Chamacuero, Gto.
(También llamado Comonfort, Gto.)
Personas, personajes   (figuran en el órden en que se compilaron estos escritos)

Agustín Ayala García

El sábado 18 de julio de 2009 acudí a entrevistar al padre Agustín Ayala García. Transcribo la entrevista tal cual, suprimiendo en lo posible mis intervenciones, las cuales están encerradas entre  corchetes, lo mismo que  mis aclaraciones, debo indicar que la entrevista se inicia cuando le pregunto
¿Cómo está, padre? Y él, fiel a su costumbre contestó:

Federico Groenewold

Federico Groenewold

El 23 de octubre de 2010 se entregó la presea Dr. Mora al Dr. Federico Groenewold y Alexandri. Aunque el Dr. Groenewold es muy conocido en nuestra población, tal vez no todos sepan de la gran cantidad de actividades que ha desarrollado durante sus setenta y dos años de vida. Muchas de ellas por sí solas constituyen suficiente mérito como para recibir esta presea, valorarlas todas en conjunto nos lleva a entenderlo como un Chamacuerense sumamente especial que ha destacado en numerosos campos del quehacer humano. Es ingeniero civil egresado de la UNAM con un doctorado en Acústica, que obtuvo tras dos años de estudios en el campus de Trondheim en la Universidad Técnica de Noruega. Al poco tiempo de regresar a México desarrolló proyectos de acústica para diferentes edificaciones y acabó por tornarse especialista en prevención y control de ruidos y vibraciones, en tal papel realizó actividades como asesor para diferentes instancias gubernamentales, tornándose en experto certificado por la Organización Internacional del Trabajo. Asesorando en temas de normatividad acústica a diferentes gobiernos el Dr. Groenewold recorrió durante muchos años casi toda América Latina. Más aún, la mayoría de las Normas Oficiales Mexicanas acerca de control de emisiones de ruidos fueron redactadas por él. Pero nuestro personaje no sólo es Ingeniero Civil con un doctorado en el extranjero, para nosotros como chamacuerenses representa mayor interés el enorme trabajo de investigación que ha efectuado acerca de nuestro municipio. Y aquí no sólo destaca la acuciosidad y profundidad de sus investigaciones sino la ineludible generosidad de compartirlas. Más que creer a mis palabras les recomiendo leer o consultar el libro "Chamacuero, Origen y Destino" del Dr. Groenewold, sin exagerar puedo afirmar que cualquier investigación acerca de nuestro municipio tendrá como punto de partida y obligada referencia esta obra. Pero su labor no queda ahí, existen una docena de escritos esperando ver la luz, ojalá que esto pueda suceder, si ya un hombre muy preparado tomó a su cargo estos trabajos, nos queda a los demás lo más sencillo, publicarlos. Debo agregar, para seguirnos sorprendiendo, que Federico Groenewold y Alexandri habla cuatro idiomas en un alto nivel y otros tres en un nivel destacado. Tiene licencia de locutor en Grado A, creó y produjo varios programas radiofónicos, entre ellos "El café de Federico" de XEITC. Además de lo anterior, tiene escritas varias composiciones para piano y libros de carácter técnico, así como varias docenas de artículos en diferentes revistas científicas. Durante la ceremonia en que se otorgó la presea, misma que fue entregada por el Profesor Cuauhtémoc Mora Loma en representación del Presidente Municipal, nos enteramos con gusto que el Dr. es también destacado en su labor docente y valorado por sus alumnos. Al margen de todo lo dicho hay una cualidad del Dr. Federico Groenewold que, paradójicamente, le ha traído más de un distanciamiento con algunas personas. Hago un paréntesis para explicarme, José Martí nos da una definición maravillosa de Libertad:
"Libertad es el derecho que tiene todo hombre a ser honrado y a pensar y a hablar sin hipocresía".  Debemos reconocer que Federico Groenewold habla siempre sin hipocresía, aunque ello vaya, como ya ha sucedido, en contra de sus propios intereses.
No tengo a la mano ninguna lámpara de Aladino, pero sí tengo tres deseos: el primero: que el Dr. Groenewold continúe muchos años investigando sobre nuestro municipio; el segundo: que su obra se conozca, ya sea en medios impresos o electrónicos; el tercero: que los chamacuerenses sepamos valorar su enorme capacidad y el privilegio que representa tenerlo tan a la mano, máxime con la generosidad con que siempre ha compartido sus conocimientos.
Plácido Santana Olalde

Placido Santana Olalde

EL PROFESOR PLÁCIDO SANTANA OLALDE

    El profesor Santana fue un hombre apasionado por su municipio, profundamente interesado en la historia de su región y un gran promotor de la cultura. Como si esto fuera poco, también fue un destacado artista plástico y un excelente ebanista.
Nació el 4 de junio de 1947 en Comonfort, Gto., desde la edad de 10 años fue alumno de pintura del prof. Salvador Zúñiga. Buena parte de su labor docente la ejerció en el Instituto Tecnológico de Celaya. En 1978 inició, junto con otros jóvenes entusiastas, la celebración de las semanas culturales en homenaje al Dr. José Ma. Luis Mora, cuya trigésima cuarta  edición se llevó a cabo el pasado mes de octubre.

    Promovió la creación del museo "Casa doctor José María Luis Mora". La anécdota más colorida -no exenta de imprecisiones- cuenta que el profesor Plácido visitó al entonces Presidente municipal, Constantino Olalde y le dijo: "Tío (porque era su sobrino), me parece inaceptable que la casa donde nació don José María Luis Mora esté abandonada, deberíamos hacer un museo en ese lugar. El licenciado Constantino sabía que la casa era propiedad municipal, así que salió con su sobrino, cruzaron la calle y al topar, en la puerta de la finca abandonada, con chapas y candados de los que nadie tenía llaves, el licenciado sacó la pistola 45 que siempre cargaba y, de manera expedita, reventó a tiros los candados. Mientras le volvía a poner el seguro al arma le dijo a su sobrino: "Ahí está, haga su museo".
    Y lo hizo, personalmente fabricó las vitrinas y restauró puertas y ventanas (ya dijimos que era un excelente ebanista) el municipio y algunos patrocinadores -incluido él mismo- aportaron el material y de su ánimo emprendedor salió la mano de obra.
    La museografía inicial fue diseño del profesor Santana, aunque fue reestructurada por el INAH cuando este instituto se hizo cargo del museo.
     El profesor Plácido recibió los tres tomos de la primera edición original de la gran obra histórica del Dr. Mora: "México y sus revoluciones", que fueron donados al pueblo de Comonfort por el gobierno de Francia. Estos tres libros se exhiben en una vitrina que fabricó para tal efecto el profesor Santana. Consiguió, además, la participación de un especialista para clasificar, ordenar y registrar la gran cantidad de material arqueológico que pudo recopilar para el museo.
    No siempre las casas natales de los hombres ilustres se preservan y utilizan tan acertadamente, baste recordar qué hay actualmente en la casa natal del arquitecto Francisco Eduardo Tresguerras (por citar un ejemplo).
    No puedo imaginar un destino más digno y más apropiado para la casa donde nació el ilustre pensador chamacuerense. Incluso si pasamos por alto la importancia histórica de la finca, la casa por sí misma transmite un aire del pasado que impresiona gratamente a quien sabe percibirlo. El INAH tiene sólo siete museos en el estado de Guanajuato, uno de ellos es éste. Dada la conjunción de simbolismo, riqueza histórica y arquitectura de este espacio, es una fortuna tenerlo en nuestro municipio, pero no debemos pensar que es obra del azar o la casualidad.

    El interés del Profesor Santana por el pasado prehispánico de su ciudad fue siempre muy profundo. Cotidianamente realizaba trabajos de limpieza y retiro de maleza en las zonas arqueológicas del municipio, en cierta ocasión intentó preservar la zona arqueológica de la comunidad de Orduña de Arriba y algunos lugareños lo conminaron violentamente a salir del lugar. Como no aceptó darse por vencido, acudió personalmente a las oficinas del INAH en la ciudad de México y denunció la existencia de este sitio en el año de 1976. Pero en el mapa con que contaban los arqueólogos en ese momento, sólo aparecía un punto cercano denominado Morales (distante unos dos kilómetros y medio del lugar) y no hubo más remedio que registrarla con ese nombre. Las excavaciones que realizó la arqueóloga Beatriz Braniff en esta zona, han permitido a los estudiosos inferir una buena cantidad de hipótesis acerca del pasado prehispánico en toda la región de la cuenca del Lerma.
    La creación de la casa de la cultura también estuvo ligada a la labor del profesor Plácido Santana. Fue el primer director de la misma y no habiendo, en ese momento, otro recinto disponible, acomodó sus talleres y sus actividades en el auditorio Margarito Ledezma, donde laboró hasta que alguna autoridad premió su labor con el despido.

    Fue, además, el primer cronista oficial de la ciudad. El ayuntamiento presidido por el Ing. Francisco Ramírez reconoció su trabajo como investigador y defensor del patrimonio histórico de la localidad, designándolo cronista oficial del municipio. Por alguna razón que no vale la pena investigar, el nombramiento quedó asentado en la esquina superior izquierda de un acta de ayuntamiento. Con una escueta nota escrita a mano se dejó constancia de su designación. Este nombramiento fue ratificado -con mayor formalidad y con carácter de vitalicio- por el Dr. Alberto Méndez Pérez en 1998.

    Al profesor Plácido Santana Olalde se deben las primeras investigaciones sobre:

-El significado del nombre de Chamacuero
-La fundación del poblado hacia el 1400, por parte del cacique purépecha Tzi-Tzic-Pandá-Cuare.
-La guerra chichimeca en esta región.
-La vida de doña Manuela Taboada y su hermano Pedro.
-El origen chamacuerense del coronel Ignacio Camargo.
-El simbolismo y alegorías del escudo de Chamacuero.

    Hasta antes de estas investigaciones se consideraba al coronel Ignacio Camargo, (quien tuvo un papel destacado en la toma de la alhóndiga de granaditas) como nacido en la ciudad de Celaya, Gto. El profesor Plácido localizó la fe de bautismo del insurgente y ahora se le reconoce como nacido en Chamacuero.

    Su calidad como artista plástico fue evidente. Como muestra de su dominio de la técnica incluimos estas imágenes de cuadros al óleo que realizó, partiendo de diseños originales del maestro Jesús Helguera  
Felipe Hernández Franco

Entrevista al Padre Felipe Hernández Franco.
El 18 de noviembre de 2011, el H Ayuntamiento y el Seminario de Cultura Mexicana, corresponsalía Comonfort, entregaron la presea Dr. José María Luis Mora al C. Felipe Hernández Franco. Con ese motivo acudimos a entrevistarlo en su domicilio: Transcribo lo que amablemente nos platicó de su vida y su trabajo, omito mis preguntas para más facilidad de lectura sin dejar de aclarar que si la charla pareciera tener cambios repentinos de temática es culpa de dichas preguntas y no de la amena y congruente charla de nuestro entrevistado:


Mi mamá se llamaba Jovita Franco y mi papá Guillermo Hernández. Mi mamá era modista; mi papá también hacía pantalones, hacía ropa de hombre; aunque se dedicó a muchas cosas, fue albañil, panadero y al final sastre. Vivíamos por la calle de Hidalgo, junto a lo que ahora es el Salón de Fiestas Dr. Mora.
Yo nací aquí en Comonfort el 16 de mayo de 1941, ya estoy viejito, tengo 70 años. Estudié la primaria aquí en el pueblo, en la escuela del señor cura. Luego me fui con los Paulinos, ahí estudié la secundaria, la preparatoria y la filosofía. Todo ello en la ciudad de México: Avenida Tasqueña, por donde está el metro Tasqueña, Culhuacán. Después me mandaron a Roma para estudiar la teología. Duré seis años estudiando en Roma, allá en los años sesenta, como estaba encerrado no me percaté mucho de cómo era la vida en la ciudad, pero sí la conocí, todos los domingos íbamos a visitar algún lugar, desde que llegamos nos llevaron a conocer las Basílicas. Vivíamos cerca de San Pablo Extramuros, nos íbamos a pie, luego San Pedro: la basílica principal. Fuimos también a Santa María la Mayor, es una iglesia muy bonita, tiene el techo todo cubierto de oro, y es enorme, pero los españoles llevaron mucho oro de aquí para allá. Fuimos también a San Juan de Letrán. El Santo Papa, a parte de muchos títulos que tiene, es obispo de esta Iglesia, de hecho ésta es la catedral de Roma, incluso para ordenarse hay que hacer los exámenes ahí en las oficinas de San Juan de Letrán. La primera vez, para el diaconado, me tocó hacer examen con un holandés, de algún modo me preocupó. Le pregunté "Oiga, Padre, usted qué piensa del celibato". En ese entonces se salían muchos sacerdotes del ministerio, por eso se hablaba mucho del celibato. En Holanda siempre han sido muy liberales. Pero no, se soltó hablando muy bien del celibato. Sí, sí, padre, le dije, yo estoy de acuerdo. Después, para la ordenación, vi el modo de que el examen me tocara con este sacerdote, creo que era más tolerante. Porque a muchos los reprobaban.
En esos años, a pesar de todo, no era común estar cerca del Papa. Todos los domingos da el ángelus en su balcón, va mucha gente a verlo. Nosotros íbamos con frecuencia a ver al papa, en parte porque ahí veíamos mexicanos, los reconocíamos por sus banderas. Pero la ordenación sí fue con el Santo Padre. Éramos un gentío, doscientos setenta más los familiares. La ceremonia fue en la plaza. No había modo que me acompañaran mis papás, imagínese ir hasta allá. Le escribí a un hermano, que se iba a casar, que se fuera de luna de miel hasta Roma, pero no me contestó, debió parecerle muy caro; tenía que pagar el avión hasta allá, el hospedaje, el consumo…, a cada uno nos dieron varios lugares en la ceremonia para nuestros familiares, lo que yo hice fue darle los míos a una familia francesa que conocí allá, ellos me acompañaron como si fueran mis papás, el señor, la señora y una hija. Les conseguí alojamiento con unas religiosas, generalmente las religiosas tienen muchos hoteles. Al otro día fue mi cantamisa, ellos estuvieron como si fueran mis papás. Ellos se trasladaron en tren desde París; los fui a esperar en la estación de Roma. Con ellos me entendía en francés. Todos los idiomas los aprendí por necesidad; el italiano al estar en Roma, el francés porque en las vacaciones me iba a Francia, en tren. Allá conocí a esta familia, se apellidaban Tomás, bueno, se pronuncia Tomá. Así aprendí el francés aunque también tomé clases. En París fui a clases al Instituto Católico, es un instituto abierto a todos, antes había ido a la Alianza Francesa que es también para extranjeros. En el instituto católico me encontré, y me dio mucha pena, al padre Pedro Esquivel, que era un sobrino del padre que estuvo aquí de párroco, sus tías eran muy amigas de mi mamá. Me lo encontré en la puerta, Ah Pedro, qué gusto. "No sé quién serás", me contestó, sentí muy feo. Pero así me lo había hecho un padre de aquí: José don Juan. Estábamos en el Colegio Mexicano, era un doce de diciembre y oí su voz; ese es José, pensé, y que me paro rápido. José, ¿cómo estás? "No sé quién serás". Oye pero mi papá es tu padrino de confirmación, "¿Y ya se murió?" me preguntó con indiferencia, sentí muy feo, pensé para mis adentros: "váyase a la porra". Se hacían como el hombre del circo; es un chiste, a un pueblo llegó un circo y anunciaban un número especial para el último día. Ese día estaba el circo lleno: "Querido público de Comonfort, ahora presentaremos el número especial que les prometimos, con ustedes Mister Robert, el hombre que se hará animal" Y entró un muchacho con su tanguita echando maromas y mandando besos a las muchachas y a las señoras. Y seguía dando vueltas y maromas y beso y beso a las muchas, hasta que un señor del rancho gritó "óra mister Rober te estás haciendo Buey". ¡Bravo! ¡Bravo! La ovación. Esa era la transformación. Yo era estudiante, pero en ese tiempo José Don juan también era estudiante, ya nunca lo busqué, ¿para qué?
Después de mi ordenación me mandaron acá a México y fui superior de la comunidad donde había estudiado la secundaria y la preparatoria, después pedí ir al África, a Zaire. Ahí estuve dos años como misionero. Una experiencia muy bonita, en los años setenta Zaire era ya un país independiente, estaba en ese tiempo de presidente Mobutu. Yo estaba en la capital, Kinshasa, en una colonia muy bonita, se llamaba Dimete, ahí la gente que ha estudiada habla francés, ya ve que los belgas colonizaron esa región. La gente que no había estudiado, que era la mayoría, habla Lingala, una lengua africana. Ahí el problema eran las lenguas, porque la comunidad en la que estaba era de padres italianos, había que hablar Italiano, con alguna gente francés y con la mayoría en Lingala. Fui a clase de Lingala, había una maestra que nos daba clase, éramos puros misioneros los que estábamos aprendiendo, pero con aparatos de sonido y todo. Sí es difícil, porque no se parece a nada de lo que uno habla, el plural va anterior, por ejemplo: para decir "¿Cómo está usted? se dice: "O salim alam" y para decir "¿Cómo están ustedes? ": "Ba salim alam", Es decir "O y Ba", pero la terminación es la misma. Allá yo estaba con los paulinos, tenían una imprenta muy grande, era la imprenta en lengua francesa más importante de África, hacían los libros de texto, el gobierno les daba mucho papel y pagaban muy bien, aunque no se hacía como negocio. Llegaba allá el papel de Canadá directamente. Yo he estado toda mi vida ligado a la edición de libros, después con los paulinos fui director de la empresa, Ediciones Paulinas. En Zaire vivían en una colonia "bonita", una colonia de "riquillos", pero en ese tiempo la vida era difícil en Zaire, aunque Zaire es un país muy rico, tiene recursos, muchos árboles, muchos animales para los circos, para los zoológicos y mucho diamante, diamante industrial. Pero todo era para el gobierno, para la gente nada, el presidente en ese tiempo se quedaba con todo. Llegaron unos japonesitos y le dijeron: "Señor, ¿nos vende esa montaña?, "Llévensela ". Y el presidente dijo "Nos hicimos mensos a los japoneses". Pero hasta oro sacaron de esa montaña.
En la capital se puede decir que la gente estaba bien económicamente, comían bien, yo poco a poco fui a comer con la gente para ver qué comían; comían muchas verduras, pescados y changuitos; sí, comen changos, cocodrilos… Un día fui a comer con una familia de los empleados de la imprenta, llegó la señora con su platito de comida, le dije: ¿No tienen Chile aquí? "¿A poco quiere chile?" me preguntó. Sí, cómo no. Salió y regresó con una tacita. Cuando salimos había un montón de chiquillos, de negritos y me preguntaban: "Oye, ¿tú eres el blanco que come chile?" Ellos sí comían, pero hay mucho portugués e italiano y no comen chile. Estuve dos años y a los dos años me regresaron, yo no pedí regresar, pero pertenecía a la los paulinos, desde Roma ellos determinan para donde se va uno. Me habló el superior general y me llamaron a Roma, ahí estuve un tiempo esperando a que me dijeran que es lo que tenía que hacer luego ya me mandaron para México y aproveché para pasar por España. Ya había estado antes, una vez porque mis parientes, los Franco, vienen de España y los Olalde también, ya ve que aquí hay muchos Olalde. Le dije a un compañero de la comunidad: Fíjate que tengo que ir a Oñate pero ya vi el mapa, está por allá arriba. Me dijo: "No te preocupes, mañana tenemos que ir con el padre tal a Oñate". Nos fuimos tempranito con el padre que tenía que ir allá, fuimos a la iglesia que era lo mejor, estaban hablando pero en vascuence, no entendí nada y dieron la misa en vascuence también. Cuando acabó la misa pasamos a la sacristía y le dijo mi compañero al padre: "Fíjese que mi compañero viene de México a conocer a los Olalde" Había una ventana enorme en ese lugar y me señalando un sitio me dijo: "Aquel caserío que se ve allá se llama Olalde, mañana tengo que ir ahí". Pero yo ya me quería regresar, no hice caso de ir, me dije ya llegué a Oñate y ya me voy. Tenía el encargo de ir porque mi mamá me escribió que don Moy Olalde le había dicho que ojalá antes de venirme fuera a Oñate, de donde habían salido los Olalde. Don Moy era mi tío; su papá y mi abuelita eran hermanos. Lo que hice fue comprar muchas tarjetas postales, le traje un bonche de tarjetas para que me creyera que había ido a Oñate.
De estar en el África me vine a México y de ahí a Toluca; ya no pertenecía a los paulinos. Le hablé al señor obispo de Toluca, se llamaba Alfredo Torres, le dije: Oiga ya me cansé de estar aquí con los Paulinos. "Pues vente a Toluca. " Oiga, pero Toluca no tiene necesidad de Sacerdotes. "Cómo no", me contestó "Acabo de ir a una comunidad ahorita y hacen falta muchos sacerdotes". Bueno, me voy con ustedes entonces, por lo pronto me dijo que llegara al seminario y ahí cerca está la parroquia que iba a hacer. Me dijo el rector, que actualmente es el obispo de San Cristóbal de las casas, se llama Felipe también: Tocayo, vente a ver tu parroquia." Yo vi que se rieron entre ellos y pensé: éstos me indican algo. No, pues estaba un polvaderón ahí, todas las paredes eran de mezcleras, bien triste, bien triste. No había iglesia, no había planos, no había material y no había dinero. Pos 'ora la hago, pensé, para que se les quite. Y ahí hice una iglesia, gracias a Dios. Bueno ya estaba empezada, había columnas ya. Por eso fui con el arquitecto que estaba haciendo el plano, a pedirle los planos para seguirle; me esperé media hora y me dijo: "Fíjese que no los terminé, véngase a la tarde". Fui a la tarde y me dijo "Fíjese que tampoco los terminé". Váyase a la porra, pensé. Llegando a la construcción estaba el maestro de las obras,  "Padre, no ha venido el arquitecto". Pues ni va a venir ya, de ahora en adelante usted va a hace la obra. "¿Pero cómo le hago?".¿Qué no ha hecho casas? Pues haga una casota grande y ya. Y seguimos la obra. Quedó bonita, va de bajadita, o sea que el celebrante se ve hasta abajo. O sea cuando uno entra a la iglesia ve hasta el fondo al sacerdote. Una vez fue Álvaro, uno que es de aquí, fue a Toluca con una familia a atender un asunto y lo llevaron a conocer la ciudad; fueron a la iglesia de san Felipe y la estuvieron viendo y le dicen: "Esa la hizo uno de Comonfort," Y le sorprendió y le dio gusto, creo que ya antes le había platicado de esa iglesia. Pero quedó bastante bonita. Y luego las bancas son de tablones, encontré un muchacho que me las hizo, muy modernas y muy macizas. Pero me dio mucho trabajo, no había planos, ni dinero, nada. Había un comité de construcción que pasaba casa por casa pedir dinero. Les dije: Ya se acabó el comité, me van a dar a mí el dinero. Llegó una señora con dos mil pesos de aquel tiempo, era mucho dinero, llegó otra señora con cien, con doscientos, poco a poco fui juntando. Otro problema que también tuve fue la imagen, porque no existía, yo mandé hacer una imagen de San Felipe de Jesús. Yo me acordaba de este San Felipe que está aquí, que está con sus lanzas. Entonces les platiqué a los padres que iba a mandar a hacer una imagen y uno de ellos que entendía de arte me recomendó un arquitecto que estaba ahí en Toluca. Fui con él y le dije: oye, una imagen de San Felipe de Jesús ¿en cuánto? ya me dijo tanto, como a los seis meses fui a verlo. ¿Cómo va mi imagen? Me la mostró, ya tenía la cara, estaba trabajando en el cuerpo. Y tenía una cara muy bonita. Oiga, ¿cómo se inspiró?, ¿de dónde sacó esta cara? Ya me explicó que los Navarros de ese tiempo tenían esta cara. San Felipe de Jesús era hijo de Navarros. Los papás eran Navarros pero se vinieron a México a vivir, el nació ya en la ciudad de México. Es una imagen en tamaño natural y lo representa orando. El día que se colocó la imagen había un gentío, pero antes yo llevé al señor Vélez. Estaba muy emocionado el viejito, porque su ilusión, cuando era obispo, había sido tener una parroquia de San Felipe de Jesús. Duré poco en ese lugar, como dos años, pero en dos años se terminó la iglesia, aunque, como dijimos, ya estaba empezada. Así a medias se daba misa en ese lugar, pero eran unos polvaderones… porque alrededor de la iglesia hay milpas, entonces está la tierra suelta y cuando hace polvo entra un polvaderón . De ahí me fui a dos pueblos del estado de México uno se llama Acahualco y otro en donde me enfermé de la presión; me desperté y me daba vueltas el techo. Entonces me acordé de un padre en el seminario que le subía la presión y se bañaba y ya con eso se componía. Yo me metí a la ducha, salí, me vestí y empezó otra vez a dar vueltas el techo. Fui a celebrar la misa pero la dije muy rápido. Estaba la casa pegada a la iglesia. Había dos muchachas que me ayudaban ahí, una era cocinera y la otra secretaria y comían conmigo; les dije: miren muchachas desayunen rápido y vayan por el doctor o la doctora que encuentren (era un pueblo chiquito, como del tamaño de Neutla) y lo que encuentren me lo traen para ver qué pasa. Me fui a mi cuarto y otra vez comenzó a dar vuelta el techo, entonces lo que hice fue acostarme en el suelo, había alfombra, nomás jalé una cobija y me tapé. Cuando volví estaba ahí la doctora: "Padre, está muy malo de su presión, tengo que internarlo, ya hasta traje la ambulancia". Pos si no hay otra ni modo. Un señor de la comunidad me ayudó a vestir, me subieron a la ambulancia y ya no supe de mí. Estuve en terapia intensiva dos meses y medio en dos hospitales distintos, uno del estado de México, otro de la ciudad de México.
Pero yo perdido, nomás me acuerdo que en ese tiempo entró un doctor a mi cuarto y se sentó ahí en la cama y me dijo: "Padre, vengo a decirle como va a quedar usted, mire usted va a quedar como un bebé, no va a servir para nada", Pero ¿y la Santa Misa? le pregunté, "No, olvídese de la misa" me contestó y que le manoteo en el buró, yo creo que me vio enojado porque se fue luego luego. Ya no supe cuánto tiempo estuve, fueron a verme mi mamá y mi sobrino. Dicen que nada más estaba con mi trusa y puras sondas, lo que hice fue venirme para acá, para mi pueblo. Me recuperé poco a poco, bastante pero todavía me falta, todavía me ataranto. Esto fue hace unos quince años. Sigo teniendo problemas de la presión, sigo tomando medicina todos los días, me tomo como diez pastillas diario. Ya tengo aquí desde el 96 o antes, todavía vivía mi mamá, de hecho ella murió en esta habitación donde estamos. Yo me quedaba en mi casa, en la calle de Hidalgo, allá me quedaba todos los días. Entonces bajé aquí y me dijo mi sobrina: "apúrate que mi tía está terminado". Sentí muy feo escucharla, sentí el corazón que me latía, me bajé y ya estaba aquí doña Jesusita Murillo, estaba rezándole la oración de la buena muerte. No sé cómo estaría que le quité el libro y me puse yo a rezar, cuando mi mamá oyó mi voz abrió los ojos y se sonrió, cuando terminé la oración ya había fallecido. Qué triste, verdad.
Por mucho tiempo fui director de Ediciones Paulinas, todo lo que editan es material religioso: vidas de santos, oraciones, Biblias... Hicieron una biblia que se tradujo solo aquí en México. La biblia la pueden traducir varias personas, pero hay una biblia en español traducida por ellos, vino el padre Magaña Méndez a la comunidad, él la tradujo, era un viejito bien simpático, ya tenía el pelo blanco. Un día fuimos al centro en la Ciudad de México en el metro, y unos muchachos por allá lo aventaban y que se enoja y les dice: "Jóvenes, el metro no es para viejitos es para jóvenes"; era muy ocurrente ese padre. Él tradujo del hebreo y del arameo y también -es su modo de traducir- lee las traducciones inglesa, francesa, italiana…. Se ha vendido muy bien esa Biblia del padre Magaña, es traducción directa del hebrero. De hecho fue la primera traducción directa al español. Ya había, por supuesto, biblias en español. Hay una biblia en español latinoamericana, que es una biblia en un lenguaje más similar al nuestro, y la hicieron en España, es lo más raro. La empresa está en Avenida Taxqueña 1792, todavía me acuerdo. Yo estaba en la casa provincial que está en Lomas Estrella, ahí estuve mucho tiempo. Ahí se editaron mis veintitrés libros, era un poco más fácil editar ahí, porque yo era el director. El que más éxito ha tenido es el de San Judas Tadeo, la vida de San judas Tadeo y ese librito que les leí ayer de Un Minuto Para Ti, tiene diferentes cosas, cada lectura toma un minuto más o menos. Mis libros se consiguen en la ciudad de Celaya en la Librería Paulina que está en Morelos y en la Librería ecuménica que está en la calle Góngora. Todos mis libros son de tipo religioso, también escribí una vida del padre Yermo y Parres, que es un sacerdote del Estado de México, que se va después a Veracruz, la orden de religiosas que él fundó se llama Siervas de los Pobres, cuando lo iban a canonizar ellas me pidieron que escribiera ese libro y se los escribí, ya fue canonizado como San José María de Yermo y Parres, estaban muy contentos, una de estas religiosas fue a verme cuando me enfermé en el estado de México.
Sí leo, de todo pero me gusta leer mucho novelas, ahorita estoy leyendo las de García Márquez. También me gusta leer El Quijote. De México varios autores, como Rulfo, Fuentes. Poesía no me gusta mucho leer. Aunque del padre Agustín me gustó mucho su libro de los Cristos. Las regalías de mis libros las entregué a los Paulinos, aunque si me dan algo no me enojo. Pero sí, para regalar algunos de mis libros he tenido que comprarlos. En las ediciones paulinas se acostumbraba otorgar el diez por ciento de la edición al autor, otros pedían diez ejemplares, veinte, cien. Por ejemplo el padre Magaña no quería nada, ni dinero ni ejemplares.
Decía que ya era mucho que le hicieran sus libros.
Hace rato que no escribo, lo tengo nomás en la cabeza, me llama mucho la atención pero no he tenido tiempo, y, sobre todo, no he tenido ganas. Mi sobrina siempre me dice: "Ponte a escribir". Pero ya compré una máquina de esas eléctricas.
A mí me gustaría escribir un libro sobre Margarito Ledesma, el poeta de Comonfort, yo le platiqué al profesor Indalecio que había venido una familia a buscar la casa de Margarito Ledesma, habían ido al auditorio que está a un lado del templo de San Antonio, no nació ahí. Yo me pregunto cómo al poeta que más conocimiento ha dado de Chamacuero no lo conocen. Por eso como que tengo en mente hacer algo sobre Margarito Ledesma. También me gustaría escribir una novela de época donde se conocieran Mora y Manuela Taboada, porque eran vecinos y contemporáneos. Ambos temas me llaman mucho la atención.
En la actualidad sigo ejerciendo el ministerio, dando misa pero pocas veces a la semana me toca decir alguna misa.
No había recibido nunca un reconocimiento, es la primera vez y me da mucho gusto haberla recibido. Había yo escuchado hablar de la presea pero nunca pensé que me la fueran a dar a mí.

"Margarito Ledesma"

DON MARGARITO LEDESMA

Dado que en este municipio se celebra cada año el Encuentro Nacional de Letras Populares Margarito Ledesma me pongo a reflexionar en la figura del insigne humorista involuntario de trascendencia internacional. No exagero cuando hablo de trascendencia internacional, deben saber ustedes que es común la llegada de distinguidos visitantes que preguntan por la casa natal de Margarito Ledesma, esperando encontrar en ella un museo que preserve su memoria o en su defecto preguntan por su sepulcro con la plausible intención de llevarle una ofrenda. Si nos atenemos a las cronologías conocidas bien puede ser que Margarito Ledesma fuera sepultado en el panteón viejo, con lo cual la osamenta del ilustre poeta chamacuerense puede estar descansando bajo los cimientos de la escuela primaria Francisco Eduardo Tresguerras.
En  más de alguna reunión estatal de cronistas, los señores cronistas de otros municipios me han preguntado si es verdad que Margarito Ledesma es de Comonfort, a lo cual respondo categóricamente que sí. Quizá nuestro pueblo todavía se llamara Chamacuero en el momento preciso del natalicio de Margarito, pero nadie puede negar que Margarito Ledesma es originario de aquí. Obran a manera de prueba varias decenas de composiciones poéticas que a su pueblo natal le dedicó.  Lamentablemente nadie se conforma con mi aseveración categórica y todos inquieren que si fue un hombre de carne y hueso, que si era un seudónimo, que sin don Leobino Zavala y demás historias que me obligan a entrar en pormenores y a robarle ese aire de misterio que envuelve a la figura del humorista involuntario.  Para los que no sean duchos en el tema y estas líneas les estén resultando confusas me remito a donde debí comenzar.  Existe un libro, publicado por primera vez en 1920, que bajo el escueto título de "Poesías" y el revelador subtitulo de "Humorista involuntario" compila la obra poética de nuestro personaje. En la presentación del libro el Lic. Leobino Zavala aclara que estas composiciones le fueron remitidas por Margarito Ledesma, oriundo de Chamacuero, durante muchos años y que las guardó sin interesarse en ellas; mucho tiempo después encontró jocosa la ingenuidad de los versos, la pasión desmedida del autor por su Chamacuero y la ingente cantidad de notas aclaratorias que acompañaban buena parte de las composiciones y que más que aclarar algo contribuían a la comicidad involuntaria, incluso más que los mismos versos. Hacia 1952 se publicó una segunda edición que incluía nuevos  poemas y en la cual Leobino Zavala daba un poco más de señas de don Margarito, dejando asentado que nunca lo conoció pero que desea fervientemente localizarlo dada la enorme cantidad de falsos herederos del poeta que reclaman las regalías por el éxito de su libro.  Si nos atenemos ciegamente a lo dicho por el Lic. Zavala en la presentación que cito, no queda duda de que Margarito Ledesma fue un hombre de carne y hueso que escribió sus poemas para gloria de su pueblo y para jocosidad de los miles de lectores que le han conocido en todo el mundo y a lo largo  de  noventa años.  Sin embargo, y no quisiera romper el encanto, es un secreto a voces que todo el material del libro es de la autoría del Lic. Zavala, al grado tal que para muchos, Margarito Ledesma no es sino un seudónimo de Leobino Zavala. A esta afirmación hago dos comentarios pertinentes, el primero que no hay ningún documento que lo compruebe, es decir en ningún documento, al menos ninguno que conozcamos, Leobino Zavala se reconoce a sí mismo como autor del texto y siempre que fue cuestionado al respecto eludió la respuesta.  Siendo que él no figuro nunca como Margarito Ledesma ni se presentó como tal, me parece inexacto llamar a Margarito Ledesma seudónimo de Leobino Zavala. Margarito es, evidentemente, un personaje literario, ese sí, de innegable origen chamacuerense como dije al principio. Espero no decepcionar a los múltiples paisanos que se consideran cercanos a descubrir los restos mortales del ilustre poeta o su fe de bautismo. Pero si, por un amor a nuestro pueblo como el que plasma en sus poemas nuestro personaje, hay que desestimar la verdad sabida de la paternidad del Lic. Zavala y analizar las posibilidades de que Margarito Ledesma haya sido un ser humano de carne y hueso, debemos remitirnos a la fuente primaria de este asunto: el libro "Poesías". Lamentablemente, salvo la insistencia de Leobino Zavala por asumirse solamente como el impresor de los trabajos de Margarito, nada hay en los más de cien poemas que nos permitan inferir la autenticidad del Chamacuerense; muy por el contrario, un análisis de las composiciones nos revela, luego de varias lecturas, la mano de alguien con bastante conocimiento literario; tanto  la métrica como  las formas estróficas utilizadas nos llevan a dudar que una persona con la ignorancia que Margarito Ledesma necesariamente debía tener, hubiera escrito con esa perfección. De este tema hablaremos adelante con mucho más detalle. Por otra parte, el poeta cita a muchísimos personajes, ninguno de los cuales puede asociarse con alguna persona real, esto, por supuesto es cuestionable dados los casi cien años que median entre la época en que Margarito escribía sus poemas y los tiempos que corren. Por otra parte, no hay ninguna mención a festividades o características muy propias de nuestra población que cualquier chamacuerense conoce aún hoy en día: la fiesta de la Virgen de los Remedios o las festividades del Corpus no alcanzan a figurar en las poesías de Margarito Ledesma (aunque sí figuran el Río de la Laja y las huertas de limas).  Todo lo anterior nos lleva a concluir lo que ya sabíamos y que todo, o casi todo mundo sabe: Que Margarito Ledesma no es un ser humano de carne y hueso sino un personaje literario creado por el Lic. Leobino Zavala quien, dicho sea de paso, demostró tener una creatividad desbordada y un enorme ingenio. Sin embargo, para cualquier Comonforense que considere motivo de orgullo ser coterráneo de el ilustre humorista involuntario, esta aseveración no debiera molestarle porque poetas de carne y hueso hay muchos, en un rango amplísimo de estilos y calidades, pero personajes como Margarito Ledesma, hay muy pocos, más  al considerar que el humorismo es casi inexistente en la literatura mexicana.  Pero ahí está ese ranchero ingenuo, apasionado por su pueblo, enamorado, sensible y con inquietudes literarias que desembocaron en unos poemas que en un principio mueven a risa y después van revelándonos el fascinante microuniverso de un lugar llamado Chamacuero y al que nadie nos impide traslapar con nuestro pueblo y entenderlo como un mismo lugar.  Más aún, los chamacuerenses tenemos un privilegio exclusivo en relación a Margarito Ledesma.  Quien se acerca a la poesía de este personaje desde cualquier otra parte queda fascinado con las ingenuas y simpáticas composiciones del humorista involuntario. Pero nosotros, los chamacuerenses, nos acercamos a sus poemas buscando reconocer a nuestro pueblo en sus palabras, en sus historias, en sus sentimientos y hasta en sus desventuras y la natural simpatía que ha despertado en todos sus lectores. No hace falta analizar demasiado para percatarnos que mucha de la magia que estos poemas tienen los aporta el pueblo del que el poeta se siente tan orgulloso, basta imaginar ese microuniverso de Margarito situado en una gran ciudad para que pierda mucho de su encanto y de su gracia.  Por eso, cuando me preguntan si Margarito Ledesma es de Chamacuero no dudo en asegurar que sí; no solo lo declara en sus poemas, en realidad no podría ser de otra manera.

