglés, un 75% de alemán, portugués e italiano y un 40% de danés, sueco y francés.

Está certificado por la Organización Internacional del Trabajo como especialista en acústica y como tal realizó trabajos de verificación y revisión de normas en toda America Latina.

Desde 1968 ha desarrollado diferentes proyectos acústicos para instancias públicas y privadas

Tuvo a su cargo la redacción de las Normas Oficiales Mexicanas que regulan la contaminación por ruido y la emisión del mismo.
   
Ha ejercido la docencia en múltiples instituciones educativas en nivle medio y superior en la región y en el municipio.

En el año 1990 creó y condujo el programa "El café de Federico" de XEITC.

Tiene más de veinte publicaciones de carácter técnico en diversas revistas especializadas.

Ha realizado muchas investigaciones acerca de la historia de nuestro municipio, mismas que están plasmadas en diferentes trabajos, algunos de los cuales ya han sido publicados, como el magnífico trabajo llamado "Chamacuero, Orígen y destino". 

Están en espera de publicación seis trabajos sobre temas de ingeniería, así como catorce obras entre las que se hallan dramas, comedias, novelas, piezas musicales (rapsodias, preludios, tríos).



   Un hecho bastante significativo, (y que a estas alturas no debe sorprendernos) es que el escudo de Chamacuero que se encuentra en la presidencia municipal, fue tallado en madera por el  profesor Santana. 

Don Alfonoso López


Don Alfonso López fue uno de los impulsores de ese extraño y admirable fenómeno cultural del barrio de La Rinconada. Tuve el gusto de conocerlo hace unos diez años, además de su carisma, me impresionó la actitud positiva en extremo con que afrontó un grave accidente y las consecuencias del mismo. Cuando le pedí una entrevista me cuestionó amablemente qué interés podría tener su vida como para darla a conocer.  Cuando le comenté que su historia podría ser inspiradora para quien tuviera un problema de salud semejante al suyo o tan grave como el suyo me dijo, sin falsa modestia:
-Mire, sólo si usted considera que lo que yo he vivido puede serle útil a alguien, publíquelo.
Así fue como un sábado me invitó a  almorzar y platicamos muy a gusto, transcribo lo que me platicó don Poncho, algunas observaciones de mi parte las coloco entre corchetes [     ]:

Yo nací en Comonfort, en el centro, no sé exactamente dónde, pero la que auxilió a mi mamá fue la difunta María, esposa del Neo.  Mi papá es de aquí de Comonfort, mi mamá del municipio de Dolores Hidalgo. Se vino de pequeña para acá, de unos diez años. A veces, esporádicamente la llevo cuando  tiene ganas de ir a su tierra.  Yo fui el mayor de once, pero falleció uno que se llamó Julián, murió pequeñito.  Siempre he andado trabajando; desde muy pequeño. Hubo un tiempo que estuve con mi abuela, la mamá de mi mamá, fue como año y medio; temprano nos íbamos al cerro; de ahí de La Rinconada atravesábamos hasta unas tierras arriba de Camacho, ella se dedicaba a vender aguamiel, iba y compraba magueyes a las magueyadas que están de este lado de la colonia de Chela Mota. Yo  me iba con ella, no siempre en la mañana, pero sí en la tarde, y le ayudaba a cargar el aguamiel, ella lo vendía a la pulquería de doña Maximina, ahí en los remedios. Desde muy chiquillo anduve con las chivas, las echábamos al cerro, era cosa de andar con ellas y luego regresarlas. Yo me iba hasta La Lagunita, hasta La Laja, al Caracol.  Estoy hablando de una distancia de Escobedo a Comonfort, pero no era yo el único. Anteriormente llovía, hace cuarenta años llovía, no como ahora, mucho más.  Las chivas  tienen de a dos críos, en la época en que parían uno tiene que cargarles los críos; pero cuando eran más de dos chivos, uno le buscaba, que no se fueran muy lejos, porque si se iban lejos la chinga era para uno cargándolas, ya salía mi mamá a encontrarme o mandaba a mi hermanilla.  Ese año que estuve en la escuela se me hizo más descansado porque no tenía que ir con las chivas. Entrábamos a las nueve de la mañana,  pero a esa hora ya había yo ido y venido con mi abuela con el aguamiel.  Entrábamos a las nueve y salíamos a las doce, luego entrábamos a las tres y salíamos a las cinco. Ahí conocí a otras gentes, a varios de los compañeros los he visto por ahí, a otros ya nunca.  Fue bonito porque ya no era la misma chinga y además comía yo bien. Nunca nos quedábamos con hambre, pero acá con mi abuela era un poco más y más variado.  Frijolitos fritos, un cafecito, un atolito, hasta un pan y allá nada más frijoles  y tortillas porque éramos un buen puñito.

Nunca anduvimos descalzos, ninguno de mi familia; eso sí, traíamos unos pinches huarachotes que parecían cangrejos, ya todos deshilachados. En una ocasión yo no quería ir a cuidar las chivas porque era día de mi cumpleaños y me decía mi mamá:  "Mira te van a traer unos huaraches nuevos".  "Yo no quiero huaraches", le contestaba.  Pero tuve que ir a trabajar, aunque fuera mi cumpleaños y tuviera la ilusión de descansar un día. [Don Alfonso se emociona al relatar esto, como si un sentimiento profundo le llegara de golpe desde su infancia, dilata unos instantes en seguir hablando]. Fíjese que haber pasado por por todo eso… no sé, yo sufrí mucho, pero no tengo remordimientos en contra de nadie, al contrario, estoy  contento.
Después mi papá fue trabajador de José Sánchez Mancera, mi papá era alfalfero. Vivíamos por allá, más allá del balneario de Malagón ; nos veníamos a las cuatro de la mañana para estar aquí a las cinco y media, porque era a Caballo, del balneario todavía son unos 2 km más adelante y había que bajar desde allá para llegar a la Hacienda de Don Juan, todo eso. Nos veníamos, se hacía la tarea que era tumbar una melga de alfalfa y sacarla a la orilla. Yo empecé cargándola, tendría unos siete años, para cuando mi papá terminaba la amelga ya le había aventajado acarreándola a la orilla. Y llegaba don Evaristo un viejo hijo de su…, siempre en un caballo retinto, nos hacía recoger toda, "Ahí está quedando" decía. Ya después mi apá me consiguió mi hocesita, el gallito que le llaman,  es una hoz chica y me iba dejando mi apá una orillita para cortar y el seguía y yo iba tumbando ese tramo. Me hice bueno para esa labor, no sé qué edad tendría pero ya me daban mi tarea y yo salía junto con mi papá o poquito adelante. Me acuerdo una hoz que era bien livianita, hasta  sonaba bonito. La jornada era de las seis a las diez, a veces un poco más o un poco menos, dependiendo de cuanto había que acarrear la alfalfa, y acabando de vuelta p´al cerro y a chingarle, a sacar las chivas. Estuvo cabrón, pero eso fue lo que me tocó. Ya después nos venimos a vivir acá a La Rinconada, no sé el motivo, no le he preguntado a mi mamá la razón, yo todavía estaba chico. Y aquí empecé a trabajar cortando aguacate con Tavo Espinoza, como es uno pendejo, fíjese por quedar bien, me subía yo hasta mero arriba, en unas ramitas que hasta se mecían, y eso que estaba yo flaco.  Ahora pienso en todo el riesgo que corrí: eran unos árboles enormes. Y ahí andaba uno trepado para que vieran que se la partía. Anduve trabajando ahí, después cortando el jitomate, en San Juan de la Vega, para esto ya tendría unos doce años, ya había trabajado con Gonzalo Martínez, con él no tengo buen trato. Trabajé con él en unos chilares ahí al otro lado del río rumbo a Neutla, entonces andaba Maximiano, Luis, el Chelito, andaba yo. Puros chamacos. Esos éramos los que veníamos de allá del barrio y muy rara vez salía para un pan Se acuerda que don Luis Anaya tenía una   panadería en Pípila,   pues llegábamos y estábamos toque y toque para que nos cobraran el pan, más de una vez nos fuimos sin que salieran a cobrarnos, entonces ya nos armábamos unas bolsotas, con la intención de que no salieran a cobrarnos, eso fue cuando trabajé con Gonzalo.

Mi infancia y mi juventud siempre estuvieron ligadas al campo. Yo siempre he sido rebelde, muy dentro de mí he llevado la rebeldía como algo natural, desde chico. Aquél mayordomo, don Evaristo, regañaba a quien quería, era un hijo de su… y mi papá me puso una chinga por haberle dizque rezongado; se tumba la alfalfa con la hoz y siempre llegaba chingando: "Bájenle más la mano. Bájenle más la mano", cuando a un troncón viejo no se le puede bajar más y él "Niño bájale más la mano.  Y le dije: "Bájese a decirme cómo" y eso me costó mi chinga, fue y le dijo a mi papá. el caso es que mi apá con el gancho de la alfalfa me puso mi chinga.  Yo era alfalfero y era bueno para mis años, porque después entró un alfalfero que le decían el Pocillo, Francisco, pero él tumbaba tramos enormes, a puras hoz, llevaba diez veinte alfalferos y pagaba por melga y se quedaba la alfalfa ahí tirada, para que se asoleara y empacarla. No pos ahí ganaba yo más que mi papá o lo mismo que mi papá, no había que cargar, mi papá después de un tiempo me ayudó a acabar mi tarea, aunque salíamos parejos, el cargaba más que yo. Mi papá me enseñó mucho, pero sí se pasó.

