Chamacuero, Gto.
(También llamado Comonfort, Gto.)
Conversaciones
Esta sección, nueva por si alguien lo ha notado, surge a raiz del proyecto, muy aplazado, de elaborar un libro con testimonios de personas que han vivido por mucho tiempo en nuestro municipio. He recabado varios de esos testimonios, fruto de interesantísimas y amenas charlas con memoriosas personas, pero la posibilidad de concretar todo en un libro presenta dificultades que, en las circunstancias presentes,  me parecen insalvables.  Una forma, no poco relevante de corresponder a la generosidad de los entrevistados, es colocar sus testimonios en esta página, una vez que hemos creado un apartado para sus Conversaciones.   Nunca podré agradecer suficientemente a todos los entrevistados por compartirnos sus vivencias, sus opiniones y sus recuerdos. Yo estoy plenamente convencido de la importancia que sus palabras tienen para todos nosotros.  La posibilidad de reunir estos materiales en un libro impreso no queda del todo descartado; más aún, si usted, amable lector, tiene la sugerencia de algún memorioso creame que me dará mucho gusto acudir a platicar con él (o ella) en parte porque a la mayoría de las personas mayores les agrada charlar y compartir sus recuerdos.
 
Con la Sra. Raquel Moreno Barrón
 
Con Héctor Gónzalez, "El Rojo"
 
Con las pintopras Marisela Romero y Angelina García

 
Con la maestra Raquel Elías Mendoza
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Con don Luis Rubio Rivera

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Con don Armando Maldonado

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Con don Javier Pérez Centeno

En el año 2015 acudí a platicar con don Javier Pérez, resultado de mi interés por los rituales que, con "el más antiguo carro Alegórico de Semana Santa", se celebran año con año. 

Don Javier no sólo me platicó todo lo relativo a dicho tema, sino que me invitó a conocer y realizar el recorrido de "El Paseo de la Pólvora". 

Unos años después también me platicó lo relativo a la Peregrinación a Terreros.

Motivado por todo lo que don Javier contaba siempre, sobre el tema sobre temas afines y sobre temas no afines, pero muy interesantes, acudí nuevamente, en abril de este 2025, esta vez platicar con él sobre sí mismo. 

Como siempre mis raras intervenciones o anotaciones van entre corchetes [  ]
Toda mi familia me pregunta por qué no he hecho un libro acerca de mi vida, yo les digo que no es un libro, que son unos tres los que pudiera hacer.

Yo nací aquí en Comonfort, el 18 de abril de 1959.  Únicamente salí del sexto año de primaria, no tuve más escuela. Mi vida fue durísima porque desde muy temprana edad mi papá me puso unas friegas, pero friegas, a mí y a mi hermano Carlos, por el motivo de que ya no quise estudiar.

"¿Ya no quieres estudiar?" Me ponía a ordeñar hasta 17 vacas, a darles de comer, me paraba a las seis de la mañana; en la tarde, cuando ya quería salir a dar la vuelta me decía: "Ve a los animales".

Un día le dije: "Ya no quiero las vacas, ya me enfadé". "Te vas con tus tíos a la amarilla". Todavía tenía mi papá un dominio sobre mí. Ahí voy, duré un tiempo en la Amarilla: Comonfort, Escobedo, Celaya, Cortazar, Jaral, Valle y para acá. De cobrador, me enfadé y me vine.

"¿Qué pasó?". Me dijo mi papá. "Ya me bajé". Agarra y me lleva a Salamanca. Un tío mío era el Secretario general del Trabajo en una construcción nueva que se estaba haciendo aquí en la entrada a Salamanca.
"¿A dónde me lleva?" "Vamos a ver a tu tío". Yo sin conocer Salamanca, nomás de repente agarramos el camión. "Por aquí va a pasar" dijo, como si ya hubiera sabido. Pasó el tío. De volada le dijo si no tenía un trabajo, de soldador de ayudante de soldador.
Me preguntó: "¿Le gusta mijo?" "Sí, pues el trabajo… ¿a quién le gusta?, pero pues hay que trabajarle. Vamos a calarle".
Empecé y era una altura moderada, luego para arriba y para arriba. Ya cuando acordé, como a los tres meses y medio, andaba a la altura de tres postes, metido en una canasta que se movía más de lo que uno se imagina. Yo ya no le ayudaba al soldador, nomás agarrado, con los ojos cerrados. Ya cuando hubo la manera de bajarme le dije al soldador: "Sabes qué maistro, me voy". Y me vine, tendría yo unos  diecisiete años. Me dijo mi papá: "¿Que pasó?" "Ya me vine, me tocó hasta tal altura". Y un hermano mayor, que ya murió, dijo: "Huy, pero cómo serás tonto y que esto y que lo otro… ¿y ahora?"

Norte. Me fui, ese sí lo pedí yo, yo escogí norte. Allá aprendí lo que no tiene idea: me pusieron a desarmar una empacadora, toda la deshice y toda la armé, diferentes tipos de fierros y decía el gringo: "Ándele", agarraba el periódico y hacía como que leía. No estaba viendo el periódico, a la hora de armar me estaba checando siempre.

Le serví mucho,  mucho, me enseñó de todo, ya de diecisiete años y medio yo manejaba hasta catorce horas. Estuve en un hipódromo, manejaba trailas, trocas, de todo, hasta Torton me enseñé a manejar ahí. Me gustó mucho y duré tiempo, ahí aprendí muchas cosas, inclusive galopaba caballos, en la pista no en el hipódromo, en el rancho, un rancho de seiscientos caballos.

Después ya me vine para acá, en el ochenta, ya me estacioné acá, tenía veintiún años, pero desde antes de irme empecé el boxeo, aquí en Comonfort; me fui para allá y allá mi mayordomo, que era el encargado del rancho, era policía retirado, me enseñó tantas cosas de defensa personal y de todo, un policía americano. Por eso cuando regresé en seguida anduve ahí con la judicial, como dos años, tres, sin sueldo.

Me enseñé al karate y con el boxeo que traiba, practiqué el pleito callejero, podía con tres o siete, peleaba hasta tres o cuatro veces por semana. Yo ya no buscaba el pleito, me buscaban, no sé por qué, pero me buscaban. Estaba en Jalpilla, peleaba en Jalpilla; a la media hora estaba en La Palma, peleaba en La Palma. A los veinte minutos ya estaba en Camacho… fui tremendo. Luego me metí de judicial y me salí. Fui Rural. Fui lo que no sé imagina. Hubo un tiempo en que me preguntaba el coronel: "¿En cuántas horas se brinca uno de San Juan de la Vega a los pueblitos de allá, donde puede entrar carro?" "En tantas horas, por ese lugar" Por eso digo que hubo ocasiones en que también llegué a ser guía del ejército.

Pero empezó la compra de animales, me metí con mi papá y con mi hermano. Ahí vino lo bueno. Me gustaba mucho jinetear, lo mismo me daba al derecho que al revés, volteado para adelante que para atrás (estoy muy golpeado por los animales). Se llegó el tiempo en que durábamos hasta cinco días en una hacienda, ahí en los cerros altos, no arriando, lazando el toro libre. Había como unas cuatrocientas reses libres y teníamos que lazar todo el toro grande.

Ahí fui un artista en el lazo que nunca pegaba dos lazadas. Tantas anécdotas bonitas. Había gente que se desplazaba siete u ocho kilómetros a pie para ver lazar al hijo de don Rafa. Fui una cosa sobrenatural para lazar y para montar el caballo, como no tiene idea. Ya lazado me ayudaban dos o tres, yo lo lazaba, le daba el agarrón, se lo daba a un ayudante, me daban otra riata y lazaba otro. Era un maestro del caballo.

Recuerdo varios datos y anécdotas: Raymundo Díaz, anduvimos en lo mismo, en los jaripeos. Raymundo Díaz nunca pudo hacer una yegua a la rienda en un año, yo en seis meses sacaba un caballo bien arriendado. Gonzalo, el de la Purina, admiraba la rienda que yo daba. Hay otro que se llama Lupe Abascal, un chaparrito, él decía: "Yo no sé montar a caballo como sabes tú, pero conozco demasiado de eso, he andado en todas las charrerías, en Celaya, en Apaseo; no hay mejores caballos arrendados que los que arriendas tú, que Díaz ni que Gonzalo ni que Áyax González".

Yo para todo me seleccionaba, me esmeraba para ganar puntos en la lazada. Me ubiqué para ser el mejor lazador, para correr pollos en las fiestas que se jalan; sacaba muchachos del caballo ajeno al mío, de cien kilos, ciento diez y nunca los soltaba.

Yo supe mucho, estudié mucho y tuve lo que no tuve idea. Ahorita hay mucha gente que me admiró mucho y hasta hoy día dicen: "El mejor lazador del cerro fue Javier".

A Armando Maldonado una vez se le soltó un toro, ahi anduvo arriba. Me dijo: "Oye, se me soltó un toro, se me salió del corral".

Yo le sembraba las tierras a Armando, estaba a medias con él. Le pregunté: "¿Dónde anda el toro?". "Está arriba en Las Espuelas, ¿por qué no me lo lazas?, llévate el rifle, te presto pistola y rifle". Le contesté: "Mando, yo te lo traigo vivo". No me creía. "Armando, en una pasadita me lo chingo". Por Dios que se burlaba Armando de mí.

Poco después me tocó el punto otra vez. Le volví a decir: "Nombre, en una pasadita yo te lo traigo vivo". Se burló de vuelta, por segunda vez. Le dije: "Oye, ¿por qué no vas con los Díaz?" y me dijo: "Pues si en los corrales de los jaripeos andan a  duro y duro y no pueden lazar un toro… Yo sé, por medio de la gente, lo que se habla de ti, ningún cabrón de esos te llega. Yo le compro a todos, toditita la gente, todos hablan bien de ti, eres el mejor lazador. Bueno, te llevas el rifle". "Nombre, te lo traigo vivo, nomás consígueme el guía y me voy" le dije.

El día menos pensado llegó alguien: "Que dice el patrón que si no le haces favor de ir, ahí está el guía en la carnicería". Eran las nueve de la mañana. "¿Qué pasó, Mando?". "Aquí está el guía" me contestó. En ese entonces me dio cuatrocientos pesos y me dijo: "Compra riatas de las buenas y me avisas". "Ta bueno, deja ir a ver". Me dijo: "Si bien, si no mañana o pasado. Ya subimos, estaba la charca y las peñas allá arriba, metí mi gente, acomodé, me llevé dos muchachos; con el guía y yo éramos cuatro. Preparé las riatas, subimos con la troca hasta media ladera de Las Espuelas pa' arriba. Pedí el permiso, le dije al guía: "Conozco la charca, échales lazada y grítale a las vacas". Sí llegaron como cuarenta vacas, me quedé mirando, "Ave María Purísima", un torito de este tamaño [pequeño]. "Nomás falta que este sea el toro", un toro de lidia, de los del toreo. "Ah caray, por eso Armando quería que lo matara, bueno".  [¿Es más bravo, más difícil de lazar, más mañoso?] Tiene más carrera que un caballo, alcanza a uno de volada. Son los que torean en las plazas. "Ave María Purísima. Tú vete pa'allá, tu para allá y vamos a ver a quien le cai". Pero sí las riatas estaban como unos dieciocho metros. En la primera no le hicimos nada, no pasó cerca de mí, le pasó por allá a otro compañero, de lejos de mí como a veinticinco metros.  Me dijo el guía: "Se sube al cerrito y regresa" les dije: "Échame pa'ca otra poca de sal y dense la vuelta, si les chiflo es porque llegó el toro". Llegó toda la vacada de vuelta y el toro. Acomodé a mi gente: "Ahora sí, si el toro gana para allá tú corres allá y se le juntan pa´que tape, que se me venga ¿okey? Yo voy a entrar en medio de la manda ¿entendido?  Ustedes no vayan a venirse sobre de él, no, se recorren, se tijerean pa' que no tenga salida." Pues que lo pesco de aquí (del hombro) con todo y una mano. Me corrió ahí arriba del cerro, de subida se llevó la riata arrastrando, unos diez metros, me le pegué de subida como un kilómetro, en la misma se van a detener poquito, de ratito empecé a ver la riata, hay va, hay va, cuando la alcancé lo amarré a muerte en un palo, y voltié y vi a mis amigos que venían a la cuesta abajo: "Coooorranle hijos de su diez de mayo, que ya lo tengo amarrado". Hasta entonces corrieron, no lo podían amarrar, le quité la riata a uno, lo lacé, "Ahora sí está seguro". Lo tijereamos, una riata pa'ca y otra pa'allá, no se movía, me dijo el más viejo de ellos: "Quedaste muy bien, ¿ahora pa' llevarlo?". "No te preocupes". "¿Cómo lo vamos a mover?, esta fuertisísimo". "No te preocupes". Lo amarré lo tumbé, le amarré la mano bien pegadita al cuerno, y vámonos, ahí lo tráibamos, ya no nos alcanzaba pero sí tenía una carrera tremenda, y con riatas largas pa' delante y con riatas largas para atrás y lo enmanillamos.

Eran las tres  y media y sin probar agua ni comida, vi que mi compadre traía algo en el cuadril. "¿Es eso un teléfono?". "Sí", ¿Sirve pa´ llamar a mi casa?". "Sí". Ya hablé a mi casa y les dije que hablaran y le avisaran a Armando que ya traíamos el toro, que íbamos a llegar a la troca, pero no hemos comido, ni almorzado, ni tomado agua. Armando en persona subió con el Chino de Las Espuelas, el que estaba de encargado.

Iban a media subida cuando yo ya traiba el toro en la troca, le dije a Armando: "Mando, a ver mira  si ese es el toro". "Es este". Bien llegamos al puerto: "¿Dónde lo quieres?". "Acá en el corral del pozo, si se salió del otro mejor en este". Ya cuando llegamos nos bajó la canasta, carnitas, chicharrón, refrescos, en ese tiempo (hará dieciocho o veinte años) al peón se le pagaban ciento veinte pesos, a los ayudantes míos les dio trescientos. "A ver güero", le dijo al de la rinconada: "Tú que eres el mas viejo, te voy a hacer una pregunta: ¿Quién lazó el toro?" Y el güero muy despreocupado le contestó: "Uh, Javier se lo chingó en una pasadita". Armando nomás movió la cabeza y sacó la cartera. Me dio mil pesos. Le dije: "Es mucho, Mando, yo bien servido me hubiera quedado con ciento cincuenta pesos, es una diversión". También le expliqué: "Tu toro no viene golpeado, tu toro no viene apedreado, lo puedes matar hoy, mañana, pasado mañana". De ahí me agarró una ley,  decía, "Este sí puede". 
Pero yo era tan peleonero que hasta el mismo inspector de policía, don Porfirio, tenía miedo de que me fueran a matar, y se lo dijo a su señora y su señora me lo dijo ya que había muerto el inspector: "Tengo miedo que maten a Javier. Es muy bravo, pero él ya no busca el pleito. Lo buscan si no". Yo podía mucho. Tenía un don y lo tengo, una ratero se lo detecto de aquí a la orilla entre el gentíllar. Nomás me quedo viendo y lo detecto Para conocimiento suyo yo voy en la calle caminando, volteo y ya esa perdona me está mirando directamente a los ojos. Eso ya es materia de otros conocimientos que tengo, de otro tipo. Tengo esos dones a raíz de que un toro me embistió y de ahí me bajó todavía un poquito más y sé mucho, conozco mucho como no tiene idea.