Hago un breve análisis de la poesía de Margarito Ledesma, no porque yo sea un enterado en la materia ni porque mis conocidos lo hayan solicitado con insistencia, sino porque me parece un argumento contundente para tranquilizar a quienes todavía tienen la idea de que Margarito Ledesma fue un ser humano de carne y hueso y se preocupan porque no se han localizado los vestigios materiales de su existencia. La línea básica de este análisis radica en evidenciar que las composiciones del libro "Poesías" de Margarito Ledesma  fueron hechas por alguien con mucho conocimiento de la creación literaria. 
El libro contiene -al menos en la decimonovena edición de 1999- cien poemas, que compilan  un total de novecientas veintidós estrofas, dándonos un aproximado de cuatro mil versos (por si alguien no lo supiera, cada línea, cada renglón de una estrofa se le llama verso, rime o no).
Lo primero que se nota al leer estas composiciones es que la métrica de los versos es por lo general perfecta, con el mismo número de sílabas en cada estrofa y con las sílabas tónicas en el lugar correcto. Cuatrocientas setenta y cuatro de estas estrofas son en versos octosílabos; trescientas cuarenta y dos en endecasílabos y el resto en otras medidas. Con cierto conocimiento de causa puedo decir que el más notorio error de quienes se lanzan a componer guiados nada más por su entusiasmo es no saber medir un verso, escriben estrofas a las que les sobra o les falta una sílaba incluso cuando han sido aleccionados para medir correctamente cada uno de sus versos. Quiero decir que una persona con muy poco conocimiento del tema y sabrosamente iletrada como don Margarito no puede escribir tantos versos con ese nivel de perfección. Aunque debo aclarar que un pequeño porcentaje de toda su obra sí presenta deficiencias que, imagino, fueron intencionales para hacerlas más acordes  al estilo propio de nuestro autor.
Ahora bien, puede creerse  que el hipotético Ledesma era un poeta nato y que sus composiciones salían bien medidas sin que se diera cuenta. Esto es creíble; sabemos de la existencia de muchos improvisadores en toda América latina que crean octosílabos bien medidos sin que tengan necesidad de contar sus sílabas ni aplicar sinalefas y otras reglas. Es algo natural, pero es creíble sólo para versos de ese tamaño. Los endecasílabos entrañan una dificultad adicional que hacen muy complicado escribirlos sin conocimiento del tema y sólo de manera intuitiva. 
Aún así, vamos a suponer que es posible, que a Margarito Ledesma la inspiración le dictaba versos con el mismo número de sílabas, a veces de seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce o catorce; que de manera intuitiva sabía cómo una sílaba se suprime al encontrarse dos vocales, cómo afecta que un verso termine en palabra aguda o esdrújula y que sabía poner las sílabas tónicas en el lugar correcto. Pasemos a analizar sus formas estróficas. 
La mayoría de sus estrofas son de cuatro versos: cuartetos (267), serventesios (108), redondillas (303) o cuartetas (142). Aquí también puede aducirse que lo más elemental estrofa que podemos imaginar sin conocimiento previo es una composición de cuatro versos, cualquier orden en el que rimemos nos dará una de las estrofas enumeradas o versos pareados. Pero ¿cómo podrían un poeta improvisado, sin conocimiento de las normas de la poesía, escribir cosas más complejas como silvas, octavas reales, octavas agudas, sextillas paralelas, ovillejos y otras formas estróficas que aún a los que tienen práctica con estos menesteres pueden resultarles complejas?  Pongo dos ejemplos:
HIMNO LOCAL
(fragmento)
Ciudadanos: Al grito de alarmas,
que a ninguno le falte valor,
y que todos agarren sus armas
al sonar la campana mayor.

Ciña, ¡oh pueblo!, tu frente bendita
con coronas de mirtos y rosas,
y que todas las gentes valiosas
se recuerden del gran Comonfort.
Mas  si alguno se atreve arbitrioso
a meterse en tus centros poblados,
que toditos se vengan armados
para echar para afuera al traidor.

Por si al caso llegara a ofrecerse,
nadien debe negar su presencia.
Que  se junten en la Presidencia
y trayendo sus armas los más.
Pues la seña será la campana
o cualquier otra cosa sonora,
y que todos, a lora de lora,
no se vayan a hacer para atrás.

Este tipo de estrofa se conoce como octava aguda u octava italiana y es, por supuesto, la misma forma estrófica utilizada en nuestro Himno Nacional; antes de dar una larga y poco comprensible explicación de lo que es una octava aguda, es mejor seguir la sugerencia de don Margarito Ledesma de que en tanto el director de la banda de Neutla no le componga la melodía correspondiente se pude cantar con la letra del Himno Nacional. Inténtelo y verá que hasta el coro corresponde en su forma estrófica.  Nuevamente, puede pensarse que alguien poco instruido, haciendo la observación del acomodo de las rimas en el Himno Nacional y corroborando a cada paso su "cantabilidad", podría hacer esta composición sin saber lo que es una octava aguda. Es cierto, pero un compositor improvisado no habría descubierto que el cuarto y octavo verso deben terminar en palabra aguda; las diez estrofas del himno nacional cumplen esta condición lo mismo que las cuatro del himno local.
ORILLEJOS
(fragmento)
¿Quién me llama la atención?
          -El Estación.
¿Quién hay que mis pesares calme?
          -El Empalme.
¿Y quién sofoca mis males?
          -De González.
Por eso mi pobre corazón
tiene unas ganas fatales
de pasiarse por el Estación
del Empalme de González.


Por supuesto que el nombre correcto de estas estrofas es ovillejos y para darnos una idea de su complejidad enumero:
1.    Debe tener diez versos
2.    Los primeros seis riman en pares
3.    Cada par se compone de un verso de ocho sílabas y uno de cuatro.
4.    Los otros cuatro son octosílabos
5.    En los dos últimos versos deben usarse las palabras utilizadas en los versos de cuatro sílabas y en el mismo orden.
Me parece muy difícil que alguien, por pura intuición, arme tres ovillejos con todas estas características, perfectamente estructurados y elocuentes.
Creo que todo lo dicho podrá ayudar, más que nada, para percatarnos del talento y la creatividad de don Leobino Zavala, que, siendo un hombre de letras  y un gran conocedor de las formas de composición poética, supo acomodar sus poemas con tanta inteligencia que nos hizo creer que realmente existió un Margarito Ledesma, el cual, en ese caso sería el poeta nato más talentoso de que se tenga noticia.  Ojalá que estas líneas sirvan, al menos,  como un modesto homenaje al creador de tan regocijantes composiciones, al entrañable personaje que las encarna y a la bendita tierra que lo vio nacer.



Felipe Hernández Franco

Agustín Ayala García

"Margarito Ledesma"

Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes





Este texto y el de don Pedro Ramos los tomé, con autorización del autor, del libro "El telar secreto" de Eliazar Velázquez Benavides, publicado por Ediciones La Rana y en el cual compila conversaciones con un buen número de personajes de todo el estado. Hombres y mujeres  de larga vida, incansable actividad y profunda sabiduría. Debo confesar que la lectura de éste y los demás libros de Eliazar Velázquez me han  dejado en la conciencia la sensación de haber vislumbrado un tesoro en estrecho contacto con la parte más profunda y rica del ser humano.  Recomiendo ampliamente su lectura, consciente del riesgo de que quienes lo lean descubran una prosa bella, unas crónicas fascinantes y lo comparen con la parquedad de  estilo de "otros" cronistas.

Los sabores de la piedra
Don Calixto Granados Estrella
(Comonfort, Gto., 1929)

Soy nacido en San Jerónimo pero mis papaces me llevaron a Apaseo el Grande, de allá era mi mamá. Me trajeron de regreso a Comonfort casi a los nueve años, pero ya no llegamos al rancho porque un señor que se llamaba Lupe les propuso comprar pollos para vender y nos prestó un rinconcito donde él comerciaba. Poquito duramos ahi. No pasó mucho tiempo que nos vinimos a este rumbo de La Rinconada. Mi papá trasportaba los pollos en una jaula de dos metros que acomodaba en el lomo del burro. Ahi mismo llevaba su maleta y hasta tortillas porque a veces llegaba tarde a San Miguel y como no encontraba comida, él mismo calentaba sus gordas.

Mientras mi papá iba a sus ventas, desde el día lunes hasta el fin de semana, yo andaba jugando cerca de la vía del tren a las canicas, al balero, al trompo; lo enredábamos con una cuerda y lo aventábamos. Desde esa edad conocí el oficio de hacer molcajetes, porque aquí al lado vivía un señor que los trabajaba. Antes las casas se dividían con cerca de piedra, y me sentaba junto a un garambullito a mirarlo trabaje y trabaje. No tardé mucho en grabarme sus movimientos. Al verme interesado, mi papá mandó hacer con un herrero dos picaderas, así se llaman las herramientas que usamos. De ese modo fue como empecé a golpear las piedras. Me gustó, por eso digo que cada quien tiene un destino.

Lo primero que hice fueron tejolotes, esos que se usan pa moler el picante. Como quien dice tenía la horma al estar mirando desde la sombrita cómo trabajaba el señor. Fui aprendiendo a puro golpe y golpe, pero pronto entendí que no es suficiente con saber el oficio, porque también hay que saber dónde encontrar el material. No se trata nomás de decir voy a escarbar ahi. Hay rocas que no sirven ni para fincar y para dar con las vetas hay que escarbar como las tuzas. Las que usamos para este trabajo no les metemos barreno porque las hace borrones, ni dinamita porque las hace pedazos. Usamos barras con una boquita, se le va dando vuelta sin parar, con la pala se desentierra. Señores mayores que me iban guiando hasta marcaban el ruedo de la piedra con una hoja de yerba verde, decían: “Ora, ahi le escarbas”. Me enseñé desde entonces, pero la mayoría que hemos trabajado así ya no están, antes Dios me ha prestado vida a mí.

En ese tiempo se usaban mucho los molcajetes y el metate. Ora no hay quién muela, ni metates hacen porque no se venden. Cuando comencé se daban dos molcajetes por 25 centavos. Ya que agarré el trabajo de veras como profesional, en media hora hacía uno, y junto con mis otros dos hermanos hacíamos cantidad. Por ahi como en 1945 nos hacíamos una docena o mínimo ocho diarios. Poco salía de aquí, en 1947 fue la primera vez, mi hermano el más grande se había ido al norte y yo me fui a la capital. De ahí pasé al estado de Veracruz ocho meses, pero me regresé porque mi papá se puso enfermo.

Entonces se decía: “Ese es molcajetero, metatero”, ora ya le han puesto que artesano, pero es lo mismo, nosotros trabajamos para la vida. Los hombres eran los que más compraban porque la mujer todavía molía en su casa. Mucho tiempo yo mesmo llevé con mi papá a Salamanca, a Valle de Santiago. Poníamos puesto en la calle, a veces cerca de los mercados. También íbamos a Celaya en nochebuena. Vendíamos bien. Este oficio se acostumbra en el barrio desde antes que yo comenzara, de aquí embarcaban piezas hasta la frontera.

Un molcajete usándolo diario dura mínimo doce años. Para saber cuál es de buen material, los señores antiguos que fueron mi guía me enseñaron a conocer a la pura vista cuál es el bueno, cuál es de lo mejor. Lo que la gente busca es que sea bien servicial, no que vamos a hacer el picante y cuando ya le vaciamos encontramos tierra abajo. Hay quienes antes de usarlos les ponen arena, maíz, ajo, pero eso de curarlos es un decir.

A mi edad ya poco puedo trabajar, nomás me queda el orgullo y los golpes. Una vez unos canijos marranitos de repente llegaron a donde estaba trabajando, me aventaron y en lugar de pegarle a la piedra le di a mi pie y se me hizo un agujero.

Temprano comenzábamos. Nos íbamos por aquí cerca a escarbar. Ya luego llegando la hora de almorzar volvíamos a la casa y vámonos de vuelta hasta la tarde. Si eran metates, son 40 centímetros de largo; dicen unos que ahi como quera, pero no, hay que darle la forma hasta abajo porque si tiene las patas chaparras no se ve bien. Para ganarse la clientela se tiene que hacer lo mejor que se pueda. Llegué a hacer molcajetes de 12 pulgadas o más chicos. Cuando estaba trabajando no pensaba en nada. Mucha gente luego se sienta y está pensando que en la muerte o en los familiares, pos ellos sabe dónde andan y uno acá sufriendo; yo digo que mejor pos ahi les echen su bendición y uno ocuparse de lo que está haciendo.

El metate de mi mamá no supe ni quién lo hizo pero ella molía diario. Desde un día antes ponía su nixtamal y a las cuatro o cinco de la mañana lo sacaba, lo limpiaba y a moler. También sé hacer las manos del metate, naturalmente bien formadas, de modo que asienten para que la mujer no se moleste. Y es que cuando el metate está un poco combita, si la hacemos parejita nomás va a sentar en las puntas, por eso se va buscando que embone bien, de modo que las señoras estén cómodas muele y muele.

La soledad

No sé por qué designio pero a mí no me tocó casarme. Lo que ganaba era para mis hermanos y para mi papá. Anduve aquí y allá buscando, llegué a hablarle a una mujer, tuve amores, pero no entiendo cómo nunca me pude arrancar de la soledad. Antes, para platicar con la muchacha, ella estaba dentro en su casa y uno en la calle, por fuera. Tuve una novia que de plano sí me conmovió. Vivía por San Agustín, en la calle Arista. La conocía porque junto con otros amigos en la noche bajábamos decentemente a ver qué encontrábamos. Pero precisamente ahí está el detalle, que no es igual querer a que lo quieran a uno, y ella me mandó por otro lado. Nunca le regalé un metate porque eso hubiera sido un castigo. Anduvimos casi como medio año. Todavía vive; se casó con un mesmo amigo.

Hubo otra que quise. Se llamaba Margarita. Ésa se fue a México. Aunque aquí me ganaba mis centavitos la fui a seguir hasta allá pero nunca la encontré. No llevaba la dirección, ni tampoco me la dieron, y pos me aventé pensando hallarla así nada más, ni siquiera conocía cómo andar en la ciudad pero tenía esperanza. Era de Jalpilla. Me dijo que la iban a mandar a México, ora después me he preguntado quién sabe sería cierto, luego ya uno no halla qué pensar, pero la cuestión es que agarré el tren, mi hermano más chico allá estaba, y le dije a mi papá que si hallaba trabajo me quedaba un poquito más. Lo cierto es que yo iba buscando a Margarita y desde que llegué salía por ahi a ver si la encontraba. Duré casi dos años, caminaba mucho buscándola en calles y plazas pero nunca di con ella y poco a poco fui perdiendo la esperanza.

Aunque nunca soñé vestirme de novio y casarme, no me ha gustado la soledad, pero qué hace uno, pior orita que ya pasó la vida. Me dicen algunos: “¿Por qué no te casas?”. No, pues si no pude casarme cuando estaba joven ora ya pa qué, nomás para dar apuraciones a la gente. De plano no tuve suerte con las mujeres.

Dios me dio el destino de ser molcajetero y de ser un hombre solo. Si no hubiera estado el señor del garambullo al que yo veía cómo le daba forma a la piedra, de todas formas hubiera seguido ese camino porque en esto crecí. Por eso les digo a mis sobrinos que cuando encuentren un trabajo que les guste lo hagan bien, se entreguen a él.

Ya no hay muchos que se dediquen a esto, pero no creo que desaparezcan los molcajetes porque todavía hay material en el cerro y no es lo mismo una salsa en licuadora que una salsa que tenga el sabor que da la piedra. Me tocó conocer los tiempos cuando todo era barato, con dos centavos comprábamos manteca y carnitas, ahora tenemos las pacas de billetes y seguimos lamentándonos. Mi papá se llamó Lupe Granados; era buena gente; nunca en toda la vida me puso una mano encima. Mi mamá se llamó Juana Estrella y también era muy buena. Pero entonces toda la gente se quería de verdad; había respeto. Me tocó cuidarlos hasta que murieron.

No le tengo miedo a la muerte; no he conocido el miedo. ¿Por qué he de tenerle temor? Yo sé que viene. La traigo aquí en la bolsa. Sé que la muerte siempre anda con uno porque no semos eternos.
Como la vida, los castillos son una pasadita
Don Pedro Ramos
(Comonfort, Gto., 1930)
(También tomado de "El telar secreto" de Eliazar Velázquez)

Nací en San Miguel de Allende pero a los dos años quedé huérfano de mamá y mi papá también murió pronto. A los ocho me trajeron a Comonfort con una tía. Aunque no tuve mucha distracción, la mejor vida es la niñez. No supe jugar canicas, trompo, yoyo, nada de eso; desde chiquito todo fue trabajar. El poco tiempo que me tocó vivir con mi papá anduve batallando y sufriendo porque le gustaba echarse su traguito. A veces pienso que si hubiera tenido el abrigo de mi mamá sería otra persona.

Cuando llegué a Comonfort a lo pronto le ayudé a mi tía como pilmamo. También me enseñé a hacer pan y huaraches, o me iba a trabajar al corte de lima, aguacate, cacahuate, jícama, por seis o doce centavos diarios. No tuve escuela; supe leer y escribir hasta que di mi servicio militar.

Cuando vine a este mundo ya mi bisabuelito y mi papá eran cueteros. Y como también hacían judas, les ayudaba en lo que podía. Los íbamos a vender el Sábado de Gloria. Ya andando en la cuetería vi muchas quemazones, pero Dios me ha cuidado. Esta cosa de los castillos es según las posibilidades de cada comunidad, luego hay veces que no alcanza, y dicen: “Tráiganos aunque sea un castillito chiquito”. Se los hacemos procurando que lleve sus siete u ocho prendidas, torito, ruedas voladoras, cuetoncitos. Les tratamos de arreglar su fiestecita para que se vea algo bonita. Si en dado caso dicen que tienen para algo más carito, les hacemos uno mucho muy diferente. Hay castillos que nosotros nombramos en torre, esos son de pura armazón hasta arriba y hay otros en cinco piezas que hacemos en un morillo. El de torre, que es el más caro, lleva pura figura, puro invento, sea un león, un venado y que no falte la imagen que están venerando. Las formo en carrizo, hago los lienzos, los dibujo. Ya después se hace con lo que se va a vestir y se les arreglan las luces. Hacemos roja, verde, amarilla, blanca, como cinco o seis colores que van matizando la figura.

El modo de hacer los castillos no ha diferenciado nada, los materiales son los mismos, nada más que los de antes eran mejores. Sólo que entonces para trasladarnos a las fiestas caminábamos mucho; echábamos en burros lo que podíamos. Los mismos de la comunidad venían a cargar y vámonos. Para hacer un castillo durábamos tres o cuatro días porque allá íbamos a preparar todo, como no podíamos llevar cosas armadas por la cuestión del camino, ahí mismo lo formábamos. Ya llevábamos todo hecho nada más de amarrar. Los del contrato nos daban de comer, hasta eso que no hacíamos gasto.

Cuando la gente está a la espera del castillo se siente emoción por los aplausos que luego a veces le dan a uno, pero también se siente tristeza porque hacemos muchas cosas artísticamente y todo se pierde, vamos a suponer, una imagen en tantito se va. También pasa así con las rueditas voladoras, las que suben mero arriba, luego las echamos abajo. El cuetón, la bomba, es cosa artística que se pierde.
Un cambio notable es que en aquel tiempo ante una lluvia no tenía ninguna escapatoria el castillo; todo lo que se llevaba, tanto la luz como la mecha, con una lloviznita se echaba a perder. No teníamos más remedio que prender lo que alcanzara. Y ahora ya no, se encera la luz, se le pone plástico a la mecha, y después de eso se le da una pasada en cera a todas las rueditas. Actualmente con una lluvia o un granizo que caiga lo que alcanza a durar son de dos a tres horas, hasta con un aguacerazo todavía a las dos horas se alcanza a quemar y funciona exactamente; ésa es la novedad que se le ha hecho. En cuestión de materiales que nos traen del extranjero, nosotros ocupamos clorato de potasio, clorato de varita para la luz verde, clorato de estransiana para la luz roja, puros nitratos.

Como yo miraba en esos trabajos tanto a mis abuelos como a mi papá, quiere decir que nací en la pólvora, en la cuetería. Por eso comprendo y sé de lo primero hasta lo último, qué cosa es peligrosa y qué no, porque luego nos toca la de malas. Lo único delicado que tenemos es el explosivo del cuetón, porque a la hora de estar haciendo la revoltura bien puede fallecer uno al instante. Por eso ahora el que está haciendo la mecha está en un lado, también el que hace las conexiones de la luz de cuetes, el que hace los polos, el que hace el golpeante para que dé vuelta la rueda, y así por lo regular está todo repartido, porque si a uno le toca la de malas, cuando menos ya no les toca a todos.
También ora ya tenemos pararrayos en el taller, afuera hay un fierro que está conectado para que dejé la electricidad y al meterse adentro se necesita traer toda la ropa en algodón.

Los compromisos
Es muy cierto que los castillos son un poco como la vida, nomás una pasadita. Y en esta cosa, así se tenga un difuntito si no hay quién vaya a cumplir el compromiso uno tiene que ir, porque no hay modo que sea para mañana, se tiene que quemar el mero día de la imagen porque pasando esa fecha se acabó la fiesta, entonces tiene uno que ir a cumplir a como dé lugar aunque esté su papá o su mamá tendido. Es un compromiso que tiene usted con ellos, y aparte que ya se les ha dado la palabra hacen falta esos centavos. En aquel tiempo se hacía mucho la fiesta del Sagrado Corazón, le tocaba un día al panadero, al carnicero, al campesino, al sastre; todos se reunían para pagar los gastos. Cuando comencé a hacer castillos valían 18 pesos y ya era un dineral, ahora el más chiquito anda entre ocho y diez mil, de ahí para arriba. Ya depende cómo se haga el trato uno le calcula, se le dice a la gente: “Mire, se le va a traer el castillo, más tres o cuatro toritos, bombas, cuete de trueno…”

Yo soy de los cueteros más antiguos, y he ido viendo cómo este trabajo se ha vuelto muy requisitado, todavía cuando fui a quemar a Camargo, Tamaulipas, llevábamos los castillos en tren hasta Monterrey, ahí se transbordaba a donde nos estaban esperando para llevarse en carros armazones y pólvoras. También fui a quemar a México, hasta Tres Marías, ya para llegar a Cuernavaca, y nunca
pasó nada, no había peligro, por eso pienso que ahora los materiales son más delicados o quién sabe si ya no vengan limpios como en aquel tiempo.

Lo que ocupamos de gente para armarlo son de seis a siete personas, cada quien se dedica a una cosa y ya sabe lo que tiene que hacer. Tanto los que trabajan en el taller como los que están en el castillo tienen que ser expertos. El maestro ya sabe a quién confiarle una cosa y a quién otra. Si tenemos dos o tres compromisos el mismo día, ya sabemos qué nos corresponde. Porque a la hora de trabajar en una comunidad no se va quemar luego luego, sino que el deber es preguntar:
—¿Cómo vamos a quemar esta pólvora, señor?
—Bueno, yo quisiera que me echaran unos cuetones a la hora que están llamando la misa, o que de las ocho en adelante me empezaras a quemar unos cuatro cada media hora para que la fiesta vaya adelante.

Todo eso que vamos quemando antes se llama obra suelta, ya después que se acaba, quemamos un torito para que la gente se empiece a animar, con esos hay que tener mucho cuidado porque una quemada de la pólvora es muy peligrosa.
Con esta cuestión de la cuetería no he podido dejar el cigarro, cuando voy a hacer alguna revoltura, a preparar o calar una luz lo necesito y también para prender el castillo uso la brasa.

Si en una fiesta todo sale bien, lo que queda es alegría, pero regresa triste si oye decir: “Qué malo es ese cuetero”. Cuando quedamos mal no halla uno ni dónde meter la cara. Me ha pasado, lo he sufrido en carne propia. Por eso se requiere ser experto, para que algún amarre no vaya a fallar a la hora que se va a pasar al otro, y es que si se le olvidó poner alguna cosa ya no prendió. Para que la chispa pase de un lado a otro lleva un pedazo de cañuela de chavelina, un pedacito de mecha, como es enredada y oculta la gente se da cuenta que está prendida por el humito que avienta pero uno que sabe dónde quedó aquello, piensa: “¡Híjole!, ¡no sale, ya valió!”. Es por eso que ahora hay que prevenirse con un carrizo de los más grandotes, y si se apaga pronto hay que decirles: “¡Préndele de esa rueda para arriba!”, sólo así se libra el paso, pero de todos modos ya fue un defecto porque el castillo perfecto con una prendida tiene. Ahora se usa mucho que le prenden una esquina, luego la otra, ya se acostumbró la gente a ver eso, y aún así se corta a medio camino. Para que chiflen se prepara un polvo que le nombramos silbato; se lo ponemos en la ruedita. El que está silbando es un cuetito más chiquito que se le pone, y el que da vuelta es otro.

El paso de los años
La mujer que me encontré ésa fue la única y hasta hoy día le he guardado respeto; hace pocos años que falleció. Su hermano era panadero y ahi la conocí. Como yo no tenía ni mamá ni papá, le dije a un tío que me hiciera favor de pedirme la novia, pero contestó: “¡No tengo tiempo!”. Anduve buscando de favor quién me la pidiera. Desde el primer día tuve con ella buen pensamiento. Tuvimos 15 hijos.

Ahora que ya salgo menos a las fiestas y que veo en mis manos las huellas del paso de los años, me siento aquí entre los carrizos y la pólvora a recordar cuando siendo chamaquito anduve con don Chanito, que fue como mi segundo padre. Una ocasión fuimos a San Marcos de Begonia. Nada más íbamos los dos porque eran castillitos para presentarlo en la imagen y listo, pero ese día le dieron mucho de tomar y todavía tenía armazones tiradas. Ya había puesto las ruedas pero estaba el morillo todo tirado. Al ver aquello les decía: “Ya no le den a don Chanito alcohol”. He de ver tenido unos nueve o diez años. Como no hacían caso me puse a llorar, pos yo no sabía pasarle la mecha de una rueda a otra de modo que se apague y vuelva a prender de vuelta. Ya se estaba haciendo oscuro, y ahi vamos con el castillo cargado, pero como todas las gentes iban bien tomadas nomás se oía los golpes contra los garambullos y las ramas de los mezquites. Yo seguía apurado porque sentía que íbamos a quedar mal. Un muchacho con el que había hecho amistad también empezó a llorar: “Bueno, ¿y tú por qué te pones así?”. “Pues porque te veo llorar a ti”, me contestó. A mí se me salían las lágrimas de apuración y a él porque me estaba viendo. Como pudimos llegamos, nos pusimos a amarrar y los mismos de la comunidad lo pararon y quemaron. Conforme ardía por un lado ardía por otro. Ya luego le dijeron a don Chanito: “Oiga, pos estuvo mejor que ningún año, ora sí prendió por dondequiera”.

He soñado que estamos en alguna comunidad y que vamos caminando hasta la parte donde vamos a quemar el castillo. Sueño que lo preparamos, que lo armamos, veo cómo va la música, las danzas, veo que soy un niño jugando entre el humo, entre las luces. Cuando la corona empieza a girar para encaminarse al cielo busco a mi papá entre el gentío de la fiesta… y luego nomás de pronto como que me siento grande.





 
Don Calixto Granados

 
Don Pedro Ramos


 
Don Calixto Granados

 
Don Pedro Ramos


Estoy a toda madre. Estoy muy bien, me cuido mucho, sigo activo, bueno, estoy jubilado por la Universidad de Guanajuato, yo les digo: "Yo trabajo para la iglesia pero me mantiene el gobierno".
Y qué  bueno, porque yo estoy muy bien del azúcar, de todo, pero se gastan casi  doce mil pesos al mes de medicamentos y todo me lo da el  gobierno, la iglesia no da nada, nada. Pero yo sigo trabajando normal, precisamente ahorita voy a ir a Celaya para traer el misal del mes entrante, a traer vino para el templo; yo me encargo de todo.
Nada más que se nos estaba cayendo el templo, ya le hicimos todo, pero tiene una rajadota, el coro se estaba cayendo, ya lo apuntalaron; se está cayendo la torre, pero ahorita  no han venido. Luego vinieron de CONACULTA y me dijeron que lo pintara y dorara el altar. Me dijeron "Con dos millones, padre, pero con uno que tenga ya podemos comenzar".
Pues no. Yo a veces les digo en la misa, de relajo, si a alguien le sobran dos millones, que nos de para arreglar el templo.

[Leí su poemario, La Paloma Vacía]

Ah, es una tragedia eso.

Me lo cambiaron todo, una parte con que termina, está a la mitad. Mira, estaban numerados del uno al diez, tenía uno que fungía como prólogo y luego del uno al diez, y no se quien lo puso en galeras que me lo cambió todo.

Los versos son heptasílabos, yo quiero aclimatar el verso heptasílabo, porque el español tiene octosílabo  pero es heptasílabo  y hasta los versos me los pusieron mal. Yo les dije: No, yo no presento eso,  por eso me tardé en presentarlo, tuvieron que componer; pero de todos modos quedo alterado…

Ese poemario tiene un tiempo, de una etapa en que yo estaba en una crisis espantosa y tomé a Jonás para desahogarme, ahí destruyo todo, todo, me voy destruyendo todo, hasta el dogma, digo el dogma envejecido o algo así, por ahí anda un verso

..Un dogma apolillado
que el terror abortara.
estaba construyendo
de mi nada los dioses.


Tomé a Jonás porque Jonás era un profeta y ahora sabemos que es un personaje literario, le dice Dios: "Ve a Nínive" y Jonás dice: "No, yo no voy. Voy y les predico y luego se burlan de mí, pues se convierten y les pasa algo. ",Ve  -dice Dios- Ve" "No, no voy " y se va a embarcar, luego el barco se anda hundiendo. Y tratan de averiguar  por qué, a ver quién es el causante y les sale Jonás, luego lo avientan al agua  y se lo traga una ballena, un cetáceo.

Era rebelde ya, por eso lo tomé, estaba por un momento muy difícil, por eso deshago todo:

En su seno mostrenco
habito como efímero
iluso de la mente

Pero fíjate que ahí hay una parte donde dice "sin mujer y sin rito" pues qué, a qué viene eso, lo cambiaron. Dice: "Sin mujer y sin rito" pero es "Sin mujer y sin hijo /sin sol y sombra amada". Es  decir estoy en una soledad absoluta. Como el otro que dice:

desnudo como el agua
como la luz desnudo

Es decir que mi vida es transparente, eso quiere decir, no que esté encuerado, sino que cualquiera ve, así como se ve el agua, así es mi vida, no tengo nada que ocultar

Me miro en las vidriosas
miradas de la muerte
sedicioso disgusto
me salta en las palabras
Conspiran en mi pecho
los ruidos de la noche
y de mis sucias llagas
brota una luz terrosa
que destruye los mitos


Tengo cinco premios nacionales de poesía, gané  en Aguascalientes, Hermosillo, Mazatlán, en un pueblo de Jalisco con un Jardín Grandísimo, no recuerdo como se llama.

Escribo desde niño, yo creo que uno nace, ya nace uno con una tendencia. Yo me acuerdo que en la casa recibíamos una revista, que eran como dos hojas y tenía una selección literaria y a mí me gustaba leerla, eran versos que leía  y como yo no sabía de métrica ni nada, estaba re chiquillo, los media con un popote y luego hacía mis versos del tamaño del  popote.

Después ya me dediqué a estudiar literatura y hasta tengo un libro gruesote que se llama "Una Teoría Literaria según las Cuatro Causas Aristotélicas", es también filosofía. Y tengo uno sobre el método científico, se llama "El Método Científico" y, cuando estudiaba yo en Guadalajara para sacar mi licenciatura, se los llevé y que me hablan,  me dijeron :"Te van a dar tu título por el libro". Lo aceptaron como una tesis.


Siempre he estado ligado a la filosofía, nosotros allá  en  Estados Unidos     estudiamos cuatro años de filosofía, y cuatro años de humanidades. Yo estudié los cuatro aquí en México y ya los demás en estados Unidos: cuatro de filosofía y cuatro de teología. Son doce en total. En México nada más tres años. Estábamos por ahí en la selva. El primer año fue en San Francisco, un pueblillo que estaba cerca de El Oro, Estado de México. Son lugares preciosos llenos de pinabetes y de pinos. Después otro año estudiamos  en Santa María y otro año, el último, en Tlalpujahua; Andábamos huyendo, todavía por la persecución religiosa, por eso arreglaron los Obispos que se nos recibiera en un lugar al norte de Nuevo México, lindando con Colorado. Ahí estudié ocho años, del 40 al 48.
Cuando llegué yo aquí tenía dos años de ordenado y en esos dos años me habían preparado para que diera clase en el seminario pero  a mí no me gustaba. En el seminario de Morelia, no se si ahora todavía,  eran muy estrictos. Por ejemplo, en la mañana lo primero que veías era el padre que se andaba paseando mientras tú te levantabas; te vigilaba. En la noche  lo último que veías era el padre que andaba vigilando.  Luego de cenar se formaba uno si quería ir al baño y ya le daban su momento para ir de de uno por uno al baño. No podía uno  ir a sus cuartos, tenía que pedir permiso. Eran muy estrictos. Yo llego de Estados Unidos  que teníamos mucha libertad. Allí era a conciencia de cada uno. Y sin embargo, el jueves  podíamos salir desde las cinco de la mañana, si queríamos, a pasear. Íbamos mucho al Hermits Peak,  se dice que había un ermitaño en aquellos tiempos. Íbamos mucho a Las Vegas, nos llamaba mucho la atención ver los negros. Yo todavía llegué en la época en que los negros estaban segregados absolutamente.  Fuimos a verlos y estaba la  sala de espera de los blancos y la sala de espera de los negros; un negro no podía pasar para acá. En los templos había las bancas traseras para los negros y en los camiones en la parte de atrás estaban los asientos para los negros. Contaban de una negra a la que le dijo un gringo: "Déjeme la silla". "No, no," Y no se la dejó, pues fue a la policía y se la  llevaron a la cárcel. A mí me tocó ver eso; me pasé la Segunda Guerra Mundial allá, estudiando. Y estábamos rete felices porque del ejército nos regalaron unas chamarrotas gruesotas y unos pantalones; andábamos como gendarmes pero bien abrigados. Y nos admiraba que había un lugar, un campo y en  tres o cuatro días levantaron una ciudad con casas de campaña, estaba todo un ejército  ahí, ahí los preparaban. Nos parecía muy curioso cómo son los gringos: había un departamento y ese era el templo. Pero era para todos los ritos: entraban los protestantes de una secta, los de otra,  entraban los católicos y así; el mismo templo pero para distintos cultos. y de recién ordenado yo, me mandaron a  Santa Fe, que es la capital de nuevo México; Allí iba y yo celebraba en catedral y hacía mis primeras predicaciones. Estuve yendo porque me ordenaron y duré como tres meses nada más. Pidieron que me viniera, porque mi pueblo, donde yo nací que es La Piedad, iba a  cumplir 400 años y me llevaron a que yo cantara la misa de la festividad. Uf, fue un relajo bárbaro. Allá somos muy devotos del Señor de La Piedad. Se llama de La Piedad  porque era un tronco, un pedazo de una rama de árbol que figuraba como un Cristo y cuentan que llegaron unos fulanos y dijeron que eran escultores y dejaron el cristo ese. Luego se querían llevar el cristo para varias partes y no se dejaba, que pesaba mucho, pero para La Piedad sí luego, luego se movió. Allá lo queremos mucho. Yo tengo la dicha de que pusieron una placa en la base y yo estoy ahí; bueno, yo y todos los otros padres que se han ordenado también les ponen su nombre; yo estoy a los pies del señor de La Piedad.  Tiene un templo maravilloso, hermoso; nada más que el padre que lo hizo destruyó el templo original y nunca le agradecieron nada, a mí se me gusta cómo está; Es hermosísimo: una cúpula que tiene las mismas dimensiones que la de Roma de San Pedro; tremenda, pero como ya después advirtieron, que ya no dejaron  que tumbara más, entonces se ve la torrecita de este tamaño y la cupulota inmensa. A mí sí me gusta.

Yo tengo publicados como ocho libros; uno lo publicó el gobierno y la Universidad es un libro grueso. Tengo libros por todos lados porque pusieron piso en mi cuarto, acá tengo más libros, aunque la biblioteca está en la planta alta. Toda la casa está llena de libros, he leído prácticamente todos excepto  las enciclopedias, esas no las he leído pero sí todo lo demás.
Ahora sacan  libros  muy raros; hace unos días fuimos a comer a Irapuato a un lugar que también hay aquí en Celaya, donde también venden libros; compré un libro que se llama: "El evangelio del diablo".  Todos esos libros así, y hay muchos, tratan de echarle a la Iglesia, de criticarla sin fundamento ni nada; por ejemplo ese tiene ciertos personajes ficticios y tiene otros históricos y a todos los pone del asco, empieza por un monje que se vuelve como loco y  hace una matanza y eso lo ve un chiquillo y se impresiona, crece un poquito y hace también una matanza. Hay muchos libros así como ese famoso libro de la Magdalena, es una porquería. Al señor obispo le regale yo el texto del libro ese, se lo regalé en inglés,  me dijo: "Pero yo no sé inglés"; se lo conseguí en español,  pero habla unas cosas horribles de veras. Después en Life leí un artículo donde ponen lo que es lo que la verdad: Está Cristo en Betania y le va lavar los pies una fulana, pero ahí no dice que sea prostituta y después una  vez se los lava la hermana de Lázaro que tampoco era prostituta. Luego en Lucas hay un momento en que dice el evangelista que Cristo está en Nahí, donde ve a una madre que va llorando su hijo y se lo resucita; después habla de unas mujeres que acompañaban a Cristo entre ellas la Magdalena, son como unas ocho que los acompañaban y como eran de dinero pues le ayudaban con sus limosnas. Luego después habla de que un fulano le ruega a Cristo que vaya a  su casa a comer, un fariseo; Cristo como que no quiere  pero al fin cede y va y allí llega una mujer y el fulano que lo invitó dice: "Si éste supiera qué clase de mujer lo está tocando…", pero no dice que fuera María Magdalena, no lo dice. Era una fulana que era prostituta pero no dice que fuera Magdalena. Ya te digo en Life la defienden y dicen la clase de mujer que era, era una mujer quizá… no sabemos, quizá rica… quizá viuda…  eso sí de un carácter muy fuerte porque siempre anda de lideresa.
Los otros trabajos de poesía tienen este corte duro, angustioso. El primero que me publicaron, yo les mandaba versos a mis amigos y ellos lo reunieron y me hicieron un libro se llama Fulgor Errante; es el primero. Un día que me van llegando con un montón de libros.
El segundo  se llama Nevado Fuego, sobre la Navidad. Es contradictorio nevado-fuego, pero es bonito. Después tengo otro, el mejor de todos, no tiene ni una falta porque me lo recogió un maestro de la Universidad, él me  corrigió galeras y no tiene ni una falta se llama Bajel de llantos,  el que lo corrigió es maestro de la Universidad,  fue maestro allá en Acapulco, era el director en una preparatoria, ahora ya se retiró pidió permiso y sigue en Acapulco.

Tengo uno de puros sonetos a Cristo, el remolino de Dios, donde tiene como epígrafe: "Y en cuanto más pequé se me fue más adentro la raíz de la fe" el epígrafe es de mí mismo. Me gusta ponerles epígrafes. Tengo los poemas que me publicaron en Estados Unidos cuando era todavía seminarista y también le puse un epígrafe que dice: "Aprendiz de lejanías, el poeta y nada más".
Y tengo otro: En el remolino de Dios hay unos poemas que me gustan mucho que se llaman "Del reverso de Dios" porque Dios me estaba acabando y se reía.
Es poco lo que se me ha publicado, lo publicado son  tres papelitos. Todo esto [me muestra unas 1000 hojas] está inédito. Por ejemplo "Agua de pie", todo esto, Este se lo hice a Alfonso Díaz Garza es un soneto en el árbol,  me tardo varios días para ordenar todo. Tengo una cosa que se llama "Los Dioses Vacíos", creo que es de lo mejor que tengo porque está muy bien estructurado, estoy muy influenciado por la poesía española del Siglo de Oro, hice yo un poema que… a ver si no me corren de la Iglesia; porque empecé a hacer algo sobre Caín, un diálogo entre Caín y Abel y resulta que, yo no sé cómo, de pronto tenía todo un poema muy grande en cuatro partes. Primero las tentaciones¨, hay un coro de ángeles, le dicen a Caín que no piense tanto, que se someta. Los ángeles le dicen: "Nosotros somos pisoteados pero  no nos preguntamos nada; tú no te preguntes, tú sométete y ya". Entonces le habla también el demonio; es un personaje que se tiene que oír sólo la voz, es como para teatro. Luego viene los presentimientos, un diálogo entre Eva y Adán. Le dice Adán: "Engendré este desastre" y Eva dice unas cosotas: "Más hombre te quería" le dice a Adán y también "Lobos engendran lobos" le dice, "por eso los hijos que tenemos se odian, son lobos". Y luego viene otra parte donde todo le va diciendo a los dos muchachos que nada vale en la vida. Fíjate que tomo primero la religión, son como las rocas del sacrificio, pero  que no le satisface. Luego viene la filosofía y el arte y la técnica. Todos hablan, son personajes ficticios que van hablando y al fin habla la muerte; eso es lo único que les queda después de todo. Dice "nada le satisface, yo solamente quedó al último". Entonces el último es la noche final, va con Caín y van hablando y van diciendo cada cosa… pero la cuestión es que el que odia es Abel,  quiere matar a su hermano. Caín es el bueno, Abel es el malo pero aquél se le adelanta y le da un fregadazo. Al último dice Abel: "Madre tapa mi herida, me estoy quedando ciego" y entonces Caín se va, nada más vuelve y dice: Mi crimen fue una trampa. Al último Eva dice: "Y yo, mujer de llantos,  somos dioses vacíos, que no nos satisface nada, nada…"





Cerca de las cinco de la tarde del miércoles 29 de diciembre de 2010, las  campanas del templo de San Francisco emitieron un tañido tristísimo, presagiando un deceso lamentable. Así fue: Agustín Ayala García, mejor y ampliamente conocido como el Padre Agustín dejó de existir. El nonagenario sacerdote, profesor y poeta terminó su fecunda labor en esta realidad, sin dunda alguna para transitar por otra más acorde a su vastísima cultura y a su profunda sensibilidad humana. Qué ironía no tener palabras más armoniosas que las suyas para decirle:

Los ángeles vestidos de rubíes
añafiles tocando de luz pura,
golpeando atabales de luceros,
vinieron a tu muerte

Tú, -encallado en la nieve
con los ojos abiertos a otro mundo,
con el ruiseñor de tu lengua dormido en una rama de frío,
con tu corazón entretenido
en tanta soledad-
no los pudiste ver.