Me fui saliendo del nicho familiar, porque ya ganaba bastante bien en el jitomate. Como a los quince años me fui a la ciudad de México, yo quería trabajar con un albañil, a hacer tubos, pero mi apá no me dejó, ya después me enteré que era porque el compa este era medio maricón, pero ya no me quedé a gusto. Este señor con quien me fui a México se llama Felix García, habíamos hecho tratos, poro ejemplo, un día me puse unas botas que mi apá trajo del norte, me quedaban enorme y llegué en botas al cerro. Me decían "Véndemelas".  "No, son de mi jefe". "Véndemelas, él te trae otras". El caso es que tracalée las botas por una chiva y un bote de miel. Pero nos llevábamos bien, me invitaban o los invitaba.  Félix  ya se había ido a México y nos juntábamos y me decía:  "Vámonos a México, ¿qué tal si consigues chamba allá?"  Y agarré y me fui. Pero él no sé quedó, agarró y se vino muy pronto, pero allá me dejó instalado en una casa y yo chiquitillo, me aceptaron.  Me dieron trabajo de volada en una fábrica de plásticos, de ayudante, había una máquina grande, estaba el maquinista y yo ahí, el maquinista, una mesa. Todos los envases que iba aventando yo los iba limpiando de rebaba. Salí bueno y, qué se compara con el trabajo en el campo. Salí bueno y que va llegando el primer pago…  ¡Era un dineral! Que va llegado un sobrecito amarillo con mi nombre; un dineral y era el salario mínimo del DF. No sé cuánto era pero era un chingo, así que imagínese si iba a abandonar aquello; un dineral comparado con lo que ganaba acá. Nomás que la vida allá se me hacía de la rechingada, pero eso me ayudó también a avanzar un poco más, porque  me decían que en la ciudad de México se pierde uno. Lo que me favoreció es que desde la casa la fábrica estaba a unos doscientos metros.  Había tres turnos,  seis de la mañana dos de la tarde, dos de la tarde diez de la noche, diez de la noche seis de la mañana. A mí por alguna razón me pusieron en el de la mañana, el mecánico de ahí (mecánico industrial) trabajaba doce horas,  de seis a seis. Hay gente muy medida, dando las dos en punto se iban  y eso es lo que limita a la gente para salir adelante. Eso creo, pero puedo estar equivocado, la gente se limita para todo, es muy medida y yo quizá me quedaba porque no tenía otro recurso, no conocía gente, si salía de la fábrica iba a meterme a la casa en un cuartito. Cuando le tocó al mecánico ir a ajustar la máquina donde estaba yo me puse a platicar con él y después le ayudaba en todo y no tenía que mandarme, si había que recoger algo iba y lo recogía y eso fue diario. Había gente mucho mayor que yo, al año de estar al ahí ya ganaba más que los que tenían más tiempo. Ellos, dando las dos, pum, pum, pum, ahí está la máquina y la paraban, nunca le seguían un rato más, casi es un patrón que siguen todos. Creo que ahí abrí los ojos, para esto ahí me consintió uno de los socios, era de los que trabajan directamente: Miguel Rodríguez, don Miguel Rodríguez me decía:  "Si yo me encargo de esto cómo no voy  a saber quién hace y quién no hace". Y me decía: "Alfonso, ve a llevar esto, ve a esto otro", ahí estaba a la hora que necesitaba, a veces platicábamos y yo me daba cuenta que era muy inteligente, muy inteligente, un viejo grandote. Y luego a la hora del almuerzo me llevaba al menudo, eran unos platotes de este tamaño, ahora me los termino en tres o cuatro días, pero para mí era la gran cosa que me invitara un plato de menudo.  Quién sabe dónde me llevaba en su carrito, un carrito verde ya viejito. Llegábamos y a darle. Y ya ganaba más que los otros obreros. Pero yo siempre me quedaba, en mi máquina de seis a dos y luego en la que me mandaran, de dos a seis  y si había que esperarse más me esperaba, me valía madre.  Ya después me decían: "Alfonso, ve a cambiar un refrontador" (a los envases de plástico hay que meterlos para que agarren su forma) entonces iba yo al taladro de base, le ponía el molde abajo, nada más llegaba y los emparejaba. O me decían: "Alfonso, cambia tal cabezal a la máquina fulana". Ya el mecánico estaba allá y yo lo hacía en otra máquina y por eso ya ganaba más que otra gente que tenía muchos años. Ya me movía y andaba yo por todos lados, ya no me daba miedo.  Pero siempre las mujeres son las que, por algún motivo, nos llevan a ser inconformes, tenía yo una novia allá,  me hice de una novia, batallé para hacerla mi novia, y era mayor que yo. Entonces me di cuenta que trabajaba yo un chingo, un chingo de tiempo y ganaba bien poquito. Y yo oí hablar de sindicato. Y entonces que me meto a la escuela, aquí estuve un año en la primaria, pero saqué allá mi certificado de primaria en nueve meses. Me iba a la escuela, me venía desde Iztapalapa a Fray Servando Teresa de Mier, al Instituto Tecnológico de los Leones, Allí íbamos y hacíamos examen cada tres meses para aprobar no sé qué grado. Yo todos los aprobé, eran cuatro materias, pero había tipos que reprobaban tres de las cuatro materias. Ahí en el sindicato empecé a moverle y a moverle y empezaron a decirnos nuestras garantías y todo eso. Entonces empecé a meter folletos y a hablar con la gente allá, primero con los más jodidos y ya después con los otros y todos estaban de acuerdo, pero que se dan cuenta cuando ya, ya teníamos las firmas allá y todo listo para armar el sindicato. Y que me truenan,  empezaron  a llamar a los obreros de uno por uno a las oficinas de los jefes, todos  pa´ arriba.  A mí no me subieron allá con los jefes, cuando bajaban,  ya todos habían firmado a favor de la empresa, los únicos que no se abrieron fueron Máximo Ramírez, Jesús Ramírez, Manuela Díaz  -que era mi novia- y Ubaldo Zabala. A mí no me subieron, a ellos sí los subieron, pero ellos no firmaron. Y los que no firmaron… ¡para afuera!  A mí me agarró el señor que me enseñó mucho, me dijo: "A ver, Alfonso, vamos a hablar  -me llevó a su privado- mira por ahí tú andas haciendo esto y esto". Yo todavía dije: "No sé de qué está hablando". Y don Miguel Rodríguez me dijo: "No nos hagamos pendejos, así, así y así hiciste y esto va a quedar aquí. Tú ya te vas de aquí, pero mira, yo sé quién eres tú, si tienes o no razón es asunto tuyo. Pero tú ya no puedes estar en esta empresa, aquí ya sé acabó tu chamba, es tu último día".   Yo dije calmado: "Está bien, nada más me pagan y me indemnizan" Y me contestó: "Mira, tú te vas a ir a trabajar con Pedro -un hijastro de él- ya hablé con Pedro. Tú ya manejas algo el torno, allá vas a aprender bien, pero no vayas a hacerle las mismas Chingaderas". Ahí si le dije: "Yo no necesito que me usted me diga nada, ni que me mande a ningún lado".  Y no quise.  Pero él, a pesar de que yo había prendido la lumbre, me quería allá, pero no quise. Luego medio me arrepentí, porque no hallaba trabajo, sí me fue de la rechingada, hasta que empecé con los churros y andaba vendiendo mis churros en una bicicleta, en el portabultos, atrás en una tabla sentábamos el canasto. Yo soy bueno para las ventas, ahí empecé. Ya después vivía a la entrada de la fábrica, en una vecindad. Llegaba ahí  con mi canasto y me daba pena que me vieran, andaba yo bien jodido, ya después ganaba más de lo que ganaban en la fábrica. Yo nada más los vendía y otro los hacía, llegaba yo y empezaba acomodar mi canasta, pero igual, como no tenía nada que hacer, llegaba a las tres de la mañana, a la hora que él empezaba, de tal manera que aprendí a hacerlos.  Cuando empezó a irme mejor fue porque empecé a explotar mis rutas, vendíamos en las tiendas y yo les vendía hasta a las panaderías y ahí ganaba comisión. Y vendía mucho más. A mí me dejaron una ruta, me la dejaron ya acomodada, haga de cuenta que les vendía a diez tiendas y amplié mi reparto a veinticinco. Después fue cuando se murió mi hermana, me vine para acá, y le dije al que hacía los churros (se llama o se llamaba Manuel): "Voy para allá" Y me dijo "sí muy bien, chavalón,  voy a mandar a mi sobrino en tu lugar". Me vine, pero ya que regresé le dije: "Mañana me integro a mi ruta o dime cuando" Y me contestó: "Este… mira, es que ya está mi sobrino bien acomodado ahí" "Pero es mi ruta, Manuel". "Sí -dijo- pero ahí está la chamba, consíguete otra ruta, vete para Apatlaco, hay muchas tiendas, puedes vender en Apatlaco". Y le aclaré: "Pero, Manuel, es que no está bien, te dejo las tiendas que me dejaste, pero déjame las mías" No aceptó  y le dije que me hiciera mi mercancía. Hasta le pedí de una vez que me hiciera un canasto completo. Y los hizo. Llegó como a las siete de la mañana diciendo: "Ahí está tu mercancía". Le contesté sin apurarme:  Pos es que no siento ganas de trabajar, a ver qué haces con ellos, cómetelos si quieres" Y me los quería dejar, le dije: "Dame mi ruta y ahorita a  ver qué hago con ellos y si no me das mi ruta pos a ver qué haces tú con ellos". Se encabronó y se fue. Ya después ahí anduve batallando hasta que decidí poner la churrería, me junté con un señor que vive aquí en la rinconada. A veces nos acordamos. Me fue bien, empezamos con una bicicleta prestada, me la prestó uno de mis tíos, batallamos, empezamos con un bultito de harina, un bultito de azúcar, un garrafón de aceite, un caso. Empezamos con lo elemental. Después eran seis garrafones de aceite, diez bultos de harina, un montón de azúcar, teníamos todo y ya teníamos un empleado.

Al final dejé mi negocio porque me quedé con el corazón partido. El socio salió que se iba para estados unidos y me vendía todo. Y si no hubiera terminado con aquella chamaca no estuviera yo aquí, estaría allá. Pero nos habíamos peleado, nos habíamos mandado al carajo y yo no sentía motivo para quedarme allá.  Y mejor vendimos lo que teníamos. Me dije pos ¿qué chingaos hago aquí? Lo único que me traje fue una bicicleta, de rin ancho y unos rayos gruesos atrás. Anduve un ratito y luego me fui a Estados Unidos. Fue un cambiazo, porque allá en el DF ya me pegaba yo de los urbanos, iba hasta colgando por fuera y no me pasaba nada. Y en las estaciones del metro, cuando estaba bien apretado yo ni batallaba, entraba solito, ya le había hallado. Nomás con una presión suavecita lo empujan a uno para adentro o para afuera.  Duré en el norte casi dos años y regresé jurando que no volvía. Allá primero llegué a un rancho a cuidar caballos, por poco me mata un pinche caballo y terminé matándolo yo, un caballo fino, doscientos cincuenta mil dólares. Dinasty Nation se llamaba, era semental, a él se le daba comida especial.  Quince mil dólares costaba la maquila de ese animal. Le llevaban yeguas, tantas yeguas le llevaban que ya no daba abasto y mejor inseminaban. Le daban alimento especial. Pinche caballo por poco me mata, no me mató por un jeep que estaba allí, porque yo lo llevaba al corral y al terminar  lo traía y lo metía a su establo. Pero al venir de regrso había más garañones en el camino, garañones de menor precio. Entonces se encabronó porque se quería pelear con los que estaban adentro. No se peleó con aquellos, no lo dejé, pero se vino a pelear conmigo. Qué le rendía yo a semejante animal, me arrancó la manga de la chamarra, me dejó la marca y se me echó encima a los manotazos. Si me agarra así, me mata, pero me agarró cerca de un jeep entonces caí y me metí abajo del jeep. De ahí en adelante, la ración de alimento especial era para los demás a ése no le daba y lo exprimían bien duro, ya después me vine, en un mes estaba enfermo el caballo, el dueño del caballo me dijo: ¿Te acuerrrdash de Dinasty Nation? Muerrrtho. No más. Cuando me vine venía con unos primos, no sé ni por qué frontera salimos, pero salimos de un pueble que está al noreste de Texas y al llegar aquí nos bajó migración, de aquél lado, nos detuvo y nos aventó del puente para acá, hasta perdí mis cosas.  Decidí no volver o para allá, sí volví, tardé mucho. Me quedé trabajando aquí, fue cuando conocí Arturo Ramírez, trabajé como agente de ventas, en escuelas que tenían orientación para el inglés, trabajaba casa por casa, trabajé aquí, en parte de Michoacán en  parte de San Luis Potosí, duré muchos años trabajando con ellos, especialmente con Gregorio, con  Gregorio hasta la fecha nos hablamos lo  quiero como no tienen una idea. Fue mi amigo, mi patrón y mi maestro, a la fecha me sigue enseñando cosas, hasta por teléfono, en alguna plática que tengamos. Es un tipazo, parrandero, cuando perdía dinero decía: "Bendito dios, vénganse vamos a celebrarlo". Sin lástima, es parte de lo que aprendí de él, no tener lástima de nada. Yo quise empezar mi negocio en Estado Unidos vendiendo artesanía, llevé macetas, molcajetes, piezas de aluminio que vendían en los tianguis. Luego me encontré dos clientes que ya me mantenían. Mi mejor cliente se llama Adela Kirk, yo le llevaba marcos para fotos, Picture frames les llaman, haga de cuenta que yo los compraba en diez pesos y las vendía en diez dólares. Una ganancia bárbara.  Y luego esa señora me adelantaba el cincuenta por ciento. Me encargaba talavera y me daba las muestras. Con lo que me daba pagaba toda la mercancía y me iba bien. Me topé con una mujer que era un ángel de Dios ,se dedicó a unas exposiciones en el World Trade Center de Dallas y en otros lugares.  Me ayudó bastante pero en el último pedido se sientó sobre de  él y no me lo pagó y yo endeudado y pagando intereses y ya vendía yo bien, y tenía la intención de poner un negocio y al no pagarme ya no tuve con que ponerlo  pero luego me topé con este señor… Hace más de quince años que conozco a mi actual patrón, caí en un entrampamiento, yo casi siempre he trabajado por mi cuenta. Pero lo conocí desde que llevaba y traía gente en unas Vans, ahora ya con camiones yo recibo una comisión por cada boleto que vendo y le ayudo en algunos trámites.