Esto fue lo que me hizo quitarme de los jaripeos, quitarme de los pollos, quitarme de todo, yo no voy a provocar una lástima que digan ya no puede, me retiré a tiempo, para evitar una fractura. Yo me dedicaba a estudiar de lleno una sola cosa, de lleno le dedicaba. Cuando entrenaba en el box tenía que brincar quinientos brincos en la cuerda, yo de aquí subía corriendo al cerro en treinta y cinco minutos iba y venía.

No, llevé una vida en verdad tremenda, agarré toros de los más peores. El dueño del rancho se llamaba Pepe Mercadillo, yo tenía que ayudarle en el tentadero, tenía que vacunar a toda la vacada. Fíjese nomás, entonces yo conocía a fondo todo lo que es la tauromaquia. Entonces había otra persona que estaba rumbo a Rodríguez: Jorge Barroso. Yo le vendí un caballo que lo hacia que se acostara y rodara. Me quería en su rancho, me decía: "Llegas de lleno, ganando sueldo de caporal". "No, don Jorge, yo estoy acá con Pepe. No me gusta un solo lugar. Yo me dedico a comprar ganado y usted me va a querer tener encerrado en su rancho y yo no me acostumbro a estar encerrado, yo soy un navegante que no me estabilizo en un solo lugar". Se le quitó la idea al señor, pero también tenía la ganadería brava, llevaba a España, los embarcaba en avión.

Yo conocí muchos toreros y mucho ganadero, nunca me dio por torear, no, no, pero sí lo que era el jineteo. Yo fui íntimo amigo de Salomón Rojas. No sé si lo oyó nombrar en aquel tiempo, el que montaba en la Rodolfo Gaona. También el indio Juárez, montaban toros, toros. Cuando todavía no usaba la espuela que se les mete en la carne y es lo que los detiene. No, montábamos a lo mexicano, con la espuelita nada más agarrada. Esa espuela no tenía filo. Ahora toda la espuela que usa el jinete se clava en la carne y es lo que lo detiene. Antes era a mano, a lo mexicano, era lo que yo les decía a los jinetes, a mí me tocó a lo mexicano.

Traiba un caballo tan educado que se iba hasta cinco metros arrastrando en las lajas; bajaba yo en medio de la manada de doscientas cincuenta vacas. Mi papá no la creía y tuvo que subir a verlo y me dijo: "Sabes qué, no te vuelvas a atascar entre la animalada, nomás con una falla que tenga tu animal, te deja desecho toda la animalada que viene atrás de ti". "Pero si no me meto entre la animalada para salir rápido a la punta, tengo que dirigir toda la manada a la hacienda y bajando todos a la hacienda escogemos ahí el torerío que nos vamos a llevar". Me dijo: "Sí, pero vale más tu vida que los pinches animales".

La vez que me accidenté, estaba aquí, tenía varios animales y estaba un toro grande, grande. Pesaba como una tonelada doscientos kilos, y me quedé mirando los animales para escoger unos  para venderlos; era un toro fino, de vaca de leche, no era ni cebú, le di una nalgada y me le adelanté poquito, estaba viendo para allá y, aunque era un toro manso, que da la vuelta como si lo hubieran picado con chicharra eléctrica, lo vi que venía la cabeza y que me encorvo, pasó la cabeza y me levantó con la pura nariz, me aventó bastante para el tejado y lo vi que venía, pensé, "En cuanto caiga me va a matar". Caí, me revolví y caí adentro de la pila del agua y de ahí me zafé, pero ya iba fracturado de este pulmón. Me pusieron zonda y me sacaron casi los cuatro litros de agua con sangre. Tenía una sonda aquí y aquí, tórax y esternón, duré dos años para poder levantar una paca de paja y aún así trabajaba la maquinaria, tractores y para apretar las tuercas no usaba las manos y el apretón era diferente. Seguía comprando reses, pero llevaba quien las cargara.

Esto  pasó hace quince años (2009). Me llevaron de aquí, me llevaron con Guillen y radiografías y radiografías y yo en un grito. Llegó el momento que me tenían sentado con un chaleco, yo tenía visita, dicen, de un primo hermano de mi señora y un muchacho que iba con él, cuñado suyo. Después de estar en un grito, en un grito, entre sueños decía yo: "¿Por qué lloran?, ¿por qué corren?". De repente uno de estos muchachos dijo: "Ya se chingó", de ratito llegó el otro: "Ya se chingó". Sí, lo afirmó: "Ya se chingó", y yo pensaba: ¿Quién se chingaría?

Yo ya no sentía dolor, estaba dormido, sabrá Dios, de repente sentía que me empezaban a jalar del pecho: "'Ora, ¿por qué me jalaran del pecho? Cuál, eran los electroshocks. Y de rato dejaron de jalonearme y yo nomás oía un zumbido, un zumbido y nomás que decían: "Pídale a Dios que llegue a Celaya, pídale a Dios que llegue a Celaya". Y yo: ¿Quién irá pa' Celaya? Cuando desperté fue cuando sentí algo caliente, "Ah caray, me están echando agua caliente". Cuando entra el tubo, que despierto, sería cuando empezó a drenar aquello.

Antes vi muchas cosas del pasado, vi a mi familia muerta, desde mi abuelo que no conocí; muchas cosas en el cielo, vi mucha gente de medio cuerpo, pelo suelto, todos de blanco; vi tanta cosa. Luego Platiqué con Pérez Páramo, Sacerdote de ochenta y cuatro años. Me dijo: "Te fuiste, sí,  te fuiste, hijo. Desde el momento en que aquí se te quitó el dolor y nada más oías a aquellos. Desde ese momento estabas ido. Pero no te apures, tu existencia en la vida terrena no ha terminado, por eso no te quisieron allá".

En Celaya, en el hospital, duré como casi ocho días. El doctor que me valoró venía de México y dijo: "Piénsenle porque va a durar quince días o tres semanas en terapia intensiva". No duré ni un día, checaron todos mis signos y dijeron: "No, este muchacho va a cuarto". Fueron padres del seminario a confesarme y luego, como a los doce días que me vieron parado afuera de mi casa, dijeron: "Pero hombre, si te vimos que tenías más pinches mangueras que una camioneta americana (así dijo un padre) y ya estás aquí parado. Yo pensé que no ibas a salir de esa".

De los cargos que tengo, que llegaron a ser cuatro, el primero debió ser la peregrinación a Terreros. Yo ya me venía del otro lado, eso fue en el 78, para ir a la peregrinación a Terreros; venía ocho días y me regresaba.

Entonces póngale que del 81 para acá, hasta hoy en día, estoy en la organización de la peregrinación. Enseguidita entré luego, luego a la mesa directiva y hasta hoy día soy vicepresidente de toda la peregrinación. Ahorita estamos manejando 73,000 de  a caballo ya en la llegada allá.

Me toca desde Dolores Hidalgo, Santa Rosa Jauregui, San Juan del Río, Querétaro, Los Apaseos, todo lo de acá de Irapuato, Celaya, lo que baja de Acámbaro; lo que no tengo conocimiento es de lo que viene del lado de Jalisco. También viene una parte de Michoacán, pero en lo que cabe, todo lo que viene de aquí. 

El cargo del Cristo de la semana Santa lo tenía mi abuelo, mi abuelo duró… mi mamá murió de ochenta y cuatro años y de ocho años la llevaban a cambiar a la Virgen y mi abuelo, con otro señor, cambiaban al Señor; así que dese cuanta, desde qué fecha mi abuelo ya era encargado.

Duraría unos setenta años, ya después ya él ya no pudo, se quedó otra familia de por allá del Calvario; al cura no le pareció y fue cuando me hablaron a mí y a un tío y fue cuando nos hicimos cargo. Mi tío se fue pal norte y hasta hoy día, tengo más de veinte años yo solo con el cargo del Señor.Sí es posterior a la peregrinación a terreros.

El Corpus de los campesinos, yo, para ubicarnos, agarré dos años con el cura Nambo, estaba yo jovencito (1983). Ya estaba yo casado, el cura Nambo fue el que me casó y desde entonces estoy en el gremio de campesinos.

[Todas estas actividades, ¿considera que usted las ha buscado, o se las avienta la gente porque ven que usted sí trabaja?].

Bueno, había un señor grande que fue el primer celador, el recibió su cargo en 1959 por un sacerdote de acá cerquita de terreros, porque la parroquia pertenecía a un pueblito que se llama Xoconostle.

De ahí le dieron el cargo a ese señor que era de Roque, como Primer Celador de Caballería en el 59. Entonces, cuando yo ya ingresé. Sin ser celador le ayudaba a dirigir la peregrinación, sin que me dijeran. Yo:" Acomódense, fórmense, no te salgas, tranquiliza al caballo". Yo nunca vi a ese señor, pero dicen que nomás me estaba cuidando.

Cuando tuvo el tiempo de hablar conmigo me dijo: "¿De donde eres?". "Comonfort". "¿Trais grupito?". "Hay venimos como unos veinte". "¿No te gustaría ser celador?". "Pues sí, ¿por qué no? Porque no traemos bandera, nomás venimos así, ni estandarte, ahí nomás venimos a la aventura". "¿Te gustaría ser mi secretario?". "Ay señor, pues con todo gusto", y de ahí pa´ ca agarré la Secretaría de él y hasta hoy día. Luego dejó a un hijo de él, el hombre ya quedó grande, el hijo de él se acabó.

Todavía vive pero ya no puede montar y ya ahorita traigo otro, pero de ahí mismo de Roque. No puedo subir yo a presidente de la caballería porque le corresponde a Roque, debido a que es el cuartel general de donde inició la caballería. Yo no lo ambiciono, de todos modos yo soy el que mangoneo toditito.  Como verá, todos esos cargos van de la mano.

En el paseo de la Pólvora me involucré por lo siguiente: Cuando Lalo (Aboytes) era un muchachillo (yo soy más grande, acabo de cumplir 66 años), Lalo era un pollito cuando yo me casé con mi esposa. No sabía de casi nada de lo relacionado, cuando yo ya me iba al Paseo. Mi esposa era prima de Lalo. Mi suegro era hermano del papá de Lalo, entonces ya con más confianza me arrimé.
En una ocasión el padre Briones quiso quitar el cuadro y todo el Paseo, entonces vino el papá de Lalo y me pidió que abogara por el cuadro, que iba a ir toda la gente, yo dije: "No, si voy y si lo acompaño, pero nada más usted y yo. Porque hay mucha gente muy malhablada.



Yo peleé con el cura Briones y le quité la intención de quitar el Cuadro.

Luego ya no nos daban la misa en San Agustín. Cuando murió el padre Agustín mandaron al padre Poli para allá y fui a pelear con Poli, también lo hice entender y volvió a darles las misas.

Está medio canijo pero en esta vida hay que hacerla de todo.

Hace unos años que nada más acudo al Paseo con mi caballito, ya no llevo el tractor ni soy parte de la organización, estoy pagando unas mandas que debía de hace tiempo.

[¿No se le llega a hacer pesado encargarse de tantas cosas?, o ¿tiene una motivación especial?] [ Don Javier lo piensa unos momentos]

Como que Dios nuestro Señor, va acomodando las cosas y me deja los huecos para atenderlo.

En eso me he fijado. Tengo mucho trabajo, ahorita tuve que cargar un montón de pacas, acarrearlas. Tengo mi trabajo del campo, pero tengo el tiempo para el Señor, tengo el tiempo para atenderlo.

Mañana tengo una misa de todo lo que es Caballería aquí en el tlacuache. Tenemos ahora un carro capilla y se lleva a donde lo solicitan y se da misa.

He tenido una vida… y ahora estoy totalmente en paz, hay mucha gente que me busca por una cosa, por otra, un consejo, una opinión.

Y estoy en paz.
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Con don Javier Pérez Centeno

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Con don Felipe Vázquez

Hace unos años, por sugerencia de un amable lector de mi página, el joven Miguel Ángel Ramírez, escribimos (Miguel Ángel y yo) un largo artículo sobre los panaderos de Chamacuero.

En esa ocasión platiqué con don Felipe Vázquez. Después, cada que tenía oportunidad de saludarlo, en los rumbos de su panadería, me volvía a platicar alguna anécdota.

Por ese motivo regresé un sábado a charlar con él. Además de una bolsa de pan delicioso que don Felipe me obsequió, este es el resultado de aquella conversación.

Mis muy eventuales preguntas o aclaraciones van entre corchetes [ ].
Yo nací el 5 de diciembre 1943, aquí en Comonfort. Mi padre fue panadero, era bolillero, se llamó Domingo Vázquez, mucha gente lo conoció en su panadería que todavía está en la calle Allende. Pero yo aprendí en la panadería de doña Nina, hermana de Pepe Ortega, ahí en la contra esquina de Los Pinos [Hidalgo y Juárez].

En esta misma calle, casi hasta arriba del Calvario vivía Manuela Romero, su hermano estaba estudiando para padre, pero se casó con una muchacha de la calle de Ocampo. La casa de Manuela Romero salía del otro lado y por aquella calle de Guerrero tenía un kínder, ahí fui con mi hermano. Yo estaba en primero, pero lo alcancé a él que estaba en tercero. Para todo fui bueno en la escuela menos para escribir, todavía escribo con letra de esa pegadita, la otra, la separada no me sale.

Del kínder entré a la Manuela Taboada y ahí terminé la primaria, llegaban muchos chamacos de la escuela de las madres o de las comunidades, porque en sus escuelas no había ni quinto ni sexto, si querían terminar su primaria se venían a la Taboada.