El Padre Agustín ejerció su ministerio sacerdotal en nuestro pueblo desde 1948, lo cual significa que tenía sesenta y dos años en SU barrio de San Agustín. No se me ocurre nadie más conocido a lo largo de los años en nuestro pueblo. Tampoco se me ocurre nadie con una personalidad tan fuerte como la suya; bajo ninguna circunstancia podía pasar desapercibido, hasta su fisonomía y  su voz eran singulares, mucho más lo era su modo de expresarse y los elaborados pensamientos que manejaba con aparente facilidad. Para  varias generaciones fue un referente como sacerdote carismático y para muchas personas como un entrañable amigo. Siendo un hombre longevo conoció a muchos comonforenses y los vio morir también.  "Yo he visto morir a mucha gente", me dijo en una ocasión, "Es horrible,  el enfermo está hablando con esfuerzo, luego desfallece y muere…"

Pero ellos vinieron.
Casi no lo creía.
Estaba dolorido mirándote
cual detenido río,
como león parado en la carrera,
como flor deshojada
sobre la helada piedra del silencio.

Fue un gran maestro y como tal lo conocieron  muchísimas generaciones de estudiantes de toda la región.  A la luz de los años puedo asegurar que pocos profesores pueden acercarse al dominio que tenía de sus materias y a la vastísima cultura que, como destellos involuntarios, iluminaban sus cátedras.  Lo digo con pleno conocimiento, fui su alumno en preparatoria y recuerdo la manera sorprendente en que nos conducía por un laberinto de premisas o silogismos, entre los que, sin abandonar el tema, también nos hablaba de historia, literatura, arqueología, medicina, física o lo que fuera menester.
Y parecía que jugaba, como si todos los conocimientos que impartía siguieran por sí solos un orden preciso y él fuera solo el conductor de las ideas que debían enraizar en nuestra mente. Quizá el acento lúdico de su clase lo daba  la desproporción entre el pequeño conocimiento que debía compartirnos y el tremendo acervo, en constante crecimiento, que le habitaba.  El día que pude conocer su biblioteca, sobre el asombro con que yo contemplaba los miles de volúmenes ahí reunidos, varios de ellos en latín o griego, dijo, sin un asomo de presunción: "Y los he leído todos".

Rodearon, callados, tu ataúd.
Una herida imperceptible se les abría en el pecho.
Contemplaron tu rostro largamente.
El rostro que la brisa te pulía
y al que hoy la muerte puso una lívida sombra.

Tú no podías verlos,
estabas demasiado entretenido
pero ellos vinieron a tu muerte.

Y por si fuera poco era poeta y un poeta enorme, no es necesario argumentar que ganó siete premios a nivel nacional, basta con leerlo para comprender que su trabajo literario tiene una calidad indiscutible, pero además nos brinda la oportunidad de  asomarnos (un poco y no es tarea fácil) a sus sentimientos, a sus afectos, sus fobias y a las tremendas pasiones que, como todo ser humano, gozaba y sufría.

      Yo le gritaba a Dios, pero no quiso.
Dejó que me quemara. Y me deshizo.
Quizá fue por su amor. Y era preciso.
Sólo sé que así fue. Y en mí se hizo.
      Yo no quería. No. Yo no quería.
Contra el fuego luché de noche y día.
Me abrazaban las llamas en orgía.
Y Dios que me miraba se reía.
      Ahora así pasó. Así fue el modo.
Ni siquiera al nivel llego del lodo.
Nadie me espera ya en ningún recodo.
Dios me volvió la espalda y eso es todo.
      De la nada no soy ya ni ceniza.
E insiste Dios con su burlona risa.

    Como su obra está distribuida en varios volúmenes podríamos seguir hablando  y elogiando su trabajo durante mucho tiempo,  pero hoy regreso a su voz para decirle:

Cerraste tras de ti la última puerta.
Puerta que da al silencio y a la sombra.
Y es mi afilada voz, cuando te nombra,
Llama que en tanta muerte está despierta.
¿Vas por qué cauce como agua incierta?
¿Qué viste o qué no viste que te asombra?
¿Pisaste de qué olvido helada sombra?
¿A qué pavor abriste la compuerta?
Yo miré únicamente que los ojos
Cerraste, que tu cuerpo quedo inerte
Y que te hiciste un campo de despojos.
Y ahora dolorido te pregunto,
¿Qué hallaste al otro lado de tu muerte?
¿Sueño, ceniza, nada o todo junto?

    Junto a la tremenda pérdida que significa para nuestro municipio la muerte de uno de sus más singulares y valiosos habitantes, me atormenta el sentimiento de que su excelente poesía no sólo es muy poco conocida por los comonforenses sino la certidumbre lamentable de que su obra irá, sin él,  cayendo poco a poco en un inmerecido silencio. Y no sé, no se me ocurre qué hacer, qué decir, con quién hablar para que esto no suceda, para que no sean un vaticinio estas palabras, también suyas:


…Sobre duros claveles
de niebla, trashumando,
se acabará mi sangre.
Y una mancha de olvido
quedará donde estuve.


RESEÑA BIBLIOGRÁFICA


Nació en el año 1934, estudió primaria, secundaria y preparatoria en el Colegio Alemán Alezander von Humboldt de la ciudad de México.

Estudió Ingeniería Civil en la Universidad Nacional Autónoma de México, recibiéndose en el año de 1962 con el tema de tésis: Estudio de los problemas que se presentan en la cimentación del varadero transversal del puerto de Coatzacoalcos, México.

Estudió el doctorado en acústica en la Norges Tekniske Høgskole (Universidad Técnica de Noruega) Institutt for Akustikk en la ciudad de
Trondheim, Noruega
Título de la tesis del grado: Lydreduksjon i Gjenomløpende Himlinger (Reducción sonora en plafones corridos).

Realizó estudios diversos en Música, Educación, Dirección de Empresas y Ciencias Ambientales.

Tiene licencia de locutor, Categoría A, certificado por la Secretaría de Educación Pública.

Además del español maneja fluídamente el noruego y el inglés, un 75% de alemán, portugués e italiano y un 40% de danés, sueco y francés.

Está certificado por la Organización Internacional del Trabajo como especialista en acústica y como tal realizó trabajos de verificación y revisión de normas en toda America Latina.

Desde 1968 ha desarrollado diferentes proyectos acústicos para instancias públicas y privadas

Tuvo a su cargo la redacción de las Normas Oficiales Mexicanas que regulan la contaminación por ruido y la emisión del mismo.
   
Ha ejercido la docencia en múltiples instituciones educativas en nivle medio y superior en la región y en el municipio.

En el año 1990 creó y condujo el programa "El café de Federico" de XEITC.

Tiene más de veinte publicaciones de carácter técnico en diversas revistas especializadas.

Ha realizado muchas investigaciones acerca de la historia de nuestro municipio, mismas que están plasmadas en diferentes trabajos, algunos de los cuales ya han sido publicados, como el magnífico trabajo llamado "Chamacuero, Orígen y destino". 

Están en espera de publicación seis trabajos sobre temas de ingeniería, así como catorce obras entre las que se hallan dramas, comedias, novelas, piezas musicales (rapsodias, preludios, tríos).



    Un hecho bastante significativo, (y que a estas alturas no debe sorprendernos) es que el escudo de Chamacuero que se encuentra en la presidencia municipal, fue tallado en madera por el  profesor Santana. 

Don Alfonso López



Don Alfonos López


Don Alfonso López es uno de los impulsores de ese extraño y admirable fenómeno cultural del barrio de La Rinconada. Tuve el gusto de conocerlo hace unos diez años, además de su carisma, me impresionó la actitud positiva en extremo con que afrontó,  y sigue afrontando, un grave accidente y las consecuencias del mismo. Cuando le pedí una entrevista me cuestionó amablemente qué interés podría tener su vida como para darla a conocer.  Cuando le comenté que su historia podría ser inspiradora para quien tuviera un problema de salud semejante al suyo o tan grave como el suyo me dijo, sin falsa modestia:
-Mire, sólo si usted considera que lo que yo he vivido puede serle útil a alguien, publíquelo.
Así fue como un sábado me invitó a  almorzar y platicamos muy a gusto, transcribo lo que me platicó don Poncho, algunas observaciones de mi parte las coloco entre corchetes [     ]:

Yo nací en Comonfort, en el centro, no sé exactamente dónde, pero la que auxilió a mi mamá fue la difunta María, esposa del Neo.  Mi papá es de aquí de Comonfort, mi mamá del municipio de Dolores Hidalgo. Se vino de pequeña para acá, de unos diez años. A veces, esporádicamente la llevo cuando  tiene ganas de ir a su tierra.  Yo fui el mayor de once, pero falleció uno que se llamó Julián, murió pequeñito.  Siempre he andado trabajando; desde muy pequeño. Hubo un tiempo que estuve con mi abuela, la mamá de mi mamá, fue como año y medio; temprano nos íbamos al cerro; de ahí de La Rinconada atravesábamos hasta unas tierras arriba de Camacho, ella se dedicaba a vender aguamiel, iba y compraba magueyes a las magueyadas que están de este lado de la colonia de Chela Mota. Yo  me iba con ella, no siempre en la mañana, pero sí en la tarde, y le ayudaba a cargar el aguamiel, ella lo vendía a la pulquería de doña Maximina, ahí en los remedios. Desde muy chiquillo anduve con las chivas, las echábamos al cerro, era cosa de andar con ellas y luego regresarlas. Yo me iba hasta La Lagunita, hasta La Laja, al Caracol.  Estoy hablando de una distancia de Escobedo a Comonfort, pero no era yo el único. Anteriormente llovía, hace cuarenta años llovía, no como ahora, mucho más.  Las chivas  tienen de a dos críos, en la época en que parían uno tiene que cargarles los críos; pero cuando eran más de dos chivos, uno le buscaba, que no se fueran muy lejos, porque si se iban lejos la chinga era para uno cargándolas, ya salía mi mamá a encontrarme o mandaba a mi hermanilla.  Ese año que estuve en la escuela se me hizo más descansado porque no tenía que ir con las chivas. Entrábamos a las nueve de la mañana,  pero a esa hora ya había yo ido y venido con mi abuela con el aguamiel.  Entrábamos a las nueve y salíamos a las doce, luego entrábamos a las tres y salíamos a las cinco. Ahí conocí a otras gentes, a varios de los compañeros los he visto por ahí, a otros ya nunca.  Fue bonito porque ya no era la misma chinga y además comía yo bien. Nunca nos quedábamos con hambre, pero acá con mi abuela era un poco más y más variado.  Frijolitos fritos, un cafecito, un atolito, hasta un pan y allá nada más frijoles  y tortillas porque éramos un buen puñito.
Nunca anduvimos descalzos, ninguno de mi familia; eso sí, traíamos unos pinches huarachotes que parecían cangrejos, ya todos deshilachados. En una ocasión yo no quería ir a cuidar las chivas porque era día de mi cumpleaños y me decía mi mamá:  "Mira te van a traer unos huaraches nuevos".  "Yo no quiero huaraches", le contestaba.  Pero tuve que ir a trabajar, aunque fuera mi cumpleaños y tuviera la ilusión de descansar un día. [Don Alfonso se emociona al relatar esto, como si un sentimiento profundo le llegara de golpe desde su infancia, dilata unos instantes en seguir hablando]. Fíjese que haber pasado por por todo eso… no sé, yo sufrí mucho, pero no tengo remordimientos en contra de nadie, al contrario, estoy  contento.
Después mi papá fue trabajador de José Sánchez Mancera, mi papá era alfalfero. Vivíamos por allá, más allá del balneario de Malagón ; nos veníamos a las cuatro de la mañana para estar aquí a las cinco y media, porque era a Caballo, del balneario todavía son unos 2 km más adelante y había que bajar desde allá para llegar a la Hacienda de Don Juan, todo eso. Nos veníamos, se hacía la tarea que era tumbar una melga de alfalfa y sacarla a la orilla. Yo empecé cargándola, tendría unos siete años, para cuando mi papá terminaba la amelga ya le había aventajado acarreándola a la orilla. Y llegaba don Evaristo un viejo hijo de su…, siempre en un caballo retinto, nos hacía recoger toda, "Ahí está quedando" decía. Ya después mi apá me consiguió mi hocesita, el gallito que le llaman,  es una hoz chica y me iba dejando mi apá una orillita para cortar y el seguía y yo iba tumbando ese tramo. Me hice bueno para esa labor, no sé qué edad tendría pero ya me daban mi tarea y yo salía junto con mi papá o poquito adelante. Me acuerdo una hoz que era bien livianita, hasta  sonaba bonito. La jornada era de las seis a las diez, a veces un poco más o un poco menos, dependiendo de cuanto había que acarrear la alfalfa, y acabando de vuelta p´al cerro y a chingarle, a sacar las chivas. Estuvo cabrón, pero eso fue lo que me tocó. Ya después nos venimos a vivir acá a La Rinconada, no sé el motivo, no le he preguntado a mi mamá la razón, yo todavía estaba chico. Y aquí empecé a trabajar cortando aguacate con Tavo Espinoza, como es uno pendejo, fíjese por quedar bien, me subía yo hasta mero arriba, en unas ramitas que hasta se mecían, y eso que estaba yo flaco.  Ahora pienso en todo el riesgo que corrí: eran unos árboles enormes. Y ahí andaba uno trepado para que vieran que se la partía. Anduve trabajando ahí, después cortando el jitomate, en San Juan de la Vega, para esto ya tendría unos doce años, ya había trabajado con Gonzalo Martínez, con él no tengo buen trato. Trabajé con él en unos chilares ahí al otro lado del río rumbo a Neutla, entonces andaba Maximiano, Luis, el Chelito, andaba yo. Puros chamacos. Esos éramos los que veníamos de allá del barrio y muy rara vez salía para un pan Se acuerda que don Luis Anaya tenía una   panadería en Pípila,   pues llegábamos y estábamos toque y toque para que nos cobraran el pan, más de una vez nos fuimos sin que salieran a cobrarnos, entonces ya nos armábamos unas bolsotas, con la intención de que no salieran a cobrarnos, eso fue cuando trabajé con Gonzalo.
Mi infancia y mi juventud siempre estuvieron ligadas al campo. Yo siempre he sido rebelde, muy dentro de mí he llevado la rebeldía como algo natural, desde chico. Aquél mayordomo, don Evaristo, regañaba a quien quería, era un hijo de su… y mi papá me puso una chinga por haberle dizque rezongado; se tumba la alfalfa con la hoz y siempre llegaba chingando: "Bájenle más la mano. Bájenle más la mano", cuando a un troncón viejo no se le puede bajar más y él "Niño bájale más la mano.  Y le dije: "Bájese a decirme cómo" y eso me costó mi chinga, fue y le dijo a mi papá. el caso es que mi apá con el gancho de la alfalfa me puso mi chinga.  Yo era alfalfero y era bueno para mis años, porque después entró un alfalfero que le decían el Pocillo, Francisco, pero él tumbaba tramos enormes, a puras hoz, llevaba diez veinte alfalferos y pagaba por melga y se quedaba la alfalfa ahí tirada, para que se asoleara y empacarla. No pos ahí ganaba yo más que mi papá o lo mismo que mi papá, no había que cargar, mi papá después de un tiempo me ayudó a acabar mi tarea, aunque salíamos parejos, el cargaba más que yo. Mi papá me enseñó mucho, pero sí se pasó.
Me fui saliendo del nicho familiar, porque ya ganaba bastante bien en el jitomate. Como a los quince años me fui a la ciudad de México, yo quería trabajar con un albañil, a hacer tubos, pero mi apá no me dejó, ya después me enteré que era porque el compa este era medio maricón, pero ya no me quedé a gusto. Este señor con quien me fui a México se llama Felix García, habíamos hecho tratos, poro ejemplo, un día me puse unas botas que mi apá trajo del norte, me quedaban enorme y llegué en botas al cerro. Me decían "Véndemelas".  "No, son de mi jefe". "Véndemelas, él te trae otras". El caso es que tracalée las botas por una chiva y un bote de miel. Pero nos llevábamos bien, me invitaban o los invitaba.  Félix  ya se había ido a México y nos juntábamos y me decía:  "Vámonos a México, ¿qué tal si consigues chamba allá?"  Y agarré y me fui. Pero él no sé quedó, agarró y se vino muy pronto, pero allá me dejó instalado en una casa y yo chiquitillo, me aceptaron.  Me dieron trabajo de volada en una fábrica de plásticos, de ayudante, había una máquina grande, estaba el maquinista y yo ahí, el maquinista, una mesa. Todos los envases que iba aventando yo los iba limpiando de rebaba. Salí bueno y, qué se compara con el trabajo en el campo. Salí bueno y que va llegando el primer pago…  ¡Era un dineral! Que va llegado un sobrecito amarillo con mi nombre; un dineral y era el salario mínimo del DF. No sé cuánto era pero era un chingo, así que imagínese si iba a abandonar aquello; un dineral comparado con lo que ganaba acá. Nomás que la vida allá se me hacía de la rechingada, pero eso me ayudó también a avanzar un poco más, porque  me decían que en la ciudad de México se pierde uno. Lo que me favoreció es que desde la casa la fábrica estaba a unos doscientos metros.  Había tres turnos,  seis de la mañana dos de la tarde, dos de la tarde diez de la noche, diez de la noche seis de la mañana. A mí por alguna razón me pusieron en el de la mañana, el mecánico de ahí (mecánico industrial) trabajaba doce horas,  de seis a seis. Hay gente muy medida, dando las dos en punto se iban  y eso es lo que limita a la gente para salir adelante. Eso creo, pero puedo estar equivocado, la gente se limita para todo, es muy medida y yo quizá me quedaba porque no tenía otro recurso, no conocía gente, si salía de la fábrica iba a meterme a la casa en un cuartito. Cuando le tocó al mecánico ir a ajustar la máquina donde estaba yo me puse a platicar con él y después le ayudaba en todo y no tenía que mandarme, si había que recoger algo iba y lo recogía y eso fue diario. Había gente mucho mayor que yo, al año de estar al ahí ya ganaba más que los que tenían más tiempo. Ellos, dando las dos, pum, pum, pum, ahí está la máquina y la paraban, nunca le seguían un rato más, casi es un patrón que siguen todos. Creo que ahí abrí los ojos, para esto ahí me consintió uno de los socios, era de los que trabajan directamente: Miguel Rodríguez, don Miguel Rodríguez me decía:  "Si yo me encargo de esto cómo no voy  a saber quién hace y quién no hace". Y me decía: "Alfonso, ve a llevar esto, ve a esto otro", ahí estaba a la hora que necesitaba, a veces platicábamos y yo me daba cuenta que era muy inteligente, muy inteligente, un viejo grandote. Y luego a la hora del almuerzo me llevaba al menudo, eran unos platotes de este tamaño, ahora me los termino en tres o cuatro días, pero para mí era la gran cosa que me invitara un plato de menudo.  Quién sabe dónde me llevaba en su carrito, un carrito verde ya viejito. Llegábamos y a darle. Y ya ganaba más que los otros obreros. Pero yo siempre me quedaba, en mi máquina de seis a dos y luego en la que me mandaran, de dos a seis  y si había que esperarse más me esperaba, me valía madre.  Ya después me decían: "Alfonso, ve a cambiar un refrontador" (a los envases de plástico hay que meterlos para que agarren su forma) entonces iba yo al taladro de base, le ponía el molde abajo, nada más llegaba y los emparejaba. O me decían: "Alfonso, cambia tal cabezal a la máquina fulana". Ya el mecánico estaba allá y yo lo hacía en otra máquina y por eso ya ganaba más que otra gente que tenía muchos años. Ya me movía y andaba yo por todos lados, ya no me daba miedo.  Pero siempre las mujeres son las que, por algún motivo, nos llevan a ser inconformes, tenía yo una novia allá,  me hice de una novia, batallé para hacerla mi novia, y era mayor que yo. Entonces me di cuenta que trabajaba yo un chingo, un chingo de tiempo y ganaba bien poquito. Y yo oí hablar de sindicato. Y entonces que me meto a la escuela, aquí estuve un año en la primaria, pero saqué allá mi certificado de primaria en nueve meses. Me iba a la escuela, me venía desde Iztapalapa a Fray Servando Teresa de Mier, al Instituto Tecnológico de los Leones, Allí íbamos y hacíamos examen cada tres meses para aprobar no sé qué grado. Yo todos los aprobé, eran cuatro materias, pero había tipos que reprobaban tres de las cuatro materias. Ahí en el sindicato empecé a moverle y a moverle y empezaron a decirnos nuestras garantías y todo eso. Entonces empecé a meter folletos y a hablar con la gente allá, primero con los más jodidos y ya después con los otros y todos estaban de acuerdo, pero que se dan cuenta cuando ya, ya teníamos las firmas allá y todo listo para armar el sindicato. Y que me truenan,  empezaron  a llamar a los obreros de uno por uno a las oficinas de los jefes, todos  pa´ arriba.  A mí no me subieron allá con los jefes, cuando bajaban,  ya todos habían firmado a favor de la empresa, los únicos que no se abrieron fueron Máximo Ramírez, Jesús Ramírez, Manuela Díaz  -que era mi novia- y Ubaldo Zabala. A mí no me subieron, a ellos sí los subieron, pero ellos no firmaron. Y los que no firmaron… ¡para afuera!  A mí me agarró el señor que me enseñó mucho, me dijo: "A ver, Alfonso, vamos a hablar  -me llevó a su privado- mira por ahí tú andas haciendo esto y esto". Yo todavía dije: "No sé de qué está hablando". Y don Miguel Rodríguez me dijo: "No nos hagamos pendejos, así, así y así hiciste y esto va a quedar aquí. Tú ya te vas de aquí, pero mira, yo sé quién eres tú, si tienes o no razón es asunto tuyo. Pero tú ya no puedes estar en esta empresa, aquí ya sé acabó tu chamba, es tu último día".   Yo dije calmado: "Está bien, nada más me pagan y me indemnizan" Y me contestó: "Mira, tú te vas a ir a trabajar con Pedro -un hijastro de él- ya hablé con Pedro. Tú ya manejas algo el torno, allá vas a aprender bien, pero no vayas a hacerle las mismas Chingaderas". Ahí si le dije: "Yo no necesito que me usted me diga nada, ni que me mande a ningún lado".  Y no quise.  Pero él, a pesar de que yo había prendido la lumbre, me quería allá, pero no quise. Luego medio me arrepentí, porque no hallaba trabajo, sí me fue de la rechingada, hasta que empecé con los churros y andaba vendiendo mis churros en una bicicleta, en el portabultos, atrás en una tabla sentábamos el canasto. Yo soy bueno para las ventas, ahí empecé. Ya después vivía a la entrada de la fábrica, en una vecindad. Llegaba ahí  con mi canasto y me daba pena que me vieran, andaba yo bien jodido, ya después ganaba más de lo que ganaban en la fábrica. Yo nada más los vendía y otro los hacía, llegaba yo y empezaba acomodar mi canasta, pero igual, como no tenía nada que hacer, llegaba a las tres de la mañana, a la hora que él empezaba, de tal manera que aprendí a hacerlos.  Cuando empezó a irme mejor fue porque empecé a explotar mis rutas, vendíamos en las tiendas y yo les vendía hasta a las panaderías y ahí ganaba comisión. Y vendía mucho más. A mí me dejaron una ruta, me la dejaron ya acomodada, haga de cuenta que les vendía a diez tiendas y amplié mi reparto a veinticinco. Después fue cuando se murió mi hermana, me vine para acá, y le dije al que hacía los churros (se llama o se llamaba Manuel): "Voy para allá" Y me dijo "sí muy bien, chavalón,  voy a mandar a mi sobrino en tu lugar". Me vine, pero ya que regresé le dije: "Mañana me integro a mi ruta o dime cuando" Y me contestó: "Este… mira, es que ya está mi sobrino bien acomodado ahí" "Pero es mi ruta, Manuel". "Sí -dijo- pero ahí está la chamba, consíguete otra ruta, vete para Apatlaco, hay muchas tiendas, puedes vender en Apatlaco". Y le aclaré: "Pero, Manuel, es que no está bien, te dejo las tiendas que me dejaste, pero déjame las mías" No aceptó  y le dije que me hiciera mi mercancía. Hasta le pedí de una vez que me hiciera un canasto completo. Y los hizo. Llegó como a las siete de la mañana diciendo: "Ahí está tu mercancía". LE contesté sin apurarme:  Pos es que no siento ganas de trabajar, a ver qué haces con ellos, cómetelos si quieres" Y me los quería dejar, le dije: "Dame mi ruta y ahorita a  ver qué hago con ellos y si no me das mi ruta pos a ver qué haces tú con ellos". Se encabronó y se fue. Ya después ahí anduve batallando hasta que decidí poner la churrería, me junté con un señor que vive aquí en la rinconada. A veces nos acordamos. Me fue bien, empezamos con una bicicleta prestada, me la prestó uno de mis tíos, batallamos, empezamos con un bultito de harina, un bultito de azúcar, un garrafón de aceite, un caso. Empezamos con lo elemental. Después eran seis garrafones de aceite, diez bultos de harina, un montón de azúcar, teníamos todo y ya teníamos un empleado. Al final dejé mi negocio porque me quedé con el corazón partido. El socio salió que se iba para estados unidos y me vendía todo. Y si no hubiera terminado con aquella chamaca no estuviera yo aquí, estaría allá. Pero nos habíamos peleado, nos habíamos mandado al carajo y yo no sentía motivo para quedarme allá.  Y mejor vendimos lo que teníamos. Me dije pos ¿qué chingaos hago aquí? Lo único que me traje fue una bicicleta, de rin ancho y unos rayos gruesos atrás. Anduve un ratito y luego me fui a Estados Unidos. Fue un cambiazo, porque allá en el DF ya me pegaba yo de los urbanos, iba hasta colgando por fuera y no me pasaba nada. Y en las estaciones del metro, cuando estaba bien apretado yo ni batallaba, entraba solito, ya le había hallado. Nomás con una presión suavecita lo empujan a uno para adentro o para afuera.  Duré en el norte casi dos años y regresé jurando que no volvía. Allá primero llegué a un rancho a cuidar caballos, por poco me mata un pinche caballo y terminé matándolo yo, un caballo fino, doscientos cincuenta mil dólares. Dinasty Nation se llamaba, era semental, a él se le daba comida especial.  Quince mil dólares costaba la maquila de ese animal. Le llevaban yeguas, tantas yeguas le llevaban que ya no daba abasto y mejor inseminaban. Le daban alimento especial. Pinche caballo por poco me mata, no me mató por un jeep que estaba allí, porque yo lo llevaba al corral y al terminar  lo traía y lo metía a su establo. Pero al venir de regrso había más garañones en el camino, garañones de menor precio. Entonces se encabronó porque se quería pelear con los que estaban adentro. No se peleó con aquellos, no lo dejé, pero se vino a pelear conmigo. Qué le rendía yo a semejante animal, me arrancó la manga de la chamarra, me dejó la marca y se me echó encima a los manotazos. Si me agarra así, me mata, pero me agarró cerca de un jeep entonces caí y me metí abajo del jeep. De ahí en adelante, la ración de alimento especial era para los demás a ése no le daba y lo exprimían bien duro, ya después me vine, en un mes estaba enfermo el caballo, el dueño del caballo me dijo: ¿Te acuerrrdash de Dinasty Nation? Muerrrtho. No más. Cuando me vine venía con unos primos, no sé ni por qué frontera salimos, pero salimos de un pueble que está al noreste de Texas y al llegar aquí nos bajó migración, de aquél lado, nos detuvo y nos aventó del puente para acá, hasta perdí mis cosas.  Decidí no volver o para allá, sí volví, tardé mucho. Me quedé trabajando aquí, fue cuando conocí Arturo Ramírez, trabajé como agente de ventas, en escuelas que tenían orientación para el inglés, trabajaba casa por casa, trabajé aquí, en parte de Michoacán en  parte de San Luis Potosí, duré muchos años trabajando con ellos, especialmente con Gregorio, con  Gregorio hasta la fecha nos hablamos lo  quiero como no tienen una idea. Fue mi amigo, mi patrón y mi maestro, a la fecha me sigue enseñando cosas, hasta por teléfono, en alguna plática que tengamos. Es un tipazo, parrandero, cuando perdía dinero decía: "Bendito dios, vénganse vamos a celebrarlo". Sin lástima, es parte de lo que aprendí de él, no tener lástima de nada. Yo quise empezar mi negocio en Estado Unidos vendiendo artesanía, llevé macetas, molcajetes, piezas de aluminio que vendían en los tianguis. Luego me encontré dos clientes que ya me mantenían. Mi mejor cliente se llama Adela Kirk, yo le llevaba marcos para fotos, Picture frames les llaman, haga de cuenta que yo los compraba en diez pesos y las vendía en diez dólares. Una ganancia bárbara.  Y luego esa señora me adelantaba el cincuenta por ciento. Me encargaba talavera y me daba las muestras. Con lo que me daba pagaba toda la mercancía y me iba bien. Me topé con una mujer que era un ángel de Dios ,se dedicó a unas exposiciones en el World Trade Center de Dallas y en otros lugares.  Me ayudó bastante pero en el último pedido se sientó sobre de  él y no me lo pagó y yo endeudado y pagando intereses y ya vendía yo bien, y tenía la intención de poner un negocio y al no pagarme ya no tuve con que ponerlo  pero luego me topé con este señor… Hace más de quince años que conozco a mi actual patrón, caí en un entrampamiento, yo casi siempre he trabajado por mi cuenta. Pero lo conocí desde que llevaba y traía gente en unas Vans, ahora ya con camiones yo recibo una comisión por cada boleto que vendo y le ayudo en algunos trámites.
Hace ocho años que me accidenté, estaba en un jaripeo y me sonó el celular, y para alcanzar a oír me subí hasta la última grada, me senté y se me ocurrió recargarme, pero ese pedacito en que me senté era el único que no tenía donde recargarse.  Y me fui para atrás, di la vuelta y caí de cabeza. Era una altura de unos cuatro metros y medio. Nunca perdí el conocimiento, estuve consciente en todo momento, me levantaron unos paramédicos, ponen unos escuincles a hacer esto, me les andaba cayendo dos veces. No sé si eso empeoró mi estado, luego un doctor, conocido mío que me dijo que me iba a tratar y me iba a colgar y al final nomás me entretuvo la atención.  Mucho tiempo después el neurólogo me explicó que loa médula es como una manguera, si usted la dobla y la regresa luego luego a su forma, no le queda marca. Pero si la dobla y la deja doblada tres días, cuando la enderece va a quedar chupada.  Duré varios meses cuadripléjico, es decir que nomás movía los ojos, hablaba, comía. Me dijeron que probablemente así quedara y no me convenció y ahora me valgo por mí mismo, camino con mis muletas, manejo, me siento contento. Probablemente todo lo que he vivido desde niño me ayuda a tener fortaleza y, como le dije, a no sentir lástima.
Siempre he sido sensible hacia el que tiene dificultades o que no tiene nada, pero a raíz de haber pasado por lo que pasé, que no fue poco, ya no los veo como antes, ahora cuando veo a alguien en silla de ruedas ya lo analizo: detrás de esto debe de haber una situación de la rechingada una historia de la rechingada. Y encuentro gente de toda porque hay quien está en con estas dificultades físicas, le falta una pierna, o no puede caminar o tiene problemas para moverse, etc., pero hay unos que están en una situación económica algo holgada, y hay, también, quien se deja motivar y quien no.

Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes





Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes





Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes





     En resúmen podemos decir que el profesor Plácido Santana Olalde:
*Inició la celebración de las semanas en homenaje al Dr. Mora.
*Promovió la creación del museo Casa doctor José María Luis Mora,
*Denunció la zona arqueológica de Orduña (Morales para los estudiosos).
*Promovió el cuidado de la zona arqueológica del cerro de los remedios.
*Fundó la casa de la cultura de Comonfort y fue su primer director.
*Colaboró con el párroco Francisco Nambo en la organización y conservación del archivo de la notaria parroquial.
*Realizó las primeras investigaciones sobre:
-El significado del nombre Chamacuero.
-La fundación del poblado hacia el 1400, por parte del cacique purépecha Tzi-    Tzic-Pandá-Cuare.
-La guerra chichimeca en esta región.
-La vida de doña Manuela Taboada y su hermano Pedro.
-El origen chamacuerense del coronel Ignacio Camargo.
-El simbolismo y alegorías del escudo de Chamacuero.
*Como maestro fundó la escuela primaria "Benito Juárez" de la comunidad de El Picacho.
*Realizó el rescate de la capilla de San Pedrito.
*Fundó los grupos INSEN del municipio.

Cabe aclarar que en el desarrollo de estas actividades solía recibir el auxilio de algunos comonforenses que se sumaban con entusiasmo a estas labores. Igualmente, canalizó las actividades de servicio social de muchos alumnos hacia estos fines.

Así como su interés y su esfuerzo en beneficio de su municipio, fueron una constante en su trabajo, también lo fue su queja por el escaso, y a veces nulo apoyo que solía recibir de parte de las autoridades. Pero ello no significó una limitante para que hiciera mucho, realmente mucho, por su pueblo y por su gente, sin recibir -y tal vez sin esperar- prácticamente nada a cambio. Por ello, nos corresponde a los comonforenses, al menos, reconocer el enorme mérito de la labor que desarrolló durante más de tres décadas.

El profesor Plácido Santana Olalde falleció el 10 de marzo de 2007, a la edad de cincuenta y nueve años.

Agradecemos al Sr. Enrique Santana Olalde por el material que nos proporcionó para la elaboración de este texto y al Dr. Federico Groenewold y al Sr. Félix Jiménez por sus testimonios.

Nota: Al momento que esto escribo, el sr. Enrique Santana Olalde ha editado un libro muy documentado y lleno de fotografías, donde se narra la obra del Prof. Plácido Santan, este material está disponible en las bibliotecas municipales o puede conseguirse con el Sr. Enrique Santana.



Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes





Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes





Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes





Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes





 
Miss Rosana


Miss Rosana

Rosa María Alejandra Salinas Nieto nació en el Distrito Federal el 26 de febrero de 1956, su madre, la señora Consuelo Nieto Rosales era originaria de este pueblo por lo que,  a pesar de los años vividos y los estudios realizados en el D.F. tuvo siempre una presencia en Comonfort. La mayoría de quienes la conocimos, aunque fuera un poco, pudimos percatarnos del alto grado de su  preparación, su madurez y su cultura.  Antes de detallar su formación académica, aclaremos, para quienes no lo sepan, por qué  se le conocía como Miss Rosana, Miss por las clases particulares de inglés que impartió en Comonfort durante muchos años. Rosana fue un sobrenombre que su madre le fue imponiendo desde muy pequeña, sin mayor intención que el gusto de llamarle cariñosamente Rosana o Rosanita y como un sobrenombre bien puesto se le quedó para siempre.

Miss Rosana estudió en el Instituto Pedagógico Anglo Español hasta la preparatoria. Concluyó la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en 1975.  En 1990 terminó la maestría en Literatura Mexicana con el tema de tesis: La Parodia, una Expresión Social (Estudio de la Obra Narrativa de Jorge Ibargüengoitia).
Sus estudios del idioma inglés fueron constantes desde su infancia, redondeándose con un año de estudio en The University of Western Ontario en London, Ontario, Canadá entre 1970 y 1971 más tres años en el Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras de la U.N.A.M.
Realizó estudios de Televisión en los años 1973 a 1975 en el Colegio de Arte Dramático de la Facultad de Filosofía y Letras de la U.N.A.M.
En 1980 y 1981 tomo cursos de Fotografía y Diseño Editorial en el Centro Universitario de Ciencias Humanas del Claustro de Sor Juana, A.C. Sobre estas materias muchas veces impartió cursos y realizó exposiciones.
Desarrolló su actividad profesional como profesora de Español y de Inglés en el  Colegio Madrid A.C,  el Colegio Hebreo Monte Sinaí, A.C.  y en el Centro Educativo de Celaya; en todas estas instituciones realizó muchas otras actividades además de la docencia, llegando a ser Subdirectora y Directora de Secundaria.
Fue expositora del Curso de Redacción Técnica para Profesionistas  de la Contaduría Mayor de Hacienda de la Cámara de Diputados de 1983 a 1988.
Redactó varios capítulos del tomo I de las "Memorias del Banco Nacional de México, S.N.C".
Para Grupo Auryn S.A. fue directora de proyectos Educativos, Diseñadora de Formatos, Edición de Textos, Correctora de Estilo, Redactora y Guionista para T.V. 
Fue autora del "Curso Audiovisual de Enseñanza del Idioma Hebreo para Personas de Habla Española, SHALOM." Esto implica un profundo conocimiento del idioma hebreo y de la cultura judía en genral, algo muy dificil para quienes no pertenecen a dicho grupo.
Fue expositora de los Cursos de Redacción Técnica par Auditores y Autora del Manual del Curso para la Contraloría Interna de la S.E.P. en 1988.
Fue asesora muy cercana de Margarita López Portillo y partícipe activa en la remodelación del Claustro de Sor Juana.
Llegó a publicar artículos en el periódico Excelsior.
Realizó muchos trabajos de traducción de textos, tanto del español al inglés, como del inglés al español.
De 1997 a 1999 realizó muchas actividades de Corrección de Estilo, Redacción y Diseño Editorial  para la Secretaría de Desarrollo, Evaluación y Control de la Administración Pública del Estado de Puebla, así como la Redacción de documentos oficiales para este organismo.
De 2000 a 2002 fungió como asesora (asesora de súper lujo, pienso yo) en la Dirección de Desarrollo Económico de Comonfort.

Aunque realizó muchas otras actividades no es mi intención hacer un recuento minucioso de su trabajo y de su formación, sino que se perciba el tremendo bagaje de preparación y ejercicio profesional que Miss Rosana ya  tenía- y siguió enriqueciendo- hacia finales de los años noventa, cuando se estableció en Comonfort como profesionista independiente.  Su actividad inicial fue como asesora particular en la redacción de tesis de profesionistas, actividad que después compaginó con clases particulares de inglés para niños, esto fue sucediendo poco a poco, primero dio clases a algunos de sus sobrinos, los cuales la recomendaron con otros conocidos, hasta que, a lo largo de muchos años, tuvo grupos constantes de alumnos, a los que impartía clases en su domicilio particular.
Por su capacidad y preparación pudo haberse especializado en muchas actividades, sin embargo siempre le atrajo la docencia.

Los testimonios que intencional o accidentalmente he tenido de Miss Rosana coinciden en que era una persona de absoluta honestidad, que decía las cosas claramente aunque esto molestara a más de alguno, no obstante su actitud nunca fue imprudente, si su crítica podía ser bien recibida y, sobre todo, si consideraba que podía ser útil , la expresaba. También la definen como una persona de un alto humanismo y de grandes ideales.  Del mismo modo su cultura y su preparación que, reitero, eran enormes, no significaba un obstáculo para su trato con alumnos, compañeros, familiares o conocidos, además nunca escatimó brindar sus conocimientos para ayudar, generosamente, a quien los requirierea.
Entre los valores que inculcaba, sobre todo a sus alumnos, fue una constante hacerles ver que nadie tiene por qué sentirse superior a los demás, nadie tiene porque hacer sentir menos a otros. Sin embargo tampoco nadie debe sentirse menos que los demás. Es decir "No tienes derecho a humillar a nadie y por lo mismo nadie puede humillarte a ti".