Hace ocho años que me accidenté, estaba en un jaripeo y me sonó el celular, y para alcanzar a oír me subí hasta la última grada, me senté y se me ocurrió recargarme, pero ese pedacito en que me senté era el único que no tenía donde recargarse.  Y me fui para atrás, di la vuelta y caí de cabeza. Era una altura de unos cuatro metros y medio. Nunca perdí el conocimiento, estuve consciente en todo momento, me levantaron unos paramédicos, ponen unos escuincles a hacer esto, me les andaba cayendo dos veces. No sé si eso empeoró mi estado, luego un doctor, conocido mío que me dijo que me iba a tratar y me iba a colgar y al final nomás me entretuvo la atención.  Mucho tiempo después el neurólogo me explicó que loa médula es como una manguera, si usted la dobla y la regresa luego luego a su forma, no le queda marca. Pero si la dobla y la deja doblada tres días, cuando la enderece va a quedar chupada.  Duré varios meses cuadripléjico, es decir que nomás movía los ojos, hablaba, comía. Me dijeron que probablemente así quedara y no me convenció y ahora me valgo por mí mismo, camino con mis muletas, manejo, me siento contento. Probablemente todo lo que he vivido desde niño me ayuda a tener fortaleza y, como le dije, a no sentir lástima.

Siempre he sido sensible hacia el que tiene dificultades o que no tiene nada, pero a raíz de haber pasado por lo que pasé, que no fue poco, ya no los veo como antes, ahora cuando veo a alguien en silla de ruedas ya lo analizo: detrás de esto debe de haber una situación de la rechingada una historia de la rechingada. Y encuentro gente de toda porque hay quien está en con estas dificultades físicas, le falta una pierna, o no puede caminar o tiene problemas para moverse, etc., pero hay unos que están en una situación económica algo holgada, y hay, también, quien se deja motivar y quien no.

    En resúmen podemos decir que el profesor Plácido Santana Olalde:
*Inició la celebración de las semanas en homenaje al Dr. Mora.
*Promovió la creación del museo Casa doctor José María Luis Mora,
*Denunció la zona arqueológica de Orduña (Morales para los estudiosos).
*Promovió el cuidado de la zona arqueológica del cerro de los remedios.
*Fundó la casa de la cultura de Comonfort y fue su primer director.
*Colaboró con el párroco Francisco Nambo en la organización y conservación del archivo de la notaria parroquial.
*Realizó las primeras investigaciones sobre:
-El significado del nombre Chamacuero.
-La fundación del poblado hacia el 1400, por parte del cacique purépecha Tzi-    Tzic-Pandá-Cuare.
-La guerra chichimeca en esta región.
-La vida de doña Manuela Taboada y su hermano Pedro.
-El origen chamacuerense del coronel Ignacio Camargo.
-El simbolismo y alegorías del escudo de Chamacuero.
*Como maestro fundó la escuela primaria "Benito Juárez" de la comunidad de El Picacho.
*Realizó el rescate de la capilla de San Pedrito.
*Fundó los grupos INSEN del municipio.

Cabe aclarar que en el desarrollo de estas actividades solía recibir el auxilio de algunos comonforenses que se sumaban con entusiasmo a estas labores. Igualmente, canalizó las actividades de servicio social de muchos alumnos hacia estos fines.

Así como su interés y su esfuerzo en beneficio de su municipio, fueron una constante en su trabajo, también lo fue su queja por el escaso, y a veces nulo apoyo que solía recibir de parte de las autoridades. Pero ello no significó una limitante para que hiciera mucho, realmente mucho, por su pueblo y por su gente, sin recibir -y tal vez sin esperar- prácticamente nada a cambio. Por ello, nos corresponde a los comonforenses, al menos, reconocer el enorme mérito de la labor que desarrolló durante más de tres décadas.

El profesor Plácido Santana Olalde falleció el 10 de marzo de 2007, a la edad de cincuenta y nueve años.

Agradecemos al Sr. Enrique Santana Olalde por el material que nos proporcionó para la elaboración de este texto y al Dr. Federico Groenewold y al Sr. Félix Jiménez por sus testimonios.

Nota: Al momento que esto escribo, el sr. Enrique Santana Olalde ha editado un libro muy documentado y lleno de fotografías, donde se narra la obra del Prof. Plácido Santan, este material está disponible en las bibliotecas municipales o puede conseguirse, en versión electrónica, en la sección de libros de esta misma página.



 
Miss Rosana

Rosa María Alejandra Salinas Nieto nació en el Distrito Federal el 26 de febrero de 1956, su madre, la señora Consuelo Nieto Rosales era originaria de este pueblo por lo que,  a pesar de los años vividos y los estudios realizados en el D.F. tuvo siempre una presencia en Comonfort. La mayoría de quienes la conocimos, aunque fuera un poco, pudimos percatarnos del alto grado de su  preparación, su madurez y su cultura.  Antes de detallar su formación académica, aclaremos, para quienes no lo sepan, por qué  se le conocía como Miss Rosana, Miss por las clases particulares de inglés que impartió en Comonfort durante muchos años. Rosana fue un sobrenombre que su madre le fue imponiendo desde muy pequeña, sin mayor intención que el gusto de llamarle cariñosamente Rosana o Rosanita y como un sobrenombre bien puesto se le quedó para siempre.

Miss Rosana estudió en el Instituto Pedagógico Anglo Español hasta la preparatoria. Concluyó la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en 1975.  En 1990 terminó la maestría en Literatura Mexicana con el tema de tesis: La Parodia, una Expresión Social (Estudio de la Obra Narrativa de Jorge Ibargüengoitia).
Sus estudios del idioma inglés fueron constantes desde su infancia, redondeándose con un año de estudio en The University of Western Ontario en London, Ontario, Canadá entre 1970 y 1971 más tres años en el Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras de la U.N.A.M.
Realizó estudios de Televisión en los años 1973 a 1975 en el Colegio de Arte Dramático de la Facultad de Filosofía y Letras de la U.N.A.M.
En 1980 y 1981 tomo cursos de Fotografía y Diseño Editorial en el Centro Universitario de Ciencias Humanas del Claustro de Sor Juana, A.C. Sobre estas materias muchas veces impartió cursos y realizó exposiciones.
Desarrolló su actividad profesional como profesora de Español y de Inglés en el  Colegio Madrid A.C,  el Colegio Hebreo Monte Sinaí, A.C.  y en el Centro Educativo de Celaya; en todas estas instituciones realizó muchas otras actividades además de la docencia, llegando a ser Subdirectora y Directora de Secundaria.
Fue expositora del Curso de Redacción Técnica para Profesionistas  de la Contaduría Mayor de Hacienda de la Cámara de Diputados de 1983 a 1988.
Redactó varios capítulos del tomo I de las "Memorias del Banco Nacional de México, S.N.C".
Para Grupo Auryn S.A. fue directora de proyectos Educativos, Diseñadora de Formatos, Edición de Textos, Correctora de Estilo, Redactora y Guionista para T.V. 
Fue autora del "Curso Audiovisual de Enseñanza del Idioma Hebreo para Personas de Habla Española, SHALOM." Esto implica un profundo conocimiento del idioma hebreo y de la cultura judía en genral, algo muy dificil para quienes no pertenecen a dicho grupo.
Fue expositora de los Cursos de Redacción Técnica par Auditores y Autora del Manual del Curso para la Contraloría Interna de la S.E.P. en 1988.
Fue asesora muy cercana de Margarita López Portillo y partícipe activa en la remodelación del Claustro de Sor Juana.
Llegó a publicar artículos en el periódico Excelsior.
Realizó muchos trabajos de traducción de textos, tanto del español al inglés, como del inglés al español.
De 1997 a 1999 realizó muchas actividades de Corrección de Estilo, Redacción y Diseño Editorial  para la Secretaría de Desarrollo, Evaluación y Control de la Administración Pública del Estado de Puebla, así como la Redacción de documentos oficiales para este organismo.
De 2000 a 2002 fungió como asesora (asesora de súper lujo, pienso yo) en la Dirección de Desarrollo Económico de Comonfort.

Aunque realizó muchas otras actividades no es mi intención hacer un recuento minucioso de su trabajo y de su formación, sino que se perciba el tremendo bagaje de preparación y ejercicio profesional que Miss Rosana ya  tenía- y siguió enriqueciendo- hacia finales de los años noventa, cuando se estableció en Comonfort como profesionista independiente.  Su actividad inicial fue como asesora particular en la redacción de tesis de profesionistas, actividad que después compaginó con clases particulares de inglés para niños, esto fue sucediendo poco a poco, primero dio clases a algunos de sus sobrinos, los cuales la recomendaron con otros conocidos, hasta que, a lo largo de muchos años, tuvo grupos constantes de alumnos, a los que impartía clases en su domicilio particular.
Por su capacidad y preparación pudo haberse especializado en muchas actividades, sin embargo siempre le atrajo la docencia.

Los testimonios que intencional o accidentalmente he tenido de Miss Rosana coinciden en que era una persona de absoluta honestidad, que decía las cosas claramente aunque esto molestara a más de alguno, no obstante su actitud nunca fue imprudente, si su crítica podía ser bien recibida y, sobre todo, si consideraba que podía ser útil , la expresaba. También la definen como una persona de un alto humanismo y de grandes ideales.  Del mismo modo su cultura y su preparación que, reitero, eran enormes, no significaba un obstáculo para su trato con alumnos, compañeros, familiares o conocidos, además nunca escatimó brindar sus conocimientos para ayudar, generosamente, a quien los requirierea.
Entre los valores que inculcaba, sobre todo a sus alumnos, fue una constante hacerles ver que nadie tiene por qué sentirse superior a los demás, nadie tiene porque hacer sentir menos a otros. Sin embargo tampoco nadie debe sentirse menos que los demás. Es decir "No tienes derecho a humillar a nadie y por lo mismo nadie puede humillarte a ti".

Su prima, la Sra. Guadalupe Nieto, me confió que Miss Rosana estuvo muy cerca de casarse, pero percibió que su futuro marido se perfilaba a reprimirla, a querer imponerle restricciones a sus actividades y su trabajo. Algo inaceptable para ella. Así que tomó la sabia decisión de no contraer matrimonio.

Podemos afirmar, que su presencia nunca podía pasar desapercibida, bastaba una charla breve para aprender algo, o para recibir una crítica sabia y siempre bienintencionada, muchas personas recuerdan que les planteó críticas y situaciones que les incomodaron, pero que al entenderlas les permitió ser mejores o motivarse a intentar serlo. 

Su salud fue siempre frágil, pero nadie imaginó que falleciera apenas cercana a los sesenta años. Qué tremendo saber que no contaríamos con su presencia luminosa y que todo lo que podamos y debamos aprender ya no sería por la sencilla vía de sus palabras sabias.

Agradezco la información, amabilidad y disposición que, para redactar este artículo, nos brindó la Sra. Guadalupe Nieto Araiza.
Del mismo modo agradezco al Dr. Alberto Trillo Nieto, el material facilitado y aprovecho para expresar que sabemos que sus méritos profesionales no desmerecen ante los de su hermana Rosana, ojalá nos permita entrevistarle para compartir en este espacio algo de su vida y su actividad profesional.

Don Alfonso López
Miss Rosana


Don Federico Pérez Ayala


El sábado 7 de septiembre de 2013, acudí a entrevistar a don Federico Pérez Ayala, quien desde hace 40 años tiene a su cargo la representación de la pasión de Cristo, en Empalme Escobedo, dicha representación reúne a más de setenta actores, se presenta en la plaza cívica, aunque el viacrucis se desarrolla desde este lugar hasta una elevación cercana que funge como Monte Calvario.  Me acompañó en la visita el M.V.Z. Alberto Méndez quien ha participado como centurión y por lo tanto conoce y aprecia a don Federico.
Transcribo la entrevista tal cual, suprimiendo mis preguntas y comentarios, a menos que esto sean necesarios para la comprensión de lo expresado, de ser así mis intervenciones van entre corchetes [   ].

Nací aquí en la calle Aldama, aquí en Escobedo, ya después en el 45 nos trajo para acá mi papá, él trabajaba en la fábrica de Soria. Nací el 29 de Febrero de 1936, ya tengo un ratito andando por aquí, lo bueno es que yo nada más cumplo años cada cuatro años. Acabo de cumplir. Y mi santo es el dos de marzo, entonces lo juntamos.