Ya desde antes de salir de la primaria le entraba a la panadería, aunque a mí mi papá no me dijo que fuera panadero. Fui el único de mis hermanos que tuvo esa vocación, yo creo que porque de chiquillo (yo era el más pequeño y tendría siete u ocho años) mi mamá me mandaba a llevarle un taco a mi papá que, como bolillero, trabajaba de noche; los otros panaderos, los que hacían el pan de dulce no tenían eses turno.  Los bolilleros empezaban a las cinco de la tarde, hacían la masa, porque la masa del bolillo se hace a mano, por eso ya no la saben hacer. Luego de hacer la masa se iban a comer a su casa y regresaban a las ocho de la noche y de ahí hasta las cinco de la mañana, porque se hacía mucho bolillo.  Yo iba allí en la noche y me ponía a hacerle, a barrerle a limpiarle, cualquier cosa que podía yo hacer, y de rato ya me decía mi jefe: "Vete, ya van a cerrar". En ese tiempo se fijaban que no agarrara uno panes. ¡Vendían hasta las migajas¡

En ese entonces, cuando yo me estaba enseñando, el pan costaba cinco centavos, pero sí tú comprabas un peso de pan te daban veinticuatro piezas, no veinte: con ganancia. Por eso las tiendas vendían menos, porque a ellas les daban con la ganancia también igual. Entonces las panaderías vendían mucho, no había pan de veinte centavos. Eran de cinco, de a diez. Empezaban a hacer, lo alcancé a ver, el pan de veinte centavos; quiere decir que te daban seis por un peso y doce de diez, con lo que le llamábamos la ganancia. Alguna vez, chiquillo fui a Santa Cruz y también hacían, todavía, pan de a cinco centavos.

Yo tendría catorce años cuando me dieron mi título de panadero, duré dos años perfeccionándome. Pero era puro pan de migajón: conchas limas, semas, ladrillo de granillo. Ahorita ya no saben hacerlo, nomás que ya no hay granillo yo aquí hacía ladrillos de granillos, semas; ya ahorita ya no hacen semas, ahora las semas las hacen de la misma masa.

A mí me enseñó don Chon cuando trabajamos con don Pepe Ortega, con doña Nina; yo la conocí, no le hablé, pero sí la conocí, ya no podía manejar el negocio, se le quedó a don Pepe y luego se lo pasaron a Félix Cantero. Félix Cantero evolucionó mucho la venta del pan, porque las tiendas que vendían pan iban por él a la panadería. Por eso las tiendas vendían poquito porque las panaderías vendían con todo y ganancia. Las que había, porque todavía no abría don Luis Anaya, el que hacía era don José que le decían el Torolas, él estaba aquí abajo en la esquina de la calle Cortazar. Yo no trabajé tampoco con él, pero era mi amigo el señor, aquí vivía abajito.
A mí me ha gustado todo el tiempo hacer pan, aquí con mi panadería chiquita he trabajado mucho, con mi padre trabajé mucho, a pesar de que no recibí nada. Sí mis hermanos sí se metían, pero ellos no eran panaderos, nomás se metían como de extras cuando faltaban, pero nunca se dedicaron a especializarse, ya después de más de veinte años que duré con mi padre, que me… o más bien me echaron para afuera, yo fui viendo qué otras clases de panes había, trabajé en Celaya, en la Canasta, en el Buen Gusto, acá en la Espiga en San Miguel. Había dos Espigas. Quién sabe si los conoció, unos muchachos que se apellidaban Oviedo que vivían aquí abajo: Trini; se casó con una hija de Don Luis Anaya, la más grande y Gerardo, ese puso una panadería chiquita allá en San Miguel, porque eran bien amigos de Félix Cantero y ahí más o menos se enseñó, cuando Félix Cantero ya se fue a la calle de Allende.

Cuando Félix Cantero abrió allí evolucionó mucho la venta del pan, ¿cómo? porque empezó a entregar y sacó una camionetilla en abonos, nuevecita, en aquel tiempo en cuarenta mil varos, especial para repartir; entonces ya se juntó con panaderos grandes, se llamaban Felipe e Ignacio Álvarez y Felipe, uno que tenía una panadería en Escobedo y Salvador, el que tenía la panadería que está en la misma calle de Allende, a un lado de "La Cucaracha".

Por cierto que una vez se juntaron los tres y se fueron a la fiesta de San Miguel, en septiembre,  se pusieron bien jeringos, llegaron bien pedotes y chocaron en la camionetilla nueva; toda se chocó y así chueca andaba repartiendo el Pan, pero luego compró una camioneta especial, como de esas que usa la Bimbo. Todavía hasta la fecha andan unas camionetillas viejas y esas reparten todavía. A Félix le fue muy bien, porque fue uno de los primeros que empezaron a repartir pan, ya después todos los demás.

Mi papá estuvo en su panadería hasta que falleció, se murió de borracho, él y todos mis hermanos, se murieron de lo mismo; se le reventaron los intestinos a mi papá, no duró mucho, sí lo metimos al sanatorio, pero no duró mucho. Y se quedó con el negocio mi hermano, con el que tuve problemas, el que me echó para afuera.

Ya hace cuánto que también se murió, la panadería hace años que la tiene la nuera; pero también está bien mala, fue a la que le mataron la muchachita [Jovita], ella era mi sobrina. Mi hermano, el más grande, se llamaba Benjamín, estaba en México. Se murió cuando empezó la pandemia, el día que empezó la pandemia, cuando ya hubo el cierre de todo, falleció. Todavía lo llevamos con música, porque lo trajeron de allá para Comonfort. Todavía se podía. Ya después empezaron a cremarlos, pero no tanto porque no hubiera lugar sino porque no querían que se juntara la gente, ni en los velorios.

A mucha gente le prohibieron velarlos, les cerraban la puerta, aquí hubo hartos que se murieron y les cerraban la puerta: no hay, y en los rosarios, la pura familia. No querían que hubiera muchos, estaba bien dura la cosa. Pero todavía alcanzamos a enterrar a mi hermano con música.

Fuimos siete y soy el único que queda, porque no tomé, que sí tomé, dicen. No, se equivocan conmigo. Muy atrás decían: "Mingo, ¿qué pasó, Mingo?". No pues yo no soy Mingo, yo me llamo Felipe y tengo un hijo Felipe aquí. Se me murió uno y tengo un nieto Felipe, se llama Emiliano Felipe. Todavía está ahí, es maestro en la Taboada, los demás ya los pensionaron.

[Y para el Corpus, obviamente para el de los panaderos, ¿le piden cada año su cooperación?]

No, más que eso: yo era al encargado, pero ya lo dejé, lo dejamos porque la gente ya no apoya, no da nada y poner uno lo que falta no pesa, porque es para la religión en la que uno cree, pero se supone que somos un gremio no una sola persona o unos cuantos. Este año ya no hicimos nada, somos los panaderos con los pasteleros y los estilistas. A un pastelero le pedimos su cooperación y nos dijo: "yo te la llevo" y nunca vino. Y el padre nos dijo: "Síganle, que no se pierda, aunque sea la misa". Pero la pura misa sale en un poquito más de veinte, él ahora cobra mil quinientos, quería que le ayudáramos con el arreglo. Los carniceros nos cobraban seis mil pesos por dejarnos el arreglo y dijo la encargada de los carniceros que no, que era muy poquito. Luego los cuetes para los corpitos, cada gruesa vale pasado de mil quinientos.

Si decidimos no hacer nada, más que la misa, va uno y les pide y dicen: "Si no va a haber nada para qué lo quieren, va a ser para ti". Por eso este año [2025] ya no hicimos nada, entonces el señor cura nos mandó llamar y yo fui a avisarle a la notaría luego, luego, y le comenté al que está en la notaría; me dijo: "Vengan el sábado que es cuando va a estar aquí". Y le dije: "Pero dile para que lo quiero: nomás quiero avisarle que ya no vamos a poder seguir". Fuimos el sábado y no nos recibió, que no tenía tiempo, que después sacáramos cita y yo pensé: Para qué quiero cita si no voy a arreglar ningún asunto, nomás voy a decirle que ya no se puede, para que le busque. Ya después nos pidieron que mandáramos algo de pan y les mandé un puñito y otros panaderos también.

Aunque ahora hay mucho desarrollo del pan dulce, del pan fino, el bolillo sigue siendo algo especial, incluso hay hornos muy modernos que se han adaptado para el bolillo.

Como ya dije, mi papá era bolillero, hacer bolillo no es tan fácil como parece y especializarse menos, hay varios tipos de bolillos, aunque ya casi no se hacen: hay unos que se colocan en hilera, no se les hace "chichita" y salen tiras de cuatro y se venden separados o todos juntos, ese lo hacen allá por Juventino Rosas. En el otro bolillo, el que conocemos acá, a veces se pegan una chichita con otra y parece un bolillo doble, pero no es la idea. La telera se usa más para pura torta, con el bolillo también se hacen tortas, pero con el bolillo se puede sopear, acompañar el guiso, comer solo.

En una ocasión me mostraron un horno que se controlaba a control remoto, y yo les comenté: "Conozco uno que le llaman espacial, meten el carro con todo y charolas, lo enganchan y está dando vueltas, como le programan el tiempo, en su momento pita el horno; se abre la puerta y el horno le hace beep beep y avienta el carro para afuera, entonces el que esté cerca agarra el carro. A ese horno le han de meter un carro con dieciocho charolas". Pero, me dijo el muchacho que me mostraba el horno ese: "Este es más bueno que aquel, aquí está tapado el horno, le abren una puerta y van sacando las charolas". Me dijo que le cabían veinte, pero yo no lo vi muy bien.  Entonces cuando meten el bolillo tienen un depósito de agua, el mismo horno. Son hornos que vienen de por allá, aquí no hay, los de aquí les llaman hechizos porque están un poquito más malhechos y no están bien acondicionados. Esos hornos tienen un ventiladorcito, es para que evolucione el calor, porque los quemadores están abajo, flamitas chicas abajo y otra arriba, entonces para que el calor lo buiga, que cueza parejo y eso aquí no tienen. Entonces, si tiene bolillo lo dejan que suba el bolillo, se empieza a cocer y le avienta agua para que bañe el bolillito, para que salga bonito.

Yo estuve muchos años con mi padre y muy pocos con mi hermano Ángel, porque me empezó a presionar muy feo, me enfadó. ¡Me bajó el sueldo! ¿Cómo me va a bajar el sueldo, si me pagaba el dieciocho por ciento? Quiere decir que en cada mil pesos yo ganaba ciento ochenta, pero no yo solo, quiere decir que había más y era en el tiempo que estaba barato el pan; para hacer mil pesos se necesitaba un montón de pan. Entonces le dije: "¿Cómo es que me vas a bajar el sueldo?". Ya al último dijo: "No, ya no te voy a bajar el sueldo, ya no vas a trabajar, ahora nomás vas a andar conmigo". Y yo pensaba: Pero cómo si yo sé trabajar. Pero es que me quería enfadar, los compañeros me decían: "No te va a dar nada". Se puede decir que yo tenía dos entradas de dinero:  por mi antigüedad (mi liquidación) y como heredero. Entré yo y me enfadaron, entonces un día nomás de repente pues ya no fui, me fui a trabajar San Miguel y anduve por ahí calavereando como unos tres años, puede que más, hasta que me animé a hacer mi panadería chiquita.

Aquí donde tengo mi panadería tenía un chiquero de puercos, como está grandecita la casa. El chiquerito lo rellené todo y mismo Salubridad me retiró todo, que no podía yo cocer con leña y pos lo llené de tierra y como conocía un señor de Neutla, no es albañil, sino que trabajaba en una panadería y yo iba a trabajar a Neutla también, cuando ya me retiraron. Le dije al señor: "¿Tú te arriesgas a hacerme mi hornito?"  "Sí", dijo y sí vino y me lo hizo; quinientos mil pesos, en el tiempo en que se manejaban los millones, porque ese señor de los hornos, al mío vino y le hizo como castillos en cada esquina y le hizo una trabe alrededor, bueno él no lo hizo, lo hizo un albañil, él nada más le vino a decir al albañil cómo le hiciera. Le explicó que la trabe ya debería ir de ladito, ya agarrando el arranque del techo y me le puso los ladrillos de punta. Por eso mi horno se llevó más de mil, porque no va como una barda sino de punta. 

Me dijo: "Lo podemos llenar de tierra o ponerle una cimbra". Como cuando cuelan un cuarto y este, como tenía tierra lama aquí, lo llenó de tierra y le puso una varilla en el centro, ya con piso, entonces le puso adobón porque no hallé un ladrillo especial y con la varilla le fue llenando alrededor y se dejó unos quince días, a que amarrara, que secara la mezcla. Luego se saca la tierra, se barre y limpia bien y se le mete una carga de leña. Entonces me dijo: "Si le ponemos cimbra, esa cimbra ya no se quita, se arde para que le sirva al horno". Pero cuando se va llenando le queda un hueco y se le pone una piedra pómez, la hace como trompo y se le mete para que no se siente el horno. Quienes no le metían esta piedra se les sentaba el horno, se les abría. Pero no halló la piedra pómez y buscó unos adobones, de esos que están hasta retorcidos de lo bien recocidos. Los amarró con alambre requemado y con un cincel le sacó punta como trompo y en ese proceso llovió y se metió el agua y se hizo un lodo. Entonces el señor este me dijo: "Mira, haz un barro con pelos de puerco y cacas de burro, tierra negra, y se lo aplicas al horno, si se raja ese le tapa, pero aparte, todavía si se cuartea échale ceniza o tierra de la que tienes todavía en las rajadas". Así que mi horno no me da trabajo, nada más el puro lunes y se conserva el calor toda la semana. Nadie lo tiene así, muchos lo tienen descubierto, así nomás.

Tiene por fuera su bramadero para que si sale humo se vaya para arriba, el piso es de barro pero prensado, no es refractario. Ese lo compré con Alfredo Méndez. Yo fui a buscar cierto tabique para el horno hasta Tarimoro, pero como no lo hallé me pusieron adobón. Pero el adobón con agua se cuarteaba todo y salió el bolillo todo chueco-

Ya después, cuando ya funcionaba mi horno,  vino un compañero, amigo mío, que también hizo su panadería (ya se murió, pobrecito), está por donde acaban las cerámicas; arriba, como a unos veinte metros tenía su changarrito y me vino a ver: "Tu horno está muy bueno", porque muchos tenían su panadería, ya se murieron, mi chalán tenía su panadería, don José tenía su panadería, yo estaba rodeado de panaderías aquí, chiquitas y ellos mismos hacían los hornos pero no sabían hacer el acabado, el final. Muchos lo hacían cuadrado como una barda y al último le ponían concreto, pero el concreto se raja con el calor. Entonces este muchacho que me preguntó, era muy ahorrativo, muy buena gente el muchacho. Cuando supo que era un señor de Neutla me dijo: "Vamos a verlo". "Vamos", le dije, él no es albañil, él quiere que le hagan la base y él pone la bóveda y el piso nomas. Fuimos a verlo y dijo: "No voy a acabalar, tengo tres millones de pesos en el banco" (de cuando se usaban los millones, en los ochenta). Yo tuve eso mismo y me daban buen dinero, de ratito bajó, en el tiempo del Gortati; me dieron tres mil pesos de mis tres millones. Se me hizo un méndigo puñito.  Se acabó todo, muchos bancos y muchas personas que tenían su dinero. Fue un desastre.  Antes, cuando se hacían las colotas en el banco por los intereses, a mí me daban hasta setenta mil por los tres millones. Y mi amigo dijo: "No acabalo" y se quedó con un hornito viejo que tenía.