Su prima, la Sra. Guadalupe Nieto, me confió que Miss Rosana estuvo muy cerca de casarse, pero percibió que su futuro marido se perfilaba a reprimirla, a querer imponerle restricciones a sus actividades y su trabajo. Algo inaceptable para ella. Así que tomó la sabia decisión de no contraer matrimonio.

Podemos afirmar, que su presencia nunca podía pasar desapercibida, bastaba una charla breve para aprender algo, o para recibir una crítica sabia y siempre bienintencionada, muchas personas recuerdan que les planteó críticas y situaciones que les incomodaron, pero que al entenderlas les permitió ser mejores o motivarse a intentar serlo. 

Su salud fue siempre frágil, pero nadie imaginó que falleciera apenas cercana a los sesenta años. Qué tremendo saber que no contaríamos con su presencia luminosa y que todo lo que podamos y debamos aprender ya no sería por la sencilla vía de sus palabras sabias.

Agradezco la información, amabilidad y disposición que, para redactar este artículo, nos brindó la Sra. Guadalupe Nieto Araiza.
Del mismo modo agradezco al Dr. Alberto Trillo Nieto, el material facilitado y aprovecho para expresar que sabemos que sus méritos profesionales no desmerecen ante los de su hermana Rosana, ojalá nos permita entrevistarle para compartir en este espacio algo de su vida y su actividad profesional.

Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes





 
Don Alfonso López
 
Miss Rosana


 
Don Federico Pérez Ayala


 
Federico Pérez Ayala

El sábado 7 de septiembre de 2013, acudí a entrevistar a don Federico Pérez Ayala, quien desde hace 40 años tiene a su cargo la representación de la pasión de Cristo, en Empalme Escobedo, dicha representación reúne a más de setenta actores, se presenta en la plaza cívica, aunque el viacrucis se desarrolla desde este lugar hasta una elevación cercana que funge como Monte Calvario.  Me acompañó en la visita el M.V.Z. Alberto Méndez quien ha participado como centurión y por lo tanto conoce y aprecia a don Federico.
Transcribo la entrevista tal cual, suprimiendo mis preguntas y comentarios, a menos que esto sean necesarios para la comprensión de lo expresado, de ser así mis intervenciones van entre corchetes [   ].

Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes





Nací aquí en la calle Aldama, aquí en Escobedo, ya después en el 45 nos trajo para acá mi papá, él trabajaba en la fábrica de Soria. Nací el 29 de Febrero de 1936, ya tengo un ratito andando por aquí, lo bueno es que yo nada más cumplo años cada cuatro años. Acabo de cumplir. Y mi santo es el dos de marzo, entonces lo juntamos.

Iniciamos la representación en 1973, a raíz de que aquí en Celaya hay una Casa de Cursillos de Cristiandad. En esa casa entran no más que cuarenta personas de todos los municipios de por aquí, también de México y hasta gente de Monterrey; me tocó a mí de casualidad entrar ahí. Yo no sabía de qué se trataba, ahí lo encierran a uno tres días. Nuestro rector en aquel tiempo fue el ahora obispo Suárez Inda, fue uno de mis rectores. De Escobedo nada más fui yo y don Fausto Ramírez. Nomás los dos. Estuvimos ahí con hartas personalidades, fuimos de los más quedadones. Ahí platicábamos y convivimos todos. Entonces nos recomendaron que no se perdieran las fichas, que quedara algo, porque sale uno de ahí y se le olvida. Del 18 al21 de febrero de 1970 fue cuando hice ese cursillo. Y pensé: ¿qué hacemos? Pues voy a hacer esto, yo había salido allá siendo muy chiquillo todavía, en una representación del viacrucis muy sencilla que se hacía aquí. La hacía el señor Tomás Gaspar. Y así la hicimos el primer año, algo muy simple, pero la seguimos, en ese entonces estaba aquí el padre Augusto. Primero me apoyaba, luego como que no le gustaba que llevara yo a la gente, ensayábamos en la casa parroquial, él me daba llave de ese lugar. Pero empezamos con los problemas de que íbamos a ensayar y ya no abría la llave, o ya estábamos ahí y nos quitaba la luz, parecía una batalla, acabarnos como diera lugar. Después vine a saber, en una comida que se hace cada que sale un grupo de cursillistas, una vez se trató de la perseverancia el tema. Y dijo el padre Augusto: miren, van a hacer ustedes lo que Federico, yo quise acabarlo durante diez años, no pude acabarlo porque él perseveró. Híjole, dije, con razón me quitaba la luz y lo demás. Pero yo también lo platiqué con otro  padre y me dijo: ¿a quién está usted sirviendo, a él o al de allá arriba?  No pues al de allá arriba.  Pues aguántese. Y ese es el tema que yo he tenido. Ya saben cómo batallo aquí con los muchachos, que a veces quieren hacerme enojar y no; yo les doy por su lado, y aquí salimos adelante.

Algunos ya hacen bien su papel, otros se equivocan, pero sólo nosotros sabemos que se equivocaron, la gente no se da cuenta.  En otro momento estuvo el padre Villagómez , fue el que llevó el templo más arriba, pero lo cambiaron, se fue por ahí para Michoacán. La llevaba muy bien conmigo, me decía: Mira, Federico, te voy a regalar este librito, saca papeles de ahí. Y eso sí, mira,  mientras que Dios te dé vida no me dejes esto. Toma en cuenta eso. Total que cada que me la veo difícil, cada vez que hay complicaciones…  más que nada económicamente, porque se gasta aquí, y acá. Gracias a Dios, ya tenemos los entarimados. Esos los utiliza el municipio, pero todo lo que producen no es para mí es para esta misma representación. Gracias a Dios yo tenía, tuve mi trabajo, estuve pensionado por el ferrocarril trabajé treinta años y medio,  salí pensionado en 1987, aquí me la voy llevando. Pero mi lema es: ¿Qué caso tiene que yo haga esto y luego que me vaya yo a robar?, que quede aquí tanto y diga esto es para mí, no tendría caso, es una friega muy dura para andar quemándose. Los gastos que se hacen... ya ahorita tenemos vestuario, tenemos entarimado, ahorita este año ya tenemos sonido. Vieran qué problemas tenía con el sonido, llegaban y no tenían idea de lo que estábamos haciendo, bájale el sonido, apaga la luz aquella, haz esto.  Y uno de mis hijos, como más o menos ya sabe, ahora lo tengo encargado del sonido.  Invertimos una buena cantidad, sale caro, pero queríamos un equipo bueno. Este año el equipo ya está casi listo, Y aquí con el changarro, por soldadura no batallamos [Don Federico tiene un taller de mofles y escapes].

Cada año se cambian muchos actores, hay varios que ya tienen mucho tiempo saliendo, hay otros que trabajan en la tarde, les damos un papel corto porque no pueden estar aquí ensayando, le buscamos a la gente, hay unos que sí les gusta mucho pero, aparte de eso, a algunos les pega duro el papel, por ejemplo el papel de judas. Me decían: Oiga, don Cora, siento bien feo, no sabe cómo siente uno el papel y que lo maldicen a uno. Le ha tocado a mi nieto. Lo saqué dos años de judas, luego se lastimó una mano y saqué al otro. Son los que le han echado más ganas,  inventaron que ya colgado desde arriba se viene rodando hasta abajo.  Un muchacho apodado el Changano, fue de los que más ganas le echaron. Todos los papeles son muy duros. Este año a Aaron, el Nazareno, le pegó muy duro, pero  fue el primer año. Me dice: viera como me dejaron ahora a mí, todo golpeado. Pos se agasajan contigo, le digo. Los golpes, aunque se protege el azote, a la larga duelen.
Uno busca acomodar los papeles, la virgen por principio tiene que ser soltera, Que esté el marido ahí por un lado como que no. Los personajes femeninos los seleccionan mis hijas, toda mi familia trabaja en esto. En enero empezamos a buscar. Se los pelean un poco, al mes de que termina la Semana Santa ya están aquí buscando los papeles. No conviene cambiarlos siempre; de un año a otro sí conocen su papel. Pero a veces, luego de muchos años como que ya no le echan las mismas ganas, entonces los cambiamos. Y se motivan un poco porque luego sí piensan, ya me lo sé. Por ejemplo este Arón, le dije: estamos batallando por un Caifás, él salía en Soria, lo invitamos y vino. El primer año se agarró de Caifás, al siguiente también, luego dijo: déjeme de Nazareno. Pero ya tenía yo otro Nazareno, pero pasó que por su trabajo ya no iba a estas aquí. Le dije a Aron, pues ya te toca a ti, ándale. Uh, le dio harto gusto. También su mamá me dijo: "Déjele a mi hijo de Nazareno". Huy señora, yo que más quisiera pero nomás hay un papel. Y aparte para eso también tengo  a algún reserva. A veces sí fallan los personajes, o se dilatan en llegar y nos ponen en apuraciones. También yo me caracterizo porque, si me llega a fallar alguno yo me sé todos los papeles, menos el Nazareno, pero todos los papeles que hay. Si está visto que se está equivocando digo: a ver tú, párale, aquí yo me lo sé. Me los sé todos los papeles que salen en el drama. Una vez Herodes iba con una temperatura de cuarenta, me dijo: mira, ya no me sale bien, y yo lo substituí. Y aquí lo que tratamos es de no darle una disculpa al público de que no salió este o el otro. Aquí tiene que salir, sea uno sea otro. Yo les digo: tú vas a hacer este papel y tú este otro si fallaran. Se batalla siempre porque son bastantes. Son más de setenta. Una vez falleció una señora que era hermana de la Verónica y abuelita de la Virgen, falleció dos días antes, pero ellas de todos modos sacaron su compromiso. Sí dudamos que participaran pero sí salieron. Nos pasan algunas cosas, un año quería llover, un año se nos botó la luz y nos ayudaron de una casa, ahora ya tenemos una planta prevenida. Se imagina tener a la gente ahí y que no se pueda. Batallamos mucho unos siete años con el sonido, teníamos un proveedor de Celaya, pero luego quiso cobrar mucho.
Lo que más nos hace batallar es el dinero, mi hija, por ejemplo, mi hija se encarga de la decoración y me dice: papá necesito esto, necesito lo otro y pos ahí le digo, déjame ver cómo le hago.  Hemos hecho varios decorados, cuatro cinco, cada uno sale en cien pesos metro cuadrado, cada uno sale como en dos mil pesos, luego hacen falta más. El maquillaje lo encargamos a México, si usamos un mal pegamento las barbas se les andan cayendo, por allá por Xochimilco nos lo consiguen.  He tratado de conseguir aquí en Celaya pero no lo encuentro.  A veces vienen los periódicos y sacan fotos y hablan de nuestro drama, pero si no vienen no me preocupa, yo nada más quiero salir adelante no me interesa la publicidad, yo le doy gracias a Dios de que ya tenemos toda la familia que me apoya, ya no estoy solo, era muy pesado.  Es una semana muy intensa de trabajo, mucho movimiento, mucho ajetreo, pero vale la pena, porque ya después: ahora sí a descansar, ya le servimos allá al creador, que él  nos lo tome en cuenta.

El cerrito lo limpiamos de yerba aplicando ciertos productos. El ejido me presta ese lugar y lo adaptamos. Los actores participan haciendo su papel nada más, yo les presto el vestuario. Son costosos algunos trajes ya completos; hemos tratado de tenerlos ya aquí. Algunos sí se hacen su vestuario, quieren conservarlo de recuerdo. Hacemos una colecta en el pueblo, salimos y colectamos unos cinco seis mil pesos. Y el día de la obra unos dos mil pesos. Hay que hacer el convivio, lo hacemos el miércoles de la semana santa y hay que darles a todos, serán unos doscientos ya los que participan. Ese día es el último ensayo general.  ME preguntan: ¿don "Cora" que voy a hacer? Así me dicen: don Cora,  "Corazón Santo" aunque yo de santo no tengo nada. Mi papá, ya hace muchos años, traía un santito (un Sagrado Corazón) dando visitas por ahí, le pusieron Corazón Santo a él, y ahora a mí me dicen todos "Don Cora".
Hemos salido adelante con la obra, en aquel tiempo era sencillo, ahora ya no me lo quito, se junta un montón de muchachos, ya nombro mejor  comisiones: tú te encargas de esto, tú tienes esta comisión, pero me está fallando aquél, ¿tú por qué?, el tiempo se nos llega, son dos meses de ensayos, faltan quince días, te falta esto.  Nos ponemos a ensayar: párale, párale, esto no se hace así, les digo, tú estás aquí enojado, acá tú estás contento, a la Virgen: Tú estás llorando. Yo les digo  a todos más o menos como deben de hacerlo. Te vas a reír, échate unas risas buenas no una risilla ahí simple.  Por ejemplo Caifás, cuando le hace burla al Nazareno: "¿Pero qué veo? Un reo sentado en el tribunal, ¡ja, ja, ja¡ Esto sí que es nuevo en Israel,"  Y les hago el papel para que vean y ahí la vamos sacando.
Les decía que me había dado un librito el padre Villagómez y Gabriel Luna, que ya falleció, me prestó un libro de "El mártir del Gólgota", ahí se habla con mucha crudeza, sin nada de rodeos, por ejemplo dice: La mesa de la última cena era una mesa grande en forma de "E" sin el palo de en medio.  Así lo dice. Y así Samuel Belibeth  y todo eso lo sacamos de ahí. Me llevé yo como siete años de estar haciendo el libreto de todo el drama, ajustado a  una duración de dos horas. Yo lo hice como me las ingenié, llegué hasta sexto año, en ese entonces no aprendía mucho uno en la escuela, creo que aprendí más por acá afuera.  El que me le puso ortografía fue Beto, el que hace de narrador, él es muy serio, el señor cura que comenté me lo mandó de espía a ver que hacía yo con el dinero, yo seguí igual, hasta después él me lo platicó, que le había mandado, pero hasta hoy día está Beto con nosotros. Porque él, como es una persona seria,  le dijo: ahí no hay nada de que para acá o para allá. El año que se accidentó quería que lo llevaran en silla de ruedas narrando, fue el único que año que no estuvo.  Él acomodó la ortografía, comas, interrogación, etc., Gracias a eso los libros ya los tengo aquí. Y ya de allí en adelante: ponle un poco aquí, un poco acá y Todo de acuerdo con el libro de El  mártir del Gólgota. Es extenso pero te habla de toda la vida de Jesús, la vida de Dimas, yo lo he leído todo, quien era uno, quien era lo otro.  Me acuerdo lo que me decía el Padre que está ahorita: Mire don Cora, usted lo hace muy bien, ahora hace todo esto pero lo que sufrió Cristo, no es ni la mínima parte de lo que usted está haciendo. No se imagina, pero es una mínima parte lo que ustedes representan. Año con año seguimos con esto.
Al principio teníamos un libreto muy pequeño, me lo prestó Tomás Gaspar, que también era cursillista, hay unos doscientos cursillistas en estos tiempos. Ahora después de mí a ver quién se lo agarra. Antes me tocaba a mí solo, a veces hasta las doce de la noche andaba yo acarreando cosas después de la representación. Ahora ya mis hijos y mis nietos me ayudan muchísimo. Ahora ya cuando llego del cerro ya está todo aquí en el negocio. Ya después me paso como quince días acomodando todo en su lugar.

 
La Maestra Rosario Gómez Olvera

La señora Ma. Guadalupe Nieto llamó mi atención hacia el trabajo que desarrolló en nuestro municipio la  maestra Rosario Gómez Olvera. Cuando le sugerí que nos hiciera favor de redactar un escrito sobre el tema, aprovechando el trato que había mantenido con la maestra a lo largo de muchos años, no solamente se puso a escribir, también se documentó esmeradamente. El resultado es el siguiente escrito el cual, por sí mismo debiera estar en la sección de literatura de esta página, pero creo que es más justo ubicar esta crónica en este apartado, privilegiando la memoria de la maestra Rosario.


PROFESORA ROSARIO GÓMEZ OLVERA


No recuerdo la fecha exacta en que la conocí. Por esos años no tenía conciencia del tiempo, pero fue en una casa que perteneció a mi papá en la calle de Ocampo #8.
De improviso una mañana la vi por primera vez, estaba en la cocina ayudando a su papá, don Silve. Se encontraban apurados preparando los deliciosos volovanes que más tarde llevarían a San Miguel de Allende para su venta.

Su presencia me impresionó, ya los conocía a todos, menos a ella en ese momento. Estaba callada, taciturna, pero movía las manos con rapidez; sus bien calculados movimientos daban forma a las piezas que elaboraba; en la cálida cocina solo se escuchaba el eco del fraguar, el horno y la voz de don Silve supervisando el trabajo. Más tarde supe por sus hermanas, Tiana y la Güera, que era maestra, concretamente en la escuela primaria Genoveva  Mangel ubicada en la calle Arista.

Aquel barrio de San Agustín la vio en su diario ir y venir, recordemos que no había urbano y los taxis, que además eran pocos, estaban fuera del presupuesto. Le gustaban los grupos de los primeros años, les dedicaba toda su atención, sus delicadas manos temblaban pero eso no era impedimento para que dejara de realizar su labor.

Se aplicaba enseñándoles a recortar, dibujar e iluminar con técnica de crayolas; repasaba las clases, esmeraba en lecciones para que el alumno leyera y comprendiera el texto para los años consecutivos. El señor Chonito González hizo los trámites necesarios para acercarla a esta población, reubicando aquí su lugar de trabajo, la escuela Manuela Taboada. Cumpliendo como maestra en el turno de la tarde transcurría su vida, que completaba con otra labor: rescatar y hacer notar otras tradiciones de este lugar. Se dio a la tarea de recordarnos que el Padre de la Patria pasó por este municipio en su lucha por la Independencia de México. Apoyada por sus amistades y conocidos de San Miguel, más unos pocos representantes de aquí, esperaba al contingente que venía de San Miguel. El Sr. Emiliano Camarena, iniciador de esta cabalgata, era el encargado de entregar la bandera y el fuego simbólico al presidente municipal en turno. Fue este evento tan significativo el que marcó su presencia y afán de mantener nuestras tradiciones. Con la ayuda en especie de unas cuantas personas y la supervisión del Maestro Placido Santana se realizaron las primeras cabalgatas, mismas que ahora son  tan participativas y llenan de orgullo a nuestro municipio.
La semana cultural dedicada al Dr. José  Ma Luis Mora tiene una mención especial en su labor por hacerla notar: se apoyaba con el ayuntamiento en turno así como con el Maestro Placido Santana para realzar lo más posible tan importante celebración. Los Hermanos Aguascalientes, la Rondalla de Saltillo, los Niños Cantores de Morelia, el Ballet Folclórico de San Luis Potosí, la Estudiantina Oratoriana, la Tuna Sanmiguelense, la Estudiantina de Oro de La Universidad de Guanajuato, fueron algunos de los grupos artísticos que bajo su elección se presentaron en este lugar. Fue idea suya salir de callejoneada, al final de cada presentación musical, como en su querido San Miguel, cosa muy desconocida para nosotros. Pero no faltaron las personas que siguieron a las estudiantinas, ni los adolescentes que, deslumbrados  por los trajes refulgentes de los músicos, también los acompañaban  por las  calles, con las mejillas arreboladas y los ojos chispeantes por la emoción. De las puertas y ventanas se asomaban caras sorprendidas por el desfile multicolor y extrañadas por la hora: ¿Que habrá que festejan?  Era el canto de alegría, los acordes de las guitarras, las sonoras cajas de las mandolinas despertaban la nostalgia tanto tiempo adormecida  de los oyentes, las palmadas en los panderos así como el golpeteo de las castañuelas que tanto me recordaban mi niñez. Con estos recorridos y presentaciones musicales, que quedaron en el recuerdo  de quienes lo vivimos, se despertó el entusiasmo de un grupo de jóvenes y  el amor a la música. Como no queriendo, ensayando y ensayando, se llegó el  debut de la rondalla Citlalli que no fue cualquier presentación, la Maestra Rosario se preocupó de que lucieran en toda su varonil juventud; los trajes bien cortados, hechos a la medida en un sutil  y escogido color blanco; las bien acopladas voces y los limpios acordes de los instrumentos formaban un coro de alegría natural que los  hacia verse como etéreos.

Ella compaginaba estas actividades con otras propias, herencia de su Papá don Silve. Tenía una gran devoción a la Virgen de los Dolores. Un día antes del viernes de Dolores, estaba en plena actividad preparando rompope y galletas para ofrecer a quienes fueran a visitar a su Virgen. Recuerdo que años atrás, cuando vivía su Papá, elaboraba un tapete de aserrín y azúcar al pie del altar. De  él  debió heredar sus talentos para conjuntarlos con su propia sensibilidad. En sus últimos años mandó hacer un Cristo, una bella imagen que realizó el escultor  sanmiguelense  Genaro Almanza , la llamó Señor de Todos Santos ya que era la fecha en que lo festejaba con cantos de su querida rondalla. Este Cristo  se encuentra depositado, así como la imagen de la Virgen, en el hogar de una piadosa familia de esta ciudad. Tiempo después me enteré que llego aquí con su familia en 1960 para hacer de Comonfort su segundo hogar.
Murió en la ciudad de Irapuato el 8 de Noviembre de 1995 bajo el amparo de su familia. Antes de su muerte dejó precisado como quería su funeral. Se llevó a cabo en la ciudad de San Miguel que tanto amó y que la vio nacer. Su epitafio tiene  la  estrofa de una canción de su autoría que  la rondalla Citlalli se encargó de interpretar en su funeral

PAGINAS DE UN AYER…
¿A DÓNDE HAN IDOAQUELLOS QUE CRUZARON POR MI SENDA?
EN EL OLVIDO PLUMAS DESECHAS DE UN ANTIGUO NIDO QUE EL HURACÁN DIPERSÓ.  
                                                                
Desgraciadamente no se conserva toda la letra de tan bella melodía, pero su legado cultural está presente en tan significativas fechas.


Descansa en paz, Maestra Rosario,  tu esfuerzo tuvo recompensa, no se quedó en el olvido.

Ma. Guadalupe Nieto Araiza

Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes





La Maestra Rosario Gómez Olvera

 
El profesor Antonio Sánchez Ladino

Puede ser que usted, amable lector, conzca al Profesor Antonio Sánchez Ladino y asocie su persona con las Bandas de Guerra en el municipio, quizás haya sido su maestro en primaria o secundaria; tal vez haya leído alguna narración o poema de su autoría. Siendo el profesor Sánchez Ladino tan activo desde hace ya tantos años acudía a entrevistarlo a su domicilio, allí me platicó de su vida y su constante motivación por el estudio y la superación. Transcribo la entrevista tal cual, suprimiendo mis preguntas  y esperando que, como yo, encuentre el relato del profesor Antonio, no sólo interesante sin ampliamente motivador.

PROFESOR ANTONIO SÁNCHEZ LADINO
Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes





Yo nací aquí en Chamacuero  (me gusta mucho llamarle Chamacuero), nací en esta misma calle, la calle de Guerrero, en el número 36. Mi padre era del estado de Querétaro, de un rancho llamado Pie de Gallo, pertenece seguramente a Santa Rosa Jauregui.  Ese rancho es digamos del tamaño de Neutla. Mi madre era de aquí, ella perteneció a la familia Mota, alguien de su familia se apellidaba Mota, aunque mi madre se apellidaba Ladino Venado.  Nací en 1939, ya tengo mis buenos años.  Cuando yo despierto a la vida, recuerdo que mis padres fueron muy pobres, mi padre era campesino, él trabajaba los tiempos de aguas, en el campo, hacía su milpa y llevaba mucho maíz y frijol para la casa. Después de que ya cosechaba y había qué comer (según él), se dedicaba a traer leña, era leñerito y yo de ahí dependo, de ese leñerito. Y no me avergüenza, ¿por qué?  Desde niño me tocaba acompañarlo al cerro, de unos siete años me llevaba a las mondas, es decir al trabajo, y sí me obligaba un poquito, era recio mi padre y se lo agradezco porque así  he aprendido a valorarme y valorar a los demás. Por ejemplo, cuando me encuentro con un campesino yo lo sé valorar perfectamente bien porque sé lo que se sufre. Yo fui todavía de las personas que, incluso, sufrí hambres, no porque no hubiera qué comer sino porque íbamos muy lejos, a veinte kilómetros de aquí, a las minas (esos cerros que están de aquí a San Miguel del lado derecho,  al fondo). El trabajo, consistía en ir a su milpa, no había tractor ni lo hay ahora, se tiene que usar yunta, ese lugar era rústico y lo sigue siendo. Me enseñó a sembrar y si no sabía sembrar me arrimaba un quelitasillo porque no sabía hacerlo. Pero sí fui a la primaria. También me ponía a hacer leña, cortando ramas o troncos de árbol seco - la tala siempre ha estado prohibida-, los palos secos se hacían leña y se traía en burros. Yo mismo fui repartidor de mi leñita con mis burros. Si las calles de veras nos hablaran…  todas nuestras calles, mañanas y tardes se veían asistidas de chivas, borregas, burros, caballos, vacas, ganado mayor, se veían desfilar por todos lados y nosotros no éramos la excepción; mi padre nada más tenía sus burros de trabajo. A veces íbamos y  volvíamos en el mismo día, pero había que salir a las cinco de la mañana, a las doce del día cargar y regresar y llegaba uno aquí a las cinco de la tarde a vender su leña. Y cuando nos quedábamos allá, nos quedábamos a campo raso, al pie de un árbol. Mi papá en su milpa tenía un jacalito de romerillo, ahí nos dormíamos, anochecíamos y amanecíamos. Al llegar se vendía la carga completa de  cada animal, a veces estaba de encargo o a veces se sacaba para "Placearla" y cuando rápido se vendía una carga  andaba uno montado en el animal que se desocupaba y arriando a los otros. Pero las calles se prestaban para eso, no había automóviles, era uno dueño de las calles a pie, no había estorbos como ahora.
Mi primaria  tuvo una oscuridad y esa oscuridad se debe a que  falleció una hermana mía cuando yo tenía once años. Me retrasó. Mis primeros años, incluso hasta kínder tuve,  con un famoso silabario de San Miguel que era muy divertido.  Ingreso a la escuela Manuela Taboada  a finales de los años cuarenta.  Estando  yo en 4o. grado tenía 11 años de edad y en ese año (los exámenes de entonces eran el mes de noviembre, de acuerdo con el calendario  anterior) tengo presente que mi examen iba a ser un 22 o 23 de noviembre de 1950.  El día 21 de noviembre llega un telegrama urgente a mi madre, donde le confirman o le dicen que estaba muy grave una hermana mía, ella se preparaba para vender su atolito y sus tamales en la fiesta de Los Remedios. Ella dijo, vámonos Antonio, examen no vas a presentar, vámonos. Por lógica no me podían promover al siguiente año.  Como mi hermana falleció mi madre se quedó allá en México y me mandó a que yo solito fuera a la escuela, como si de once años yo  pudiera ser responsable de eso, llegué solo y me volví vago; no tenía gobierno sobre mí mismo  y, como el animalito, se va uno hasta donde le suelten la rienda. Por lógica no asistí al escuela correctamente, cómo me iban a promover. Reprobé el primero por falta de examen, el segundo por falta de asistencias correctas, después regresó mi madre, me atendió y al siguiente año todo fue normal seguí aprobando, nunca más reprobé un año escolar, quizá mal calificado pero nunca reprobé un examen, ni de niño ni ya grande.  Yo hubiera salido de unos trece años, como me retrasé dos años salí de quince años, a esa edad era yo pleno leñero, mi padre llegaba de trabajar y yo salía de la escuela y coincidíamos, y mi padre me decía ándale Antonio, ya saliste de la escuela, vete a entregar esta leña, entonces el maestro me conocía como leñero. Cierto día, el maestro se puso a preguntar a todos cual era el prospecto que teníamos para mejorar nuestras condiciones de vida. A mí me apenó mucho en ese tiempo, porque yo sabía que no tenía que contestar. Nos fue preguntando como estábamos sentados, éramos cuarenta o cuarenta y cinco, cunando llegó mi turno, me puse de pié y ni siquiera me dejó levantarme me dijo: "Siéntese, siéntese, usted qué podrá llegar a ser en la vida, para ser leñero no se necesita certificado" y todos soltaron la carcajada, todos.  De pronto sí me importó y me dolió pero eso se me ha quitado con el paso de los años, pero todos los traumas a los que es susceptible el ser humano, los he superado en forma muy personal  a base de reflexión he tenido reflexiones suficientes y necesarias de buen nivel, pero las he hecho hasta ahora que tengo un humilde nivel de preparación, pero me ha servido para superarlo. Cuando yo termino mi primaria me quedé al garete, como  se decía en Chamacuero, como la pluma en el aire, sin saber qué hacer. Entonces no había recursos para mandarme a la secundara, en ese entonces nadie la estudiábamos aquí en Comonfort; de las personas con recursos si acaso uno de ellos iba a Celaya a la secundaria. Cuando yo me quedo así me llevan al campo más acentuadamente. Pero mi madre, y le agradezco mucho que me defendiera, le dijo cierto día a mi padre: "Mira, tú estás acostumbrado a llevarte a todos tus hijos a la friega, a lo que tú sabes; este muchacho -se refería a mí - déjamelo aquí, ya cumplió su primaria" (yo fui el doceavo hijo y de los doce el único que estudió la primaria).  Mi padre se enojó mucho y dijo que me quedé de faldero, refiriéndose a que estaba pegado nada más de casero. Y me dijo mi mamá: "Ayúdame aquí en lo que puedas, pero sí vete a la leña" y me mandaba cerquita, aquí muy cerca, por ahí del panteón ya encontrabas  donde recoger leña. Yo cooperaba con eso, mi padre no aportaba ya leña para la casa.
Rápido se encontró mi mamá de que me enseñaran, a la moda antigüita, a estudiar  taquigrafía y mecanografía. Por cierto, yo sigo utilizando la máquina. Esa era la modalidad de entonces para mejorar un poquito. Estudié eso. Un día pasé por la primaria y aquél maestro que me humilló porque era yo leñero me vio y se sorprendió al verme, algo me vio que le llamó la atención, me dijo "Toño, ¿qué andas haciendo, a qué te dedicas?,  Le contesté: "Pues pasé a visitarlos, estoy estudiando taquigrafía y mecanografía. Se sorprendió mucho: "¡Cómo¡ ,  ¿tú estudiando? Caray, cómo se equivoca uno. Quién lo hubiera pensado". Era la dinámica de entonces para echar andar a uno y hacerlo servicial: Taquigrafía y mecanografía, como ahora computación. Un recurso que me valió para ser trabajador de presidencia municipal. Me remonto al año de 1956, tendría diecisiete años; así de chamaco, durante dos meses me pagaban a razón de dos pesos diarios, me daban sesenta pesotes al mes y yo me sentía gratificado porque si en mi casa no tenía nada, sesenta pesos nadie me los daba. Y en aquel entonces con dos pesos ibas a la carnicería y hasta con un peso de bisteces almorzabas. Pero el día 13 de junio de 1956 -y por ahí conservo el nombramiento- me nombran auxiliar del delegado de Empalme Escobedo. El presidente municipal José Hernández Camacho, una persona dinámica que me supo entender, me nombró con el salario de siete pesos diarios, ¡Ave María Purísima, Válgame Dios ¡, si con un peso se compraban bisteces, con siete pesos  diarios tuve para empezarme a vestir y calzar.  Yo todo mi salario lo entregaba a mi mamá, si acaso me quedaba con diez pesos para mí, pero la primera raya le aparté y le dije: "Le voy a dar a mi papá cincuenta pesos". Un día llegó de trabajar y me dijo: "Qué equivocado estaba yo,  pues mira donde estaba tu suerte y yo te quería hacer campesino  como yo, muchas gracias, hijo, Dios te bendiga y te socorra"  y me abrazó.  Duré algo de tiempo trabajando en presidencia, todos los presidentes municipales me tuvieron mucho afecto.  Yo siempre fui silencioso, callado y muy honesto. En la modalidad antigua el presidente y los delegados hacían justicia de robos de allanamientos de morada, y yo era el que me encargaba de esos hechos en Empalme Escobedo, los delegados municipales e incluso los presidentes me tenían mucha confianza. De tal manera que lo que yo decía en justicia eso era, me imagino que me encontraron nivel de responsabilidad, porque me confiaban, me decían: "Tú arregla ese asunto, y lo que tú decidas yo firmo.  Decidí tomar otra ruta, deslindarme del gobierno municipal, me deslindé en 1972. En octubre del 72 entré  como  empleado administrativo en la secundaria. Ya antes yo era maestro de educación física en la Taboada por la tarde, a las cinco de la tarde entraba a trabajar en la primaria. En la secundaria, además me comisionaron como instructor de la banda de guerra.