Iniciamos la representación en 1973, a raíz de que aquí en Celaya hay una Casa de Cursillos de Cristiandad. En esa casa entran no más que cuarenta personas de todos los municipios de por aquí, también de México y hasta gente de Monterrey; me tocó a mí de casualidad entrar ahí. Yo no sabía de qué se trataba, ahí lo encierran a uno tres días. Nuestro rector en aquel tiempo fue el ahora obispo Suárez Inda, fue uno de mis rectores. De Escobedo nada más fui yo y don Fausto Ramírez. Nomás los dos. Estuvimos ahí con hartas personalidades, fuimos de los más quedadones. Ahí platicábamos y convivimos todos. Entonces nos recomendaron que no se perdieran las fichas, que quedara algo, porque sale uno de ahí y se le olvida. Del 18 al21 de febrero de 1970 fue cuando hice ese cursillo. Y pensé: ¿qué hacemos? Pues voy a hacer esto, yo había salido allá siendo muy chiquillo todavía, en una representación del viacrucis muy sencilla que se hacía aquí. La hacía el señor Tomás Gaspar. Y así la hicimos el primer año, algo muy simple, pero la seguimos, en ese entonces estaba aquí el padre Augusto. Primero me apoyaba, luego como que no le gustaba que llevara yo a la gente, ensayábamos en la casa parroquial, él me daba llave de ese lugar. Pero empezamos con los problemas de que íbamos a ensayar y ya no abría la llave, o ya estábamos ahí y nos quitaba la luz, parecía una batalla, acabarnos como diera lugar. Después vine a saber, en una comida que se hace cada que sale un grupo de cursillistas, una vez se trató de la perseverancia el tema. Y dijo el padre Augusto: miren, van a hacer ustedes lo que Federico, yo quise acabarlo durante diez años, no pude acabarlo porque él perseveró. Híjole, dije, con razón me quitaba la luz y lo demás. Pero yo también lo platiqué con otro  padre y me dijo: ¿a quién está usted sirviendo, a él o al de allá arriba?  No pues al de allá arriba.  Pues aguántese. Y ese es el tema que yo he tenido. Ya saben cómo batallo aquí con los muchachos, que a veces quieren hacerme enojar y no; yo les doy por su lado, y aquí salimos adelante.

Algunos ya hacen bien su papel, otros se equivocan, pero sólo nosotros sabemos que se equivocaron, la gente no se da cuenta.  En otro momento estuvo el padre Villagómez , fue el que llevó el templo más arriba, pero lo cambiaron, se fue por ahí para Michoacán. La llevaba muy bien conmigo, me decía: Mira, Federico, te voy a regalar este librito, saca papeles de ahí. Y eso sí, mira,  mientras que Dios te dé vida no me dejes esto. Toma en cuenta eso. Total que cada que me la veo difícil, cada vez que hay complicaciones…  más que nada económicamente, porque se gasta aquí, y acá. Gracias a Dios, ya tenemos los entarimados. Esos los utiliza el municipio, pero todo lo que producen no es para mí es para esta misma representación. Gracias a Dios yo tenía, tuve mi trabajo, estuve pensionado por el ferrocarril trabajé treinta años y medio,  salí pensionado en 1987, aquí me la voy llevando. Pero mi lema es: ¿Qué caso tiene que yo haga esto y luego que me vaya yo a robar?, que quede aquí tanto y diga esto es para mí, no tendría caso, es una friega muy dura para andar quemándose. Los gastos que se hacen... ya ahorita tenemos vestuario, tenemos entarimado, ahorita este año ya tenemos sonido. Vieran qué problemas tenía con el sonido, llegaban y no tenían idea de lo que estábamos haciendo, bájale el sonido, apaga la luz aquella, haz esto.  Y uno de mis hijos, como más o menos ya sabe, ahora lo tengo encargado del sonido.  Invertimos una buena cantidad, sale caro, pero queríamos un equipo bueno. Este año el equipo ya está casi listo, Y aquí con el changarro, por soldadura no batallamos [Don Federico tiene un taller de mofles y escapes].

Cada año se cambian muchos actores, hay varios que ya tienen mucho tiempo saliendo, hay otros que trabajan en la tarde, les damos un papel corto porque no pueden estar aquí ensayando, le buscamos a la gente, hay unos que sí les gusta mucho pero, aparte de eso, a algunos les pega duro el papel, por ejemplo el papel de judas. Me decían: Oiga, don Cora, siento bien feo, no sabe cómo siente uno el papel y que lo maldicen a uno. Le ha tocado a mi nieto. Lo saqué dos años de judas, luego se lastimó una mano y saqué al otro. Son los que le han echado más ganas,  inventaron que ya colgado desde arriba se viene rodando hasta abajo.  Un muchacho apodado el Changano, fue de los que más ganas le echaron. Todos los papeles son muy duros. Este año a Aaron, el Nazareno, le pegó muy duro, pero  fue el primer año. Me dice: viera como me dejaron ahora a mí, todo golpeado. Pos se agasajan contigo, le digo. Los golpes, aunque se protege el azote, a la larga duelen.
Uno busca acomodar los papeles, la virgen por principio tiene que ser soltera, Que esté el marido ahí por un lado como que no. Los personajes femeninos los seleccionan mis hijas, toda mi familia trabaja en esto. En enero empezamos a buscar. Se los pelean un poco, al mes de que termina la Semana Santa ya están aquí buscando los papeles. No conviene cambiarlos siempre; de un año a otro sí conocen su papel. Pero a veces, luego de muchos años como que ya no le echan las mismas ganas, entonces los cambiamos. Y se motivan un poco porque luego sí piensan, ya me lo sé. Por ejemplo este Arón, le dije: estamos batallando por un Caifás, él salía en Soria, lo invitamos y vino. El primer año se agarró de Caifás, al siguiente también, luego dijo: déjeme de Nazareno. Pero ya tenía yo otro Nazareno, pero pasó que por su trabajo ya no iba a estas aquí. Le dije a Aron, pues ya te toca a ti, ándale. Uh, le dio harto gusto. También su mamá me dijo: "Déjele a mi hijo de Nazareno". Huy señora, yo que más quisiera pero nomás hay un papel. Y aparte para eso también tengo  a algún reserva. A veces sí fallan los personajes, o se dilatan en llegar y nos ponen en apuraciones. También yo me caracterizo porque, si me llega a fallar alguno yo me sé todos los papeles, menos el Nazareno, pero todos los papeles que hay. Si está visto que se está equivocando digo: a ver tú, párale, aquí yo me lo sé. Me los sé todos los papeles que salen en el drama. Una vez Herodes iba con una temperatura de cuarenta, me dijo: mira, ya no me sale bien, y yo lo substituí. Y aquí lo que tratamos es de no darle una disculpa al público de que no salió este o el otro. Aquí tiene que salir, sea uno sea otro. Yo les digo: tú vas a hacer este papel y tú este otro si fallaran. Se batalla siempre porque son bastantes. Son más de setenta. Una vez falleció una señora que era hermana de la Verónica y abuelita de la Virgen, falleció dos días antes, pero ellas de todos modos sacaron su compromiso. Sí dudamos que participaran pero sí salieron. Nos pasan algunas cosas, un año quería llover, un año se nos botó la luz y nos ayudaron de una casa, ahora ya tenemos una planta prevenida. Se imagina tener a la gente ahí y que no se pueda. Batallamos mucho unos siete años con el sonido, teníamos un proveedor de Celaya, pero luego quiso cobrar mucho.
Lo que más nos hace batallar es el dinero, mi hija, por ejemplo, mi hija se encarga de la decoración y me dice: papá necesito esto, necesito lo otro y pos ahí le digo, déjame ver cómo le hago.  Hemos hecho varios decorados, cuatro cinco, cada uno sale en cien pesos metro cuadrado, cada uno sale como en dos mil pesos, luego hacen falta más. El maquillaje lo encargamos a México, si usamos un mal pegamento las barbas se les andan cayendo, por allá por Xochimilco nos lo consiguen.  He tratado de conseguir aquí en Celaya pero no lo encuentro.  A veces vienen los periódicos y sacan fotos y hablan de nuestro drama, pero si no vienen no me preocupa, yo nada más quiero salir adelante no me interesa la publicidad, yo le doy gracias a Dios de que ya tenemos toda la familia que me apoya, ya no estoy solo, era muy pesado.  Es una semana muy intensa de trabajo, mucho movimiento, mucho ajetreo, pero vale la pena, porque ya después: ahora sí a descansar, ya le servimos allá al creador, que él  nos lo tome en cuenta.

El cerrito lo limpiamos de yerba aplicando ciertos productos. El ejido me presta ese lugar y lo adaptamos. Los actores participan haciendo su papel nada más, yo les presto el vestuario. Son costosos algunos trajes ya completos; hemos tratado de tenerlos ya aquí. Algunos sí se hacen su vestuario, quieren conservarlo de recuerdo. Hacemos una colecta en el pueblo, salimos y colectamos unos cinco seis mil pesos. Y el día de la obra unos dos mil pesos. Hay que hacer el convivio, lo hacemos el miércoles de la semana santa y hay que darles a todos, serán unos doscientos ya los que participan. Ese día es el último ensayo general.  ME preguntan: ¿don "Cora" que voy a hacer? Así me dicen: don Cora,  "Corazón Santo" aunque yo de santo no tengo nada. Mi papá, ya hace muchos años, traía un santito (un Sagrado Corazón) dando visitas por ahí, le pusieron Corazón Santo a él, y ahora a mí me dicen todos "Don Cora".
Hemos salido adelante con la obra, en aquel tiempo era sencillo, ahora ya no me lo quito, se junta un montón de muchachos, ya nombro mejor  comisiones: tú te encargas de esto, tú tienes esta comisión, pero me está fallando aquél, ¿tú por qué?, el tiempo se nos llega, son dos meses de ensayos, faltan quince días, te falta esto.  Nos ponemos a ensayar: párale, párale, esto no se hace así, les digo, tú estás aquí enojado, acá tú estás contento, a la Virgen: Tú estás llorando. Yo les digo  a todos más o menos como deben de hacerlo. Te vas a reír, échate unas risas buenas no una risilla ahí simple.  Por ejemplo Caifás, cuando le hace burla al Nazareno: "¿Pero qué veo? Un reo sentado en el tribunal, ¡ja, ja, ja¡ Esto sí que es nuevo en Israel,"  Y les hago el papel para que vean y ahí la vamos sacando.
Les decía que me había dado un librito el padre Villagómez y Gabriel Luna, que ya falleció, me prestó un libro de "El mártir del Gólgota", ahí se habla con mucha crudeza, sin nada de rodeos, por ejemplo dice: La mesa de la última cena era una mesa grande en forma de "E" sin el palo de en medio.  Así lo dice. Y así Samuel Belibeth  y todo eso lo sacamos de ahí. Me llevé yo como siete años de estar haciendo el libreto de todo el drama, ajustado a  una duración de dos horas. Yo lo hice como me las ingenié, llegué hasta sexto año, en ese entonces no aprendía mucho uno en la escuela, creo que aprendí más por acá afuera.  El que me le puso ortografía fue Beto, el que hace de narrador, él es muy serio, el señor cura que comenté me lo mandó de espía a ver que hacía yo con el dinero, yo seguí igual, hasta después él me lo platicó, que le había mandado, pero hasta hoy día está Beto con nosotros. Porque él, como es una persona seria,  le dijo: ahí no hay nada de que para acá o para allá. El año que se accidentó quería que lo llevaran en silla de ruedas narrando, fue el único que año que no estuvo.  Él acomodó la ortografía, comas, interrogación, etc., Gracias a eso los libros ya los tengo aquí. Y ya de allí en adelante: ponle un poco aquí, un poco acá y Todo de acuerdo con el libro de El  mártir del Gólgota. Es extenso pero te habla de toda la vida de Jesús, la vida de Dimas, yo lo he leído todo, quien era uno, quien era lo otro.  Me acuerdo lo que me decía el Padre que está ahorita: Mire don Cora, usted lo hace muy bien, ahora hace todo esto pero lo que sufrió Cristo, no es ni la mínima parte de lo que usted está haciendo. No se imagina, pero es una mínima parte lo que ustedes representan. Año con año seguimos con esto.
Al principio teníamos un libreto muy pequeño, me lo prestó Tomás Gaspar, que también era cursillista, hay unos doscientos cursillistas en estos tiempos. Ahora después de mí a ver quién se lo agarra. Antes me tocaba a mí solo, a veces hasta las doce de la noche andaba yo acarreando cosas después de la representación. Ahora ya mis hijos y mis nietos me ayudan muchísimo. Ahora ya cuando llego del cerro ya está todo aquí en el negocio. Ya después me paso como quince días acomodando todo en su lugar.