Como mi panadería es chiquita no tengo muchas máquinas, tengo una que le llaman "cola de puerco", esa fue la primera que compré, me dijeron: "Sí sirve, sí sirve", es amasadora, pero me engañaron porque me dijeron que venía muy bien, nombre venía bien vieja y un tornero, de aquí abajo, me la compuso; lo único que traía nuevo era el motor. Y esta me salió buena, es batidora, tiene dos funciones, aquí sale bien bonito el bolillo. 

La cortadora de masa es otra herramienta. Compré una primero, pero estaba muy defectuosa y esta me costó el doble. Son muy útiles, porque le pongo un "bastón" de tres kilos de masa, ya sea de bolillo o de concha aunque para el bolillo le pongo tres kilos y cuarto. Entonces bajando la palanca tengo treinta y seis porciones iguales, no hay que estarle tanteando, ya nada más se pone uno a bolear las porciones. Para el bolillo utilizo estos paños, tengo muchos, de un lado y de otro del bolillito le queda un pliegue del paño y se dora de un lado y del otro.

Este pan es el tostado, el que se dobla más es el huarache, se ven iguales, pero el tostado no se dobla, está dorado. Es la misma masa, pero uno lleva un poquito más de manteca y a los huaraches casi no le echan manteca. Este no se tapa con bolsa de plástico porque con el azúcar se aguada.

El cuerno blanco, el pañuelo, las rodillas, estas son de pan blanco.  Es la misma masa pero con azuquítar, elote y gusano, son de pan fino, alamares acámbara, pelona. Esta es pariente de la concha. Sí es de la misma masa, pero con glas y coco y la concha ya lleva otra cosa en su cubierta. Conchita pero de otro color. Este es hojaldre, para rellenar, este lo usaban mucho en aquel tiempo en el centro y para los pájaros, está muy suavecito, novia, cocol.

Un día hago de uno y otro de otro, pero en donde quiera hacen del mismo. Es que yo no, yo como trabajo solo… sí me ayudaba un muchacho, pero ya no vino, pues ahora trabajo solo.

Con el pan que no se vende se hace la piedra, se echa todo con leche y azúcar y se vuelve a cocer, pero ya casi no se vende, como un señor de acá abajo que hizo como diez piedras y no vendió, pues… ni modo de hacer piedra de piedra.

El pan de dulce se mete y se hornea en charola, pero el bolillo sí va en el piso del horno. Y la charola más blanca es especial para acomodarlo para la venta.

Este pan en unos lleva leche natural o leche con huevo, pero algunos le echan pura margarina. Pero hay  margarinas que luego traen mucha sal y entonces quita el sabor, yo le echo una combinación de margarina. Tengo hartas margarinas, porque yo les digo: una margarina tiene para qué va a ser. Tiene para qué va a ser, no nada más échale margarina:  Esta es para que se conserve suave.

Algunos dicen es igual, entonces la confunde uno con mantequilla, este es biscocho, este es danés, aquí está la conchilla y aquí está el cuernito. Son distintas este es el faité, este es para la oreja. Aquí está entonces cuando hago tornillo, oreja de aquí sale mucho pan, son cuadritos brillosos y ya nomás le echa uno una mermeladita.

Y este es bizcocho y, obviamente, son distintas. Entonces, por ejemplo, cada kilo de harina lleva un cuarto de azúcar, si está el tiempo calmadito; si está frío es menos y si hace calor lleva hasta trescientos gramos de azúcar, por ejemplo ahorita, si tú le echas tres litros de harina lleva un promedio de tres cuartos de azúcar; la manteca siempre es la misma: cien gramos por kilo. Quiere decir que si son siete kilos de harina son tres cuartos de manteca. Entonces le echo un cuarto de margarina y medio kilo de manteca. Este es el sabor (la margarina) y para que se conserve suave es la manteca. Muchos no saben eso, les he dicho a los trabajadores: "Aquí cada quien trabaja a su modo, no llevan ningún control de nada. La masa debe de despegar a que se conserve bien vivita, no, nomás la ven que se levanta y órale".  Una es masa para concha, la acámbara es otra (para mí es otra). Por ejemplo: yo pongo la masa madre, con pura sal y si no le quieres echar sal, no lleva sal, es la levadura, le llamamos levadura o pata. Si le echo medio litro de leche, medio litro de huevo. Yo uso mucho huevo, hay otros que no le echan nada y dicen: "Así está bien sabroso". ¿Cómo va a estar bien sabroso si no le echan nada, nomás un huevito y pura agua?

Yo he visto por ahí muchos panecitos. ¿Cómo van a estar buenos si no le echan nada? Yo, por ejemplo, en mis barquillos de atole, es cremel; lleva más leche que agua y le hecho vainilla o canela. Hay otros que hacen unos botesotes llenos de atole, puro, sin sabor, ya para el barquillo nomás le echan color, ¿a qué sabe eso? Para las quesadillas lleva mitad atole y mitad harina para que no se haga duro, y al contrario el barquillo sí debe ir, que se haga durito el atolito. Cremel, se llama cremel.

Para mis masas, entonces, le echo medio litro de leche, medio litro de huevo y un litro de agua, le echo unos cien gramos de levadura, le echo sal y ahí la dejo; para que fermente bien fermentada ya de ahí puedo sacar piezas grandes o un kilo que se pesa. Porque un litro de agua o de líquido pesa dos kilos de masa, yo les he dicho pésenlo y verán, porque yo traigo toda esa información. Entonces quiere decir que si le echo un kilo de masa es medio litro de agua, porque medio litro te da un kilo de masa, sin azúcar ni manteca, sin nada. Es la masa madre, entonces peso un kilo aquí, le echo por ejemplo otros cuatro huevos, otro litro de leche y un kilo de azúcar y la fermento. Sale la concha, la concha grande o la concha chica, porque yo trabajo cinco litros. 

[Para mí su pan es de los más sabroso del pueblo, pero para usted, ¿qué otros panaderos hacen buen pan?]

La gente se enoja cuando oye que dicen eso. Es que ahorita, ahorita, ya no hay. En la actualidad hay puro panadero exprés que le llaman, enseñan rápido, rápido y traen tres ideas: Las tres formas de la vida del pan: "Haciendo, cociendo y vendiendo".

No es por nada, pero me da gusto a mí todavía trabajar, aunque ya esté grande y es que los mismos compañeros me reconocen, no se crea que yo voy y les digo que yo soy tal y que yo esto, más bien  muchos, ya cuando toman son bien habladores y yo, como no tomo, no me platican. Aquí anda vendiendo un panadero, trae un pan fellón y lo encuentro por ahí vendiendo y vende; yo no le digo nada, cada quien. ¿Cómo va a estar bueno su pan si no le echan nada?

A veces, en los días que no trabajo, me siento en el escalón que está enfrente de mi casa y he llegado a escuchar personas que comentan entre ellos: "Mira aquí en esa puertita, venden un pan bien sabroso". Y yo nomás los escucho y me da harto gusto…


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Con don Felipe Vázquez

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Con don Antonio Landín Valle (primera parte)


En el año 2018 escribí sobre la tradición del Jueves Santo en Orduña de Abajo; para conocer más de la fiesta acudí con don Antonio Landín Valle quien amable y amenamente me proporcionó toda la información que compartí sobre este tema.

Desde aquel entonces quedé impresionado con la cantidad de historias, anécdotas y datos relativos a su comunidad que afloraron en paralelo durante aquella charla.

Como hace unos años tuve la acertada idea (perdón que lo diga yo mismo) de incluir un apartado llamado Conversaciones, en este espacio electrónico, esta conversación me pareció más que idónea para compartirse en dicha sección. 

Hasta hoy día que transcribí sus palabras me percaté que la grabación dura más de tres horas que, aunque fluyen como las aguas del río Laja, la he dividido en dos partes, la primera de ellas es la que a continuación comparto. 

Mis esporádicas aclaraciones sobre la propia conversación vienen entre corchetes [   ].

Este terreno comienza en siete metros de frente, después termina en veinte con la tierra de Virela, pero son 1570 de fondo. Primero me vendieron este terreno detrás del templo, mi hermano lo compró en 1923 y luego en 1925 pusieron los cimientos del templo, del actual. Porque nosotros nada más teníamos la capilla de abajo y cuando mi abuelo compró ese terreno en 1923, en 1925 él dio la mayor parte, dio doce metros y el otro señor dio diez metros, le decían el Coyote, don Luis Coyote, era de Comonfort, vivía por ahí enfrente de la Ruanda, por donde vivían los de la Luz, los Ortega. Pero no se apellidaba Coyote, así le decían.

Sobre la tradición del jueves Santo y la ofrenda de alimentos, eso es así al menos desde que yo tengo uso de razón, antes las misas se daban en la capilla de abajo.

Como le decía, en 1923 compró mi abuelo estos terrenos y ese, donde yo vivo, se lo puso a nombre de mi tía Cata y este done estamos a nombre de mi tía Inés, porque este donde estamos ya es otro terreno. Que los dos terrenos van con el camino real y terminaban con la cerca del cerro de Virela.

Cuando se hicieron los cimientos del templo en 1925, dicen que ahí se murió, se cayó una señora que era tía de mi mamá; se murió porque los cimientos tienen más de dos metros, porque como en ese entonces no había cemento ni había nada, aterraban la piedra y ese cimiento lo dejaron de ese tamaño.

Yo, desde que tenía cinco años me mandaron a cuidad bueyes, porque mi abuelo tenía como cien reses y como doscientos cajones de colmenas; mi papá, en ese tiempo, tenía su yunta y unas cinco vaquitas, entonces desde cinco años me empezaron a mandar al cerro, en ese cerro, porque según es de toda la comunidad, nadie es dueño de ese cerro. Así anduve cuidando bueyes hasta la edad de doce años, a la edad de doce años que vendió los animales mi papá, me fui a trabajar, en ese entonces andaban en la cosecha en Virela y me fui a trabajar allá, pagaban uno setenta y cinco a los peones y a mí como estaba chico me daban un peso. Nomás trabajé una semana y a la siguiente semana me fui…  pero esa es una historia muy larga. Pero le cuento que cuando yo pasaba a cuidar, me gustaba venir porque ese terreno del templo era un baldío, el pasto así de este tamaño [señala una altura de unos setenta centímetros], a veces ni se miraban los cimientos: entonces cuando yo pasaba al cerro, me gustaba venir a correr todo lo que eran cimientos del templo y me conocía para acá y para allá todo como estaba dibujado, por eso me acuerdo de eso.

Así estuvo parado el templo hasta que vino el padre Manuel que era vicario de Comonfort. No recuerdo su apellido, pero fue el que empezó a animar a la gente como en el año cuarenta y uno o cuarenta y dos, no recuerdo bien. Empezaron a animar a la gente y empezamos a acarrear arena del río, grava del río y a traer piedra del cerro, así se empezó a levantar el templo, desde 1942 por ahí.

En ese tiempo, o desde que yo tuve uso de razón, mi abuelo fue encargado del templo. Venía, en aquel tiempo, don Enrique Cuello de Monaguillo. Por eso sé muchas historias también, me platicaba don Enrique Cuello de que una vez vino de Monaguillo con un señor cura, mi abuelo les daba el almuerzo y la comida y se esperaban lo que fuera, la hora de la comida o el almuerzo; el señor cura le hizo una pregunta: "Oiga don Camilo, ¿esos aguacates, como qué tantos años tendrán?" Y mi abuelo le contestó: "Pues mi abuelo duró como cien años y decía que cuando él estuvo aquí que ya tenían como doscientos o trescientos años, entonces yo pienso que esos aguacates los pusieron los españoles". Porque eran unos aguacates… bueno, había unos así, de las patotas [indica con sus manos lo que abarca con sus brazos extendidos], con decirle que yo conocí un aguacate, aquí en Rinconcillo, que tenía la pata así y en un solo corte lo cortaron treinta cajas de esas de veintitrés kilos de aguacates; eran muy altos.

Por eso le digo que sí hay historia que contar, porque cuando yo tuve uso de razón, nada más había aguacates en veinticinco o treinta metros de la orilla del carrizal para arriba; todo el aguacate era por toda la ribera del río: Había aquí en Orduña, en San Jerónimo, en Nopalera, en Morales, en San Pablo, San Pedro, en Rinconcillo; todo lo que era la orilla del río, pero nomás en la orilla del río.  En la mera orilla había carrizal y en seguida las hileras de los aguacates, pero no abarcaban veinticinco metros, yo pienso que veinticinco metros no.

Es que suponiendo: de aquí de la calle Morelos, que era el callejón ancho, hasta por donde viven mis primos, del camino al río son cincuenta metros, toda esa región desde aquí del callejón, hasta donde vivía… le podría decir que era desde donde dependía Orduña, porque mi abuelo era el primero de acá, después se extendió para allá, hacia el sur porque a mi abuelo le vendieron la hacienda de Cleriguito. Era otra hacienda que está donde empieza el rancho ahorita. Le vendieron esa hacienda, nosotros la conocíamos nada más como "las casitas viejas"; había unas casitas derrumbadas por eso a veces…

Yo les platico esto: que nosotros íbamos al pueblo porque no había misa aquí. Nos daban acá en las fiestas, pero así de que hubiera misa cada ocho días o cada quince días no había. Entonces cada ocho días teníamos que irnos a misa a Comonfort; se iba una familia, digamos un matrimonio con sus dos tres hijos o cinco o seis; se iba una parrandita, más adelante otra parrandita, más adelante otra parrandita, entonces yo les platico esto: nos decían: "¿Dónde encontraste a fulano?" "Ah, 'pos que en las casitas viejas" (que era la hacienda del Cleriguito), más adelante: "No, pos que en las arboleda", más adelantito: "Que en la compuerta", más adelantito: "Que en el garambullo", más adelantito: "Que en el vapor", más adelantito… bueno, le podría decir que unos de cincuenta o de a veinte metros, otra´: "Que en el árbol del descanso" le decía el árbol del descanso porque había una mesita y entonces todos los difuntos los depositaban un momento, como se los llevaban cargando entre cuatro, ahí decían, ahí en el árbol del descanso. Se los llevaban a enterrar a Comonfort. No sé si exista ese árbol todavía, pero yo sí sé dónde estaba ese árbol.

Entonces, por eso le digo que tenía muchos nombres: "¿Dónde encontraste a fulano?" "Que en el árbol del descanso" ahí mismo, casi enfrente: "Que en el barrancón", más adelantito: "Donde bajan los bueyes al agua". Eran los bueyes de Virela, más adelantito: "Donde termina Virela", que era de don Enrique, "La cuadrilla" ahí era un rancho, más adelantito estaba, quizás usted lo alcanzó a conocer, "La Jolina", más adelantito "la huerta de Ricardo Trujillo", "Que la huerta de Tavo" y en seguida: "Que los cuatro caminos", en el río era "El paso prieto", si nos íbamos por toda la orilla del carrizal a salír a donde iban a hacer el puente. 