El profesor Antonio Sánchez, exactamente al centro de esta imagen.
Es muy añeja mi relación con las bandas de guerra. Me remonto al año 1950, precisamente iba yo en 4º de primaria, aunque desde los siete años de edad me emocionaba mucho ver una banda de Guerra, me iba siguiéndolos, me le escapaba a mi mamá siendo chiquillo hasta que los perdía a la entrada de la escuela. Me cegaba totalmente la presencia de una banda de guerra, llegaba a casa y repetía lo que había oído, buscaba una lámina unas baquetas con cualquier varita y me ponía a tamborear, tan, tararán-taran,  y a voy y voy,  unos tres años que hice eso; yo ponía a los niños de mi tiempo, con botes colgados y con mecates para hacer una banda de guerra, esa era mi costumbre, después de lo que veía lo imitaba hasta que me decían: "Tú estás loco, ya no jugamos a eso". Se cansaban y era lógico. Por eso cuando ingresé a la banda ya iba yo enseñado: cierto día de 1950, no sé la fecha exacta, pero del año que ingreso a la banda, le dije a un muchacho: "Préstame tu tambor, yo sé tocar", me contestó  "Métete a la banda, que te enseñen; qué vas a saber ni qué nada". Pero insistí:   "Préstamelo, yo sé tocar" Me lo puse, agarré las baquetas como pude y le toqué el paso redoblado. Asombrado me preguntó: "¿Dónde lo aprendiste si no estás en la banda?"  El maestro de banda de guerra y educación física era Antonio González Carracedo, le hablaron: "Maestro, mire, este muchacho sabe tocar y no está en la banda: "A ver, muchacho, ponte el tambor y toca". Lo repetí y me dijo: "Ah caray ". Me llevó al salón y le dijo a la maestra; "Maestra, este muchacho sabe tocar, lo necesito en la banda" Y así entré a la banda, no voy a decir que nunca necesité de maestro, sí me sirvió mucho, pero no tengo la culpa de haber sido adelantado. Pero, así como aprendí el tambor aprendí a tocar corneta, tocaba corneta en unos tubos de agua, los hacía cambiar de tono y un día, otra vez  le dije a un muchacho: "Préstame tu corneta, yo sé tocar".  Me contestó "No, qué vas a saber, el tambor puede que aprendieras, es una cosa, pero la corneta es otra cosa, es más difícil" Toqué  y otra vez llamaron al profesor: " Maestro, este está en tambor y sabe tocar corneta". Me puso a tocar el paso redoblado y dijo: "Ah, muchacho,  tanta falta que hacen las cornetas y tú tocando tambor".  Me cambió a corneta, seis meses estuve en tambor y de ahí en adelante, solamente corneta y toda mi vida sólo corneta. Pero mi inquietud no paró ahí, cuando el maestro se tardaba se me ocurría tomar la iniciativa, marcarles el paso redoblado y darles las órdenes. Hasta que el maestro me sorprendió y me dijo tú vas más allá, ya vi como das las órdenes,  muchachos, de ahora en adelante Antonio es el sargento de la banda de Guerra, todos lo aceptaron, incluso había muchachos tantito más grandes que yo y no protestaron.
Tanto le agradó mi trabajo al instructor de entonces:   Antonio González Carracedo, que me invitó a colaborar con él. La directora Felicitas García Espinoza me tuvo una confianza desmedida, y ahí permanecí desde la primaria, ahí me crié. La Taboada fue mi segundo hogar, no me retiré hasta que me nombraron maestro, los años 55,56,57,58 ahí estuve como extra. Previamente en el 57 ya había yo formado una banda de Guerra en Empalme Escobedo, aprovechando que yo trabajaba para presidencia. En la escuela Héroe de Nacozari me hice Amigo de la directora de entonces que se llamó Domitila Vázquez (hay hasta un biblioteca en Escobedo que lleva su nombre). Me pidió que enseñara a sus muchachos; ahí fue mi primera banda de Guerra.
En fiestas patrias, 13,14, 15 y 16  de septiembre yo celebro aniversario  de ser instructor de bandas. Si los empedrados hablaran… aquí donde estuvo anteriormente la biblioteca, por ahí enfrente presenté mi banda. La traje muy uniformada, válgame, de peluche en su tiempo. Antonio Gonzáles me dijo cuando los vio bajar de las camionetas: "Ah, canijo Barnéy, sí la traes bien bonita tu banda" Eran seis tambores siete cornetas y yo. Tocamos varias marchitas de las que él mismo me había enseñado. Me dijo: "'Pues sí apantallas, los enseñaste a todo dar, Toño. Mis respetos, ya te hiciste instructor también" Sí, le dije pero ya sabes que de ti llevo la enseñanza, lo agradeció y se congratuló conmigo. El presidente de entonces, José Hernández García me felicitó mucho. Ahí me hago protagonista de estas cuestiones de banda de Guerra, ahora ya casi no hago nada, hace poco  la última banda que organicé fue la de la escuela Tresguerras. Ahora estoy con pequeños de jardín de niños, vieras qué curioso es atender a esos niños y qué bonito lo hacen, pero cuidado, una maestro a ese nivel debe saber y si no mejor que no se sepa, hay que ser psicólogo para saberlos entender. En primaria puede que le hagas un reproche pero a este nivel no. Hay que saber canalizarlos en sus inquietudes: En plena instrucción se sale un niño de la fila y va y te dice: "Profe, profe, me trajeron los reyes una sonaja". Imagínate si no te pondrá de nervios una noticia de ese nivel, por eso hay que saberlo hacer, pero es muy bonito.  Me entregaron un reconocimiento, yo les doné mi año escolar sin cobrar. Yo siempre lo he hecho con todo desinterés, nunca hemos cobrado por tocar, pero si nos quieren dar algo les pido para unas baquetas, un tambor, una corneta. Ahorita tengo una banda y acudo a algún evento si me invitan y llegamos a un acuerdo. Pero no es cuestión de dinero. 
Yo comencé a ser profesor de educación de física en el año 58,59, pero cuando ya fui treintón me llegó la reflexión de que como profesor de educación física yo nunca iba a prosperar, de que me iba a hacer viejito ahí y concluí que sólo estudiando, porque cuando yo no pueda ya ni caminar al menos me pongo en una mesita a escribir. Esa fue la idea  y en 1974  tomé los libros y me fui a la secundaria, siendo profesor de educación física.  Acudí de diario a la escuela que constituyó Maximiliano Juárez Galván: la secundaria Gral. Felipe Ángeles. Y ahí estaba yo, de treinta años y ellos chamacos de catorce o quince. Muchos de ellos me decían : "Ah profe, usted viene a estudiar también, entonces usted no es maestro". Porque yo les había dado educación física en la primaria, pero era profesor de nombramiento, no de título. Yo les decía: "Mira muchacho, yo vengo a estudiar para titularme, pero si no me quieres decir profesor me llamo Antonio Sánchez Ladino, ¿qué te parece?  Uno de ellos Llegó a decirme: "Maestro, a mí no me importa si usted viene a estudiar o no, para mí usted es el maestro". Otros no: "Entonces usted es don Toño" Sí, dime como quieras, me tiene sin cuidado.  Así como tuve compañeros muchachos en la secundaria, lo mismo me pasó en la normal primaria. Yo corrí con mucha suerte, en el año que estudié la normal primaria, y me remonto a 19 77, se constituyó por el gobierno del estado, una "Normal para maestros en servicio no titulados". Por eso me doy ese lujo de ser normalista, en sistema sabatino completábamos un semestre; en dos meses de vacaciones completábamos otro semestre pero asistiendo diario. Pero también coincidí con chamacos. Yo no sé y no acuso a nadie, me imagino que había algo raro de parte de los organizadores, porque ¿cómo se explica que unos chamacos acabados de salir de secundaria fueran a esa normal primaria?  Era normal primaria para maestros en servicio no titulados. Se supone que hubiera habido gente solamente adulta, había muchos adultos pero había también chamacos, pero ahí fue donde comencé a adquirir el perfil de maestro. Tengo muy presente que cuando llego yo a la normal primaria  iba muy santurrón: a estudiar y solamente a estudiar. Cuando yo llego a Guanajuato me toca hospedarme con tres jóvenes, yo viejo de 39 y ellos chamacos de 20, 19, por ahí  nos designaron el lugar donde nos íbamos a quedar: Cama personal y una mesita de trabajo para cada quien. Nos hospedamos a eso de las cinco de la tarde. Todos los muchachos arreglaron sus cosas, yo igualmente. Me dijeron: ¿usted es maestro en servicio? Sí, estoy en servicio pero no estoy titulado, vengo a estudiar como ustedes, "Pero pos nosotros no estamos en servicio" me dijeron. Ahí fue donde me di cuenta, me explicaron un poco: "Yo vengo porque mi papá es supervisor, yo porque etc., etc.", Bueno, pues si esa suerte tuvieron, qué bueno. Se empezaron a aliñar, a peinarse, y hasta eso me dijeron: ¿Qué, profe, viene?, lo invitamos al cine".  Les contesté: "No, muchachos, en eso están ustedes equivocados. Váyanse ustedes, yo vine a estudiar no a hacerme tarugo". Así les contesté, después reconocí que fue un error, pero en ese momento fue un acierto. Salieron a las seis de la tarde y me pareció que a las nueve de la noche estarían de regreso en casa. No, qué esperanzas, dieron las diez de la noche y en aquellos cuartos anticuados, enormes altos y yo solitario ahí, experimenté lo que debe de ser el forjarse maestro, ahí es donde estudié, en el aula obtuve técnica, pero esa soledad me dio la práctica, dio la media noche y estos fregados no llegaban y me pregunté y me contesté lo siguiente: "Antonio: ¿A qué viniste a Guanajuato? ¿A estudiar o a hacerte tarugo también?" Y me pregunté y me contesté rápido: "A las dos cosas". Porque así es para todo nivel. Yo expresé que iba a estudiar y no a hacerme tarugo por inexperto, pero en unas cuantas hora me percaté que esta vida exige cosas útiles y también cosas vanas, porque quienes fueron estudiantes, en muchos niveles saben bien lo siguiente ¿no es cierto que cuando nos avisan que un maestro no llegó y nos podemos ir, nos da gusto, júbilo y hasta aplaudimos? Eso es, por eso reflexioné y dije: Tengo que ver algo, alguna vez me llevarán a n paseo, a una cuestión social, va uno también a hacerse tarugo un ratito. Ya después también iba al cine con ellos, pero todo a su tiempo, cuando era necesario sí los metía yo en gobierno: "Muchachos, no, por ahora no, tenemos examen, si quieren lárguense, pero entonces mejor me retiro yo de aquí". Y recapacitaban y se quedaban.  En la secundaria pocas veces compartí los juegos con los compañeros, salía de clases y me iba a mí casa, incluso me tocó ser presidente de la sociedad de alumnos. De alguna manera me distinguí en ese sentido. Terminé la normal primaria en 1981 entonces Maximiliano Juárez Galván, Q.E.P.D., maestro de un alto nivel académico, me dijo: "Toño, ya cumpliste la normal primaria, ándale vete a la normal superior". Yo ya no quería estudiar la normal superior. Max era secretario del ayuntamiento y daba clases en el complejo Ignacio Allende, me dijo: "¿Ya no has ido al complejo?"  No, Max, ya no pienso ir. "¿Cómo que no?, ya hiciste la normal primaria, con normal superior te va mucho mejor". Para quitármelo de encima le dije, sí quisiera pero no tengo dinero ni para la inscripción. Me entregó el importe de la inscripción en ese momento aclárandome que luego se lo pagara. Se los recibí para que saliera la disculpa, al día siguiente se los pagué porque no era justo, me inscribí y ahí estoy en la normal superior. Al siguiente semestre ya no quería yo ir tampoco. Ya no vino el maestro Maximiliano, vinieron los compañeros de estudio de allá de la normal superior: "Profe: ¿´por qué no lo vimos hoy?"  Ya tocaba  a mi suerte ese  prospecto de haber hecho un estudio medio superior, porque cuando dije que no tenía para la inscripción, ellosz se cooperaron y me pagaron la inscripción. Otra vez les devolví su dinero. Al tercer semestre ya no hubo necesidad de que me llamaran, ya fui yo solito a inscribirme. Incluso hubiera estudiado un poco más pero en ese tiempo ya se presentaron los problemas de atender a mis hijos, los estudios de maestría en ese entonces eran muy caros.   Cuando estaba en la normal en Guanajuato descubrí que todos mis compañeros ya tenían plaza, por sus relaciones. Con ese conocimiento fui a Guanajuato a  inconformarme amablemente con el entonces Director de Educación Pública de Guanajuato. Me contestó: "Termine sus estudios, ahora que se titule le cambiamos la plaza". No le contesté, me salí y me encontré con una persona que también pesaba en su tiempo, le platiqué y me instruyó que solicitara otra vez mi plaza. El señor era jefe de estado mayor presidencial.  Él me dijo: "Usted tiene derecho a su plaza, si muchachos de secundaria ya la tienen, usted tiene más antigüedad, vaya, pídala, lleve esta tarjeta y muéstrela sólo que lo quieran hacer menos". Fui de nuevo, y el director no me quería recibir, insistí y cuando me dijo que no tenía plaza le dije: "Mire licenciado  (era un tal Rayas), yo no vengo a pelearme con la autoridad, pero si yo no tengo derecho que voy en segundo grado de instrucción primaria y tengo trece años de antigüedad, eso sí quiero que me diga, sin pleitos de ninguna índole ¿con fundamento en qué, a alumnos de secundaria sí les han dado plaza? Y tengo pruebas". Llevaba u n talón de cheque de uno de ellos.  Se quedó callado y me dijo: "Mire, maestro, sí tiene usted  razón, pero pues… es que a veces me mandan órdenes de allá arriba". Dije: "Bueno, si eso quiere usted eso hago si usted quiere, ahorita voy y le traigo una tarjetita de esas que pesan".  Llamó a uno de sus gentes: "Ingeniero: hágase cargo del asunto del maestro, a ver dónde se le coloca". Yo pensé: ya gané. Al  ingeniero sí le mostré la tarjeta: Mire lo que iba a pasar.  Me dijo: "traías un explosivo. Eso es una orden.  Se te va a dar plaza, pero no nos digas donde. Vienes bien enojado, hasta cambiado de color a hablar con el Director General" Le contesté: "Discúlpeme, pero es una injusticia que a muchachos de secundaria les den plaza y a mí en segundo año y con antigüedad todavía no.  Así me hice de mi plaza de primaria.  Me jubilé con treinta y un años de trabajo, pero cuatro no me los reconocieron por no sé qué cosas sindicales, pero fueron treinta y cinco años en primaria y telesecundaria.  Y ya jubilado trabajé en el CECyTEG otros cinco años y algunos interinatos por ahí,  ya acumulados fueron cuarenta y cuatro años de docencia. Duré casi veinte años al público con mi academia comercial y estoy muy satisfecho. Si alguna satisfacción tengo es esa. De mi humilde enseñanza, y aunque fue de nivel comercial, pegó la actividad y redundó en provecho de la población. Cuando empecé a expedir los diplomas, se llevaron a bastantes de ellos a diferentes trabajos.  Por ejemplo, aquí en el MP, con llevar su certificado de primaria y su diploma comercial de aquí los admitían en el empleo. Y eso me da mucho gusto. O ¿qué no tendrá valor colaborar con alguien para que tenga empleo? En secundaria por igual, aquí en la telesecundaria está una señorita  que admitieron  por su diploma de aquí. Eso me da mucha satisfacción.   Y hay muchos casos, por ellos vivo una satisfacción preciosa  de "Circuito cerrado".
De toda mi vida he escrito. Escribí esto porque después de mi infancia muy pobre,  raquítica hasta cierto punto, no me falto comida, pero raquítica en el vestir, en el calzar. Yo fui descalzo hasta los once años…  porque voy a tener vergüenza de decirlo si mi padres  eran pobres, algunas personas, mis vecinos,  cuando yo tenía seis años me decían, "Ay, niñito, qué irás a ser tus papás tan pobres"  Yo de niño qué sabía de pobreza, esta uno ajeno a la advertencia, pero ya cuando iba a la escuela empecé a advertir, entonces sí,  y precisamente cuando iba en cuarto grado, entre los diez, once años cierto día me llegó una reflexión. Previamente le pedí permiso a la maestra y no me quería dar permiso, pero yo estaba presto en ese rato para decir lo que yo quisiera, pero por escrito  y escribí:

Tengo que decirlo,
tengo por contarlo;
si bien de malo nada tiene
y no puedo negarlo.
Esto es muy cierto:
a mi infancia, dicha y vida
mucho le ha costado.
Ayer al templo del saber llegaba
sediento sin cesar, ahogado,
salida en fin no le encontraba
al centro del saber tan ilustrado.
Oh trance de mi infante vida,
fases de luna que ofrezco a la tierra,
si la claridad se me ha dado
por qué no alumbrar la tierra.

Eso fue lo que se me ocurrió, no sé qué tanto tenga de poema, que  le dé el calificativo otra gente, no yo. Sigo escribiendo siempre lo he hecho. Por lo menos completo dos libros de narrativa que tengo en borrador.
Ya he platicado el sobrenombre que tengo, salió al calor de los juegos, recuerdo que nos lideraba Juan Delgado grande. Éramos chicos entonces, somos de la edad él y yo. Seguramente por su posición económica y social nos lideraba, estuve muy ligado a él, sería por serle servicial. Él se valía de mí, me decía: "Oye Toño, ¿te arriesgas a ir a Celaya? quiero que me traigas unos cuentos, de  La Pequeña Lulú, de Tarzán…" El traía dinero, mucho dinero, porque  traer cien pesos entonces…  a mí me daba veinte o treinta pesos para que le fuera a traer cosas, de ahí pagaba lo que le traía y pasajes, y era un buen bonche de cosas, seis siete cuentos. Nos lideraba, compraba los valones (costaban treinta, treinta y cinco pesos, carísimos quién iba a tener para eso) y jugábamos futbol), Cierto día dijo, "A ver, entre todos los que estamos aquí vamos a ponernos un sobrenombre: Tú vas a ser Judas, tú el perro, etc., etc."  Y, no sé si sería por los cuentos que compraba,  dijo:  "Y  tú… vas a ser Barnéy".  Todos soltaron la carcajada, así que un sobrenombre que nació al azar. De todos los apodos de aquél día a mí fue al único que se le quedó. No me ha molestado nunca, hasta pensé en utilizarlo como seudónimo.
Yo este año voy a cumplir cincuenta y siete de ser instructor de bandas de guerra y me siento profundamente satisfecho. Hoy hay otros grupos, digamos otra generación de bandas de guerra, todas las profesiones que existen, abogados, ingenieros, arquitectos, etc., los felicito mucho pero creo que las funciones del ser humano no radican en qué títulos o cuántos títulos tengas, para mí la importancia del ser humano radica en dar un buen servicio a tu pueblo con lo que tú sepas hacer, eso es lo que me ha importado a mí. No otra cosa, para mi fortuna todavía Dios me dio licencia de titularme como profesor. Si alguien me quiere menospreciar en mi trabajo que yo he hecho estaría en todo su derecho pero yo me siento muy satisfecho de los cincuenta y siete años como instructor de Bandas de Guerra y cuarenta y cuatro como docente. Sin embargo nadie me debe nada, pero si en el día postrero de mi vida alguien me quiere dar algo en recompensa de esto, yo les pediría, que cuando me lleven a misa, ahí afuera de la iglesia, en esa plazota cívica  y sin tanto protocolo , me digan una oración fúnebre, ¿por qué no? Eso es lo que pido, ese es el mejor reconocimiento que pido en forma póstuma.

Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes





 
"Chencho", el gran Maratonista

El arq. José González de Santiago, "El Chere", me platicó de la existencia de un corredor de nuestro municipio, sumamente destacado en los años setentas, no pudo recordar el nombre pero me dijo que en la zona de San Agustín  y La Palma era muy conocido como "Chencho". No me fue difícil encontrar al señor Chencho. No obstante que su nombre real sea Alberto Emiliano Hernández, menos aún fue difícil que me platicara un largo rato de su vida y su desempeño como deportista. Debo decir que no sólo me impresionó su trayectoria deportiva, sino la forma amena, simpática y fluida en que me platicó lo que aquí transcribo.

Agradezco enormemente la sugerencia de José González de buscar al señor "Chencho" y sus observaciones para hacer más comprensible esta entrevista.


Nací aquí en donde estamos, es la Colonia Álvaro Obregón, pero en aquel entonces le decían "El Tlacuache". Nací el 2 de marzo de 1947. Yo empecé jugando futbol, como todos, luego fui creciendo, me logré colocar en un equipo de aquí del municipio; se llamaba "El Agrario". Nada más una temporada salimos fuera del municipio, íbamos a La Piedad, Tarimoro, etc. Lo que era Zona Centro pero después bajamos. Yo le echaba muchas ganas, corría bien harto, tendría unos quince años. Había una persona encargada del equipo. El señor Macario Estrada era uno de los fundadores de equipos, era el Presidente y hacía su alineación; yo era defensa del lado derecho, pero nunca falta a quien no le cae uno bien y una persona le decía siempre:
-Descánsalo, mete otro.
Y el señor Macario le decía:
-¿Y a quién meto? ¿Pero para que nos la jugamos, él tiene su posición, tiene que estar ahí.
Yo no le caía bien a esta persona porque era tío de mi esposa. Por eso me quería sacar. Andábamos de novios en ese entonces. Ese fue el motivo por el que me separé del fut, porque siempre estábamos peleando. Pero de todos modos me alineaban, me decían:
-Déjalo que diga lo que diga"
Una vez, un 16 de septiembre del 66 vinieron unos equipos de México a jugar a Comonfort; familiares de aquí que están allá, tienen sus equipos y se animaron a venir a jugar. Nos dijeron:
-Vamos a invitar dos equipos, uno fuerte y otro medianillo, el mediano va a jugar con ustedes aquí y el fuerte va a jugar con Zona Centro en el campo Azteca.
Jugamos a las doce y ganamos. Acabamos a las dos. Me eché mi baño, un taquillo y vámonos a las cuatro a ver al equipo fuerte. Pues llegando a Comonfort, antes de que iniciara el fut andaban unos corredores ahí calentando. Y yo, como ya dije, corría bien harto, hasta le daba chance a los delanteros de que me ganaran, luego los alcanzaban. Los camaradas me dijeron:
-Órale que va a haber carreras.
-¿Cómo? Pero yo no sé nada de eso, puro fut.
-Ándale, tú que corres un friego allá.
Pero no es lo mismo allá que aquí y era a campo traviesa, del campo Azteca a la cruz en la punta del cerro. Nomás tres lugares, había tres bandera allá, la verde, la blanca y la roja, y a correr por donde uno pudiera. Antes no había camino, ahora sí ya está la veredita. Yo no conocía el cerro ni nada. Y hay hartos hoyos, montones de basura y hoyos de los molcajeteros. Les dije a mis camaradas:
-Verdad buena que si yo trajera unos tenis sí le entraba, total, ¿qué pierdo?
-Yo te presto los míos -dijo un compañero, eran unos marca Super Faro, de esos de bota.
-Pues órale, a ver, pues.
Pensé: "Quién me manda andar de hablador". Para esto, había dos que ya eran corredores, se iban a entrenar y tenían su camino marcado, cortaban pencas y con eso señalaban. Yo salí como loco, iba pase y pase corredores, pensando: "A ver hasta donde llego ". Nomás se quedaban a la sombra de los cazahuates, resollando y yo en joda. Hasta que llegué a un punto en que ya ni quién; pero hasta arriba hay como una pared con unas peñotas. Me dije: "'Ora sí, ¿por dónde?" Me quedé parado, ya me iba a trepar por ahí arañando y en eso venían dos, uno de San Miguel y otro de San Agustín que se llama Salvador Maldonado. Me gritaron:
-¿Qué te pasó?
-¿Pos por dónde? -les dije.
-Síguenos.
Dieron la vueltecita y por ahí estaba la subida. Llegue tercero. Si hubiera sabido hubiera sido primero. Luego el de San Miguel me preguntó:
-¿Tú dónde entrenas?
-No, yo no soy corredor, yo juego fut.
-Entonces, ¿cómo…? -me dijo sorprendido- ¿Y qué tal es tu equipo? Yo no te he visto correr, pero con esto que hiciste… ¿Por qué no te dedicas a correr?
-Pues no yo no sé ni cómo se hace eso.
-Anímate, si quieres yo te digo más o menos como. Porque para empezar: Tú equipo es bueno, está bien, se ganan su trofeo y ¿a dónde va a parar ese trofeo? -En ese tiempo los trofeos se guardaban en una tienda aquí en la Palma, para que los viera todo el barrio- Si tú eres portero, defensa o delantero y por tu culpa meten un gol, te reclaman todos, aquí si ganas o pierdes es tuyo, tú solo ni quién te diga nada.
Eso veníamos platicando de bajada. Me dieron un trofeíto que me lo eché en la bolsa Y de ahí me empezó a gustar, me explicó aquél:
-¿Tú como entrenas para el fut?
-Pues me echo unas diez vueltas al campo antes de empezar.
-Mira, échale veinticinco pero ya deja el futbol y si te animas, el 12 de diciembre en San Miguel Allende, en la fábrica La aurora se hace una carrera muy buena; si te pones a entrenar como yo te digo, vas a ver si hay rendimiento no.

Me animé, pensé: "Pos acá en el fut tengo hartos problemas con este camarada, mejor me voy a agarrar acá a vuelta y vuelta y a ver qué sale para ese día". La carrera al cerro fue el 16 de septiembre, para el 12 de diciembre yo ya me sentía muy bien. Fui, otro señor de aquí me acompañó y ahí vamos, llegamos allá y que voy viendo un montón de corredores, pero corredores bien dedicados a eso; yo sin herramienta, con unos tenisillos que me prestaron. Allá en el cerro siquiera sabía que era a la crucita pero aquí sin conocer, dije: "A ver a quién sigo". Me mantuve en la punta, eran ocho kilómetros. Ya de bajada yo me sentía re bien, nada más quedábamos tres; yo pensaba: "Con uno que rebase quedo en segundo, ¿qué no los alcanzaré?" Pero mi error, el error de los principiantes es ni siquiera saber el recorrido: Cuánto te falta; dónde vas a dar vuelta. Para saber dónde atacar. Pero yo nada más iba atrás y, de repente que dan vuelta y se meten a la fábrica. Quedé tercero. Ya no hubo modo de atacarlos, yo me sentía rete bien, pero no sabía el recorrido. Ahí me dieron un trofeo grandotote, de dos pisos. Me vine bien gustoso, el señor que me acompañó también venía bien gustoso y la gente que nos encontraba, se persignaba, pensaban que era alguna imagen. Puede que yo también me hubiera persignado si no supiera de qué se trataba. Esa vez ganó uno de Toluca, en segundo uno de Querétaro, el de San Miguel quedó cuarto y el de San Agustín sexto. El que me invitó me dijo:
-Ya ves qué bien te fue, ¿cómo entrenaste?
- Pos como me dijiste, le eché 25 vueltas a la cancha.
- Ahora ya no hagas eso, sal y corre una hora, una hora y media diario y vas a ver, si eso hiciste ahora con ese entrenamiento, si te entrenas más fuerte te vas a ir pa'rriba.
Me daba harto gusto, lo único que me faltaba era la herramienta y conocer, saber el modo de correr y el recorrido, el kilometraje, cuánto tiempo haces por kilómetro, si son cinco kilómetros a lo mejor los primeros tres correrlos despacio a 3:30, 3:40 por kilómetro.
Yo en ese entonces me dedicaba al campo, trabajaba la tierra, ese era mi trabajo, no propio, trabajaba para otra persona; me pagaban cinco pesos al día: treinta pesos y me daban otro pesito más por dejar lista la yunta, total 36 pesos. Yo estaba contento, no tenía grandes ambiciones, nada especial.
Con ese entrenamiento se llegó el doce de enero, una carrera también fuerte, competida. Yo bien gustoso me empecé a preparar, ahí sí quedé en once, la verdad eran corredores muy buenos y yo, con la emoción o el hambre de ganar le echaba duro al entrenamiento y un día antes también, así que el mero día ya estaba gastado, el sábado entrené fuertísimo para el cerro y al día siguiente se acabó la fuerza. Yo me conformé diciéndome que era apenas mi tercera carrera, pero seguía echándole ganas, pero ahí me vio correr un entrenador de Celaya, de un equipo que se llamaba Galgos, y me preguntó de dónde era y quién me entrenaba:
-Soy de Comonfort y entreno yo solo -le comenté.
-Entonces, ¿cómo te metiste en el once entrenando solo? ¿No te gustaría pertenecer a un equipo? Yo soy el entrenador del equipo Galgos.
Era el mejor de Celaya y la región. Le dije:
-Pues sí… pero la verdad es que no tengo para salir, para mis gastos, yo vengo aquí porque me ayudan con mi pasaje -el señor que me acompañaba me lo pagaba.
-Pues si quieres yo te voy a incluir en el equipo, te voy a pasar entrenamientos, a conseguir unos buenos zapatos, un uniforme, claro del equipo de los galgos.
Ellos ya tenían su historial, eran buenos, traían a otros dos de Guanajuato que corrían por el Hotel San Diego, pero cuando venían para acá corrían por Galgos. Empecé a correr el 16 de septiembre del 66, en el 68 corrí mi primera carrera internacional, fue la "media maratón a Celaya", la que sale de por ahí de la Soledad a Celaya, es en noviembre.
En el equipo me decían cuánto debía a entrenar, no me enseñaron técnicas para correr ni algo así. Como yo no iba a entrenar a Celaya, me agarraba aquí para el cerro y la gente cuando me veía venir le corría, y eso que no iba en short ni nada, iba con mi pantalón, pero le corrían al verme. Así me preparé y en esa carrera también quedé en el once, pero ahí corría puro fregón, gente que ya competía a nivel internacional, de Centro Olímpico, del Deportivo Internacional, Llego a venir un inglés que se llama Tim Johnson, pero él venía solo, sin equipo, era un fregón. Pero el mejor de aquél momento se llamaba Juan Máximo Martínez, que en esa carrera hizo de aquí a la presidencia 1 hora 1 minuto; Johnson quedó tercero con 1:05. Al siguiente año volvió a venir Johnson quesque a romperle la marca a Juan, pero ese año ya fue la primera vez que se hizo al estadio. La gente decía: "Sólo que haga debajo de una hora, porque de ahí a la presidencia es más de un kilómetro". En ese año yo ya andaba bien metido; Llegué sexto con una hora siete, Tim hizo una hora tres, si hubiera sido hasta la presidencia hubiera hecho una hora seis. Y ese ya no volvió a venir. Después corrí otra vez y gané pero hasta el 75.
Ya para entonces sí corría. Corrí la de San Miguel, ya nadie me paraba, puro primer lugar, desde el 72 ya nadie me paró. Fue cuando Celaya cumplió 400 años, entonces hicieron un Maratón selectivo para la olimpiada de Alemania. Mi entrenador me decía:
-Vas a correr esa carrera, te voy a preparar.
Cada ocho días nos traía de acá de Calderón a la deportiva, pero cuando yo llegaba, los demás apenas iban por Roque. Él me compraba leche y dos panes, pero me decía:
-Acábatelo antes de que lleguen aquellos, para que no se den cuenta.
Y me daba también mi pasaje. Unos se venían de ray, nomás llegaban al Cerrito de Soria y ahí pedían ray. Se llegó el día y le pregunté
-¿Cómo le hago?"
-Tú corre como tú estás acostumbrado. La costumbre que tenía es que nunca los dejaba ir, siempre con los punteros estaba atrás, atrás y no me separaba unos cinco metros atrás, cuando mucho. Poco a poco se iban zafando y así, hasta que quedaban dos o uno, y entonces me decía: "Ahora sí, con estos". Apretaba y ya ni el polvo me veían. Venía uno de Guanajuato llamado Antonio Montero y otro llamado Manríquez. El entrenador nos dijo que nos juntáramos. Pero vino puro fregón, era la carrera para seleccionar a los atletas que iban a ir a la olimpiada de Munich, Alemania. Nada más el primero y el segundo iban a ir, y no importaba el tiempo, porque ya les habían hecho selectivo a todos antes y ésta era la definitiva. Salimos, yo atrás, atrás; pasamos los 21 kilómetros, en el kilómetro 35 se zafaron los demás; quedaron Antonio Montero y Manríquez. Montero nos sacó ventaja, yo atrás. Cuando quedaban 3 kilómetros apreté. La meta estaba en la presidencia. Montero cruzó y yo venía por Woolworth, o sea que me sacó unos 60 metros. Llegué, di la vuelta al jardín, me recuperé, me cambié los zapatos, me dijeron que Montero estaba mal, que hasta estaba vomitando. Es que le gritaban: "Ahí viene aquél y volteaba y volteaba". Lo peor de todo fue que ni nos tomaron en cuenta. Yo ya había ganado mi lugar a Munich, pero nada. Quién sabe quién iría; el entrenador me dijo:
-No depende de nosotros, depende de la federación y nos dicen que no puede ser posible que gente de provincia les gane a los que ya están acá.
Me dieron una zapatilla de plata y a Montero una de oro. Sí se alegó, se dijo y les decían a nuestro entrenador:
-Ponte a pensar, ¿qué van a hacer allá?, si nunca han salido, no saben nada, no tienen experiencia, ¿dónde estaban? ¿Por qué no se sabía de ellos? ¿Por qué no han salido a otras carreras?
Y lo que se me quedó grabado fue que me dijo el entrenador:
-No te desanimes, de aquí a cuatro años viene la otra y para entonces tienes más experiencia, a ver qué pasa, pero échale ganas, no te desanimes.

Yo no sabía de Panamericanos ni nada, puede que ni sabía ni qué carajos era la olimpiada. Desde ese entonces (unos cinco años) estuve ganando a nivel nacional y con corredores internacionales y no me ganaba nadie. Los premios siempre eran trofeos, nunca en efectivo. Corría aquí en la región: Querétaro, León, Morelia; no había quien me ganara. Se llegó otra vez la carrera de Tierras Negras y vino el entrenador del Comité Olímpico Mexicano. Había dos, el mero fregón era el profesor Tadeusz Kepka y el segundo era Eladio Campos, ese era el que traía a los de menos rendimiento. Cuando había competencia de las fuertes mandaban gente de allá, dos tres gentes a ganar y llegaban aquellos de regreso:
-¿Cómo les fue?
-No, pos nos ganó el Chencho.
-¿Otra vez ese... ?
Esa vez venían unos corredores del Hotel Sn Diego, venía un corredor chaparrito de aquí del rancho de Guadalupe, tenía un hermano que era ciclista; me dijo:
-Yo voy a ganar la meta volante.
-Ta bien -le dije.
La volante estaba en el puente del bulevar. Salió con los del hotel San Diego y los de México en la punta. Al agarrar el Boulevard empezó a jalar y nade lo siguió. Yo si lo seguí pero como a los 20 metros se cayó. Lo levantó la Cruz Roja que antes estaba ahí a un lado, pero me dejó la punta y ya me seguí solito hasta la meta.
Total, ese entrenador me dijo que yo ya había acabado con todos, con todos los que tenía en el CDOM (Centro Deportivo Olímpico Mexicano). Me dijo, cuando se acabó la carrera:
-Tengo cinco años siguiéndote, checándote. Siempre has ganado y por eso vine: a verte y traje a estos tres; son cinco, ya le ganaste a tres. Pero, no sé cómo lo tomes, si de veras puedes te invito a una carrera buena, en Saltillo, ahí van a estar aquellos, es el 14 de noviembre son 35 kilómetro. A eso vine nada más.
Ya para entonces trabajaba para un establo, tumbando alfalfa. Ganaba más, ganaba 200 pesos a la semana. Las carreras ganadas hasta ese momento no me proporcionaban ningún tipo de fama, nadie me conocía. Yo entrenaba solo, nadie en el pueblo sabía de mí como atleta. Hasta esa carrera que menciono. El entrenador me dijo que el 13 de noviembre, a las 9 de la mañana, en Querétaro, en la caseta junto a la plaza de toros, iban a pasar, ahí debía estar listo. Mi señora me echó veinticinco tortas en la mochila para que aguantara los 3 días. Llevaba mi mochilita llena de tortas, mis tenis que ya eran buenos y mi ropa; sencilla pero ya era otra cosa ya iba equipado. Corría para dos clubes: el Tierras Negras y Farmacia Mary; ellos me ayudaban, leve, pero me echaban la mano.
A las siete ya estaba allí, con un friazo; traía una chamarrita. Pero aproveché para echarme una torta. Cinco para las nueve llegó un camionsote verde "Comité Olímpico Mexicano" Subí. Nomás me veían en el pasillo los demás, yo todo flaquillo. Me senté hasta atrás. Llegando a Saltillo me llevaron a mi habitación y el entrenador me dijo que ahí me quedara. En la noche me llevó a ver el circuito, era como un triángulo: La salida, un pedazo plano y una subida, vuelta y luego la bajada, eran siete vueltas de 5 kilómetro. Le pregunté:
- ¿Quiénes son los que me faltan de ganarles?
-No los va a ver, esos llegan en burro (en avión). Son los meros fregones, Mario Cuevas y Rodolfo Gómez.
Yo los había visto en el periódico, en el ESTO, que ganaban en muchas partes. Me impresioné pero me dije: "Ya estoy aquí".
Empezó la carrera, la primera vuelta yo iba atrás, atrás, en la tercera yo atrás y ellos en la punta. Por ahí anda la foto, puro fregón enfrente y yo por atrás, hasta me doy como lástima. La cosa es que el primero, segundo, tercero y cuarto iban a correr el maratón de Los Ángeles (San Bernardino). Poco a poco se iban quedando, cuando faltaban dos vueltas quedábamos seis, y pensaba: ¿Pos qué no le ganaré yo a dos para quedar en cuarto? Rodolfo y Mario estaban en la punta, atrás de mí venía uno de Celaya.
Como yo traía mi playera que decía "Tierras Negras", Celaya, Gto., Desde antes oía que decían, no sé quién:
-¡Órale, Guanajuatito, jálele! Y yo pensaba: "Pos dirán lo que quieran pero aquí voy". Y cuando quedábamos seis, todavía me decían:
-¡Órale, Guanajuato, jálele! ¿Qué no traí?
-No -les contestaba.
-¡Pos quédese!
-¡Pos déjenme!
Yo sí ya les respondía. Y se daban unos jalonzotes y a mí ni me pesaban sus jalones. En la subida de la sexta vuelta me jalé, se quedaron, a media subida volteé, venían muy lejos, le bajé y me alcanzaron. En ese jalón se quedaron dos, quedábamos tres y yo. En la última vuelta dije: ya estuvo, yo me siento bien. Al iniciar la última vuelta pasó y el entrenador me dijo:
-Quedan cinco kilómetros, échale lo que puedas.
Fue como si me quitaran una coraza, me jalé en la subida, (yo entrenaba en el cerro). Más arriba de la mitad me alcanzaron una ambulancia y dos motos, me dijeron:
-Guanajuato, ya cálmate, ya se quedaron.
Y yo me dije: "Pura fregada, no me calmo". Cuando dimos la vuelta volteé, no vi a nadie. Me dijeron:
-El que viene atrás de ti está a dos minutos.
-¿Y Mario y Rodolfo? - pregunté.
- Se salieron.
Como sentirían mi jalón que no le atoraron. Luego me informaron que el que venía atrás decía "Celaya. Era el Chucho, me esperé un poco y luego me dije: "Pos pa´ que lo espero, capaz que me gana". Me hice un cierre como si fuera carrera de 100 metros. El profesor me dijo:
-Corres que da miedo. De aquí en adelante las puertas del CDOM están abiertas para ti, si quieres de aquí nos vamos.
Le expliqué todos los asuntos que me lo impedían. Ese fue mi escalón para arriba, de ahí me mantuve entrenando y compitiendo ya con puros internacionales. Ese triunfo salió en los periódicos: el Esto, el Ovaciones. Me dieron mi trofeo y un reloj de oro. Lo que no me entregaron fue una casa que siempre daba el gobernador al ganador de cada año. Me di cuenta como a los cuatro o cinco años que me preguntaron qué había pasado con la casa de Saltillo. La recibió don Eladio y ese cabrón se la quedó.
En el extremo derecho de esta imagen está Rodolfo Gómez, al centro, atrás "Chencho" Martínez, con un número del que se alcanza a ver el 91.
Allá en Saltillo me habían dado un uniforme muy bonito, una chulada, hasta me sentía yo igual que los demás, bien presentable. Aunque eso nunca me importó, yo decía: "Qué más da la ropa, el mono es el bueno" (me conformaba yo solo, pues). A los seis días se vino la carrera de Celaya. El día de la carrera me puse mi uniforme y le dije a mi señora:
-Ahorita vengo, voy a ver la carrera
- ¿Vas a correr?
- No, qué voy a correr, todavía ando cansado.
-Entonces… ¿Para qué te pones esa ropa?
- Pos, la verdad, buena que para presumir, para que me vean. Es más, si quieres vamos.
La llevé. Faltaban como quince minutos para la salida y unos compas, me felicitaban por el triunfo en Saltillo y porque iba a ir a Los Angeles. Mi entrenador de aquí me dijo:
-Échate esta carrera.
Cuando faltaban diez minutos estaban voceando que los cuatro primeros a Venezuela y me animaban. Al final le dije a un compadre, que me apuntara. Pero dijeron que ya no, que ya no había inscripciones que esas eran allá en Celaya, no en la salida. Se dio cuenta el Presidente Municipal y le dijeron que no había números, dio instrucción de que me apuntaran y quién sabe cómo improvisaron un número. Les dije a mis compañeros de equipo:
-Yo voy a salir echo madres, no me sigan, yo me voy a salir en San Juan de la Vega.
Así lo hice, está una foto donde yo voy más allá de media subida de Soria y los demás apenas van pasando el puente.

Me seguí como Loco, pasó mi compadre, y me preguntó:
-¿Te sales?
-Pos ahora no me salgo
-Los traes a dos minutos -me dijo.
No me salí pero los esperé, aflojé. En San Juditas me alcanzaron. Uno de Toluca y uno de Pedro Escobedo, me alcanzaron uno de ellos dijo:
- ¿No que no, cabrón?
Los dejé pasar y yo atrás de ellos. De pronto me jalaba y en cada jalón se quedaba alguno. Ya íbamos cinco, pasando la autopista se había zafado otro; íbamos cuatro: uno de Guanajuato, Juan Vázquez, el de Toluca, uno del DF y yo. Me dijo el de Guanajuato vamos a jalar. Y que me jalo y le saco como 20 metros. Pero entré al revés al estadio. Entré por otro lado y me hacían señas y me gritaban. Pero con el ruido de la gente no escuchaba. Mi compadre me advirtió:
-¡Por ahí no es, Chencho!
Cuando volteé el otro iba entrando. Me regresé duro, todavía lo alcancé, entró pisándome mi sombra. Pero gané. Se acercó el gobernador, el presidente municipal, el presidente del patronato de la deportiva, el Dr. Mariano González, el gerente de la coca y el periódico. Me entrevistaron. El gobernador me preguntó en qué trabajaba, cómo entrenaba y mi alimentación. Le sorprendió que con mi trabajo y mi alimentación hubiera tenido esos logros. Me preguntó si me gustaría un trabajo donde casi no hiciera nada pero que me permitiera entrenar. Me dieron trabajo en la Unidad Deportiva, para que ahí mismo entrenara temprano y regresara a trabajar, era el jefe de personal, checando a los otros. Eso fue otro escalón, me sirvió mucho, corrí mejor. En ese tiempo fue cuando me llevaron al CDOM, lo malo es que ya empezaban a dar premios en efectivo, pero a mí no, yo no podía correr porque estaba para la olimpiada de Montreal.
Me mandaban a foguear fuera. Sí fui a Los Ángeles y gané el maratón con 2:17. Al año siguiente volví a ir a correr maratón en Culbert y volví a ganar. Fui a Venezuela, a Colombia, Guatemala, Puerto Rico y siempre ganando. A Mario Cuevas y Rodolfo Gómez los mandaban más lejos, iban a Japón y quedaban en tercero o cuarto con 2:20, 2:23. Yo traía mis 2:17. Les gané a todos, no quedó nadie a nivel nacional. Luego me llevaron a correr al Deportivo Internacional. Claro, con permiso del CDOM, pero los hice queso, nadie me ganaba y nadie me veía bien, así que mejor me regresé al CDOM. Acá sí era como mi casa; allá no. Cuando salíamos a entrenar al Desierto de los Leones, como yo no conocía las rutas, ellos trataban de dejarme a ver si me perdía. Pero con lo que yo traía cuándo me dejaban. Nunca me dejaron, mejor se calmaban. Me llevaban a entrenar a la marquesa, también me quisieron perder. Luego, en el nevado de Toluca, el profesor me dijo:
-Todos ellos van a subir hasta arriba, donde siempre llegan, pero tú cuando ya te sientas mal por la altura, de ahí te regresas.
Yo regresé junto con ellos. Me dijo el profesor que en todo el tiempo que tenía entrenando nunca nadie había llegado en la primera vez, yo era el primero. Y yo no sentí nada.
Se vino el selectivo para la Olimpiada de Montreal, Canadá. Rodolfo y Mario se reportaron enfermos, no corrieron el selectivo. Así al final ganó Clemente y yo quedé segundo. Traíamos un tiempo de 3:05, 3:07 el kilómetro, también se publicó, nos mandaron para nuestro Rancho, nos dijeron que entrenáramos bien y en quince días fuéramos. Fuimos y que nos van diciendo que no, que no había presupuesto para maratonistas. Fuimos a ver al presidente de la federación, nos dijo:
-Yo sé que ustedes se ganaron su lugar a pulso, pero yo no puedo hacer nada. Va Mario nada más.
-¿Y por qué? Si sus tiempos son malos.
-A Mario le va a pagar su pasaje la institución a la que pertenece que es la General Motors y Clemente, si su institución le paga los gastos también puede ir.
-¿Y por qué no me dijo esto hace dos años? ¿Qué carambas estoy haciendo aquí? - le dije.
-Es que no contábamos con esto.
Me agarró una decepción muy fea. Y aquí hubo gente que sabía que iba yo a ir y me daba alguna ayuda, hasta el gobernador y luego para salirles que siempre no iba a ir. Eso fue lo peor y allí para mí se acabó el deporte. Me dije: "Ya dos veces llegué y nada". Descansé como siete u ocho meses y ni estaba a gusto porque veía en los periódicos que ganó fulano, mengano y me molestaba que ganaran los que yo derrotaba tan fácil. Empecé a echarle pa'rriba, pero ya no llegué, quedé a un 80% de lo que había sido. Pero para esto, también ya tenía cuarenta años y corrí Master y ahí sí otra vez la volví a hacer. También entonces ya corría en carreras que daban dinero. El 24 de junio en Guanajuato en la presa de la olla, me vieron allá y se sorprendían, creían que andaba yo en la Olimpiada. Ya les platicaba. A ese nivel los seguía haciendo queso y buscaba carreras que daban dinero.
Duré cinco años en la deportiva, del 75 al 80, después me jalaron como entrenador en Recursos Hidráulicos, a todos les daban un contrato a tres meses, yo les dije:
-Si me dan la base me voy.
Me dieron mi base y de ahí me pensioné. Me gustó ser entrenador, entrenar a los chavos a los jóvenes. Ahí ese era mi trabajo y acá por fuera le he ayudado a mucha gente y a nadie le he cobrado, todavía ahorita tengo gente que entreno. Yo no pagué entrenador nunca. Y en lo que puedo les ayudo.
Sigo corriendo todavía, quedé segundo, corro en la categoría de 60, se llama veterano plus. Sí entreno, pero para estar en buena condición, porque hay muy pocas carreras de mi categoría. Donde hay muchas es en León, cada 8 días, pero dan mil pesos al primer lugar. No me sale la cuenta, con pasajes, hotel, inscripción, me quedan unos 300 pesos y si sale un gallón que me gane ya salí perdiendo. El último domingo de abril voy a correr en Acámbaro. Son 1500 pero está cerquita. Cada año ganaba en Chihuahua, la organiza el OXXO. Pero empecé a ganar de 60 hasta 63, pero llega alguien que acaba de cumplir 60 y ya me van aventando a un segundo o tercero. Cuando cumplí 65 me volvía acercar y otra vez a ganar, pasa siempre lo mismo, ahora estoy esperando la de 70. Ahora corro carreras de 10 kilómetro y si acaso 21.
Cómo entreno o entrenaba: cuando corro voy pensando que llevo a fulano ahí adelante, ya sé quién es, por ejemplo ahorita el mejor en Maratón se llama Luis Álvarez, entonces voy pensando: "Allá va Luis, allá va Luis". Me voy a Delgado, ida y vuelta, son más o menos como 35 kilómetros. Ya de regreso yo sólo me digo: "Jálale Chencho". Y yo mismo me digo, cuando faltan 200 metros: "Órale, córrele, el cierre". Yo hablándome como loco. Siempre hay una base, una competencia que te ganó fulano, ya sé que es el rival a vencer y ya sabe uno el ritmo que debe llevar por kilómetro para poder mantener ese ritmo en todo el kilómetro. Porque si son 42 y corro los primeros como si fuera de 10 la carrera, no voy a llegar ni a 20 y de nada sirve. El chiste es mantener el ritmo. Yo tengo mis programas de como pasar un kilómetro, checando, checando, si no aflojo voy a hacer tanto y me salen, bien medidos. Cuando entrenaba en Centro olímpico, cada vuelta, cada 400 metros los hacía en 1:05, cuarenta y cinco veces. A la hora de correr 5,000 metros, el kilómetro lo tenía que correr por abajo de tres minutos, mi tiempo era 14:19. En 10,000 era 28:53 casi 29.00. Eso era selectivo para San Silvestre en Brasil, pero nunca le pegué siempre llegué cuarto. Mi óptimo era el maratón, si me hubieran bajado a 10 o 5 kilómetro hubiera tenido que apretar paso, pero mi paso era para maratón.
Nunca tuve lesiones más allá de las normales, en el fut sí se lesionan mucho más. Me calé en el ciclismo pero sale re caro.
Hoy en día, los compas me preguntan si en mis buenos tiempos le hubiera ganado a los kenianos, ellos ganan hoy con 1:06 yo hice 1:04, les hubiera sacado 2 minutos
Gané muchos trofeos. Una vez se enojó conmigo un corredor de Celaya, me preguntó que como tenía mis trofeos y le dije que por ahí amontonados. Me dijo:
-No, si vieras cómo tengo los míos, en unas vidrieras, una chulada.
Pero pues el gana puros trofeos pequeñitos. Un día vino a ver mis trofeos y entendió por qué no los tengo en vitrina, el más grande mide 1.75 metros. Una vez hubo una fiesta en la casa y mi suegro, como no había con qué sostener un techito de cartón que hacía falta, le puso un trofeo de cada lado. Llegué a juntar trecientos setenta y seis trofeos ¿En dónde los guardo? No los conservo, hacían carreras en Celaya o en la región y mejor venían a comprármelos a mí, como con el tiempo se van picando, deteriorando les vendí casi todos. Algunos de los más grandes los he conservado, unos diez o doce. Me preguntan, cuál me costó más trabajo. La verdad es que todos, todos costaron trabajo. No tengo idea de cuantas medallas he ganado, muchas más que los trofeos, tengo un colgadero en un cuarto y en otro más que ahora a todos les dan medalla. Y antes no. Diplomas en papel también muchos, aunque nada más dicen el nombre, ya uno por acá le pone el tiempo.
Yo toco en un grupo desde hace muchos años, se llama grupo Bohemio, que antes se llamaba Leila. Antes tocaba batería, ahora bajo sexto y percusiones, y segunda voz.
Tengo cinco hijas y diez nietos hasta el momento.