 
La señora Ma. Guadalupe Nieto llamó mi atención hacia el trabajo que desarrolló en nuestro municipio la  maestra Rosario Gómez Olvera. Cuando le sugerí que nos hiciera favor de redactar un escrito sobre el tema, aprovechando el trato que había mantenido con la maestra a lo largo de muchos años, no solamente se puso a escribir, también se documentó esmeradamente. El resultado es el siguiente escrito el cual, por sí mismo debiera estar en la sección de literatura de esta página, pero creo que es más justo ubicar esta crónica en este apartado, privilegiando la memoria de la maestra Rosario.


PROFESORA ROSARIO GÓMEZ OLVERA


No recuerdo la fecha exacta en que la conocí. Por esos años no tenía conciencia del tiempo, pero fue en una casa que perteneció a mi papá en la calle de Ocampo #8.
De improviso una mañana la vi por primera vez, estaba en la cocina ayudando a su papá, don Silve. Se encontraban apurados preparando los deliciosos volovanes que más tarde llevarían a San Miguel de Allende para su venta.

Su presencia me impresionó, ya los conocía a todos, menos a ella en ese momento. Estaba callada, taciturna, pero movía las manos con rapidez; sus bien calculados movimientos daban forma a las piezas que elaboraba; en la cálida cocina solo se escuchaba el eco del fraguar, el horno y la voz de don Silve supervisando el trabajo. Más tarde supe por sus hermanas, Tiana y la Güera, que era maestra, concretamente en la escuela primaria Genoveva  Mangel ubicada en la calle Arista.

Aquel barrio de San Agustín la vio en su diario ir y venir, recordemos que no había urbano y los taxis, que además eran pocos, estaban fuera del presupuesto. Le gustaban los grupos de los primeros años, les dedicaba toda su atención, sus delicadas manos temblaban pero eso no era impedimento para que dejara de realizar su labor.

Se aplicaba enseñándoles a recortar, dibujar e iluminar con técnica de crayolas; repasaba las clases, esmeraba en lecciones para que el alumno leyera y comprendiera el texto para los años consecutivos. El señor Chonito González hizo los trámites necesarios para acercarla a esta población, reubicando aquí su lugar de trabajo, la escuela Manuela Taboada. Cumpliendo como maestra en el turno de la tarde transcurría su vida, que completaba con otra labor: rescatar y hacer notar otras tradiciones de este lugar. Se dio a la tarea de recordarnos que el Padre de la Patria pasó por este municipio en su lucha por la Independencia de México. Apoyada por sus amistades y conocidos de San Miguel, más unos pocos representantes de aquí, esperaba al contingente que venía de San Miguel. El Sr. Emiliano Camarena, iniciador de esta cabalgata, era el encargado de entregar la bandera y el fuego simbólico al presidente municipal en turno. Fue este evento tan significativo el que marcó su presencia y afán de mantener nuestras tradiciones. Con la ayuda en especie de unas cuantas personas y la supervisión del Maestro Placido Santana se realizaron las primeras cabalgatas, mismas que ahora son  tan participativas y llenan de orgullo a nuestro municipio.
La semana cultural dedicada al Dr. José  Ma Luis Mora tiene una mención especial en su labor por hacerla notar: se apoyaba con el ayuntamiento en turno así como con el Maestro Placido Santana para realzar lo más posible tan importante celebración. Los Hermanos Aguascalientes, la Rondalla de Saltillo, los Niños Cantores de Morelia, el Ballet Folclórico de San Luis Potosí, la Estudiantina Oratoriana, la Tuna Sanmiguelense, la Estudiantina de Oro de La Universidad de Guanajuato, fueron algunos de los grupos artísticos que bajo su elección se presentaron en este lugar. Fue idea suya salir de callejoneada, al final de cada presentación musical, como en su querido San Miguel, cosa muy desconocida para nosotros. Pero no faltaron las personas que siguieron a las estudiantinas, ni los adolescentes que, deslumbrados  por los trajes refulgentes de los músicos, también los acompañaban  por las  calles, con las mejillas arreboladas y los ojos chispeantes por la emoción. De las puertas y ventanas se asomaban caras sorprendidas por el desfile multicolor y extrañadas por la hora: ¿Que habrá que festejan?  Era el canto de alegría, los acordes de las guitarras, las sonoras cajas de las mandolinas despertaban la nostalgia tanto tiempo adormecida  de los oyentes, las palmadas en los panderos así como el golpeteo de las castañuelas que tanto me recordaban mi niñez. Con estos recorridos y presentaciones musicales, que quedaron en el recuerdo  de quienes lo vivimos, se despertó el entusiasmo de un grupo de jóvenes y  el amor a la música. Como no queriendo, ensayando y ensayando, se llegó el  debut de la rondalla Citlalli que no fue cualquier presentación, la Maestra Rosario se preocupó de que lucieran en toda su varonil juventud; los trajes bien cortados, hechos a la medida en un sutil  y escogido color blanco; las bien acopladas voces y los limpios acordes de los instrumentos formaban un coro de alegría natural que los  hacia verse como etéreos.

Ella compaginaba estas actividades con otras propias, herencia de su Papá don Silve. Tenía una gran devoción a la Virgen de los Dolores. Un día antes del viernes de Dolores, estaba en plena actividad preparando rompope y galletas para ofrecer a quienes fueran a visitar a su Virgen. Recuerdo que años atrás, cuando vivía su Papá, elaboraba un tapete de aserrín y azúcar al pie del altar. De  él  debió heredar sus talentos para conjuntarlos con su propia sensibilidad. En sus últimos años mandó hacer un Cristo, una bella imagen que realizó el escultor  sanmiguelense  Genaro Almanza , la llamó Señor de Todos Santos ya que era la fecha en que lo festejaba con cantos de su querida rondalla. Este Cristo  se encuentra depositado, así como la imagen de la Virgen, en el hogar de una piadosa familia de esta ciudad. Tiempo después me enteré que llego aquí con su familia en 1960 para hacer de Comonfort su segundo hogar.
Murió en la ciudad de Irapuato el 8 de Noviembre de 1995 bajo el amparo de su familia. Antes de su muerte dejó precisado como quería su funeral. Se llevó a cabo en la ciudad de San Miguel que tanto amó y que la vio nacer. Su epitafio tiene  la  estrofa de una canción de su autoría que  la rondalla Citlalli se encargó de interpretar en su funeral

PAGINAS DE UN AYER…
¿A DÓNDE HAN IDOAQUELLOS QUE CRUZARON POR MI SENDA?
EN EL OLVIDO PLUMAS DESECHAS DE UN ANTIGUO NIDO QUE EL HURACÁN DIPERSÓ.  
                                                                
Desgraciadamente no se conserva toda la letra de tan bella melodía, pero su legado cultural está presente en tan significativas fechas.


Descansa en paz, Maestra Rosario,  tu esfuerzo tuvo recompensa, no se quedó en el olvido.

Ma. Guadalupe Nieto Araiza

La Maestra Rosario Gómez Olvera

 
Puede ser que usted, amable lector, conzca al Profesor Antonio Sánchez Ladino y asocie su persona con las Bandas de Guerra en el municipio, quizás haya sido su maestro en primaria o secundaria; tal vez haya leído alguna narración o poema de su autoría. Siendo el profesor Sánchez Ladino tan activo desde hace ya tantos años acudía a entrevistarlo a su domicilio, allí me platicó de su vida y su constante motivación por el estudio y la superación. Transcribo la entrevista tal cual, suprimiendo mis preguntas  y esperando que, como yo, encuentre el relato del profesor Antonio, no sólo interesante sin ampliamente motivador.