Por eso aquí, que nos íbamos a la misa primera, nomás nos levantábamos temprano y dando la primera, ahí vamos, a paso recio, ya la segunda nos la daban por Virela, la tercera nos la daban entrando a los claustros.

Se alcanzaba a oír la llamada, todavía hoy, poniendo atención, se oye. No me lo va a creer, a veces, que estoy despierto se oyen las doce de la noche de la parroquia, el reloj que da el Ave María; si está uno silencito sí se escucha, aquí se escuchan hasta las campanadas de San Agustín, si anda uno por aquí:" Ah, es de las campana de San Agustín" y es que, mire, más antes no había tanto ruido ya ve ahora con tanto relajo, en aquel tiempo aquí los peones entraban, el trabajo era de siete a tres de la tarde y se escuchaban las tres de la tarde, se escuchaban las doce, es más había peones que se traían sus palas, ponían su sombrero arriba de la pala y se sentaban. "¿Qué estás haciendo?" "Pues las doce". Según tengo entendido, así como ahora rezan el ángelus, en aquel tiempo mi abuelita le rezaba a las ánimas benditas. Decía: "Mira hijo dicen que a las ánimas benditas a las doce del día es cuando les entra un airecito si están sufriendo por eso hay que rezarles". A mí me quedó esa costumbre, yo todo el tiempo he rezado a las ánimas, digo no soy… pues he sido de todo, he sido malo, soy cómo le dijera he sido lo peor pero sí me acuerdo de rezar. Cuando mi tía se cayó en los cimientos fue en el momento de poner la primera piedra, es que estaban los hoyos, las zanjas y vino el señor… obispo, no sé eso sí no recuerdo quien, pero que pusieron la primera piedra y una señora se derrumbó y se murió. 

Empezó a trabajarse el templo, de los cimientos para arriba con el padre Manuel, en ese tiempo había muchas muchachas entonces el padre Manuel y animó a las muchachas. Yo le podría decir, pues muchas ya no existen ya se murieron, pero aquí en ese tramito estaba una señora, bueno estaba Lucía, Lena, doña Nico, bueno había muchachas y el caso es que animó y empezaron a rifar, quién daba un caballo, quién daba un burro, los empezaron al rifar, luego el padre traía rebozos, cobijas y así se empezó a trabajar y se empezó a levantar el templo. En aquel tiempo mi abuelo era el encargado, duró como diez años, después don Andrés Casablanca duró como otros diez años de encargado del templo, después don Candelario Ramírez, también duró como otros diez años y entonces, cuando ya nosotros estábamos… pues ya casados aquí surgió Erasto Mora que era el líder del rancho, era el líder del PRI; Erasto y Cuauhtémoc, son hermanos e hijos de don Erasto. Entonces este señor nos empezó a Juntar a muchos, nosotros, mi hermano Rodolfo, mi hermano Moisés y yo; Pancho Valdelamar juntó unos primos, Guadalupe total que nos reuníamos veinte en la casa de mi abuelo Cecilio.

Yo soy Landín, mi abuelo Camilo, del que ya hablé, era de allá abajo, pero los Valle eran de aquí del rancho y también hay historia de ahí, porque de esa familia Valle han salido dos sacerdotes. Yo no lo conocí, pero en la casa de mi abuelo, mi tía Nacha, no sé si usted la haya conocido [no, conocí a Manuela] bueno, Manuela era también mi tía. Es que en ese tiempo Orduña estaba muy ligado, yo les podría decir o les platico que Orduña para Comonfort era el brazo fuerte porque aquí había aguacate, nopaleras, harta tuna, harto durazno, magueyes. En aquel tiempo no había ninguna tienda que vendiera un chicle, pero sí había tres pulquerías aquí. Pulquerías que hasta tenían sus cuartos, su poyito alrededor o banquitos y llegaban los parroquianos a sentarse y "deme un litro de pulque" o "deme un medio litro de pulque" y a mí mi papá me decía: "Cómo me caen gordos esos, llegan y piden un medio litro de pulque, se los dan y nomás lo besan y lo besan" -decía-"yo llego, un litro, de un trago, écheme otro, igual de un trago; ahí nos vimos". Una vez que hacía mucho frío y le dije: "Oiga papá, usted tomando pulque y hace harto frío", "se calienta el estómago" decía mi papá, que en paz descanse. Mi papá era bueno para el pulque, decía: "Mira, el día que ando bueno traigo mis cuatro litros de pulque en el estómago". Mi papá también tenía historia, porque él se ganó una apuesta con una garrafa de cinco litros de pulque sin quitárselo de la boca. Y un cántaro de doce litros con nada más un descanso a medio cántaro, pero le pagaban en aquel tiempo, hay historias. Aquí también estaba un señor que, tenía tunas camuesas. La tuna camuesa era la novedad aquí en Orduña, por eso venían paseos seguido de Comonfort aquí a Orduña, porque venían a echarse su pulque y a pintarse, después de la comida se pintaban con las tunas, porque la tuna camuesa (todavía tengo yo, yo la he conservado) era una tuna que se podía limpiar bien. Cuando era soltero yo llegué a llevar tunas en el pantalón, pero las limpiaba bien y se las daba a las muchachas cuando salían de la escuela.
Como le digo mucha gente de aquí también era de Comonfort: usted conoció a don "Juachis" el de La Brisa, a todos los de La Brisa; ellos tenían terrenos aquí. El papá de Polo, el que andaba con el padre Agustín, tenía terrenos aquí. Don Carmen "Frutadehornero", su esposa era de aquí. Agustín Rincón el grande, era primo de mi mamá. Doña Felisa y otra que no me acuerdo como se llama, que vivían en las cuatro esquinas, luego luego adelantito, como a las dos puertas, eran primas de mi mamá. Mi tía Rosa vivía en el número 27, el mesón de Lala estaba en frente de donde vivía mi abuela. Nosotros, se podría decir que mi mamá era de Comonfort. Mi tía Rosa, mi abuela Nacha, porque era casi la dueña de la mayor parte de la huerta en toda esa cuadra, porque ella lindaba, por acá, con Chelo Puente. Para ver la rueda de la Fortuna la mirábamos como ver de aquí al templo.  Toda esa huerta era grandísima, después mi abuela la vendió:  media hectárea a don Salvador Velázquez, a don Lencho a don Marcos, después le vendió una hectárea a don Ramón Plaza.

Por eso nos fuimos acortando, pero mi abuela era dueña; ahí había granadas, unas chirimoyas, las patotas así, grandotas, ahora las patitas de las chirimoyas son asinitas. Pues como que toda la familia pertenecía acá a Orduña, si vivían allá en Comonfort, pertenecían acá o al revés, porque, por ejemplo, mi tía Manuela, que era hermana de mi papá, vivía ahí donde vive Víctor y mi tía Inés, que era hermana de mi Papá, vivía en Ocampo con mi tío Moisés Olalde, era papá de Moisés el chico que después se casó con Balbina Velázquez que vive allá en Juárez, por eso había mucha gente que pertenecía aquí. Sí hay mucha historia. 

Pues le decía del templo que al señor Mora la gente lo tenía como comunista, porque él decía: "Miren, estando unidos, como una escoba de popotes (que ahora ya no se usan, pero los popotes eran pastos, una escoba la componían como unos cien); un popote quiébrenlo y se quiebra fácil, pero ya estando la escoba a ver quiébrenlo…" Entonces nos empezó a juntar y nos reuníamos en un cuarto que tenía mi abuelo Cecilio, el papá de mi mamá, y esa casa, no sé qué tenía, pero en esa casa allí vivieron sus papás de mi abuelo y sus tíos, por eso le decía que entre la familia Valle salió un Sacerdote que yo no lo conocí. Lo conocí porque mi abuela Nacha, allá donde nos quedábamos en Comonfort, tenía una foto del señor cura y decía que este es el señor cura Valle y el señor cura Valle esto y aquello. Pues como en aquel tiempo pertenecíamos a Morelia, este señor se ordenó y se fue por allá en otros pueblos y dicen que a los veinte años vino, lo nombraron cura de Comonfort, o no sé, sería nada más vicario, pero vino y en aquel tiempo ya ve que había gendarmes o serenos y el sereno anunciaba la hora. Dicen que había un gendarme que le tocaba esa región del templo de San Francisco, cuando estaba el mercado (o a lo mejor todavía no estaba el mercado porque después lo hizo Melchor Ortega), entonces dicen que este centinela, miraba que salía, por ejemplo, de acá donde vive, donde tiene su papelería el profesor Indalecio, dicen que ahí eran los corrales de Juan Rocha y que de por ahí salía un catrín, que salía a media noche y se iba caminando hacia el templo y se metía a la parroquia. Entonces dicen que ese centinela le platicó al señor cura Valle que le dijo que pues él miraba eso y que le dijo el señor cura Valle que si lo acompañaba e iban a verlo y dice que estuvieron tanteándolo hasta que fueron las doce de la noche; entonces salió el catrín (en aquel entonces les decían catrines a los que traían traje. Porque nomás los catrines traían traje, nosotros no), dicen que salió como siempre, se metió al templo, se abrió la puerta y se metió y que ahí van detrás de él, que se mete el señor cura y al meterse el señor cura, se cierra la puerta y no se mete el centinela. O sea que nomás entró el señor cura y el centinela no entró y ya después dice que de rato, de mucho rato, salió el señor cura, pero ya salió como sonámbulo, como que ya no era él y no sé bien la historia, eso es lo que yo sé y según dicen que de eso murió.

Y ahorita el otro padre que yo le decía es hijo del difunto José, Arturo valle, es mi sobrino, pero como retirado, porque su abuela de ese padre era prima hermana de mi mamá. 

Volviendo a Erasto, hubo esos tres encargados que duraban 10 años, entonces cuando nos reuníamos decían: "Dónde les gusta ir?" Y decíamos: "pues vamos ahora de pesca". Y nos íbamos porque había mucho pescado aquí en el río. Era de otra clase de pescado; en aquel entonces nada más había el que conocíamos por el liso y el pinto; nomás esas dos clases había. Nos íbamos de pesca y por allá hacíamos una ollota y comíamos y todo.  Y otra vez: "Pues vámonos de cacería". Y nos íbamos al cerro, allá arriba, a los venados y una vez: que ¿dónde vamos?, "vamos a comer al tanque al cerro". Esa vez estábamos comiendo cuando dice:  bueno ahorita le digo que dice, porque era el líder, y era el líder porque nos metió de cada y que había elecciones él era el que acomodaba la mesa directiva: "Tú te vas de presidente, tú de secretario, de escrutador" y total que de allí para adelante entrábamos en la casilla, nomás nos cambiaban que de secretario a escrutador o presidente, pero éramos los mismos y en ese tiempo, como decían, sí era cierto que votaban los muertos, porque le voy a platicar esto: Formaba nuestra directiva, poníamos nuestra mesa allí esperando, eran las doce nadie iba a votar, porque como ya decían "eran los mismos", en ese entonces nada más se dividía, era el solo PRI, nada más que se dividía, a veces le tocaba uno de la CNC que era de los campesinos y cuando era de la CNC nos ponían la mesa en la escuela de Orduña de Arriba con los ejidatarios y cuando tocaba de la CNOC era cuando nos tocaba a nosotros y la poníamos para acá donde está la telesecundaria, aquí más cerquita. Entonces, como le decía, ya siendo las doce: "pues no ha llegado nadie, se nos va a hacer tarde, no, pues vamos a empezar a votar, uno que vaya buscando los nombres otro que vaya cruzándolas" y dice: "Fulano de tal, pues votó", ya le cruzaban y va al ánfora, y luego dice: "fulano de tal, no 'pos ese ya se murió", "también votó". Por eso le digo que sí era cierto de que votaban los muertos, porque no había ningún representante de otros partidos era el mismo PRI.


Entonces esa vez, estando acá en ese cerro dijo: "Ya van a hacer cambio de encargado del templo, al templo todo el tiempo van unas sesenta personas nosotros somos veinte si llevamos veinte viejas son cuarenta votos, les ganamos a cualquiera, por eso vamos a sacar de aquí el que sea el encargado del templo". Y así dijimos: no 'pos que Pancho Valdelamar, como el que llame las campanas, como sacristán, no pues me nombraron a mí. Ya quedamos los dos y en ese entonces estaba el cura Francisco Nambo que era el cura de aquí de Comonfort y entonces ya fuimos y vino a misa y le dijeron que iban a cambiar de encargado, nos fuimos a votos y lejos le ganamos al contrincante y ¿sabe cuál era el pleito entre nosotros? era mi misma familia; como nosotros aquel era el líder y todos íbamos por el PRI, aquel otro era sinarquista, pero no había partido, no había nada, entonces este señor puso su encargado pero le ganamos fácil y entonces quedamos de encargados nosotros del templo. Pero a los quince días que vino el señor cura dijo: "Saben qué, que vamos a volver a votar porque me fueron a avisar que no estaba toda la gente del rancho". Pero eran los otros que no estaban de acuerdo; volvimos a votar y que volvimos a quedar los mismos, entonces yo le dije al señor cura (yo en ese tiempo tenía unos tres años de casado): "Sabe qué, señor cura, usted dijo que los nombramientos eran nulos, entonces yo ya no le entro". Y el que quedó en mi lugar fue mi hermano Moisés, uno más chico y ya quedaron de encargados, estuvieron ahí.
Pero yo no sé qué sería, a lo mejore  porque no quise ser encargado o sería porque ya la traía la enfermedad, pero uno día que en ese tiempo nos poníamos a jugar aquí todos; había temporadas en que hombres casados, solteros, nos poníamos a jugar aquí en el rancho, a veces era como un mes, mes y medio que agarrábamos pues que al trompo y salíamos a la calle y todos con el trompo y a veces nos íbamos que con el balero en ese tiempo o luego que a jugar la rayuela así en la pared, a la cuarta o a veces agarrábamos un rachita de jugar entripado, conquián, póker jugábamos a la baraja, no apostábamos mucho, era de a peso pero de todos modos era juego. 