El profesor Antonio Sánchez Ladino

"Chencho" El gran maratonista

 
El Dr. Manuel Márquez Escobedo

Antes de que este espacio electrónico existieran, el señor Manuel B. Márquez Pruneda me envió una reseña de su padre, el Dr. Manuel Márquez Escobedo. Cuando hace unas semanas, el señor Andrés Sepúlveda García llamó mi atención al respecto de este personaje y su importante labor, reparé en la gran omisión en que estaba yo incurriendo.
El 27 de febrero de 1896 nació, en la villa de Chamacuero, el Dr. Manuel Márquez Escobedo; hijo del señor José María Márquez Aguado y la señora Narcisa Escobedo, fue bautizado al día siguiente con el nombre de José Román Manuel de Jesús y registrado el 13 de marzo solamente como Manuel Márquez. Sin embargo, el usaba el nombre de Manuel Baldomero,  seguramente por la antigua costumbre de adoptar el nombre del santoral; el 27 de febrero se conmemora a San Baldomero. El niño Manuel Márquez hizo sus primeros estudios en su natal Chamacuero, para continuarlos en la ciudad de México, posteriormente en la  Escuela Nacional Preparatoria.

El 2 de junio de 1923 hizo su examen profesional para obtener el título de médico cirujano y partero en la Escuela Médico Militar de la S.D.N. con grado de Mayor. 
  La erradicación total del paludismo no ha sido posible, aún hoy en día, en parte porque el méndigo mosquito se volvió resistente a los insecticidas, además de que, durante el primer semestre de 1983 por instrucciones del presidente Miguel de la Madrid, se restructuró la Secretaría de Salubridad y Asistencia.  Sin embargo, transcribo una tabla donde se percibe el descenso en la incidencia de la enfermedad, muy notorio a partir de la fecha de inicio de la campaña. Si a usted le interesa este documento del Dr. Márquez, puede obtenerlo en la liga indicada en la nota bibliográfica al final de este artículo.
Además de esta importantísima labor en el campo de la Salud Pública, el doctor Manuel Márquez Escobedo realizó labores docentes en 

Colegio del Estado de Guanajuato

Universidad Nacional Autónoma de México

Escuela Médico Militar

Escuela de Salubridad de la S.S.A.

Instituto Politécnico Nacional
En esta última institución fue Director de la entonces llamada Escuela Superior de Medicina Rural, de 1950 a 1952; además fue el fundador de la Cátedra de Entomología Médica y Enfermedades Tropicales.

Se desempeñó como médico en diferentes municipios del Estado de Veracruz.

Fue Diputado Federal  en la XLV legislatura, por el VI distrito del Estado de Guanajuato.

Hoy en día, en su natal Chamacuero, algunas personas de edad lo recuerdan cuando en los años cincuenta  circulaba en un jeep y enrolaba jóvenes comonforenses para trabajar en las campañas de erradicación del paludismo en zonas palúdicas cercanas.  Claro que su función como Vocal Ejecutivo de la CNEP no era esa, pero el hecho nos muestra que era un hombre cercano a la gente y que dedicaba todo su tiempo a la campaña de erradicación.


Como reflejo de la importancia de su trabajo, un aula del  Instituto de Salud Pública del Estado de Guanajuato lleva su nombre, así como un centro de Salud TIII de la Secretaría de Salud del Distrito Federal,  en  la Delegación Álvaro Obregón de la Ciudad de México.

Como último dato anecdótico les transcribo una trivia de la revista  de divulgación del  Decanato del Instituto Politécnico Nacional.  La forma en que describen al Dr. Manuel Márquez Escobedo en la pregunta 3  es una síntesis de lo aquí expuesto. 


Con su muerte acaecida en 1973, no lo perdimos y es por ello que decidimos poner estas líneas y así preservar su memoria para generaciones que le siguen, encontrando motivos de orgullo al conocer la obra de tan distinguido chamacuerense. A continuación me permito incluir una fotografía del apreciado Dr. Manuel B. Márquez Escobedo con su esposa, la Sra. Consuelo Pruneda de Márquez, en tránsito hacia su querido Chamacuero (A pesar del trabajo y la distancia, el Dr. Márquez siempre guardó un entrañable recuerdo de su pueblo natal, al que volvía cuando se presentaba la oportunidad).

Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes






En novimebre de 1944 fue miembro fundador y  primer Secretario General,  de la Sociedad Mexicana de Higiene, antecedente de la actual Sociedad Mexicana de Salud Pública, A.C.(1)

Su dedicación le permitió obtener los siguientes reconocimientos:

Certificado de Master Public Health de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore Maryland (1938-1939).

Diploma de Medicina Tropical en la Universidad de Tulane en Nueva Orleans (1941-1942).

Diploma de  Malariología en el Instituto de Sanidad de Roma, Italia.

Como puede intuirse por estos reconocimientos, la carrera del Dr. Márquez Escobedo se orientó a la Salud Pública.

Fue Director de Salubridad en la Ciudad de México. D.F.

Fue Vocal Ejecutivo de la Comisión para la Erradicación del Paludismo.


Ya iniciada la década de los 50, una de las mayores causas de mortandad en todo el país era el Paludismo (también llamado malaria, fríos, calenta o chuchos), que se transmite por la picadura del mosquito conocido científicamente con anopheles. De 32.2 millones de habitantes en aquel entonces, 2 millones fueron afectados por este mal; más de 6 de cada 100 habitantes sufrían esta enfermedad. Ante ello, en 1955 se realizó una gran campaña en México para la erradicación de este padecimiento, por lo que el Gobierno Federal creó en 1956 la Comisión Nacional para la Erradicación del Paludismo (CNEP) de la cual el doctor Manuel Márquez  fue Vocal Ejecutivo.

Consultando el organigrama me percato que el Vocal Ejecutivo fue en realidad quien dirigió la Comisión. Un documento sumamente interesante, redactado además por el propio Dr. Márquez, detalla el funcionamiento de la comisión y, más importante aún, detalla las estrategias que se diseñaron y los diferentes niveles de efectividad obtenidos (2). Como yo no soy médico y mucho menos epidemiólogo o malariólogo es poco lo que puedo comentarle, amable lector, pero puedo decirle que en el documento se detallan las "zonas palúdicas" en el territorio nacional, mismas en donde la acción erradicadora debía concentrarse, y las acciones para cada caso específico, así como la forma en que dichas acciones estaban organizadas y coordinadas.

En el  siguiente mapa podemos visualizar la delimitación de las catorce zonas en que nuestro país se dividió, con objeto poder controlar mejor los problemas y focalizar la atención de los enfermos; independientemente de contratar el personal local y lograr la integración de los habitantes a los problemas que les aquejaban.

Agradezco al Sr. Manuel B. Márquez Pruneda la información e imágenes que amablemente nos proporcionó acerca de su padre, el Dr. Márquez Escobedo, así como el amable intercambio de información y sugerencias que sostuvimos para realizar este artículo.

(1) http://www.smsp.org.mx/fundacion.html
(2) http://hist.library.paho.org/Spanish/BOL/v49n5p414.pdf

El Dr. Manuel Márquez Escobedo

 
El Sr. Antonio Balderas Martínez
Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes





El referente obligado para fotografías antiguas de nuestro municipio es don Antonio Balderas Martínez, quien ha logrado reunir una gran colección de estas imágenes.  Aunque he platicado varias veces con él, acudí a entrevistarlo "formalmente" a su domicilio, para saber un poco más de su vida y su carrera como fotótografo.  Transcribo la entrevista omitiendo mis preguntas y poniendo entre corchetes [  ]  mis comentarios. 



Yo nací aquí en Comonfort en el año de 1936, por donde estaba la gasolinera, por donde es el respaldo de Elektra estaba la casa donde Nací. Ahí vivimos hasta que yo tenía unos seis años y mi papá, que era de la Laguna,  se apalabró con don Antonio Sánchez de aquí de don Juan; él inició, junto con otras tres personas, lo que le decían los duraznales. Llegaron a ser unas producciones muy importantes, entonces llovía mucha y llegó a ser famosa la cosecha de los duraznos; en la mejor época sacaban cien cajas de durazno diarios. Unos duraznos enormes, parecían manzanas, y se daban el lujo de que si un durazno les gustaba de sabor, guardaban el hueso, ese durazno que le llamaban prisco era una delicia, nada más para gusto porque no lo recibían las empacadoras. Después de esa cosecha de durazno (porque duran pocos años siendo productivos)  iniciaron a poner plante de aguacate. Yo asistí a la escuela que fundó el Sr. Cura Reyna hasta el cuarto grado, cuando dejé de ir me fui a trabajar con mi padre. Trabajé, con lo poco que podía hacer en las huertas, después con este mismo señor, don Antonio, también hacía mis pequeñas tareas como cualquier trabajador del campo. Después empecé con la música, la guitarra y el violín. Los primeros pesos que me gané  como músico fueron con mi padre, tocando, él era músico de formación, sabía nota. Formaron una pequeña orquesta y se dedicaban a tocar a las rancherías, entonces casi no había fiesta de quince años, puras boda, ese era su fuerte.  El conjunto lo integraba un bajo, de cuerda, un señor de Comonfort que se llamaba Florentino Gámez; don Dolores Capulín y don Emilio Merino que tocaban trompeta, ambos eran de Neutla. Esos eran sus más asiduos acompañantes. Yo lo acompañé muy poco, ya después, cuando tenía unos 20 años,  me fui para el DF; allá tenía yo un hermano.
Aquí en Comonfort di mi servicio militar, íbamos a marchar los domingos, aquí había un capitán que vivió por la calle de Cortazar; cada domingo marchábamos en el campo deportivo. A los que más le agarrábamos el modo nos nombraba sargentos y ayudábamos a controlar, nos juntábamos unos cien, porque venían muchachos de todos los ranchos. También había competencias, alguna de las más rudas era subir al cerro de los Remedios .Después de dar mi servicio me fui al DF, primero porque pertenecimos a una organización que fue muy grande, la Unión Nacional Sinarquista, yo me fui a capacitar a un instituto de la organización en el DF, una capacitación como líderes para ir a visitar los diferentes grupos en toda la república. Ahí dábamos un servicio voluntario de más o menos un año y cuando terminé ese servicio me regresé a Comonfort.


Después me encontré mi novia, me casé y me fui otra vez al DF, me había colocado en una empresa como ayudante de dibujante.  Con anterioridad  había hecho aquí en Comonfort  mis pininos con la fotografía; me dio buena orientación un fotógrafo de Celaya, de esos que les decían "sobadores", unos señores que iban a las bodas, tomaban sus fotos y se ponía a procesarlas luego luego, en ese entonces había que procesar placas, unas placas grandotas de 5 x 7 pulgadas. Ese señor se dedicaba a eso, a tomar sus fotos en las bodas para regresar luego, luego con las fotos impresas, saber procesar las placas, revelarlas, tenía su chiste muy especial: había que buscar un lugarcito para improvisar su cuarto oscuro y revelar las placas, luego a imprimir con la luz del día; se ponían unas prensitas entre el papel y el negativo, se exponía y se pasaba a revelar.  Ahora ya no hay eso, está muy digitalizada la cosa.  Ese señor me dio un poco más de conocimiento, ya había empezado pero no conocía muy bien todavía el proceso de revelado. Allá en el DF con la inquietud de avanzar en las cosa de publicidad, seguí aprendiendo, porque ser dibujante era para trabajar con dos tres agencias de publicidad; Con mi hermano pusimos un tallercito y un amigo de Silao, que trabajaba en una agencia de publicidad,  me invitó a trabajar como fotógrafo. Era una compañía importante, la Walter Thompson de México; llevaba la publicidad de Ford, Pepsicola y muchas otras. Primero me mandaron a Kodak, a capacitarme; ahí me pusieron al día de todo el proceso de la foto publicitaria, ahí seguí aprendiendo, eran trabajos muy finos y creativos. Fotografíe automóviles y muchas otras cosas, había que saber retratar una botella con líquido y qué llamara la atención, había que saber cómo se reflejaba el líquido; hay que buscarle. Después luego de unos tres años me liquidaron; yo ya tenía un laboratorio en mi casa, en San Felipe de Jesús, en el límite con el Estado de México, por el rumbo de la Villa. En ese laboratorio puse implementos para color. El color es más complicado, pero lo adapté muy bien para hacer hasta  fotos murales de un metro  de ancho por el largo que fuera,  hacía mis murales de blanco y negro o de color, hasta que se impusieron las máquinas automáticas para papel grande. Antes, ahora sí que era un rollo revelar esos rollos de papel,  porque se debe tener un lugar muy amplio para imprimir y revelar tamaños tan grandes. Kodak tenía unas tinas especiales donde cabían los papeles grandes.
El proceso a color es casi a oscuras, había unos filtros muy muy tenues, casi no se veía, apenas para poder dirigirse. En blanco y negro se podía checar la calidad de la imagen procesada aún en el cuarto oscuro. Para el color había que hacer una pruebita para comprobar si estaba bien de tiempo, si le faltaba o le sobraba. Los químicos tenían que ir a una temperatura fija, la temperatura ambiente afecta la temperatura de los químicos. Por eso  había que saber hacerlo bien, eso da mucha experiencia a la larga. Cuando me regresé a Comonfort para mí la foto de estudio era pan comido. Me enfadé del trabajo en mi propio laboratorio, porque  aunque salí de la compañía los mismos directores de arte me siguieron llamando para hacerles los trabajos. Nada más que ahí no hay de que "se lo hago hasta  mañana". Decían "lo necesito hoy",  y era hoy. Era un trabajo muy matado, mínimo de las cuatro de la mañana a las diez de la noche.  Me dije: "No, ya es mucho" y decidí venirme para acá a descansar un poco. Aunque primero debía  encontrar quién me comprara todo mi equipo y sí, hubo quien se lo quedó. En el DF duré 30 años, lo conocí bien, todos mis hijos nacieron allá. Fueron 10 en total 7 mujeres y 3 hombres. Sí los veo con frecuencia, nada más tengo uno que está en EU y  ya tiene como 18 años que no viene.


    Yo nací aquí en Comonfort en el año de 1936, por donde estaba la gasolinera, por donde es el respaldo de Elektra estaba la casa donde Nací. Ahí vivimos hasta que yo tenía unos seis años y mi papá, que era de la Laguna,  se apalabró con don Antonio Sánchez de aquí de don Juan; él inició, junto con otras tres personas, lo que le decían los duraznales. Llegaron a ser unas producciones muy importantes, entonces llovía mucha y llegó a ser famosa la cosecha de los duraznos; en la mejor época sacaban cien cajas de durazno diarios. Unos duraznos enormes, parecían manzanas, y se daban el lujo de que si un durazno les gustaba de sabor, guardaban el hueso, ese durazno que le llamaban prisco era una delicia, nada más para gusto porque no lo recibían las empacadoras. Después de esa cosecha de durazno (porque duran pocos años siendo productivos)  iniciaron a poner plante de aguacate. Yo asistí a la escuela que fundó el Sr. Cura Reyna hasta el cuarto grado, cuando dejé de ir me fui a trabajar con mi padre. Trabajé, con lo poco que podía hacer en las huertas, después con este mismo señor, don Antonio, también hacía mis pequeñas tareas como cualquier trabajador del campo. Después empecé con la música, la guitarra y el violín. Los primeros pesos que me gané  como músico fueron con mi padre, tocando, él era músico de formación, sabía nota. Formaron una pequeña orquesta y se dedicaban a tocar a las rancherías, entonces casi no había fiesta de quince años, puras boda, ese era su fuerte.  El conjunto lo integraba un bajo, de cuerda, un señor de Comonfort que se llamaba Florentino Gámez; don Dolores Capulín y don Emilio Merino que tocaban trompeta, ambos eran de Neutla. Esos eran sus más asiduos acompañantes. Yo lo acompañé muy poco, ya después, cuando tenía unos 20 años,  me fui para el DF; allá tenía yo un hermano.

Aquí en Comonfort di mi servicio militar, íbamos a marchar los domingos, aquí había un capitán que vivió por la calle de Cortazar; cada domingo marchábamos en el campo deportivo. A los que más le agarrábamos el modo nos nombraba sargentos y ayudábamos a controlar, nos juntábamos unos cien, porque venían muchachos de todos los ranchos. También había competencias, alguna de las más rudas era subir al cerro de los Remedios .Después de dar mi servicio me fui al DF, primero porque pertenecimos a una organización que fue muy grande, la Unión Nacional Sinarquista, yo me fui a capacitar a un instituto de la organización en el DF, una capacitación como líderes para ir a visitar los diferentes grupos en toda la república. Ahí dábamos un servicio voluntario de más o menos un año y cuando terminé ese servicio me regresé a Comonfort.


Regresé para descansar de hacer fotos, me  vine aquí a este terreno que tengo, puse unos puerquitos, pollos. Incluso una tiendita. Así estuve unos seis meses. Pero platicando con el Dr. Antonio Vázquez, que fue compañero contemporáneo mío,  me dijo: "No te retires de la fotografía, la población está creciendo", va a haber mucho movimiento.  Entonces volví a poner mi estudio, tenía algo de equipo. El señor Rodolfo Landín, de Orduña, le había comprado a don Pablo Sánchez la casa en la esquina de Juárez e Hidalgo, la que ocupo el IMSS varios años. Le dije que me la rentara, cuando el la compró ya se había salido el seguro. Le dije que me rentara un pedacito, Me contestó:  "El IMSS me da tanto por la renta, se quieren regresar". Le dije "Yo se los doy" y me rentó toda la casa, en uno de los cuartos puse mi estudio.  Yo vivía en una parte de la casa y le renté otro pedazo a un doctor, a la caja popular, a otro señor que vendía ropa.  Luego el propietario vendió la casa. Siempre se llamó Foto Adelita, por el nombre de una de mis hijas que vive aquí en Neutla. Después el señor prado me rentó la esquina de Allende y el Jardín y más que rentármela me la prestó. Después me fui a rentar con la señora Lidia de Leal, después estuve con Cheli Sánchez frente al jardín, después me pasé  a la casota grande de la viuda de Rodrigo Bárcenas, pensaba subarrendar, me fue tan bien, que nunca renté nada, nadie quiso meterse ahí. Luego regresé con doña Lidia, y luego en un local de la señora Victoria Enaine, ahí frente a la brisa. Ya luego había menos entrada de dinero, la última vez que tuve mi negocio fue en la plaza Macondo. Sí hubo demanda de la fotografía en el pueblo muchos años, yo sabía trabajar muy bien todo ese tipo de cosas, me empecé a promocionar con los profesores de las escuelas, ofrecí a ir a domicilio y me llamaban, yo iba a todos los ranchos, no había necesidad de que vinieran hasta el centro. Esa era la mayor demanda de trabajo, por el tiempo en que iba a terminar el ciclo escolar. Mi competencia era don Sebastián Balderas, que era mi amigo también, nos conocíamos desde antes de que yo pusiera aquí mi negocio. Luego empezó la foto digital y ya no se conseguía muy bien el material para el proceso tradicional. Entonces empezaron a meterse los fotógrafos ambulantes, me quitaron más de algún cliente,  pero en realidad ni conocían bien el negocio y les rechazaban el trabajo. A mí también, al siguiente año que hice el proceso digital, luego, luego me protestaron los maestros,   me decían que ya no daba la calidad. Yo llevaba mi sistema de luces pero no, nunca daba la misma calidad. Ahí fui yendo un poco a la baja, algunos profesores comenzaron a traer fotógrafos de Celaya y San Miguel. También, con las cámaras digitales muchas personas tomaban sus propias fotos en sus eventos y la gente ya no compraba. También en los actos políticos llevaba las fotos, a veces me las compraban otras no.  Novios también fotografié, ya sea en el estudio o iba a sus casas a retratarlos.
Cuando Pedro Laguna, fue presidente municipal, Abel Gómez también fue funcionario, ahí nos conocimos, él comenzó a juntar imágenes para su monografía. Nos empezamos a poner en contacto, yo reproducía las fotos y fui formando un archivo, también sumé las imágenes que tomó don Moisés Olalde, incluso hablé con su viuda, doña Chelito, para que me proporcionara algunas otras imágenes. Después, buen tiempo después, el licenciado Cuello, me dijo que tenía una caja con negativos que había encontrado cuando compró la casa en que ahora vive. Eran  muy interesantes, las reproduje. Son fotos de entre 1900 y 1910, no se sabe quién las tomó, la mayoría son del pueblo, pero entre ellas hay una de don Antonio Sánchez de acólito.


El Sr. Antonio Balderas Martínez nació en este pueblo el 12 de marzo de 1936. Hijo del Sr. Justo Balderas B. y de la Sra. Fortunata Martínez. Cursó su primaria hasta el 4º año en la escuela parroquial que fundara el Sr. Cura don José Reyna.
De 12 a 16 años se dedicó a las labores del campo. En ese lapso, enseñado por su padre, aprendió a tocar el violín y la guitarra. En el año de 1952, fue enviado al D.F. a capacitarse en el Instituto de la UNS, para prestar servicio social.
En el año de 1954 regresó a Comonfort, aquí se aficionó a la fotografía. Asesorado por un fotógrafo de Celaya, don Margarito Malagón, puso su primer y rudimentario estudio en la calle de Morelos junto a donde se encontraba el Salón Fiesta. Después de contraer matrimonio con la Sra. Antonia Palacios el 31 de Julio de 1957, se trasladó de nuevo al D.F. En el año de 1960 ingresó a  Walther Thompson, agencia de publicidad, como ayudante de dibujo. En esta misma fue contratado como fotógrafo publicitario, la misma compañía le costeó estudios con diferentes maestros. Fue reportero gráfico en varias publicaciones de circulación nacional. Después de varios años en el ramo, decidió retirarse y regresar a su lugar de origen para dedicarse a otros menesteres: el campo.
A sugerencia de varios amigos y conocidos de su época de chicos, decidió volver a la fotografía de estudio. A raíz de que fue funcionarios en Presidencia municipal y que el profesor Abel Gómez Barrón elaboró la primera monografía de Comonfort, decidió dar a conocer en forma gráfica las fotos antiguas que fueron publicadas en la Monografía  y que fueron proporcionadas por el señor Moisés OIalde Márquez.
Por esas fechas elaboró un mapa del municipio y un plano de la ciudad. Ha sido colaborador de algunas publicaciones: A.M., El Nacional y Miércoles en Celaya.

[Luego de platicar, don Toño me permitió tomar fotografías de las imágenes con que ilustro esta entrevista, en la primera figura él, tocando el violín y su señor padre tocando la trompeta, en otra imagen está don Toño fotografiando audazmente desde una  alta escalera que detienen varias personas.  Su hija me contó que don Toño había ganado varios premios por sus fotografías, pero no me dio detalles de los mismos. En la última fotografía está don Antonio en su estudio con su esposa y casi todos sus hijos. El texto siguiente es una biografía que me proporcionó impresa, la transcribo para mayor información. También me anticipó que está compilando un libro sobre fotografías antiguas de Comonfort, mismo que esperamos (nunca mejor dicho) que pueda ver la luz en breve. Pero más aún deseamos que don Antonio siga recuperando su salud.

Agradezco a la Señorita Mercedes Balderas, y a toda la familia de don Antonio, sus atenciones y su amabilidad para la realización de esta entrevista]




El Sr. Antonio Balderas Martínez
 
Los Panaderos de Chamacuero



...y por las madrugadas del terruño,
en calles como espejos se vacía
el santo olor de la panadería.

"Suave Patria"  Ramón López Velarde





Hace unas semanas, el joven Miguel Ángel Ramírez Moya me sugirió hablar de su abuelito, el Sr. Cornelio Ramírez, quien ejerció el oficio de panadero durante muchos años, luego de intercambiar opiniones, la sugerencia derivó en hablar de quienes durante muchos años ejercieron o ejercen este oficio, poniendo énfasis en aquellos que, desde los años treinta del siglo XX, nos permiten regocijarnos con la delicia indescriptible del pan blanco, el pan de dulce y todas las creativas formas en que llega a nuestras mesas.
Durante los años setentas y ochentas la mayor parte del pan que se consumía en el pueblo era elaborado en tres panaderías: La de don Félix Cantero, la Flor, propiedad de don Domingo Vázquez y la panadería de don Salvador Campos, las tres ubicadas en la calle Allende.  Pero el antecedente común a todos ellos es la panadería del sr. Luis Anaya, quien, afortunadamente sigue con vida y amablemente accedió a platicar con nosotros, transcribo su entrevista:




Yo no nací aquí en Comonfort, nací en Lagunilla a un lado de Jalpa, municipio de San Miguel en 1930, trabajaba en el campo. Pero en una ocasión, cuando trabajaba de machetero -ese trabajo era de pura carga, cargar, acarrear-  llevamos a Valle de Santiago un equipo de futbol; me hice amigo de uno de los jugadores, varios eran panaderos, llevaban unos panesotes y me llamó la atención este oficio, pregunté si me podían enseñar  y me dijeron que sí, pero que tenía que entrar desde aprendiz.  La panadería estaba en la orilla del jardín, fui en las noches, les ayudaba un rato a trabajar y aprendí. Ya pronto me dijeron: "Ahora sí ya vente" y me la dieron de oficial. Trabajé con ellos, los que conocí en el futbol y luego se fueron y  yo me seguí, ya donde quiera me conocían después los panaderos.  Estuve trabajando de aprendiz muy poco, unos dos meses. Un día no llegó el maistro y me dijo el patrón: "Pos ni modo, yo creo que tú vas a ser el maistro".  Y yo no me quería animar. "Como te salga, hazle la lucha" me dijo el patrón. Le entré de maistro y trabajé con él trece años hasta que cerró. Le decían el Torolas. Un día me dijo: "Sabes qué, ya voy a cerrar, ya me enfadé". Y llegó el día que cerró, me dio muchos enseres de panadería, charolas, tableros, mesas de trabajo. Yo empecé en mi casa, ahí en Pípila, casi esquina Ocampo; hice un horno con adobes. Ya conocía a los que le daban el viaje de harina en Escobedo, eran unos españoles y fui y les dije que quería abrir una panadería, que si me podían dar a crédito la harina, ya  me conocían. "Sí, cómo no, ¿cuántos bultos quieres?" Me dijeron, y yo les dije: "Los que usted me pueda dar, unos dos tres cuatro, los que sea su voluntad, cuando se me acabe vengo, aunque sea en bicicleta". Me dieron diez bultos. En aquel entonces los patrones eran muy fijados, le daban a uno tantita manteca, el azúcar pesada; todo limitado y sufría el maistro que le faltaba manteca o azúcar. Abrí la panadería y empezamos a trabajar, pero no cerraba la bodega, les dije a mis panaderos: "Yo no quiero un pan frito, pero si quiero un pan que más o menos esté bueno". Porque los otros casi no le ponían manteca, por ahorrar, y salía un pan que nos podíamos agarrar a pedradas con él.
Empezamos a trabajar y hacíamos un pan bueno, no escatimábamos material y eso atraía a la gente.  Llegó el día en que las demás panaderías empezaron a cerrar. Llegó el día en que nada más estaba la difunta Nina(que tenía su panadería) y yo, y no dábamos a basto.  Abrí la panadería por ahí del 56. Yo tenía tres trabajadores de día y tres de noche. Las veinticuatro horas estábamos haciendo pan y con la bodega abierta. Yo les tenía confianza a mis panaderos y nunca sentí que me faltara nada. En esos tiempos trabajábamos por arrobas, me preguntaban: "¿Cuánto hacemos?  Les decía: "Lo que alcancen a hacer". No tenía problema, lo que hiciera se vendía. Había semanas en que no acabalaba con cien bultos de harina. Se puso bueno el negocio, yo entré sin nada, nada más tenía mi casita y a la larga me hice de mis centavitos.  A don Félix lo enseñé yo, se enseñó rápido y luego se fue con doña Nina, me dio gusto que se enseñó a trabajar, ya después le pasaron el negocio.
En las panaderías de ahora hacen una pura batida, ahí sacan todo el pan, cuando yo tenía mi negocio tenía una artesa donde cabían cinco bultos de harina y no le echaba uno todo sino que, por ejemplo: el pan de dulce lo batía uno y sacaba todo diferente, los estribos, el pan de agua, el pan de leche, las semas; son diferentes las batidas, lo que se le pone, cada pan tiene su sabor, ahora usan la misma masa para todo. Yo hacía el pan como se hace, una sema, una torta de leche, una torta de agua, unos gallos, chorreadas.
Yo a Domingo lo enseñé a hacer bolillos, a uno de Escobedo le decían "El Lobo", ya se murió, se llamaba Antonio. A muchos les decía: "A mí cuando me enseñaron hasta me daban unos manazos". Cuando me empezaron a echar competencia fueron mis propios aprendices.  En el tiempo que cerré yo daba cuatro piezas por un peso, y ellos daban a tres por un peso.
También me demandaron, pero no me hicieron nada. Sucedió que un día, en el octavario del corpus, les tocaba a los panaderos y no quisieron trabajar. Yo duré dieciocho años en la panadería y ni un solo día dejé de trabajar, un solo día no dejó de haber pan y ellos sí: que los domingos no hay pan y en otros días tampoco. Ese día no quisieron trabajar, les decía: "Entren a trabajar, hagan poquito pan y se van. Me da más vergüenza decir que no hay pan a decir que ya se acabó". Pero no, no quisieron. Total, salí yo y conocía a los panaderos y a cual más quería trabajar conmigo, metí la gente.  Al otro día de que les tocaba a los panaderos el incendio llegaron. Les dije: "Ni modo, ya tengo los panaderos y ya entraron.  Si apenas ayer entraron ¿Cómo les digo ahora que ya no hay? No los corro, vengan, el día que falte alguien entra uno de ustedes, a todos los ocupo, pero a mí me da vergüenza retirar a los que acabo de meter" Y no, no me pudieron hacer nada, se aventaron tres meses, al final no les di nada ni me hicieron nada.
Cerré porque tenía siete hijos, todos ya grandes, las muchachas estaban trabajando en el Sanatorio Celaya, los muchachos en Bachoco  y otro en Recursos Hidráulicos. Total que  nomás quedamos la señora y yo. Y me dije, trabajamos duro para  mantener a los muchachos y ahora ya se fueron ellos a trabajar. Ni modo, dije: "Vamos a cerrar" y cerré. A otro día ya valía a 50 centavos la pieza.  Cuando cerré  me fui de mayordomo con un ingeniero en una hacienda, duré cuatro años ahí.  A mí siempre me ha gustado más el campo. En alguna ocasión me fui a Estado Unidos, ya era panadero. Me fui, el tren me cobró treinta pesos con quince centavos a Monterrey y anduve por allá, me agarró la chota  y en lugar de llevarme al puente para echarme a México, me llevó a un centro de contratación, me fui a contratar ahí ya de compromiso. Me llevaron hasta Kentucky, ahí me aventé ocho meses y me hicieron otro contrato por cuatro meses más. Luego quise regresarme y ahí vengo, nos llevaron a Reynosa y cuando venía en el camino vi un letrero que decía: "Rancho de los Anaya", y yo sabía que allá andaban unos parientes. Anduve unos días en México y me regresé con la tentación de ir a ver a los parientes; llegué a Reynosa, pasé de aquel lado y ahí voy,  vi un carro que estaba cerca del camino y dije:"Le voy a preguntar a éste, este debe ser del rancho de los Anaya".  Estaba un gringo en una van: "Perdone, ¿donde está por aquí el rancho de los Anaya?" Y que saca la placa de chota, y ahí estoy a risa y risa pendejeándome y él nomás me miraba, y yo lamentándome y riéndome,  hasta que le dije: "Bueno, ¿qué, me voy así?" "Sí, vete", dijo. Llegué con los parientes. Tenían harta siembra de algodón, de cebollas, de verduras y andábamos desahijando el algodón y me mandaba con veinte peones, me la dio de capitán, pero yo no andaba capitaneando, agarraba mi suco como cualquiera. En la mañana me levantaba temprano, había una tienda donde tenían de todo para rancho, me levantaba temprano y barría toda la tienda, ya cuando me iba a almorzar me daban carne, huevos para que hiciera mi lonche. Ahí anduve mucho tiempo, luego me dijeron: "Ya te vamos a arreglar tus papeles para que no te brinques el río". Pero yo no quise. Nomás les decía yo que sí, me dije: "A lo mejor ya arreglando no voy a querer ir para México". Yo me anduve hasta California, iba y  conocía, estuve en Dallas y en muchas partes. Yo en lugar de meterme de panadero en Estados Unidos anduve trabajando en el campo, en un rancho donde cultivaban flor, en otro de fresero, cosechando lechuga, cebolla, la pizca de algodón en Arkansas. Allá en esos tiempos no hacían bolillos ni conchas, ahora ya hacen buen pan, ahora hay panaderías donde hacen bolillos, pan dulce.
Yo me la rifé, hice de todo, hasta molcajetes, los tejolotes a centavo y los molcajetes de primera a veinte centavos, también anduve cuidando mis vacas, trabajé en el rastro cuatro años y con el Zarco, machetero de cargar unos bultotes de cal, costales de rasta grandotes. Traíamos la gasolina de Celaya para las tiendas; en barriles. Atravesaban una tabla de orilla a orilla y servía para viajar, llevar gente a San Juan de los lagos, o a donde fuera. Aquí en Comonfort, cuando llegamos en 1932, nomás había un carro, se llamaba cuatro vientos, las calles eran empedradas o de pura tierra, yo anduve de leñero, entregaba yo la leña a las panaderías, cargas buenas, de a uno cincuenta. En mi panadería también hice el pan con leña, así empezamos. Cuando voy a estados unidos, todos mis muchachos y mis nietos quieren pan y lo hago de puro huevo, se moja la harina sin una gota de agua. Puro huevo, se bate, hace uno la presa y le hecha ahí todo. Cuando me vengo quieren que les haga y lo tienen ahí alzado hasta ocho días . En una ocasión que le hice pan a un hijo, a la mera hora de prender el horno de la estufa no sirvió. La casa está cerca del monte, me fui y me traje un tercio de leña y que prendo a la estufa con leña; se hizo un humaderón ahí en la cocina, pero salió el pan y salió re bueno.

Como no me era posible platicar con don Félix Cantero, sus hijas y esposa tuvieron la amabilidad de platicarme sobre él y sobre el negocio de la panadería, además de permitirme fotografiar el proceso de elaboración del pan.