PROFESOR ANTONIO SÁNCHEZ LADINO
Yo nací aquí en Chamacuero  (me gusta mucho llamarle Chamacuero), nací en esta misma calle, la calle de Guerrero, en el número 36. Mi padre era del estado de Querétaro, de un rancho llamado Pie de Gallo, pertenece seguramente a Santa Rosa Jauregui.  Ese rancho es digamos del tamaño de Neutla. Mi madre era de aquí, ella perteneció a la familia Mota, alguien de su familia se apellidaba Mota, aunque mi madre se apellidaba Ladino Venado.  Nací en 1939, ya tengo mis buenos años.  Cuando yo despierto a la vida, recuerdo que mis padres fueron muy pobres, mi padre era campesino, él trabajaba los tiempos de aguas, en el campo, hacía su milpa y llevaba mucho maíz y frijol para la casa. Después de que ya cosechaba y había qué comer (según él), se dedicaba a traer leña, era leñerito y yo de ahí dependo, de ese leñerito. Y no me avergüenza, ¿por qué?  Desde niño me tocaba acompañarlo al cerro, de unos siete años me llevaba a las mondas, es decir al trabajo, y sí me obligaba un poquito, era recio mi padre y se lo agradezco porque así  he aprendido a valorarme y valorar a los demás. Por ejemplo, cuando me encuentro con un campesino yo lo sé valorar perfectamente bien porque sé lo que se sufre. Yo fui todavía de las personas que, incluso, sufrí hambres, no porque no hubiera qué comer sino porque íbamos muy lejos, a veinte kilómetros de aquí, a las minas (esos cerros que están de aquí a San Miguel del lado derecho,  al fondo). El trabajo, consistía en ir a su milpa, no había tractor ni lo hay ahora, se tiene que usar yunta, ese lugar era rústico y lo sigue siendo. Me enseñó a sembrar y si no sabía sembrar me arrimaba un quelitasillo porque no sabía hacerlo. Pero sí fui a la primaria. También me ponía a hacer leña, cortando ramas o troncos de árbol seco - la tala siempre ha estado prohibida-, los palos secos se hacían leña y se traía en burros. Yo mismo fui repartidor de mi leñita con mis burros. Si las calles de veras nos hablaran…  todas nuestras calles, mañanas y tardes se veían asistidas de chivas, borregas, burros, caballos, vacas, ganado mayor, se veían desfilar por todos lados y nosotros no éramos la excepción; mi padre nada más tenía sus burros de trabajo. A veces íbamos y  volvíamos en el mismo día, pero había que salir a las cinco de la mañana, a las doce del día cargar y regresar y llegaba uno aquí a las cinco de la tarde a vender su leña. Y cuando nos quedábamos allá, nos quedábamos a campo raso, al pie de un árbol. Mi papá en su milpa tenía un jacalito de romerillo, ahí nos dormíamos, anochecíamos y amanecíamos. Al llegar se vendía la carga completa de  cada animal, a veces estaba de encargo o a veces se sacaba para "Placearla" y cuando rápido se vendía una carga  andaba uno montado en el animal que se desocupaba y arriando a los otros. Pero las calles se prestaban para eso, no había automóviles, era uno dueño de las calles a pie, no había estorbos como ahora.
Mi primaria  tuvo una oscuridad y esa oscuridad se debe a que  falleció una hermana mía cuando yo tenía once años. Me retrasó. Mis primeros años, incluso hasta kínder tuve,  con un famoso silabario de San Miguel que era muy divertido.  Ingreso a la escuela Manuela Taboada  a finales de los años cuarenta.  Estando  yo en 4o. grado tenía 11 años de edad y en ese año (los exámenes de entonces eran el mes de noviembre, de acuerdo con el calendario  anterior) tengo presente que mi examen iba a ser un 22 o 23 de noviembre de 1950.  El día 21 de noviembre llega un telegrama urgente a mi madre, donde le confirman o le dicen que estaba muy grave una hermana mía, ella se preparaba para vender su atolito y sus tamales en la fiesta de Los Remedios. Ella dijo, vámonos Antonio, examen no vas a presentar, vámonos. Por lógica no me podían promover al siguiente año.  Como mi hermana falleció mi madre se quedó allá en México y me mandó a que yo solito fuera a la escuela, como si de once años yo  pudiera ser responsable de eso, llegué solo y me volví vago; no tenía gobierno sobre mí mismo  y, como el animalito, se va uno hasta donde le suelten la rienda. Por lógica no asistí al escuela correctamente, cómo me iban a promover. Reprobé el primero por falta de examen, el segundo por falta de asistencias correctas, después regresó mi madre, me atendió y al siguiente año todo fue normal seguí aprobando, nunca más reprobé un año escolar, quizá mal calificado pero nunca reprobé un examen, ni de niño ni ya grande.  Yo hubiera salido de unos trece años, como me retrasé dos años salí de quince años, a esa edad era yo pleno leñero, mi padre llegaba de trabajar y yo salía de la escuela y coincidíamos, y mi padre me decía ándale Antonio, ya saliste de la escuela, vete a entregar esta leña, entonces el maestro me conocía como leñero. Cierto día, el maestro se puso a preguntar a todos cual era el prospecto que teníamos para mejorar nuestras condiciones de vida. A mí me apenó mucho en ese tiempo, porque yo sabía que no tenía que contestar. Nos fue preguntando como estábamos sentados, éramos cuarenta o cuarenta y cinco, cunando llegó mi turno, me puse de pié y ni siquiera me dejó levantarme me dijo: "Siéntese, siéntese, usted qué podrá llegar a ser en la vida, para ser leñero no se necesita certificado" y todos soltaron la carcajada, todos.  De pronto sí me importó y me dolió pero eso se me ha quitado con el paso de los años, pero todos los traumas a los que es susceptible el ser humano, los he superado en forma muy personal  a base de reflexión he tenido reflexiones suficientes y necesarias de buen nivel, pero las he hecho hasta ahora que tengo un humilde nivel de preparación, pero me ha servido para superarlo. Cuando yo termino mi primaria me quedé al garete, como  se decía en Chamacuero, como la pluma en el aire, sin saber qué hacer. Entonces no había recursos para mandarme a la secundara, en ese entonces nadie la estudiábamos aquí en Comonfort; de las personas con recursos si acaso uno de ellos iba a Celaya a la secundaria. Cuando yo me quedo así me llevan al campo más acentuadamente. Pero mi madre, y le agradezco mucho que me defendiera, le dijo cierto día a mi padre: "Mira, tú estás acostumbrado a llevarte a todos tus hijos a la friega, a lo que tú sabes; este muchacho -se refería a mí - déjamelo aquí, ya cumplió su primaria" (yo fui el doceavo hijo y de los doce el único que estudió la primaria).  Mi padre se enojó mucho y dijo que me quedé de faldero, refiriéndose a que estaba pegado nada más de casero. Y me dijo mi mamá: "Ayúdame aquí en lo que puedas, pero sí vete a la leña" y me mandaba cerquita, aquí muy cerca, por ahí del panteón ya encontrabas  donde recoger leña. Yo cooperaba con eso, mi padre no aportaba ya leña para la casa.
Rápido se encontró mi mamá de que me enseñaran, a la moda antigüita, a estudiar  taquigrafía y mecanografía. Por cierto, yo sigo utilizando la máquina. Esa era la modalidad de entonces para mejorar un poquito. Estudié eso. Un día pasé por la primaria y aquél maestro que me humilló porque era yo leñero me vio y se sorprendió al verme, algo me vio que le llamó la atención, me dijo "Toño, ¿qué andas haciendo, a qué te dedicas?,  Le contesté: "Pues pasé a visitarlos, estoy estudiando taquigrafía y mecanografía. Se sorprendió mucho: "¡Cómo¡ ,  ¿tú estudiando? Caray, cómo se equivoca uno. Quién lo hubiera pensado". Era la dinámica de entonces para echar andar a uno y hacerlo servicial: Taquigrafía y mecanografía, como ahora computación. Un recurso que me valió para ser trabajador de presidencia municipal. Me remonto al año de 1956, tendría diecisiete años; así de chamaco, durante dos meses me pagaban a razón de dos pesos diarios, me daban sesenta pesotes al mes y yo me sentía gratificado porque si en mi casa no tenía nada, sesenta pesos nadie me los daba. Y en aquel entonces con dos pesos ibas a la carnicería y hasta con un peso de bisteces almorzabas. Pero el día 13 de junio de 1956 -y por ahí conservo el nombramiento- me nombran auxiliar del delegado de Empalme Escobedo. El presidente municipal José Hernández Camacho, una persona dinámica que me supo entender, me nombró con el salario de siete pesos diarios, ¡Ave María Purísima, Válgame Dios ¡, si con un peso se compraban bisteces, con siete pesos  diarios tuve para empezarme a vestir y calzar.  Yo todo mi salario lo entregaba a mi mamá, si acaso me quedaba con diez pesos para mí, pero la primera raya le aparté y le dije: "Le voy a dar a mi papá cincuenta pesos". Un día llegó de trabajar y me dijo: "Qué equivocado estaba yo,  pues mira donde estaba tu suerte y yo te quería hacer campesino  como yo, muchas gracias, hijo, Dios te bendiga y te socorra"  y me abrazó.  Duré algo de tiempo trabajando en presidencia, todos los presidentes municipales me tuvieron mucho afecto.  Yo siempre fui silencioso, callado y muy honesto. En la modalidad antigua el presidente y los delegados hacían justicia de robos de allanamientos de morada, y yo era el que me encargaba de esos hechos en Empalme Escobedo, los delegados municipales e incluso los presidentes me tenían mucha confianza. De tal manera que lo que yo decía en justicia eso era, me imagino que me encontraron nivel de responsabilidad, porque me confiaban, me decían: "Tú arregla ese asunto, y lo que tú decidas yo firmo.  Decidí tomar otra ruta, deslindarme del gobierno municipal, me deslindé en 1972. En octubre del 72 entré  como  empleado administrativo en la secundaria. Ya antes yo era maestro de educación física en la Taboada por la tarde, a las cinco de la tarde entraba a trabajar en la primaria. En la secundaria, además me comisionaron como instructor de la banda de guerra.