A veces salía uno y a las dos tres casas estaban jugando unos, caminaba unos cien metros, adelante estaban otros, y así eran rachitas. Entonces en ese tiempo que nombraron que yo no quise ser encargado, no encargado, sacristán porque el encargado era otro. Tenía un primo, era un tío, vivía aquí abajo y era mi concuño, salió y nos pusimos a jugar baraja y ahí estuvimos y él tenía un aparatote de esos de los que había más antes que los ponían los que vendían en el pueblo.  Entonces tenía su aparatote y nosotros ahí jugando, empezamos como a las seis de la tarde y empezaron a llamar al rezo y oía yo las campanadas del templo y decía yo: "híjole, pues yo no debía de estar jugando aquí baraja, yo pensaba siempre en mí, yo debía de estar llamando en el templo, pero… no quise, aquí estoy". Digo, nomás ese fue el achaque, entonces ya cuando le paramos, le paramos como a las diez de jugar y como teníamos el aparatote y hacía mucho aire, yo ya tenía mi bicicleta, me fui en mi bicicleta y dije: "mejor me voy a pie porque hace mucho aire y con lo que estoy caliente del aparato… y me fui ya a dormir, y como era rachita cuando yo llegué a mi casa mi hermano que vivía al otro lado, estaba su papá del padre jugando también baraja con mi hermano, eran compadres , todavía me eché un juego ahí con ellos y me acuerdo re bien que cuando dijo mi hermano: "Ya vámonos a dormir", a esas horas pasó un avión y yo hasta me quedé viendo pa'rriba y viendo ya ve que se miraban los aviones en ese tiempo, bueno y se ven ahorita en la noche también; entonces me fui a dormir.

Qué sería que al otro día amanecí con los ojos como unos tomatotes y me dolían, me dolía mi cabeza, y le dije a mi mujer: "Oye me duele la cabeza", "Pues tómate unos Mejorales". En ese tiempo se usaban los Mejorales. Me tomaba un mejoral, se me calmaba; de ratito me empezaba y así  y como les digo, sería que ya traía la enfermedad o sería superstición pero yo sí dije, 'pos yo no sé por qué sería, en la noche, no me lo va a creer, en la noche me andaba muriendo, me dio un calenturón y una diarrea… que salí como a las ocho de la noche, luego salí como a las diez y luego como salí, como le digo en aquel tiempo nadie tenía baño, íbamos al carrizal o a la nopalera, salí como tres veces y yo esa noche sentía que me moría,  tenía un calenturón y bueno uno también que no sabe… yo había comprado una chamarra de cuero bien peluda y yo me la cobijaba y como sudé rete harto… después cuando más me movía sentía re feo.

Entonces yo le decía a mi mujer: "Dame unos limones porque yo creo que si tomo agua me muero". Nomás chupaba limones y al otro día me amaneció la boca como chicharrón, los labios, del calenturón que tenía y los limones que me estaba chupando. En ese tiempo estaba el doctor Muñoz ahí cerquita de donde vives tú y fui a verlo y me dijo: "Con esto tienes", me recetó y me cobró ciento diez, en ese tiempo para mí era un dineral, pues ganaba unos cinco pesos por día. Perdón, pero ese fue antes de que me diera la diarrea, fui a verlo por el calenturón, me recetó y a la noche me dio la diarrea, entonces le dije a mi hermano: "Dile al doctor que venga, porque me andaba muriendo anoche" y fue a ver a Muñoz, que le dijo: "¿Qué no está tomándose la medicina? "No, pues sí", "ah, entonces ahora que se la acabe voy".

Yo tuve miedo y me fui al sanatorio, me dije: si me da igual que anoche pues mejor me voy para allá y que alguien me atienda. Me fui al sanatorio y ahí estaban dos madres: estaba la madre Prisca y otra que no me acuerdo como se llamaba, entonces me empezó a decir y a platicar pues que a todos nos llega la enfermedad, a todos nos da, unos primero otros después, pero uno a veces piensa que nada más a uno le llega. Total, que ya estuve ahí y me eché como veintitrés días en el sanatorio y lo que tenía era tifoidea; la tifoidea lo que tiene es que amanece uno como si nada en la mañana, a mediodía le entra la calentura y en la noche se está uno muriendo.

Yo dije: "Pues si fue porque no quise ser encargado del templo, si Dios me da licencia que me levante voy a pedir… voy a trabajar para el templo". Entonces ya cuando salí le fui a ver al señor cura, le dije: "Oiga yo quiero trabajar para el templo". "Ah, pues cómo no. Si quieres te nombro encargado de la obra, ponte a trabajar ahí y circula el templo".
Como le digo que era todo baldío, había pasto así de grande en tiempo de aguas, crecía grande. Yo me acuerdo que los vecinos ahí les daban de almorzar a las reses que para ir a trabajar. Pues entonces le dije: "Yo voy a pedir limosna a todo el rancho para circular el templo".  Me dijo: "Sí, muy bien". 

Entonces ya empecé a trabajar y lo circulamos, le metimos pisos, esa barda le echamos alrededor y al frente barandal y puerta. Y luego seguimos con el templo porque, como le digo, había muchos encargados y por eso le cuento de cómo empezamos y luego fuimos encargados. Bueno, yo fui encargado de la obra siete años y luego de siete años dijeron que nos iban a cambiar. Cuando nos iban a cambiar, cuál sería la sorpresa de que cambiaron al encargado del templo y a mi hermano que era el sacristán pero entonces nos lo echaron a nosotros, o sea que a mi familia, a mi esposa y a mí, porque mi mujer era la que venía a rezar el rosario y yo encargado de la obra… traía albañiles fincando ahí. Entonces ya nos dedicamos a eso, duramos unos cinco años y nos salimos porque la gente hablaba mucho. Empezó la gente: "Que esto y que lo otro y que para que se haga más rico". Entonces nos salimos y pusimos otros encargados, nosotros mismos los pusimos, pusimos a los que más hablaban para que vieran cómo era el trabajo.

Ya le digo que de ese liderato que tenía don Erasto salieron cosas buenas, porque como le digo de ahí salieron los encargados del templo, como nos reuníamos seguido, después dijimos: "Pues nosotros no tenemos luz, vamos a meter la luz" y gracias al Licenciado Olalde que estaba en ese tiempo, él venía a animar la gente, metimos la luz. Después de eso nos seguimos sobre el agua, pusimos el agua potable, Después hubo un tiempo que salió un candidato que era el doctor Dovarganes de San Miguel y Zenón Tapia, que es ejidatario, el suplente y por ellos se nos hizo la primera aula del estado. Sí, tuvimos la suerte de que se nos levantó la escuela, porque aquí, primero, mi abuelo Cecilio hizo un cuartito; bueno, primero se compró el terreno y luego se hizo un cuartito de adobe, pero nomás cabían como diez niños. Ya después que entró ese doctor Dovarganes, que fue diputado, se nos hizo la primera aula. A esa nomás se le levantó de material un metro y ya después eran como estructuras de fierro que se acomodaron con tornillas, ya para arriba eran puras láminas, unas verdes, amarillas, de todos colores que le daban muy bonito a la escuela. Así empezamos, por eso digo que de ese liderato salieron muchas cosas buenas.


El templo se empezó a trabajar desde el 41, 42, hasta que se techó hasta arriba. Aunque no sé muy bien, porque yo desde los doce años, que dejé de cuidar bueyes, nada más una semana fui a trabajar a Virela y después me fui de mojado con mi papá, me fui pal norte. Estuvimos en Álamo, Texas, estuvimos ahí cerquita, nomás brincábamos el río, nos fuimos en noviembre y en marzo nos venimos y luego le volaron la lana a mi papá, en el tren. Luego nos volvimos a ir, por eso no me di cuenta del templo. como nomás iba y venía… fui veinte veces de mojado. No me lo va a creer, pero un año fui cuatro veces. El tren era el que hacía negocio, iba yo en el río, me encueraba, porque ese río es muy tramposo. La primera vez pasamos en lancha, a media noche, pero la siguiente vez ya nos fuimos caminando, pero ese río es muy tramposo, porque tiene unos hoyancotes abajo y tenía unas manguerotas, como que tenía caterpíllars arriba para bombear el agua en ese tiempo.


A veces cuando andaba uno regando salían huesos hasta de cristianos ahí, de pescados salían, había mucho pescado digo, pero de cristianos salían huesos ya como con pedazos de carne, que se iban deshaciendo. Le decían el Río Bravo, les digo que el bravo era este de nosotros, porque en aquel tiempo se llenaba, llegaba el agua hasta la vía y aquí hasta la calle, aquí en el callejón ancho, ahora que se va a hacer el puente les digo aquí deben de hacerlo alto porque yo en las crecientes que vide en el 55 y ya después en el 68, aquí en la calle daba el agua, por eso digo, si lo van a hacer a este nivel, no, hay que hacerlo alto. Todas las casas que había para el lado de abajo se cayeron en el 55. Ahora ya hay muchas fincas ahí. Les digo yo: es como los de México que dicen que cada año les llueve y digo: "¿cómo no se levantan para más arriba?, ¿qué están haciendo ahí, si ya saben que cada año les llega el agua?

Entonces, ya le digo, el templo se siguió trabajando con encargados antes, porque esto que le estoy diciendo, de cuando fui encargado, antes ya se empezó a celebrar misa aquí, porque el templo ya estaba en partes tapado y en partes todavía no se tapaba, le faltaba mucho pero ya se celebraba aquí, porque le digo que en este tiempo… que ha de haber sido como en el 63 o 64 veníamos. Y una vez el padre me decía: "¿En qué llamada vas?" no, le dije, no han llamado, "¿Cómo que no han llamado? Pues llama". Pero yo no era el encargado, porque le digo que para eso había el encargado del templo y mi hermano que era el sacristán, nada más que como yo me levantaba temprano, para recoger la limosna del rancho para la obra que traía, pues entonces yo ya estaba aquí al pendiente para la misa, cuando llegaba el padre. Aquí nos daban misa en ese tiempo cada quince días, me acuerdo de una vez que chocaron los trenes aquí en San Jerónimo, yo pienso que a lo mejor fue en el 65, porque yo me casé en el 61 y cuando tuve la enfermedad ya tenía dos hijos: Antonio nació en el 62 y Pancho en el 63 y mi muchacha Rosario nació en el 65, cuando me dio la tifoidea todavía no nacía mi muchacha, entonces fue como en el 66 o 67 cuando chocaron los trenes aquí enfrente…


[Don Antonio me contó con detalle aquél trágico accidente de trenes, también de sus andanzas en el norte allá por los años cuarentas, más detalles de la construcción del templo y de la tradición de los nopales, pero toda esa charla la compartiremos en la próxima actualización de este espacio electrónico]

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Con don Antonio Landín Valle (primera parte)


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Con don Antonio Landín Valle (segunda parte)


En el año 2018 escribí sobre la tradición del Jueves Santo en Orduña de Abajo; para conocer más de la fiesta acudí con don Antonio Landín Valle quien amable y amenamente me proporcionó toda la información que compartí sobre este tema.

Desde aquel entonces quedé impresionado con la cantidad de historias, anécdotas y datos relativos a su comunidad que afloraron en paralelo durante aquella charla. Como hace unos años tuve la acertada idea (perdón que lo diga yo mismo) de incluir un apartado llamado Conversaciones, en este espacio electrónico, esta conversación me pareció más que idónea para compartirse en dicha sección.

Hasta hoy día que transcribí sus palabras me percaté que la grabación dura más de tres horas que, aunque fluyen como las aguas del río Laja, la he dividido en tres partes, la segunda de ellas es la que a continuación comparto. 

Esta es la liga a la primera parte de esta conversación


Mis esporádicas aclaraciones sobre la propia conversación vienen entre corchetes [   ].

Al final de la primera parte de esta conversación don Antonio nos iba a platicar de un choque de trenes ocurrido muy cerca de su comunidad:

Fíjese que venía un tren de acá del sur y detectó que venía otro tren del norte, entonces el del sur se paró aquí en San Jerónimo y, según eso, le hablaba al otro y el otro yo creo venía dormido porque eran como las nueve… la misa nos la daban a las nueve y media, ya había llegado el padre (entonces han de haber sido como nueve y cuarto). Cuando llegaba el padre nos metíamos al templo. Pero en eso fue cuando oímos el carajazote; 'pos cuál misa, ahí vamos para ver que había pasado, el padre y toda la gente. Como ahí estaba la pasada en el callejón ancho. Dondequiera había pasadas en aquel tiempo. Llegamos a la vía y, ¿qué cree?, que una máquina, la que venía del norte, chocó y se le subió a la otra. Estaba trepadota arriba de la otra que estaba parada, atrás de la máquina venía una góndola que traía rieles y en esa góndola venían dos mojados, que venían yo creo del norte. 'Pos uno estaba ensartado en la punta de un riel, porque los rieles al chocar subieron, como que quedaron así para arriba y estaba uno ensartado allá arriba y otro andaba acá abajo, abajo del tren, arrastrándose nomás con las manos, porque todo su cuerpo ya estaba deshecho, nomás como que arrastraba un costal de huesos, eso lo vimos y ya después nos venimos.

Tengo otra historia, ha de haber sido como en el cincuenta, en el cincuenta ya ve que el puente, en el arroyo que viene de Jalpilla, era un puente de un solo carril. En el cincuenta venía una troca grandota con peregrinos de Guadalajara, venía recio y pasó recio ese puente y la curva ya no la alcanzó a librar, sino que vino a caer por donde vive Tere Parga, enfrente de la tiendita donde ahora está el Seguro Social, bueno, pues hasta ahí cayó, en ese tiempo no había nada, todo estaba baldío. Y yo en ese momento estaba parado en mi bicicleta ahí en la casa de mi abuela, ya ve que le digo que vivíamos ahí adelantito de "Las cuatro esquinas", eran como las seis de la tarde, yo estaba parado en mi bicicleta nomás así en la banqueta. Entonces, que oigo el trancazote, no me acuerdo con quien estaba platicando y fui para allá; nombre, estaba un polvaderón, las ruedas traseras estaban juntas con las delanteras y un quejidero de gente y muchos muertos. Yo para mí digo que ese fue el desastre más grande. Al instante parece que murieron como diecisiete personas. Al instante murieron esa cantidad y luego a unos los mandaron para Celaya, a otros para otro lugar, pero parece que murieron veintidós en ese accidente. Yo tendría unos veinte años.

Yo soy del 21 de diciembre de 1935 pero, como le digo, yo empecé a irme de mojado, fui veinte veces, desde la edad de doce años hasta la edad de veinte que fue en el 55, cuando entré la última vez de mojado; fue cuando se puso más duro, que nos echaron en barco de Puerto Isabel a Veracruz. Esa historia está dura porque nos agarró un huracán en el barco, nosotros nos embarcamos un viernes y como el barco era de dos calderas llegamos hasta el lunes en la noche a Veracruz. Fíjese, siendo que yo para mí que ese trayecto en un día se cruza. No, esa vez se hacían cerros grandísimos, no eran olas, sino que el barco nomás rechinaba y se subía arriba de un cerro y se miraban todos los cerros por las ventanillas, porque nos encerraron. Nomás rechinaba el barco y se bajaba hasta el fondo y miraba uno el cerro allá muy arriba y otro cerro acá. Decía yo: "Hasta aquí llegamos, no cabe duda que es un castigo de Dios", ese barco era mexicano, nunca pude decir su nombre, se llamaba "inmancipacion".