Don Félix Cantero nació en mayo de 1946, saliendo de la primaria entró a trabajar en la panadería de don Luis Anaya quien le enseñó el oficio.  De ahí pasó a la panadería que se ubicaba en la esquina de Juárez e Hidalgo y estuvo trabajando alrededor de cinco años, después el propietario le traspasó la panadería, aunque el negocio permaneció en el mismo lugar pagando la renta respectiva. Alrededor del año 74 mudó el negocio a su actual ubicación en la calle Allende, posteriormente mudó su residencia a la planta alta del mismo domicilio.
Hacia sus últimos años don Félix se dedicó más a la parte administrativa. Eventualmente suplía a los panaderos que se ausentaban, pero el trabajo administrativo se fue volviendo más demandante y le absorbió más tiempo.
Algunas personas comentan que el pan que creó don Félix es más fino, más sabroso; él estuvo un tiempo en el Distrito Federal y en San Juan del Río, en esos lugares aprendió a elaborar otros tipos de pan, diferentes a las variedades que tradicionalmente se fabricaban en Comonfort; cuando regresó, alrededor del año 63 y, sobre todo, cuando tuvo su propio negocio, añadió las piezas que aprendió en otros lugares a la producción local. Si bien es cierto que siempre procuró fabricar un producto de calidad, también tenía que estar consciente de las posibilidades económicas de sus clientes. Procuró ofrecer calidad a un precio razonable, esto dio sus frutos porque en lo general su negocio siempre ha vendido más en despacho que mediante distribuidores y,  curiosamente siempre le interesó más esta venta  que el reparto foráneo, en parte porque este último crea más compromiso de producción.
A don Félix le gustaba salir, recomendaba a sus hijas "que no hicieran de la vida un mundo pequeñito" sino hacerlo grande. Siempre que salía de viaje era obligada la visita a alguna panadería, entonces observaba qué piezas no se producían en Comonfort y muchas veces trataba de incorporarlas a su producción. Esta costumbre perdura hoy en día entre sus hijas, siempre que salen obligadamente visitan panaderías foráneas.
Falleció el 13 de febrero de 2008, a la edad de 62 años, solía decir que él era de modelo reciente pero muy traqueteado. Como fue huérfano trabajó desde los 10 años, por esto decía estar muy trabajado, aunado un tanto a que el trabajo físico y los horarios de la panadería también cobran su cuota a la salud.
Sus hijas le ayudaron desde siempre en el negocio, cuando tenían nueve o diez años participaban en la venta, aunque, dado que el panadero es mano de obra especializada y considerando que era importante que conocieran el proceso completo, transmitió a todas sus hijas sus conocimientos en la materia.
De los tiempos en que mudó su panadería a la momento actual el trabajo evolucionó, antes contaban con dos hornos de material (piedra/tabique)  que debían ser operados por dos personas, quienes de manera empírica valoraban la temperatura existente en el horno y determinaban qué tipo de pan meter a cocer. Considerando esa situación, más lo complicado y cansado de operar un horno así, compró un horno mecánico que puede ser operado por una sola persona, además de mover las charolas y contar con termostato. Esta adquisición facilitó mucho su trabajo.
Don Félix siempre se interesó en que hubiera maquinaria que aligerara el trabajo, esta actitud ha sido continuada por sus hijas, aunque están conscientes que de esta forma el pan ya no es tan artesanal como el que la gente está acostumbrada a consumir. Sin embargo el aligerar el trabajo físico facilita que algunos jóvenes, con interés en aprender el oficio, puedan hacerlo en menos tiempo.
El volumen de producción no es el mismo que el de los años setenta. En el caso de don Félix  la época de mayor auge estuvo entre los años ochenta y noventa. Después, como suele suceder, algunos trabajadores se independizan y toman una parte del mercado pero, como dice la gente sabia, siempre hay para todos.
Los procesos de las panaderías artesanales, sobre todo las que tienen el horno en su propia casa, son muy similares.
Por contraste, el pan en las grandes ciudades se ha tratado de mecanizar al máximo, porque la mano de obra es escaza y complicada. Para no depender de ésta el pan se congela en las fábricas y se envía a los centros comerciales. Incluso hay máquinas que sacan el bolillo y lo congelan; lo distribuyen  y conforme se va vendiendo se va descongelando y cociendo. Además ya hay empresas que ofrecen harinas preparadas, específicas para cuernitos, pan dulce, bolillo, etc, esto aleja el sabor un poco más de las panaderías tradicionales.
Hay más de setenta piezas diferentes, al menos en la región, en el país entero habrá muchas más, en ocasiones es la misma masa con formas diferentes.  No diariamente se fabrican todas las variedades, hay algunas que, aunque sean de la misma masa que otras piezas no se venden tan bien, por lo mismo no suelen fabricarse con frecuencia.
El pan que no se vende en su momento se ofrece en bolsas al día siguiente, si no se vende se ofrece en costales para consumo animal. Hay un pan llamado "piedra" que es hecho de panes que se quedaron sin vender. La selección de qué piezas fabricar tiende esencialmente a que no haya pan sin consumir.

Aunque todo mundo conoce lo que es una concha o un cuernito, de lugar en lugar los nombres con que se designa a ciertos panes cambia, en lugares tan cercanos como Celaya o San Miguel hay panes que ya reciben un nombre diferente. Alguna vez alguien preguntó si tenían payasos, refiriéndose a los panes que aquí llamamos niños.
El proceso de la harina es tan variado que puede considerarse un tanto caprichoso, las conchas grandes y las chicas se hacen con la misma masa, pero su sabor llega a ser diferente. Influye a veces el momento en que la masa se levanta. En ocasiones, de un día para otro la gente comenta que el pan está más sabroso.  Finalmente no dejan de ser procesos artesanales y las variables de proporciones, tiempos o temperaturas no están contraladas con rigidez sino empíricamente.
Hay turnos en la panadería que se inician a las cuatro o cinco de la mañana, hay una cierta rotación para que se pueda tener activo el horno, máxime que los diferentes panes se cuecen a diferentes temperaturas. Hoy en día, por seguridad, el negocio se abre al público a las 6:00 am, pero antes a las 4:30 llegaban distribuidores por su mercancía.
El proceso completo de elaboración del pan dura entre seis y diez horas, desde que se amasa la harina hasta que sale al expendio.

Finalmente el joven Miguel Ángel Ramírez Moya nos cuenta un poco de su abuelito Cornelio:

Era muy inteligente y bromista. Si entrabas a la tienda de la casa, donde también vendían el pan, podías ver las paredes forradas de pancartas con críticas al gobierno. Algunas duras, algunas muy chistosas.
Un día, ya más viejito él y mi abuelita ya fallecida, entré a la casa y lo vi tomando un vaso de leche y comiendo unas donas Bimbo ¡hazme el favor!
Le dije ¡Qué onda abuelito ¿Cómo que comiendo donas Bimbo?! A lo que me contestó ¡Pues quién sabe cómo harán el pan aquí!

Quedó huérfano desde muy pequeño, desde antes de la adolescencia. Se hizo cargo de él su abuela. Era muy inteligente, pero no pudo terminar la primaria. No estoy seguro, pero creo que no tuvo hermanos.
Era originario de Neutla. Me contaba que de joven, cuando venía a Comonfort, comenzó a observar a mi abuelita a su paso por la calle de Matamoros rumbo al centro. Supongo que un día se animó a hablarle.
Una vez tuvo que pasar la noche en el camino a Neutla. Me decía que se acostó a dormir sobre una roca grande, pues conocía la leyenda de que los coyotes te duermen con su aliento, cavan un agujero en la tierra a la altura de tu cabeza y la entierran para asfixiarte.
Dijo que en la madrugada escuchó resoplidos alrededor de su cabeza. Supo que era un coyote pero no pudo moverse cuando intentó asustarlo.

Él y mi abuelita Antonia tuvieron 8 hijos que llegaron a la edad adulta. Ángel (mi papá), Andrés, Alfredo, Antonino, Guadalupe, Antonio, Martín y Mario. Todos Ramírez Placita. Hubo uno o dos que murieron de pequeños.

Mi abuelito trabajó en una panadería en San Miguel de Allende. Aunque no sé si fue ahí donde aprendió.

Yo lo recuerdo leyendo sus fotonovelas, El Libro Vaquero y El Libro PoliciacoNunca estaba quieto. Una vez encontró un trozo pequeño de un tronco y poco a poco, entre sus descansos, comenzó a labrar la madera con un cuchillo hasta darle forma de un trompo. Se compró su cuerda, le puso un clavo ¡Y zúmbale!

Cuando pasaba yo mis vacaciones de la primaria en casa de mis abuelitos, a veces le ayudaba a hacer pan. Recuerdo incluso haberme levantado en la madrugada para hacer el bolillo.
Me regañaba porque no sabía usar la báscula. Decía que entonces qué me enseñaban en la escuela.

Cuando aún podía andar y salir de la casa, se iba a Celaya a pedir sus bultos de harina, de azúcar y de sal; comprar la levadura, la grasa y el royal (verso sin esfuerzo).
Lo podías ver por la calle muy alineadito. Era delgado y alto. Afeitado y con el bigote bien recortado. El pelo siempre corto. La cabeza cubierta con un sombrero tipo bombín y en la mano no podían faltar los más recientes ejemplares de sus revistas favoritas.

Llegó a sufrir accidentes con el quemador del horno, que por cierto, los primeros que tuvo funcionaban a base de petróleo, que compraba en la calle de Morelos. No sé si ahí era la tienda de Fortino o la de Fortino era la de la esquina de Juárez y Rayón. Para esos quemadores de petróleo tenía un bote vacío de manteca afuera en el techo, de manera que la gravedad hiciera su trabajo para llegar el combustible al quemador.
La puerta del horno, que él mismo mandó hacer dentro de la casa, era una placa de metal que levantaba con un brazo de palanca al lado. A esa palanca le amarró una plancha de esas viejitas de fierro, a manera de agarradera.
Junto a la puerta del horno había una pequeña ventana por la que vigilaba el buen cocimiento del pan.
En tiempos de frío era común encontrarse uno o varios gatos retozando en el techo abovedado del horno. Mi abuelita usaba ese techo como secadora de la ropa recién lavada.



Amable lector, quizás usted considere que esta relación de panaderos es parcial, seguramente lo será, por lo mismo me disculpo anticipadamente con aquellos que bien pudieran ser mencionados en este artículo, por ser tan panaderos como los mencionados. Sin embargo estos espacios electrónicos tienen la bondad de ser perfectibles, cualquier sugerencia o mención sobre nuestros panaderos será bienvenida e incorporada en el texto de este artículo.


Agradecimientos (y son muchos)

A Ma. Luisa Cantero Hernández, Ma. Rosalía Cantero Hernández y la Sra. Luisa Hernández Ramírez, por el testimonio sobre don Félix Cantero y el funcionamiento actual de su panadería, además por permitirnos tomar la mayoría de las fotografías que ilustran este artículo.

A la Sra. Ma. Auxilio Tovar por la información sobre el sr. Domingo Vázquez

A la Srta. Antonia Paloblanco por trazarme el mapa histórico de los panaderos de Chamacuero.

A Miguel Ángel Ramírez Moya por el testimonio sobre su abuelo Cornelio Ramírez y por sugerirme tan interesante tema.

A los señores panaderos Luis Anaya y Felipe Vázquez por platicarnos sobre su oficio y sobre sus vidas.

Pero sobre todo, a todos los panaderos de mi pueblo que, día con día, con la destreza de sus manos, y la sabiduría de su oficio, han sabido, desde hace siglos, introducir el pan al horno y sacarlo en el momento justo para que su aroma, textura y sabor alegren nuestras mesas y nuestros sentidos.



Luego de esta ilustrativa charla con los familiares de don Félix, acudimos a la panadería la Flor para recabar información del Sr. Domingo Vázquez. Su nuera, la Sra. Ma. Auxilio Tovar, nos contó que la panadería abrió sus puertas el 1 de septiembre de 1967 (está por cumplir cincuenta años) . También nos comentó que el señor Domingo trabajó con don Pepe Ortega y después puso su panadería, falleciendo en el año de 1983, heredando el negocio a su hijo Ángel y éste, a su vez, a su esposa, la señora Ma. Auxilio Tovar.
Despues acudimos a platicar con uno de los hijos del señor Domingo Vázquez, el señor Felipe me platicó muchas cosas interesantes sobre el arte e historia de la panadería, transcribo lo que me contó:
Había una especie de código de los panaderos, le decíamos los diez mandamientos de los panaderos, yo me sé como tres, pero me sabía los diez, todas las cosas, muy bonitas, del dialecto y costumbres entre los panaderos, se terminaron. De lo más bonito que yo recuerdo es que uno era bien recibido a trabajar en cualquier panadería y no se arreglaba con el patrón, se arreglaba con el maistro. Yo llegué bien chavillo y me enseñé a hacer pan y anduve por muchos pueblos, soy el más viejo de los que andan por ahí todavía trabajando. Duré más de veinticinco años trabajando con mi padre y enseñé a más de veinticinco compañeros y todos salieron buenos para el oficio, porque en aquel tiempo respetaban al maistro. Ahora el pan se hace con mucho control de pesos, antes era lírico el sabor, los maistros me decían  "el bolillo debe saber a caldito de frijol". Con aquella sal granuda que se usaba antes, la revolvían en el agua, ya sabían cuánta se llevaba para tres o cuatro bultos de harina, se la revolvían, la probaban y otra vez se la revolvían, para que no quedara salado porque no desarrolla el bolillo. Le revolvían hasta que estaba como tenía que ser y en ese momento le agregaban la levadura y el azúcar, mientras tanto no le echaban nada. Nada se pesaba todo era a lírico.  Por ejemplo los polvorones, tenían un puño de manteca, un puño de azúcar y un puño de harina, tenían que ser iguales, entonces revolvían el azúcar con la manteca, bien revuelto y esa pasta servía también para la que llevan las conchas, y para los polvorones, ya nada más se le agregan dos tres huevitos el royal y el carbonatito; ya con eso se cuece si no, no desarrolla nada. Hay panaderías donde los muchachos se enseñan a la rápida, que ya en 15 o 20 días ya saben hacer pan. Pero son de esos que le echan harina a la máquina, la revuelven la sacan y a cocer. Luego, luego lo ponen en el horno y le echan poquita azúcar para que fermente rápido,  ¿a qué sabe ese pan?  Nosotros le ponemos levadurita, se la revuelve uno a la masa. Don Domingo aprendió con el Señor que le decíamos el Torolas, me parece que se llamó José Cortés, tenía su panadería muy grandota, yo no trabajé con él, pero le ayudé a tumbar los hornos, enfrente de donde estaba el farolito. Es que en aquel tiempo bajaban los rancheritos a comprar para revender, no había repartidor ni nada y todo era a mano, hacían un carajal de pan. Había una raza de panaderos que se llamaban los Orduña, yo me acuerdo de uno que se llamaba Pascual, otro José, otro Cruz, sus hijos ya grandes se llamaban Jesús, Lupe, etc., y cada uno tenía su sobrenombre.  En la mañana llegaba uno decía "buenas, buenas". Y preguntaba "puso el tomo". (Era el café y ese era diario)  "Ya todos menos el niño", contestaban. El niño era el que andaba barriendo y limpiando y que se andaba enseñando, Ése aunque estuviera viejo le decían el niño. Ya cuando lo metían a trabajar entraba otro niño y cuando ya era oficial entonces lo metían al tablero a  hacer pan. Por eso todos los que ya están en el tablero ganan más dinero. Entonces el maistro -el más viejo, el que estaba más colmilludo era el maistro- también trabajaba. Ahora el maistro ya no trabaja, nomás manda, como están las maquinotas… sacan la masa, ese es el cuerno de mantequilla, este es el elote fino, ya nada más se lo echa a los trabajadores. Y si no el trae un cuaderno que le llaman libro y ahí tiene todas las recetas, qué quieren que haga un beso, le buye y ámonos ahí tá.  Los mandamientos que recuerdo:  El primero: Limpiar el tablero. El segundo: andar en todo el mundo. Porque en aquel tiempo yo chiquillo andaba hasta Dolores Hidalgo. Fui a Neutla y no me querían contratar por chiquillo, me decían: ¿Tú qué sabes hacer?" "No pos soy Mixto", contestaba.  Eso quiere decir que sabía de las dos cosas (blanco y de dulce) y ya los harineros sí estaban muy aparte, los reposteros, los pasteleros estaban muy aparte. Esos casi no entraban en la panadería. La pasta seca es otra cosa también. Los fineros, que hacían el pan Fino de aquel tiempo, hacían campechanas, palomas, libro (que sale de la misma paloma). El mero pan fino era el de Cordón, el que le llaman las lupitas, los elotitos finos,  sale una rosquita torcida, le llaman la colasa, también el cuernito fino y los raspadores. También hay una ricura de pan blanco, ya se perdió todo eso, las carteras, el chimisco, las rodillas, los pañuelos, la rosquita blanca. Esa es bien trabajosa para hacerse, pocos panaderos saben hacerla, en aquel tiempo, cuando yo andaba con mi jefe, cuando acuestan a los Niños se hacía harta rosca de esa, todavía hoy, cuando levantan a los Niños me mandan hacer esa rosca, es rosca de pan blanco. Yo aquí hago, hago chiquita. Pero todo eso se va perdiendo porque a los chamacos ya no les pagan por tanto por ciento sino por charola o por día, ya están asalariados, entonces hacen pura concha, harta concha; no hacen novia, no hacen capote, no hacen gallos, no hacen niños que les llaman payasos allá en San Miguel. En San Miguel acostumbran a hacer mucho niño rojo, yo lo hago color de rosa.  Ellos echan harto pan de ese rápido entran a las once y salen como a las cuatro.  Y de los mandamientos yo me acuerdo: tercero ¿?, cuarto: comer y dormir cada rato, quinto ¿?   sexto: dormir  como perro.  Todavía ahorita hay unos panaderos que yo les hablo así y sí me entienden. Me habló un muchacho que puso una panadería, quería hacer un horno de cobacha, no cualquiera sabe hacer un horno de cobacha, ya eso se perdió también, antes era ladrillo crudo con lodo. Ese muchacho me mandó pedir que le explicara a su albañil el tamaño del horno y del tablero.  Y cuando me vino a ver me preguntó "¿Qué estás haciendo?"  "Estoy echando perro, le dije", Es que se tiende uno en  un cartón, antes como había tablas para el bolillo en esas se tendía uno. Y como había costales de manta, esos mismos los descocía uno y le servían como mandil y a la vez se cobijaba uno. Yo me paro antes de las tres de la mañana, igual la mayoría de los panaderos, ahora es peor que antes, porque como hay tricicleros, los tricicleros ya están a la seis listos para salir, antes como no había eso, llegaba uno a las cinco. Yo cuando trabajé con don Pepe Ortega en la noche estaba ese señor con don Cornelio, don Güero Vicente y unos trabajadores de Escobedo. Entrábamos a las cinco de la tarde, nos salíamos a comer y entrábamos a las siete y acababa uno de cocer a las 4:00 4.30 de la mañana. Y en aquel tiempo se hablaba de encajonar bolillo y eso ya no lo hacen.  Era pesado. En una tabla se ponía una manta larga como de tres metros, una tanda de bolillo. Había hasta tres, cuatro trabajadores y te aventaban un puñote de bolillo y había que darles a basto. Ahora el bolillo muchos lo hacen hasta en charola, no sabe a nada. El bolillo debe hacerse en el suelo, yo lo trapeo, debo tener unos trapos limpios con agua para lavarlos, eso se dice trapéalo o bárrelo, en un palo amarras un puño de trapos bien mojados. Esa limpiada que le das al horno te sirve para muchas cosas,  te sirve para barrer el piso del horno y te sirve para criba para el bolillo, cuando se mete, se mete con una pala larga, pero rápido, el bolillo se debe de meter lo más rápido que puedas. Unos quince centímetros se abre la puerta del horno, porque supura el horno y se le sale el calorcito. Por eso, los que tiene hornos modernos ahí tienen la puertota abierta ¿cómo sale el bolillo? Bien cenizote,¿A qué sabe? A nada. Nosotros todavía tenemos esa curiosidad.
Hoy en día todos quemamos gas, ya nos exigieron eso, antes sí quemaba uno leña, luego petróleo, yo trabajé mucho con petróleo ahí con don Domingo, pero había quemadores que no eran eléctricos, luego entraron los eléctricos que aventaban un poco más. Esos quemadores hacían que oliera mucho a petróleo. Cuando cambiamos a gas nos dimos cuenta de que ése no olía. Ahora hay algo más corriente, aunque sea más moderno: ya hay hornos de lámina.  Hay quienes hacen cuadrados sus hornos de material, el mío es curvo, por esos se llevó más de mil ladrillos, porque pusieron los tabiques de punta. El mío me da lata para calentarlo nada más el lunes: le meto más de media hora a todo lo que da, y ya se conserva el calor, y me saca el pan rápido y bien.
Todos mis muchachos, se hicieron profesionistas, sobresalieron, uno es ingeniero agroindustrial, ahorita tiene doctorado en ingeniería. Una es maestra, otra enfermera, eran ocho, se nos murió uno. Otro está en el norte y uno que me ayuda aquí, es panaderillo.
Mi papá ahí en Allende tenía su horno, que era de material, antes en los parandes el pan era de ese colorado con granito y color, ahora ya no, ya quieren puras conchas, como ahorita: está la fiesta en la remuda en la loma de San Isidro pues se llevaron unas conchas. Aquí viene el señor de la danza del torito en los Remedios, le hacemos unas seiscientas piezas, pero nada más le pone unas doscientas al parande. A mí me caen muchos parandes: de Orduña, de la Rinconada, de Jalpilla, de Calderón, de las trojas, y ahora ya están viniendo los de Presa Blanca y de San Elías, pero ellos piden otra clase de pan, más antiguo todavía que el de color, es más hasta me trajo la foto. "Yo te lo sé hacer" le dije, "Yo soy bien antiguo también; yo sé hacerte el pan que quieres", y él me dijo "Es que este pan no lleva mucha azúcar". "Te lo hago con pocos granos". Entonces le hice uno tipo Rosca de Reyes nomás con cuatro betunes y en medio le puse una florecita que le llamamos jitomatito, que en medio se le pone un poco de pasta coloradita. Otros se los hice garagoleaditos, como los corazoncitos, esos corazoncitos se usaban para un regalo, creo que soy el único que los sé hacer.
Yo no soy tan viejo, es que empecé de muy chiquillo, cuando yo ya sabía trabajar fui a Santa Cruz, hacía pan de a cinco centavos con ganancia. El pan de cinco centavos daban veinticuatro piezas por un peso. Y las de a diez te daban doce. Por eso mucha gente acudía a las panaderías. Quitaron la ganancia y ya no fueron, porque daban igual que los distribuidores. El bolillo también: valía diez centavos y cinco centavos. Y empezaban a meter el de a veinte con doña Nina, y decía don Pepe: "No eches de a veinte", casi no lo quieren, ya al último, echaban poquito de diez y más de veinte. Por ese tiempo me dijo el maistro: "Vete a donde te paguen más, (me pagaban cuatro cincuenta) tú ya sabes bien. Vete".  Y me fui a Santa cruz, me pagaban hasta diez o doce pesos. Pero allá todavía hacían harto pan de a cinco, me sorprendí, pensé: aquí no pasa nada.
Yo no me enseñé con mi papá, él era bolillero y me metió con uno que era grasero, muy bueno, se llamaba don Chonito. Chaparrito él, estaba de día ahí con don Pepe y mi papá estaba de noche, era bolillero.  Don Pepe estuvo ofreciendo la panadería, porque imaginó que los trabajadores ya tenían muchos años con él y, aunque no estuvieran asegurados, si podían hacerle un problema  si no les daba nada al cerrar el negocio. Así hizo don José el Torolas: le pasó los trabajadores a Don Luis Anaya, le dijo: "Llévate los trabajadores", y se los llevó todos. Don Luis Anaya poco a poco los fue descontinuando, ¿para qué? Pues para que no le hicieran problema a don José. Yo no trabajé con don Luis Anaya, nomás trabajé como dos veces, pero don Luis hacía bolillo… nombre. Tenía un hornote, hacia como ocho o nueve bultos de bolillo, sale y sale bolillo, como fuera: blanco, quemado, ámonos y órlale llévalo para allá. No entregaba nada, iban a comprarlo los de las tiendas, en ese tiempo había hartos señores que tenían dos tres burros, como ese señor don Chanito en la calle Morelos, era un viejito  alto grandote. Eran unas jaulas de palos tejidos con mecate, en esas echaban los pollos y en esas jaulas metían en costales o cajas. Echaban mercancía, se iban a los ranchos y vendían hilos, hebillas, servilletas, mantas. Ese señor llevaba y allá echaba cambio por pollos, chivos, maíz y llevaba pan. Yo tenía un tío que se llamaba José le decían don Pale y en eso andaba. Ellos tenían dos tres burros y dejaban uno por si alguno se les descomponía. Pero ellos iban en un caballo. Se iban lejos y duraban días, hasta que no acababan su panecito y en el pan ganaban y en los chiles, en los jitomates.  Ya llenaban las jaulas con lo que fuera.

Volver a Inicio



Los Panaderos de Chamacuero

 
Don Felipe Lllanito Noria

El martes 2 de agosto de 2016 acudí a entrevistar al Sr. Felipe Llanito Noria, por sugerencia de su hijo, el señor Felipe Llanito Jiménez, quien me comentó acerca de la trayectoria de su señor Padre. Transcribo la entrevista omitiendo mis preguntas.
Yo soy originario de aquí, nací el 23 de abril de 1946, vivíamos, en aquellos años, en el Callejón de Los Florencio, en el barrio de San Agustín.  Mi papá me enseñó a tocar a los once años, no en un mariachi, sino en la orquesta de los Hermanos Elías que tocaban en el Kiosco; ahí me empezó a llevar y yo estudiaba con ellos. Mi papá se llamaba Hermelindo Llanito Ramírez, tocaba varios instrumentos y era de los que ensayaban a la danza de las Rosas, en la fiesta de Los Remedios. Era muy amigo del señor Santos, de Juan Ciprián, de don Filogonio… A veces también lo invitaban a tocar en  algunos conjuntos de San Juan de la Vega o San Miguel.

Yo empecé a tocar una tarolita; en aquél entonces así eran las baterías: una tarola grande y una pequeña; no eran como las de ahora. A esa edad ya andaba tocando con los señores grandes, pero estaba yo chiquillo y me cargaban mis cosas. A los trece años mi papá me inició con la trompeta. Seguí con los Elías, me enseñaron a leer las partituras y a tocar por nota. Tocaban en las serenatas y en los bailes, eran muy socorridos. Mi padre me platicó que don Filogonio era el mejor clarinetista en el estado de Guanajuato.  Yo estuve con ellos hasta el año 1960, porque de ahí me invitaron a Celaya a la orquesta de Pepe Vázquez, a participar como trompetista.  Cuando me fui para allá, a veces, si tenía modo, seguía asistiendo con los señores Elías. En esa orquesta estuve hasta 1964, me empezó a bajar el trabajo, no había muchos bailes. Entonces algunos compañeros de Jalpilla -se apellidaban Ángeles- me empezaron a enseñar canciones de mariachi de las que yo, realmente, no sabía mucho. Ahí me inicié en el mariachi. En 1964 me fui para San Juan del Río, me invitaron unos muchachos a formar un grupo y me tocó la suerte de que se filmó una película ahí: El gallo de Oro. Participé a los 19 años, fue lo primero que me emocionó, pues fue una emoción grande. Esto fue en junio de ese año, durante la feria de San Juan del Río. Participé con un mariachi que se formó ahí, si ve la película me verá, aunque puede que no me reconozca porque yo tenía otra fisonomía, era muy joven. En esa película actuó Lucha Villa, Ignacio López Tarso, Narciso Busquets.
A partir de ese momento me incliné a estudiar, adentrándome al mariachi, ya después me gustó. Yo estudiaba con un señor que se llamó Isaías Campos, el venía de México, tenía conocimientos y nos dio clases a todos de la música del mariachi. Me casé en septiembre en el 64, en San Juan del Río, nos conocimos lo que fue en la feria, duramos poco como novios, ya para septiembre estábamos casados. No le llevé serenata a mi mujer, porque mi suegro era militar, era subteniente del ejército y no había mucha confianza, mejor de lejesitos Estuve en San Juan del Río hasta 1976 cuando me fui para México, allá ya entré a estudiar con el maestro Anastasio Mendoza del Conservatorio Nacional de Música. Estudié porque hacía falta mejorar, la verdad el nivel de exigencia es mayor allá en la Ciudad de México de lo que tenemos acá en provincia.

En 1978 nos llevaron a España por parte de la disquera Melody, con el Mariachi América que lo traía Pablo Godínez Hernández.  Tuvimos la oportunidad de ir porque nos seleccionaron a nosotros, les habían hecho pruebas a otros grupos. Grabamos algunas cosas por allá, pero el material allá se quedó. Estuvimos del 4 de julio al 12 de octubre del 78. Hacíamos las galas, así le llaman a las actuaciones, en teatros, en ferias, llegamos al aeropuerto, nos recibieron muy bien a todo el grupo, nuestro primer trabajo fue en Alicante, de ahí a Pamplona, a la fiesta de San Fermín el 7 de julio, estuvimos todas las fiestas.  A las dos tres semanas ya empieza uno a añorar el lugar de uno, desde la comida, no se parece, ya añora uno el sabor de por acá. También tocamos en Jerez y en muchos lugares.

Regresamos y seguimos trabajando acá, se hacían grabaciones en diferentes empresas grabadoras, había varias, hoy ya casi no hay.
  Luego de aquel viaje a España ya no salí a ningún lado, porque me cortaba mi estudio el maestro me dijo, "Vas a seguir saliendo o vas a seguir estudiando" sí me sentí un poco frustrado, pero me dije "Hay que estudiar". Estuve estudiando entre en el 76 y el se enfermó en el 81, hasta ahí se quedó, se dio de baja en el conservatorio y ya no pudo ni dar clase, el nos daba clase de manera particular vivía él en Lindavista y nos daba clase a muchos y a muchos elementos que son muy buenos, era muy buen maestro.  Las clases nos ayudaban con la técnica, cuidar siempre la afinación, la limpieza del sonido, no demasiado fuerte porque se distorsiona. Siempre había algo que nos estuviera corrigiendo, era un maestro y había que hacerle caso porque era en serio.










.

Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes






Cuando me fui a España mi mujer se quedó ya en Comonfort, los tres hijos ya estaban en la escuela: Felipe, Ma. Guadalupe y Juan Carlos.  Seguí con ese mariachi hasta 1981, luego me cambié a otro grupo porque empezaba a bajar el trabajo. Seguí con el Mariachi Los Palmeros en México, con ellos también se hicieron algunas grabaciones, pero les falto promoverlas, yo considero que quedaron muy bien, pero se conocieron poco. Después estuve con el mariachi Los Monarcas y ahí nos tocó acompañar a Fernando de la Mora en el Auditorio, el 15 de septiembre de 1984 y en la misma fecha participé con el Mariachi Arriba Juárez, les faltaba un elemento y me llamaron, acompañamos a Lucha Villa y luego seguí con mi grupo que era Los Monarcas para acompañar a Fernando de La Mora y la Sinfónica de Patrón. Se hacía un enlace, entraba la sinfónica y se enlazaba con el Mariachi.

No era difícil acoplarse a otro conjunto porque debíamos estudiar y practicar mucho, con los Palmeros y Los Monarcas estudiábamos, con éstos había un arreglista llamado Javier Carrillo, él nos enseñaba y así el grupo se hacía más profesional. Después entré a otro grupo: Halcones de América de Rubén Torres, sobrino de uno de los del Mariachi Vargas. Así he estado, siempre escalando, tratar de ir mejorando. Con ese mariachi nos tocó tocar con Don King. En ese entonces había muchas presentaciones, muchos artistas llamaban buenos mariachis, ahora ya no tanto. Acompañamos a José Ángel "El Cuervo" en el auditorio, con el participamos mucho, con Valente Pastor. Cuando no tocábamos con artistas famosos no nos faltaban invitaciones.

Había cantantes muy dedicados en la manera de acompañarlos, siempre exigían que se oyera bien. Me tocó en ocasiones acompañar al Charro Avitia, era delicado para acompañar. Bonito, alegre, a su manera de él, pero que no le cambiara uno sus músicas porque se enojaba, quería su arreglo de él. Decía: "Ese no es mi arreglo", algunos que no sabían echaban otro tipo de música y se las paraba: "Esa no es mi música". Era buena persona en su trato, pero delicado con sus arreglos. En un 15 de septiembre en Pachuca, en una televisora local, tenía yo a la esposa de él atrás y ella me iba tarareando cada que terminaba una: "Sigue tal canción" y me la tarareaba, no me fuera yo a equivocar, ella era la que dirigía el programa, el orden. Me decía a mí porque casi siempre se toma como líder a la trompeta, quizá porque es el que sobresale, y sí se me hacía raro, que estuviera atrás de mí, pero había que obedecer, era el trabajo. La que era, en su trato un tanto difícil, delicada, era Irma Serrano, había que hacer un poco de concha para sobrellevarla.

En 1985, cuando el terremoto, fallecieron muchos compañeros, muchos grupos se acabaron ahí, porque aunque hubieran quedado uno o dos, se acababa el conjunto. En los alrededores de Garibaldi hay un lugar muy nombrado: San Camilito. Ahí varios edificios se vinieron abajo, murieron muchos compañeros y a muchos otros no los encontraron.  Muchos de los que se salvaron se fueron para sus lugares de origen y ya no regresaron. Como muchos regresan de trabajar ya tarde y el temblor fue en la mañana ahí les tocó, durmiendo. Es muy nombrado ese lugar de San Camilito, ya lo reconstruyeron y sigue viviendo mucha gente en nuevas construcciones. Yo vivía, rentaba frente al Blanquita en ese tiempo y en ese edificio no pasó nada, pero acá sí, la mayoría de los compañeros ahí quedaron, era triste ver todo eso. Todo estaba incomunicado, una que otra gente que quedó se venían caminando hasta la terminal de autobuses, no había como moverse, yo vi y me dije, "Nos va a tocar caminar también a nosotros", pasaba uno por Tlatelolco y se veía todo tirado, mucha gente ahí llorando porque perdieron a alguien o no sabían, no se dieron cuenta.  Ahí se acabó el mariachi América con el que fui a España, el actual, el que tiene don Jesús Rodríguez de Hijar es otro mariachi, aunque con el mismo nombre.


Actualmente estoy con otro grupo, unos muchachos más jóvenes, tengo ya ocho años trabajando con ellos. El trabajo no necesariamente se carga al día sábado, es eventual, a veces un jueves se juntan varias participaciones. Nos llaman para casi todo, para bodas, para pedir la mano, para festejar un papá, una mamá, bautizos. Hasta para cuando se muere alguien, se dice que era el gusto del fallecido y a veces cuesta trabajo, ve uno la tristeza y se hace un nudo en la garganta. A veces también se acuerda uno de algo y es peor, pero es nuestro trabajo y hay que amachinar, y en la trompeta cuesta más trabajo. Un buen mariachi debe tener al menos seis elementos, con un tope de unos doce, pero en estos días la crisis ya no permite tanto. Nosotros solemos andar dos violines, dos trompetas, guitarrón y vihuela, ya si el cliente solicita más músicos pues se hace como él indique, más violines o más elementos, pero ya es por solicitud del cliente.

A la gente le agrada nuestro trabajo, hoy en día, quizá porque ya tenemos tiempo tocando y tenemos el repertorio más conjuntado, más integrado. Sonorizar con equipo no es indispensable, ayuda mucho en las fiestas, suele haber ruido y ese ruido opaca los violines, una buena sonorización sí ayuda mucho a la calidad del sonido. Actualmente hay mucha competencia, se ha ampliado mucho la oferta, por dondequiera salen grupos, por lo mismo trata uno de mejorar para que no falte el trabajo. Todos los instrumentos tienen su dificultad, la trompeta son tres émbolos y a partir de ahí ampliar todo, le decimos trompeta cromática porque lo da todo, bemoles, sostenidos, naturales y manejarlo con tres émbolos: graves, la esfera media, aguda y súper aguda, que no la trabajamos en el mariachi, lo manejan los salseros, es otro género de música.

El cliente a veces pide canciones que están de moda y, aunque no sean específicamente del género, hay que montarlas. Por ejemplo, las adaptaciones que hacemos de banda: alguien se encarga de hacer los arreglos, las adaptaciones para el mariachi, se montan y se oyen bien. Y muchas veces tocamos esa música, pero tenemos mucho material y muy bonitas canciones, más propias de nuestro género.
Hoy en día a dónde lleguemos se nota el gusto de la gente, aún los muy jóvenes, les impacta el ver llegar al mariachi, a veces gritan hasta los niños.
Todo lo que he podido realizar, todas las actuaciones que tuve oportunidad de realizar y todos los años que llevo tocando en tantos lugares y tantos públicos me llenan de satisfacción y me alientan y agradece uno a Dios, porque no es nada fácil.

Les doy clases aquí en comonfort a algunos muchachos, de solfeo y de trompeta, pero no he pretendido nunca formar un grupo, ya ve que los jovencillos son inquietos como que no obedecen mucho o uno, por la edad, no se adapta a ellos y viceversa. Es complicado.
Agradezco al Señor Felipe Llanito Noria y a  su esposa, la Sra. Elena Jiménez, su amabilidad y su gran disposición durante la realización de esta entrevista, así como al Sr. Felipe Llanito Jiménez por sugerirme este tema y compartirme la grabación del concierto del Mariachi Los Monarcas acompañando a Fernando de la Mora.


 
El Dr. Florencio Cabrera Coello
Hace unas semanas le solicité una entrevista al Dr. Florencio Cabrera, dado que es nacido en Chamacuero y con una intensa y muy interesante trayectoria profesional y cultural. Amablemente me visitó en mi domicilio y luego de un par de horas de amena charla se condensó el siguiente texto.  Agradezco al Dr. Cabrera la revisión de este documento, así como las imágenes con que lo ilustramos, pero mucho más le agradezco, de antemano, su ofrecimiento a enriquecer este espacio con sus remembranzas sobre nuestro pueblo. 
EN CHAMACUERO
Mi papá se llamaba Florencio Cabrera, no era de aquí, tenía dos actas de nacimiento, una de Apaseo (hoy Apaseo el Grande) y otra de Querétaro. Su padre era intelectual educado como era en la época, bajo la tutela de la iglesia. Mi papá quedó huérfano a los 13 años, tiempo de la Revolución, bien instruido para su edad; su tutor el Sr. Cura Rafael Lemus, entonces vicario de Apaseo (hoy Apaseo el Grande,) lo puso a trabajar como escribiente, luego rayador y por último administrador de varias haciendas de Apaseo, colindantes de Querétaro. Autodidacta, aficionado a la astronomía; lector de los clásicos, de los enciclopedistas. Sus favoritos eran autores del tiempo de la revolución francesa: Alejandro Dumas, Víctor Hugo, novelas históricas. Enviudó en los años veinte, tuvo dos hijos con su primera esposa. Me contó una historia muy triste sobre su deceso: Se había ido a trabajar a Estados Unidos, a California, allá en 1928. Regresó luego de seis meses, tomó el tren en Mexicali a Guadalajara; de la Perla Tapatía el tren número 8 a México que pasaba por Celaya a las 3:00 de la tarde (era muy bueno el servicio de trenes en ese entonces). En Celaya se bajó a comprar un ramo de flores para su señora antes de ir a Apaseo. A las 6 de la tarde tomó el "balazo", un tren que corría de Querétaro a Irapuato para regresar en la tarde. En Apaseo se encontró que su esposa había muerto dos meses antes, cuando nació mi hermano Ramón.

Le ofrecieron un trabajo: Administrar la Hacienda de Guadalupe [cercana a Soria] desde donde cada mes tenía que ir a Comonfort a pagar el "timbre" o sea los impuestos. Se venía en una Chispa, una carretela de dos ruedas, preciosa, para dos personas jalada por un solo caballo trotón. A veces se venía en bicicleta. En esos viajes conoció a mi mamá.

Mi mamá era una "solterona" de 25 años y trabajaba como encargada de la botica del Dr. J. Luz Mota, el esposo de mi tía Conchita Macías. En aquel tiempo un boticario tenía que ser calificado y la mandaron a Guanajuato a estudiar Farmacia, algo rarísimo en ese entonces para una mujer, fue un curso breve. Mi papá la conoció de lejecitos, se intercambiaban cartas, así eran algunos noviazgos de entonces. Finalmente se casaron.

Mi abuelo materno era el organista de la Parroquia, el Kapellmeister de Comonfort y el notario de la parroquia, el señor cura era el padre Cianca o Sianca. Mi abuelo era conocido como don Chon, nosotros siempre le dijimos papá José, se llamaba José Asunción Coello, una vez me platicó que su abuelo Marcelo llevaba el apellido Coelho, portugués o gallego, que luego se convirtió en Coello. Malas transcripciones en las oficinas del Registro Civil y la Iglesia.

Mi papá José estaba furioso porque su hija se casó con un viudo. El primer hijo de mi mamá fue Salvador, nació en 1931 en la Hacienda de Guadalupe; lo atendió el doctor José Aguado Escalona, que era el médico de la Fábrica de Soria. Mi papá vino a registrarlo a Comonfort, después fue a la notaría para el bautizo y se enfrentó con mi abuelo:
-Buenos días.
-Buenos días, qué se le ofrece señor -con esas palabras le habló a su yerno.
-Quiero bautizar a mi hijo.
-Muy bien, ¿Quién es su padre?
-Un servidor.
-¿Cuál es su nombre?
-Florencio Cabrera Manríquez
-Y ¿Quién es su madre? -era su hija, por supuesto.
-María del Carmen Coello.
siguió:
-¿Coello qué?
-Sánchez -respondió mi padre
-¿y qué nombre le va a poner? -y ahí estuvo su rencor.