El profesor Antonio Sánchez, exactamente al centro de esta imagen.
Es muy añeja mi relación con las bandas de guerra. Me remonto al año 1950, precisamente iba yo en 4º de primaria, aunque desde los siete años de edad me emocionaba mucho ver una banda de Guerra, me iba siguiéndolos, me le escapaba a mi mamá siendo chiquillo hasta que los perdía a la entrada de la escuela. Me cegaba totalmente la presencia de una banda de guerra, llegaba a casa y repetía lo que había oído, buscaba una lámina unas baquetas con cualquier varita y me ponía a tamborear, tan, tararán-taran,  y a voy y voy,  unos tres años que hice eso; yo ponía a los niños de mi tiempo, con botes colgados y con mecates para hacer una banda de guerra, esa era mi costumbre, después de lo que veía lo imitaba hasta que me decían: "Tú estás loco, ya no jugamos a eso". Se cansaban y era lógico. Por eso cuando ingresé a la banda ya iba yo enseñado: cierto día de 1950, no sé la fecha exacta, pero del año que ingreso a la banda, le dije a un muchacho: "Préstame tu tambor, yo sé tocar", me contestó  "Métete a la banda, que te enseñen; qué vas a saber ni qué nada". Pero insistí:   "Préstamelo, yo sé tocar" Me lo puse, agarré las baquetas como pude y le toqué el paso redoblado. Asombrado me preguntó: "¿Dónde lo aprendiste si no estás en la banda?"  El maestro de banda de guerra y educación física era Antonio González Carracedo, le hablaron: "Maestro, mire, este muchacho sabe tocar y no está en la banda: "A ver, muchacho, ponte el tambor y toca". Lo repetí y me dijo: "Ah caray ". Me llevó al salón y le dijo a la maestra; "Maestra, este muchacho sabe tocar, lo necesito en la banda" Y así entré a la banda, no voy a decir que nunca necesité de maestro, sí me sirvió mucho, pero no tengo la culpa de haber sido adelantado. Pero, así como aprendí el tambor aprendí a tocar corneta, tocaba corneta en unos tubos de agua, los hacía cambiar de tono y un día, otra vez  le dije a un muchacho: "Préstame tu corneta, yo sé tocar".  Me contestó "No, qué vas a saber, el tambor puede que aprendieras, es una cosa, pero la corneta es otra cosa, es más difícil" Toqué  y otra vez llamaron al profesor: " Maestro, este está en tambor y sabe tocar corneta". Me puso a tocar el paso redoblado y dijo: "Ah, muchacho,  tanta falta que hacen las cornetas y tú tocando tambor".  Me cambió a corneta, seis meses estuve en tambor y de ahí en adelante, solamente corneta y toda mi vida sólo corneta. Pero mi inquietud no paró ahí, cuando el maestro se tardaba se me ocurría tomar la iniciativa, marcarles el paso redoblado y darles las órdenes. Hasta que el maestro me sorprendió y me dijo tú vas más allá, ya vi como das las órdenes,  muchachos, de ahora en adelante Antonio es el sargento de la banda de Guerra, todos lo aceptaron, incluso había muchachos tantito más grandes que yo y no protestaron.
Tanto le agradó mi trabajo al instructor de entonces:   Antonio González Carracedo, que me invitó a colaborar con él. La directora Felicitas García Espinoza me tuvo una confianza desmedida, y ahí permanecí desde la primaria, ahí me crié. La Taboada fue mi segundo hogar, no me retiré hasta que me nombraron maestro, los años 55,56,57,58 ahí estuve como extra. Previamente en el 57 ya había yo formado una banda de Guerra en Empalme Escobedo, aprovechando que yo trabajaba para presidencia. En la escuela Héroe de Nacozari me hice Amigo de la directora de entonces que se llamó Domitila Vázquez (hay hasta un biblioteca en Escobedo que lleva su nombre). Me pidió que enseñara a sus muchachos; ahí fue mi primera banda de Guerra.
En fiestas patrias, 13,14, 15 y 16  de septiembre yo celebro aniversario  de ser instructor de bandas. Si los empedrados hablaran… aquí donde estuvo anteriormente la biblioteca, por ahí enfrente presenté mi banda. La traje muy uniformada, válgame, de peluche en su tiempo. Antonio Gonzáles me dijo cuando los vio bajar de las camionetas: "Ah, canijo Barnéy, sí la traes bien bonita tu banda" Eran seis tambores siete cornetas y yo. Tocamos varias marchitas de las que él mismo me había enseñado. Me dijo: "'Pues sí apantallas, los enseñaste a todo dar, Toño. Mis respetos, ya te hiciste instructor también" Sí, le dije pero ya sabes que de ti llevo la enseñanza, lo agradeció y se congratuló conmigo. El presidente de entonces, José Hernández García me felicitó mucho. Ahí me hago protagonista de estas cuestiones de banda de Guerra, ahora ya casi no hago nada, hace poco  la última banda que organicé fue la de la escuela Tresguerras. Ahora estoy con pequeños de jardín de niños, vieras qué curioso es atender a esos niños y qué bonito lo hacen, pero cuidado, una maestro a ese nivel debe saber y si no mejor que no se sepa, hay que ser psicólogo para saberlos entender. En primaria puede que le hagas un reproche pero a este nivel no. Hay que saber canalizarlos en sus inquietudes: En plena instrucción se sale un niño de la fila y va y te dice: "Profe, profe, me trajeron los reyes una sonaja". Imagínate si no te pondrá de nervios una noticia de ese nivel, por eso hay que saberlo hacer, pero es muy bonito.  Me entregaron un reconocimiento, yo les doné mi año escolar sin cobrar. Yo siempre lo he hecho con todo desinterés, nunca hemos cobrado por tocar, pero si nos quieren dar algo les pido para unas baquetas, un tambor, una corneta. Ahorita tengo una banda y acudo a algún evento si me invitan y llegamos a un acuerdo. Pero no es cuestión de dinero. 
Yo comencé a ser profesor de educación de física en el año 58,59, pero cuando ya fui treintón me llegó la reflexión de que como profesor de educación física yo nunca iba a prosperar, de que me iba a hacer viejito ahí y concluí que sólo estudiando, porque cuando yo no pueda ya ni caminar al menos me pongo en una mesita a escribir. Esa fue la idea  y en 1974  tomé los libros y me fui a la secundaria, siendo profesor de educación física.  Acudí de diario a la escuela que constituyó Maximiliano Juárez Galván: la secundaria Gral. Felipe Ángeles. Y ahí estaba yo, de treinta años y ellos chamacos de catorce o quince. Muchos de ellos me decían : "Ah profe, usted viene a estudiar también, entonces usted no es maestro". Porque yo les había dado educación física en la primaria, pero era profesor de nombramiento, no de título. Yo les decía: "Mira muchacho, yo vengo a estudiar para titularme, pero si no me quieres decir profesor me llamo Antonio Sánchez Ladino, ¿qué te parece?  Uno de ellos Llegó a decirme: "Maestro, a mí no me importa si usted viene a estudiar o no, para mí usted es el maestro". Otros no: "Entonces usted es don Toño" Sí, dime como quieras, me tiene sin cuidado.  Así como tuve compañeros muchachos en la secundaria, lo mismo me pasó en la normal primaria. Yo corrí con mucha suerte, en el año que estudié la normal primaria, y me remonto a 19 77, se constituyó por el gobierno del estado, una "Normal para maestros en servicio no titulados". Por eso me doy ese lujo de ser normalista, en sistema sabatino completábamos un semestre; en dos meses de vacaciones completábamos otro semestre pero asistiendo diario. Pero también coincidí con chamacos. Yo no sé y no acuso a nadie, me imagino que había algo raro de parte de los organizadores, porque ¿cómo se explica que unos chamacos acabados de salir de secundaria fueran a esa normal primaria?  Era normal primaria para maestros en servicio no titulados. Se supone que hubiera habido gente solamente adulta, había muchos adultos pero había también chamacos, pero ahí fue donde comencé a adquirir el perfil de maestro. Tengo muy presente que cuando llego yo a la normal primaria  iba muy santurrón: a estudiar y solamente a estudiar. Cuando yo llego a Guanajuato me toca hospedarme con tres jóvenes, yo viejo de 39 y ellos chamacos de 20, 19, por ahí  nos designaron el lugar donde nos íbamos a quedar: Cama personal y una mesita de trabajo para cada quien. Nos hospedamos a eso de las cinco de la tarde. Todos los muchachos arreglaron sus cosas, yo igualmente. Me dijeron: ¿usted es maestro en servicio? Sí, estoy en servicio pero no estoy titulado, vengo a estudiar como ustedes, "Pero pos nosotros no estamos en servicio" me dijeron. Ahí fue donde me di cuenta, me explicaron un poco: "Yo vengo porque mi papá es supervisor, yo porque etc., etc.", Bueno, pues si esa suerte tuvieron, qué bueno. Se empezaron a aliñar, a peinarse, y hasta eso me dijeron: ¿Qué, profe, viene?, lo invitamos al cine".  Les contesté: "No, muchachos, en eso están ustedes equivocados. Váyanse ustedes, yo vine a estudiar no a hacerme tarugo". Así les contesté, después reconocí que fue un error, pero en ese momento fue un acierto. Salieron a las seis de la tarde y me pareció que a las nueve de la noche estarían de regreso en casa. No, qué esperanzas, dieron las diez de la noche y en aquellos cuartos anticuados, enormes altos y yo solitario ahí, experimenté lo que debe de ser el forjarse maestro, ahí es donde estudié, en el aula obtuve técnica, pero esa soledad me dio la práctica, dio la media noche y estos fregados no llegaban y me pregunté y me contesté lo siguiente: "Antonio: ¿A qué viniste a Guanajuato? ¿A estudiar o a hacerte tarugo también?" Y me pregunté y me contesté rápido: "A las dos cosas". Porque así es para todo nivel. Yo expresé que iba a estudiar y no a hacerme tarugo por inexperto, pero en unas cuantas hora me percaté que esta vida exige cosas útiles y también cosas vanas, porque quienes fueron estudiantes, en muchos niveles saben bien lo siguiente ¿no es cierto que cuando nos avisan que un maestro no llegó y nos podemos ir, nos da gusto, júbilo y hasta aplaudimos? Eso es, por eso reflexioné y dije: Tengo que ver algo, alguna vez me llevarán a n paseo, a una cuestión social, va uno también a hacerse tarugo un ratito. Ya después también iba al cine con ellos, pero todo a su tiempo, cuando era necesario sí los metía yo en gobierno: "Muchachos, no, por ahora no, tenemos examen, si quieren lárguense, pero entonces mejor me retiro yo de aquí". Y recapacitaban y se quedaban.  En la secundaria pocas veces compartí los juegos con los compañeros, salía de clases y me iba a mí casa, incluso me tocó ser presidente de la sociedad de alumnos. De alguna manera me distinguí en ese sentido. Terminé la normal primaria en 1981 entonces Maximiliano Juárez Galván, Q.E.P.D., maestro de un alto nivel académico, me dijo: "Toño, ya cumpliste la normal primaria, ándale vete a la normal superior". Yo ya no quería estudiar la normal superior. Max era secretario del ayuntamiento y daba clases en el complejo Ignacio Allende, me dijo: "¿Ya no has ido al complejo?"  No, Max, ya no pienso ir. "¿Cómo que no?, ya hiciste la normal primaria, con normal superior te va mucho mejor". Para quitármelo de encima le dije, sí quisiera pero no tengo dinero ni para la inscripción. Me entregó el importe de la inscripción en ese momento aclárandome que luego se lo pagara. Se los recibí para que saliera la disculpa, al día siguiente se los pagué porque no era justo, me inscribí y ahí estoy en la normal superior. Al siguiente semestre ya no quería yo ir tampoco. Ya no vino el maestro Maximiliano, vinieron los compañeros de estudio de allá de la normal superior: "Profe: ¿´por qué no lo vimos hoy?"  Ya tocaba  a mi suerte ese  prospecto de haber hecho un estudio medio superior, porque cuando dije que no tenía para la inscripción, ellosz se cooperaron y me pagaron la inscripción. Otra vez les devolví su dinero. Al tercer semestre ya no hubo necesidad de que me llamaran, ya fui yo solito a inscribirme. Incluso hubiera estudiado un poco más pero en ese tiempo ya se presentaron los problemas de atender a mis hijos, los estudios de maestría en ese entonces eran muy caros.   Cuando estaba en la normal en Guanajuato descubrí que todos mis compañeros ya tenían plaza, por sus relaciones. Con ese conocimiento fui a Guanajuato a  inconformarme amablemente con el entonces Director de Educación Pública de Guanajuato. Me contestó: "Termine sus estudios, ahora que se titule le cambiamos la plaza". No le contesté, me salí y me encontré con una persona que también pesaba en su tiempo, le platiqué y me instruyó que solicitara otra vez mi plaza. El señor era jefe de estado mayor presidencial.  Él me dijo: "Usted tiene derecho a su plaza, si muchachos de secundaria ya la tienen, usted tiene más antigüedad, vaya, pídala, lleve esta tarjeta y muéstrela sólo que lo quieran hacer menos". Fui de nuevo, y el director no me quería recibir, insistí y cuando me dijo que no tenía plaza le dije: "Mire licenciado  (era un tal Rayas), yo no vengo a pelearme con la autoridad, pero si yo no tengo derecho que voy en segundo grado de instrucción primaria y tengo trece años de antigüedad, eso sí quiero que me diga, sin pleitos de ninguna índole ¿con fundamento en qué, a alumnos de secundaria sí les han dado plaza? Y tengo pruebas". Llevaba u n talón de cheque de uno de ellos.  Se quedó callado y me dijo: "Mire, maestro, sí tiene usted  razón, pero pues… es que a veces me mandan órdenes de allá arriba". Dije: "Bueno, si eso quiere usted eso hago si usted quiere, ahorita voy y le traigo una tarjetita de esas que pesan".  Llamó a uno de sus gentes: "Ingeniero: hágase cargo del asunto del maestro, a ver dónde se le coloca". Yo pensé: ya gané. Al  ingeniero sí le mostré la tarjeta: Mire lo que iba a pasar.  Me dijo: "traías un explosivo. Eso es una orden.  Se te va a dar plaza, pero no nos digas donde. Vienes bien enojado, hasta cambiado de color a hablar con el Director General" Le contesté: "Discúlpeme, pero es una injusticia que a muchachos de secundaria les den plaza y a mí en segundo año y con antigüedad todavía no.  Así me hice de mi plaza de primaria.  Me jubilé con treinta y un años de trabajo, pero cuatro no me los reconocieron por no sé qué cosas sindicales, pero fueron treinta y cinco años en primaria y telesecundaria.  Y ya jubilado trabajé en el CECyTEG otros cinco años y algunos interinatos por ahí,  ya acumulados fueron cuarenta y cuatro años de docencia. Duré casi veinte años al público con mi academia comercial y estoy muy satisfecho. Si alguna satisfacción tengo es esa. De mi humilde enseñanza, y aunque fue de nivel comercial, pegó la actividad y redundó en provecho de la población. Cuando empecé a expedir los diplomas, se llevaron a bastantes de ellos a diferentes trabajos.  Por ejemplo, aquí en el MP, con llevar su certificado de primaria y su diploma comercial de aquí los admitían en el empleo. Y eso me da mucho gusto. O ¿qué no tendrá valor colaborar con alguien para que tenga empleo? En secundaria por igual, aquí en la telesecundaria está una señorita  que admitieron  por su diploma de aquí. Eso me da mucha satisfacción.   Y hay muchos casos, por ellos vivo una satisfacción preciosa  de "Circuito cerrado".
De toda mi vida he escrito. Escribí esto porque después de mi infancia muy pobre,  raquítica hasta cierto punto, no me falto comida, pero raquítica en el vestir, en el calzar. Yo fui descalzo hasta los once años…  porque voy a tener vergüenza de decirlo si mi padres  eran pobres, algunas personas, mis vecinos,  cuando yo tenía seis años me decían, "Ay, niñito, qué irás a ser tus papás tan pobres"  Yo de niño qué sabía de pobreza, esta uno ajeno a la advertencia, pero ya cuando iba a la escuela empecé a advertir, entonces sí,  y precisamente cuando iba en cuarto grado, entre los diez, once años cierto día me llegó una reflexión. Previamente le pedí permiso a la maestra y no me quería dar permiso, pero yo estaba presto en ese rato para decir lo que yo quisiera, pero por escrito  y escribí:

Tengo que decirlo,
tengo por contarlo;
si bien de malo nada tiene
y no puedo negarlo.
Esto es muy cierto:
a mi infancia, dicha y vida
mucho le ha costado.
Ayer al templo del saber llegaba
sediento sin cesar, ahogado,
salida en fin no le encontraba
al centro del saber tan ilustrado.
Oh trance de mi infante vida,
fases de luna que ofrezco a la tierra,
si la claridad se me ha dado
por qué no alumbrar la tierra.

Eso fue lo que se me ocurrió, no sé qué tanto tenga de poema, que  le dé el calificativo otra gente, no yo. Sigo escribiendo siempre lo he hecho. Por lo menos completo dos libros de narrativa que tengo en borrador.
Ya he platicado el sobrenombre que tengo, salió al calor de los juegos, recuerdo que nos lideraba Juan Delgado grande. Éramos chicos entonces, somos de la edad él y yo. Seguramente por su posición económica y social nos lideraba, estuve muy ligado a él, sería por serle servicial. Él se valía de mí, me decía: "Oye Toño, ¿te arriesgas a ir a Celaya? quiero que me traigas unos cuentos, de  La Pequeña Lulú, de Tarzán…" El traía dinero, mucho dinero, porque  traer cien pesos entonces…  a mí me daba veinte o treinta pesos para que le fuera a traer cosas, de ahí pagaba lo que le traía y pasajes, y era un buen bonche de cosas, seis siete cuentos. Nos lideraba, compraba los valones (costaban treinta, treinta y cinco pesos, carísimos quién iba a tener para eso) y jugábamos futbol), Cierto día dijo, "A ver, entre todos los que estamos aquí vamos a ponernos un sobrenombre: Tú vas a ser Judas, tú el perro, etc., etc."  Y, no sé si sería por los cuentos que compraba,  dijo:  "Y  tú… vas a ser Barnéy".  Todos soltaron la carcajada, así que un sobrenombre que nació al azar. De todos los apodos de aquél día a mí fue al único que se le quedó. No me ha molestado nunca, hasta pensé en utilizarlo como seudónimo.
Yo este año voy a cumplir cincuenta y siete de ser instructor de bandas de guerra y me siento profundamente satisfecho. Hoy hay otros grupos, digamos otra generación de bandas de guerra, todas las profesiones que existen, abogados, ingenieros, arquitectos, etc., los felicito mucho pero creo que las funciones del ser humano no radican en qué títulos o cuántos títulos tengas, para mí la importancia del ser humano radica en dar un buen servicio a tu pueblo con lo que tú sepas hacer, eso es lo que me ha importado a mí. No otra cosa, para mi fortuna todavía Dios me dio licencia de titularme como profesor. Si alguien me quiere menospreciar en mi trabajo que yo he hecho estaría en todo su derecho pero yo me siento muy satisfecho de los cincuenta y siete años como instructor de Bandas de Guerra y cuarenta y cuatro como docente. Sin embargo nadie me debe nada, pero si en el día postrero de mi vida alguien me quiere dar algo en recompensa de esto, yo les pediría, que cuando me lleven a misa, ahí afuera de la iglesia, en esa plazota cívica  y sin tanto protocolo , me digan una oración fúnebre, ¿por qué no? Eso es lo que pido, ese es el mejor reconocimiento que pido en forma póstuma.