Cuando nosotros entramos en el 48… nombre, la chota no echaba pa´fuera a nadie, se reconocían los migras, andaban en coche negro con letras blancas; ellos todos de amarillo con su tejana, su carrillerota aquí y su corbata negra. Y si andaban veinte trabajadores aquí, pasaban viendo para allá y si andaban veinte de un lado y veinte del otro, pasaban viendo derecho, pues lo que querían eran peones. No había gente por la guerra, todavía andaban allá muchos, los soldados empezaron a llegar hasta el 50, 51. Cuando ya empezaron a llegar los que andaban de soldados  ya no andaban como le digo, que andaban de negro y amarillo y su tejana… entonces andaban todos de verde  con cachucha y atraían trocas pickup y si había mucha gente. Empezaron a agarrar los bosses de las escuelas.
Allá yo, cómo le dijera, vide mucho adelanto cuando llegué de aquí para allá, porque decía yo ah jijo, si aquí ganaba un peso y llego allá y gano uno cincuenta y las tiendas… todas las tiendas que vide eran supers no eran como tienditas que se empezaron a abrir aquí en el rancho, que vendían refrescos, galletas… no, en una tienda de aquel lado, desde ese tiempo, se conseguía desde una aguja hasta un arado, era un super y bien iluminado. En ese tiempo, cuando yo fui para allá, el jardín de Comonfort tenía cuatro foquitos, uno en cada esquina, oscuro, oscuro… yo a veces pasaba de noche con mis bototas, porque hasta eso, yo aquí usaba huaraches, me fui con huaraches, pero cuando nos fuimos para allá que empezamos a trabajar, trabajamos con un vaquero. Empezamos a trabajar en la lechuga y nos pagaba barato: un dólar, pero en el cuartito que nos dieron, entre unas tablas había unos seis u ocho pares de botas viejas, ahí estaban metidas, nunca agarramos nada. Estuvimos como un mes, entonces ya cuando se le acabó el trabajo a él nos dijo: "Miren, muchachos, ya no tengo trabajo, búsquenle por ahí y les voy a cobrar un dólar a cada uno por la renta del cuarto". Le empezamos a buscar y nos fuimos a la zanahoria. La zanahoria nos la pagaban a veinticinco centavos la canasta; la canasta eran veinticinco manojos. De que la iba sacando el tractor, nomás las agarrábamos de que fueran del mismo tamaño; si eran diez, ocho o doce que fueran del mismo tamaño, le quitábamos todo lo amarillo, nomás dejábamos lo verdecito, lo amarrábamos y veinticinco manojos era una canasta. Nos la pagaban a peseta, yo me alcanzaba a hacer seis, me ganaba uno cincuenta.

Entonces ahí estuvo mejor y como iba y venía no supe quienes trabajaron en el templo, no lo terminaron, tanto le faltaban pilares de un lado como de otro, no estaba enjarrado, la cúpula si estaba, pero no terminada, en las idas que venía íbamos a ver.

De cuando empezaron a llegar los soldados de la guerra, empezaron a sacar la gente en trocas y en autobuses y los echaban por ahí nomás, nos dejaban en el puente y ya: "Ahí se arreglan". Pero como la gente se regresaba y se regresaba y volvían a agarrar a los mismos, o a otros, entonces lo que hacían es que le preguntaban a uno: ¿Por dónde pasaste? 'Pos que pasé por Reynosa; lo echaban a uno por Zapata o por Laredo y si pasaba uno por allá lo echaban por Reynosa, para que les diera más trabajo. No les dio resultado. Entonces después empezaron a echar en avión a San Luis Potosí y Guadalajara. No les dio resultado, entonces lo que hicieron en el 1955 es que, lo agarraran en el estado que fuera de Estados Unidos, lo traían en avión a McAllen. Ahí estaba el centro de concentración, puros alambrados de tela de alambre. Pusieron como cincuenta barracas, ahí ya no le daban a uno de comer; porque cuando yo empecé a ir de mojado, si lo agarraban a uno le daban de cenar o de almorzar, según la hora en que lo agarraran: le daban una charola, como en las escuelas, con seis departamentos, en un departamento un pan bimbo, en otro venía su café, en otro venía su verdura, en otra su postre, en otra su plato fuere. Nombre, decían que muchos lisiados, de acá de Reynosa, se brincaban para allá nomás para que les dieran de comer. Pues sí, pero ya acá en el 55, que hicieron el centro de concentración allí, como llegaban en avión de todas partes, se puso duro: a las seis de la mañana le daban a uno su café, media tacita de café sin azúcar y dos rebanadas de pan bimbo; a medio día (porque si son tres comidas allá) lo que sacara una cuchara de frijoles y dos rebanadas de pan bimbo; en la noche también dos rebanadas de pan bimbo. No, a a los cinco días ya… pues uno de soltero come harto yo le digo que yo me echaba una vara de pan en una sentada o casi me echaba tres cuartos de vara de pan y ahí, ¡nomás dos rebanaditas! 'híjole. Pero los americanos también son conscientes, no es como a veces lo piensa uno, aquí somos más carajos (aquí en México), porque si te agarraban con tu esposa o tu hermana, o tu mamá no te revolvían ahí con la raza, te echaban por Reynosa o por donde te haigan agarrado. Entonces [volviendo al barco], querían ochocientos hombres y cien mujeres, pero mujeres solas de esas que andan libres. Querían acabalar el bonche para meterlo al barco, pero... pero las mujeres también son abusadas, llegaban como eran, mujeres solas… le decían a alguien, pues nomás los dividía la telita de alambre,: "Diles que yo soy tu esposa y que yo soy fulana de tal…" Se ponían de acuerdo y ya por el aparato decían: "A ver ´on ta por ahí Pedro Infante, que lo busca su mujer" Y ya salía, aquí está, "¿A poco te llamas Pedro Infante?" "Sí, señor" y ya eran dos menos, al rato salía Jorge Negrete y al rato otro; puros nombres de artistas, sabíamos que no eran… y no se podía acabalar el bonche, cuando ya se acabaló que a nosotros nos tocó embarcarnos, ha de haber sido el día 3 de julio que salíamos, porque el día 4 es la fiesta americana, veníamos en el barco nosotros y llegamos hasta el 5, espantados, pero llegamos.

Volviendo a la tradición del Jueves Santo, ha habido muchos cambios, como te decía: Orduña para mí, en aquellos tiempos, era el brazo fuerte de Comonfort, porque estaba mezclado, tanto había parientes, como había mucha gente de Comonfort que tenía terrenos aquí y también por ejemplo: mis dos abuelos tenían casa en Comonfort, mi abuela Nacha, que por cierto, yo para mí, que era como Indú o que ella no era de aquí;  bueno sí nació aquí pero como que su mamá o su abuela no eran de aquí, porque ella se llamaba Guadalupe Pozas y de Pozas nomás, de aquí en Comonfort, solo a mi abuela la conozco como Pozas, porque una vez le pedí una misa y aquí el sacerdote se quedó viendo y dijo: "La Señora Pozos", no, es Pozas. Un primo de ella traía una rueda de la fortuna, unos caballitos, unas sillas, todo un carrusel como cuando llega aquí y esos señores se quedaron instalados en Reynosa, Tamaulipas. Por eso digo, es que en el tiempo de la revolución se hizo un revoltijo. Entonces por eso digo, pues, mi abuela era de allá de Comonfort y mi abuelo era de aquí del Rancho, los Valle vivían aquí, pues tenían buen tramo, de donde están los Casablanca en seguida, yo ya nomás conocí a los hermanos de mi abuelo, yo ya no conocí a su papá y su mamá, que también hay una historia de ellos.

Entonces mire, lo que yo sé, lo que yo conozco y de lo que me platicaron:  el encargado de Comonfort, de venir por el Santo Entierro aquí a Orduña, era don Jesús Paloblanco. Don Jesús Paloblanco era un peluquero que vivía enfrente de la Manuela Taboada, venían como unos seis, los demás no recuerdo ni los nombres, pero don Chucho era el mero líder y no sé ni en qué año empezó, cuando yo tuve uso de razón [alrededor de 1930] ya estaba eso de que daban nopales y se daban allá en la capilla de abajo, en la antigua. En esa capilla, como no había mesas en ese tiempo, labraron un palo grandote, muy ancho y ese servía de mesa, ahí se sentaban los más importantes que eran los que venían de fuera y los que iban a recibir, porque hay una tradición, ahorita la vamos a explicar. Venían de Comonfort por el Santo Entierro, vienen los lunes, Lunes Santos, venían y se lo llevaban a Comonfort, entonces lo llevaban a la Parroquia el lunes, ahí lo dejaban, para sacarlo el Martes Santo, ya ves que hay una procesión de Cristos en Comonfort; lo sacaban a la procesión y lo dejaban otra vez en la Parroquia y el jueves Santo se lo traían acá a la Capilla. Entonces dijeron los de Orduña, como le digo también han de haber tenido billetes,: "Para no dejar el Santo Entierro en la Parroquia, vamos a hacerle un templo" y se pusieron a la tarea de hacer un templo en Comonfort y le hicieron el templo al Santo Entierro, que es donde está ahorita San Antonio. Por eso le digo que tanto los Rincón como los Valle, toda esa calle como que ahí vivían todos ellos. Yo lo digo porque yo conocí a Felisa y a otra que no me acuerdo como se llamaba; eran primas de mi mamá. Ellas vivían adelantito de "Las cuatro esquinas" y acá el otro primo, hermano de ellos, era Agustín Rincón, el viejo. Que ahora ya nada más queda el muchacho. Y digo: en aquellos tiempos ni a mí me reconocían, ya hasta últimamente me dice: Pariente esto… y pariente aquello, pero en fin. 

Es decir el Santo Entierro era de aquí, no sé si usted lo habrá visto, está en una urna, así de grandota, está acostadito y tiene vidrio alrededor y es, como les digo, yo ya no sé si es el mismo o no, pero ese Santo Entierro, estaba, en la parroquia,  donde está el templo de la Eucaristía. Ya ve que está el bautisterio y luego una capilla, en esa capilla yo lo llegué a ver; lo ve uno acostadito y si te quedas viendo como que te está viendo. Yo te digo esto porque yo estuve mucho tiempo de encargado y limpiaba yo el Santo Cristo de aquí y una vez hasta lo mandamos a retocar. Este que tenemos en el mero centro tiene los ojitos igualitos que aquel, pero aquel está en su urna. Ese de la urna es el Santo Entierro y mucha gente piensa que el Santo Entierro es este que tenemos aquí en el centro del altar y no es.

El Santo Entierro está en su urna y por eso se dejaba en el templo que hicieron los de Orduña. Mi abuelo Cecilio fue el encargado al último y digo, no sé cómo estaría pero yo tenía ese tío que siempre me echaba brava. Bueno, no me echaba brava, sino que era el del Gallito y yo era priista, tiene poco que falleció, se llamaba Santiago Valle; él decía que mi abuelo era el que había vendido el templo y quien sabe qué más. Pero no, a mí mi abuelo me platicó que cuando ellos eran encargados de ese templo en Comonfort, pasó que pusieron las banquetas de allí de la calle; mi abuelo tuvo que vender una máquina de coser para pagar la banqueta, pero después llegó un presidente y un cura y no supe cuál sería de los curas porque también duró mucho tiempo el sr. Cura Reyna. Y dice mi abuelo que le quitaron las llaves y le quitaron el cargo; entonces pusieron a San Antonio y se llevaron el Santo Entierro en su urna para la Parroquia y ahí lo tenían en esa capilla de la Eucaristía. Ahora no sé si esté allí o es el que veneran acá adelantito de la casa de la cultura. Ese Santo Entierro era de aquí de Orduña, ese era el que empezaron a sacar para allá. Cuando nosotros estuvimos de encargados ya no estaba el Santo Entierro, tampoco yo ya no conocí el templo como Santo Entierro, lo conocí como de San Antonio.

Cuando nosotros fuimos encargados, que se cambió todo lo que estaba en la capilla vieja para acá, tampoco yo sabía. "Que se van a llevar el Santo Entierro", entonces bajábamos el Cristo que tenemos en el centro aquí en el templo. Yo empecé a darles ese Cristo porque en la capilla antigua estaba en el centro. Por cierto, esa capilla está en reparación y se va a ver, según, muy bonita; mi mujer es la que anda ahí al frente. Pero se va a hacer por el INAH o algo así, porque harto quisimos levantarla, mis hermanas, yo, Erasto y una maestra; decían que ya tenían recursos y nunca se supo, nunca se hizo nada. Yo una vez les dije, pero en aquel tiempo los que mangoneaban los templos eran los de la SAOP, porque vinieron y midieron este templo todo, todo, las columnas, las curvas, los pilares y siguieron allá. Yo les platiqué que queríamos arreglar la capillita y dijeron: "Sí como no, el día que ustedes quieran nomás nos avisan y hasta les ayudamos". Pero después que ya quisieron ya no se pudo, porque ya ve que van cambiando.

Allá la capilla tiene un arco y abajo estaba el Cristo y aquí, cuando nosotros fuimos encargados, como le digo, se techó el templo pero no estaba terminado, como le digo no estaba ni enjarrado ni… es más este templo… la muestra iba a quedar como está el templo de la Virgen de Guadalupe en Comonfort; el altar iba a estar igualito. El altar lo empezaron unos pero, cuando nosotros estuvimos de encargados, el señor Cura dijo: "Miren, este templo lo diseñaron igual que aquel, ya ahora los templos no se acostumbran así, ya los templos se quedan limpios de sus muros" Entonces fue más fácil quitar lo que ya se empezó que terminarlo; quitamos todo el principio del altar, todo lo que estaba al frente, todo lo quitamos porque ya estaba empezado para arriba y lo dejamos limpio y ahí pusimos al Cristo. Pero entonces mucha gente pensaba que era el Santo Entierro, hasta yo mismo pensaba que era el Santo Entierro, nomás que ya después platicando… pues no, mi abuelo me platicó: "No, el Santo Entierro se quedó en la Parroquia".


Por eso empezó eso de la tanda de los nopales, porque de agradecimiento de que los señores venían de fuera cargando el Santo Entierro aquí se les esperaba con comida, y de ahí se da inicio. Lo que se da tradicionalmente son Nopales con Camarones y el que tiene más voluntad da conserva. La conserva es calabaza cocida con dulce.

Cuando estaba mi tía Manuela, ella se estrenaba, porque como ella tenía dinero… hacía la calabaza como venden el chilacayote: bien endulzado; así hacía ella su conserva y ya, por supuesto desde aquel tiempo se usaban las tortillas estampadas, pintadas, yo llegué a ver unos moldes con el Santísimo dibujado, otros traían a La Virgen y otros dibujos… pero ahora ya le ponen lo que les da la gana.

Mucho de lo que le cuento son cosas que me contaba mi abuelo, yo nunca vi ni supe de cuando construyeron el templo del Santo Entierro [actual templo de San Antonio]. Y era un templo para que estuviera nada más tres días, el jueves aquí regresaba y aquí se quedaba el resto del año.