Con el tiempo nos dimos cuenta que en la fe de bautismo aparece como "Expedito Salvador". Claro que hay un San Expedito, cuya imagen estaba o está en el templo de San Antonio en el jardín de Chamacuero, pero no es un nombre que quiera llevar nadie.

Viviendo ya en Comonfort, en la calle de Arista 30 donde mi padre tenía una embotelladora de refrescos "de canica", pues no había corcholatas, nació el siguiente hermano, el nombre que mis padres pidieron para registrarlo fue Luis Rafael pero la antipatía de mi abuelo seguía y le agregó Venancio, mi papá José creyó que era un nombre feo.

Creo que cuando yo nací ya estaba pacificado, no me agregó nada, a lo mejor es porque me pusieron el nombre de mi papá. Por esos días nos cambiamos a una casa que mi papá modificó en Pípila 10, con bellísimo jardín y una gran fuente en medio.

En 1935 enviudó mi Papá José de mi abuela María de la Paz Sánchez Sánchez, hermana de Paulina a quien llamábamos tía Pala, viuda de Mi tío Luz un tiempo dueño de la hacienda de La Soledad. Con Pala vivió mi tío Enrique toda su vida en la calle de Juárez esquina con Plaza Dr. Mora. Los Coello, y que me perdonen que lo diga, eran medio "alzados y creídos" de ojos azules como mi mamá, mi tía Lupe y otros.

Mi papá José se volvió a casar en 1940 con la mejor amiga de mi familia, Carmela Márquez, hija de D. Pepe Márquez que tenía una carnicería en una esquina del jardín y hermana del Dr. Manuel Márquez Escobedo, entonces fue un rompimiento de mi abuelo, su nueva esposa con su familia anterior.

Por cuestiones de la escuela, en enero de 1939 no fuimos a vivir a Celaya, la casa de Pípila 10 se la vendió a D. Benjamín Sánchez Camarena que tenía una tienda de abarrotes y cantina en el lado poniente del jardín. Había otra tienda importante en el lado norte de D. Jesús Delgado y por el lado sur la tienda obscura de D. Pancho Macías, cuya primera esposa fue la señora María Sánchez Sánchez que decían era muy bonita; fue la madre de mi tía Conchita, esposa del Dr. J. Luz Mota y del tío Ambrosio que temía la tienda en el lado oriente: "La Teresita".
Yo les digo que no tengo 83 años de edad; tengo 23 de edad, 60 de experiencia y 83 de añejamiento, como los buenos vinos. Fuimos doce de familia contando los dos hijos del primer matrimonio de mi papá de los cuáles vivimos diez, soy el quinto. Todos estudiaron, algunos carreras cortas. Luis mi hermano es médico, se especializó en Salud Pública e hizo posgrado en México y en los Estados Unidos. Siempre trabajó en la Secretaría de Salud y en la Oficina Panamericana de Salud, parte en Washington, parte en México.

FORMACIÓN PROFESIONAL
Estudié en la UNAM, fui la última generación que cursó en el antiguo Palacio de la Inquisición y llevamos el antiguo programa de seis años de carrera. El doctor Manuel Márquez Escobedo era maestro de Parasitología cuando yo estaba en segundo año de la carrera. Me inscribí con él por razones obvias, pero fue substituido porque lo nombraron jefe de la campaña contra el paludismo, junto con el Dr. Galo Soberón y Plata, padre del Dr. Guillermo Soberón Escobedo, ex rector de la UNAM y ex Secretario de Salud. En cierta forma el doctor Márquez influyó a mi hermano Luis para su carrera de sanitarista. Mi especialidad es la cirugía, soy certificado del Consejo Mexicano de Cirugía y cédula profesional de la Especialidad.

Desde niño fui aficionado a la aviación, le platico una historia: Allá por los inicios de los años cuarenta Luis y yo rompimos las alcancías que cada uno tenía. Acompañé a Luis a comprar una cámara de retratar, una Roxi con rollo 127. De regreso a casa mi papá nos preguntó qué habíamos comprado, Luis le enseñó su cámara. Y tú ¿qué compraste?,me preguntó. Nada, respondí, espero acabalar 10 pesos para subirme al avión del "chino Árciga"; un piloto que tenía una avioneta. Eso cobraba por una vuelta sobre la ciudad los domingos.
MI ESPOSA E HIJOS
Trabajando como Director del Centro de Salud "B" con Hospital "D" de Apaseo el Grande, y por relaciones anteriores, estaba en contacto con un gringo, Mario Carota( ingeniero nuclear y profesor de la Universidad de Berkeley, un pacifista enemigo de la guerra de Viet Nam) quien con su esposa Ethel y sus 16 hijos, biológicos y adoptivos dejó California y se vino en un autobús viejo, "la flecha", a estacionarse en la ranchería de Obrajuelo, junto a la hacienda del mismo nombre, de la familia Urquiza de Querétaro. Era un misionero seglar que se propuso ayudar a la gente, construyó una escuela, un campo de béisbol y cuando se ofrecía para ayudar a los necesitados, con bastante frecuencia, el médico era yo.

Por otro lado, contiguo al campus de la Universidad de California en Berkeley está el "Newman Hall", centro recreativo, biblioteca y capilla católica que asiste a los estudiantes, yo lo conocía muy bien. El capellán, Rvdo. Joseph O´Looney, organizó un grupo de más o menos treinta y cuatro jóvenes, que terminaban su universidad, para que vinieran en el verano de 1963 a trabajar algo así como servicio social, que vieran la realidad de los mexicanos durante la Guerra de Viet Nam. Fueron catorce mujeres que vinieron a Apaseo el Grande y el resto de varones a Jesús del Monte, una ranchería más adelante de Santa María, donde está el seminario diocesano en Morelia. Las muchachas se hospedaron con familias del Movimiento Familiar Cristiano y los muchachos en Michoacán como pudieron. En Apaseo crearon una escuela y un dispensario y, por supuesto, el médico era yo. La líder de este grupo fue Kathryn H. Leppert (Kay) y el de Morelia Ron D'Alessio, pero el centro de control estaba en Apaseo.

Yo conocía a Kay, eso éramos, unos conocidos y respetuosos. Al final de ese verano, cuatro muchachas decidieron quedarse una semana más y ahí empezó todo. Kay regresó a los Estados Unidos y continuamos escribiéndonos cartas que empezaron a subir de color. Para Navidad y año nuevo 1963-1964 fui y pasé la Navidad con los papás de Kay en Altadena, al norte de Los Ángeles. Un par de días después volamos a Berkeley, donde estaban de invitadas cuatro muchachas de Apaseo el Grande. El padre O´Looney nos prestó, a Kay y a mí, un carro convertible para movernos en el área de la Bahía de San Francisco. Formalizamos el noviazgo y al año siguiente el 3 de Octubre de 1964, nos casamos, con todas las bendiciones de su familia y la mía, en Altadena California.

Casados y con espíritu misionero o apostólico nos fuimos a vivir a Apaseo el Grande, que luego se diluyó; nacieron mis hijos e igual que mis padres, nos fuimos a vivir a Celaya por motivos de escuela.

Del hospital de Apaseo el Grande conseguí plaza en el Hospital General de Celaya como cirujano, todas las mañanas y muchas urgencias de noche y días festivos me la pasaba en el quirófano operando. Fui director del Hospital de 80 al 86 tenía mi oficina y atendía las salas de cirugía.

En una de esas encuestas a jubilados por el ISSSTE, que solicitan por internet, me preguntaron cuáles son las cosas que más extraño en la vida a mi edad. Respondí: añoro el quirófano, ya que no opero desde hace cinco años, puedo hacerlo pero ya renuncié por mi edad y evitar el maravilloso estrés del trabajo quirúrgico.


También extraño volar, fui piloto, aficionado y médico de Medicina de Aviación. Hice tres cursos, tengo tres certificaciones como médico de aviación: Médico examinador de Personal Técnico Aeronáutico; Médico Investigador de Factores Humanos de Accidentes de Aviación e Instructor aeromédico de personal de vuelo.

La tercera cosa que extraño es tocar el violín. Toqué de niño con mis hermanos, mi papá era aficionado a la música y también tocaba el violín. Recibimos clases del profesor Barrón y formamos un quinteto mis hermanos y yo. Cuando Ramón, el mayor, se fue al seminario formamos un trío, Salvador violín primero, Luis la flauta y yo el violín segundo. Éramos indispensables en las fiestas del día de las madres y de fin de año de la Escuela Vasco de Quiroga, de las señoritas Hermelinda y Rosa Méndez.

Mi papá nos dio una educación complementaria a lo que es la escolar, nos forzaba a hacer lectura, mis primeros libros fueron casi todas las novelas de Emilio Salgari, más grande seguí con Julio Verne y ya después uno lee más.


EL CLUB DE LEONES
Desde 1992 estoy metido en un programa de salud internacional con la Fundación Internacional de Clubes de Leones, (LCIF). Es un programa de Salud Visual, no soy oculista ni jamás operé un ojo, tengo mis asesores internacionales de la especialidad. La OMS nos dijo que el principal problema de ceguera en México son las cataratas. Empezamos con proyectos de cien cirugías, nos fuimos a Chiapas, a la Sierra Tarahumara en Chihuahua y en otros lugares de la república, empezó a crecer hasta que terminamos haciendo proyectos de 3,000 cirugías. Fuimos pioneros, ya lo dejamos porque "todo mundo" está operando cataratas: el DIF, la Fundación de Cinemas Gemelos. Quien más opera es la Fundación Telmex.

LCIF invitó a la International Eye Foundation, experta en habilitar programas y hospitales de la vista. Hace un par de semanas terminamos un proyecto de $383 mil dólares para habilitar y hacer sustentables cuatro clínicas de los ojos en México. Chihuahua, Chih.; Jerez Zac.; Ciudad Obregón Son. y Veracruz, Ver. Han sido tres años de intenso trabajo y adiestramiento en clínicas modelo que tenemos en la Ciudad de Guatemala y en Lima Perú. El éxito por la productividad y la calidad de los servicios es innegable.
Otra actividad en la que intervengo es con el Centro Carter, del expresidente de los Estados Unidos Jimmy Carter, que tiene programas de educación y de salud, en particular en África sub ecuatorial y en América latina. Uno de ellos es el Programa de la Eliminación de la Oncocercosis en la Américas, OEPA por sus siglas en inglés que inició en 1991. Hay trece focos en América de esa enfermedad, conocida también como ceguera de los ríos: en Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador, Guatemala y México. En nuestro país son tres focos bien delimitados: en el Soconuzco y zona Chamula en Chiapas y en el alto Papaloapan en Oaxaca. La oncocercosis está eliminada en Latinoamérica, con excepción de dos focos contiguos en la sierra de Parima, frontera de Venezuela con Brasil. Por intervención directa del ex presidente Jimmy Carter con el Ing. Carlos Slim, a través de la "Fundación Carlos Slim para la Salud", cuyo director es muy amigo mío, tuve algo que ver para ese convenio de colaboración. Asisto cada año a las evaluaciones del programa en la Conferencia Internacional de la Oncocercosis ( IACO en inglés), que hacemos en cada uno de esos países afectados y en Atlanta en los Estados Unidos. Es un programa bellísimo, para poder eliminar la ceguera de los ríos fueron necesarios, al mismo tiempo, programas de educación y salud integral. En pocas palabras, transformamos comunidades pobres en lugares de progreso, salud y sin ceguera.




SEMINARIO DE CULTURA MEXICANA
La corresponsalía del Seminario de Cultura en Celaya la inició don Alfonso Cabeza de Vaca hace cuarenta o cincuenta años, la resucitó el Dr. Guerra y yo le ayudé, Actualmente, por incapacidad de salud del Dr. Guerra, se está reorganizando la corresponsalía con la intención de incluir a nuevas generaciones.


LOS AMIGOS DE LA BUENA MÚSICA
Cuando Rafael Corrales Ayala creó la Orquesta Filarmónica del Bajío, bajo la dirección de Sergio Cárdenas, empezó a hacer giras a todo el estado; en Celaya no estaba aún el auditorio, se realizaban los conciertos en algún templo y llegó a suceder que eran más los músicos de la orquesta que en el público. Entonces el ingeniero Eduardo Durón (que ya falleció) y yo, empezamos a promover la música y la orquesta. Cárdenas nos sugirió que creáramos un grupo: "Amigos de la filarmónica" y lo creamos, lo mismo en Irapuato.

Empezamos a promover, en las escuelas de muchas partes, cuando venían los conciertos, también dábamos pláticas y comenzó a crecer la asistencia a las audiciones. En los meses previos al eclipse solar de 91, combinamos nuestras promociones musicales con información del eclipse. Andábamos por todas partes, incluyendo Comonfort. Asistíamos al "Café de Federico, (XEITC)". De ahí el encargado (Raúl López Tenorio, que murió hace unos tres meses) una vez me dijo: "Oiga, doctor, usted sabe mucho de música, aquí hay un programa que se llama El Concierto de la Semana ¿Por qué no se encarga del mismo?" Yo le dij:e "Mejor vamos a hacer uno nuevo". Le pareció bien la idea, empecé los viernes (ahora son los jueves de 9 a 10 de la mañana). Lo bauticé con el nombre de "Los amigos de la buena música". En septiembre cumplo veintidós años transmitiéndolo semana a semana. La radiodifusora tiene carencias así que el productor, el conductor, el encargado de los controles técnicos, las dos computadoras, quien contesta el teléfono, quien lleva las grabaciones y el locutor es la misma persona, soy yo.

El repertorio lo voy combinando, la gente pide lo más conocido, Liszt, Tchaicovsky, Beethoven, Mozart, etc. de tal manera que también ofrezco compositores menos conocidos, mi intención es dar a conocer más de la música académica o clásica.

Hay que mantenerse activo, el que no se mueve intelectual y físicamente se muere. Hay un principio que los médicos conocen: "La función hace al órgano", del premio Nobel de medicina 1904, Ivan Pavlov,  significa que lo que no funciona se deteriora y muere más pronto. Si esa puerta deja de abrirse se deteriora, si un coche deja de arrancar se deteriora como cualquier aparato. Así es nuestro cuerpo y trato de mantenerme física e intelectualmente activo, claro, ahora no puedo manejarme como cuando tenía treinta años. Pero voy a caminar a la alameda de Celaya cinco veces por semana. Camino aprisa, no corro, digo que solo los animales corren, porque tienen hambre o porque los persiguen. Bueno, se perdona a los humanos en competencias deportivas. Lo intelectual está en la lectura y en los proyectos en que estoy involucrado.



DATOS BIOGRÁFICOS
Florencio Cabrera Coello nació en Comonfort, Gto. el 21 de Octubre de 1933.
Hijo de don Florencio Cabrera Manríquez, agricultor e Industrial, de formación autodidacta y de doña María del Carmen Coello Sánchez.
Fue quinto de doce hermanos, todos aficionados a la música, del mismo modo que ambos padres y el abuelo materno.
En 1964 se casó con Kathryn H. Leppert, Bióloga por la Universidad de California en Berkeley.
Tiene dos hijos y cuatro nietos con doble nacionalidad.
Estudio la carrera de Médico Cirujano en la Facultad de Medicina de la UNAM generación 1952-1957.
Especialidad en Cirugía General y Subespecialidad en Medicina de Aviación y Aeroespacial con Certificado de los Consejos respectivos. Flight Surgeon de la Federal Aviation Administration (FAA) de los Estados Unidos.
Médico examinador de Personal Técnico Aeronáutico; Médico investigador de Factores Humanos de Accidentes de Aviación; Instructor Aero médico.
Es miembro activo de Asociaciones y Colegios de la especialidad de Cirugía y de Medicina de Aviación.
Fue dos veces presidente del Colegio Médico de Celaya, A. C.
Por méritos propios fue nombrado Presidente Honorario Vitalicio del Colegio Médico de Celaya, A. C.
Es autor de artículos médicos y de investigación. Invitado frecuente a dar conferencias sobre su especialidad y de otros temas culturales.
Trabajó 32 años en el Hospital General de la SSA de Celaya donde fue Director de 1980 a 1986.
Ex profesor y tutor de médicos internos y residentes de la especialidad en Cirugía G.; Ex profesor de Farmacología en la Facultad de Enfermería de la Universidad de Guanajuato. Ex profesor de Medicina Forense y Criminología de las Escuelas de Derecho de la Universidad Lasallista y de la Universidad de Celaya.
Hoy en día ejerce la medicina privada en su Consultorio.
Fue aficionado a la cacería y a la pesca deportiva. Ahora por el contrario, es defensor y protector de la fauna silvestre y doméstica.
Fue Piloto Aviador Privado, hasta cumplir 67 años.
Desde niño fue aficionado a la Música Clásica.
Toca el violín y un poco el piano.
Es Miembro correspondiente del Seminario de Cultura Mexicana.
Es Miembro titular de Consejo Municipal de Cultura de Celaya.
Desde el año de 1994 produce y conduce el programa semanal "Los Amigos de la Buena Música" en la radiodifusora del Instituto Tecnológico de Celaya.
Conferencista frecuente de temas culturales y en particular de Música Académica.
Escribe semanalmente, los domingos, una columna en la sección editorial de El Sol del Bajío.
Pertenece al club de Leones desde 1958, en donde ha desempeñado diferentes puestos a nivel regional.
Su trayectoria en esta Asociación es de suma importancia pues como profesional de la salud ha desarrollado actividades de gestión, supervisión, asesoría y organización de eventos en diferentes campañas de salud a nivel nacional e internacional. Para quienes desconocemos los nombramientos y títulos de esta Asociación Internacional, es complicado entender esto en detalle, pero baste decir que en la campaña SightFirst (un amplio e importante programa mundial de salud visual de esta Asociación) ha asistido a eventos en toda América Latina y gestionado 28 proyectos de Cirugía de Cataratas en México en los cuales 50,000 personas de origen humilde han recuperado la vista.
También representa a esta organización en las Conferencias Internacionales sobre Oncocercosis, esfuerzo conjunto de varias instancias que casi han erradicado este padecimiento en el continente americano.
Ha recibido muchos nombramientos y reconocimientos académicos de varias Universidades. En la Asociación Internacional de Club de Leones, recibió nombramiento y la medalla más importante que se puede conceder a un miembro de la Asociación, "Embajador de Buena Voluntad" válido en todo el mundo otorgado en la Convención Internacional de 2010 en Sídney, Australia. Esta distinción suele estar reservada para expresidentes internacionales de esta Asociación.



Volver a Inicio



Volver a Personas y personajes





Volver a Personas y personajes






Don Felipe Llanito Noria

El Dr. Florencio Cabrera Coello

 
El doctor Antonio Muñoz Martínez



El doctor Antonio Muñoz Martínez
Para una ciudad pequeña, afortunadamente no tan lejana de mayores centros de población, la atención médica suele presentar ciertas dificultades.  Hasta mediados del siglo XX no hubo un hospital en forma y el existente no contaba, tampoco, con las instalaciones deseables para las necesidades de la población. Adicionalmente, hasta mediados de los ochenta la clínica del IMSS deambulaba de un edificio a otro.  En esos tiempos la atención médica la brindaban unos cuantos médicos particulares, puedo mencionar al Dr. J. Luz Mota y al Dr. Antonio Vázquez, pero a reserva de que pueda hablar sobre ellos y otros personajes relacionados con la Salud Pública,  hablaremos en esta ocasión del Dr. Antonio Muñoz Martínez quien no era nacido en Comonfort, ni radicó en este pueblo como médico, pero, y esto es lo singular, ejerció la medicina en este lugar durante cuarenta años.
El doctor Muñoz nació en Matehuala, S.L.P. el 23 de noviembre de 1912, estudió en la Escuela de Medicina de la UNAM, por supuesto, cuando esta institución se encontraba en el antiguo Palacio de la Inquisición.  Dio su servicio social en Pueblo Nuevo, Gto., titulándose en 1936. Fue llamado por Pemex como médico y trabajó durante once años en esta dependencia.   Fue director del Hospital Regional de Dolores Hidalgo, del Hospital Regional de Comonfort, del Hospital Regional de Celaya y del Hospital Regional de Apaseo el Grande.
En 1978 recibió un reconocimiento, a nivel nacional como Médico en Cirugía Experimental.
No obstante radicar en Celaya, durante cuarenta años acudió a Comonfort, de lunes a viernes, a dar consulta de 11:00 a 1:30, sin importarle que durante muchos de esos años hubiera que recorrer una brecha polvorienta y después una angostísima cinta asfáltica.   Aquí permítame, amable lector, hacer una remembranza:
La casa en Plaza 5 de Febrero # 14, era propiedad de los señores Puente; durante muchos años mi tía, Ma. del Carmen Carracedo, rentó esa casa y en ella habitó junto con mi abuela, doña Trinidad Muñoz quien, como se intuye, era tía del doctor. Usted seguramente conoce esta finca, dado que hoy en día es propiedad pública y es la sede del DIF municipal, para mayor utilidad se abrió una puerta hacia la explanada posterior, con lo que se crea un tránsito continuo de peatones, de la Plaza 5 de Febrero al espacio conocido como "Explanada del DIF". La acertada remodelación de este espacio conservó las habitaciones existentes.  La habitación que da hacia la plaza era, y es, la más iluminada de la casa. Ahí tenía su consultorio el doctor Muñoz, el zaguán, con una larga banca de madera fungía como sala de espera, este espacio tenía un pulido piso de cemento, lo mismo que todo el pasillo de la casa, el resto, salvo el consultorio, tenía un piso de barro que cedía, año con año, a la fricción de  los pasos.  Como en mi niñez fui visitante asiduo de esa casa, en todas horas del día, recuerdo por las mañanas a señores  y señoras de aspecto sencillo, quizás humilde, esperando por su consulta. Cuando el tiempo se lo permitía, el doctor Muñoz  almorzaba ahí mismo, no siendo raro que le entregara a mi tía todo tipo de productos del campo, con los que algunos de sus pacientes insistían, a falta de dinero, en pagar sus servicios.  Muchas veces, también, acudí como paciente y no llevaba yo, ni productos del campo ni efectivo. En la conciencia de todos los que le conocieron, se le consideraba no sólo un médico generoso, sino sumamente acertado. De ambas cosas hay sobrados testimonios de agradecimiento hacia su persona. Mi hermano y yo jugamos por toda esa casa pero, aunque no estaba cerrado con llave, desde siempre sabíamos que el consultorio no era parte del territorio de los juegos.  Quizá por eso tenía un aire de misterio, con su cama de auscultación de madera labrada, el biombo con soportes de fierro fundido, su frasco de abatelenguas,  otoscopio, baumanómetro y el infaltable estetoscopio.  Hoy sé cómo se llaman esos aparatos, en aquel entonces me parecían cosa de ciencia ficción, pero lo que llamaba nuestra atención eran los soportes de libros en su escritorio, dos monjes tallados en madera que, espalda con espalda, sostenían gruesos volúmenes de medicina, también dos pequeñas esculturas en chatarra de don Quijote y Sancho Panza. Aquél espacio estaba siempre limpísimo y luminoso, quizás acorde a la noble forma en que el doctor Muñoz ejercía su profesión.  
Saliéndome ya  de mi remembranza, comento que entre la clientela de origen humilde era donde se sentía más cómodo, me atrevo a decir que encontraba más sentido para su profesión ayudando que pensando en cualquier forma de lucro.  No fue raro que en los hospitales en que trabajó realizara cirugías sin cobrar, en otras pedía algún donativo para el propio hospital.
De su cercanía con la gente de Comonfort hablan las dos siguientes fotografías, ambas cortesía del doctor Alberto Méndez, en la primera se le ve compartir muy animoso con los demás asistentes a la toma de protesta del Sr. Félix Almanza Leal en 1942. Por si alguien no lo reconoce, es quien, casi al centro, sostiene la botella de sidra en su mano derecha.

En la siguiente imagen participa con varias personas del pueblo en algún recorrido por las cercanías, la fecha debe ser también de los años cuarenta.
Su carácter también le hizo protagonista de un sinnúmero de anécdotas, tenía un humor agudo, como en una ocasión que entró a consulta una señora muy bajita, como de 1.30 y le dijo: "Qué haciendo?, fulanita, ¿creciendo? Muchos de sus pacientes afirmaban que la mitad de la curación consistía en hablar con él,  la otra mitad la hacían los medicamentos. En los años setenta, mientras manejaba su vehículo, sufrió un infarto ( o algo cercano a un infarto), al intentar orillarse cayó en el canal de Soria, una persona que pasaba lo sacó y lo llevó al Sanatorio Celaya, al llegar iba dando instrucciones para su atención médica. Se cuenta que cuando la boda de uno de sus hijos, su futuro consuegro le mandó preguntar cómo iba a ir vestido, el doctor, poco afecto a ser protocolario, le mandó contestar que iría vestido de charro.


El doctor Muñoz ejerció la medicina hasta sus últimos días y tenía su clientela y sus pacientes, pese a rondar los ochenta años. Falleció en la ciudad de Celaya el 17 de Junio de 1992, habiendo ejercido su profesión durante cincuenta y seis años.

Agradezco al Sr. Jorge Muñoz Gómez la información proporcionada para la elaboración de este artículo, así como su confianza para la redacción del mismo.

Volver a Inicio



El Dr. Antonio Muñoz Martínez

 
El maestro escultor Jesús Méndez González


Uno de nuestros más asiduos lectores y colaboradores, el Arq. José González De Santiago, "El Chere", nos sugirió publicar algo sobre el maestro Escultor Jesús Méndez González, me dio una breve reseña sobre el maestro, así como indicaciones prácticas para obtener la información necesaria, misma que aquí presentamos, no sin antes agradecerle a José por su excelente sugerencia.

El maestro Jesús Méndez González nació en Comonfort, Gto, el 30 de mayo de 1942. Desde muy pequeño su familia emigró a Morelia, donde curso la escuela primaria, posteriormente ingresó a  la secundaria en la ciudad de México, no había terminado de cursarla cuando el deceso de su abuelo materno, radicado en Comonfort, le hizo regresar a su pueblo, haciéndole el encargo de ocuparse de una enorme huerta de aguacate  (muy prósperas en aquellos años).

Se cuenta que en algún momento de descanso estaba tallando una figurilla en madera y coincidió con una visita del Padre Agustín Ayala, a quien le sorprendió la calidad de lo que, el entonces muchacho Jesús, estaba realizando. Le preguntó si le gustaba esta actividad y si pensaba dedicarse a ello, entonces le ofreció hablar con el Lic. Enrique Fernández Martínez, exgobernador y propietario del Instituto Allende de la ciudad de San Miguel. Tan buena fue su gestión que le consiguió una beca en dicha institución. Cabe recordar que por esos años la proyección del Instituto era de orden internacional y era un referente para la enseñanza de las artes plásticas en la región. Ahí el joven Jesús, de 1956 a 1962, desarrolló su talento y aprendió muchas técnicas para la escultura y, pese a ser muy bueno en casi todas (madera, cantera, yeso, fragua), su especialidad fue el vaciado a la cera perdida.  Oficialmente,   esa asignatura fue la que desarrolló de 1970 en adelante (casi cuarenta años) para el propio Instituto Allende, aunque desde años antes laboraba en la institución. Ello no significa que no desarrollara su trabajo personal como escultor y que no tuviera su propio taller.

Cuando recibí este honroso (y pesado) cargo de Cronista Municipal, una de las primeras acciones que quise realizar, fue escribir al respecto de mi antecesor, el Profesor Plácido Santana a quien, pese a conocer  su trabajo como cronista y su participación en la cultura del municipio, casi nunca traté.  Le miraba pasar rumbo a la casa de su familia, pero siempre le vi un aire serio, como de persona muy ocupada (y lo era).   Apenas unas semanas después de rendir protesta acudí con el Sr. Enrique Santana para pedirle información sobre su hermano. Siempre me sorprendió y halagó la absoluta disposición de Enrique para facilitarme no sólo información sobre el profesor Plácido, sino sobre todo lo que hubiera investigado y sobre todos los documentos que se conservaran.
Como es evidente, en repetidas ocasiones le solicité alguna imagen, documento o información y siempre fue consecuente con su oferta inicial, lo cual nunca agradeceré suficientemente, pese a haberle expresado mi gratitud en cada una de esas ocasiones.

También llamó mi atención la forma en que Enrique procuró siempre preservar la memoria de su hermano y buscar el reconocimiento hacia todas las actividades que desempeñó. Entre las que recuerdo está la publicación del libro "Plácido Santana, treinta años en la Cultura de Chamacuero", mismo que no sólo fue escrito por Enrique, sino solventado en su impresión y revisión. Una vez presentado el libro, su autor se dedicó a obsequiarlo a todos ellos que hubieran conocido al protagonista de este interesantísimo documento. A mí me entregó una docena de ejemplares para distribuirlos entre los Cronistas del Estado que hubieran sido contemporáneos de su hermano.

Años después me mostró imágenes de un reconocimiento póstumo que recibió el Profesor Santana, de parte del Diario El Sol del Bajío, haciéndome hincapié en que mis publicaciones sobre mi antecesor habían contribuido a que los encargados de otorgar dicho reconocimiento así lo decidieran.

La Corresponsalía del Seminario de Cultura, cuando entregaba reconocimientos, entregó el "Laurel de Plata", galardón creado para los comonforenses de alto mérito ya fallecidos: Más aún, me atrevo a decir que el Laurel de Plata se creó específicamente para reconocer al profesor Santana, aunque posteriormente se entregó a otras personas.

En otro momento Enrique Santana y otra persona me invitaron a organizar un concurso de investigación sobre el municipio, mismo que se llamaría "primer concurso de Investigación Profesor Plácido Santana Olalde" y estaría dirigido a niños y jóvenes. Como la idea me pareció muy buena, me sumé con gusto y me encargaron ir pensando en las bases del mismo, cuando tuviera oportunidad de hacerlo. Como esos plazos abiertos, ese  "Uno de estos días" son el mayor sinónimo de nunca, a la semana siguiente llevé las bases redactadas en su totalidad y un tríptico, con ilustraciones incluidas, para orientar a los futuros interesados.  No sé quién debía dar el siguiente paso, Enrique pagaría los gastos de publicidad, así como los premios del concurso, el caso es que éste no se llevó a cabo, tampoco cuando se lo propuse a otra organización del municipio.


 
Los hermanos Santana Olalde

Volver a Inicio



Por esta pieza el maestro ganó un primer premio en la ciudad de Chihuahua, pero nunca acudió a recibirlo.
Después de la escultura, la segunda afición suya lo fue la lectura, leía entre pieza y pieza y en su escaso tiempo libre.
También era común que perdiera la pista de algunos de sus trabajos, mismos que terminaban en alguna colección para beneficio de los intermediarios, o que cambiara algunos de sus trabajos por herramientas especializadas, sobre todo con personas que iban y venían a los Estados Unidos. Inclusive, no solía firmar sus piezas, unas pocas de éstas llevan su firma. También afirmaba que el artista nunca vive de su trabajo, siempre debe tener alguna actividad complementaria que le proporcione estabilidad económica. Además, al ser su técnica más utilizada la cera perdida, cada objeto creado resultaba único, porque el modelo original se derrite para dar paso al bronce, y no existe molde para reproducir más piezas. Es decir que no había posibilidad de realizar muchas piezas de un mismo modelo y si esto limitó  la cantidad de obras que produjo, del mismo modo hizo única cada una de ellas.

Pero si no era un devoto de su arte ya terminado, sí lo era de su trabajo, solía acudir al Instituto Allende aún en domingos y días festivos, obviamente tenía su llave de la puerta para tal efecto.
También era un enamorado de su pueblo natal y, a diferencia de otros artistas famosos, no sólo no renegaba de éste, sino que lo promocionaba a la gran cantidad de extranjeros con que trató a lo largo de su carrera. Incluso llegó a pensar en establecer su fundición en Comonfort, peor lo hizo desistir la necesidad de ir y volver todos los días, máxime con la terrible carretera de aquellos años.
Nunca tuvo problemas de salud a consecuencia de su labor, pese a los riesgos inherentes de ésta, sin embargo ello no lo habría detenido,  él hubiera dado la vida por su arte.

El maestro Jesús Méndez González falleció en mayo de 2009. Cuando, ya mayor, se le complicaba trabajar la fundición, realizó esculturas en resina, con una técnica que catalizaba la pasta y dejaba unos minutos para darle forma.  Esta pieza es un ejemplo de ello.

Volver a Inicio



Volver a Artículos Recientes






Quizás esta enumeración de exposiciones y premios pasa a segundo plano cuando se tiene oportunidad de conocer su obra. Basta ver sus trabajos para percibir el talento que cultivó durante muchos años. Más aún, seguramente sus reconocimientos y su fama hubieran sido mayores pero ninguno de ambos le atraía, ni promocionaba sus trabajos, ni hacía publicidad a sus reconocimientos; ni siquiera actualizaba su currículo, más bien era común que los extranjeros le platicaran de los lugares donde su arte era exhibido.

En diferentes ocasiones le ofrecieron hacerse cargo de talleres de fundición a la cera perdida en Monterrey y en Texas, le daban muchas facilidades y le ayudaban a instalarse en su nuevo lugar de residencia,  sin embargo siempre manifestó una fidelidad ineludible para con el Instituto Allende. Además, aceptar estos trabajos obligaba a dejar muy de lado su labor individual como artista. Quizás hubieses sido más lucrativo, pero este asunto nunca le desveló, incluso no tuvo interés en promocionar ni buscar mejores escaparates comerciales para su obra.  No era raro que alguien manifestara interés por una de sus piezas y si el interesado decía, nada más traigo tanto, el maestro cedía y vendía su pieza por debajo del valor estipulado.   En otras ocasiones le solicitaban obras para alguna exposición, entregaba una docena, bien documentadas con sus nombres, técnicas, dimensiones, etc., a la larga se hacían perdidizas. Era un apasionado de su trabajo, lo demás, la fama, la comercialización, el lucro, el reconocimiento, eran secundarios.
Una anécdota colorida: era tan joven cuando llegó a estudiar que en más de alguna clase de dibujo del natural en la que, como es natural, había una modelo desnuda, le pedían que se retirara, dada su apariencia de adolescente. Cuando estaba cercano a terminar sus estudios, un maestro de Pintura, coincidentemente de apellido Pinto le dijo:
-Como no hay maestro de escultura, a ti te va a tocar la clase.
El único detalle es que las clases eran en inglés y Jesús le aclaró que no se sentía con la capacidad para expresarse en ese idioma. El maestro Pinto comprensivamente le dijo:
-Pues tienes hasta el fin de semana para aprenderte como se dice, en inglés,  "cera, bronce, metal, y todos los instrumentos que utilizas.

Además de la formación académica que mencionamos, se puede considerar que el maestro era un artista nato, pues entre sus recuerdos infantiles está el fabricar aviones con ramas y hojas, que recogía en un bosque cercano, mismos que vendía entre sus condiscípulos de la primaria.

Siendo aún un estudiante realizó su primera exposición, ésta fue en la Escuela Preparatoria de Celaya, en 1957. A partir de ahí no dejó de exponer su trabajo, fueron muy frecuentes sus exposiciones en el Instituto Allende. En 1965 fue invitado a participar en los eventos culturales de la Feria de San Marcos, en Aguascalientes obteniendo el Premio Especial de Escultura.
Expuso en el Palacio de Bellas Artes, en la ciudad de México, participó en la III y IV bienal de escultura en la ciudad de México.

Participó en exposiciones  colectivas en las galerías Horizon Gallery en Recport, Massachusetts y "Gallery  Catalina" de San Antonio Texas.
Algunas obras suyas están en la Galería Moderan de Banjaluka, antiguamente en  Yugoslavia y hoy en la Federación de Bosnia y Herzegovina.
Además de los trabajos que se conservaron en su casa,  sus obras se encuentran diseminadas por el mundo entero, muchas de ellas fueron vendidas directamente por el maestro a personas de Estados, Unidos, Canadá, España y muchos otros países.


La pintura no le llamaba la atención y no se consideraba bueno para esta disciplina, aun así llegó a realizar trabajos en diferentes técnicas, uno de ellos se utilizó para la portada de un libro.
Agradecemos enormemente a la esposa del maestro Méndez, la maestra Carmelita Gelasio, toda la información proporcionada para este artículo, y al decir toda quiero decir que todo lo escrito nos fue compartido por ella. Aquí conviene complementar que contrajeron nupcias en 1974 y tuvieron dos hijos, ninguno de ellos se dedicó a la escultura, aunque no les faltaba el talento necesario. Habiendo sido yo alumno en la escuela Tresguerras de Comonfort, necesariamente conocí a la maestra Carmelita y al haberla conocido necesariamente guardaba yo un grato recuerdo de su persona. Grande y agradable fue mi sorpresa al compaginar recuerdos y nombres en una misma persona, más agradable fue el nítido retrato que, sobre el maestro Jesús Méndez y su arte, esbozó para nosotros en unas horas de amenísima charla.
Estas piezas fueron vaciadas con la técnica de moldeo en arena sílica.
Pero si lamenté que tan buena idea no se concretara más lamenté lo siguiente:

En 2016 la asociación de Cronistas del Estado solicitó a sus integrantes, es decir los cronistas municipales,  información sobre las personas destacadas en el ámbito de la cultura nacidas en sus municipios, con la intención de proponerlos para la integración del Libro "Grandes Guanajuatenses", en su primer volumen, dedicado a la cultura. Yo envié la información del Profesor Santana, y del Pbro. Felipe Hernández Franco. Hubiera mandado con gusto información sobre Agustín Ayala pero no es nativo de Comonfort, lo cual a mí nunca me ha importado, pero a los coordinadores del libro sí (como es lógico).  También había la condicionante de que los propuestos fueran personajes ya fallecidos, lo cual descalificó a una media docena de chamacuarenses. 

El profesor Plácido Santana fue incluido en el libro, mismo en que figuran un centenar de coterráneos nuestros, algunos muy famosos, como Diego Rivera, Jorge Ibargüengoitia, María Greever o José Alfredo Jiménez; otros cuya labor compete más al ámbito de sus municipios, pero no por ello menos ejemplares en el trabajo desarrollado. Sin embargo, hay dos omisiones que me parecen graves: La del padre José Ignacio Basurto,  quien, como sabemos, escribió el primer libro infantil en América Latina. Para mi descargo esa falta le corresponde al cronista de Salvatierra. La otra es la del escultor Jesús Méndez González, ese sí originario de Comonfort, pero de quien tuve conocimiento apenas hace un par de meses, ello no me exculpa de su omisión, por supuesto.
Cuando supe de la inclusión del profesor Santana decidí esperar a la publicación del libro para llevarle un ejemplar a Enrique, presagiando el gran gusto que ello le daría. Nunca imaginé que los hados del destino tenían más prisa que los editores del libro.  Quizás sea esta contradicción la que me lleva a escribir estas líneas.  El primer volumen de los Grandes Guanajuatenses no se ha impreso aún.  Está disponible en línea en esta dirección:



http://www.guanajuato.gob.mx/GrandesGuanajuatenses.php


Es muy interesante en su totalidad, además ahí puede usted, amable lector, constatar la inclusión de Plácido Santana entre los Grandes Guanajuatenses de la Cultura, honor ganado con treinta años de trabajo en pro de la cultura de su municipio.
En la idea de proseguir con el admirable interés de Enrique Santana por el reconocimiento al trabajo de su hermano Plácido, le comparto el libro: "Plácido Santana,  treinta años en la cultura de Chamacuero", está en esta liga junto con otros trabajos en los que he intervenido, incluso como autor. Le invito a que lo lea, es el mejor homenaje que, individualmente, podemos rendirle a quien realizó tantas actividades en beneficio de su pueblo. También será un homenaje a los diez años que su hermano Enrique dedicó a preservar su memoria.

Libro: Plácido Santana Olalde Treinta años en la Cultura de Chamacuero



Volver a Personas y personajes






Volver a Personas y personajes






El maestro escultor Jesús Méndez González

Los Hermanos Santana Olalde