El profesor Antonio Sánchez Ladino

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Cuando consideré las secciones que podría contener este espacio electrónico, una de las que más indispensables me parecieron es la que denominé Personas y Personajes; creí  que sería de la más elemental  justicia hablar y, en la medida que también así fuera, dar a conocer la labor y la vida de muchos comonforenses, el único requisito que me pareció ineludible es que fueran nacidos en este municipio.  Muy pronto me percaté que tal requisito era fácilmente prescindible cuando las personas en cuestión habían vivido muchos más años en Chamacuero que en sus propios lugares de origen o cuando la trascendencia de su labor hace más que irrelevante el hecho de que no hubiesen nacido en Chamacuero.  Un caso muy específico de lo anterior es el del Sacerdote Francisco Nambo Calderón, que no nació en Chamacuero ni vivió la mayor parte de su vida en este municipio, pero cuya labor en beneficio de todos nosotros es de sobra conocida.
 
El Señor Cura Francisco Nambo Calderón
Primeramente, realizó la ampliación del  Templo de Nuestra Señora de los Remedios, este templo no tenía originalmente planta de cruz latina, sino de una sola nave; no tenía  transepto, crucero,  ábside ni cúpula.  Bueno ábside si debió tener, pero para ser menos técnico y más claro, le diré que el templo llegaba hasta donde lo indico en la imagen siguiente.  Y así como lo indico el retablo barroco se localizaba en el ábside. 
Cuando se interviene una edificación tan antigua (se estima que el templo data de 1730) es muy fácil dañar lo existente y, sobre todo, construir algo notoriamente ajeno a la construcción original. Estas modificaciones suelen evidenciar un cambio de materiales, de diseños y de la concepción misma del espacio arquitectónico.  Tampoco crea usted, amable lector, que imitar el estilo, el diseño  y las técnicas constructivas del pasado es algo fácil.  Ni los materiales, ni la mano de obra pueden ser las de aquellos años.  Así que quien dirige una modificación de esta naturaleza tiene que encontrar el equilibrio entre lo que se ha de construir nuevo, el apego a las técnicas constructivas tradicionales y el respeto a la edificación existente.  Más aún, algunos criterios de restauración o remodelación sugieren que no se debe tratar de imitar lo anterior, mucho menos el deterioro natural de estos elementos. Es decir, si una columna de cantera presenta un desgaste en su superficie, las nuevas columnas no deben tratar de "avejentarse" para que luzcan similares. 

Sin embargo,  la ampliación del templo de Los Remedios es fascinantemente acertada, porque si uno no llega con el conocimiento previo de que este templo fue ampliado, la armonía entre ambas edificaciones (la original y la nueva) le harán creer que este es el diseño original del templo.  Cuando uno ya  sabe de antemano de esta intervención, busca las diferencias entre una etapa y otra y  las encuentra, pero no nota ninguna falta de armonía entre ambos.  Tan es así que el retablo barroco de mediados del siglo XVIII se integra armoniosamente en el ábside actual del templo. Sí, si uno lo analiza detenidamente sí puede creer que algo no quedó bien ensamblado. Sin embargo, haber retirado el conjunto para volverlo a ensamblar en su nueva ubicación, no sólo es una labor complicada y, en este caso, muy bien llevada a cabo, sino que el solo hecho de decidirse a conservar este elemento ya habla de un conocimiento muy amplio y una gran sensibilidad arquitectónica. Baste recordar los muchos retablos barrocos que fueron destruidos, en ocasiones con argumentos tan insostenibles como decir que el barroco era demasiado impuro ¿?

Un ejemplo de lo que mencionaba arriba es el siguiente: Las bóvedas originales son de piedra y están recubiertas con algún tipo de aplanado.  Las bóvedas en el área nueva tienen una cara aparente de loseta de barro.  Aun así el contraste es armonioso, lo mismo sucede con los rosetones en los arcos nuevos.

Esta modificación fue realizada entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Aunque así me lo han comentado muchas personas e, incluso, recuerdo el asombro con que mi madre describía este trabajo al conocerlo, me di a la tarea de buscar alguna evidencia. Encontré una fotografía del templo donde no existe la cúpula, ni el transepto.  Para ser congruente la muestro con una imagen actual más o menos del mismo punto de vista. Este dato de paso nos permite ubicar esta fascinante fotografía en  una época anterior a 1968, aunque bastaba observar la indumentaria de los presentes para saber que la imagen es muy antigua.

Francisco Nambo nació en Pátzcuaro,  Michoacán el 17 de septiembre de 1912,  fue hijo del Sr. J. Jesús Nambo  y la Señora Ma. de Jesús Calderón. Fue bautizado por su tío, Rafael Nambo, que en ese momento era Abad de la Basílica Colegiata de aquella ciudad. El nombre completo que recibió en la pila Bautismal fue José María Francisco Tomás Macedonio del Corazón de Jesús. Y, al margen de que sea un poco largo, me parece un nombre casi premonitorio de su vocación sacerdotal.

Ingresó al seminario en Morelia Mich., en 1924.  El 26 de mayo de 1934 recibió el diaconado. Se ordenó Sacerdote en 1935. Fungió como Vicario en diferentes lugares hasta 1952 en que fue nombrado Párroco de Huandacareo, Mich. Luego lo fue de Tlalpujahua , Mich. Finalmente, el 12 de marzo de 1965, fue nombrado Párroco de Nuestro Pueblo. Es  decir que para cuando llegó a Chamacuero tenía 53 años. Estuvo más de veinte años ejerciendo su labor eclesiástica en la Parroquia de San Francisco, hasta su fallecimiento el 2 de julio de 1985.
La modificación consistió en agregar a los dos tramos de nave central original otros dos y un transepto, es decir un tramo transversal de nave a cada lado. Por supuesto esto ameritaba una cúpula central.   En las imágenes siguientes ilustro la configuración anterior y la actual:
Claro que mucho más fascinante me parece la siguiente imagen, con los diestros trabajadores de la construcción que posan en las alturas, como no queriendo,  para la foto, pero sobre todo, con el padre Nambo parado sobre la Clave del primer arco de las nuevas naves, con todo el simbolismo que ello encierra, confiado en el éxito de la ampliación, incipiente en esos momentos. (Sí, me emocionó encontrar esta imagen y me da mucho gusto poder compartirla en este artículo).
Como si la ampliación del Templo de Los Remedios no fuera suficiente para merecer nuestro respeto y admiración, el padre Nambo también intervino el atrio del templo parroquial en San Francisco de Asís.
La arquería del claustro data del siglo XVII y, nuevamente, quien no lo sepa de antemano no percibirá que el segundo nivel no es contemporáneo del primero; se llevan unos trescientos años. 

También, como en Los Remedios, la armonía entre ambos es absoluta. Ya sobre aviso, el observador puede percatarse que el deterioro de la cantera es distinto y, más evidente aún, que las bóvedas superiores tienen un acabado de baldosa de barro aparente.
Suele decirse que el padre Nambo copió detalladamente el diseño de la arquería del primer nivel en el segundo, esto es cierto a medias, porque hay pequeñas diferencias en un nivel y en otro. Lo anterior no es en modo alguno un error, baste con observar los patios de los claustros, de la región o del país, para comprobar  que el diseño del segundo nivel no suele ser idéntico al del primero.

En algún  otro momento y otra sección de esta página, seguramente hablaremos profusamente de ambas edificaciones, en este artículo, dedicado al Padre Nambo, no es apropiado abundar tanto.   Pero le comparto un detalle:  la prueba de que el primer nivel estuvo al descubierto durante varios siglos es la cantidad de  gárgolas que hay en este.  No estoy diciendo que un patio porticado o un claustro nunca tengan  gárgolas en el primer nivel, pero, cuando las hay suelen ser menos y más pequeñas que las del segundo nivel. 
Lo mismo sucede en la siguiente imágen (mucho más reciente), tampoco se aprecian dichos pináculos, ni el pretil de la arquería.

Me atrevo a afirmar que la intervención en San Francisco es posterior a la de Los Remedios, por un pequeño detalle, en esta segunda imagen se aprecia ya, a lo lejos, la cúpula del Templo de Los Remedios. Le pongo el detalle para más claridad.
Por los  testimonios que he podido compilar sé que el Padre Nambo era un hombre de proceder austero, muy ajeno a cualquier tipo de lujos. Afectuoso en su trato con la gente, pero estricto y recto en su proceder y en su apego a las normas. También me contaron que le gustaba salir a caminar, por las mañanas, hacia diferentes rumbos del municipio.  Un detalle poco conocido es que también sentía cierta fascinación por la mecánica y llegó a realizar reparaciones en algunos vehículos de su propiedad o de su familia.

No sé cómo es que permaneció veinte años (y más si hubiese vivido más tiempo), en una misma parroquia, pero que bueno que así haya sucedido. Su prolongada permanencia le permitió realizar dos muy afortunadas intervenciones en los templos de su parroquia:


No podría yo ubicar cronológicamente algunas de las imágenes anteriores, ni las siguientes. Pero son de los años que permaneció como Párroco en nuestro Pueblo.
Igual que en cuanto al Templo de los Remedios, me fue complicado localizar una imagen clara del claustro inconcluso, pero en la imagen de abajo  (bastante antigua), deberían de verse los pináculos de las columnas de la arquería y no se aprecian.
Adicionalmente a lo arriba mencionado, el Padre Nambo, con la colaboración del  Profesor Plácido Santana, reacondicionó los libros del archivo de la Notaría Parroquial. Durante este proceso el Prof. Santana Localizó la fe de Bautismo de Ignacio Camargo, Manuela Taboada y Pedro Taboada.

También me han comentado que el espacio destinado a las criptas en el Templo de San Francisco, fue una especie de hallazgo, que realizó  casi involuntariamente.

Y también, de manera involuntaria, otorgó su nombre al hermoso Barrio de La Rinconada. Se cuenta que un día de la Procesión de las Cruces, luego del recorrido la mayoría de los participantes ya habían retirado sus Cruces del templo, pero los señores del Barrio en cuestión estaban distraídos en alguna otra actividad, entonces el Padre Nambo tomó el alta voz y dijo: "Por favor los señores de allá, de la rinconada de Los Remedios, pasen por su Cruz". A partir de ahí se le conoció al barrio como La Rinconada. Y mire usted, amable lector, hasta sin proponérselo era creativo el Padre Nambo.

Probablemente sean muchas más sus obras meritorias, si los amables lectores me llegan a compartir algún dato adicional o algún otro aspecto de su labor, con mucho gusto complementaré el presente artículo. Sin embargo, tanto por su labor eclesiástica como por su labor "arquitectónica" su nombre seguirá siendo, en este pueblo, motivo de veneración y respeto.

Hace unos veinte  años venía en camión regresando a Comonfort y escuché a unas señoras que comentaban:  "Quién sabe cuándo el señor nos mande otro arquitecto". Su interlocutora hizo una expresión que denotaba poca confianza en un plazo breve, pero comenzaron a hablar del templo de Los Remedios y del Claustro, ponderando la belleza de ambas obras. Entonces supe de quién estaban hablando. No sé exactamente cómo el Padre Nambo realizó su formación autodidacta de esta disciplina,  mucho menos aún, cuándo el Señor nos vuelva a mandar otro arquitecto, pero me congratulo, como muchos chamacuerenses, que el día que nos mandó uno, haya sido alguien con la calidad humana, la sapiencia y el talento del Padre  Francisco Nambo Calderón.

Agradezco grandemente a quienes me proporcionaron información para la elaboración de este artículo, en particular al señor Rodolfo Rodríguez García y al Padre Manuel López Nambo quien, además, me proporcionó un díptico con el cual se conmemoró el primer aniversario del fallecimiento del Padre Nambo.  Me parece tan interesante la información que dicho Díptico proporciona que lo comparto tal cual, no sin aclarar que la frase al pie de la fotografía es de San Pablo, según me informó el Padre Manuel.


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El Señor Cura Francisco Nambo Calderón