Sí, la capilla vieja es muy pequeña, los nopales se daban en un… había una especie de tejado, pero no era tejado, en aquel tiempo lo hacían de terrado ¿Si sabe cómo eran los cuartos de terrado? [aunque digo que sí don Antonio me explica, lo cual es bueno porque a veces se usan diferentes nombres en la construcción]. Era pura tierra, yo todavía conocí cuartos de un tío donde le ponían palos separados unos cuarenta centímetros,  le ponían leña rajada, y era de "palo dulce" (yo llegué a ver esa leña como si la hubieran puesto la semana pasada y eran cuartos ya viejos derrumbados), entonces después le echaban como veinticinco o treinta centímetros de tierra negra y se la acomodaban bien y cuando caía el aguacerazo… en la tierra negra no pasa el agua, nomás corre, le daban como diez centímetros de inclinado, porque yo todavía llegué a ver a mi tío Cleofas, le digo que todo estaban muy ligados Orduña y Comonfort, porque, fíjese, tan solo el tío mayor, hijo de mi abuelo se casó con una hija de los Caballero, que vivían casi enfrente de lo que ahora es el Mercado, donde era el Salón Fiesta. Mi tío estaba casado con una de esas de ahí, por eso digo que estaba muy junto todo. También don Carmen Centeno, que era el que hacía la fruta de horno, su esposa era de acá de Orduña, de acá arribita.

Pasó esto, cuando nosotros entramos de encargados, que como le digo ya fue, no tengo ni la fecha, pero me acuerdo que cuando fui encargado todavía no nacía mi muchacha y mi muchacha nació en el 65. Duramos unos años más o menos, como del 65 al 77. Cuando ya fuimos encargados nosotros bajábamos el Cristo y se los dábamos a ellos para que se lo llevaran, porque después que murieron los señores, han ido buscando quien tome el cargo. Mira, después yo al que conocí como encargado era uno que vivía por acá por el cerro de Los Remedios pero ese señor ya falleció; ahorita los encargados son su hija y su yerno, que son los que vienen el lunes. Entonces, nosotros bajábamos el Cristo, se los entregábamos y lo recibíamos el jueves, pero en una de esas al Cristo se le abrió una reventada, desde el hombro hasta como la mitad de la espalda. Entonces yo, siendo el encargado, le avisé al señor Cura Nambo, le dije que se había abierto, me dijo: "No te apures, te voy a mandar quién lo retoque" y buscó uno de San Miguel .

Porque el señor cura Nambo, que en paz descanse, era como arquitecto, también él nos ayudó mucho aquí en el templo, es más, yo para mí es como un Santo porque yo les platico lo siguiente: cuando mi abuelo Cecilio murió le dejó dos tierras al señor cura Nambo, le dejó dos tierras como de cuarenta y cuatro metros de ancho por unos trescientos, yo pienso. Entonces le hicieron las escrituras a su hermana, y yo dije: pues mi abuelo se los regaló. Pero siendo yo el encargado del templo, como seguíamos trabajando y arreglando, ya cuando estaba más acabado (no se ha terminado nunca) el señor cura Nambo me dijo: "Vamos a pintarlo, ¿qué me dejas?, ¿qué te agarras tu?,¿compras la pintura o la mano de obra?" No, le digo, como siempre yo me encargo de la mano de obra, usted compre la pintura, y yo me di cuenta que vendió ese terreno, se lo vendió a mi hermano en cierta cantidad y con eso… gastó más en la pintura que compró, así como valían las latas en ese tiempo. Y pienso: si hubiera sido otro cura… estaba a nombre de su hermana la escritura. Y por eso yo para mí, en lo que me di cuenta… para mí es un Santo.

Y yo en ese tiempo, mire son cosas curiosas, una vez compró cuatro cipreses y me dijo: "Plántamelos aquí en el atrio, por la entrada de los claustros de la parroquia". Le planté las cuatro matas de ciprés y luego en una fiesta se quemó una y nomás quedaron tres y luego me quedaba yo pensando: Están tres cipreses aquí grandotes y están tres señores curas aquí enterrados, ahí estuvo el señor cura Nambo, el señor cura Barroso y el señor cura Guerrero. Digo, cómo es la vida, yo conviví con ellos y ya le digo eso, me dijo que le pudiera esos cipreses y ahora no sé, entran unos, llega un señor cura y transforma la parroquia de un modo, llega otro señor cura, no le gusta eso y pone otro, llega un presidente municipal… mira, yo me fijé de lo que yo tuve uso de razón; yo conocí el jardín municipal, con unas banquitas de fierro;  llega otro presidente y pusieron unos troncos, la forma de un tronco de cemento, era la banca; llega otro presidente quita todas esas bancas y manda hacer de granito y pone al que tenía dinero una banca y le ponían su nombre o entre dos y ahí vi los nombres de todos ellos; llega otro presidente, quita esas o las regala, no sé que hace  y mete otra vez bancas de fierro. Eso en el tiempo que yo tengo me di cuenta de todo eso, pues ahora los que estuvieron antes ¿cómo le harían? Así también yo vide que cuando llegó el señor cura Nambo, el altar de la parroquia tenía oro y dijo: "Vamos a arreglarla". Él era de Michoacán y conocía y era como arquitecto. Dijo: "Vamos a quietarle todo esto, se ve más bonito el templo con pura cantera". Y le quitó todo lo que tenía, arriba, todos los dibujos de arriba eran guías de uvas, unos racimotes de uvas y todo eso se quitó. Pues llega este señor cura Barroso y dice: "Vamos a ponerle oro y si el pueblo no me ayuda yo lo pongo". Pero toda la gente ayuda, por eso digo, tanto los curas como los presidentes nomás van desbaratando en vez de componer.


Volviendo al Jueves Santo: las personas se llevaban la imagen y se encargaban de sacarla en la procesión allá y de allí en agradecimiento se les daban sus nopales, sus camarones, sus tortillas pintas y su conserva. En aquel tiempo daban como unas quince personas, entonces  esas quince personas se compraban una tabla y platitos, de esos de barro que usábamos antes, ponían dos hileras en la tabla y empezaban a repartir; la gente bien seriecita, bien educada bien sentadita ahí, señoras, señores, todos sentaditos. Se formaban unas tres o cuatro hileras sentados, porque no había bancas, era en el suelo, se formaba toda la orilla de la barda y pasaba el primero con su tabla repartiendo platitos, platitos y donde llegó el corte ahí se quedaba parado, se iban otros llevaban su tabla, se volvían a traer platos y de ahí le seguían, ahí sentadita la gente le daban los quince que dieron así que muy fácil recibían sus quince platos ahí sentaditos. Porque, aunque ya le hubieran dado, le vuelven a dar, yo por ejemplo digo: "Hasta aquí llegó mi corte, entonces voy a esperar a que traigan otro para seguirle hasta que salían allá" y si ya se les terminaba ahí seguía otro. Los menos que daban eran quince, después cuando yo estaba encargado en la lista metía veinticinco y ahorita han de ser sesenta personas las que dan y el menos que hace, hace un caso lleno de nopales y en aquel tiempo hasta los hacían con frijoles fritos porque van revueltos y hay quienes les dan su conserva.

Pero para eso, mire: llegan los que vinieron por el Santito y se lo llevaron a Comonfort y anduvieron en la procesión, vienen de regreso, ya vienen con sus familias, y no nada más familias sino amigos, conocidos, ya viene mucha gente, entonces toda esa gente daba su limosna. Entonces, cuando ya llegaban todos los que vienen, se pasaban a la mesa o, como le digo en aquel tiempo era un palo, pero esos se acomodaban en la mesa, aunque fuera un palo, y también se acomodaban los que van a dar para el siguiente año, porque ahorita les tocó dar a unos y esos van a preparar una ofrenda. En aquel tiempo eran jícaras, ahora son tapas de ropero de carrizo o charolas (en lo que sea) pero le ponen cuatro platos de nopales y frijoles, con unas tres tortillas a cada plato y su conserva, todavía le ponen su servilleta arriba y unas florecitas; eso se lo van a dar a los encargados. Si dieron quine personas nopales esas quince personas van a preparar dos jícaras, unas van a ser para la persona que viene con el Cristo y la otra es para el que va a dar el siguiente año, para echarle al compromiso, que para el siguiente año, si no puede dar o que no tenga dinero por alguna enfermedad o algo, por lo menos regrese las dos jícaras para seguir adelante.

El encargado lleva la lista… se empezaba de aquella orilla del Rancho (antes, si se acuerda era la congregación de Orduña, era Orduña de Arriba y Orduña de Abajo) entonces se empezaba desde allá arriba, hasta terminar acá el último año y ya cuando se acababa el último año se empezaba otra vez de allá para acá. Aquí el encargado del templo lleva su lista de las personas que dieron y que van a recibir y de los que van con el Cristo esos vienen cada año, a ellos se les da su jícara también aparte. Una jícara es para los que traen el Cristro y la otra para los que van a dar el siguiente año. En aquel tiempo a nosotros nos venía tocando cada diez años, cuando yo estuve eran veinte matrimonios, si en una casa viven tres, allí se juntaban los tres y nada más de allí. Entonces al siguiente año, de ahí de donde llegó el corte se agarran otros veinte más abajo y así es como se viene dando aquí en el rancho.

En relación a los buñuelos, cuando nosotros estuvimos de encargados, y todavía ahorita, siempre hemos hecho dos bultos de harina para dar y claro que como medio bulto se reparten entre la misma casa y claro que al templo se lleva como menos un bulto que se va a dar ahí, para toda la gente, para todo el que pida. Para eso es, nada más que ahora, como le decía ya no hay respeto, yo me acuerdo de aquellos tiempos, cuando venía don Chucho Paloblanco, que era el encargado de traer el Cristo, una vez creo que un muchacho carajo, le aventó tierra en su plato y como que de ahí para acá ya no fue muy bien, carajos muchachos son traviesos. Ahora porque ya no haya tierra, ahora hay piso, pero en aquel tiempo era diferente.

Los buñuelos son el 24 de diciembre a la misma hora, más o menos, que los nopales, es que los buñuelos se dan, también yo pienso, porque no sé exactamente, se dan como agradecimiento al padrino del Santo Niño, el que acuesta al Santo Niño, porque también pasa lo mismo, si eran veinticinco personas que dan buñuelos y el menos que hace, hace un bulto, entonces es para darle a toda la gente, pero también preparan sus dos jícaras, una para los que van a dar el siguiente año y otra para el padrino. Total que si dan veinticinco, treinta personas, treinta jícaras le tocan al padrino y el padrino tiene la obligación de poner en el altar (aunque  ya ahora ni se pone) si traía una caja de plátanos, la ponía en el altar, naranjas también las iba poniendo, le daba dulces a toda la gente, pero le llevaba sus dulces a todos los que dieron, por eso de los buñuelos es de agradecimiento al padrino que acuesta al niño, que es el que hace el gasto.

Esto también tiene muchos años… desde que yo me acuerdo.


Pero volviendo al Cristo: sacábamos el que está al centro del templo, ya después que se estrelló lo mandamos componer y quedó bien, pero ya no lo sacamos. Entonces unos dos años a mí me tocó mandar, mandábamos una estampa del Señor de los Milagros y a los encargados de Comonfort, como que no les gustó. Entonces ellos se cooperaron y compraron un Cristo, es ese Cristo que tenemos ahora aquí en el templo, pero no es de nosotros, es de ellos. Tienen un Cristo aquí, aquí lo han dejado, vienen el lunes por él, se lo llevan y el jueves lo traen igual, pero ese Cristo ya no es de nosotros, aunque todo el año está aquí, salvo el Lunes Santo que sale.

Y también ha ido creciendo, en aquel tiempo, digo cuando nosotros estuvimos de encargados, venían unas seis personas por el Cristo, ellos venían, se lo llevaban y la gente de aquí tampoco salía, si acaso unas dos personas acompañando, pero hará unos ocho años, que un nieto mío, es hijo de Toño dijo: "Bueno, ellos vienen por el Cristo, vienen más o menos como a las dos de la tarde, está bueno darles un taquito. Este año les voy a dar yo". Le dio a su mamá para que comparara y se les dio.

Ahora de ahí para acá mi mujer agarró como esa devoción, ahora se les da de comer el lunes que vienen por el Cristo, se les hace una carne de puerco con nopales, y nooombre ahora por el Cristo vienen unas cien personas, vienen y se lo llevan caminando y lo dejan en la Parroquia. el martes lo sacan en la procesión y lo vuelven a dejar allí y la mera verdad ahorita yo no sé dónde lo dejen pero según la costumbre eso era, de salir en la procesión y dejarlo en la Parroquia, que antes tenía su templo, ahora ya no, el Santo Entierro, entonces así quedó.

Nomás que dondequiera hay políticas y pleitos, fíjese aquí hubo un pleito hace poco, tenía unos primos que cuando vienen tenían gusto y voluntad de darles un agua fresca ahí en  la entrada, ahí descansaban y luego una maestra de Comonfort que está ahí junto con mi muchacha, les dieron agua fresca y nieve y los que están acá se enojaron fueron a reclamarles,  mis mismos parientes, que ellos son los que tienen el cargo. ¿Cuál cargo?, si no hay cargo, esa es voluntad y como le digo, ahorita mi mujer agarró darles de comer los lunes y ya se quedó como tradición y no nada más ella da, ya se juntaron otras dos personas que también traen la comida, entonces digo, ni debe uno de enojarse que dé otra persona o yo ya me retiro yo ya no doy.

El jueves que lo traen lo ponían en un lado de la cúpula [un extremo del transepto] pero este año lo van a poner el jueves acá afuera, en el atrio, porque como en el templo también ya tenemos una capillita donde está el Santísimo, para que no le pongan la espalda mejor lo vamos a poner el Cristo acá afuera, porque mucha gente no conoce y se va con la finta de que el Cristo, digo es Dios nuestro señor, pero si lo tenemos allá en su custodia está vivito y mucha gente, digo, a mí me pasó también y por eso quitaron también de los templos, de las parroquias al Santísimo del frente, porque si se acuerda todo estaba en el frente; pero pasa la gente y ni el sombrero se quita cuando pasa por el templo, y más antes teníamos la obligación de quitarnos el sombrero, cuando menos persignarse uno, pero a veces aquí, los muchachos está el Santísimo expuesto y ellos pasan y hasta diciendo canijada y media.

[Aunque no era el motivo de mi vista, don Antonio me platicó de uno de sus grandes gustos, para el que tiene un don muy particular: el injerto de frutales, pero esto lo compartiremos en la tercera, y última, parte de esta conversación].



Primera parte
Estas imágenes son ilustrativas, pero contemporáneas a lo que cuenta don Antonio. Las tomé del sitio  www.bbc.com.
Conversaciones parte uno

Conversaciones parte dos

 
Con don Antonio Landín Valle (segunda parte)


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